Verdi, el Padre y la Feminidad (Psicoanálisis, Ópera) | DIARIO LITERARIO DIGITAL

Verdi, el Padre y la Feminidad (Psicoanálisis, Ópera)

lunes, 26 de junio de 2017 0 comentarios

"Hace unos días subí una foto de un gran Rigoletto en la Opera Bastilla. Pero además de un homenaje a la puesta en escena, que inventa un doble mudo de Rigoletto, que lo acompaña durante todo el transcurso del drama, personaje sacado de una pintura de Francis Bacon que comenta y anticipa con su gestualidad el destino del antihéroe, era también una cita para escribir algo sobre Verdi y Rigoletto... "


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VERDI, EL PADRE Y LA FEMINIDAD


Escrito por Hector Yankelevich, Psicoanalista

Para Diario Literario Digital

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Rigoletto en la Opera Bastilla

Antes de escribir sobre esta ópera, que me fascina como "Il Trovatore" o "La Traviata" no sólo por una belleza vocal que las hace inaccesibles, esto es, sublimes, sino por el tratamiento verdiano de lo que para él es un padre. Aquí Victor Hugo le va como anillo al dedo, ya que la pieza sulfurosa y condenada por la censura del genio francés está tomada al pie de la letra por su libretista, Francesco María Piave.


En dónde reside el genio de Verdi sino en la música? No sólo. Al podar la pieza de teatro, queda claro sobre la escena que Rigoletto porta en sí, en su cuerpo inmenso y giboso, el exceso en lo que el duque le ordena, rebajar a los nobles para mofarse de ellos, creyéndose el duque por momentos, y es ahí mismo que comete la hybris trágica, atrayéndose la maldición del padre de una bella noble que el duque puso en su lecho y que por alzarse contra éste es condenado a muerte.Históricamente, en la tragedia de Victor Hugo "Le roi s'amuse", se trata de la bellísima Diane de Poitiers cuyo retrato semidesnuda se encuentra en el Louvre, que logró tener como favorita una cuota de poder no desdeñable en la corte de Francisco I.


En la ópera de Verdi la maldición de Monterone hace retroceder de espanto a Rigoletto. El también tiene una hija bellísima y vive en la angustia de que los nobles o el Rey la descubran y se apoderen de ella. La maldición del padre de una hija mancillada cae en espejo sobre él.
Al llegar a la casa donde la aloja en secreto, envuelto en sombras, encuentra a Gilda, su hija, huérfana de madre, que vive con él hace unos pocos meses y que ignora de quién es hija, cuál es su origen, los nombres de sus padres, el oficio o la posición social de éste, el porqué no puede salir ni ser vista. Se lo pregunta, cuestiona ansiosamente a su padre. Rigoletto sólo responde "soy tu padre", "poco importa mi nombre" "soy alguien odiado", sólo tu amor es lo que quiero, es mi venganza. Tu madre consintió en amarme por compasión. El enorme talento y la creatividad de Claus Guth, director y autor de la puesta en escena en la Bastilla lo llevaron a hacer que Gilda en esta segunda escena no sólo haga pasos de ballet sino que en la posición de hacer un pas-de-deux se deje llevar por su padre como si éste estuviera modelando una porcelana preciosa, haciéndola girar sobre sí misma mientras cantan y parlamentan a dúo. El padre modela una hija que es su obra, una belleza inmarcesible, la feminidad como tal que no necesita un nombre. Sí, pero tampoco vida. Pero también, para que una terracota o un gres se transforme en etérea y casi transparente porcelana necesita, aparte de los ingredientes, calor, calor muy fuerte, un golpe de calor que él nunca le podrá dar al mismo tiempo que la condena a vivir en la oscuridad para amarlo. La condena a la no existencia. Y lo hace realizando él mismo el rechazo, la separación sin reunión entre cuerpo y nombre, sin poder siquiera pensar que un cuerpo puede llegar a ser nudamente deseado como objeto de goce, pero nunca amado sin nombre. 
Hugo sabía algo de esto, una de cuyas hijas murió joven, enloqueciéndolo de dolor, teniendo otra delirante que huyó del hogar para que el padre la (per)siguiera, y a la vez que no pudo nunca, hasta en la vejez, dejar de tener hijos con sus amas de llave.
Rigoletto no sabrá nunca que su venganza contra el duque que ha mancillado al objeto de su puro amor es una violación que sólo él siente así, no su hija, que se entregará voluntariamente al puñal del sicario a sueldo que su padre había pagado para asesinar al duque. El aria "Caro Nome", es enteramente de Verdi- Piave. No hay nada en Victor Hugo que sirva para su inspiración. Y si tenemos en cuenta que la transcripción que hace Piave de "Le roi s'amuse" es bastante chata, estamos obligados a considerar que esta aria, bella si las hay en la historia de la ópera lleva la impronta del solo Verdi. Aria que Gilda canta luego de la visita en secreto del duque disfrazado de estudiante pobre, homenaje eterno al (falso, pero ella no lo sabe) nombre que éste inventa para identificarse: Gualtier Maldè. Gilda, la-sin-nombre, elige morir por ese duque infiel y violador, sí, pero el primero a haberse identificado como un ser humano que desea sexualmente. 

Es por ello que no le importa, en la última escena, cuando su padre le hace ver cómo el duque declara su amor a la hermana de Sparafucile, el asesino, con las mismas palabras que un día antes le dirigió a ella. Rigoletto le pregunta si aún lo ama, asistiendo a su perjurio y se asombra que ella insista en que lo ama. Lo que ambos ignoran es que ella ama lo que le fue dicho por vez primera, que le dio una existencia insospechada. Seguirá siendo fiel hasta la muerte a eso que descubre que no podrá tener, ni con el duque, ni con el estudiante. Gilda es fiel a ese instante transformado en destino. No habrá otra vez en que se tiren los dados.


Pero además, y probablemente es la primera razón de su acto, su padre le había dicho que ella había nacido de la compasión que su madre había tenido hacia él; esa compasión ella la tiene hacia el duque, que habrá de morir cuando las doce de la noche hayan tocado. El momento de comprender que su vida es sólo compasión se precipita en el acto de concluir, acuciada por las campanadas. Una vida por otra, sin otro resto que el cadáver. Ya que sólo el amor sexual puede asegurar que se quiera la vida y durar en ella.
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Rigoletto al descubrir el cuerpo moribundo de su hija cree que todo es culpa de la maldición que le lanzara Monterone antes de morir, no de su propio exceso, de haber creído que podía suplir con el ser del otro su propia falta, agravada por su giba. Sin saberlo sigue siendo el doble del duque: éste la mata sexualmente, violándola, él apropiándose de su vida reducida a la sombra de su servicio filial. El único acto de sujeto de Gilda es darse voluntariamente a la muerte para salvarle la vida - ¿tener un hijo de él? - al primero, para ella el  único que le prometió amarla con un nombre. Verdi, que sabía de la voz, nos enseña que todo el amor está en cómo un nombre al pronunciarse, llena la cavidad en donde se lo pronuncia y con ello todo el cuerpo.

 


Abajo el "Caro Nome" por Ana Moffo. Voz hermosísima, coloratura lírica, fue amada por este rol, aunque Verdi lo imaginó para una coloratura dramática. Para María Callas, quien es la que lo encarnaría con esa fuerza indómita que marcó su destino. Si las voces líricas predominaron en el rol, pensamos, es porque el acompañamiento de la melodía del aria lo hace la flauta traversa, y algunas de las notas cantadas también son las de la flauta, que mencionan a Gilda y la reintroducen como personaje en momentos en que no es ella necesariamente quien canta o no es precisamente el aria de amor lo que dice. Y esa voz que suena dulcemente llegando al sobreagudo como flauta y acompañada por ella evoca la dulzura y el registro de un ave canora cuya voz y su vida se extinguen en cautiverio.




 




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