Comentarios de Daniel Paola sobre el libro de Silvia Amigo (Psicoanálisis) | DIARIO LITERARIO DIGITAL

Comentarios de Daniel Paola sobre el libro de Silvia Amigo (Psicoanálisis)

martes, 16 de enero de 2018 0 comentarios


"Voy a hacer una consideración del cuarto capítulo: la pasión de ser el anhelo de eternidad, hace antesala del tormento superyoico.

¿Por qué se puede afirmar de tal manera? Porque de la represión primaria nada retorna de acuerdo a la constitución freudiana: su golpe es de una magnitud mensurable que implica una diferencia entre una falta de objeto y los significantes. De esta manera ha quedado abolido el saber absoluto sobre el objeto a porque habita ese hueco cotidiano entre la negativa potencia del discurso y la imagen que se des-realiza... "




Comentarios de Daniel Paola 

sobre el libro de Silvia Amigo:


"Paradojas clínicas de la vida y la muerte. 

Ensayos sobre el concepto de 

originario en psicoanálisis".



En oportunidad de la presentación de 

la Tercera edición corregida y 

aumentada de dicho libro, en 

la sede de la Escuela Freudiana de 

Buenos Aires, el pasado 30 de 

noviembre.



Para Diario Literario Digital





“En este libro intentamos formalizar la primera identificación, considerada habitualmente mítica e inhallable”... “De la segunda al rasgo unario, tratamos de subrayar su potencia de horadar el hueco de –φ con la imagen”… “Por fin ofreceremos una lectura y una hipótesis de la forma en que se lleva a cabo la tercera identificación…”








Estas frases se acercan, a una descripción escrita en el prólogo, a la tercera edición de este libro de mi querida Silvia Amigo, del cual voy a intentar hacer un breve comentario. Desde ya desde la primera a la tercera identificación circula un verbo: formalizar. Es necesario destacar que la autora se declara, a mi entender, plena de compromiso y responsabilidad en la clínica psicoanalítica, a través de verdaderas paradojas que nos acontecen a los seres hablantes en forma cotidiana: un hueco que subyace entre una negatividad positiva del discurso y una imagen del sí mismo cuerpo que se des-realiza


Voy a hacer una consideración del cuarto capítulo: la pasión de ser el anhelo de eternidad, hace antesala del tormento superyoico. 


¿Por qué se puede afirmar de tal manera? Porque de la represión primaria nada retorna de acuerdo a la constitución freudiana: su golpe es de una magnitud mensurable que implica una diferencia entre una falta de objeto y los significantes. De esta manera ha quedado abolido el saber absoluto sobre el objeto a porque habita ese hueco cotidiano entre la negativa potencia del discurso y la imagen que se des-realiza.


El deseo de eternidad nos habita como residual pasión de ser. Niño único, plegaria de un fuera de serie, si no existe la gema preciosa que la formalización madre comprometida y responsable le agrega por añadidura. Borges y Platón culminan, dada una atenta lectura, en la poesía que también recuerdo: en las letras de rosa está la rosa.


La rosa es la belleza, para cada poema que no cesa de no escribirse: una cosa es pensar que la letra rodea al objeto y otra creer que el objeto es únicamente la letra misma. ¿Es una ó es la otra? ¿Es mejor una que otra? ¿Pareciera que es mejor la primera, la letra del rodeo, de acuerdo la lógica de Lacan, no? Sin embargo no está todo dicho


Esta paradoja de la letra incluye la fe cristiana que Silvia rescata de Borges, al aceptar un desplazamiento a la eternidad de lo engendrado. Porque el hijo es padre, en el nombre para toda la eternidad, guiada por una sola letra oscilando entre lo suicida y lo homicida del ingreso en la inmortalidad.


¿Nos espera una elección crucial al asumir el lugar del muerto? ¿La letra tiene su destino en la eternidad del muerto heroico? Crucemos la frontera. Viajemos por el anhelo de gloria. Si cruzamos sin retorno la ribera del principio del placer y cuando predomina la excepción; cuando de no ser el falo asumimos el deser permanente, el deseo de gloria se transforma en “enemigo de la vida”


Si la formalización madre acentúa que el niño la sostenga porque no habría otro, acentúa el objeto de conciencia y descarta el lúdico. El ser ontológico es sublime por quedar en la eternidad de sostener a la madre. Pero como ello fracasa en forma inexorable, el anhelo de muerte proclama: hasta la victoria siempre!


En suma sería mejor para el ser hablante portador de un discurso que quizás pudo haberse creído gema fuera de serie, que el objeto a pase a través de un velo a otra pantalla para no desmoronarse ante la menor sublimidad, ante la menor pérdida de lo sublime. Padre maternante podría resultar de aquel que quiera cruzar la barrera y que el tren que me pise que me pise que me pis. 


Estar obligado a sostener a la formalización madre produce un sujeto con una relación de objeto que para él es para el Otro y que va a repetir una y otra vez una existencia santa. He aquí la solución: creerse uno más. Digo yo: esto no convence a los teros que siempre vuelven a defender su territorio, pero en cambio sí a los que encuentran un goce que no sea enemigo de la vida: en las letras de la rosa está la rosa. 


El descrédito y la indignidad dañan al narcisismo en forma cotidiana, por eso la orientación tiende a la paradoja de una traza significante a la manera de pezuña de la cabra en la piedra. Aquí se aprecia el valor de la función fonemática, donde una letra tiene movimiento y se esconde tras un velo de ausencia verdadera de sentido, para emerger aún como otra letra.


El estaba muerto pero no lo sabía escribió Freud en Los dos principios del suceder psíquico. La cara edípica y asesina se torna en una fina elaboración de ser él mismo el padre muerto. Frente al niño que se quema en el sueño nos queda siempre una pregunta: ¿cuánto pesan y arden en el hijo los pecados del padre? La paradoja la resuelve Silvia con una afirmación apofántica: esos pecados se pueden colocar como motor del deseo si tienen ocasión de juego como causa humana que descarta la sublime,


Sobre la génesis del cero y el uno, en el último capítulo, se hará la re-escritura como ciencia de lo real. El cero será cifra residual de la primera identificación y el uno de la segunda que deja un objeto a como residuo no identificable. De uno al otro, el número escande lo real y la cadena del discurso. Que haya que atravesar ese residuo no identificable en el acto analítico, no significa que su función sea menos preciosa.


Según Silvia la lógica del significante es una lógica mínima de un miembro de la serie a otro. Capta esta posición de Frege en Los Fundamentos de la aritmética quien dirá que el número no es sensible y por lo tanto subjetivo sino que será objetivo. 


¿Qué es una unidad? No hay nada más que nada en el hecho físico, pero ello requiere cualquier predicación para que el concepto haga caer la cosa. Un número es asignado a un concepto que subsume objetos para escandir lo real y agujerearlo. 


La apariencia dirá que el número cero corresponde al concepto bajo el cual no cae ningún objeto y el número uno corresponde al concepto bajo el cual cae un objeto. En este sentido la apariencia es siempre biyectiva comenzando por Leibnitz y el principio de identidad. Sin relación de biyectabilidad no hay representación.


¿Pero que sucede con lo no idéntico a sí mismo? Uno es el número que corresponde al concepto igual a cero teniendo cuidado de distinguir el cero como ausencia de objeto. El cero como miembro de la serie es representante de la ausencia del cero absoluto. 


La identidad como repetición encuentra al uno como marca del sujeto que eclipsa al S1 y de ahí Silvia nombra al significante binario en el lugar del Otro como “medios de goce” y al unario como emisor de la castración sobre esos “medios de goce”.


Lo unario es un momento fugaz porque le seguirá su abolición en el sucesor. De esta formalización resulta la posición del sujeto como cero, dependiente de la identificación primordial o como uno dependiente de identificación secundaria, esa que sucede a la elección de objeto.


Según entiendo a través de Frege escribe Silvia, Lacan establece una lógica significante mínima que va de un miembro de la serie a otro y que comprende en la lógica analítica tanto a lo que se desprende del binarismo como al campo de lo unario.



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