La Maternidad y los Goces (Psicoanálisis) | DIARIO LITERARIO DIGITAL

La Maternidad y los Goces (Psicoanálisis)

domingo, 22 de octubre de 2017 0 comentarios

"... en el extraño continente lacaniano no se escribieron, desde hace casi 50 años, ensayos, libros o trabajos sobre los goces en la maternidad, que habían pululado durante la vejez de Freud. Un manto de silencio cayó sobre el goce no fálico, el del cuerpo, y el Otro goce, en el estudio de una cuestión que no sólo dista de estar teóricamente resuelta, sino que nos sorprende siempre... "





La Maternidad y los Goces





Escrito por Héctor Yankelevich 

Para la Reunión Lacanoamericana de Río 2017


 Octubre 18 al 21 de octubre


Diario Literario Digital



El hecho de que Lacan introdujera en el seminario “Encore” quemujer no existe, ya que posee un goce suplementario provocó un hecho sorpresivo, inesperado y nunca advertido. Sosteniendo de hecho, de manera expresa o tácitamente que el goce materno es sólo fálico, en el extraño continente lacaniano no se escribieron, desde hace casi 50 años, ensayos, libros o trabajos sobre los goces en la maternidad, que habían pululado durante la vejez de Freud. Un manto de silencio cayó sobre el goce no fálico, el del cuerpo, y el Otro goce, en el estudio de una cuestión que no sólo dista de estar teóricamente resuelta, sino que nos sorprende siempre, por su carácter proteiforme, no sólo en la clínica con niños, sino también en todos los análisis que podamos llevar a cabo con analizantes en donde queda por estudiar las modalidades en las que el no-toda aparece en la cura. ¿Qué significa esto? Que en la cura demos lugar a que el Inconsciente como escritura lógica se encuentre con la tarea de dar cuenta de otros goces que el fálico, lo que probablemente lo exceda y tiene como una de sus consecuencia que las estructuras clínicas no posean el mismo valor para uno y Otro sexo. 

Resultado de imagen para seminario “Encore”

Por otro lado pensar que el niño torne fálica, completándola, a la mujer que devino madre, puede ser un fantasma femenino, pero si es aceptado como real, se convierte en un síntoma de un discurso analítico degradado. La maternidad también es una experiencia de la falta, y sólo los síntomas entre la madre y el hijo pueden delatar una apropiación indebida del niño por un goce que por ser fálico delata la presencia ausente de la madre de la madre.
Comencemos por Freud. En su ensayo de 1917, escrito mientras terminaba su Metapsicología, plantea la equivalencia entre el niño y el falo pasando por el objeto anal. Cuestiones de traducción: Ballesteros le agregó un perfil de alquimia a este movimiento, llamándolo “transmutaciones”. Nada de eso en el texto freudiano: “Triebumsetzungen” significa “transposiciones”, nada más… y nada menos, ya que transponer una pulsión en el lenguaje de otra es afirmar claramente que la pulsión anal es el soporte pulsional de la metáfora. Ahora bien, lo pulsional direccionado por el significante y el goce fálico muestra la dirección principal del deseo ya que el falo hace pensable y hasta deseable la castración. Ya que ésta, extrañamente, hace posible poseer de otro modo el objeto, suerte de “Aufhebung”, de superación que Lacan marca fuertemente en la “La significación del falo”. Por otro lado deja anotada una x reprimida en la fórmula de la metáfora paterna. X que dista mucho de no significar nada. Que el Nombre del Padre reemplace y reprima el Deseo de la Madre, no quiere decir de modo alguno que ese deseo no persista, aunque sí cifrado, allí mismo, ya que es la metáfora misma, funcionando en su propio régimen, que deja viviente a ese deseo en el enigma de su cifra en el inconsciente del sujeto. 
Introduzcamos empero una variante que puede revelarse central. Todo hombre está constreñido a desear para poder gozar, en cambio una mujer puede gozar sin necesidad de desear, lo que no significa que no desee también gozar o no. La abundancia de ejemplos clínicos y de la vida cotidiana sobre esto último me exime, por lo menos aquí y ahora, de justificarlo.
Lo hemos trabajado ya en nuestros escritos sobre autismo: es la ausencia del fantasma de deseo de un hijo con el propio padre que hace que haya una carencia de goce que sostenga el diálogo éxtimo con el que se faliciza el cuerpo del recién nacido. Es allí que el sujeto falta a la cita, ya que no hubo misiva que se la comunicara ni acuse de recibo. Y el sujeto en la madre estuvo ausente en ese diálogo que no fue y que ella tuvo la ilusión de que existía sin ella. Ese deseo existió, sí, pero de un goce inconsciente forcluido. 
Pero hay mucho más. Cuántas pacientes adultas nos contaron cómo su madre se dedicó cuerpo y alma a una hermana o hermano en vida solo vegetativa tras un accidente de parto, dejando de lado a la niña viviente, como las que se consumieron en el recuerdo de uno muerto, como si el goce de dedicarse a otro inexistente fuera infinitamente mayor que el aportado por lo que lo fálico participa de lo viviente. También escuchamos a mujeres ya madres que tras años de análisis pudieron recordar que habían dejado literalmente caer sin saberlo al primer hijo para consagrarse cuerpo y alma a una niña que lo seguía. Sólo el análisis y la psicosis que no tardó en golpear a la puerta por el primero, del que se esperaban sin embargo grandes éxitos en la vida, las harán preguntarse qué fue lo que pasó, cuando ya era demasiado tarde. Lacan llamaba a estas mujeres “fálicas”, diciendo que son las que dejan caer inopinadamente a un hijo. Lo he escuchado, ya que lo sueñan antes mismo de que suceda. En cada caso nunca dejan de aparecer un padre violento que abandonó el hogar o una madre rebasada por sus hijos.
Cómo diferenciar en la clínica las madres que ponen realmente al niño en el trono de “His (o her) majesty the baby” de las que lo creen pero son ellas mismas que se ubican en el trono enarbolando al baby como el cetro de su poder. Nunca deja de haber allí un padre o una madre de la madre carentes en su función.
El recuerdo lancinante, el redoble de campanas por un hijo muerto que despierta cada año de modo repetido no es sólo duelo por una pérdida fálica. En cualquier mujer es pérdida de vida, más allá de su significación. Sería mezquino atribuirlo a la culpabilidad cuando lo que sucede es un llamado de lo real, nostalgia ardiente de lo que hubiese podido ser. Ese real hace de mentís a creer en la contingencia del amor que la hizo fecundable.

Cuando se dice, creyéndolo, que un niño será un gran hombre, eso está prohibido a los padres, que no pueden ni deben hacer o hacerse promesas sobre lo que no existe. También tiene como consecuencia no atenderlo en su presente contradictorio, decepcionarse luego y reprochárselo después.

 Resultado de imagen para his majesty the baby freud

Hay tres notas, dos de Freud, otra de Lacan que necesitamos volcar a esta guía de cuestiones más que de soluciones sobre la maternidad y los goces.


La primera de Freud está en ese par de coordenadas ortogonales que dibuja en “Transposiciones de las pulsiones” sobre la que plantea el carácter fálico del niño como regalo. El carácter fantasmático de ese regalo nos obliga a pensar en que la frase del fantasma puede inclinarse a significar que ese don merece contradon, a aquél que lo hizo posible y que fue para ello elegido o simplemente que es la compensación a la que se tiene derecho por la injusticia que el destino cometió con ella. Es cuestión de una ligera inclinación de partida, pero ese pequeño ángulo llevará las cosas a una distancia luego incalculable.
La segunda nota de Freud es el pequeño vector que él dibuja hacia abajo, en un ángulo de ± 45º grados en su cuadro sobre el niño y el falo, y que llama en alemán “Trotz”. Nosotros lo traduciríamos como “Obstinación”. La obstinación ciertamente es un rasgo de carácter, pero puede serlo del deseo y no del carácter. Puede calificar la obstinación en tener hijos y eso no tiene, en principio, un carácter negativo. También puede significar, ya que Freud no lo aclara en el texto y nos deja libres de darle significación, la cuerda vital que una madre mantiene siempre con los hijos, diferentemente, aún cuando ya no necesiten de ella, y se encuentren lejos. Esa cuerda vital es en parte fálica pero no sólo, ya que muestra en acto que ese lazo filial significa que el límite del cuerpo puede estar a una distancia inconmensurable con el del organismo. La “laminilla” de Lacan no es sólo un mito, es un real clínico y es el primer nombre que tuvo el objeto a en su cara “goce de la vida”. Lo que une el organismo a ese objeto, nada, es la libido y no el goce fálico Eso sí comparten la madre y el niño, desde recién nacido hasta ya adolescente, donde lo fálico corta desde su lado ese lazo. Pero no en la madre.
Me pregunto por qué nadie ha considerado hasta ahora que “Hijo” puede ser la cuarta cuerda S para cada mujer, borromeanamente o no anudado. Cuarta cuerda “Hijo” que sería el alma de la cuerda toro, según el decurso de la vida, del “Padre” o del “Complejo de Edipo” como cuarta. Por otro lado aparece en el decir de algunos pacientes cuánto una madre puede ubicarlos, enigmáticamente para ellos, en el lugar del padre de ella, aún cuando la pareja parental siga existiendo. Si pensamos en los entrelazamientos tóricos con los que Lacan define las identificaciones, es en el toro del Otro dentro del toro del sujeto, en el trique (en francés argótico es el falo priápico) retornado que encontramos el amor del padre, pero ese “de” en francés tiene dos sentidos. En esos avatares en los que el “por” el padre no puede sostenerse de un amor “del padre” que no hubo, o cuán poco, podemos encontrar líneas de fuerza donde aparecen contingencias imprevistas.
Todos los análisis que hemos llevado a cabo si es posible decirlo, con pacientes que no querían ser madres, y no les faltaban razones, nos enseñó que la falta de ese retorno del alma del toro en esa cuarta cuerda no era indiferente en la inestabilidad de su permanencia en el discurso cuando el don de la escritura, sea con letras, notas o colores no estaba al alcance de la invención inconsciente. Tampoco supone, esa inestabilidad que estuviesen efectivamente fuera del discurso. Aunque la madre ocupara lo más extenso de sus relatos, la imposibilidad de querer un hijo se debió al padre real.


Lacan, en su trabajo “Para un Congreso sobre la sexualidad femenina” escribe un propósito nunca citado ya que parece anterior a la formulación del goce no fálico, y es por eso que lo repetimos, ya que el destino de lo no fálico no suprime, lejos de ello, agudiza y hace paradojales las cuestiones atinentes a éste. Cita: “es un amante castrado o un hombre muerto (o los dos en uno) quien para la mujer se oculta detrás del velo para desde allí llamarla a ser adorado”. Esto es, más allá del falo es lo fálico en la mujer que queda extático en la adoración de lo que lo hace imposible, esto es, no-toda. Cuán figurativa alusión a la muerte de Orfeo, despedazado por una cohorte de ménades. 

De allí que la adoración doliente de un hijo muerto, no nacido o en estado vegetativo, en detrimento de los que quedan vivos no sea una singularidad clínica sino algo que pertenece a lo real de la maternidad, sin velo imaginario. Probablemente en el caso que nos ocupó la imagen crística haya sido prevalente. Sujeta entonces a la eficacia de un discurso posiblemente hoy en retiro de eficacia respecto de su pasado, pero en modo alguno sólo dependiente de él.

Para terminar, volvamos a la especificidad de la relación entre goce y deseo en la feminidad, y a la prevalencia del primero, cosa que también encontramos en la maternidad. ¿Dónde? En la dificultad de casi toda madre en poner un término a la lactancia cuando no lo es por falta de leche o imperativos estéticos. En la queja casi universal respecto de que el bebé come poco, cuando esta demanda de comer que le es dirigida es el reverso que hace vivible, para la madre, su deseo de reintegrar su producto, voracidad oral que sólo la mujer conoce y que universalmente se dice “¡Qué hermoso bebé, me lo comería!”. Sin que esa frase retorne jamás en su crudeza. Allí el tercero de la madre es la propia madre, con quien todas las disputas anteriores han callado, o las ancianas de la tribu o el pediatra, que aquí no posee rol médico alguno. 
Es en esta oralidad que comparten mutuamente desde posiciones disímiles es el buen apetito del bebé que satisface la oralidad de la madre, la desculpabiliza de su goce y le permite que permanezca inconsciente antes que una lucha a muerte se establezca cuyo resultado es conocido por todos. En realidad no estamos hablando de oralidad, sino del objeto “nada”.
Ahora bien, si una mujer madre no conociera estos vaivenes entre su goce y su deseo, si supiera que la leche de sus senos el cuerpo sólo la produce para el bebé y que no es de ella, si supiera que no lo tuvo en su seno sino que le permitió anidar, que es su palabra de amor a su falta corporizada lo que se traduce en goce fálico en el cuerpo del bebé y que esa producción lo es a condición de que no sea ella la que goce, que el dolor desconsolado del bebé mientras su cuerpo se estremece de modo espasmódico es sólo consecuencia de la no terminada mielinización del tracto gastro entérico. Si ese saber tuviera como consecuencia separarse instantáneamente de su goce, no surgiría de ese cuerpo un sujeto ya que éste es producto de un amor incestuoso y si no se sintiera concernida por ese dolor, no compartiría en nada la experiencia del desamparo que también la hace madre a condición de no hundirse en él.
Lo determinante en lo que Lacan llamó triángulo imaginario entre madre, hijo y falo es que la alienación y la separación se producen de ambos lados. Y que los acordes entre uno y otro se hacen a destiempo. 
La cuestión entonces es que no sólo el deseo de la madre quede como X, sino que su goce en el devenir de la relación con sus hijos no siga siendo edípico. No es sin significantes, pero al no apropiarse de ellos, sin olvidarlos, permite que cada uno pueda apropiarse de su vida.
Share this article :

Publicar un comentario

 
Letras Opacas.org | |
Copyright © 2011. DIARIO LITERARIO DIGITAL - All Rights Reserved
LETRAS OPACAS (Diario Digital Literario) .Argentina
Proudly powered by Blogger
Conseguir la ú…e Flash Player Blogger {{Usuario escritura-4}}width=device-width, initial-scale=1.