El cuerpo y la Estructura. Reseña de investigación (Psicoanálisis) | DIARIO LITERARIO DIGITAL

El cuerpo y la Estructura. Reseña de investigación (Psicoanálisis)

lunes, 21 de noviembre de 2016 1 comentarios

1924-1936-1949 : El yo y el ello. El estadio del espejo. Un descubrimiento neurológico y dos opciones parcialmente opuestas.



El cuerpo y la Estructura

Reseña de investigación

Escrito por Hector Yankelevich,

 Psicoanalista

Para Diario Literario Digital

                                              
1924-1936-1949 : El yo y el ello. El estadio del espejo. Un descubrimiento neurológico y dos opciones parcialmente opuestas.


Sólo doce años separan « El yo y el ello » [1] del « Estadio del espejo” [2] y, aunque ambos trabajos –ejes en la historia del psicoanálisis– compartan un descubrimiento neurológico fundamental: la existencia de una imagen de la superficie del cuerpo en la superficie de la corteza cerebral, tanto Freud como Lacan harán de este descubrimiento una elaboración psicoanalítica cuya diferencia de orientación tendrá enorme importancia, après-coup, en el recorrido teórico de quien iniciaba su práctica y su obra.
No nos detendremos a comentar estos textos, el segundo en particular, porque la bibliografía al respecto es inmensa, ni pretendemos establecer exhaustivamente su sentido, sino abordar la relación parcial pero fuertemente contradictoria que le dará Lacan con respecto al texto freudiano. Abordaremos así, en parte al menos, los avatares que sufrirán la noción de espejo e imaginario gracias a los últimos descubrimientos de neurología ‒ que saldrán a la luz hacia el fin de los años 50‒ las discusiones generadas en torno a la interpretación que debe darse del espejo encabezada por Winnicott[3], –explícita– luego por Dolto[4] –en una discusión cuya portavoz fuera Maud Mannoni–[5]; y la revisión que sufrirá esta teoría en las "Observaciones sobre el Informe de Daniel Lagache"[6], y finalmente, su modificación fundamental en los esquemas dibujados por Lacan, sin comentarios, mientras desarrolla el Seminario “La Angustia”.[7]
No obstante, tampoco se trata para nosotros, de hacer la historia de esta noción capital y sus distintos avatares, sino de integrar la compleja y cambiante perspectiva de la teoría, no sólo “del”, sino “de los” espejos, a la teoría general de las identificaciones.
La pregunta formulada en pocas palabras sería: ¿el espejo es causa o efecto de la identificación primordial? Porque en la lectura más común, las identificaciones especulares eran seguidas, ya sea de la identificación al rasgo unario, desarrollada en el Seminario La Identificación, ya sea –aunque la relación no fuese establecida claramente– por las llamadas secundarias, deudoras de la metáfora paterna, como si ésta pudiera situarse cronológicamente. Explicaremos este punto más adelante. Uno de los mayores problemas de esta lectura reside entonces en el carácter meramente cronológico y lineal de las sucesivas identificaciones, aunque la existencia de una cronología no sea en sí refutable. Sin embargo, la cronología no posee en sí misma la causa que permite pasar de una a otra. En el encuadre establecido, la teoría de la alienación/separación y la lógica del fantasma quedarían por fuera del marco de las identificaciones, o bien se sustituirían a éstas.
Nuestro propósito será en este caso, en la medida de lo posible, integrar estas distintas vertientes de investigación –absolutamente fundamentales– del trabajo de Lacan, a la teoría general de las identificaciones que éste retoma de Freud en 1977, en « L’insu… », dándole una definición diferente que retoma sus trabajos de redefinición de sus conceptos mayores iniciado en 1970 en "Radiophonie". Asimismo, nos interrogaremos sobre las razones de la introducción del espejo esférico en 1960-62, el cual no ha tenido, o no ha sido objeto en nuestro conocimiento, de trabajos de explicitación tan importantes como los tuviera el espejo plano[8].

En 1923, Freud encuentra, sin decirlo explícitamente, en el Yo y el Ello, un inesperado sostén para fundar el narcisismo, investimiento libidinal del cuerpo y estrato fundador de la noción de “yo”: la neurocirugía –podemos suponerlo, ya que no lo menciona explícitamente– acaba de descubrir que hay en la corteza cerebral  una representación de la superficie del cuerpo[9]. Hay entonces, una superficie del cuerpo proyectada en la superficie cortical. Asimismo modifica, y no es una modificación menor, la naturaleza y el tiempo del narcisismo del yo. En lugar de ser primario, como en 1914, es secundario, ya que su libido es extraída del objeto, único lugar en donde es primariamente investida.

Lacan considera la imagen del cuerpo (reproducimos abajo la que obtuvo Penfield a fines de los años 50 gracias a un trabajo de implante de electrodos en sujetos epilépticos en su clínica de Montreal y reproducida en el manual de Rouvière y Delmas[10]) como una “Gestalt cuya pregnancia debe ser considerada ligada a la especie…[11]”. “(…) el estadio del espejo (es) una identificación en el sentido pleno que el análisis da a éste término: la transformación producida en el sujeto al asumir una imagen (…) es que la forma total del cuerpo, gracias a la cual el sujeto se adelanta en un espejismo a la maduración de su potencia…”[12].
Lacan es tal vez mucho más explícito que Freud –tanto por los descubrimientos hechos en el interín, como porque se autoriza a fundar nuevamente un concepto analítico sobre un adelanto científico– acerca de la naturaleza embriológica y neuroanatómica de lo que llama “espejo”. En la medida en que nace prematuro, el hombre no tendrá conexiones entre el córtex y el neuroeje, antes de que se encuentre avanzada[13] la mielinización de los haces piramidales que comunican a ambos, o más precisamente, la zona motora primaria con la médula espinal, por intermedio de las neuronas motoras llamadas piramidales debido a su forma. La localización de la imagen llamada “homuncular” no figura en Lacan, pero al considerar ‒aunque sin precisión anatómica‒ la corteza cerebral “como un espejo intraorgánico”[14]avanza, al igual que Freud, más allá de la neurología de la época.
 Representación de las áreas motoras a lo largo del lóbulo frontal ascendente (según Penfield y Rasmussen)



                                                                                           



Si observamos este esquema, reconstruyendo los puntos de donde salen los eferentes motores, notamos que « la imagen » resultante no es en lo más mínimo una representación de la superficie del cuerpo, tal como la vemos en el espejo plano, ya que muestra la diferencia entre la cantidad de inervaciones de la cara, del aparato fonatorio y de la mano con respecto al resto del cuerpo. Lacan llama « espejo » a esta reconstrucción y esto es de por sí, a la vez, una interpretación y una construcción que deberá ser apuntalada teóricamente. Se puede observar que esta imagen está invertida y deformada. Lo que aún no saben, tanto Lacan como la neurología de la época, es que la « representación » del cuerpo que se formará a través de las aferencias sensitivo- sensoriales, que siguen el trayecto inverso por vías independientes, es la réplica exacta de la motora. Pero, y es una diferencia importante, “la información” vehiculizada por éstos no está programada “genéticamente”, al menos en cuanto al “contenido”. Va de suyo que los umbrales físico-químicos de esta información sí lo están, ya que se trata de longitudes de onda para los sonidos, lo mismo para los ojos, que pueden ver sólo una parte del espectro luminoso, diferencias de temperatura para la piel, etc. Es más, sujetos que fueron tratados en la pequeña infancia con modalidades diferentes de investimiento, tendrán, a nivel orgánico, un umbral distinto en el desencadenamiento del Principio del Placer. Principio que es un resultado en el cuerpo biológico del infans de cómo el Otro lo significó fálicamente. En el vocabulario del último Lacan, diríamos que dicho principio del placer no sólo es la primera simbolización, sino una escritura Imaginaria-Real primordial en el devenir del sujeto. Ejemplo princeps en que se puede captar cómo el amor o el descuido se inscriben en lo real.Punto que desarrollaremos cuando tengamos que justificar la presencia del espejo esférico en el esquema de dos espejos, y hacer una comparación con los analistas que se preocuparon más bien por la construcción del cuerpo del sujeto en la relación real de éste con su madre.

Volvamos al primer espejo. El trabajo de Lacan no sólo revela un esfuerzo para fundar al “yo” en tanto instancia sobre los datos científicos de la época, sino que también resume allí, así como en tres trabajos que son absolutamente contemporáneos: “La agresividad en el psicoanálisis”, “Propósito acerca de la causalidad psíquica” y “Más allá del Principio de realidad”, las experiencias en psicología del comportamiento infantil de Henri Wallon, las de de Charlotte Bühler, así como los trabajos de la Escuela de Psicología de la Forma de Köhler y Koffka.
Ello no da cuenta solamente de un cambio de suelo epistémico respecto de Freud, –el tema que tratamos en esta parte de nuestro trabajo merecería ser en sí objeto de una tesis– sino que, querríamos señalar, cuán explícitas son aquí las referencias filosóficas de Lacan, así como la actualización científica y el recurso a las investigaciones de quien lo impulsara a publicar –“La Familia”– en la Enciclopedia Francesa –Henri Wallon–, donde ya revela su preocupación –que será constante a lo largo de su vida– por relacionar el saber científico, la experiencia analítica y lo que allí se inscribe de lo social, en el propio núcleo del ser parlante, para que lo biológico en él adquiera estatuto humano. De allí, la constante mención a la paranoia, en la medida en que el yo como instancia, para el Lacan de esa época[15], posee su estructura. Habrá que esperar el período 1964-1967, para la investigación que va del seminario “Los cuatro conceptos” a “La lógica del fantasma” para que la concepción de lo imaginario introducido en 1953, se desvincule –parcialmente– de la imago o de la Gestalt del espejo. Es más, será necesaria una atenta lectura de los esquemas que Lacan dibuja del espejo durante el seminario sobre “La Angustia” para desrealizar, al menos un poco, la necesidad de un espejo en tanto objeto real para realizar la experiencia del espejo.

Al final de su trabajo, Lacan se opone formalmente a Freud: “ (…) toda nuestra experiencia en la medida en que nos aparta de concebir el yo como centrado sobre el sistema percepción-conciencia, como organizado por el "principio de realidad" en que se formula el prejuicio cientificista más opuesto a la dialéctica del conocimiento (…)  [16] Para él la Gestalt del propio cuerpo se encuentra “en una exterioridad en la cual esa forma es más constituyente que constituida (…) cuya pregnancia debe ser considerada ligada a la especie”[17].
“La función del estadio del espejo se nos revela entonces como un caso particular de la función de la imago, que consiste en establecer una relación del organismo con su realidad (…) La noción objetiva de inacabamiento anatómico del sistema piramidal (…) confirma  este punto de vista que formulamos como el dato de una verdadera prematuración específica del nacimiento en el hombre”[18].“Señalemos de pasada que este dato es reconocido como tal por los embriólogos, bajo el termino de fetalización (…)” [19]“(…) lo que he denominado prematuración del nacimiento en el hombre, o sea, en otros términos, la incompletud y el “atraso” del desarrollo del neuroeje (…)  probablemente no carece de vinculación con el proceso de fetalización, en el que Bolk ve el resorte del desarrollo superior de las vesículas encefálicas en el hombre”.[20]
Este párrafo merece varios comentarios para intentar restituir un sentido, ya que el tiempo transcurrido entre la matriz epistémica vigente en ese momento y la nuestra, puede haberlo extraviado.En primer lugar, cabe señalar que la imagen del semejante no es, en el Lacan de la época, alcanzable a través de la maduración del sistema perceptivo. Al contrario, es la imagen intraorgánica de sí mismo, despertada muy tempranamente por la mirada del adulto, pero adquirida recién cuando lo permite la maduración del sistema piramidal, que, proyectada en espacio y tiempo, alcanzará al semejante. Pero, en una relación amo-esclavo que le dará para siempre los parámetros, queridos o no, de la relación imaginaria.[21].
La Gestalt, la imago de uno mismo, es a priori, un dato biológico y propio de la especie, que crea un espacio y un tiempo anticipatorios, sin que éstos sean el producto de la experiencia del lactante.
1- Hay que señalar que en la escritura de Lacan de los años 1936-1949, el estadio del espejo es una concepción de una sensibilidad trascendental, a priori[22], anterior y fundadora de la experiencia, que el hombre posee en su bagaje neurológico, dependiente de la historia de la selección natural. Aunque no la reconozca como tal, se trata de una concepción kantiana de la estructura del espacio y del tiempo subjetivos que entiende fundar nuevamente gracias a los nuevos conocimientos neurofisiológicos. A partir de 1961, Lacan buscará la explicación de la estructura del espacio humano en la topología, e intentará explícitamente en varias oportunidades durante su obra, hasta el final, ir más allá de la Estética kantiana (doctrina de la sensibilidad a priori que no depende de la experiencia). Siendo el espejo una Gestalt, una imago formadora, su estructura hará que las experiencias que se han vuelto inconscientes tengan a su vez,  ese mismo carácter de imago, proyectando su forma, dándole forma desde entonces, a todo cuanto acontece al sujeto.

2- Recurrir a las hipótesis de Bolk[23], embriólogo holandés  de los años 20’, que permiten sostener efectivamente la prematuración[24] del hombre al nacer –daremos como ejemplo algunas tesis de éste admitidas hoy en día– y el hecho de que Lacan se apoye en él, representa una alusión cargada de sentido para aquellos lectores formados en las luchas de las posturas de Freud al respecto. Porque éste justificaba tanto el asesinato del Padre como la transmisión genética de este hecho sobre Darwin y Lamarck[25].
He aquí las observaciones embriológicas más importantes de Louis Bolk que aún se consideran válidas:
Tenemos en común con los jóvenes primates, sobre todo con los embriones, no con los adultos :

–Caja craneana ovoide, semejante a la de los embriones. El crecimiento del cerebro de los primates adultos es muy lento y permanecerá muy pequeño. El cerebro humano mantiene la tasa de crecimiento del feto.

–Rostro juvenil: perfil derecho, tamaño reducido de mandíbulas y dientes, arcadas de las cejas sin prominencia.

–Posición del agujero occipital o foramen magnum, situado en la base del cráneo, por donde pasa la médula espinal. En los embriones de todos los mamíferos, el agujero occipital está situado debajo del cráneo, dirigido hacia abajo; durante el desarrollo embrionario, el foramen cambia de lugar y se fija definitivamente detrás, lo que es conveniente para la vida sobre cuatro patas, ya que la cabeza se encuentra delante de las vértebras y también los ojos hacia adelante dirigidos. En el hombre, el foramen mágnum no cambia de lugar, permitiendo la posición erguida.Los tres caracteres morfológicos considerados distintivos del hombre son: la posición erguida, el tamaño reducido de las mandíbulas y el tamaño del cerebro[26].

–El cerebro del hombre puede continuar su desarrollo postnatal debido al hecho de que las junturas del cráneo se cierran tardíamente en la edad adulta. Sólo en los humanos la punta de los dedos y las extremidades de los huesos largos son cartilaginosos en el nacimiento.

 En los embriones de los mamíferos, el canal vaginal está dirigido hacia el vientre en las hembras, pero efectúa en el adulto, una rotación hacia atrás que no se produce en la mujer.        El dedo gordo del pie es no oponible, tanto en los embriones de los mamíferos como en el hombre. Luego del nacimiento, éste sufre una rotación en los primates para permitir una prensión eficaz. Por otra parte, la no oposición de este dedo en el hombre, facilita la posición erguida y la marcha.

Todas estas características han recibido el nombre de neotenia, es decir, conservación de los caracteres juveniles. Lo inaceptable de la teorías de Bolk, abandonadas en los años 40, se debe a su suposición, de que la inhibición del desarrollo en el niño hacia el primate adulto, y consecuentemente la conservación de los rasgos embrionarios que permiten una morfología distinta en el hombre, era fruto de la acción de una hormona. El renacimiento de las investigaciones genéticas de los años 40, arrojó su teoría al olvido, aunque no sus observaciones de embriólogo.

La referencia a Bolk le permite a Lacan  construir de entrada su teoría de premaduración del hombre al nacer[27]. No obstante, hay que recordar que Freud se había formado desde muy joven, y especialmente durante sus estudios de medicina, con las teorías de Ernst Haeckel, seguidor y divulgador de Darwin, pionero de la selección natural en Alemania, que postulaba como “ley biogenética”, la teoría de la “recapitulación”. Ésta afirmaba que los individuos, durante el crecimiento embrionario e infantil, reflejan el estadio adulto de sus antepasados. Todo individuo escala en el curso de su desarrollo, su árbol genealógico: por ejemplo, los bronquios del feto humano, serían las branquias del pez adulto del cual venimos. Que el derrumbe de esta teoría haya sucedido en vida de Freud no plantearía problema alguno para nosotros si éste no hubiese fundado la existencia psíquica del Padre Muerto en esta recapitulación que marca que todo individuo posee adentro sin saberlo, ya que ocurre durante su formación embrionaria,  lo que constituye el rasgo que define su especie. Siendo para Freud[28] la muerte del padre, la línea divisoria entre naturaleza y cultura, entre primate y hombre: la cultura encuentra un soporte en la rememoración de la culpa del crimen fundador.
Freud extrae de esta misma fuente evolucionista –que también estaba expuesta por Lucien Lévy-Bruhl[29] – la identidad entre pensamiento infantil y pensamiento salvaje[30], como compartiendo ambas creencias mágicas y animistas. No hay dudas de que ha sido una suerte de Zeitgeist, de espíritu del tiempo: Herbert Spencer, Rudyard Kipling y  tantos otros hicieron lo mismo.

No obstante, si Lacan se apoya en Bolk en última instancia, también lo hace para oponerse al apuntalamiento que la recapitulación y el evolucionismo le ofrecieran a Freud: el sostén “científico” tanto para mantener al Padre Muerto como huella filogenética en cada sujeto, como el carácter irracional del pensamiento infantil.Lacan no hablará de Padre Muerto, no aceptará que se lo considere una huella fundadora de la identificación primordial, y recién se referirá a éste cuando se sienta en condiciones de brindar, tanto una escritura lógica como una crítica teórica del mito (aunque le resultó imposible dejar de lado esta cuestión axial para la transmisión del psicoanálisis, como lo hiciera el análisis americano en su conjunto) sustentado en un ideologema científico[31].Esta verdadera « dificultad del psicoanálisis » será resuelta por Lacan recién en los años 70. Al construir un cuadrado modal sobre los cuantores de la sexuación, articulará el Padre Muerto como construcción lógica perteneciente al fantasma y no a lo real. En 1977, una construcción topológica y nodal a la vez, permitirá prescindir de los sostenes biológicos o antropológicos para fundamentar su teoría.
Ahora bien, aunque no forme parte de nuestra investigación, no podemos dejar pensar que Freud haya sido un ingenuo seguidor de las ideologías científicas de su época, no sólo porque la nuestra también las tiene –lo cual llevaría a sostener un argumento mediocremente relativista en cuanto a la verdad– sino, antes que nada y esencialmente, porque le corresponde un inmenso mérito en la historia de la paleontología: el haber sostenido, en contra de la opinión generalizada de su época, que el desarrollo del cerebro es consecuencia de la posición erecta, y no lo contrario, como lo sostenía la corriente espiritualista, que privilegiaba el crecimiento del cerebro y veía en la posición vertical, la consecuencia de su progreso espiritual[32].Reformulemos nuevamente las diferencias críticas que formula Lacan con respecto a Freud, tomando como base los trabajos escritos en torno al "Estadio del espejo":
En « Más allá del principio de realidad » Lacan rechaza el concepto de libido como hipótesis sustancialista[33], pero lo acepta como concepto energético, porque éste se funda « en un descubrimiento clínico cuyo valor es esencial »: la correlación que se manifiesta permanentemente entre el ejercicio, el tipo y las anomalías de la función sexual y numerosas formas y “síntomas” psíquicos”[34].
Y Lacan culmina su inscripción al psicoanálisis con una crítica a Freud, o a lo que él cree ser la postura de Freud –en efecto, es la de Freud o bien la lectura que de él hizo la tercera generación, en especial Heinz Hartmann?
“ (…) dos preguntas se plantean al llegar a este punto: ¿cómo se constituye, a través de las imágenes –objetos del interés–, esa realidad en la que concuerda universalmente el conocimiento del hombre? ¿Y cómo a través de las identificaciones típicas del sujeto se constituye el yo [je], en el que aquél se reconoce?Freud responde a ambas preguntas pasando nuevamente al terreno metapsicológico. Propone un “principio de realidad” cuya crítica, dentro de su doctrina, constituye el objetivo de nuestro trabajo”.[35].
Lo que nos hace aptos para volvernos humanos, nuestra prematuración, hace que nuestro desarrollo se proyecte como drama y que nuestra insuficiencia se resuelva como alienación. El sujeto se identifica en el otro, y primeramente y ante todo se experimenta a sí mismo en él[36]. (…) El Complejo de Edipo se revela en la experiencia (…), como constituyendo normalmente el sentimiento de realidad.Lacan opone el sentimiento de realidad, al que permite acceder el atravesamiento del Edipo y el Principio de realidad, prejuicio cientificista, es decir, una realidad constituida por una teoría del conocimiento y, a la vez, una idea de la sociedad que serían la medida, fuera de la experiencia, de lo que constituye la norma del sujeto.
La noción de imaginario ya está cargada de simbólico, da cuenta de ello la referencia a Lévi-Strauss. Lo cual muestra que el paradigma de los años 46-49 está por quebrarse. En cambio, la constante de ese período será la consideración de lo que es el psicoanálisis: el despliegue del drama de la subjetivación, donde la identidad del estrato constitutivo del yo con la locura puede o no acceder al estatuto de resolución brindado por el complejo de Edipo, que es ya una estructura social.
Esta primera idea de lo Imaginario, fundada sobre el espejo cortical lo convierte en sede de lo que sería, sin la salida edípica, idéntico a la psicosis[37]. Lugar de enfrentamiento entre un yo que siempre se vive a sí mismo por debajo de la completud prestada al otro que se burla de él. Y si se identifica a ese otro, sin vueltas, entonces la megalomanía que precede al delirio está en juego, o bien se deja despedazar en el retorno de su propia tensión agresiva. Lacan integra las «negaciones» freudianas de la paranoia al Yo, sin explicitar, como lo hará más tarde, cuáles son los mecanismos en juego en éstas que no son ni internos ni propios del Yo. Esta consideración de la estructura del yo como instancia paranoica, está intencionalmente opuesta al caballo de batalla de la psicología del yo: considerarlo instancia de la síntesis. La respuesta a nivel de la cura no puede  no encontrarse en continuidad con su presupuesto teórico, su dirección aparece como una paranoia dirigida[38] : « (…) esta imago no se revela sino en la medida en que nuestra actitud le ofrece al sujeto el espejo puro de una superficie sin accidentes[39] ». Leyendo este trabajo desde el Lacan posterior, no podemos no sorprendernos al verlo ubicado en el mismo terreno que sus adversarios.
En la medida en que Lacan sostiene la prematuración humana, la imagen como Gestalt es la que tendrá efecto formativo para el organismo. Los ejemplos que da, tomados de la etología de Ireneüs Eibl von Eibesfeldt  y luego de Lorentz, ponen al hombre en el nivel de su ser biológico. Pero permanece la idea de inacabamiento de sí mismo del humano, en un grado al que ningún mamífero superior ni primate accedieron nunca ni podrán acceder.
La crítica del Principio de realidad freudiano muestra una crítica radical al psicoanálisis del yo, que confunde con la de Freud. Sin embargo, éste había señalado en “Dos principios del acaecer psíquico[40] que dicho principio era un modo de cumplimiento del principio de Placer que tenía en cuenta las posibilidades de efectuación de lo deseado, y  no un principio que se opusiera a ello.
En los años 60, cuando el espejo es una experiencia que Lacan todavía no relaciona formalmente con el efecto del significante, con la falta en el Otro o con el vacío constitutivo del entrelazado tórico, la tematización del cuerpo despedazado va a desaparecer, ya que en el Seminario sobre la Angustia, va a diferenciar claramente su concepción del deseo de la de Hegel, donde el deseo del Otro sólo es amenaza de muerte y causa de angustia  y no primordialmente fundador  del sujeto y luego, clínicamente, modalizable en la angustia. Pero para eso necesita introducir sin nombrarlo, el goce del Otro.

1960. Los dos espejos de la respuesta a Lagache

La novedad de lo que Lacan introduce en su respuesta a Daniel Lagache, que intentaba diferenciar en su informe el “yo-ideal” del “Ideal del yo”, consiste, en las palabras mismas de Lacan, en hacer depender la identificación del sujeto al semejante, de su posicionamiento identificatorio al Ideal. Jamás se había planteado esto tan claramente en la historia del psicoanálisis. Porque para Freud, este Ideal sólo era el heredero del complejo de Edipo, mientras que para Lacan, aunque no esté explicado claramente en el esquema, la migración de la posición del sujeto de S1 à S2, implica previamente la existencia de un significante I que migre también de ser el significante primero, o rasgo unario, a su lugar final de Ideal[41]. Aquí es donde muestra la primacía de lo simbólico, dado que está en el origen de lo imaginario. Aunque no escribe nada acerca de la función del espejo esférico, excepto otorgarle la de representar a la corteza como un todo, sin privilegiar localización alguna.A nuestro entender, se toma su tiempo, porque la ilusión de la inversión del jarrón, invisible a la mirada, es un proceso real. Proceso que Lacan resolverá en su escritura, no en sus palabras recién en Radiophonie (1970), donde define la entrada del Goce en el cuerpo.




Aunque Lacan no lo mencione, esta respuesta a Daniel Lagache permitirá pensar que hay un imaginario no visible: i(a) y un imaginario visible i’(a). La introducción del espejo esférico permite, pues:
Que el jarrón dado vuelta, oculto en la caja, invisible al sujeto, que representa al organismo, es decir, al cuerpo biológico, adquiera su estatuto de cuerpo al precio de hacerlo por vía de una ilusión que es llamada en óptica, imagen real.
Sólo esta ilusión permite que el cuello del jarrón rodee al objeto pulsional. Lacan muestra mediante este artificio, que el cuerpo se cierra en torno al objeto pulsional; es decir: el ofrecimiento de este objeto hecho por el Otro, que luego le será pedido, es el que permite el cierre del cuerpo en ese orificio, que por ello se vuelve zona erógena.

También podríamos decir que fue el Otro quien puso las flores en la caja para el sujeto. Gracias a este espejo esférico, pero no a causa de éste, nacerá el cuerpo imaginario, rodeando este objeto. Significa también, en este espacio real, que el objeto ‘a’ le pertenece al sujeto: el pecho y el pezón siempre estarán entre los labios, el cíbalo anal siempre en el recto. Sólo, como lo veremos, la imagen plana vaciará la boca, permitiendo la satisfacción de la palabra y vaciando también el recto, no siendo ya necesaria la demanda del Otro real. De todos modos, los dos objetos no son equiparables.
¿Pero por qué introducir el espejo esférico? Lacan no lo explica, pero al examinar sus resultados, podemos deducir, primero, que éste permite enlazar el narcisismo –el jarrón llamado “i” a la pulsión, aunque no la trate como tal aquí, pero sí hará dos años después. En segundo lugar, introduce un cambio importante en la teoría de lo imaginario especular: la imagen del cuerpo ya no es aquella filogenética e innata de la especie de 1936/49, sino el resultado no sólo de un efecto del funcionamiento general de la corteza cerebral, sin que prevalezca la localización, sino también de la presencia de ‘a’ –Lacan lo señala posteriormente –, gracias a la cual el cuerpo tendrá una consistencia de imagen “real” independientemente del hecho de aparecer visualmente perceptible gracias al espejo plano representado por el Otro. No obstante, no es válida la inversa: si no se constituyera  el espejo plano, la imagen real sufriría en cambio, daños probablemente irreparables, ya que la ausencia de unificación por vía de lo escópico regulado sobre el Ideal, no permitiría unificar una presencia de sí, lo que sí ocurre cuando la presencia del Otro se revela masiva y sin falta.
Como aquí se trata de un esquema que representa la ilusión imaginaria, también puede prestarse a una lectura que privilegie la ilusión. Que el cuerpo que rodea el objeto sólo sea alcanzable detrás del espejo, en el espacio virtual, como i’(a), privilegia, por cierto la percepción visual, pero no significa de ninguna manera que no haya imagen real i(a), que es la que se refleja, aunque sea invisible desde donde está situada la mirada.Invisible, claro está, pero percibida por toda la sensibilidad propioceptiva e interoceptiva. De no ser así ¿qué imagen se reflejaría en el espejo plano? Lacan dice poco al respecto a lo largo del Seminario y en los Écrits, pero deja sólidos puntos de apoyo para completar lo que por razones teóricas y de método decide no hacer: no entrar en consideraciones neurológicas. ¿Por qué Lacan privilegia lo escópico, la percepción visual con respecto al objeto? ¿Acaso no hay una percepción no visual comandada por el objeto oral, por el anal? La respuesta sería que la percepción visual y lo escópico pulsional que la guía, no sólo representa el marco del mundo, sino que organiza el conjunto de las pulsiones parciales en torno a una imagen que está lista para el fantasma, es decir, lista para ser insertada en la frase en la cual el fantasma encuentra su naturaleza, que en términos freudianos, diríamos: su tenor en palabras. Lacan agrega lo siguiente: la frase del fantasma muestra. También hay una segunda respuesta que nos reservamos para el capítulo dedicado a los espejos del seminario sobre la Angustia.


La supresión de la especularidad del objeto ‘a’


Dos años después de introducir el doble espejo como tal y no como mero artificio, en el cual el ramillete de flores figurando el don de amor de la madre se transformado[42] en objeto pulsional ‘a’ rodeado por la imagen del cuerpo ‘i’ es percibido reflejándose completamente en el espejo plano del gran Otro, Lacan va a cambiar la teoría de ‘a’ –no será la última vez– en un punto fundamental: 'a' no es ya nunca más imagen del semejante, es objeto perdido y sólo su recuperación parcialmente representable. El objeto pulsional, desaparece del espejo, se vuelve no especularizable.
 Lo cual fue repetido a cual más por sus discípulos. Pero ¿por qué? O si no, ¿qué función se realiza en la no especularización del objeto? Porque es preciso tanto responder a esta pregunta en el seno de una teorización que está cambiando, como dar cuenta de los efectos teóricos que va a cumplir lentamente este vuelco, hasta que sus efectos se vuelvan ‘visibles’ en la rotación del propio eje de su discurso.

En primer lugar, deberíamos pensar que, al darle estatuto teórico al ejemplo del bebé que se da vuelta para verse como siendo visto por la mirada de su madre[43], Lacan creó, convirtiendo un ejemplo en la intuición de una demostración, un espejo teórico en el cual todos se sumergieron al igual que el bebé, para darse vuelta hacia Lacan y su mirada, que nos mostraba cómo nosotros mismos accedíamos al reconocimiento del Otro a través de la alienación especular. Gran hazaña de una escritura dentro de otra, en la cual el lector se ve atrapado como objeto, para poder caer de pie, sujeto entre los significantes del discurso del Amo. Pero no es porque hayamos pasado, una y otra vez, por sus significantes que no podremos –no tanto prescindir de ellos, sino, aunque, seamos efecto de ellos –“leerlos”. Lo que podría significar no estar encandilados por nuestra propia imagen, porque el efecto mismo del significante es devolvernos esa imagen de nosotros mismos : siempre y cuando haya un vacío, para que el significante pueda tener ese efecto de espejo.

La teoría del espejo, por la forma ficcional en que fue producida, antes de ser una explicación teórica de uno de los procesos de creación del sujeto, ha sido el acto en sí por el cual entrábamos a la cadena significante. Bello ejemplo, pero no único por cierto, donde se muestra que antes de ser teoría, el psicoanálisis nos interpreta para que podamos ocupar con el placer, es decir, con la expectativa de una cita prometida sin fecha, la posición de quien podrá ocupar dicho lugar: el de "hacer semblant" –producir significantes– del objeto que no tiene imagen…especular.
Ya que hay que diferenciar imagen y especularidad. No basta soñar con senos o labios prometedores que uno ha visto para saber por qué o cómo podemos caer en el goce aterrador de hacernos devorar, o erigirnos nosotros mismos en el exquisito goce de devorar, lenta pero irremediablemente al otro. No por intentar reflejarnos en una mirada amada o, por no quitarle ‘los ojos de encima’, podríamos saber alguna vez hasta qué punto lo buscado no sólo es otra mirada, portada por los ojos de un rostro conocido, que bien podría ser amante o amado, sino también y esencialmente, el punto desde donde somos mirados donde quiera que estemos, y que cierra el espacio detrás nuestro como una esfera en la cual sentimos, de manera invisible, la comunidad de nuestro propio cuerpo con y en un espacio cálido y tranquilizador en que encontramos el estiaje de nuestro principio del placer. O bien, al contrario, cansados de los espacios conocidos, tal vez intentemos conquistar lugares desconocidos o salvajes en que vamos a observar por vez primera el inalcanzable lugar en el que antes éramos extraños y que, de ahora en más serán familiares, y, movidos por la angustia exquisita de no haberlo conquistado por siempre, lo cual provoca excitación, no tanto en lo que hay de inmediatamente fálico en nuestra sexualidad –pero sí después, es decir que hay preliminares–, sino más bien en todos nuestro sentidos, para poder producir constantemente y a la vez, el exceso de placer que nos hace sentir vivos, la descarga que nos apacigua y la satisfacción de un peligro controlado que nos hace dormir.
El no saber, lo imposible de ser sabido permanece oculto, no por el misterio del espejismo de la imagen, sino por la insondable no especularidad del objeto, por su carácter radicalmente aufgehoben, suprimido, pero que hace de ese vacío restante el lugar inalcanzable de lo que moverá a la vez nuestro cuerpo y en éste, los lugares donde se encuentra nuestro tesoro[44] escondido.

Luego de la desaparición del objeto pulsional en el espejo plano, pasaremos rápidamente, y ese será el verdadero final del Edipo, a la búsqueda de un prójimo que lograremos convertir en semejante, amar y desear, en el cual suponemos poder volver a encontrar y habremos reencontrado el semejante marcado en principio por la diferencia sexual, pero no necesariamente –wiedergefunden– decía Freud en 1905, donde aparecerá lo que creímos que había desaparecido del Otro primordial. Pero como este punto está relacionado con la tercera identificación, histérica[45], no será tratado.
No tenemos lugar aquí para estudiar a quienes se abocaron a los procesos reales de constitución del cuerpo –Dolto– o a la realidad materna del espejo –Winnicott. Va de suyo que ocupan para nosotros un lugar privilegiado, como suponemos lo tuvieron también para Lacan. Pero aquí se trata de mostrar que el espejo no es tanto el objeto real por el cual el bebé que se vuelve niño recibe su propia imagen mientras es certificado por el Otro de la validez de la escena, sino esencialmente, que el espejo es este Otro y la imagen de nosotros mismos, la que éste tiene de nosotros. Si ocurre que el Otro no pueda tenerla, si los significantes con los cuales piensa, o no, a su niño, condenan a éste a no ser o a no ser más que una parte de su cuerpo, objeto no suprimido que asegura el colmado de una zona erógena, le será entonces  por siempre imposible identificar como propia la imagen que recibirá del espejo, jamás la reconocerá como siendo de la misma especie que las demás percepciones de su cuerpo en las que ‘cree’[46]. También podemos decir que la madre no es aquí el gran Otro, no ocupa ese lugar, y el destino del niño sería el resultado de no haberlo tenido.

Es lo que nos han dicho siempre nuestros pacientes en pleno brote psicótico agudo, cuando aseguran « no me veo en el espejo ». No se trata en modo alguno de una alucinación negativa donde desaparece la imagen vista, cuando el sujeto ante el espejo se vuelve repentinamente invisible, y su vista sólo encuentra la habitación en que se encuentra, pero sin él, como en la serie americana « El Hombre invisible », sino de lo extraña que le resulta su imagen visual, impidiéndole unirla a las sensaciones corporales que todavía le sirven de referencia para poder enunciar « yo » no « me » reconozco en el espejo. No es lo mismo que el sujeto tenga como referencia inconsciente un objeto “a”, que no es el mismo que el de la pantalla de un partenaire deseado[47], que tener sensaciones propioceptivas como referencia del “je”.

¿Qué ocurrió entonces entre el primer espejo de 1936-49 y los dos de 1960?

En primer lugar, un cambio en el conocimiento neurológico de la corteza cerebral. Del conocimiento de un “homúnculo” de los eferentes motores situado en la corteza frontal superior, las investigaciones neurológicas de Penfield localizaron el lugar donde se encuentra “la imagen” de las aferencias sensitivas y sensoriales que llegan al cerebro por vías independientes a las motoras. Se sabía de su existencia desde la primera mitad del siglo XIX, pero se ignoraba su destino por vía del cordón posterior de la médula: primero a un núcleo del tálamo y luego proyectadas por medio de la corona radiata al giro posterior de la corteza. La imagen de los eferentes motores es genética, pero no lo es la sensitivo sensorial, dado que registra las modalidades de cuidado del bebé. Las sensaciones de tenerlo en brazos, del tiempo de tolerancia a la sensación de hambre o de no hambre, el calor, el frío, la caricia de la palabra que se distribuyen no sólo sobre la superficie del cuerpo, sino también por dentro, porque piel y corteza, embriológicamente ambos ectodermo, reciben el efecto de lenguaje, que sólo existe si es portado por una palabra nombrante.

Dolto y Winnicott, aunque situados desde el psicoanálisis, han sido particularmente sensibles, por su experiencia como pediatras, sin que el segundo haya sido en lo más mínimo partidario de una teoría del desarrollo de la libido, pero sí de los procesos de maduración, a las experiencias que le permitían o no a un niño convertirse en alguien, en la relación con la madre y el entorno, que podía ser él mismo sin tener que mantener de por vida una relación anaclítica con alguien, inclusive su analista. Sus teorizaciones han permitido un certero conocimiento de lo que no figuraba –para emplear una metáfora matemática– en lo que podríamos llamar la teoría general o Standard del psicoanálisis de Freud y de Lacan. Lo cual no significa que sean adicionables.

 
Núvleo LVP del tálamo, donde terminan las aferencias sensitivo-sensoriales.
Representación de las superficies corporales adentro del núcleo latero-ventral posterior del tálamo (según PENFIELD y JASPER). La cobertura de los núcleos talámicos representa la formación reticular.
Pensamos que el espejo esférico de Lacan hace referencia, sin ser idéntico, al descubrimiento de la autonomía de representación sensitiva y sensorial a nivel cortical sin relación con su localización. La diferencia esencial desde el punto de vista teórico, con respecto a Dolto y Winnicott, es que para Lacan, la posibilidad en sí de funcionamiento de la corteza se debe no sólo a las experiencias buenas y malas que tiene todo recién nacido, sino esencialmente al efecto de lenguaje en el cuerpo, a la introducción en éste del significante causa de goce ‒ … ‒ y sus modalidades, introducción que nada puede garantizar.
La experiencia de curas con niños autistas, sin que pudieran ser detectadas causas genéticas, congénitas, traumáticas o infecciosas, da cuenta de que lo que faltó, por diversos motivos, es el efecto de lenguaje, es decir, que el niño haya sido, un tiempo necesario y suficiente, falta fálica para el Otro[48].
No podemos decir, sería falso, que Dolto o Winnicott hayan privilegiado la neurología o simplemente el aspecto médico[49]. Por otra parte, comenzaron su práctica como analistas antes de que fuera público lo que acabamos de describir brevemente. Han sido profundamente analistas en el punto de no haber separado jamás el « cuerpo » del « psiquismo » y han elaborado una teoría de la libido, de la subjetivación y Winnicott, en particular, de un objeto que es previo teóricamente al de la pulsión, de una ilusión necesaria para la constitución del objeto y también de las modalidades a través de las cuales debe perderse.

Tanto el espejo esférico como el plano son efectos del significante y del gran Otro, carecen de toda existencia en acto a nivel neurológico, permiten no sólo que pueda ser llevado a la palabra lo que es sensitivo y sensorial, sino también que la experiencia erógena que sucede por estas vías sin que ellas sean causa sui, como en Freud, sea separada, fragmentada por las pulsiones, lo que posibilita que algo de lo real del goce pase al significante. A su vez, que el cuerpo biológico, el organismo, adquiera no sólo un estatuto imaginario, sino que, al hacerlo, rodee y cierre los agujeros pulsionales. Cuando esto no ocurre, a nivel biológico, los esfínteres no funcionarán plenamente[50] como tales, porque la falta de centramiento sobre el vacío de la erogeneidad provoca que la fibra estriada de los labios siga floja, que el esfínter anal no retenga a voluntad, aún cuando la madurez neurofisiológica de la motilidad lo permita.
Finalmente, en cuanto al espejo esférico, todo nos lleva a creer que es un efecto de F, el significante causa de goce que, llevado por el amor, produce a la vez, la imagen real del cuerpo y las fases activa y pasiva de la pulsión.
Con respecto al espejo plano, a diferencia del primero, éste no sólo es efecto del Otro, sino que es el Otro, el Otro barrado. Y en este punto, sin caer en la crítica, Lacan es más radical que Winnicott, aún sin relato clínico. No obstante, cabe decirlo, éste último se basó en el espejo de 1949, y no tuvo conocimiento del segundo, en cambio Lacan conocía con fineza el trabajo de Winnicott.
 Este esquema dibujado por Lacan[51] muestra no sólo la desaparición del objeto del otro lado del espejo, sino hecho novedoso, la aparición del sujeto barrado  $. La única deducción posible relativa a este efecto del Otro que es el espejo plano, nos lleva a afirmar que es una consecuencia de la puesta en juego de S1 Puede parecer sorprendente, pero si hubo caída de ‘a’, se trata efectivamente de un efecto de castración. La aparición del espejo plano implica, por lo tanto la primera fase de la identificación secundaria al rasgo unario, es decir S1, el significante Amo.
La consecuencia es que la libido que investía hasta entonces la imagen real y el objeto pre-especular, será transvasada, no toda, al vacío de i’(a) que Lacan llama un mes antes[52] nuestro Heim. Nuestro hogar, nuestra casa, que es tal en la medida en que debemos tener lo que nos enmarca, ya que no somos sin tener relación a lo que nos encuadra ; refiriéndose aquí, con mayor claridad imposible, al lugar del cual seremos desalojados que Freud llamaba Das Unheimliche. Pobremente traducido como “lo ominoso”, es el estado en que estamos angustiados en nuestro cuerpo todo, porque nos vemos desalojados por un Goce por más que nosotros y la angustia misma hagamos marco.




El dibujo de este esquema (ver abajo)[53] muestra cómo los bordes del espejo se vuelven los bordes de i’, los bordes del cuerpo como semejante. Este es el punto probablemente más importante del espejo lacaniano: no es principalmente lo que nos permite vernos como otro, interrogarnos cómo los otros nos ven como objeto, sino más bien lo que nos muestra que los bordes del espejo son los bordes de nuestro propio cuerpo. Es el cuerpo del semejante lo que nos hace de espejo. Tenemos un cuerpo, que se nos escapa, cierto, pero podemos asegurarnos de su estabilidad, aunque por momentos se nos escape, si y sólo si el espejo nos hace de borde, diferenciándonos siempre un poco de nosotros mismos.
Por otra parte el dibujo de arriba nos muestra cómo los bordes del cuello permiten vislumbrar (no es nuestro propósito aquí), la banda de Moebius de la cadena significante, la pastilla a la que es reducida el objeto. El aspecto analítico que permite mostrar el plano proyectivo, es cómo esta división va a separar, a partir de un objeto que no existe en el espacio en tres dimensiones, dos figuras que nada tienen en común: significante y objeto. Sin embargo, gracias a este artefacto topológico _que ha hecho temblar de espanto algún gran geómetra, que nos lo confesó, ya que no existe en nuestro espacio ‒ es posible, para quienes así lo quieren, tener una intuición teórica del hecho de que el objeto como tal se encuentra en el corazón vacío de la realidad.
Que el borde del vaso, su cuello, esté vacío, nos muestra la caída de 'a'. Esta caída, debida a la aparición de S1, es exactamente la castración y el modelo de todas las castraciones, en la medida en que es gracias a esta pérdida que se tendrá acceso al objeto y al goce en la realidad, teñida, necesariamente, de imaginario. Objeto sobre el que se podrá fantasear ya que posee, invisible pero real, un continente, su forma vacía pero real que será su soporte.




El efecto de castración es equivalente a la caída de ‘a’ que permite a la vez, la separación entre S1 et S2  y la aparición del sujeto barrado. ¿Qué lo barraría, sino el significante que lo representa para otro significante por venir?

El dibujo 11 [54] muestra el agujero en el espejo que permite que la ilusión especular sea tal, una ilusión, y no un doble real. Este esquema le va a permitir pasar a Lacan, cuatro años después, a la Lógica del Fantasma, donde dará cuenta de otro modo, con otras operaciones, del surgimiento, indicado aquí, del sujeto barrado a partir del objeto.
Si la identificación primordial se hace sobre F, es necesario precisar que este significante atípico es por naturaleza antinómico, paradójico y de doble faz, pero, si se muestra en qué consiste esta naturaleza anfibológica, se le puede otorgar un lugar de argumento en funciones que le dan escrituras diferentes.
Si F es causa de goce, introducido en el cuerpo por la significación de amor del Otro, produce igualmente, debido a la alienación que induce, un efecto “lethal”[55]. Esto significa, ya que se trata de un neologismo acuñado por Lacan, tanto letal, como destinado al olvido, a permanecer por siempre  oculto: raíz de aoristo segundo del griego ‘lanthano’, estar oculto, olvidar, como el río Leteo, que las almas de los muertos atraviesan para llegar al Averno.
En lugar de introducir el esquema de los círculos de Euler para escribir la lógica de De Morgan que utiliza Lacan en ese Seminario, lo haremos con Lacan pero de otro modo.

Para separarse de ese goce-sentido fálico, aquel que se volverá sujeto por esta operación, escribe un juicio de existencia sobre las huellas de este goce: $x ØFx
Existe quien rechaza este goce, forcluyéndolo. Este alguien capaz de hacerlo es, en el mito fundador, el Padre Muerto, quien, al enunciar un no de forclusión, produce varios  efectos: hacer caer este goce como ‘a’; apoderándose de éste, divide al Otro para el sujeto (en principio este Otro ya debía estarlo, pero el sujeto no encuentra “qué era ser[56]”– cuando la división del Otro se vuelve patente por sus efectos, pero no por ello sabida, sino cuando pierde su ser. La escritura de Lacan, o su modo de exposición, precisa que se le restituya lo que él le quita a sabiendas, y a lo cual alude en silencio: lo que el Otro es –otro sujeto– sin que el sujeto lo sepa, ¿cuáles son los efectos para que se produzca este saber? Entonces, con la pérdida de ‘a’, F se convierte en función fálica, es decir, castración y significación fálica : amor, ya que si es verdadero, castra.
Esto permite concebir que el amor de la madre –sin que ella llegue a conocer cuáles son sus Bedingungen, sus determinaciones– es el que introduce la causa de goce, es decir el efecto de lenguaje, con una doble condición paradójica: que ésta no goce lo cual es efecto de la ; que su amor no esté forcluído de su goce. Porque si no ama, no puede más que gozar, y sola. Y si no goza, sin saberlo, su amor virginal tendrá dificultades, o más bien las tendrá el niño para hallar en sí, ante sí, qué lo hace a la vez ser hablante y gozante.Esta relación en el Otro entre goce y amor, las dos caras de F, es indecidible. Es lo que hace de este significante a la vez causa y función, un elemento tan difícil de manipular teóricamente. Porque no se lo puede manipular en lo real. Ahora bien, nosotros queríamos mostrar, porque así comenzamos esta reseña, que lo era real y biológico y por lo tanto psíquico inconsciente en Freud, se volvió no sólo lógico en Lacan, sino una escritura obligada, dado que su creación es la que le permite al sujeto separarse –es decir, desrealizarlo–, del Otro, a la vez que se subjetiva en él. Separación, también significa significarse en otra parte. Porque el significante al que se ha sujetado es el que puede permitirle matar todos los sentidos (asignaciones fálicas donde el que goza es el Otro).

También queríamos concluir respondiendo a la otra pregunta que nos formulábamos al principio: ¿qué une a las identificaciones entre sí? Ya que son de distinta naturaleza: la primera tiene a F como causa, y la segunda a S1.

Caben dos respuestas :

El nexo entre ambas es la función paterna en la madre que le permite, tanto ofrendar su vacío[57] al niño que se traduce por la ecuación : F, como dejarlo tomar de sí misma el rasgo con el cual no será ella el Amo de su hijo.
Admitiendo esto, la segunda identificación se superpone muy tempranamente a la primera. Ésta última, recta infinita, inscribía las huellas de goce y su represión.  Lo que se llama desde Freud, ‘Principio de Placer’, primera simbolización que une el narcisismo con lo real. ¿Por qué decimos simbolización? Porque este principio impone, en su funcionamiento mismo, un límite al goce que lo vuelve imposible. Pero este límite es indecible, es el goce del Otro. Al cerrar el cuerpo en sus zonas erógenas, la primera identificación genera las direcciones pasivas y activas de las pulsiones, que también podríamos llamar sí y no.
                               
Si figuramos el lenguaje con el círculo negro a la izquierda y con el rojo a la derecha [58], el cuerpo biológico, el soma, la única manera para que se anuden cuerpo y lenguaje es que la recta al infinito  pase dos veces por encima del lenguaje y dos también por debajo del cuerpo. Tal es la identificación primordial. La condición para que este goce infinito deje de ser actualmente infinito, no se cierre sobre sí al infinito, sino que se anude a los demás redondeles, es la caída de ‘a’. 

¿Por qué decimos que la identificación primordial puede no cesar aunque la segunda comience y parezca haber concluido?
Un esbozo de respuesta sería que si esta identificación se cerrara para siempre[59], o si no se pudiera abrir nuevamente, no habría seguramente ninguna posibilidad de transferencia, y por ende, de análisis. Ni identificación imaginaria alguna, lo cual ocurre a cualquiera, y más si está en  análisis[60].Sin embargo, es importante recordar que la segunda identificación, produce, al inscribirse, algo nuevo, dado que ésta es quien cierra el circuito de la pulsión imponiéndole la voz reflexiva: hacerse llamar, hacerse alimentar, hacerse mirar…
No obstante, ésta es incapaz de bordear todos los goces de aquella que la precede: de ser así se bastaría a sí misma para resecar el ello de tal forma que no quede más que el Inconsciente, resecar el superyó y sólo gozar gracias a las pulsiones representadas en el fantasma. Siendo el ello y el superyó, en definitiva, lo que queda no leído del objeto por el rasgo unario S1. El primero (el ello) no está regido por la metáfora y la metonimia, el segundo no cubierto por las vestiduras de la pulsión. Ambos se alojan en el verdadero agujero, sin borde.

El cuerpo narcisista jamás logrará vestir ese lugar, donde el cuerpo, a pesar de los cierres pulsionales sigue abierto, siendo esta abertura del orden de lo irrepresentable.

También es posible que las identificaciones hayan ocurrido y que un resto de goce fálico aparezca igualmente en la cura sin haber sido traducido por el significante amo. Muy distinto sería si encontráramos que en este goce no traducido yace un saber.

Es muy común, para quien tenga alguna experiencia analítica, constatar durante las entrevistas de pedido de cura, que la identificación secundaria a menudo no ha concluido; pero también es cierto que si ésta cerrara la primordial, las identificaciones nunca se cuestionarían. También ocurre en ciertos análisis que concluyen con un agradecimiento o un apretón de manos, cuando el analizante ha podido deshacerse, o dejar en depósito, olvidándose el ticket al partir, el exceso de Goce del cual quería desprenderse. No por ello estas curas dejan de ser analíticas.

No obstante, la persistencia de la identificación primordial “por debajo”[61] de la secundaria, vuelve inestables a las identificaciones, intensa y hasta insaciable la demanda de amor, y no muy presente el goce del Otro en la angustia.
Nos parece posible sostener que tanto Winnicott como Lacan, tal vez con modalidades de dirección de la cura muy distintas, apuntaban ambos a trabajar más con el Inconsciente que con lo reprimido secundariamente. Aunque ésto no significa que haya que olvidarse del síntoma.Lacan nos lo enseñó, aunque de manera un tanto alusiva, mostrando la apertura al infinito de los redondeles de lo real, de lo simbólico y de lo imaginario, en el movimiento contrario a su cierre. Esto vale, a nuestro entender[62], como método de acceso a la identificación primordial. Y significaría que la tarea del analista es terminar lo que la segunda identificación no pudo conseguir.
No por ello un análisis tiene que estar únicamente dirigido a cambiar los rasgos del Ideal, sino también a separarlo del goce. El amor de transferencia, en lo que vehiculiza de suposición de saber, permite al menos intentar, no tanto –para liquidar el goce en su aspecto parasitario o mortífero–, darle al sujeto un nuevo Amo, sino civilizarlo, es decir, hacer desaparecer al goce como tal tanto como sea posible, en el orden de la letra. 







[1] Freud,  «El Yo y el Ello», Obras Completas.
[2] Lacan, « Le Stade du Miroir », Écrits, le Seuil, Paris, 1966.
[3] D.W.Winnicott, Playing and Reality (1971) Pelican Books 1985, Cap. 9: Mirror-role of Mother and Family  in Child Development (1967).
[4] Lettres de l’École Freudienne de Paris, N°2, 1967
[5] ibidem
[6] Lacan, « Remarques sur le Rapport de Daniel Lagache », Écrits, Paris, 1966.
[7] Seminario X, 1962-63.
[8] Por ejemplo, los de Guy Le Gaufey, Le lasso spéculaire, EPEL, Paris, 1997, investigación muy importante sobre el estatuto de la imagen en el psicoanálisis y en la iconología ortodoxa; Philippe Julien y otros, que no tomaremos aquí, a pesar de su excelencia, dado que nuestro objeto se limitará a interrogar las posibilidades de una relación causal, y no sólo cronológica, entre identificaciones cuya diferencia de naturaleza exige investigar qué tienen en común, manteniendo diferencias a la vez.
[9]  Ni Freud en 1924 ni Lacan en 1936-49 explicitan que se trata de la imagen de los aferentes motores.
[10] Rouvière et Delmas : Anatomie Humaine, 15ème édition, Masson, Paris, 2002.
[11] Écrits, p. 95
[12] ibidem p. 94-95
[13] Lacan no puede saberlo en la época en que escribe su trabajo, sólo las imágenes actuales nos dan la medida : la mielinización de los haces piramidales que permiten la motilidad voluntaria (los recién nacidos tienen movimientos involuntarios o extrapiramidales) comienza al final del sexto mes de vida intrauterina y recién culmina entre los 15 y 18 años. La mielinización, es decir, el recubrimiento de los axones de una capa lipídica, realizado por las células gliales en el cerebro y las de Schwann a lo largo del neuroeje, permite que se establezca una diferencia de potencial sin disminución entre la neurona de la corteza, la neurona intermedia de los ganglios de la base y las extremidades distales. Por supuesto, hay cierta cantidad de neurotransmisores diferentes que hacen posibles estas ligazones, receptores que abren y cierran las neuronas a lo que les llega por el canal iónico, pero el aspecto fisiológico es externo al problema que nos convoca. La genialidad de Lacan consiste en haber captado tan tempranamente la importancia para el psicoanálisis de la prematuración neurofisiológica del recién nacido, antes de haberlo leído en Freud.
[14] Écrits, p. 97.
[15] Podemos evaluar que luego de 1964 -a nuestro entender-, año en que desarrolla su primera teoría de la alienación, el yo, gracias a la introducción del significante -S1 - que aniquila todas las significaciones, dejará de tener una estructura paranoica, oscilando entre una « sensitividad », ya que está afectado por el deseo del Otro, y de cualquier « otro » que sea significativo para él - « ché vuoi»?-, y una Stimmung un tanto « maniaco-depresiva », porque lo afecta su propio deseo de sujeto. Desarrollaremos más extensamente esta modificación teórica cuando tratemos las teorías de la alienación.
[16] Écrits, p. 99.
[17] ibidem, p. 95.
[18] ibidem, p. 96.
[19] Ibidem, p. 97.
[20] « Propos sur la causalité psychique », Écrits, p. 186.
[21] Más tarde, en 1972, reconocerá que la relación con el semejante no sólo está regida por la pulsión invocante, sino también por la Schaulust, por el goce escópico-exhibicionista, que no implica una relación amo-esclavo.
[22] Para Kant, el espacio y el tiempo eran formas puras de la sensibilidad, dadas apriori a cada ser humano, anteriores a toda experiencia. Lo que supone que la geometría de Euclides, el espacio infinito de Newton y las operaciones fundamentales de la aritmética, como el +1, iteración del Uno en la serie del tiempo, que explica adición y sustracción, eran formas ya dadas. Es en esta estructura de la sensibilidad que Lacan piensa, sin decirlo, cuando presenta al otro especular como lo que desencadena en el sujeto una forma preexistente.

[23] L.Bolk, Das Problem des Menschwerdung, Fischer Verlag, Jena, 1926.
[24] Le debemos el resumen de las posiciones embriológicas de Louis Bolk, a Stephen Jay Gould : Darwin et les grandes énigmes de la vie, Seuil, Points Sciences, 1997, p.s 65 y ss.
[25] Ver al respecto el libro de Lucille Ritvo, L’ascendant de Darwin sur Freud, Gallimard, 1992. En una carta al autor, fechada en 1962, Anna Freud reconoce que su padre, a pesar de la presión de sus alumnos,  jamás ha renunciado a la doctrina del lamarckismo. Hay que agregar que la teoría de la selección natural darwiniana y la doctrina de la evolución en Lamarck se habían vuelto  incompatibles, a medida que la primera resultó ser la única en dar cuenta de las causas de la variación de las especies y en poder conocer una síntesis con la genética.
[26] Que ya estaba en el Entwurf de Freud, en su « Esbozo de una Psicología » : esta relación con el Otro es « el origen de todos los motivos morales » es decir, de la humanidad en tanto tal. Por eso cabe agregar a la lista que no es exhaustiva, esbozada más arriba, y basándonos en investigaciones psicolingüísticas, en particular las de Bénédicte de Boisson-Bardies, el descenso de la laringe después del nacimiento, alrededor del octavo mes que posibilita el lenguaje articulado. Por más fino que sea el oído del recién nacido antes de ese momento, nunca podría hacer corresponder lo que oye con lo que podría articular, sin este estrato genéticamente propio al solo ser hablante. Lacan no lo precisa en ningún momento, pero esta diferencia debe jugar un papel, gracias a lo real biológico, en lo que posibilita la distancia entre la primera y la segunda identificación, en la existencia de una lalengua, real del Inconsciente, casi inarticulable, excepto si hay análisis y no siempre… en lo que da su dirección, su intensidad y al mismo tiempo ancla nuestra palabra en la lengua de todos los días.

[27] La embriología actual piensa que el tiempo necesario de maduración después del nacimiento se ubicaría entre los 9 y doce meces, comparando el recién nacido con los demás mamíferos superiores, en particular los primates desde un punto de vista puramente embriológico. Sin embargo, el hombre es lo que es por que nació prematuro.
[28] « Totem y Tabú », Obras Completas; “Moisés y la religión Monoteísta”, Op. cit.
[29] Lucien Lévy-Bruhl, La mentalité Primitive, PUF, 1922. Agotado desde 1960, lo podemos encontrar en el sitio web de la Universidad de Quebec. Una mirada sobre los títulos de los capítulos puede darnos una idea bastante precisa del contenido : « Aversión de la mentalidad primitiva para con las operaciones discursivas del pensamiento ; No es ni impotencia nativa ni falta de aptitudes naturales; Ideas restringidas a una pequeña cantidad de objetos ; Ausencia de reflexión ; Indiferencia a las causas segundas ; La mentalidad primitiva atribuye todo lo que acontece a potencias místicas y ocultas ; finalmente apartado VI del capítulo X : Potencia efectiva del deseo ; El pensamiento tiene los mismos efectos que la acción ». Se puede entender, por un lado, que pudo extraer de allí Freud, ya que estas ideas figuran en “Totem y Tabú” y en otros textos, y también advertir que « Las estructuras elementales… » de Lévi-Strauss se publicarían recién veinte años después… Pero no es un corte sencillo: hay ciertos eslabones de Durkheim, pero sobre todo la obra completa de Marcel Mauss, en quien opera el cambio de perspectiva.
[30] « Totem y Tabú», Op. cit. En particular el cap.4, “El retorno infantil al totemismo”.
[31] Lacan, L’envers de la psychanalyse, Seuil, Paris, 1991, Seminarios de febrero, marzo y abril de 1970.
[32] Federico Engels, darwiniano de primera hora, también a través de su lectura de Haeckel, sostiene la misma posición en su Anti-Dühring, en los años 1870,.
[33] Lacan cambiará radicalmente esta postura cuando la búsqueda de un estatuto categorial lo lleve a otorgarle a la libido, esto es al Goce, un carácter de sustancia, en Encore. En el Seminario L’insu…  hablará de materia con respecto al cuerpo, que sólo existe como tal cuando la libido lo ha investido. Sin olvidar que en « Posición del Inconsciente » le otorga a ésta última un estatuto de órgano de lo irreal.
[34] Écrits, p. 90-91.
[35] ibidem
[36] Écrits, p. 181.
[37] “(…) nunca es el yo del hombre reductible a su identidad vivida; y en las disrupciones depresivas de los reveses vividos de la interioridad, engendra esencialmente las negaciones mortales que lo coagulan en su formalismo (…) Por eso se confunden los dos momentos en que el sujeto se niega a si mismo y en que hace cargos al otro, y se descubre ahí esa estructura paranoica del yo que encuentra su análogo en las negaciones fundamentales, puestas en valor por Freud en los tres delirios de celo de erotomanía y de interpretación”.. ( el subrayado es nuestro HY) » Écrits, p. 114.
[38] ibidem, p. 109.
[39] ibidem.
[40] Freud, 1911.
[41] Esto corresponde a una época realmente dejada atrás por Lacan en su enseñanza, hacer del rasgo unario el soporte de la identificación primordial. Lo ha hecho, según confesó, al final del Seminario sobre La Identificación, porque no contaba aún con una teoría satisfactoria. A partir de los años ’70, hace de F, el significante causa de goce, el soporte de la primera identificación.
[42] En efecto, el amor como significación fálica se transforma en goce y éste se divide en objetos a. El pasaje del amor al goce en el cuerpo del bebé es perfectamente una transformación, más, es una creación de substancia. Jamás Lacan pronunciará ninguna palabra, verbo o sustantivo, que dé cuenta de ese cambio. Porqué? En principio no hay palabras en la lengua para nombrarlo, en segundo lugar está al acecho, lejos pero siempre disponible, la falsa teoría jungiana de las Wandlungen de la libido. Aquí se trata de un cambio mucho más radical, donde reposa el corazón de la enseñanza de Lacan. Sólo la notación algebraica dará cuenta de éste.
[43] ¿Pero a quién mira la madre? ¿A su bebe, o su imagen en el espejo? ¿O bien su mirada pasa de uno al otro? Esto es muy importante y las consecuencias se harán ver en el futuro sujeto, si queda cautivada sólo con la imagen, ya que  el conferirle una perfección ideal y el goce concomitante no será sin consecuencias sobre el niño real que se mira siendo mirado en el otro y no él mismo. Y la imagen especular desmentirá que es sólo virtual, dado que la mirada de la madre obturará el agujero que permite o no quedarse con toda la libido del sujeto. Ver al respecto el libro de Silvia Amigo, Paradojas clínicas de la vida y la muerte, Homo Sapiens, Rosario, 2003.
[44] El thesaurus, antes de contener monedas de oro, contenía la riqueza de la lengua. La conquista de América al cambiar de discurso, cambió su sentido y significado.
[45] Definida por Lacan en el Seminario L’Insu… , de manera muy distinta a Freud.
[46] Este es el relato exacto de pacientes que así podían decirlo porque estaban en análisis –los que no lo estaban, en el hospital, también negaban la percepción de sí, lo cual no es sorprendente, pero sin poder dar cuenta de ello– y coincide totalmente con lo que dice Dolto en varias oportunidades, así como en la nota que citamos anteriormente.
[47] El objeto ‘a’ sobre la pantalla es una feliz consecuencia identificatoria del ‘a’ en tanto tal.
[48] Otro problema, parcialmente diferente, es, por parte de un hijo, sufrir la pérdida del investimiento del Otro luego de haberlo tenido y haberse subjetivado en él. Contra todo lo que podría pensarse los resultados no fueron sólo autismos secundarios sino también, en otros casos que nos fue dable observar o tratar, en un caso una paranoia y en otro una melancolía donde se encontraba afectado el narcisismo primario del sujeto. Con lo cual podemos afirmar que hay, efectivamente sujeto en la primera infancia, pero como (a)sujeto, como sujetado realmente al Otro.
[49] La producción de todo analista, inclusive Freud y Lacan, tal como intentamos mostrarlo en esta nota, lleva la huella indeleble de su formación intelectual.
[50] No es la misma clínica que aquella cuya causa es neurológica.
[51] Clase del 16 de enero de 1963.
[52] Clase del 5 de diciembre de 1962.
[53] Clase del 30 de enero de 1963.
[54] Clase del 30 de enero de 1963.
[55] Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis, clase del 27 de mayo de 1974
[56] « Qué era ser » es una fórmula de Aristóteles en su Metafísica, libro Z, que Lacan comenta extensamente en su « Lógica del fantasma ».
[57] Interpretamos los dibujos toponodológicos que presenta Lacan en las dos primeras clases del Seminario L’Insu.. . en 1978.
[58] El dibujo está tomado del Seminario RSI, edición de la Association Lacanienne Internationale.
[59] Lo cual concluiría una rápida lectura del anudamiento del nudo.
[60] A veces, se hace une identificación al rasgo del otro, pero se vuelve rápidamente identificación a su ser. Por ejemplo: cuando  el Hombre de las ratas se identifica a su primo inglés Dick, porque éste parecía tener los favores de la Dama, el paciente de Freud comienza a querer adelgazar (Dick significa ‘gordo’ en alemán) con tal ensañamiento que corriendo en la montaña estaba dispuesto a tirarse a un precipicio. Freud comenta sobriamente que quería matar al ‘gordo’ en él. La identificación era totalmente edípica, pero el rasgo – y por ello Freud llamaba regresiva a esta identificación– llevaba directo al ser del otro, y a la comprensible amenaza, de pasaje al acto, dado que allí el fantasma estaba en jaque. Se puede concluir que el rasgo unario de Freud no es exactamente el S1 de Lacan, aunque éste lo haya tomado del primero. Pero no se puede concluir que alguien que ha pasado por la traducción de que la castración opera sobre su goce esté asegurado de por vida a no tener que vérselas con un goce mortífero.
[61] «Por debajo» no es una buena imagen, podemos pensar que así lo dibuja Lacan, que un redondel queda abierto como recta al infinito, pero bien enlazado a los otros dos. En este caso, la tarea del analista consiste, no a abrir redondeles, para que de allí caiga goce, sino a hacer allí nudos, empalmes.
[62] Silvia Amigo ha trabajado el valor y la pertinencia de esta enseñanza de Lacan en su libro  Clínica de los fracasos del fantasma, Homo Sapiens, Rosario, 1999.
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lunes, 9 de enero de 2017, 11:37:00 GMT-3

Gracias por compartir tan excelente articulo, felicitaciones.

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