Sujeto del psicoanálisis, sujeto de las ciencias (Psicoanálisis) | DIARIO LITERARIO DIGITAL

Sujeto del psicoanálisis, sujeto de las ciencias (Psicoanálisis)

martes, 6 de marzo de 2018 0 comentarios


"Nuestro trabajo tratará de esclarecer las relaciones complejas y hasta ahora no tratadas directamente –en el campo lacaniano– entre la Ciencia, escritura matemática de la Naturaleza, sin la cual el sujeto del psicoanálisis no existiría, y el sintagma discurso de la ciencia... "

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Sujeto del psicoanálisis, 

sujeto de las ciencias

 Lacan como autocrítica de las Luces


Escrito por Héctor Yankelevich, psicoanalista



Ciencia y discurso de la ciencia

Lacan pronunció por primera vez el significante segregación[2] en el Congreso La alienación de la infancia[3] organizado en octubre de 1966 por Maud Mannoni. En la historia de la elaboración de su discurso, la segregación –entiéndase los campos de exterminio nazi, el gulag soviético– fue, y sigue siendo, una de las consecuencias del discurso de la ciencia.

Nuestro trabajo tratará de esclarecer las relaciones complejas y hasta ahora no tratadas directamente –en el campo lacaniano– entre la Ciencia, escritura matemática de la Naturaleza, sin la cual el sujeto del psicoanálisis no existiría, y el sintagma discurso de la ciencia, que aparece en ciertos lugares del Seminario y en trabajos posteriores a la publicación de los Écrits, recubriendo, por sus efectos mortíferos en la sociedad, la nueva racionalidad producida por la ciencia, a la vez que guiándola y proveyéndola de fines. Este discurso, que no tiene cabida como tal entre los cuatro discursos, aparece, enigmáticamente, como una consecuencia nefasta[4] de lo que Lacan siempre cuidó como la niña de sus ojos: fundar el psicoanálisis en la escritura matematizada de la ciencia,  único acceso posible del sujeto a lo real sin prosternarse ante él.

Para ello intentaremos poner a trabajar la tensión[5] entre el estudio de la ciencia haciéndose[6] y sus consecuencias discursivas. Es más, no haremos aquí, sobre algunas cuestiones que se desprenden del espíritu de nuestra época, más que un comentario actualizado de La ciencia y la verdad.
¿Puede acaso un analista, un simple analista laico, ocuparse de las preguntas que le formulan las ciencias como tales? Y llegado el caso, ¿debe hacerlo?
Hoy la físico-matemática, que ocupó a Lacan al punto de sostener en Radiofonía la tesis de su autoría acerca del heliocentrismo, ha cedido su lugar, en la preocupación de los analistas y en el conjunto de la población, a las ciencias de la vida. En la actualidad ya no vemos escrito nuestro destino en el cielo estrellado y en su movimiento aparente sino más bien en las ultramicroscópicas entrañas del núcleo de nuestras células. El lugar privilegiado del saber en lo real ha mutado profundamente.
Lo que está en juego en la cotidianeidad del analista, salido de la boca y de los síntomas de los pacientes, tanto en el consultorio como en la clínica hospitalaria, aquello que se presenta primero como efecto del discurso de la ciencia son las ineludibles consecuencias del salto en el saber que conocen las ciencias de la vida, seguidas como su sombra por la densa muchedumbre de teorizaciones psicológicas y filosóficas cuya finalidad, declarada o no, es constituirse en un sabio discurso… de dominación.

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Si el analista debe tener en cuenta, hacer su objeto, de la configuración actual, tanto científica como discursiva, del campo de las ciencias de la vida… ¿a título de qué puede hacerlo, con qué derecho? ¿Qué lo autoriza a intervenir allí como psicoanalista, cualquiera sea su formación previa –médica, filosófica u otra? No es un truismo recordar que Freud no sólo se hallaba al tanto del estado de las ciencias de su tiempo –Neurología, Paleontología, Genética, Historia, Termodinámica– sino que buscó en ellas todo cuanto creyó necesario para la construcción del psicoanálisis, agregando inclusive tesis discutibles desde el punto de vista estrictamente científico.[7] Lo cierto es que éstas le fueron sugeridas, aún impuestas, por su práctica de analista –tanto por sus pacientes como por su tiempo– y pensó que era necesario, para darles un fundamento teórico,[8] legitimarlas científicamente.[9]
Si bien el carácter discutible de dicho préstamo no le quitó a esos avances su inmensa importancia analítica, y aunque no podamos hacer aquí su recuento histórico, la comunidad analítica se vio desde entonces dividida y sobre todo sin instrucciones en cuanto a la difícil vecindad –en su sentido estricto, topológico– entre la disciplina creada por Freud y el dominio de las ciencias de la naturaleza.

Por su parte, Lacan no sólo se sirvió de ella sino que hizo de la ciencia de su época –nuestra épistémè[10]  empero, no es ya la misma– un uso y un comentario constante a lo largo de los seminarios y de su obra escrita, reconstruyendo además la obra de Freud en torno a ejes lingüísticos y matemáticos[11] –filosóficos también, por cierto–, mostrando que para él la cuestión de los paradójicos esponsales entre el psicoanálisis y la Ciencia no sólo eran la tarea de su vida sino también su inmutable legado para las generaciones venideras.[12] Entonces, la lección que le deja a Lacan el ejemplo de Freud es la de la importancia que adquiere para él responder contundentemente a la cuestión del derecho, del título que puede reclamar el analista para intervenir en el campo científico. Esta intervención debe ser doble: no sólo para interpretar un efecto de discurso sino también para fundar allí nuevamente el sujeto del inconsciente.
¿Será solamente por su ausencia, o por un profundo cambio en el paradigma[13]  científico, que hoy en día nos resulta tan difícil –tal vez como en la primera época de Freud– utilizar los nuevos conocimientos brindados por las ciencias de la vida, despejándolas de la entretela psicofilosófica que sostiene a las llamadas neurociencias, y proponer a la vez otro paradigma para restablecer la tan tenue y difícil relación a construir entre el análisis y las ciencias a nivel social, esto es, en tanto discurso?

Nos proponemos considerar ahora algunos puntos no exhaustivos que pertenecen a la transmisión de Lacan, verdaderas piedras angulares de su obra –aunque siempre deban ser reubicados contextualmente, al igual que él mismo lo hiciera con Freud–, como así también tomaremos en cuenta aquellos puntos problemáticos –abundantes y contradictorios a la vez–  de las ciencias de la vida, en los que se juega el porvenir mismo de la credibilidad y la verosimilitud del psicoanálisis como tal, en intensión y en extensión, en los próximos tiempos y más allá.[14]

El sujeto del psicoanálisis y el sujeto de las ciencias 

La afirmación de Lacan según la cual el sujeto del psicoanálisis es el sujeto de la ciencia fue construida de modo paradójico y tuvo como efecto que se la tomara como antinomia –que algunos sostuvieran una de sus ramas y otros la opuesta. El resultado fue, a nuestro entender, la pérdida de su designio primero. Intentaremos, por eso, explicitar los términos para poder sostener brevemente su fundamento. Así mismo creemos que sólo una parte de los analistas lacanianos le dió asentimiento en la práctica. Quizá, por ello, haga falta aclarar el porqué de esta aserción, clave de bóveda, tal vez, del trabajo teórico de Lacan, quien, conforme a la herencia freudiana, intenta refundarlo après-coup.

Lacan adelantó la construcción de esta tesis sobre el ligamen particular entre psicoanálisis y ciencia y, a la vez, entre psicoanálisis y discurso de la ciencia, al referirse al cogito cartesiano, en los años 1962-1967, al mismo tiempo que construía el objeto específico de la práctica del análisis. Es decir, la construcción de Lacan opera sobre estos tres registros a la vez, y es en nuestra opinión, un modelo ejemplar, irrepetible tal vez, de intervención de un psicoanalista en el campo de la filosofía, utilizando tanto instrumentos científicos producidos por el propio Descartes como otros muy posteriores.[15]
En La lógica del fantasma precisará que se trata de tener acceso a aquél que dice, ya que el paciente habla elidiendo el sujeto de la enunciación: Ein Kind wird geschlagen,[16] A child is being beaten,[17] Un enfant est en train d’être battu, Están pegando a un niño.[18] Apelando al sujeto cartesiano, al cogito, en lugar de extraerle inmediatamente el ser como lo hiciera Descartes, Lacan lo somete a una doble negación junto a una función lógica por él creada que opone y reúne a la vez pensamiento y existencia.

Así, la función lógica, vel,[19] escrita <>, en la cual une la intersección y la reunión lógicas, es la que le permite abrir el cogito cartesiano de un modo totalmente inédito en la historia del pensamiento[20] y generar esta enunciación: “o no pienso o no soy. Esto significa que la enunciación “cuando pienso no soy” está originariamente reprimida[21] y es por ello el lugar del inconsciente; así como la enunciación “soy cuando no pienso” es el lugar del ello. El proceder de Lacan no sólo es lógico sino también algebraico dado que para asentar su demostración importa una herramienta matemática reacondicionada: un semi grupo de Klein,[22] anticipada en su implementación –en el marco del Seminario XI: Los cuatro conceptos…– por los principios de formalización escritos por Euler.
Esta construcción le permite instalar una lógica para el trabajo analítico del fantasma, dando cuenta de los vectores en juego en el análisis que modifican la posición y hasta la naturaleza del sujeto y del objeto en el curso de la cura.[23] Ello posibilita, y es la meta de la operación, exhibir su funcionamiento axiomático y el carácter normado de sus transformaciones, cualquiera sea el enunciado a partir del cual funciona.

Ahora bien, no se trata de un proceder arbitrario por parte de Lacan. Su demostración da existencia discursiva a algo que la precede en lo real: el fantasma opera de modo silogístico, al igual que la razón aristotélica; sólo en la medida en que el sujeto opera allí sobre un objeto que es objeto de goce se equivoca, produce paralogismos, pues no distingue entre conclusiones válidas y no válidas. Por ejemplo:[24]
Mayor del silogismo o Universal Afirmativa: Todos los seres vivos tienen pene
Menor del silogismo o particular afirmativa: Mamá está viva
Conclusión: Angustia

Las matemáticas, a contrario sensu, se han constituido como ciencia creando paso a paso procedimientos para dejar de lado al inconsciente. Pero, así como la lógica[25] es una lectura que se puede hacer del lenguaje sólo desde el momento en que está escrito, el inconsciente, que proviene de un efecto del lenguaje en el cuerpo, tiende siempre a incluirse en la palabra. Es por eso que la construcción de la racionalidad científica se ha formado a partir de su exclusión normada por procedimientos hipotético-deductivos, aunque fueren imperfectos –a partir de los Elementos de Euclides. 

El hecho de que el inconsciente –cuyo descarte forclusivo por los otros discursos permite la ilusión de la centralidad yoica y de la jerarquía de la conciencia– sea trabajado y hasta gobernado por el goce, pero que, paradójicamente también, pueda tener eficacia sobre éste, lo convierte en el último de los objetos teóricos en haber sido construido por procedimientos que dan cuenta de una lógica propia, pero que no es no-conexo con las lógicas matematizadas.

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Descartes creó su sujeto para fundar, contra el escepticismo[26] que dominaba el discurso científico y moral de su época, la física galileana pero, por sobre todo, para dar cuenta del tratamiento algebraico del espacio por él inventado. La geometría analítica, en la cual cada una de las curvas del espacio de abscisas y coordenadas se traduce por un polinomio algebraico, forcluye para siempre en las ciencias el espacio aristotélico, jerarquizado y finito.[27]  Sólo en las ciencias, lo que muestra que el efecto social, democrático y racionalista de la ciencia fue en el discurso de las Luces un acontecimiento histórico que no pertenece a la ciencia como tal.

Al darle al psicoanálisis ese mismo sujeto, Lacan hace de éste el tratamiento de aquello que es intratable por las ciencias. El sujeto mismo.

Pero hay que destacar que al hacerlo, al fundar el sujeto del psicoanálisis en el cogito cartesiano, Lacan no deja de volverse[28] en contra de ese mismo cogito y señala, en el Seminario El acto analítico,[29] que es precisamente el error de Descartes. Este, al separar el alma del cuerpo y al hacer de estos sustancias distintas, permitió por ese acto forclusivo no sólo la fundación de las ciencias de la naturaleza separadas para siempre del sujeto que es su agente sino también de aquél que es su paciente. Creemos que la existencia del psicoanálisis es para Lacan la sutura de esta separación y la refutación en acto de la existencia de dos sustancias separadas. Spinoza, con cuyos teoremas y escolios el joven residente (interne) de los hospitales psiquiátricos del Sena tapizaba los muros de su habitación, tenga probablemente mucho que ver[30]. Es ésta una clave de bóveda de su discurso.
La matematización de la naturaleza forcluyó de ésta su carácter de obra divina[31], permitiendo pasar de una Cosa gozante a un objeto formalmente tratable.
En La ciencia y la verdad Lacan escribe que el sujeto es el correlato de la ciencia, pero un correlato antinómico –creemos que allí el término "antinómico", más que una referencia kantiana,[32] es el que resume la construcción de su operador lógico. No obstante, no es un mero detalle que haya elegido esa categoría para abreviar su operador con una sola palabra. Subrayemos, por otra parte, que antinómico, como modo de contradicción o más bien de oposición, quiere decir que los dos términos son inseparables, que no se trata de dirimir entre ellos según un criterio de verdad, y que la antinomia, lejos de ser un paralogismo, un falso lógico, da cuenta de lo real.
En 1966, como cierre de los Escritos, afirma que la “ciencia resulta definida por la no posibilidad del esfuerzo por suturarla”. Ello no significa de ningún modo que el sujeto de la ciencia esté siempre forcluido.[33] Aunque esta tesis pueda parecer el fin último del discurso lacaniano sobre la ciencia y que un fragmento justamente célebre de La ciencia y la verdad pueda hacerlo creer[34] así. Lacan afirma allí que “este aspecto del cual se sostendría la ciencia: […] la verdad como causa, no querría saber nada al respecto”.
Afirmado este punto, traduce en términos de Verwerfung ese “no querría saber nada”, lo compara, analógicamente, con la paranoia lograda, y termina el fragmento afirmando que “la incidencia de la verdad como causa en la ciencia ha de ser reconocida bajo el aspecto de la causa formal[35]. Esto anula parcialmente lo que acaba de escribir: la ciencia quiere saber, pero sólo bajo las especies de la causa formal. Defensa, entonces, del materialismo, dado que el significante –¿más tarde el objeto?–[36] es causa material.

Antes de este párrafo, más fino y en forma de palimpsesto Lacan afirmaba “que la ciencia […] no tiene memoria […] {que} olvida las peripecias que la han engendrado, al constituirse […] {hay allí} una dimensión de la verdad que el psicoanálisis pone altamente en ejercicio”. Mensaje para el buen entendedor: ¡no hagan palabras cruzadas, trabajen la historia de las ciencias en el punto en que interesan al psicoanálisis, esto es, en sus momentos de crisis de fundamentos!

Intentemos dar un ejemplo de esta complejidad. La escritura de la teoría de la relatividad restringida, hecha por Einstein[37] en 1905, es la culminación de una problemática que varios científicos de la época intentaban resolver, entre otros, y sobre todo, Henri Poincaré y Lorentz. No se trataba de inventar la noción, dado que ya estaba presente en Galileo, sino de resolver la incompatibilidad, por un lado, entre el punto de vista galileo-newtoniano –que tiene en cuenta dos referenciales para el cálculo de la velocidad y del tiempo en el cálculo del movimiento rectilíneo uniforme– y por el otro, la teorización del campo electromagnético de Maxwell –que plantea que la velocidad de la luz es invariante, cualquiera sea la velocidad propia del objeto emisor–. El primero y único en haber podido construir no sólo una solución matemática satisfactoria, sino un cambio completo de la noción de materia, fue Einstein. Una vez aceptada la teoría einsteiniana, las ecuaciones de Lorentz y la geometría de Poincaré pudieron ser integradas.
El hecho que la física relativista lleve el nombre de Einstein no significa que un físico que trabaje en ello en la actualidad sea un einsteiniano, o que aquél que trabaje en mecánica cuántica sea un planckiano. Hay un sujeto de la ciencia, pero éste no queda suturado a su invención ya que aún cuando saca a la luz y demuestra teóricamente la existencia de cuerpos en ese entonces desconocidos, y encontrados mucho más tarde, como lo supuso Einstein a principios de siglo pasado, como es el caso aún hoy en día, el científico actual trabaja con un bagaje experimental y escrituras matemáticas que ya no son las mismas. 
Las enunciaciones de los grandes científicos, al tomar la forma de una escritura matemática cuyo significado es idéntico para todo científico, aunque sean producto de un sujeto, pierden la referencia a su inconsciente pero no su carácter de acto de un sujeto, de la ciencia, en tanto su decir toma forma matemática. Queda la cuestión, que no abordaremos aquí, de que no todas las ciencias actuales son necesariamente matematizadas en su estructura misma y que sólo utilizan las matemáticas como proceder auxiliar de cálculo[38] -mientras que la física es matemática en su naturaleza misma. Para Lacan esta cuestión era o bien no pertinente o secundaria, ya que en su opinión todas proceden de la invención galileana y de su matematización cartesiana.

Lacan, las matemáticas y la cuestión de lo real en las ciencias

Sutura es el término introducido por Lacan para dar cuenta del hecho de que el sujeto del inconsciente es un efecto de representación entre dos significantes,[39] lo cual significa que está representado en el Otro, significándose más allá. En otras palabras, siempre tiene, o no, desde antes de su nacimiento, un asiento en el Otro, primero real, luego simbólico; un asiento de por vida, que puede ser un sillón o una simple butaca. Si la castración tuvo lugar, no vive allí para siempre, realmente, sino que es constantemente re-presentado. Su significación no le es ya otorgada por el Otro sino que él mismo es quien la busca, la pierde, y la vuelve a encontrar o no en su deseo.

No hay sujeto sin un soporte por fuera de la cadena significante –ésta es un concepto analítico y ya no lingüístico– donde aquél –el sujeto– se cuenta y se descuenta. En esta construcción, la referencia a Descartes y al cogito es, en el proceder de Lacan, positiva y necesaria, si lo leemos a partir de la Geometría de 1637, año de la publicación del Discurso del método en que el cogito aparece por vez primera. Lacan fundará el sujeto a partir del punto de apoyo que le ofreciera Descartes sin saberlo: sobre el tratamiento de los números imaginarios i = !. Estos no corresponden a ninguna raíz cuyo cuadrado pudiera existir ya que el cuadrado de un número negativo es siempre positivo. Ese número “i” permite, por adición y sustracción, operar con reales (que se llaman entonces complejos), a la vez que está afuera. Es una consecuencia de la construcción de las ecuaciones, por los matemáticos del Renacimiento, donde se encuentran raíces cúbicas, cuartas, etc., de números negativos. Con estas ecuaciones se harán polinomios a partir de lo cual Descartes construirá aquel que lleva su nombre, dándoles una solución no sólo técnica sino también teórica (la geometría analítica). ¿Por qué Lacan hizo de esto la montura del sujeto? Porque ese número permite pensar este soporte en otro registro que el de su nominación.

En los años setenta encontraremos esta creación, sin que las dos ocurrencias estén ligadas una con otra por Lacan, bajo la tan conocida forma de “Al menos Uno (–1) y de Más Uno (+1). Ambas son, finalmente las operaciones que permiten utilizar el número imaginario: adicionarlo a los reales y sustraerlo al final para poder resolver la ecuación polinómica. Esto es pertinente cuando se pasa a la cadena significante, si se nos concede que la meta y todo el sentido del proceder de Lacan ha sido producir funciones, en el sentido matemático, que den cuenta de que la palabra, teniendo el carácter de una serie infinita, posee al mismo tiempo significantes –esas mismas funciones– que le permiten recibir, parcialmente al menos, el efecto de su propia escritura.
Si dichas operaciones de adición y sustracción de Significante no resultaran posibles habría en su lugar injertos de la palabra del Otro, pero no un sujeto de la enunciación[40]. Entonces, esta demostración indica que la necesidad de la invención de a como soporte del sujeto y como falta fundadora de A barrado (%) es anterior, temporalmente y en el orden del discurso, al tratamiento tanto del objeto freudiano de la pulsión como del transicional winnicottiano.[41] En esta investigación –primero con Cardan, Bombelli y Cauchy, y luego con Cantor– Lacan va a intentar mostrar el isomorfismo entre la palabra –gracias a su efecto de escritura, que va más allá de ella–[42] y el conjunto de los reales, lo cual nos lleva a darle a esta última un carácter isomorfo, pero indemostrable, al continuo matemático.[43] Ello significa que habrá habido sujeto si éste se ha hecho tanto contador (comptable) como deudor (comptable) de su goce y, a la vez, si su propia palabra va más allá de él. Borges, como escritor/lector de Bertrand Russell, de las paradojas del infinito y de las antinomias de los conjuntos, no estaba lejos de pensarlo.
Así, para poder operar allí, en la palabra, hace falta una función que lo defina y a la vez sea exterior: eso es el sujeto barrado. También es por eso que no hay fading del sujeto entre cualquier par significante, sino sólo cuando hay caída de a, pérdida de goce. Esto no significa que S1 y S2 como tales sean retroactivos a esta caída –por ello las caídas de a1, a2an son las que darán lugar al despeje del deseo del sujeto del deseo del Otro–, tanto en la constitución de la estructura como a lo largo de la cura. Más aún, la primera –la estructura– es, como construcción, una consecuencia por recursividad de la segunda – la cura. Las flechas que utilizó Lacan para ornar casi todas sus construcciones algebraicas representan esa función recursiva, y aquello que la obstaculiza, tanto en la lógica de la cura como en aquella de la estructura, ya sea en el grafo, el semi grupo de Klein, los discursos o los cuantores de la sexuación.
Si estas afirmaciones son ciertas podremos pensar por qué entra en juego el par S1-S2 y ocurre el cambio que eso supone en la dirección de la cura: apuntar a los juegos significantes solamente cuando estos resultan ser indiciales, a partir del objeto, de la emergencia del sujeto o, su consecuencia, de un nuevo saber. Pero también, y especialmente, mostración de que el uno y el Otro han sido construidos con las matemáticas (el sujeto como número i, el objeto a como media y extrema razón, denominado en la actualidad en matemáticas número e), como una metamatemática regional que da cuenta de aquello que articula el campo del lenguaje y la función de la palabra, aunque los científicos no quieran saber nada al respecto. Estas funciones muestran lo que está escrito por y a partir de la palabra, sin saberlo el sujeto, sin que éste pueda articularlo. De haber sido el caso tendríamos un saber absoluto, pero no un saber inconsciente.

Debemos, pues, desplegar la significación de la no-sutura del sujeto de la ciencia que lleva a Lacan a proponer un modo de intervención específico del psicoanalista en el campo científico: la investigación de los momentos históricos de refundación o de modificación, en las matemáticas o la física, tanto de Eudoxo para la media y extrema razón, como Cantor, Frege y Gödel para la refundación de las matemáticas sobre los enteros naturales.[44] Pensamos que esta preocupación le llega a Lacan vía Bachelard, pero su respuesta es muy distinta. Lo cierto es que cuando en una ciencia están en crisis sus fundamentos, son los propios científicos quienes se vuelven a la vez filósofos e historiadores, volcándose sobre la historia de su ciencia para someter a la crítica sus propias nociones de base, no sólo experimentales sino también teóricas. Es así en la actualidad, vale decir, desde fines del siglo XIX. Desde el Renacimiento hasta ese período, en donde Dedekind, Frege, Cantor se propusieron reconstruir las matemáticas a partir de la aritmética, e inclusive a partir de la Grecia helenística, las crisis se resolvían con la invención de nuevas ramas de las matemáticas o con nuevos procedimientos técnicos.

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Esta intervención sobre momentos críticos de la historia de las ciencias, para encontrar allí al sujeto, es una creación de Lacan (“son aquellas paradojas…promovidas a nuevos términos por un Russell, pero aún inéditas ya que provienen del decir de Cantor”),[45] cuyo ejemplo es seguido hoy no sólo por los discípulos de Bachelard sino también, de otro modo, por no bachelardianos. En genética asistimos, en la actualidad, a una frondosa actividad de este tipo, pero también a una lucha teórica encarnizada entre científicos, donde lo que los divide o marca criterios distintos no es la experiencia sino la pertinencia o no de un bagaje de palabras metafóricas que antes ocupaban el rango de concepto y hoy lo están perdiendo. De modo eminente, la metáfora informática y su predecesor, el lenguaje cibernético. Ello no le quita pertinencia alguna a dichas disciplinas, excepto su tiempo de validez o de comodidad explicativa cuando han sido importadas por otra disciplina, la genética en este caso. Esto debería sensibilizarnos a las afirmaciones de Freud con respecto a la naturaleza de los conceptos: como andamiajes. 
Allí se ve que no hay filosofía que acompañe el trabajo de la ciencia o que le dicte sus reglas –o pretensión del neopositivismo–, que declare après coup qué es sensato y qué no lo es sino una actividad filosófica a veces desprolija, por cierto, pero orientada a la vez, y fundamentalmente hecha, por los propios científicos que necesitan filosofía en el interior de su campo. El acto lacaniano ha consistido en plantear las bases del sujeto del psicoanálisis en esos momentos fecundos. En el sentido de que lo que surge de estas crisis no es delirio sino una reorganización teórica inimaginable previamente, que termina por derrumbar cualquier pretensión de contar con ciencias depuradas de todo elemento mítico o filosófico.  
En la actualidad, sobre todo en astrofísica, los científicos son los primeros en construir teorías como la de las supercuerdas, retomando, a nivel de la materia del universo, la teoría de las cuerdas vibrantes, cuyo nacimiento matemático se encuentra en D’Alembert y Euler; aunque la cuestión remita a la relación entre música y matemática tratada por los pitagóricos, Galileo y Mersenne, para explicarse un real cuyas dos teorías más importantes, la relatividad y los quanta, son aún parcialmente incompatibles entre sí. Cualquiera sea el resultado, se puede deducir que el Uno sigue guiando el trabajo en ciencia fundamental y que lo real siempre es pensado como no pudiendo ser múltiple y paradójico a la vez (lo cual es, en parte, aquello que el psicoanálisis comparte con el pensamiento anterior a la ciencia, pero pasado por el tamiz de una lógica refundada). Tal vez sea éste el motor de la fecundidad de la aventura científica. Hoy la construcción del Large Hadron Collider para obtener la verificación última de la teoría del Big Bang nos da un ejemplo magnífico del poder de la ciencia sobre lo real y de la fe de su discurso en terminar de una vez para siempre con él.

Estos momentos no forman parte de la ciencia en sí: rechazados como desecho, mera historia de acontecimientos, no sólo revelan allí al sujeto en acto, sino que a partir de ellos Lacan vuelve a fundar el inconsciente freudiano gracias al efecto de verdad producido por la reconstrucción analítica del desecho. Por haber engendrado tanto pensamientos como investigaciones escritas –la Begiffschrift de Frege o la inmensa obra lógica de Pierce–[46] que habían sido dejadas de lado por incesantes reformulaciones,[47] las matemáticas hacen sus propias escrituras y procedimientos demostrativos. A Lacan le interesan esos materiales abandonados, por antinómicos, porque los matemáticos buscan desesperadamente procedimientos técnicos –teorizables luego– para salir de la crisis de fundamentos.
Nos resulta pues necesario distinguir esta no-sutura[48] –de la cual el axioma de elección de Zermelo-Fränkel[49] puede ser un contraejemplo interno a las matemáticas– de los efectos forclusivos-desubjetivantes en las relaciones sociales del discurso de la ciencia, efectos que son fruto del advenimiento de la ciencia en el lugar del discurso amo en nuestra civilización, donde ha conquistado el estatuto –discutible– de representar totalmente a la Razón. Uno de dichos efectos, por cierto nada menor, es que sino quienes ofician ante el público de agentes de información del poder de la ciencia – no necesariamente los investigadores –, fabulen libremente sobre determinismos unívocos como sobre consecuencias ineludibles.

En 1966 Lacan esperaba un cambio de la propia ciencia, las condiciones para responder si el psicoanálisis forma parte o no de ésta. Escribía: “la ciencia no tiene memoria, olvida las peripecias de las cuales nació cuando se constituyó: una dimensión de la verdad a la que el psicoanálisis da un lugar de gran valor […] de la verdad como causa la ciencia no querría saber nada al respecto […]. De allí su fecundidad”.[50].

El psicoanálisis y las ciencias de la vida

El interés que el psicoanálisis debería prestarle a las ciencias de la vida se ve urgido por el increíble salto que han realizado en los últimos treinta años no sólo gracias al diagnóstico por imágenes acoplado a la informática sino a la revolución operada en la genética, en la neurología y en la biología fundamental. Pero dicho salto en el saber no viene sólo como ofrenda de la comunidad científica a los avances de las ciencias y al bienestar de la humanidad. Es más, nunca ha sido así. Cada ciencia, al llegar a una etapa de maduración teórica y al inicio de un dominio técnico de su trozo de real, se planta ante los otros ámbitos de la racionalidad, posicionándose a sí misma como parangón de la Razón y como timón teórico de la gestión política de lo humano.[51] Así sucedió con las matemáticas – desde Gödel ya no se presentan a sí mismas como modelo absoluto – ya que hicieron posible la mecánica y la mecánica celeste, hasta que fueran destronadas por la termodinámica y el electromagnetismo del lugar imperial en que imaginaban estar –Laplace pensaba que con la Mecánica de Newton la ciencia estaba terminada y que de allí en más sólo conocería ajustes de medida–.[52] Cada ciencia ha sido, en tanto discurso, reduccionista e imperial, rechazando hacia las tinieblas de lo irracional cualquier disciplina que no adoptara sus propios métodos y procedimientos, pensando siempre lo real como Uno. Podemos reflexionar en cuanto a ésto sobre la pregnancia que tuvo la metafísica en la autopresentación que las ciencias hacían de sí mismas. 
Hoy, el gran cuestionamiento acerca del valor ético de la ciencia[53] y de sus efectos, surgido de la física relativista –Hiroshima y el después–, parece estar reprimido o desmentido[54] y su lugar está ocupado por las promesas, vanas por cierto, que nos hacen las ciencias de la vida en cuanto a terapias génicas o al uso de células madre para curar enfermedades inalcanzables hasta ahora.
Así, llevan sus escrituras a la región que Lacan llamaba, en La tercera,[55] el goce del Otro, agujero recubierto por el empalme de lo real y lo imaginario; ir allí también es la labor del psicoanálisis: uno por uno, en cada análisis, primero abriendo las cuerdas y luego posibilitando que se escriba aquello que el sujeto jamás podría hacer solo –ya que no se trata de goce fálico, cuyo destino siempre está ligado a la letra. En cuanto al goce del Otro, psicoanálisis y ciencias de la vida se encuentran sobre el mismo trozo de real[56]. Queda por dirimir si el sentido y la orientación de sus escrituras son compatibles o no lo son.
Se trata, antes bien, de una comunidad de terreno irreconocible como tal por la ciencia, no de método: el hecho de ubicarse cada cual sobre el mismo "real" provoca desde hace años el conflicto irresoluble sobre las enfermedades mentales –la esquizofrenia antes, el autismo hoy– y con respecto a los fundamentos, sobre la materialidad de lo psíquico, sobre su determinismo o causalidad.
Para el psicoanálisis es una apuesta considerable porque está en juego su lugar ante los demás discursos. En Estados Unidos, donde no hay desafíos, la batalla está perdida. En Francia, no se trata tanto –en nuestra opinión– de demostrar la cientificidad del psicoanálisis sino de preservar para el psicoanálisis un real que le es propio y una racionalidad que no se conforma ni con protocolos experimentales ni con escalas de medida.

Pero, para avanzar en nuestro propósito, debemos dejar planteado un equívoco –o una antinomia–, introducida a sabiendas por Lacan, para darle coordenadas al campo que nos ocupa. La pregunta se formula así: si el psicoanálisis es hijo de la ciencia y heredero de las Luces, ¿cuál es la relación entre la Ciencia[57] –escritura matemática de la naturaleza– y el discurso de la ciencia, del cual Hiroshima, los campos de exterminio nazi, el Gulag del socialismo llamado real, en niveles y planos diferentes, son las consecuencias?[58]

¿Acaso es lo mismo? ¿Se trata de la relación entre la ciencia y una tecnología que se apodera totalmente del proyecto científico? ¿Acaso es otra manera de plantear la pregunta por la técnica?[59] ¿No se tratará de la relación de no-relación entre la ciencia darwiniana, fundación de la teoría científica de la evolución, y el darwinismo social, que ha alimentado desde la segunda mitad del siglo XIX la ideología de la derecha más conservadora y del nazismo? Que se desmientan cartas de nobleza de ese vástago mal oliente no resolvería la cuestión porque hoy aparecen nuevamente las mismas nociones con el auge de la genética que afirman la primacía absoluta del gen por sobre cualquier otra determinación del humano viviente, sea ésta celular, orgánica o cultural.[60]

Cuando Lacan afirma, en La ciencia y la verdad, que la ciencia “es un saber que se comunica”, ¿acaso tematiza la relación entre la ciencia y aquello que, cuatro años después, será el discurso del capitalista?[61] ¿Al menos, bajo la forma en que lo presenta en el seminario El saber del psicoanalista?[62]
A nuestro entender, es importante, entonces, antes de abordar ciertos problemas particulares que la genética y la neurología actual le plantean al psicoanálisis, distinguir lo más claramente posible dos proposiciones:
1) La no-sutura del sujeto de la ciencia y su correlato: que el sujeto de la ciencia es el sujeto del psicoanálisis.[63]
2) Los efectos forclusivos del discurso de la ciencia en su relación con la Cosa.
Esto vale tanto para los campos de exterminio nazis, la segregación de tantos pueblos en bantustanes, como para la virtualidad de la desaparición de la vida misma como tal. Y también, en la experiencia cotidiana del análisis, para los efectos de desubjetivación ligados a la promesa científica de curar síntomas, del cuerpo, del alma, de la tierra, del hambre… sin que el sujeto tenga algo que ver.

El proyecto de Lacan de reintroducir al sujeto en el tratamiento de los momentos de crisis de las ciencias también era el proyecto de reintroducir al sujeto en las metas y la finalidad de la ciencia, o bien, dicho con otras palabras, que la aprehensión de la verdad en la ciencia no sólo se haga por vía de la causa formal, que la ciencia deje de perseguir su proyecto de totalización del saber, donde sigue siendo no sólo eficaz sino terriblemente eficaz. Porque es en ese proyecto de totalización que forcluye al sujeto, dado que no le quedaría a éste nada del orden de la Cosa para hacer el trabajo de apropiación de sí mismo y por sí mismo. Ahora bien, si la ciencia se ha apoderado, o está en trance de hacerlo, de la totalidad del orden de la Cosa, en virtud de su proyecto de saber absoluto –por donde se puede entrever, gracias a esa cita voluntariamente elíptica de Lacan, la comunidad de proyecto entre el idealismo absoluto y la Ciencia– el psicoanálisis debe más que nunca apoderarse de ésta, porque sólo descompletándola de su ilusión de hacer certeza con la verdad puede ser recreado un lugar para el sujeto.

Ciencia y discurso de la ciencia son al mismo tiempo diferentes estando íntimamente ligados. Su ligamen no es una identidad lisa y llana[64] sino que se encuentra sostenido por el discurso que la propia ciencia, creyendo representar a la Razón como tal, contribuyó a forjar con los escombros del antiguo Amo. En el sentido en que el manejo que hace la ciencia de las letras no tiene tope; en que no está ligada a ninguna meta de la vida tal como la sociedad o la cultura podrían representársela; que en la búsqueda totalizante del saber absoluto disuelve a término la Cosa de la cual el sujeto debe extraerse por sí solo, esas letras se inscriben en lo real, siendo tanto las fundaciones de nuestra civilización como la potencia siempre presente de su desaparición. Por otro lado, en la medida en que no hay sujeto como tal que pueda eficazmente proponerse como sujeto responsable de la finalidad y del destino de la ciencia en su relación con la sociedad,[65] la ciencia como tal, entrelazada con su discurso –ya que no existe fuera de él– es pulsión de muerte. 
El sueño de Lacan, el deseo que lo trabajó los últimos quince años de su vida, fue que el psicoanálisis fuese el maestro de obra[66] de este proyecto, de darle, por intermedio del psicoanálisis, un sujeto a la ciencia y hacer, al mismo tiempo, que éste sea el que se ocupe de él. Que ilustrados por las críticas que nos dejó del positivismo lógico en el interior mismo de la lógica matemática –“toda proposicional es una modal[67] los analistas supiéramos formularle a la ciencia las preguntas que permitirían expulsar el goce totalizante que la anima. En otras palabras, que la práctica analítica haría las preguntas que ninguna filosofía trascendental, instaurándose nuevamente como Tribunal de derecho, podría formularle hoy a la ciencia sin hacer el ridículo. Porque en verdad se trata de cuestiones de hecho y no sólo de derecho.
  
Algunos problemas en las ciencias de la vida[68]

Entre 1990 y 1992 dos genetistas de primer nivel, reconocidos por sus pares en investigación,
escribían:

Si yo tuviera la secuencia de ADN completa de un organismo y de una computadora suficientemente potente, sabríamos calcular el organismo”,[69] y también:
Cuando hayamos secuenciado totalmente el genoma humano, sabremos qué es ser humanos”.[70]

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La importancia de estas dos declaraciones es inmensa, viniendo de dos biólogos moleculares, uno de los cuales realizó, por primera vez, el secuenciamiento genético de un nematodo, uno de los primeros en la historia del proyecto del genoma.
Si se tratara de dos periodistas científicos,[71] de aquellos cuyos libros y artículos abundan en librerías y revistas, podríamos pensar en el entusiasmo normal y de buen nivel de quienes están para transmitirle a un público masivo, e inclusive al público culto, los resultados de laboratorio producidos por otros. Pero se trata del discurso teórico de dos hombres que hacen ciencia ellos mismos con su práctica cotidiana, y no estamos ante su filosofía de domingo (Bachelard). Al contrario, el primero fue uno de los que se carteaban con Jacob, Monod, y Lworff, en el descubrimiento y la expresión de los genes reguladores –porque antes de ellos no se reconocían sino secuencias codificantes– y la implementación teórica de la relación entre el ADN, la ARN polimerasa y el ribosoma, a los que se agregó el circuito regulado por la presencia o no de la proteína chaperón, que lo activa en feedback. Hoy, los trabajos de Morange o de Fox Keller cuestionan la realidad de la noción de “programa” genético importada por ellos desde la informática. De allí la importancia de su propósito.
Si nos lo permitiéramos, sacaríamos las siguientes conclusiones: Sin extenderse acerca de la discusión intracientífica sobre si el verdadero objeto de la genética es el gen o el genoma, y sobre el peso de la epigenética, para los dos autores se trata de haber llegado al determinante real y totalizante de toda la estructura del organismo.[72]

El proyecto genético, o genómico, es el de la mathesis universalis de la vida.
En ese determinismo no hay contingencia alguna.
A nivel genético, esto es, de la sola biología molecular, la causalidad es material y única, sin intervención de la célula, el organismo o el medio externo.

A partir de esta tesis –de esta creencia– es fácil vehiculizar ideas con las cuales se pueden hacer estudios estadísticos: existen genes del fumador, de la agresividad, de la inteligencia, de la homosexualidad, etc. Los genes ─cuyo secuenciamiento recién está siendo informatizado, sin que se hayan podido hacer todavía todos los exámenes clínicos y experimentales, que tardarán una década en poder realizarse─ son parte de una actividad extremadamente compleja de replicación, traducción y producción de proteínas, que puede a su vez entrar en relación de feedback con la secuencia productiva. Sin embargo, se pretende hacer de ellos la sintaxis y la semántica de lo viviente, incluyendo a la cultura, porque si el que comanda es el gen lo único que haremos será buscar el medio ambiente que nos haga falta o las sustancias que necesitemos.

Finalmente, y esto responde parcialmente a las preguntas que nos formulábamos en la primera parte, es porque grandes genios han escrito así ese acto de fe en su ciencia, dándole a la biología molecular en su relación con lo viviente una importancia mayor que aquella que Laplace le otorgaba a la mecánica newtoniana, que desde hace unos cuarenta años el periodismo científico refleja los propósitos que vienen de los “Padres” de la genética actual en un espejo esférico, deformando, a la Baltrusaïtis si se quiere –pero no falsificando–, su visión del determinismo, aquello que hace al lecho de la cultura de base de todo el mundo: de los médicos de familia, de los psiquiatras, en fin, de todos aquellos supuestos de ocuparse y curar a sus conciudadanos. Aquí es donde la ciencia y su discurso hacen Uno. El segundo no está afuera de la primera, sino entretejido con ésta.

Intentaremos comparar, en lo que respecta a su determinismo, las consecuencias para un sujeto de los errores de trascripción de dos genes distintos para intentar mostrar, si es que podemos, apoyándonos en genetistas especializados en las enfermedades en cuestión, la inmensa complejidad de los efectos que puede tener un error de traslocación de alelo, o de deleción de un segmento de cromosoma, u otra anomalía, tratándose de genes diferentes. Por otra parte, siendo las tareas de los genes múltiples y aún desconocidas, es impensable adjudicar a cada gen una tarea única, o un carácter, como si se tratara de un código de semantemas.

Entonces, no se trata del estudio experimental de cada enfermedad, en cuyo origen se descubriría un gen diferente para cada una, sino de la esperanza de calcular[73] el organismo a partir del genoma y una computadora.[74] Lo que retorna en este discurso, que se toma a sí mismo como idea constituyente del horizonte de aquello que hay por conocer y que será definitivamente conocido, es el idealismo absoluto hegeliano, para el cual lo real es algo de lo que se dará cuenta por completo. En lo que respecta a la idea de predeterminación desde antes del nacimiento, para todos los seres y todos sus caracteres, se trata de la doctrina calvinista de la gracia eficaz.

Con la ayuda de trabajos específicos, relativos a enfermedades particulares, intentemos especificar el funcionamiento de los genes defectuosos para afecciones no mendelianas, es decir, cuya transmisión no es hereditaria dominante ni recesiva.
Si tomamos como ejemplo la mucoviscidosis, ésta es el resultado de la mutación de un solo gen que codifica para una proteína que, inserta en la membrana celular, permite el pasaje del ion cloro. La mutación de un aminoácido, la fenilalanina, es indirectamente responsable del déficit del canal cloro y, por ende, de la degradación de la proteína. La mucoviscidosis es el resultado del bloqueo por un moco viscoso no sólo de las vías respiratorias sino también de los canales pancreáticos.
Esta mutación genética no siempre produce una mucoviscidosis, que por otra parte si se presenta conoce intensidades variables, sino que puede provocar esterilidad masculina.
Esto lleva a escribir a Michel Morange,[75] biólogo, director de laboratorio en la Ecole Normale Supérieure y profesor de filosofía, que no se puede partir del gen y anticipar acerca de sus efectos sino que, al contrario, hay que partir del fenotipo observado hasta el gen. A una causalidad fundada en la biología molecular hay que sumarle una causalidad que integre a la biología celular: la respuesta inmunitaria y la embriogénesis sólo pueden ser explicadas si forman parte de los niveles de causalidad ya que la célula es la que recibe el conjunto de las informaciones de sí misma y del medio.
Curiosamente, este método, de ir de lo particular a sus causas, es el mismo que pregonaba Freud para el psicoanálisis, y cuya causalidad podemos llamar constructiva.
En cambio, una enfermedad como la corea de Huntington obedece a un determinismo que no conoce ni grados de intensidad, ni variedad de formas de expresión. En este mal, que llevó el nombre del médico norteamericano que lo describiera por primera vez mucho antes de que se conociera su origen genético, se observa la modificación de una sola de las dos copias de un gen determinado, lo que implica una altísima probabilidad de aparición, después de los cuarenta años, de graves problemas de motricidad. Luego se presentan episodios de epilepsia, depresión y, finalmente, demencia. Aquí se trata de una causalidad directa, en ningún caso sobredeterminada.

Lejos estamos, cuando trabajamos el descubrimiento científico como tal, de los propósitos que colman hoy en día los libros de los sociólogos de las ciencias[76] que se proponen denunciar los excesos, las inexactitudes, y las contra-verdades del discurso sensacionalista sobre la genética. Ese trabajo es importante y hace de contrapeso a sus pretensiones más desmedidas, habituales en Estados Unidos y menos frecuentes en Francia. Pero no es nuestro fin llevar a cabo una tarea similar.

Para nosotros se trata de tocar el punto en que, para dar cuenta de verdaderos descubrimientos, la utilización de metáforas importadas no se hace, exactamente, como lo quería Canguilhem en la famosa cita[77] que abría los Cahiers pour l’analyse y que fuera el credo de toda una generación. Porque sigue siendo uno de nuestros Maestros diríamos que  hace falta el pasaje de una generación al menos para que un nuevo objeto aparezca y que intente hacerse un lugar a expensas del primero en una batalla teórica encarnizada, que nada tiene de la apariencia apacible del trabajo científico.[78] La noción de programa genético implica que el determinismo de la vida se encuentra sólo en el gen o el genoma, en el núcleo de la célula, es decir, en el objeto de la biología molecular. El renacimiento de la biología celular, la necesidad de tener en cuenta la embriología, el descubrimiento de los genes de desarrollo que permiten, por primera vez, abrir un camino entre genética y neurología[79] han vencido, o lo están haciendo, a la noción de programa genético.


Ahora bien, dicha noción está en la base del discurso de la ciencia, no sólo de los darwinistas sociales como Richard Dawkins[80] sino de toda la dirección de la investigación científica, de su vector de orientación y de su horizonte. No se trata aquí de una cuestión de verdadero o falso, ya que los descubrimientos fueron y son reales, sino de cuáles son las nociones, los criterios explicativos y las categorías de comunicación entre los propios científicos que utiliza la ciencia para pensarse a sí misma como haciéndose. Así es como intentamos poner en evidencia que el discurso de la ciencia yace en el lenguaje de la ciencia misma y no en un discurso que le sería exterior. Discurso exterior sin alcance explicativo, en el cual los científicos reflexionarían durante sus momentos de descanso (que Bachelard llamaba la filosofía del domingo de los científicos), que no tendría ningún punto en común con los instrumentos utilizados en el laboratorio. Si estas afirmaciones son ciertas, sin estar en contra, serían la respuesta de Lacan a Bachelard.
Más aún, ubicado siempre en el linaje de las Luces, Lacan es el momento[81] de su autocrítica. Porque éstas, y toda una corriente teórica e historiográfica que vino luego, tomaba a la ciencia como única portadora de racionalidad y, por ende, de lucha no sólo contra el oscurantismo, que es el lecho del despotismo, sino también como portadora de democracia. Una de las enseñanzas de Lacan, al construir un lazo antinómico entre ciencia y sujeto, fue mostrar que ésta puede funcionar perfectamente en un universo dictatorial y ser muy bien utilizada allí donde creencias religiosas no habrían perdido peso alguno.


Intentemos ahora dar una mirada muy somera a la forma en que la neurología actual se presenta a sí misma, aunque seremos necesariamente injustos, dado que, como en el caso de la genética, habría que hacer un gran trabajo de síntesis de las distintas corrientes. Tomaremos simplemente a título de ejemplo, sin hacer de ello un paradigma, un trabajo de Dominique Laplane, profesor de neurología y ex presidente de la Sociedad de Neurología, El pensamiento sin lenguaje.[82]
En este trabajo el autor afirma que el pensamiento es el tratamiento consciente de la información, de toda la información. Refiriéndose al hemisferio derecho y siguiendo a Sperry, Premio Nobel, afirma que dicho hemisferio percibe, piensa, aprende y recuerda… razona, toma decisiones cognitivas e implementa nuevas acciones voluntarias sin el recurso del lenguaje.
Las lesiones frontales, que no le interesan para nada al lenguaje al destruir la imagen del cuerpo desestructurando el espacio…provocan profundos trastornos del pensamiento, y no son nociones verbales. El pensamiento no verbal existe y éste es el que organiza el pensamiento en general.
Continúa: “[…] es evidente que un niño que aún no sabe hablar tiene el concepto de pájaro en su cabeza, desde que ha visto algunos, aunque sean muy distintos unos de otros […]”.[83]
“[…] el lenguaje es el instrumento del pensamiento, que es, a su vez, el hecho de las redes neuronales.


No hace falta agregar más para entender que los inmensos avances que le permitió hacer a la neurología el diagnóstico por imágenes –tomografía por emisión de positrones, resonancia magnética, etc.–, el mayor conocimiento que tiene de ahora en más de las localizaciones por un lado y del conjunto de las actividades cerebrales que se reorganizan todo el tiempo por otro, el acceso al conocimiento de las zonas subcorticales, cuya actividad era supuesta y no experimentalmente conocida, la complejidad de las relaciones entre las distintas regiones cerebrales y la actividad de los neurotransmisores, el rol de los aminoácidos y de las hormonas intracerebrales, las actividades de reparación devueltas a las células no neuronales, los astrocitos y los oligodendrocitos, la migración de las células madre desde la base del cerebro hacia la corteza  siguiendo líneas predeterminadas, el rol de los neuromediadores y los neuromoduladores entre las membranas celulares… todo esto ha pasado de una etapa de hipótesis a un período en que se lo puede seguir experimentalmente, modificarlo y reproducirlo farmacológicamente.


La cuestión fundamental que la neurología plantea al psicoanálisis es doble: la del materialismo y la del darwinismo. Para los neurólogos, la única base material del pensamiento son las redes neurales, que se estabilizan entre todas las sinapsis posibles de las neuronas corticales entre sí, y con las distintas regiones subcorticales, núcleos de la base y neuronas de la médula espinal. Las sinapsis elegidas lo son por selección natural. Toda la práctica médica, quirúrgica y farmacológica encuentra allí su fundamento.
Con respecto a la cuestión del lenguaje es preciso responder que es a partir de éste que el hombre cambia de base material, en el sentido en que ya no se adapta al medio y no busca más su ecosistema sino que lo fabrica en la cultura, aunque el hombre sea un mamífero superior proveniente de los primates. Lamentablemente, el hecho de que sólo se vuelva hombre por y en el lenguaje sigue siendo, para la mayoría de los investigadores, una petición metafísica de principios. Para los neurólogos el lenguaje es una salida (issue) adaptativa, producto azaroso de la selección natural, al igual que las demás adquisiciones de otras especies.

¿Cuál sería el principio de una respuesta analítica? Que el cerebro no dispone de un centro, en la zona motriz primaria, desde donde se emite la orden de levantar la cabeza, de incorporarse y mantenerse erguido para caminar, aún cuando lo permita la mielinización de los haces piramidales. Los pediatras saben que dichas actividades, cuando no hay enfermedad congénita, genética, infecciosa o accidente traumático, son efecto de la relación del bebé con quienes lo rodean.

El espejo hecho con los eferentes motores, que se encuentra sobre el lóbulo frontal superior, área anterior a la cisura de Rolando (o también giro precentral), de naturaleza totalmente genética, no es eficaz aisladamente, no puede brindar por sí solo el espejo esférico que produce la imagen real del semejante. Para ello hay que agregar el espejo hecho con las aferencias sensitivo-sensoriales que al pasar por el tálamo terminan su recorrido, integrando los contingentes somestésico y nociceptivo sobre el área parietal de la cisura de Rolando. Este espejo –o dicho homúnculo– es, –usando el vocabulario de la genética– epigenético, es decir, producto de los intercambios con el medio, o sea, con el adulto que le habla al nuevo pequeño ser, lo acuna y lo nombra mientras le da de comer de un modo muy singular. Estas líneas muestran que la neurología actual, aunque en general no responda cuando el psicoanálisis la interroga, puede brindarnos elementos nuevos que Freud no podía conocer en 1923[84] ya que son posteriores a él o que apenas comenzaban a ser conocidos, al menos algunos, cuando Lacan en 1936-49 tomaba sólo la mielinización de los haces piramidales como posibilitando por sí sola el funcionamiento en espejo de la corteza.[85]

Sin cuestionar la naturaleza biológica del cerebro nos encontramos notoriamente con efectos de Verwerfung en cuanto a la posibilidad de estudiarlo, teniendo en cuenta que el significante que le da su carácter humano también es material y que posiblemente el hombre, desde el momento en que creó la cultura y ha sido determinado por ésta, ha terminado con su evolución.[86] Si pudiéramos transportar en el tiempo a un bebé de Cromañón, nacido hace treinta mil años, y darle una familia de hoy, nada podría diferenciarlo de un bebé nacido en la actualidad.[87]

No obstante, las discusiones entre científicos muestran que las ciencias no son un bloque, y que el nominalismo que está en su principio también permite, al menos en Francia, donde la base racionalista no está apagada, que no toda cuestión teórica deba necesariamente resolverse con un protocolo experimental y un muestreo estadístico de poblaciones.

Esto forma parte del síntoma social, y sin tratarlo, sin pasar por la extensión donde se anuda lo colectivo, el tratamiento uno a uno corre el riesgo de trastabillar ya que, al igual que ciertas creencias religiosas, cuya modalidad torna el análisis imposible, la respuesta actual del discurso de la ciencia a la pregunta del sujeto resulta obturadora de su falta, pero de otro modo, forclusivo más que reprimente. Hoy en día no es sólo una creencia religiosa sino más bien una mística que no dice su nombre y que no se reconoce a sí misma como tal, producida por las ciencias actuales de la vida como su materia negra. ¿No sería acaso como un amor cientista?: “¡Hermano animal! ¡Fuera el lenguaje!”. De todos modos, ¿acaso no nos parasita en exceso? ¿No es esencialmente mortificante?
                                                                                            

Una revolución en Neurología, Fisiología y Genética

No creemos exagerar escribiendo, sólo como analistas, que estamos viviendo una revolución en fisiología, neurología y genética comparable a la revolución pasteuriana, cuando Louis Pasteur descubrió la acción de las bacterias en la materia viva y el hombre hizo de la bacteriología la disciplina que daba cuenta de aquello que la sola fisiología no podía explicar.[88] Es cierto que el descubrimiento de la doble hélice del ADN ocurrió en 1953. Tendremos que delinear muy brevemente la precedencia de Monod,[89] Jacob[90] y Lworff cuando en 1965, gracias al premio Nobel, se da a conocer al gran público su descubrimiento sobre la especificidad de los genes en cada célula del cuerpo y, fundamentalmente, el punto central: que los genes no son sólo efectores sino también reguladores y que existe comunicación no sólo desde el núcleo de la célula y el citoplasma, sino que la acción del medio exterior puede ser reconocida y modificar la producción de proteínas en el núcleo.
La revolución actual, aportada para el público fundamentalmente por el libro de Eric Kandel, En busca de la memoria,[91] es la del acta de reconocimiento del carácter científico y ya no sólo hipotético de la epigenética. Esto abre un campo nuevo, vasto y fundamental no sólo en ciencias médicas sino en el sustento que éstas vuelven a tener para proponer un materialismo monista del pensamiento.

Fueron Monod y Jacob los primeros en sugerir que el núcleo de ADN estaba en todas las células del cuerpo. Hasta ese momento se ignoraba en qué células la doble hélice podía residir una vez formado el cuerpo. De ahí surgió la pregunta acerca de cómo se diferencian las células durante la embriogénesis, lo que llevó a descubrir el proceso de diferenciación que va desde las totipotentes, pasando por las pluripotententes, hasta llegar a las células especializadas de cada órgano. Entonces no se conocía la existencia de los genes master, y de los homeogenes –los llamados HOX y HOM– que dada su estructura espacial dirigen la secuencia temporal de la formación de cada tejido y de cada órgano, otorgando una estructura y una división distintas a las células del ecto, meso y endodermo. El conocimiento histológico de estas capas celulares embrionarias no permitía hasta ese momento conocer los mecanismos, es decir, el porqué de su diferenciación.

Este saber actual comenzó por la pregunta sobre cómo las proteínas reguladoras, específicas de cada célula, son codificadas por los genes reguladores a la vez que aquéllas activan o silencian los genes efectores, ya que éstos no sólo poseen una región codificante sino también una región de control, llamada hoy en día región promotora. Son estas proteínas las que abren y separan los dos trozos de la doble hélice, haciendo que sólo uno sea copiado en el ARN mensajero, proceso que se conoce como transcripción. El ARN lleva las instrucciones del gen en lo que concierne a la síntesis proteica, desde el núcleo de la célula hasta los ribosomas –que también poseen su propio ADN, pero sólo circular– en el citoplasma, donde las proteínas se sintetizan efectivamente.
Una vez expresado el gen, los dos trozos de ADN se reúnen nuevamente –hoy sabemos que la apertura y el cierre están comandados, entre otros, por procesos de metilación y acetilación– y el gen se apaga hasta la siguiente transcripción.
La experiencia fue llevada a cabo investigando una bacteria, la Escherichia coli, estudiando su cultivo con y sin lactosa. En ausencia de ésta, el gen represor codifica para una proteína que se liga al promotor del gen, impidiendo la transcripción del ADN de éste. Cuando la lactosa era reintroducida en el cultivo, ésta entraba en la célula, ligándose a los represores de la proteína inhibidora, con lo cual ésta dejaba de unirse al promotor. Sólo entonces el gen promotor podía ligarse a las proteínas activadoras que despiertan al gen efector, lo que permite la producción de la enzima que metaboliza la lactosa.
Aparte del inmenso avance en cuanto al conocimiento del mecanismo genético, esta investigación permitió probar que hay señales externas que llegan hasta el núcleo de la célula bajo la forma de moléculas señalizadoras externas. La investigación de los treinta años posteriores, hasta los albores del 2000, fue hecha siguiendo el patrón del descubrimiento de los tres médicos franceses: Monod, Jacob, Lworff.
Hasta aquí sabemos que existe una influencia del medio externo sobre distintos órganos –piel, mucosa digestiva, bronquios, alvéolos pulmonares etc. – del cuerpo, susceptible de modificar el funcionamiento genético en sus células. En el medio interno también existen moléculas señalizadoras. Es lo que describiremos brevemente a continuación.

El acto siguiente, si se nos permite sintetizar de este modo la riqueza de la investigación, comienza con la pregunta, que se hacen Kandel y su equipo, entre otros, si la consolidación de la memoria, esto es, la conversión de la memoria a corto plazo en memoria a largo plazo tiene un parentesco, y si es así cuál, con las modificaciones en la expresión de los genes descubierta por Jacob y Monod. Demás está decir que una inmensa cantidad de equipos en genética y fisiología ya trabajaban siguiendo este modelo convertido en teoría standard. Diferente del estudio, como vimos más atrás, de los cambios en la estructura misma del ADN de cada gen, mendeliana o no, que producen enfermedades irreversibles y que no son consecuencia de un intercambio prolongado con el medio externo. 
Los cambios en la expresión de los genes, en la medida en que perduran, pueden también ser considerados como estructurales, sobre todo si se piensa en modificaciones neurológicas o fisiológicas. Antes del descubrimiento de Kandel “se sabía” que la memoria a largo plazo es una modificación permanente. Se ignoraba dónde residía, qué “localizaciones” neurológicas abarcaba y, sobre todo, se ignoraba si estaba o no acompañada por cambios en la expresión de los genes. Los descubrimientos de Kandel se hacen en un contexto en donde la química interviene permitiendo conocer la estructura molecular de los anticuerpos y, poco a poco, pero de un modo veloz, se comienza a investigar la hendidura sináptica, allí donde suceden los intercambios entre células y neuronas, acudiendo no sólo a los mediadores que ya eran conocidos: aceticolina, calcio, AMP, etc., sino que también se descubre la acción necesaria de los neuromoduladores, esto es, entre otros, pero probablemente por ahora los más importantes, la serotonina, la dopamina, la adrenalina y la noradrenalina.

El objeto estudiado por Kandel y su equipo fue un caracol marino, la Aplysia, en virtud de la simplicidad de su neurología, ya que posee sólo cuatro ganglios neuronales. Dado el objeto, la investigación se concentró en la articulación de base de la neurofisiología: la sinapsis entre una neurona –en posición de espina dendrítica de un nervio– sensorial y la neurona receptora de un nervio motor.
La pregunta que se hace Kandel es doble: ¿qué se necesita para que haya un recuerdo breve del estímulo? ¿Cuál es el agregado que permite un recuerdo consolidado? Para dar respuesta a esta pregunta se buscan cuáles son las transformaciones en la neurona sensorial que modificarán la sinapsis con la motora. A través de la aplicación de un estímulo eléctrico –variando su intensidad, duración, y lapso entre estimulaciones – se encuentra que éste provoca la aparición de un neuromodulador, gracias a la intervención de una interneurona liberadora de serotonina. Este esquema, por simple que sea –y por ello fue buscado ya que es una ley de la investigación científica–, lo encontramos también en el ser humano. Aunque en él, y aún en los mamíferos, este circuito sea in vivo mucho más complejo, no quita pertinencia a los resultados de la investigación.
Una neurona sensorial posee por sí misma mil doscientas terminaciones sinápticas y contacta alrededor de veinticinco células. ¿Cómo distinguir las sinapsis donde se realiza el aprendizaje y se consolida la memoria?
Para la memoria a corto plazo se descubrió que dos proteínas (el AMP cíclico y la proteína kinasa A) solicitaban la intervención de los neurotransmisores. Era preciso entonces encontrar cuál entraba al núcleo e identificar los genes efectores.
La intervención del neuromodulador –la serotonina–, merced a una estimulación repetida, logra que una proteína –la kinasa– entre en el núcleo, encuentre a otra –una CREB2– que a su vez desactiva las proteínas que inhiben la expresión del gen,  se liguen con una subvariedad de la inhibidora, la activadora (CREB1), y permita no sólo la formación de una proteína específica que no se degrada, el prión, que marcará para siempre esa sinapsis aumentando su fuerza de manera constante, sino que la neurona engendre una nueva sinapsis. El aprendizaje y la memoria permiten modificar de modo durable las neuronas, creando nuevas conexiones estables. Pero la memoria también desactiva para crear otras conexiones. En este intercambio hay una forma recesiva de otra proteína en cuestión que al ser suficientemente activada pasa a ser dominante y puede activar el ARN mensajero durmiente para que éste realice su trabajo con el ADN. El rol de la serotonina en la aplisia lo cumple la dopamina en la ratita utilizada en experimentación. 
En el hombre, las dos sustancias actúan de maneras diferentes. A ello debe sumarse que en el hipocampo humano –situado en la región subcortical de los dos parietales, y que cumple un rol primordial, aunque no único, en la conservación de la memoria–, en una pequeña parte llamada el gyrus dentado, hay producción de neuronas nuevas y la serotonina cumple un rol esencial en su formación y también, probablemente, en su migración.

El estudio de la memoria a nivel sináptico, el hallazgo de lo que permite crear nuevas sinapsis y mantenerlas en el tiempo y, por añadidura, que los neuromoduladores en juego sean la base de lo que llamamos goce, aunque no los identifiquemos, plantea por primera vez la posibilidad no doctrinaria sino apoyada en un conocimiento científico de discutirle al psicoanálisis, desde la llamada teoría del espíritu, los títulos de derecho sobre la región bien o mal llamada psiquismo. 

Pero no sólo de memoria se trata a nivel neurológico. Ésta es la que más atrae la atención del gran público cultivado que no sigue la actualidad de la investigación en fisiología. Si tomamos algunos trabajos experimentales realizados en animales y aparecidos en revistas científicas, por ejemplo los del equipo de Michael J. Meany[92] de la Universidad McGill en Montreal. Según estos prometedores trabajos,[93] si la madre ha estado desnutrida o angustiada durante el embarazo los glucocorticoides producidos por ella bajo una situación de stress prolongado llegan al feto, traspasando el filtro placentario. Esta exposición más que temprana al cortisol materno tendrá en su vida adulta consecuencias ciertas, ya que en la vida fetal se ha realizado una programación epigenética que modifica durablemente las respuestas endocrinas del adulto. En aquellas ocasiones en las que el individuo se vea urgido por lo que él interprete como situación estresante, el eje hipotálamo-hipófisis va a producir grandes cantidades de adrenalina, lo que activará a su vez una mayor producción de cortisol en las suprarrenales una vez que el feedback negativo haya sido puesto en knockout por desbordamiento de la capacidad de los receptores. La producción del cortisol en demasía tiene consecuencias a nivel de la acumulación de lípidos, en alteraciones endoteliales, en la respuesta vascular a los vasoconstrictores, aumentándola a la vez que se disminuye la vasodilatación. Altera la señalización noradrenérgica y simpática en el corazón y, por fin, la respuesta pancreática en la producción de insulina será inversamente proporcional a los niveles de cortisol, lo que induce la aparición de diabetes insulinodependientes.

Debemos mencionar aquí, aunque sólo sea brevemente, los trabajos de Gerald Edelman sobre los mapas cerebrales[94] que han permitido dejar de lado la polémica histórica entre localizacionistas y globalistas del cerebro, entre quienes acentuaban el descubrimiento de una zona de corteza que dirige tal o cual actividad y los que pensaban que el cerebro actúa como un todo. La teoría de los mapas pudo realizarse en la medida en que el conocimiento del cerebro ha dado un paso gigantesco en la interrelación entre la corteza y una subcorteza que, hasta hace poco, era desconocida, salvo en sus aspectos generales.[95] La teorización de Edelman también permite mostrar que no hay un pensamiento racional de un lado y un cerebro límbico de las emociones por el otro. Estas diferencias jerárquicas eran racistas e ideológicas, en cuanto se separaba el primero del segundo, llamado, por su origen en la historia natural, “reptiliano”. Las diferencias en el modo de pensar son o bien culturales o bien tienen que ver con un pensamiento que puede estar por fuera del discurso. Pero no neurofisiológicas.
Las cartas cerebrales establecidas por Edelman muestran cómo todas las regiones de la corteza, la subcorteza y los ganglios de la base del cerebro funcionan de maneras diferentes, coordinadas, en respuestas que no son de feedback sino reentrantes, esto es, como procesos de señalización recursivos de fibras masivamente paralelas.

Un desafío
La biología fundamental conoce, gracias al concurso de todas sus ramas, una revolución. También se la reconoce si se siguen los avances en paleoantropología y paleozoología, donde la genética es capaz de predecir, antes de su encuentro, la existencia de determinada especie que da cuenta de una ramificación en la arborización de las especies en la historia de la selección natural.[96] La física ha constituido una nueva rama, la biofísica, desde la cual contribuye de manera a veces contradictoria con la biología. Por ejemplo, la estructura del aparato circulatorio, en su arborización, la estructura vascular de la circulación profunda y periférica en todos los mamíferos y vertebrados no obedece a un hallazgo de la selección natural sino a leyes físicas que intervinieron en la modalidad de construcción del cuerpo por los genes encargados de ello.
Más profundamente, la investigación médica comienza a trabajar las consecuencias fisiológicas de la exposición a la angustia del Otro durante el embarazo y la primera infancia, hecho nuevo y que permitiría explicar enfermedades graves a nivel somático borrando una explicación actual para adentrarse en la prehistoria de cada individuo.

Es cierto que la medicina actual trabaja sobre la traza química en las sinapsis, sobre la programación patológica de la respuesta endocrina a la angustia. Eso no decide por sí sólo el destino de un individuo, sobre su creatividad, su capacidad de vivir en sociedad y transmitir lo que para él es su deseo o su ideal. La cultura humana está organizada desde y por el lenguaje y las lenguas, por las modalidades de sus escrituras, por sus relaciones entre sí –¿cómo hablar de una lengua “pura”?– por la capacidad de infinitizar el sentido o de anularlo. La cultura es obra del ser hablante, que se constituye en tanto tal por el borramiento de la traza. Esta es la diferencia –l’écart– entre el psicoanálisis y la neurofisiología del espíritu. Vale decir, no explicar el funcionamiento de un sujeto por sus trazas, sino allí por donde ha borrado sus trazas[97] y es capaz de volver a hacerlo.
Por otro lado el soporte material de la libido, los neuromoduladores, no son la libido, aunque si estos faltan ella desaparece. Las trazas libidinales son en Freud diferencias entre el placer buscado y el placer obtenido. Es gracias a ese límite que hay sujeto del inconsciente. En cuanto al goce, no es un observable físico, es producto de la palabra de amor que le es dirigida, en la prematuridad del cerebro con que nace el hombre, y todo lo que nos queda de él son modalidades lógicas que presiden la dirección del discurso inconsciente de cada uno.
La oposición, cierta, entre la teoría del espíritu y el psicoanálisis es que la primera es un materialismo monista de la neurona. Este monismo, en el momento mismo de constituirse como tal, como materialista, se vuelve instantáneamente espiritualista sin saberlo ya que considera al cerebro, finalmente, causa sui. Causa del lenguaje y de la cultura. El buen doctor que hace avanzar las ciencias de la vida y sólo cree en la experiencia es también, y al mismo tiempo, un idealista que se ignora.

El segundo es un materialismo también, pero del significante. La referencia filosófica al monismo o al dualismo le es completamente extraña ya que exterior a su práctica. La distancia entre el análisis y la teoría del espíritu se marca en sus modalidades lógicas: para un analista lacaniano el desplazamiento de un discurso es contingente. La causa de la Inquisición no está en San Pablo, la permisividad sexual contemporánea en Occidente no es un efecto del psicoanálisis, el eugenismo es una consecuencia del discurso de la ciencia y no de tal o cual autor. Forcluir la diferencia entre el dolor de existir y la depresión será una consecuencia ineluctable del discurso de la ciencia, pero no de los grandes científicos que hicieron avanzar el saber científico de su época.

El psicoanálisis vive en una cultura, trabaja a partir de ella haciéndole, en cada sujeto, un aporte, ya que promueve la aparición de un trabajo que, transformando el dolor y deshaciendo inhibiciones, representa finalmente un beneficio cultural.
La peculiaridad de su práctica reside en que su finalidad no es la de curar un síntoma sino la de borrar todo destino preestablecido –ahí es posible que el síntoma se desanude– transformándolo en sublimación, en vida posible. Su eficacia radica en el hecho de ser una práctica a la que se acude en virtud de un sufrimiento al que ninguna otra práctica puede dar lugar del mismo modo. Probablemente ella no pueda responder allí donde la angustia del Otro intervino en una modificación permanente, fisiológica y tisular del cuerpo, allí donde la pulsión no sólo no llega para aportar una fuente de placer sino que no debe llegar. Pero el análisis no prevé suplantar a la medicina.

Poner al “stress” como base común del sufrimiento físico y psíquico es la vía del monismo biológico en su práctica de la cura, médica y psicológica. No es la misma que la del análisis, que busca, cualquiera sea el pasado del que se dirige a él, producir un nuevo sujeto.
Pero es cierto también que desconocer que el discurso de la ciencia quiere y de hecho va “a lo profundo” de la historia del cuerpo y del individuo constituye un inmenso desafío, ya que no sólo es concorde con el espíritu de la relación entre costo y eficacia del discurso dominante, sino que propone una teoría unificada de la salud. Lo que corresponde a la ética más profunda de la medicina y de la filosofía, espontánea o no, de su práctica.  
Que esta salud sea promovida como un ideal, el hecho que lo sea por el discurso de la ciencia, no lo hace menos portador de sufrimiento –como sucede con todo ideal promovido desde un discurso.

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No deberíamos en ningún caso identificar a los científicos actuales, que también trabajan, por lo menos algunos de ellos y no son los menos, para hacer avanzar la producción farmacológica, como portadores de un discurso en donde la cultura no sería esencial; muy por el contrario. Los mayores trabajos de Antonio Damasio, neurólogo norteamericano, L’erreur de Descartes… y Spinoza avait raison,[98] son un mentís de cualquier diferencia que podría intentarse en cuanto a ello.
En su primer libro Damasio lee finamente a Descartes discutiendo con él sobre la pertinencia de la dualidad de las sustancias, extensa y pensante, esto es, que pueda haber un pensamiento matemático o metafísico sin recurrir al cuerpo; en el segundo realiza un largo comentario de la Ética de Spinoza para mostrar cómo ésta lo avala y concuerda con todas sus investigaciones sobre la relación entre las zonas corticales donde se produce el pensamiento racional y aquellas que distribuyen los neuromoduladores que se expresan como afectos en la consciencia. Para apoyarse en un monismo materialista, Spinoza es, en efecto, un apoyo soñado.
Sus cartas del cerebro no distan mucho de las de Gerald Edelman, aunque hay diferencias propias a la enunciación de cada uno. Su libro relata con gran emoción una visita a los lugares donde Spinoza vivió, la sinagoga de donde fue expulsado, la historia del antecesor de Spinoza en proclamar, sin alcance filosófico, su deísmo universalista, y concuerda con los historiadores de la filosofía de la época en la magnitud de la obra spinoziana. Estos libros, su conocimiento de Freud, su cultura literaria, hicieron que Damasio fuera invitado a realizar la comunicación de apertura por lo menos en un congreso de la IPA. Gerald Edelman, por haber tenido el raro y azaroso privilegio de haber compartido su mesa, es un gran investigador en bioquímica y neurología que conoce finamente no sólo Freud sino también la filosofía materialista francesa del siglo XVIII y la empirista inglesa del siglo XVII. Eric Kandel, cuando hace referencias a Kant, lo hace conociendo la Crítica de la razón pura, y adelanta su investigación para responder a los límites que Kant plantea al conocimiento a priori.

Todas las investigaciones científicas en neurología llevan como subtítulo “Hacia una nueva teoría del Espíritu”, en su sentido singular, el psiquismo y la cultura individual, como así también en su sentido social, su objetivo último es explicar la consciencia, y para todas ellas el lenguaje no es un corte radical en la historia natural sino una adquisición gradual en la historia de la evolución. Esto hace que se constituya una base de saber sobre lo real que se concibe como eficaz, práctica, objetiva, experimental. Esta tendencia profunda en las ciencias de la vida, este mainstream, ha llevado a los filósofos surgidos de la metafísica clásica a repensar con suerte diversa la animalidad del hombre.
Debemos hacer aquí una diferencia terminológica, importante a nuestro parecer. La neurología actual es el fruto de una práctica experimental que ha producido un conocimiento del cerebro, en pocos años, incomparable con todo lo que se conocía hasta aquí. Las neurociencias son la articulación de los conocimientos experimentales sobre el cerebro con filosofías diferentes, William James en Estados Unidos, Husserl y otros en Europa, en vistas de construir una filosofía general del pensamiento, de la consciencia y de la cultura como productos de la plasticidad neuronal. No todos los biólogos que trabajan en la interfase neurología/genética/biología forman parte del proyecto de las neurociencias. Hay también una cantidad importante de matemáticos, lingüistas y filósofos que trabajan con la misma finalidad. Lo que todos poseen en común es la certeza de que el pensamiento prima sobre el lenguaje y es de origen biológico.

Podríamos compararla, salvando las distancias, al ser idéntica en su finalidad de discurso –por lo tanto no atribuible a alguien en particular–, en su concepción de conjunto, al proyecto del Large Hadron Collider, llamado por el periodismo “la máquina de Dios”. Esto es, el acelerador de partículas llamado a probar en sus más ínfimos detalles la estructura de los protones, haciéndolos colisionar entre sí. Proyecto que costó muchos miles de millones de dólares y que es seguido por decenas de miles de científicos. Hasta ahora uno de los constituyentes del protón, el bosón de Higgs, tiene una existencia solamente matemática. Si se lo encontrara, toda la teoría astrofísica del origen del Universo sería demostrada. Como lo sugería Stephen Hawking hace unos años, respecto de otro problema teórico fundamental, en una de sus últimas discusiones con Roger Penrose, sería el fin de la física.
Aunque esto no fuera cierto es importante señalar cómo el discurso de la ciencia avanza y hace avanzar a la ciencia: con un proyecto a partir del cual todo nuevo conocimiento sería forcluyente, ya que se habría dado cuenta de la totalidad de lo real.

En genética, desde hace unos cinco o seis años, se comienza a hablar de genética postgenómica, ya que el secuenciamiento de la totalidad de bases del ADN no permitió responder las preguntas para las cuales este proyecto, también faraónico en sus costos, estaba destinado. Las preguntas comenzaron a plantearse luego, después que el proyecto forclusivo se vio en la imposibilidad de dar una respuesta definitiva al contenido de cada gen, y para qué sirve. Gracias a esta no-respuesta hoy se puede decir que un gen sólo actúa en correspondencia con otros y su respuesta es diferente según quién lo haga sintetizar o no proteínas y con qué finalidad. Esto no quiere decir que las cuestiones de “arquitectura” génica estén terminadas, al contrario, ya que la cuestión de los cambios en los nucleótidos de cada gen está al orden del día, pero la investigación siguió por un recodo que hasta ese momento carecía de letras de nobleza y se reveló prometedor: la epigenética.

Hace ya un cierto tiempo, y no podría citar dónde, por lo que pido que se me perdone el olvido y se me acredite la veracidad del recuerdo, leí que Lacan propuso, en una reunión de l’ Ecole Freudienne de Paris, que el tercero, sea de un cartel, sea de una escuela de analistas, fuera, no sólo un ciudadano X, el no analista, sino también, fundamentalmente, el científico. El tercero. La dritte Person.

                                                                          
                         









[1] Este trabajo representa una parte del que nos sirvió de apoyo para el coloquio "Lacan y los científicos" organizado por la EFBA. Vaya nuestro sincero agradecimiento tanto a quienes lo organizaron como a quienes trabajaron para hacer posible su publicación.
[2] Jacques Lacan: “Proposition du 9 octobre 1967 sur le psychanalyste de l’École”, en Annuaire de EFP, 1977. Allocution sur les psychoses de l’enfant realizada el 22 de octubre de 1967, Autres Écrits, Ed. du Seuil, Paris, 2001.
[3] Editado por primera vez en 1967 con el título Enfance aliénée. En Argentina, la Editorial Nueva Visión nos pidió para su publicación en 1970 que corrigiéramos la versión al español, que acompañamos con un pequeño diccionario de conceptos lacanianos, y que tradujéramos las intervenciones de Lacan y de Ronald Laing.
[4] Ne fasta: literalmente, días no fastos, por lo tanto, cotidiana.
[5] El término “tensión” es utilizado por Thomas Kuhn en sus últimos trabajos de epistemología, que versan sobre la relación entre la historia y la historia de las ciencias, entre tradición e innovación en la investigación científica. Ver su última obra editada en francés, La tension essentielle, Gallimard, Paris, 1990.
[6] La expresión es de Bruno Latour en La science telle qu’elle se fait, La Découverte, Paris 1991.
[7] Por ejemplo, la existencia real y el homicidio real del Padre de la horda como acontecimiento que explica el pasaje a la cultura y la realidad de una transmisión filogenética de dicho acto. Esto no resultó justificado para la paleoantropología en el primero, ni para la genética en el segundo.
[8] El carácter científico de la hipótesis le era necesario para asegurar la continuidad entre el análisis del sujeto y el análisis de la sociedad. Aunque de algún modo se equivocaba, fue “equivocándose” que fundó la unidad del análisis en intensión y del análisis en extensión. Sin ello Freud sabía que su enseñanza estaba condenada a desaparecer.
[9] En la biografía escrita por Jones es posible encontrar un diálogo poco o nada citado donde éste interroga a Freud sobre el sentido de esas teorizaciones, formalmente desmentidas por la genética de Morgan y por conocimientos bien establecidos en paleoantropología. La respuesta fue un contundente rechazo a discutir sobre la cuestión. En cuanto a Moisés, Lacan refutó formalmente la tesis de su asesinato.
[10] En el sentido que le diera Foucault en Les mots et les choses, Gallimard, Paris, 1977.
[11] Apoderarse de herramientas matemáticas no transforma al psicoanálisis en ciencia formalizada, sino que le otorga el estatuto de campo conexo. Sin embargo, para Lacan hay una escritura matemática a minima que da cuenta del inconsciente, por el solo hecho de hablar. El uso formalizador de la estructura bourbakiana en los años cincuenta o de la nodología en los años setenta no son isomorfos en el tratamiento de la clínica. Nos resta demostrarlo, y no es fácil. En cuanto a la noción de matema, que conmovió cierto tiempo a la comunidad lacaniana, como la posibilidad de una transmisión sin pérdida –que aún en las ciencias es inconcebible– el mismo Lacan fue contundente luego sobre su extensión, afirmando que sólo se trata de una enunciación que lo sostiene. Dicha noción debe ser tomada literalmente del griego, sustantivo formado sobre el participio del aoristo segundo del verbo manthano: lo que es enseñable.
[12] Es decir, en principio, nosotros.
[13] En el sentido que le diera Thomas Kuhn en  La structure des révolutions scientifiques, Flammarion, Paris, 1983.
[14] Si leemos los trabajos de los propios científicos, y no sólo aquellos de los coreutas periodísticos y teóricos, sus discusiones y oposiciones epistemológicas muestran, al menos en genética, que su objeto está siendo nuevamente fundado.
[15] Nunca detuvo esta tarea, preocupado por definir los usos de las palabras letra o escritura en psicoanálisis, situándolas en su relación con el álgebra o la teoría de los conjuntos.
[16] Es el título original del trabajo de Freud.
[17] Es la traducción en la Standard Edition, a cargo de James Strachey, hecha por Paula Heimann. Es la más freudiana de todas ya que mantiene el aspecto temporal del auxiliar werden en el present continuous inglés.
[18] Proponemos esta traducción que intenta respetar el castellano y el aspecto temporal del auxiliar alemán que como verbo independiente significa devenir.
[19] En los manuales de lógica más comunes en su tiempo, antes del florecimiento de las lógicas no-standard, inclusive en aquellos que integraban la lógica estoica formalizada por Tarski y Lukasiewicz, sólo era posible encontrar el vel que significa “o bien… o bien”, es decir, la disyunción inclusiva, en que ambos términos pueden ser verdaderos a la vez, y el aut, la disyunción exclusiva, vale decir, “o uno o el otro, pero ambos no pueden ser verdaderos a la vez”. Afirmar que los lacanianos acuerdan en la extrema importancia de esta creación, clave de la construcción de una lógica del inconsciente sería trivial. Podemos añadir que este operador sirve a Lacan, además, para construir una lógica productiva en el tiempo, esto es, una dialéctica no hegeliana, donde la exclusión permite que aquello que queda excluido, que objeta… reaparezca, no como síntesis sino del otro lado de la división del sujeto. 
[20] La lectura que hace Lacan del cogito no es deudora ni de Martial Guéroult –que le ganara a Koyré su lugar en la Sorbona– quien brinda, en dos gruesos volúmenes, Descartes selon l’ordre des raisons, Aubier, Paris, 1968, una versión lógico-epistemológica del cogito, ni de Ferdinand Alquié, su amigo de la juventud, editor de las Obras Completas, luego de aquellas históricas de Adam y Tannery a principios de siglo, que sostiene una versión existencial –¿gracias a su lejana pertenencia surrealista?
[21] Jacques Lacan: “Résumé du Séminaire «La logique du fantasme»”, en Autres écrits, Ed. du Seuil, Paris, 2001.
[22] Semi sólo en la medida en que todas las transformaciones del grupo de Klein no son aquí posibles, lo cual le quita su carácter estrictamente matemático, aún cuando Lacan remita a un trabajo del algebrista bourbakiano Marc Barbut “Sur le sens du mot structure en mathématiques, en Les temps modernes, volumen dedicado al estructuralismo, 1964, págs.791-814) que detalla todas sus transformaciones.
[23] Vectores que son algebraicos, por supuesto, pero a la vez, aunque Lacan no diga nada al respecto, dan cuenta del paralelogramo de fuerzas. ¿Será de esta manera tácita que permite pensar de otro modo la dinámica freudiana?
[24] Jacques Lacan: Le Séminaire, Livre IV: La relation d'objet, Ed. du Seuil, Paris, 1994.
[25] Habría que diferenciar el momento en que la “lógica” se ha constituido como tal, separándose de la gramática –lo cual es en sí un problema inmenso, aún no realmente tematizado, tal como se lo puede constatar leyendo la virulencia de la crítica de Jacques Derrida en  L’Ecriture et la différence, Ed. du Seuil, Paris, 1967, y en  De la Grammatologie, Ed. Minuit, Paris, 1967, hacia el trabajo de Emile Benveniste: “Catégories de pensée et catégories de la langue”, en Problèmes de linguistique générale, Gallimard, Paris, 1968– de la existencia de dialécticas implícitas en culturas como la China y el Egipto antiguos, o también el México neolítico, donde la presencia de una escritura –acompañada de una magia, de una astronomía donde la matematización de la apariencia del cielo permite predecir las posiciones de las constelaciones y los eclipses, y de una religión que ya se sustenta en una interpretación del saber astronómico– da lugar a dialécticas, tanto de identidad como de unidad de los contrarios. Dialécticas que reencontraremos en otras partes y, hecho sorprendente, sin relación alguna con las demás, en los místicos que acompañan ─y hacen vivir, por su relativa exclusión─  a las religiones monoteístas –ya sea aquella, cristiana, que encontramos en el pseudo–Denys el Areopagita, en la mística renana o en los cabalistas españoles. En cambio, sí puede establecerse el lazo entre sí de estas últimas. Aquella que se encuentra en el origen de la dialéctica de Hegel es la mística renana.
Debemos también citar dos trabajos fundamentales sobre la historia de la gramática. El primero es de Marc Baratin y Françoise Desbordes: L’analyse linguistique dans l’antiquité classique, Klinsieck, Paris, 1981 que estudia la construcción de la gramática en el seno mismo de la filosofía griega, desde Platón a los estoicos. El siguiente, una obra monumental en tres volúmenes dirigida por Sylvain Auroux: Histoire des idées linguistiques, ediciones Madrague, Liège, 1989, 1992, 2000, estudia el proceso y las consecuencias de la gramaticalización de las lenguas en el mundo desde el Antiguo Testamento, el Bahavad Gita, la filosofía china antigua hasta el comparatismo de principios del siglo XX, corriente en la que se forma Ferdinand de Saussure.
[26] Ver, entre otros, Richard Popkin: Histoire du scepticisme. D’Erasme à Spinoza, PUF, Paris, 1995.
[27] Este párrafo remite a Alexandre Koyré, a sus lecciones sobre Descartes en el Cairo, durante la guerra, y a sus Etudes sur l’histoire de la pensée philosophique, Gallimard, Paris, 1971 ambos editados por Gallimard.
[28] Dado que esta fundación no es simple o unívoca sino bifaz. Al fundar al sujeto barrado desde su lectura del cogito, Lacan la dirige en contra de aquello para lo cual el sujeto cartesiano ha servido, para fundar el idealismo y el dualismo cuerpo/espíritu.
[29] Jacques Lacan: Le Séminaire, Livre XV: L’acte analytique, clase del 10 de enero de 1968, inédito: “El acto del cogito, es el error sobre el ser, como lo vemos en la alienación definitiva que resulta del cuerpo rechazado en la extensión. El rechazo del cuerpo fuera del pensamiento es la gran Verwerfung de Descartes. Más aún: “«Pienso», dice, «luego existo»: se rechaza en ese falso acto que se llama cogito (traducción HY).
[30] Debemos este dato histórico a Elisabeth Roudinesco: Lacan, Fayard, Paris, 1993. En el transcurso de este Seminario Lacan afirma el carácter forclusivo del cogito, habiendo hecho antes una referencia sesgada a la unidad sustancial en Spinoza. Esta unidad sustancial será refutada luego en 1974, en Les non-dupes errent donde el ser, la sustancia en que consiste el goce, sólo reside en sus modalidades lógicas.
[31] Lo que explica al romanticismo y las místicas posteriores como retorno de lo forcluído. El "avance" de los países protestantes en esta dirección se debe a lo que Schiller llamó "el desencantamiento del Mundo" operado por Lutero.
[32] Aunque, si lo usa al menos por un tiempo, ello indica que permanece cierto sentido kantiano, el de unidad de opuestos, Gegenstand y no Wiederspruch, contradictorios; es decir, una oposición insuperable. Aunque la referencia de la palabra ya sea otra y no esté aún definida. Proceder muy usado por Lacan, y cuya riqueza de inventiva está probada en acto en su obra.
[33] En un párrafo de Le Séminaire VII: L'ethique de la psychanalyse, durante la clase del 3 de febrero de 1960 y en el medio de un discurso sobre el amor, Lacan afirma que “el discurso de la ciencia rechaza la presencia de la Cosa […] (que) está determinado por esa Verwerfung […] en la medida en que en su perspectiva se perfila el ideal del saber absoluto […]”. Esto muestra que no se trata de forclusión del sujeto, y la referencia al discurso de la ciencia, que apunta al saber absoluto, nos mostraría que se trata no tanto de la ciencia, escritura matemática de la naturaleza, como de un discurso que, al apoderarse de ésta, lleva a la ciencia a algo tan enigmático como la Cosa misma. He aquí, en nuestra opinión, la mención velada a Hiroshima. Pero seis años después, para cerrar los Escritos, cambiando de dirección, distingue esta Verwerfung de la Cosa de la no-sutura del sujeto para retomarla luego, en el seminario El saber del psicoanalista. Cuando define el discurso del capitalista sólo puede hacerlo dándole a la Verwerfung, esta vez otro objeto: el amor, o, la castración, de la cual el amor es causa y significación.
[34] Jacques Lacan: “La science et la vérité”, en Écrits, Ed. du Seuil, Paris, 1966, pág. 874.
[35] El subrayado es nuestro, hy.
[36] El objeto, como causa, no puede definirse sino por fuera de los términos filosóficos. No puede serlo más que recurriendo a las categorías propiamente lacanianas. De este modo se vuelve a términos filosóficos, pero de otro modo y en otra parte que en filosofía. Tampoco hay que creer que hemos roto definitivamente con ésta, dado que RSI son maneras de enunciar por donde pasan todos los discursos.
[37] Se pueden consultar los dos libros de Gerald Holton, el gran discípulo norteamericano de Alexandre Koyré: L’invention scientifique, PUF, Paris, 1982, y L’imagination scientifique, Gallimard, Paris, 1981. Así como Michel Paty: Einstein philosophe, PUF, Paris, 1993. Más sucintamente, el dossier de La Recherche dedicado a Einstein, febrero-abril de 2005, y los numerosos trabajos de Jean-Marc Lévy-Leblond.
[38] Jean-Marc Lévy-Leblond fue quien trabajó fundamentalmente este tema.
[39] Jacques Lacan: Le Séminaire, Livre IX: L'identification, clase del 10 de enero de 1962, inédito.
[40]  Que sin embargo se inventa, o puede hacerlo, en la escritura poética y en la científica.
[41] Ibíd.
[42] El hecho de que la palabra se inscriba matemáticamente, aunque no se sepa cuál es la estructura de esa escritura, fue el inmenso descubrimiento de Lévi-Strauss en Las estructuras elementales del parentesco. Al final de la primera parte, en el capítulo XIV “El intercambio restringido”, hay un estudio del gran matemático André Weil, miembro del grupo Bourbaki, quien tomando la descripción hecha por un lenguaraz australiano sobre las relaciones de parentesco de su etnia, llamado sistema murngin, formaliza la estructura del grupo algebraico de aquella y, más aún, siguiendo las consecuencias matemáticas de ese grupo predice su inestabilidad, corroborada por las observaciones etnológicas (Claude Lévi-Strauss: Les structures élémentaires de la parenté, Mouton, Paris-La Haye, 1967). Este descubrimiento es el que lleva a Lacan a pensar –y desde allí sostener su discurso– que la palabra, al ser creadora de goce, no sólo se inscribe en lo real como traza o como monumento funerario, esto es, borramiento de la traza, sino también en una topología que excede la percepción, un cálculo que da origen al sujeto y le permite la operación de contar mucho antes del jardín de infantes, cálculo que implica desde el vamos la inscripción no sólo de los primeros cardinales sino también de los primeros ordinales. El inconsciente no sólo se dirige al goce, o es dirigido por él, sino que posee en sí mismo los instrumentos para formalizarlo, es decir, desprenderse de él.
[43] Somos nosotros quienes hacemos esa hipótesis, entre palabra, escritura y continuo, suponiendo que Lacan no podía ignorar la demostración de Paul Cohen sobre el carácter indecidible de si el continuo matemático puede ser o no contado con el cardinal transfinito.  
[44] Aquí debemos citar, aunque no podamos darle todo el lugar que se merece la obra de Jean-Toussaint Desanti –gran resistente durante la ocupación alemana y alumno de Jean Cavaillès, matemático y teórico fusilado por los nazis–, tal vez el mayor filósofo francés de las matemáticas de la última mitad del siglo pasado, que despliega en su libro La philosophie silencieuse (Ed. du Seuil, Paris, 1975) una gran parte de los problemas que mencionamos aquí y muestra la inutilidad de todas las epistemologías construídas a lo largo del siglo para resolver problemas de fundamentos de las  matemáticas. Único filósofo de las matemáticas en estudiar las posiciones de Lacan, aunque su filosofía provenga de un uso particular de Husserl, lo cual le otorga un estatuto singular ya que incluye al sujeto en la construcción de la matemática, sin pertenecer sin embargo a la corriente intuicionista. Desde 1948, en su trabajo “Théorie des fonctions des variables réales, publicado en la compilación de François Le Lyonnais: Les grands courants de la pensée mathématique, Cahiers du Sud, Paris, 1984, estudia el nacimiento de la teoría de las funciones para resolver problemas de cálculo infinitesimal, haciendo la historia de sus rupturas con las metafísicas en las que se encontraba, creada y encerrada a la vez. De allí la puesta en juego del sujeto en el trabajo matemático para desembarazarse del cerco metafísico.
[45] Jacques Lacan: “L’Étourdit”, en Scilicet Nº 4, Ed. du Senil, Paris, 1973, pág. 49 (el subrayado es nuestro, HY).
[46] Sería necesario reunir las intervenciones de François Recanati durante el seminario de Lacan –una de las cuales fue publicada en Scilicet N° 4, luego de L’Étourdit– y que no figuran en la edición de du Seuil porque representan un aporte inestimable al conocimiento de un Pierce desconocido, al menos en Francia.
[47] Desde ese punto de vista, del “¡No! ¡No es eso! perpetuo que enuncia sobre sus adquisiciones, con la flecha hacia lo inalcanzable, la ciencia posee una cuasi identidad, para Lacan, con discurso de la histérica (suponemos que, sin decirlo, Lacan está pensando en el Bachelard de La filosofía del no. Gaston Bachelard: La philosophie du non, PUF, Paris, 1970). 
[48] Por ejemplo, con respecto a la teoría de la evolución nada podía ser más antinómico al darwinismo, a la selección natural –donde son los individuos, o las especies más aptas, los que pueden sobrevivir a un cambio climático durable sin poder modificarse por sí solos para sobrevivir–, que la posición de un Lamarck –para quien “la función hace al órgano”–, quien afirmaba también que hay transmisión al phylum de los cambios en la ontogénesis. Aunque desde el punto de vista de la biología molecular el lamarckismo a la letra sea inaceptable, hoy, ante la fusión entre darwinismo y genética, por no ser ya el lamarckismo una teoría de la modificación de las especies puede integrarse a estos como subconjunto porque a nivel del individuo, es decir, a un nivel muy elevado de la escala evolutiva, la proposición sobre la función y el órgano se vuelve válida nuevamente. Pero ya no se trata de Lamarck en su enunciación. El conteo del tiempo, inclusive a nivel de la genética, necesario para integrar filogenéticamente un cambio en la ontogénesis, con respecto a sus modalidades, hoy puede ser pensado a partir del descubrimiento de los cambios epigenéticos, es decir, de aquello que el medio puede introducir en el embrión durante la división celular, que recibe por vía de las cadenas proteicas en que se enrosca el ADN modificaciones “no previstas” en el genoma. En definitiva, Lamarck y Darwin ya no están enfrentados como en el pasado, la teoría de la herencia pasa por la genética y se inscribe tanto en los genes como en la célula y el organismo. Esto muestra, llegado el caso, que gracias al desarrollo de la ciencia ellos mismos no están suturados a sus enunciaciones.
[49] Que permite no utilizar la hipótesis de la potencia del continuo de Cantor, es decir, la posibilidad de que la serie de los transfinitos pueda enumerarlos. Desde los años sesenta sabemos, gracias a Paul Cohen, que es indemostrable que sea verdadera o falsa (cf. Jean-Toussaint Desanti: “Fondements des mathématiques”, en La philosophie silencieuse, Ed. du Seuil, Paris, 1975, págs. 241-263).
[50] Jacques Lacan: “La science et la vérité”, en Écrits, Ed. du Seuil, Paris, 1967 (el subrayado es nuestro, HY).
[51] Se pueden consultar los cursos de Michel Foucault en el Collège de France (Naissance de la biopolitique, Gallimard–Seuil, Paris, 2005).
[52] Raymond Bayer: “Nécessité et contingence”, en Epistémologie et logique depuis Kant jusqu'à nos jours, PUF, Paris, 1954.
[53] Debemos dar aquí un lugar muy particular al sentido del recorrido filosófico de Michel Serres, científico de formación, sin pronunciarnos sobre su empecinada negativa a aceptar el “corte” bachelardiano ni sobre su concepción de la teoría de las catástrofes o de la topología, ya que nunca ha perdido como eje de su reflexión sobre la ciencia contemporánea, y sin deberle nada a Husserl o a Heidegger, su gran inquietud por la autonomía absoluta que ha tomado la ciencia sobre cualquier fin del que la humanidad podría pretender que se haga cargo. Esta interrogación lo acerca a la preocupación mayor apuntada por Lacan al designar los efectos del discurso de la ciencia. Ver sus entrevistas con Bruno Latour en Eclaircissements, Champs-Flammarion, Paris, 2002 (1º edición 1992).
[54] Siempre es bueno releer al respecto los escritos de Einstein sobre su compromiso pacifista; acentuados por la participación activa de Niels Bohr, teórico de la mecánica cuántica, judío exfiltrado de Dinamarca preocupado por ayudar a la finalización del proyecto de la bomba atómica antes que Werner Heisenberg lograra hacerlo para  la Alemania nazi. Bohr, según confesara Oppenheimer, había llegado a calcular la masa crítica para producir el isotopo necesario para la bomba, lo cual permitió acelerar la conclusión del proyecto. Dicha bomba servirá no para la derrota de Alemania, como es sabido, sino para impedir que Stalin, tal como estaba previsto en Yalta, pudiera iniciar la guerra contra el Japón.
[55] Jacques Lacan: “La troisième”, en Lettres de l’Ecole Freudienne N°16, 1975, págs. 177-203. El dibujo que insertamos es la reproducción de aquel otro hecho por Lacan durante su conferencia "La Troisième". Es decisivo lo que Lacan traza entre el goce del Otro –agujero entre imaginario y real– y lo real a secas, donde escribe Vida: una flecha que nombra: Ciencia. Ver última página.
[56] Llamarlo "trozo" (bout) de real conlleva la idea, lacaniana, que los trozos de real a los que las ciencias tienen acceso no son necesariamente conexos. Al mismo tiempo, un mismo trozo puede ser objeto de más de una ciencia, y una misma ciencia puede tener y de hecho tiene teorías disímiles y válidas para dar cuenta de él. Lo que está en discusión es si el psicoanálisis puede tener, o no, y este "no" es de orden forclusivo, también un acceso de derecho a lo real biológico que no sólo es producto de la sola vida en su sentido biológico.
[57] En ese sentido, en singular y mayúscula, Lacan era discípulo de Koyré y realista platónico, al menos en los años cincuenta y, podemos calcular, hasta 1964. Más tarde se apartará voluntariamente de esta posición y lo mostrará preguntándose: “que ese saber sea número transfinito de Cantor o deseo del analista, ¿dónde estaba antes de que se supiera?(Jacques Lacan: Le Séminaire, Livre XV: L’acte analytique, clase del 10 de enero de 1968, inédito).
[58] En cuanto a los campos lo afirma en los textos de fundación de la EFP, en 1967; para el marxismo como evangelio (del discurso de la ciencia) en Le Séminaire XX: Encore, Ed. du Seuil, Paris, 1975, clase del 9 de enero de 1975; y para Hiroshima, de manera velada, en Le Séminaire VII: L'ethique de la psychanalyse, durante la clase del 3 de febrero de 1960.
[59] Que pueda haber una presencia de Heidegger en su propósito sería difícilmente cuestionable, pero también resultaría imposible afirmar que se trata de la misma noción dado que para el filósofo de Todtnauberg la ciencia había nacido en los albores de la civilización griega con la idea de reducir el ser al ente, a la herramienta, al Zuhandenen, en un proyecto de dominio de lo real en vez de permanecer –el hombre– en su propio lugar de pastor del Ser. (Ver Essais et Conférences, Gallimard, Paris, 1958 y Qu’est-ce qu’une Chose, Gallimard, Paris, 1971).
[60] Ver Richard Dawkins: Le gène égoïste,  Odile Jacob, Paris, 1996.
[61] Ver Lacan in Italia, ed. La Salamandra, Milano, 1978.
[62] En ese seminario, en la clase del 6 de enero de 1972, dice: “Lo que distingue el discurso del capitalismo es lo siguiente: la Verwerfung […] de todos los campos de lo simbólico […] de la castración. Todo discurso que se parece al capitalismo deja de lado lo que llamaremos las cosas del amor.
[63] Los nombres propios en ciencia: Newton, Einstein, Darwin, no son Nombres del Padre, ni tampoco el nombre del sujeto del inconsciente. Cuando el nombre propio marca un origen también marca, a la vez, la repetición de este origen, los límites en que ocurre esta repetición y aquellos fuera de los cuales ya no se trata de su enseñanza. El hecho de que el alemán Lehre término más utilizado por Freud para designar al psicoanálisis quiera decir en castellano tanto enseñanza como doctrina muestra la grandeza así como los límites del campo que sólo puede ser designado por un nombre propio.
[64] Los científicos no pueden leer la diferencia entre lo que hacen y el discurso que los orienta. Los críticos del discurso de la ciencia lo confunden con ella misma. Los políticos creen que la diferencia reside en los fines prácticos hacia los cuales pretenden orientarla. Tienen la ilusión de creer que al dar crédito a algunas y no a otras pueden incidir en algo que los gobierna sin que lo sepan.
[65] Einstein quiso, y fracasó en el intento, instituirse en ese lugar.
[66] En definitiva, que el psicoanálisis, volviendo sobre sus propias fundaciones, reflexionando sobre ellas,  se de a sí mismo otra función en su práctica y reemplace una filosofía que es, para Lacan (por más inmensa que fuera su deuda con ésta), o bien ancilla scientiae o bien demasiado opuesta y lejana.
[67] Toda lógica modal hace intervenir al sujeto ya que por ocuparse de creencias, valores, u opiniones, integra la enunciación y no puede no declinarse en los modos de lo necesario, de lo contingente, de lo posible, de lo imposible. En cambio, es en la proposición asertiva donde el sujeto se elide a sí mismo en el constativo hipotético experimental.
[68] Debemos expresar aquí nuestro reconocimiento al Dr. Josué Feingold, genetista, director Honorario de Investigaciones en el INSERM (Institut National de la Santé et de la Recherche Médicale), ex director de la Unidad de Epidemiología Genética, quien nos otorgara generosamente su tiempo, permitiéndonos la puesta a punto de nuestras reflexiones y nos confortara en la dirección que creíamos percibir en las polémicas actuales: restringir el valor del determinismo absoluto de la biología molecular para compartirlo con la biología celular y los efectos del medio. Las referencias que utilizamos se deben a nuestros propios encuentros.
[69] Sidney Brenner y otros: Genes and development: molecular and logical themes, citado por Evelyn Fox Keller: Le siècle du gène, Gallimard, Paris, 2003. La autora, genetista e historiadora de las ciencias, es profesora en el MIT (Massachussets Institute of Technology). Sidney Brenner es Premio Nobel de Medicina y Fisiología, 1992.
[70] Walter Gilbert: “A vision of the Grail”, en The Code of codes, Kevles and Hood editors, citado por Evelyn Fox Keller: Le siècle du gène, Gallimard, Paris, 2003. Walter Gilbert es Premio Nobel de Química, 1987.
[71] Esto, sin ningún propósito peyorativo ya que la mayoría de ellos son universitarios y excelentes en la tarea de comunicar los avances de la ciencia. Hacen un trabajo indispensable para aquel que sería l’honnête homme de nuestros días. Con un punto importante, que por otra parte, no es responsabilidad de ellos: cuando el honnête homme de los siglos XVII y XVIII debía estar al tanto de lo que se escribía tanto en humanidades como los nuevos conocimientos de las ciencias nacientes, hasta era capaz, si quería, de reproducir las experiencias de las cuales estaba informado y de procurarse los instrumentos para hacerlo. Así fue hasta la primera mitad del siglo XIX. Inútil es señalar que el simple funcionamiento de un tubo catódico, hoy caído casi en desuso, no es conocido en sus principios teóricos –la mecánica cuántica– ni siquiera por el técnico que lo arma o repara. (Honnête homme, en el siglo XVII, se decía de aquel que estaba al tanto de la producción científica y literaria sin ser un especialista).
[72] En las ciencias, los tiempos van al ritmo de estas crisis de fundamentos: ¿gen o genoma? ¿Cuál es la naturaleza del determinismo en juego en genética? Nota de 2008: Luego de que el secuenciamiento del genoma no haya podido responder a estas preguntas, es el descubrimiento de la enorme importancia de los cambios en la expresión del ADN, a partir de los trabajos de Eric Kandel, hoy multiplicados en la neurofisiología y en la fisiología endocrina, lo que permite tener un campo científico insospechado y de avance en los fundamentos de la biología. La no respuesta de lo real a la pregunta por la naturaleza del genoma permitió dar fundamento científico y experimental a la doble dirección en la investigación del ADN: hacia la célula y el organismo fue la dirección dominante desde el descubrimiento de la doble hélice del ADN. Hoy, asentada esa dirección, la flecha va de los cambios sinápticos en la experiencia con el medio a la producción de cambios de expresión del ADN, gracias a que las proteínas ingresan en el núcleo celular, vuelven por el ARN mensajero activando o silenciando ciertos genes, con lo cual varía la formación de proteínas.  Esto, que se sabía desde el trabajo sobre el operón lactosa hecho durante más de treinta años por Monod, Jacob y Lworf, premios Nobel de Fisiología en 1965, hoy es la dirección de trabajo dominante en todas las ramas de la biología fundamental.


[73] En cuanto al cálculo del genoma –3.000.000.000 de pares de bases reunidos en dos veces 23 cromosomas– y del cuerpo, digamos que sólo el cerebro posee alrededor de 1011 neuronas, donde se efectúan alrededor de 1015 sinapsis. Los enormes estaciones de trabajo, las Creys, que tienen la mayor potencia de cálculo, utilizadas para prever el tiempo en el Atlántico norte o para poner satélites en órbita serían incapaces de hacerlo aún puestas en serie. Por otra parte, no sólo de cálculo se trata.
[74] Recordemos que el título de la compilación de estos trabajos científicos es The code of codes. Esto demuestra que en los medios de la biología molecular nada se supo de la crisis de fundamentos de las matemáticas, de la cual salieron sabiendo que tal enunciado no sólo no tiene significación (y no “sin sentido”), sino que entorpece profundamente toda investigación que se ponga a trabajar bajo este emblema, antinómica consigo misma y finalmente teológica.
[75] Michel Morange: La part des gènes, Odile Jacob, Paris, 2001.
[76] Por ejemplo, Dorothy Nelkin y Susan Lindee: La mystique de l’ADN, Belin, Paris, 1998. En el original en inglés, publicado en 1994, el libro lleva como subtítulo El gen como ícono cultural.
[77]Trabajar un concepto, es hacer variar su extensión y comprensión, generalizarlo con la incorporación de rasgos de excepción, exportarlo fuera de su región de origen, tomarlo como modelo o, a la inversa, buscarle un modelo, en suma conferirle progresivamente, con transformaciones regladas, la función de una forma. Esta cita de Georges Canguilhem, el mayor epistemólogo de las ciencias de la vida de la mitad del siglo XX, encabezó cada uno de los 12 números de la revista del Círculo de Epistemología del ENS.
[78] Canguilhem estuvo en la Resistencia durante la guerra y llevó adelante una encarnizada lucha para que se reconociera la especificidad de la Vida con respecto a los fenómenos inorgánicos. Es decir, que la química del carbono no estaba ya allí, encerrada pero ineluctable en el mundo inorgánico. Fue un alegato por la contingencia y el reconocimiento en acto del carácter necesario de la lucha teórica.
[79] Cf. los trabajos d’Alain Prochiantz, director del laboratorio de genética celular en la ENS y filósofo: La construction du Cerveau , Hachette-La Villette, Paris, 1993; Les anatomies de la pensée, Odile Jacob, Paris, 1997; Machine-esprit, Odile Jacob, Paris, 2000, no sólo muestran la existencia de los genes constructores del cerebro, los Hox y los Hom, sino que permiten diferenciar qué es genético en la construcción del cerebro y qué se debe a su intercambio con el medio.
[80] Richard Dawkins: Le gène égoïste, Odile Jacob, 2003.
[81]Momento” tomado en su doble sentido, temporal y como concepto de la física. Esto es, como producto vectorial para una partícula de su momento lineal mv°r°.
[82] Publicado en el libro Implications philosophiques de la science contemporaine, tomo 3, bajo la dirección de Bernard d’Espagnat, Rapport del Grupo de Trabajo de la Academia de Ciencias Morales y Políticas, PUF, Paris, 2003.
[83] Suponemos que ni John Locke ni Hume se hubieran atrevido nunca a llegar a ese extremo… en donde el empirismo confina tácitamente con el “intelligent design”, con la presencia de la mano de Dios en la historia de la vida y la formación del cerebro. El obispo Berkeley no se hubiera dignado a tal ejemplo.

[84] Sigmund Freud: Le moi et le ça”, en Essais de psychanalyse, Payot, Paris.
[85] Jacques Lacan: Écrits, Ed. du Seuil, Paris, 1966, págs. 93-100. En cada oportunidad que la utiliza le otorga a esta aserción funciones diferentes, enriqueciéndola y nombrando mediante funciones analíticas nombres comunes del esquema óptico. Incluso en 1974, en La tercera, insiste allí sobre la función primordial del espejo a la vez que formaliza la función de como tal. 
[86] Idea que tomo de uno de los libros citados de Alain Prochiantz.
[87] La imagen es de Alain Prochiantz.

[88] Claude Bernard, el más ilustre fisiólogo del siglo XIX, fundó esta disciplina como ciencia experimental –la primera experiencia de su carrera científica había sido demostrar que el hígado es la fábrica de glucógeno del organismo. Sus discípulos no pudieron aceptar durante un tiempo el descubrimiento pasteuriano, considerando que el agente patógeno era una teoría mágica de la enfermedad. Ver Alain Prochiantz: Claude Bernard: la révolution physiologique, PUF, Paris, 1990. Lo interesante de este debate científico es que la causa de la infección no es sólo la bacteria ya que convivimos con ella. De este impasse se saldría por la vía de la inmunología. En ciencia fundamental hay superación. En el discurso de la ciencia, no.
[89] Jacques Monod: Le hasard et la nécessité, Ed. du Seuil, Paris, 1973.
[90] François Jacob: La logique du vivant, Gallimard, Paris, 1976.
[91] Eric Kandel: A la recherche de la memoire. Une nouvelle théorie de l’esprit, Odile Jacob, Paris, 2007. La publicación de su trabajo de síntesis de unas decenas de páginas, The molecular biology of memory storage: a dialogue between genes and synapsis, presentada en 1999 ante la Academia de Suecia, data del año 2000. Se la encuentra en el sitio en inglés Nobelprize.org.

[92] M.J.Meaney, M.Szyf, J.R.Seckl: “Epigenetic mechanisms of perinatal programming of hypothalamic-pituitary-adrenal function and health”, en Trends in molecular medicine, vol. 13, Nº 7, mayo 2007. Agradecemos a la Dra. Silvia Wikinski, psiquiatra e investigadora del Conicet, que nos haya aportado éste y otros trabajos
[93] Ciertamente experimentales, hechos sobre roedores y corderos, pero no debemos olvidar que a nivel genético compartimos el 98% del genoma con ellos. La acción de la palabra en el cuerpo y en el cerebro está por doquier, pero, y es una cuestión del espíritu de toda la dirección de la investigación en general, no se encuentra de modo localizado.
[94] Gerald Edelman: Plus vaste que le ciel. Une nouvelle théorie générale du cerveau, Odile Jacob, Paris, 2004. Este es uno de los innumerables trabajos escritos sobre el tema por el autor, Premio Nobel de Química 1984 por haber descubierto la estructura molecular de los anticuerpos.
[95] Todavía hoy, en problemas básicos como la sensación de hambre, se sabe que depende de los núcleos grises que rodean el hipotálamo, pero no se ha podido establecer con exactitud el funcionamiento de estos.

[96] La obra inmensa de Stephen Jay Gould, profesor de teoría de la evolución y mineralogía en la Universidad de Harvard y director del Museo Antropológico de Boston, es el lugar obligado para estudiar las modificaciones que conoció la teoría darwiniana de la selección natural y la historia de su síntesis –larga, surcada por corrientes opuestas– con la genética, en la segunda mitad del siglo XX. Darwin et les grands énigmes de la vie, Ed. du Seuil, Paris, 1984; Aux racines du temps, Grasset, Paris, 1990; L’éventail du vivant, Ed. du Seuil, Paris, 2001; Cette vision de la vie, Ed. du Seuil, Paris, 2004; y finalmente su inmenso testamento La estructura de la teoría de la evolución, Tusquets, Barcelona, 2004, son sólo algunos de los trabajos en los que se abre una nueva modalidad de trabajo y pensamiento en una interfase entre las ciencias de la naturaleza y la cultura.
[97] La capacidad de borramiento de la traza, en la que Lacan avanza muy temprano, en 1961, muestra hoy toda su potencia de pensamiento.

[98] L’erreur de Descartes. La raison des émotions, Ed. du Seuil, Paris, 1998; Spinoza avait raison, Odile Jacob, Paris, 2003.


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