Retorno a Lacan-Vigencia de los conceptos fundamentales (Psicoanálisis) | DIARIO LITERARIO DIGITAL

Retorno a Lacan-Vigencia de los conceptos fundamentales (Psicoanálisis)

lunes, 3 de abril de 2017 0 comentarios

"Ni la obra de Freud ni la de Lacan pueden considerarse un texto sagrado en que no se podría escribir ya más nada pues todo estaría allí ya contenido... "

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Retorno a Lacan

Vigencia de los conceptos fundamentales

Escrito por Silvia Amigo, Psicoanalista

Para Diario Literario Digital


La teoría psicoanalítica permite encontrar y añadir tramos nuevos de formalización a  su tejido. Tal como Freud lo afirmara, se trata de una disciplina en que práctica cotidiana e investigación sobre el psiquismo coinciden, y por ende hay permanente formación de tramos escriturales. Ni la obra de Freud ni la de Lacan pueden considerarse un texto sagrado en que no se podría escribir ya más nada pues todo estaría allí ya contenido. Entonces de cada psicoanalista puede esperarse que, siendo al menos dos, el que dirige la cura y el que a esa experiencia la formaliza, si es su deseo y cuando alguna letra precipite; añada al texto vivo del psicoanálisis algún trazo nuevo. Esto es, que cierna algún real que aparezca, como es costumbre de ese registro, haciendo retroactivamente incompletos los saberes acumulados hasta que esa nueva letra apareciera. Esto es cierto...con una salvedad: siempre que no se contradiga el núcleo mismo de su experiencia. Mientras no se violen los conceptos fundamentales que lo cimentan. Grund, fundamento, es el lugar en que se asienta cualquier edificio construido, sea edilicio o teórico. Y la primera acción para asentar un fundamento es cavar un hueco. Hueco a consolidar con el "cemento armado" de las letras que sostendrán el edificio. Eso no se sabría alterarse sin que ya no se trate de psicoanálisis.

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El Retorno a Lacan no sabría constituirse en conjunto de analistas que ponen en situación de devenir un tribunal inquisitorial que se abocara a examinar la pureza doctrinaria de tal o cual modo de práctica en intensión o cualquier transmisión en la extensión. Pero sí puede proponerse delimitar aquellas prácticas y teorías que ya no son analíticas, dado que ya no respetan esos conceptos fundamentales.
Lacan inició su enseñanza por percibir, respecto de la obra de Freud, desvíos de su núcleo que también lo preocupaban. Detectando que la práctica y la teorización de los post freudianos, lejos de avanzar en la formalización del maestro, habían desviado el rumbo de una práctica que apuntó siempre a poner al sujeto en la dirección de respetar su deseo, actuó bajo la consigna de un Retorno a Freud. Se trataba básicamente de dos grandes corrientes que sostenían algo que contradecía el rumbo del surco tajante (Grund!) abierto por Freud.
Algunos post freudianos se hicieron servidores del orden social haciéndose una suerte de "fabricantes" de ciudadanos adaptados (recordemos que, ante ciertas situaciones es más saludable, de hecho, no adaptarse!). Es el caso del psicoanálisis americano seguidor de Anna Freud. Hoy continuado con el conductismo de las mal llamadas neurociencias, que nada tienen de científico.
El otro caso era el de Melanie Klein y sus seguidores (a la que de todas formas y, en désespoir de cause Lacan prefería) que hacía a la pulsión subsidiaria de la biología y a la madre continente totipotente de todos los objetos. Aún del falo del padre.
Lacan retorna a Freud: falo, castración y figuras de los nombres del Padre (del padre nombrado por el Otro en la metáfora, pasando por el padre dios de la religión neurótica del padre, hasta padre nombrante de la excepción que dice no) sostienen el deseo inconciente y hacen al sujeto que, por faltarle la cosa incestuosa, inicia la búsqueda deseante. He ahí lo que en este entorno del Retorno a Lacan se ha dado en llamar las "invariantes" que, de no respetarse, harían volver a taponar el surco tajante (surco: Spur, que, como el Grund! implica un ahuecamiento) que inaugurara Freud.
Este Retorno comenzó por constatarse que esas invariantes estaban dejándose de lado como antiguallas. O bien desde la Internacional lacaniana oficial, junto con sus desprendimientos. Como también por los movimientos subsidiarios del "discurso de género" que bien pueden tener valor jurídico y pueden justificarse ampliamente para dar chances de meramente ser considerados ciudadanos a las mujeres, o a quienes por una u otra razón se vieron llevados a diferentes opciones de orientación sexual y prácticas del cuerpo. Pero esa reivindicación, que puede ser justa, no puede confundir al psicoanalista respecto de la estructura. Falo y Padre no son emanaciones de un discurso patriarcal.  Así como una de sus consecuencias: propugnar el continuo pernepsi. Como si diera lo mismo cualquier nudo subjetivo, releve éste o no del Nombre-del-Padre. Misma argumentación. Los derechos jurídicos son innegables para cualquier estructura mientras quien la porte no perjudique a otros. Pero eso no iguala a las presentaciones clínicas.

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Algunas reflexiones.
Desde el paleolítico superior el hombre, porque habla, erige dólmenes, menhires, pirámides, túmulos. Homenajea al falo como signo de la erectibilidad que da carácter humano a la vida. Lacan lo llamará significante de la fonación, de la emisión de la palabra, lo que al final de su obra le permitirá jugar con lo fhaunetique. Nuestra fauna humana trenzada de palabras que hienden lo real está organizada por este significante mayor. Al mismo tiempo comienzan las honras fúnebres, que consistieron inicialmente en la marcación con ocre rojo (ocre enrojecido por el fuego recién conquistado) de los huesos humanos. Únicamente estos. Símbolo fálico que separa al hombre del "servicio sexual de la madre" y reconocimiento de la muerte, del límite real van de la mano como invariantes de la cultura. Lo real estará marcado por el símbolo y aparecerá agujereado.
Lejos de ser un prejuicio machista, el falo (tal como en la antigüedad griega se constata) nunca fue confundido con el pene sino que iba al lugar sagrado (sacer en latín indica separado de lo profano tal como lo es el pene) que hacía de protección de la entrada de las casas humanas. Para el humano mortal signa la interdicción del incesto. Para los inmortales el órgano copulatorio con el Otro que sólo a los dioses del goce les estaría permitido.

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 A través del tiempo fue variando el Uno falóforo que era portador de ese poder eréctil y humanizante, interdictor para los humanos de la hybris, la desmesura del incesto y de la pretensión de inmortalidad, garante del agujero castrativo.Ese Uno fue primero figurado en los dioses de la naturaleza, luego en los dioses olímpicos (los del goce) y recién desde la univerzalización del judaísmo en su versión cristiana, como dios monoteísta, de la ley.
Los posfreudianos, con matices diferentes, habían dejado de lado la figura transbiológica y no natural, exquisitamente cultural, del padre. Y el padre como falóforo. Esto es, como el que transmitía la norma de la cultura. El falo, pues, es símbolo princeps de la prohibición del incesto en Nombre-del-Padre. Lo que jamás implicó un desmedro para la mujer. Por el contrario, ésta es la que "hace al hombre" transmitiendo ese nombre. Y la guardiana de lo real indominable al ciento por ciento por el significante. Nombre-del-Padre transmitido por ella, más tarde deberá encontrar a la excepción que sostenga un decir paterno.
Es a partir de Descartes y de la modernidad, giro del que  (al decir de Lacan) el psicoanálisis es hijo, que ese Uno falóforo es depositado en la figura laica del padre.
Desde ese momento Padre designa aquél en cuyo nombre se inscribe el agujero inabordable de La Cosa incestuosa. Por cuya pérdida nace el deseo (he aquí otro invariante) y el sujeto impulsado en su rumbo por el objeto perdido  (idem).Es cierto que cambian las épocas. En el discurso dominante de la modernidad el padre es el falóforo. Lacan se pregunta a partir del seminario El reverso del psicoanálisis si no estará cambiando el discurso dominante a escala planetaria. Fue el discurso maître, el del inconciente, el dominante hasta nuestros días. Donde S1 como Nombre simbólico del padre emite a castración hacia S2, saber medio de goce. Saber incompleto que no puede agotar el objeto a. Así cambiara como puede estar sucediendo tal discurso, de todas formas serán el falo y la prohibición de la Cosa invariantes a respetar.
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Por más que cambio hubiera, hoy buena parte de nuestra vida sigue aún regida por el discurso maître, (el del inconciente, y no del dominador que empuña un látigo). El del significante Uno. El uno que asume un decir paterno. En cualquier discurso seguirá como invariante para el hombre como parlêtre la dupla  falo-castración, el deseo que pone tope al goce todo, el sujeto dividido entre significantes y por su deseo causado por el objeto.
Cuando Lacan propugna el Retorno a Freud se empeña en retomar esas invariantes. Junto con la función del padre como falóforo para el discurso del inconciente.
Qué nos reúne hoy en un Retorno a Lacan?
Hoy, a casi 40 años de la muerte de Lacan, constatamos desvíos muy singulares.En principio, endiosando lo real, se considera a lo simbólico de la palabra un blablabla que podría autointerpretarse. Tomando base en el hecho cierto de que las formaciones del inconciente o del despliegue de la asociación libre (que requiere de tiempo, en sus tres vertiente: no sólo el simbólico, sino el real y el imaginario, el del reloj, sí) son ya interpretaciones del conflicto que el sujeto padece, se considera trabajar sobre ellas una redundancia que culminaría en su refuerzo del sentido.
Se crea así la idea de un vuelo directo, sin escalas superfluas, hacia lo real. Recordemos algunos conceptos vertidos por Lacan, por ejemplo, en Lituraterre, para sólo nombrar un caso.
Allí aborda el tema de la letra, como acceso a lo real posible. Presente desde Freud cuando insiste en la inscripción psíquica como huella escrita. Y llama al sueño Bildershcrift (escritura en imágenes). Lo real llega por la letra. Y comandada desde el inconsciente cuando el sujeto está estructurado en el discurso maître. Entones precipita desde la cadena del significante. Pero...¿cómo?

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Sus Escritos (letra!) comienzan con la lectura del un cuento de Poe, The purloined letter. La carta (letra!) robada o más bien desviada. Allí se muestra cómo el recorrido de una lettre, de la cual jamás sabremos el contenido (¿carta de amor prohibido de la reina, de intriga política, de traición?) define todo el desarrollo de la obra. Sólo sí sabemos que esa letra contiene un goce ardiente que contraría al maître, al rey en la ocasión. El cuento de Poe será retomado muchos años después en Lituraterre. (clase del seminario D'un discours qui ne serait pas du semblant y presente en sus Autres Ecrits).
En ese seminario Lacan nos dice el 12/5/71"Es por ahí, y me excuso de volver sobre ello, que hablo de lo que hago, distinguir la letra del significante maître, en tanto que ella (la lettre, la carta) lo lleva en su enveloppe (envoltura, sobre) dado que hablamos de una lettre que es también una epístola".
 Esto es, la letra no es el significante uno. Pero éste es su envoltorio. Si no se orientara y apoyara contra ese significante, no podría localizarse clínicamente tal como la hallamos en la neurosis, estructura clínica donde la letra no viene desde lo real, como lo hace en las psicosis. En el semblante, rodeada por él, la letra y el goce que en ella arde pueden encontrarse en la dicho mansión de la ficción de mentira verdadera.
¿Cómo dar con lo real sin hacer escala en el semblante y la letra?
Descartamos que cualquier homofonía, calembour fútil nos indique la vía en que un goce arde. Necesitamos, para poder hacer caer, colapsar una letra que permita al analizante hacer algo mejor, o diferente con el goce que ésta porta, que primero la localicemos con tiempo y ordenemos los semblantes, significantes cuyo atravesamiento a ella nos da acceso.
En el texto hay una bellísima metáfora: la de la nube, llena de gotas de agua en suspensión, que Lacan miraba desde el avión que lo llevaba a Japón. El analista compara a la nube con el conjunto de significantes, a los cuales el acto analítico, como el meteoro, atravesándolo, hace caer lo que allí estaba en suspensión, la cascada (ruissellement) de letras.
¿Cómo pretender que caiga esa letra para reorganizar el goce que encierra sin haberse formado primero la "nube" del semblante (que no es otra cosa que el significante)? ¿Cómo hacerlo sin haber recorrido la historia infantil y actual de analizante? ¿Cómo recorrerla sin dejar correr el tiempo en sus tres registros, R, S y también imaginario? Porque al llegar al analista el paciente padece, para seguir la metáfora meteorológica, una difusa humedad. Y es el analista quien organiza, de esa cosa difusa, la nube sobre la que operar su acto que atraviese y haga caer la letra.
El significante, que es el semblante, puede considerarse una suerte de punto desde donde parten dos correderas del tipo de un tobogán. Una, es cierto, se dirige al sentido. Pero la otra al pas de sens de la letra, que circunda un real.
Quienes defienden un nunca escrito "ultimísimo Lacan" (que no es sólo patrimonio de la internacional lacainana), se apoyan en una periodización de su obra. Por supuesto que Lacan fue variando durante los largos decenios de su enseñanza. Pero entre sus seminarios y escritos hay articulación y paradoja fecunda. No exclusión de la posterior respecto de la anterior. Hay una suerte de "hojaldre lacaniano" donde las capas de su enseñanza se superponen para dar "gusto" y profundidad a su obra.
En verdad sólo se trata de una imitación de una clínica que se cuenta que Lacan sostenía al final de su vida. Recuerdo una frase suya que siempre me orientó: "hagan como yo. No me imiten".
Amigas muy queridas tienen la deferencia de invitarme cada año a exponer en la facultad de psicología de la U.B.A., en el congreso internacional de noviembre que allí se realiza.Constaté que en los últimos años se ha producido una suerte de simulación de corrección de este furibundo más allá del padre hacia lo real "puro"(pero en verdad "sin servirse de él").
Se afirma desde la internacional que ese más allá es la "debilidad mental actual" de los analistas. Y se propone un retorno al discurso maître... pero confundiéndolo, con toda intención, con el la supremacía no del padre ni del S1, sino del líder de masas. Con esta argucia, se intenta legitimar una conducción piramidal cuya cabeza es un líder, y no un S1, que podría parecerse a un ejército de monjes, que recitan el mantra de última invención de su gurú.
Creo percibir en ello un intento de respuesta a este Retorno a Lacan. Una argucia más para desgastar el filo de la letra y perpetuar la práctica que venimos señalando como ominosa desviación.

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