El manejo de la transferencia y el fin del análisis (Psicoanálisis) | DIARIO LITERARIO DIGITAL

El manejo de la transferencia y el fin del análisis (Psicoanálisis)

martes, 24 de enero de 2017 0 comentarios

"... la cuestión del tiempo lógico nos va a permitir pensar algo acerca de la transferencia como una cárcel. Lacan se esta preguntando por el problema del fin del análisis, por el problema de cómo salir del encierro transferencial... "

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El manejo de la transferencia 

y el fin del análisis

Escrito por Eduardo Urbaj, 

Psicoanalista



(Este texto forma parte del II capítulo del libro
 “El manejo de la transferencia”)

En nota a pie de página, remitida desde el título, Lacan comenta que el  texto de sus Escritos “El tiempo lógico y el aserto de certidumbre anticipada. Un nuevo sofisma”- que él escribe en marzo de 1945-  fue una colaboración para una revista que no pudo salir de 1940 a 1944 por la ocupación nazi.  Y a continuación nos da una indicación que no hay que perder de vista: «Ojalá resuene con una nota justa entre el antes y el después donde lo colocamos aquí,...» ¿Dónde lo coloca aquí? ¿Dónde coloca Lacan en los Escritos[1], este texto? Antes de “Intervenciones sobre la transferencia”. Y él resalta sobre el final: «...incluso si demuestra que el después...» --es decir el texto que viene después--«…hacía antesala para que el antes pudiese tomar su fila». Nos está señalando que hay  una relación directa  entre este texto y las intervenciones sobre la transferencia. Agreguemos a esto lo que nos indica al inicio refiriéndose al problema lógico y la solución presentada: 
«(...). Las imágenes siniestras del relato (son prisioneros a quienes les ofrecen una chance para salir de una cárcel) se mostrarán sin duda contingentes. Pero,(...) no es superfluo que lleve su signo en tales imágenes, y por eso le conservamos su soporte, tal como el ingenioso anfitrión de una noche lo trajo a nuestra reflexión.»

Está haciendo alusión  a la forma  que este problema lógico toma en relación a la cárcel, y a que sean prisioneros. Si lo articulamos  con lo que  nos señala acerca de  que hay que situar este texto en relación al que viene después, podemos anticipar que la cuestión del tiempo lógico nos va a permitir pensar algo acerca de la transferencia como una cárcel. Lacan se esta preguntando por el problema del fin del análisis, por el problema de cómo salir del encierro transferencial.Cuando Freud hablaba de la neurosis de transferencia decía que el analista se apodera del síntoma y de la libido del paciente[2], y que  todos esos síntomas dejan de jugarse en el mundo exterior y se comienzan a jugar en el dispositivo mismo. Entonces, el problema  que se presenta a continuación es... cómo curarse del analista.Aproximémonos a los alcances de esta compleja situación clínica a través de un caso.  Se trata de una analizante  que se encontraba atravesada plenamente por esta problemática.  Había llegado a pedir análisis en una posición francamente masoquista. Todos los ámbitos en los que se movía -  laborales, afectivos, familiares -  a medida que ella iba desplegando su relato, se evidenciaban tomados y marcados por esta posición de quedar sometida,  callada, inhibida,  paralizada e impotente. Después de diez años de análisis, en todos esos ámbitos,  tenía una posición distinta. Había  podido avanzar en la dirección de su deseo de un modo inimaginable para esta mujer. Había  salido del encierro del goce masoquista como modalidad exclusiva de su satisfacción y se paraba de otra manera. ¿En qué lugar y con quién empieza a aparecer el problema del sometimiento, y a sentir que está inhibida y paralizada y llena de odio y resentida y que no puede...., y  que todo lo que dice, y aun lo que calla, la llena de angustia...? Todo eso quedó concentrado en la transferencia.

“Soportar” la transferencia


Y el final para esta mujer era poder salir de esa cárcel, la cárcel transferencial,  porque había llegado un momento en que la relación con su analista, dijera lo que dijera, callara lo que callara, se le tornaba insoportable. El día que tenía sesión se despertaba  angustiada. Eso duró un año y medio. Un año y medio escuchando cómo esto cada vez iba creciendo, cada vez más ferozmente.... Hasta llegar al momento terriblemente confusional, de pánico angustiante y liberador, en el cual finalmente pudo decir “no vengo más”. Pero ese “no vengo más”, le llevó un año y medio....
Durante ese tiempo se instala esa modalidad peculiar de la transferencia, cargada de hostilidad, que Freud llamaba “transferencia negativa”. Y como bien señalaba Lacan, “no me sacaba los ojos de encima”. Es una de las formas de la resistencia, y Freud nos enseña el valor  que tiene como motor y ocasión de avanzar en el análisis. Ahí hay que soportar la transferencia, y  es con lo que uno realmente puede trabajar.  Es lo que tiene  efectos.Esta analizante tenía  como fantasía analizarse con una mujer, y  durante un largo tiempo su pelea toma la forma de: “las cosas que no me puede decir porque yo soy hombre”. Y  las cosas que yo le puedo decir, las rechaza por lo mismo, necesitaría que provengan de una voz femenina para darle crédito. Toma esta forma, pero para mí estaba claro que no se podía reducir el problema a una cuestión de género. Cuando finalmente pudo ser interpretado de que en realidad lo que estaba en juego era su posición de sometimiento, pero que ahora eso queda encarnado en mí, eso le abre la puerta para poder salir,  porque si no, siempre quedaba de costado la cuestión principal, y reducido el problema - un poco en chiste, o sea en serio- a si  se iba a ir o no, o si me iba a  abandonar para irse con otro analista (mujer), con la que por fin podría hablar de ciertas cosas con libertad.En este caso la “intervención sobre la transferencia” - o en términos freudianos: su “manejo” - es haberla sostenido, soportando encarnar “incómodamente” ese personaje  tiránico que me endosaba. Porque después de mucho tiempo de transferencia positiva y amorosa – en su vertiente tierna-  en un momento, las sesiones se pusieron densas. Un clima siempre de tensión. Sesiones a las que venía decidida a atormentarme. A atormentarme y a quejarse de todo…, de si decía, de si no decía, si yo era muy acartonado, si era poco riguroso... Traía  sueños de violaciones y abusos hechos por.... psicoanalistas. Y allí la cuestión era tener claro que mi tarea era soportar esa incomodidad, y ofrecerme para que toda esa dimensión fantasmática que tenía que ver con su posición de objeto abyecto  y de sometimiento, pudiera ser volcada a la transferencia.

Hacer semblante del objeto “a”


Había que poner el cuerpo y jugar la escena. Así entiendo yo la posición del analista como semblante del objeto “a". Ponerse la máscara que el analizante nos ofrece y jugar la escena;  interpretar el papel sin serlo del todo y, a la vez, sin rechazarlo. A esa altura todo el análisis se jugaba en la transferencia, era el campo donde se jugaba la última batalla de ese análisis contra ese resto de su-posición[3] Y era muy raro para el sentido común,   porque si esta mujer se encontraba contigo en la calle, era evidente que había podido desplegar una vida que en términos familiares, afectivos, laborales, le iba maravillosamente bien y estaba muy feliz; pero el día que tenia sesión empezaba a sufrir, a angustiarse, estaba todo su masoquismo puesto ahí.Hasta que un día esta mujer pudo por fin decir: “no voy a venir más, no sé, pensé que a lo mejor algún día te llamo si quedaron cuestiones y quiero hablar…”. Entonces  mi intervención fue:  «- No, llamarás a  otro analista. Todas esas cosas las vas a poder hablar en otro análisis; siempre  hay restos transferenciales … pero el valor de acto de conclusión que va a tener el día que digas no vengo más, solamente cobra valor si lo decís convencida de que en serio  no volvés más. No, “bueno.... ahora me voy, pero por ahí otra día te llamo…” eso no concluye nada.  Vos tenés que saber que el día que decís, me voy, se terminó, es en serio.  Que no es lo mismo que  “me quiero ir”.»
Ella durante mucho tiempo decía “no quiero venir más, no quiero venir más”; no es lo mismo decir “no quiero venir más” que “no voy más”; ella esperaba de mí, que yo le dijera: “bueno, si no querés venir más, no vengas más, dejamos acá”, con lo cual lo que yo haría  sería tirar abajo diez años de análisis. Si yo a un analizante  en estas condiciones le digo: “bueno, estas cansada de venir, la verdad es que yo también, esto no da para más,  búscate otro analista,  no vengas más, ya está, te doy el alta”…tiro abajo diez años de análisis, porque se va en la misma posición en que llegó, en la posición de obediencia al Otro. Había que sostener que esa decisión la tomara ella,  sea como fuere.
            Ese análisis se terminó. Un día puede llamar....quién sabe, habrá que escuchar ese nuevo llamado, si se produce.... pero en ese momento, el efecto necesario era que ella supiera  que el final era de verdad. Era necesario dejarle muy en claro que si ella decía que no venía más, era en serio; no era un capricho histérico, no era “no vengo más  pero después te llamo”. Es distinto  “no quiero venir más” a  “no vengo más”; “el día que vos me digas no vengo más yo voy a respetar tu decisión, mientras tanto seguimosmientras sigas diciendo no quiero venir  más… Sí, te entiendo perfectamente, te veo la próxima”. Claro que  esto generaba más odio y más bronca, pero era inevitable.
En el momento en que ella pudo decir “no, no voy a venir más”  le deseé mucha suerte. De ese modo sanciono que esa decisión toma el valor de acto de conclusión.
Más allá de las peculiaridades de lo singular del caso, me parece importante considerar como una condición de valor  general el hecho de  que esa decisión final la tiene que tomar el analizante. En el  momento de concluir su análisis  el  sujeto se precipita en un acto, en una anticipación de una certidumbre que no tiene hasta después de llevarlo a cabo.
Si el que  decide sobre ese final es el analista “dando el alta”  degrada absolutamente todo el trabajo que se haya podido hacer. Hay  gente que anda por ahí diciendo “yo tengo un alta”…gente a la que en general le produce un efecto devastador en su vida, porque andar creyéndose semejante cosa..., es un poco delirante. Además les trae muchísima dificultad para poder volver a situarse implicados en relación a sus síntomas. Pero sobre todo, más allá de eso, porque no pudo tener la experiencia de haber sido él mismo, el que en el final fue sujeto de su propia decisión. El otro, el analista, el que “sabe”,  desde el lugar del Otro como amo, le dijo: “se terminó, no vengas más”. Y el paciente se fue contento, como un buen alumno se retira feliz después de haber aprobado todos los exámenes...., pero no hay resolución transferencial, ni se hace lugar a la producción de un cambio fecundo de la posición subjetiva. El “alta” es un final que no alcanza la dignidad del acto decidido. Lacan sitúa al acto como sin sujeto. No hay un sujeto en el acto,  pero sí hay un sujeto que se inscribe en relación a ese acto. El sujeto aparece inmediatamente después del  momento en el cual se sanciona y se inscribe esa acción  como un  acto. Cuándo esa decisión  se inscribe como acto, entonces el sujeto se apropia de ese acto. Pero no hay simultaneidad, no hay sincronía entre el sujeto que decide y el acto que se produce. Hay anticipación. Cuando el acto se produce, eso sucede. No hay premeditación ni cálculo alguno, ni del lado del paciente, ni del analista.


El fin de análisis se articula en transferencia[4]


 ¿Fue un fin de análisis? Sin duda  hubo una conclusión. Una conclusión que tuvo  efectos. Creo conveniente pensar el fin de análisis como un concepto y que lo que hay son finales de análisis.  Las coordenadas conceptuales de la noción de fin de análisis  nos brindan  herramientas para situar esos finales de análisis. Porque  si no,  corremos el riesgo de creer en  “El” fin de análisis como un ideal, como algo alcanzable plenamente,  y permanente. Prefiero pensarlo como algo que siempre es un alcanzar  fallido. [5]Vamos a situar la diferencia entre  fin de análisis y  conclusión de un análisis. Freud decía – para los analistas que ejercen su práctica - que  cuando uno termina un análisis, cada cinco años tendría  que empezar otro. Que  nadie se “cura” completamente. Lo llama  “purificación psicoanalítica”.
En “Análisis terminable e interminable” Freud nos advierte que no se puede pensar en un fin natural del análisis, pero sí se puede pensar un fin artificial del análisis. Porque no podemos situar el fin de análisis con parámetros que tengan que ver con la vida cotidiana, sino que tenemos que pensarlo con los parámetros de artificio que hemos usado en la experiencia. Esos parámetros que hemos usado para mantener ese artificio que es la neurosis de transferencia. La neurosis de transferencia es un artificio; entonces  hay que pensar las coordenadas del final de ese encuentro artificioso, con las coordenadas de la neurosis de transferencia, ese dispositivo artificial.  Por eso no se puede pensar un fin de análisis en relación a cómo le va a ese sujeto en su vida, si se casó, si no se casó, si resolvió o no los problemas que cuando vino decía que le preocupaban. Si uno lo piensa en relación a estos parámetros, entra en un callejón sin salida, nadando en cuestiones morales. Uno acompaña al paciente hasta la puerta, pero esa decisión que se va a escribir como acción en el campo moral, esa la tiene que tomar el paciente. Esto es el fundamento del principio de abstinencia.
Entonces, al fin hay que  situarlo dentro del marco de la transferencia. Que esta analizante  se angustiara el día que tenía sesión, era el efecto de  cómo se estaba jugando en la transferencia su lugar  de objeto sometido a una voz, a la que ella tenía que obedecer. En el punto en el que ella puede, en el movimiento en transferencia, liberarse, ha encontrado la salida y el final artificial para esa neurosis artificial. Tan artificial como esas  ideas que ella me atribuía y a las que debía obedecer, fantasías que solo al final aparecen  en el relato,  que operaron un largo tiempo sin que yo me enterara, y que eran la base de sus reproches.
Para culminar, articulemos lo que nos enseña este caso con lo que plantea el texto respecto del sujeto del aserto de certidumbre anticipada. Ese Yo (“je” sujeto del acto)  no coincide con el Yo (pronombre personal) que se definía en relación al semejante. Esto se destaca en el fin del análisis: no hay un “yo”, ni el del paciente ni el del analista que se pueda hacer cargo de ese acto final. ¿Quién  decide que ese momento ha llegado? Quizás los comentarios de  Freud en “Construcciones en  análisis”  -acerca de que   ni la afirmación ni la negación, ni el rechazo o la aceptación del paciente  son confirmación garantizada - nos auxilien una vez más. La confirmación llega de modo indirecto, por una asociación, por algo que sucede. Eso sucede “entre los dos” (analizante y analista) en el entramado de la transferencia, cuando el momento de su liquidación alcanza su certidumbre, y el gong del final – fatalmente - suene inequívoco...

 

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[1] La primera edición de los “Écrits” de Lacán es de 1966.
[2] S. Freud, Lecciones  Introductorias al Psicoanálisis (1915-1917), Lección XXVII, “La terapia analítica”, Obras Completas, Tomo II,  Madrid, Biblioteca Nueva, 1981.
[3] En su doble sentido, cómo se posicionaba, y lo que suponía.
[4] Los conceptos vertidos a continuación acerca del fin del análisis en su articulación con la transferencia, se referencian en  la clase del 4/8/92 de Alejandro Ariel  publicada en “La cura en el Psicoanálisis”, A. Ariel / D. Laznik y colaboradores, BZC editores, Buenos Aires, 1992.
[5] Yo descompletaría la noción de fin de análisis y pondría énfasis en diferenciarla  del  pase. En  un reportaje en la revista Imago Agenda Nº 102, de  Agosto 2006, el psicoanalista Sergio Rodríguez decía que a su  generación,   que introdujo  a Lacan en Buenos Aires, se les escapó 20 años atrás que Lacán cuando hablaba  del pase lo planteaba como un método válido para estudiar el fin del análisis,  para avanzar en lo que es la investigación del fin del análisis, y  que esto después se transformó en la creencia de que el  pase servía para darle una especie de certificado de “analizado” a alguien.

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