Balzac y Lacan. El problema del discurso dominante para la subjetividad de cada época (Psicoanálisis) | DIARIO LITERARIO DIGITAL

Balzac y Lacan. El problema del discurso dominante para la subjetividad de cada época (Psicoanálisis)

martes, 6 de diciembre de 2016 0 comentarios


Presento este artículo preparado para presentar en las Jornadas de la Escuela de Psicoanálisis Sigmund Freud de Rosario, titulada Entretextos. En esa ocasión la convocatoria hacía mención a la indicación de Lacan sobre las parejas de maestro discípulo (Freud- Lacan, Marx-Lenin) donde el alumno extraía letra de su maestro y hacía avanzar un paso más la avanzada del primero.

En esta ocasión examino la dupla Balzac- Lacan, para intentar cernir lo que, a mi juicio, sucede en este momento en el Otro de la polis. Asistimos, nos demos cuenta o no, a un cambio de discurso a escala planetaria. Lo que por consecuencia hace inminente un cambio en aquello que Lacan llamara “la subjetividad de la época”.

El nuevo ¿discurso? Es llamado “del capitalista” lo que se presta a un uso desmedido con fines de política partidaria. A pesar de haber explícitamente afirmado Lacan que reinaba en forma irrestricta en los países de la órbita marxista.

Por mi parte prefiero llamarlo “discurso totalizante de la ciencia”.

El lector juzgará la pertinencia de la propuesta.





Balzac y Lacan. El problema del 

discurso dominante para la 

subjetividad de cada época[1]


Escrito por Silvia Amigo, Psicoanalista

Para Diario Literario Digital


Aplicar el método de lectura a la letra inaugurado por Freud permite a Lacan leer a su maestro vienés extrayendo una letra "que no los aparea en el ser, sino que los hace seres de saber en un Otro supuesto". Esta cita del seminario Encore nos hace aprehender cómo al hacer tal extracción un discípulo verdadero y no un mero seguidor perfora el texto de su maestro. Por el hueco de esa penetración podrán "parirse" nuevos avances, algunos insospechados.
Este recorte literal, respetuoso del texto, atraviesa a la vez  no sólo su sentido sino que hace estallar sus semblantes para que, una vez atravesados (tal la bella metáfora de "Lituraterre") pueda aparecer la "cascada de letras" que por el acto lector e interpretante logra alcanzar algún "bout de réel" en el otro texto, el de inicio. Una vez caída esa lluvia de letras éstas volverán a evaporarse para formar otra nube de semblante y volver a crear sentido. Que ya será distinto. El ciclo se reiniciará, pero ya no será el mismo.

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Lacan no sólo cita en ese seminario a la pareja Freud-Lacan sino también la de Marx-Lenin. La alusión al par Marx-Lenin denota la preocupación de Lacan en 1972 por algo que ya lo había inquietado en la época en que, a pedido de Henri Ey, escribe su artículo "La familia". Esto es muy temprano en su carrera. Mucho más marcadamente volverá a señalarlo durante el dictado de su seminario L´envers de la psychanalyse. Se trata de su preocupación por la declinación de la figura del padre como operador estructural de la subjetividad neurótica, y no como figura patriarcal, en el mundo moderno. Se trata de ese modo subjetivo inaugurado por el paso de René Descartes cuando, expropiando del ser a Dios (ser supremo que lo emanaba a sus criaturas que resultaban por ello intocables y prohibidas a la investigación científica) hace virar la dominancia en occidente de eso que Lacan llamara el amo antiguo, virándolo al maître moderno. En efecto el cogito reserva el ser exclusivamente al que piensa, porque habla. De lo que resulta que sólo el hombre como sujeto moderno posee tal ser.Porque piensa puede investigar a una sustancia extensa carente (como lo estaba antes) del amparo divino, inaugurándose la ciencia moderna. Esta ciencia, aplicada a los medios de producción dará nacimiento al capitalismo. El ser que piensa podrá también tener el derecho leer en idioma romance la biblia, no precisando la mediación del papa ni de las jerarquías de la iglesia para su interpretación, lo que produce la expansión del protestantismo, que, si bien iniciara Lutero bastante antes, conoce un enorme apoyo y se impone en los países más adelantados económicamente en Europa, triunfando en los que van a hacer su entrada más decidida en el capitalismo luego de las sangrientas luchas religiosas. La revolución burguesa contra el rey por gracia divina se ha de imponer. Sea la revolución francesa con su sangrienta guillotina y sus Danton y Robespierre; o la parlamentarista inglesa, donde permanecerá en funciones un rey que reina pero no gobierna. Si al rey lo unge el papa, representante de Dios sobre la tierra, y éste ya no tiene el comando del ser divino...¿cómo aceptar que rey gobierna en nombre de Dios?Es sobre este sujeto moderno que lentamente tenderá a desdibujarse la figura del padre Dios, el Papa, el rey. Y se laicizará al padre, como razón de la ley en un mundo ya no protegido por Su sabiduría. No amparado por Su amor.Y un sujeto hiperpensante creerá poder simbolizarlo todo. Soñará con hallar el Santo Grial de la Mathesis Universalis. Luego de Descartes Spinoza lanzará su consigna Deus sive Natura (Dios es la ciencia de la naturaleza). Kant escribirá su Crítica de la Razón Pura. Hegel, por fin creerá poder llegar al saber absoluto, postulado para el amo en Fenomenología del Espíritu y encarnado en un Estado que todo lo sabe de lo que necesitan los ciudadanos, que todo puede proveer, en su Filosofía del Derecho, inicio de todos los totalitarismos que asolaron el mundo moderno.
Frente a este panorama es que el psicoanálisis, sin recurrir a oscurantismo alguno, puso freno al poder enceguecedor de las Luces y la pretensión totalizante del la Ciencia al postular un límite a la avanzada de lo simbólico. Y esto Freud lo postula desde los inicios. Hijo de la modernidad, le infligirá a ésa una formidable interpretación. ¿Podríamos añadir nosotros a pareja Descartes-Freud?  Das Ding, la cosa incestuosa no puede ser alcanzada por el saber humano, imposiblidad y limitación de lo simbólico ya postulada en 1895, en su Entwurf.
En Nombre-del-Padre esta imposibilidad del pensamiento de abarcarlo todo además estará prohibida.No conocemos ninguna mejor detención a una potencial avanzada totalitaria de los simbólico por sobre lo real.
Pero esta detención Freud nunca deseó hacerla en nombre de fuerzas intuitivas, misteriosas, ni de un misticismo de dudosa proveniencia (pues hay místicos absolutamente respetables, pero no son muchos). Para Freud el rechazo del oscurantismo resultaba crucial. Quería dejar claro que lo simbólico no puede copular por entero con lo real, haciéndolo sin caer por ese tobogán resbaladizo de la ciencia oculta.
Tan es así que se desprendió por esa razón de Jung, su acaudalado discípulo suizo, quien además de estar en posición de proveer mucho dinero a la empresa del psicoanálisis, no perteneciendo al pueblo elegido, podía dejar en claro que el psicoanálisis no era, tal como se le reprochaba, una "ciencia judía".Por ello, al hacer del Padre la Razón de la imposibilidad de acceso a La Cosa incestuosa, el bien supremo, el psicoanálisis laiciza la figura del padre, que ya no es Dios padre.
Balanceado por el nuevo discurso ingresado por Freud y formalizado por Lacan, el analítico, que coloca al objeto y al sujeto barrado por encima de lo simbólico (lo que en su seminario R.S.I. Lacan promueve: lo real debe pasar dos veces por encima de lo simbólico, dicho en términos nodales) la modernidad halla límite a su tendencia de razonamiento totalizante. Para no decir de locura razonante irrespetuosa de lo imposible de domeñar de lo real. En ese anhelo de totalización radica su potencial forclusividad, ya que por el resto la modernidad entroniza por vez primera en la historia del ser parasitado por el lenguaje el discurso del maître moderno en acción, donde halla su cuna el sujeto.No es que antes no se soñara, no se cometieran fallidos o se hicieran chistes. Pero no se suponía sujeto alguno a esas producciones. A las que, a lo sumo, se les otorgaba valor mágico u oracular. El inconsciente propiamente dicho nace en época moderna.Pero hacia el final del seminario L' envers de la psychanalyse Lacan halla (¡estamos en 1968!) que algo está cambiando, que el discurso dominante comienza a ser otro que el del inconciente. No creemos que sea casual en ese mismo año en que apostrofa a los estudiantes en las escalinatas del Panteón alertándolos del riesgo que corren de estar sosteniendo el advenimiento de un amo mucho más cruel de aquél del que se quejan. Esto sucede en las vísperas de la caída del muro de Berlín y en el momento en que en occidente el capitalismo esté virando de capitalismo de producción a capitalismo financiero. Este último... ¿puede seguir llamándose "capitalismo"?

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El cuarto y último apartado de ese seminario lleva por título L' envers de la vie contemporaine. No lo cita pero, así lo creemos Lacan alude directamente al último volumen de la Comédie humaine de Balzac, llamada L´histoire de la vie contemporaine.
¿Por qué nos atrevemos a establecer esta conexión?
Examinemos la propuesta de una de las clases de este apartado. Según el analista francés, estableciendo una elocuente parábola, nos hallaríamos viviendo en "Los surcos de la alestósfera". ¿Qué es eso? Una ficción conmovedora. Pues un espacio surcado de ondas de todo tipo: de telefonía celular, de emisión televisiva y radial. De un cielo surcado de sondas espaciales, satélites que nos fotografían, drones que pueden investigarnos y aniquilarnos. Productos útiles y también desechos tóxicos del discurso de la ciencia.En medio de este espacio los sujetos se han rebajado a consumidores de "lethosas". ¿Qué diablos es una "lethosa"?En griego lethein es un verbo que significa olvidar. Ousia es sustancia. Aletheia es verdad como desocultamiento. Arriesgamos pues: las lethosas son sustancias fabricadas para consumir olvidando la verdad de nuestro deseo. El objeto a, causa perdida del deseo, que lo impulsa por producir una prima de placer o plus-de-jouir se ha rebajado a lethosa. Esta, lejos de darnos un respiro, un plus de gozar, produce por el contrario una manque-à-jouir, una falta de satisfacción que nos empuja a consumir más y más, en una perpetua demanda. Como reza el dicho francés: C´est un eau qui d´en boire, m´assoiffe. Es un agua que, de beberla, produce aún más sed.Estas lethosas son producidas por el saber hipertrófico no de la Ciencia (siempre bienvenida tanto por Freud como por Lacan, así como por cualquier analista sensato) sino por su discurso totalizante.Buscando cuál podría ser el nuevo discurso que regiría este mudo de los surcos de la aletósfera, lacan se pregunta si no sería el discurso universitario. Pero eso no lo termina de satisfacer.Recién durante el dictado de su seminario inédito Le savoir du psychanalyste dará con el discurso que llama "del capitalista". Para evitar todo uso partidario de esa nominación (uso lamentablemente habitual entre analistas lacanianos, ay!) se encargará de aclarar que reina de forma irrestricta en los países de la órbita marxista. Donde un estado supuesto detentar el saber absoluto comanda la producción de las lethosas que cubrirían sin falla alguna las necesidades de cada quien.Este nuevo discurso, (si así, discurso puede llamárselo, dado que, como veremos no promueve el lazo social), es una suerte de neoplasia, de malformación del discurso maître. Donde el agente pasa a ser el sujeto rebajado a consumidor. Lo que hace a Lacan hablar de (sea ese sujeto rico o pobre) proletario generalizado. Un ganapán que se esfuerza en conseguir más dinero para adquirir aún más gadgets.El Otro está ocupado por un saber hipertrófico y monstruoso, dado que no se ocupa de ver si lo que produce polúe, sirve para algo, daña, o eventualmente es útil.
Ese saber que es "medio de goce" no puede ser castrado por el significante uno, pues el par ordenado se ha desolidarizado.El objeto a es producido, tal como vimos, como lethosa.Y el uno que comanda esa nave de los locos, bajo la barra de un sujeto que no tiene ya relación mediada por la hiancia del losange con el objeto, es ilocalizable e incognoscible. Tal como lo es Big Brother. Su identidad es misteriosa. Omnipresente pero imposible de situar y dialectizar.Creemos, tal como lo creía Lacan, que este nuevo ¿discurso? forcluye las cosas del amor. ¿Por qué? Pues bien. Si el amor suple la falta de relación sexual, de perfecto encaje entre el objeto y lo que se desea; al imaginar colmar la hiancia de la apetencia proveyendo lethosas supuestas rellenar sin hueco nuestras apetencias y necesidades (en general exigidas al Estado como proveedor obligado) este discurso cree que sí hay relación. Lo que torna al amor totalmente superfluo.
¿Qué tiene todo esto que ver con la obra de Balzac a la que hace alusión el seminario? Recordemos la época en que se sitúa la acción. Se trata del tiempo que siguió a la revolución francesa. Antes de esta sangrienta revuelta y sus guillotinados, en Francia (como en Europa en general) reinaba el discurso del amo antiguo. Donde el sujeto era nada más que súbdito. Y donde el objeto de deseo no tenía la menor importancia discursiva (aunque sí la tuviera deshilvanada del discurso).

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Los nobles perdieron de manos de la burguesía naciente, no sólo sus propiedades y sus bienes, sino además, y principalmente, su lugar simbólico. En la novela se relata cómo un antiguo bon vivant, Godefroid, decide retirarse de su vida disipada y unirse a Les frères de la consolation, liderados por la baronne de la Chanterie, quien había perdido bajo el golpe segado y brutal de la guillotina a su marido y a su única hija. Esta santa cofradía se dedicaba a intentar mantener en pie a los antiguos nobles caídos, tal como ellos mismos, en desgracia. O, como muy bien lo dice Lacan, en décheance. Los cófrades acuden en socorro de nobles arruinados, consiguen un empleo digno a una muchacha de buena cuna, alertan sobre posibles persecuciones, perdonan piadosamente a sus verdugos. No hacen caridad desde la cima de su superioridad, al revés, la hacen desde el abismo de su propia abyección, desde su propia décheance.
Recordemos lo que afirma Lacan, como de costumbre, de forma un tanto obscura. El santo, como el analista décharite. Creemos que a esto alude esta peculiar forma de "caridad". No se trata de ayudar desde la cima de la superioridad. Bien por el contrario. Se lo hace desde el fondo del abismo en que han caído. Aún así el santo décharite  en nombre de un texto sagrado. Y el analista en nombre del saber inconsciente que le ha hecho advertir su destitución subjetiva.Entonces... ¿cuál letra extrae Lacan de Balzac? ¿En qué lo hace un ser de saber, un Otro supuesto?
Creemos que  se delinea en trazado de una suerte de regla de tres. Así como les frères de la consolation intentaban mantener a flote el discurso de la antigüedad, que se evaporaba en la ciudad del discurso, el analista intenta a su vez mantener a flote el discurso maître, que no es sino el del inconciente. Este discurso es el de la modernidad, de la cual el psicoanálisis es tanto hijo como intérprete y limitante.El lector se preguntará por qué no traducimos maître por amo, tal como es usual hacerlo. Creemos que término "amo" no refleja bien la denotación común y corriente que el vocablo tiene en francés. En esa lengua maître denota al maestro, al que tiene un saber hacer con alguna habilidad (por ejemplo al maestro pastelero se lo llama maître patissier). La connotación castellana de amo remite a un cruel dominante munido de látigo. No es tal el significado ni la denotación habitual en francés. Entonces podemos colegir que hoy, 50 años después de 1968, vivimos en la tensión de un cambio de discurso. Si nos atenemos a la advertencia de Lacan: "que renuncie quien no pueda unir su horizonte a la subjetividad de la época" deberemos estar muy atentos para no estar a punto de tener que renunciar. Personalmente pienso que, para evitar el uso de política partidaria el sintagma "discurso del capitalista" entraña, alimentando las ilusiones  de una suerte de vuelta a las utopías de las experiencias del así llamado "socialismo real", de corte autoritario cuando no totalitario, paradójicamente olvidando que fue el mismísimo Lacan quien alertara que esa experiencia dolorosa se debió al reinado del mismo discurso que utilizan para alimentar su sueño devenido pesadilla, sería preferible llamar al nuevo discurso "discurso totalizante de la ciencia.
La ciencia fue siempre bienvenida por Freud y por Lacan, que se mantenían al tanto de cada avance producido por su marcha. No sólo ésta no forcluye al sujeto, sino que, tal como Lacan afirma explícitamente en "La ciencia y la verdad" lo crea, pero como su correlato antinómico. Pues arruina, con su goce, la elegancia matemática, la pretensión de exactitud de su discurso cuando pretende erigirse en universal.Este nuevo discurso, hoy, disputa al psicoanálisis mediante las neurociencias y sus terapia cognitivo conductuales, servidoras obedientes explícitamente basadas en los experimentos del soviético Pavlov, el mismo terreno: el sujeto y su padecimiento mental. Insólito matrimonio: el de las universidades americanas, inglesas, alemanas con sus psicofámacos y sus T.C.C.; en alianza carnal con el soviético Pavlov. Como diría Pedro Navaja: la vida te da sorpresas.

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Lacan advirtió que el psicoanálisis podría desaparecer en la ciudad del discurso como un síntoma olvidado. Y predijo que había de triunfar la religión. Así sucede por ejemplo con el fundamentalismo islámico, con el viraje ultraconservador de muchos judíos, con el aumento exponencial de las diversas sectas protestantes, tal los evangélicos.Pero además, se constata un desmigajamiento de la vida social en hordas dirigidas por jefes sans foi ni loi, muy bien señalado por Moustapha Safouan en su último libro, Regard sur la civilisation oedipienne.Del discurso del capitalista, o tal como proponemos llamarlo del de la ilusión totalizante de la ciencia, se sale uno por uno, tal como lo anunció Lacan, analista y transferencia mediante. Pero únicamente si el analista detecta que esto está sucediendo y no continúa bailando sobre la cubierta del Titanic analítico (creyéndolo invulnerable) cuando el iceberg de este discurso ya ha horadado su cubierta.Creemos que el psicoanálisis tiene mucho para decir sobre la vida en la polis, sobre los virajes discursivos que marcan a fuego al sujeto que en ella se estructura. Pues el inconsciente es el discurso del Otro, sí. Pero el Otro no es sólo mamá y papá, aunque estos sigan siendo prevalentes. El Otro es también, y muy incisivamente el Otro de la cultura. Que, así lo creemos, ya no es aquél que conociera Freud en su tiempo.El analista puede, y diría aún más, debe intervenir en ese debate. Pero sólo si no rebaja su intervención al mezquino papel de sostenedor de alguna facción en pugna en un pequeño territorio, que podría ser aquél en el que ha tocado nacer.
Lo que está sucediendo excede ampliamente la puja electoral del momento, las rencillas entre facciones partidarias, las mezquinas elucubraciones acerca de cuál partido ganador nos podría beneficiar más en lo personal o en lo "corporativo".
Creemos estar viviendo la tensión, a escala planetaria, de un cambio de discurso dominante en el planeta en que vivimos. Hasta donde se sabe hoy, el único habitado por una especie parasitada por el lenguaje.




[1] Reescritura del trabajo escrito en ocasión de las Jornadas de la Escuela de Psicoanálisis Freud Lacan de Rosario. Octubre de 2016, llamada "Entretextos"
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