Conquista del espacio y del tiempo. Notas sobre la "eternidad" del sufrimiento melancólico (Psicoanálisis) | DIARIO LITERARIO DIGITAL

Conquista del espacio y del tiempo. Notas sobre la "eternidad" del sufrimiento melancólico (Psicoanálisis)

lunes, 7 de noviembre de 2016 0 comentarios

"Presento aquí el texto leído en las Jornadas de octubre de la EFBA dedicadas al tema Tiempo, espacio e inconsciente. 

Su título es: Notas sobre la "eternidad" del sufrimiento melancólico.

La postura clásicamente aceptada afirma que espacio y tiempo (así lo asevera Kant en su estética trascendental) son intuiciones a priori de la sensibilidad. Quien tiene un cuerpo sensible (lo cual tampoco es un a priori!) adquiere simultáneamente una noción espontánea de espacio y tiempo. El psicoanálisis postula que estos, por el contrario, deben ser conquistados arduamente.

En el trabajo me detengo a intentar describir la paricular forma de distorsión del tiempo en la melancolía que llamo “vera”, o forclusiva. Donde está verworfen el significante unario, rasgo adquirido en la segunda identificación. LA peculiar vivencia del melancólico vero de la eternidad de su sufrimiento es particularmente dolorosa. Esta melancolía debe ser rigurosamente distinguida de las melancolizaciones neuróticas. Pues la dirección de la cura es diferente en ambos casos."






Conquista del espacio y del tiempo

Notas sobre la "eternidad" del sufrimiento melancólico

Escrito por Silvia Amigo, Psicoanalista

Para Diario Literario Digital


El psicoanálisis, tanto el freudiano como el que estructurara su lector Lacan, aun respetando y sin dudas habiendo leído a Kant no concuerdan con la concepción de espacio y tiempo que éste desgrana en su estética trascendental[1]. Para este filósofo moderno ellos son intuiciones a priori de la sensibilidad. No precisan adquirirse. Basta con poseer un cuerpo para que la sensibilidad los intuya. Y este cuerpo tampoco necesita adquirirse.

Lejos estamos de sumarnos a una crítica sin matices de Kant, corriente entre analistas. Que Freud haya denunciado la severidad del "imperativo categórico" (del que Freud extrae el superyó) o que Lacan haya emparentado a Kant con Sade en nada justifica desentenderse de las magníficas vías abiertas por ese pensador. De hecho creemos que un respeto un tanto más kantiano de la ley haría más vivible nuestra época.Volvamos al espacio y al tiempo. A diferencia de Kant el psicoanálisis afirma que ambos deben ser conquistados, no van de suyo. Estas arduas conquistas dependen de que el lenguaje, en que vive bañado el humano, llegue incorporarse. Esta entrada del lenguaje que se hace cuerpo de lo simbólico separa tajantemente al mamífero superior que es el hombre de la continuidad en el tiempo y la contigüidad en el espacio propias del animal.
Citemos este bello poema de Borges "El otro tigre"[2]

Pienso en un tigre. La penumbra exalta

La vasta biblioteca laboriosa

Y parece alejar los anaqueles;

Fuerte, inocente, ensangrentado y nuevo

El irá por su selva y su mañana....

En su mundo no hay nombres ni pasado

Ni porvenir, sólo un instante cierto



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El mamífero superior, tal el tigre, vive, en efecto (como todos los otros animales) en un eterno presente dado que no tiene la posibilidad de saber que va a morir. Vive en un eterno presente del ser. Presentifica la plenitud de ese ser tal como, al decir de Parménides en su célebre hexámetro se deja escuchar: Lo que no ha sido ni será, porque es. Y en contigüidad entre Inenwelt y Umwelt. Porque aún domesticado, jamás va a hablar, no tiene nombre que lo marque.
No incorporado, el lenguaje que rodea a un animal no logra lo que sí logra la incorporación,  al hacerse cuerpo: hacer entrar al hablante en tiempo y espacio.Esto sucede porque al casarse con el símbolo el parlêtre entra en la segunda muerte, en el no ser. Esta "segunda muerte" fue tomada por Lacan de la teología cristiana, en la que refiere al la muerte eterna del alma que implicaría, luego del juicio final. haber sido considerado por Él réprobo y ser apartado de la eternidad del paraíso. Lacan laicisiza esta segunda muerte, la hace anterior a la primera (la muerte tout court, separación, según el cristianismo, de cuerpo y alma) y la transforma en la pérdida de la inocencia animal porque el casamiento con el símbolo nos hace entrar en la cultura y en la muerte, nos arranca del presente continuo.En ese acto se ha de perder también das Ding, la cosa incestuosa, bien supremo, aboliéndose la inocencia de la eternidad. Y, haciéndose cuerpo de lo simbólico,  todo espacio hace banda con el espacio del cuerpo erógeno. Esta incorporación, dependiente del deseo y amor del Otro que se hace pasador del nombre real del padre, el falo,  se logra (o no) en el complejo proceso de la primera identificación que hace que, quien ha logrado "tragar el lenguaje" entre en la cultura, la muerte, el tiempo y el espacio.
Al agujero de la cosa que acaece por el mero hecho de hablar, el falo (letra resultante de la primera identificación) le dará una pasada de "cemento" (por así decirlo), lo estabilizará para que ese hoyo no colapse como sucede en las grandes psicosis (paranoia y esquizofrenia).  El falo asegura una estabilidad de la grieta de la falta. Falta en ser más que en tener. De fallar esta letra el psicótico queda varado en un espacio y tiempo anómalos, distorsionados y ominosos. Invariante de estructura, el falo toma recién con la puesta en funciones del discurso maître, el del inconciente, o del "maître moderno), el valor de nombre real del padre. Antes de los tiempos de la avanzada cartesiana la humanidad rendía culto a su condición de tal erigiendo dólmenes, menhires, obeliscos, túmulos, pirámides. Contrarios a la ley de gravedad, la erección de estos monolitos recordaba al género homo su dependencia de ese símbolo, que nada tiene que ver con un prejuicio patriarcal.
Cuando esta entrada del falo se produjo, se entra en la muerte. Y por ende en el tiempo finito. Conquista humana y no a priori kantiano.  Por otro lado al incorporarse se inaugura el espacio humano, envolvente y no euclidiano, que toma origen en el cuerpo erógeno. Ya en tiempos modernos, además, el falo se hace cero, nombre real del padre.De ahí que en su seminario Encore (aún o mejor ¡dame más!, dimensión temporal; y en cuerpo {en corps}, dimensión espacial) Lacan revisita la discusión entre Platón y Aristóteles acerca del Uno. Para Platón era sólo un número. Para el estagirita un número y Un cuerpo. Para consolarnos de la pérdida de la Cosa y de la eternidad contamos con una prima de Lust (en alemán tanto placer como goce) que Lacan llamó su único invento: el resto a. No simbolizable ni imaginarizable, trozo de vida real, que va a proyectarse hacia adelante a alcanzar en la escala del deseo.

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Sabiéndonos mortales, se instala la "función de la prisa"[3]. No tenemos una eternidad para dirigirnos con un deseo decidido hacia el objeto causa de nuestro deseo. Esta función del objeto como causa no es la única, tal como examinaremos en seguida.
No se trata en la prisa del apresuramiento, sino (tal como en el apólogo de los tres prisioneros) de ganar la libertad, deduciendo nuestro "color", para alcanzar las puerta de salida al deseo decidido.
Time is money reza el dicho anglosajón, protestante, capitalista. No. Tiempo es muerte...nos recuerda el psicoanálisis. Prisa: no se lo puede dilapidar.

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 El tiempo teje en verdad un nudo borromeo de tiempo simbólico, el de la anticipación y retroacción y que rige en el inconsciente, donde el tiempo que no hay, al decir de Freud, es el lineal. Tiempo real: el del decir, del acto que hace que haya un antes y un después y que el sujeto no sea el mismo. Y también el imaginario, cronológico, de las agujas del reloj, sin cuyo piso los anteriores no sabrían tomar apoyo.Ahora bien, este matrimonio con el símbolo fálico debiera refrendarse por el recorte que el sujeto logre hacer, desvinculándose del sentido del Otro (o forcluyendo sentido, tal como lo enuncia Lacan al final de su obra) con el auxilio de otra figura del Padre. El padre ya no nombrado de la metáfora sino el nombrante, el "Un" Padre que dice no. Incorporado, el sujeto podrá contar con el Uno, su S1. Otra pasada de "cemento" estabilizador del vacío de la Cosa.
Ese significante asemántico es núcleo del Ideal del Yo (función de regulación imaginaria de ese "significante puro" que los lacanianos tomamos poco en cuenta, siendo de importancia capital), desde donde el sujeto puede verse amable. Ese Uno recorta del espejo plano al objeto que aún aparece en la imagen real que oferta el esférico[4] (córtex preparado genéticamente para hablar si es estimulado por el artífice deseo del Otro) y envía hacia afuera lo abominable  del objeto "harapo"[5] que se revela ser en su esencia el ropaje principesco de lo que se fue para el Otro. Porque en la imagen proyectada por el espejo esférico el objeto está aún presente, donado por el Otro.  Este significante uno asegura que el objeto no astille al yo, enclavándose como cruel superyó. Pues según su lugar en el sujeto, objeto causa de deseo y superyó dependen ambos del mismo objeto.

Notas sobre la melancolía vera

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Marcel Czermak, en charlas personales mantenidas en París con Héctor Yankelevich y otros analistas, quienes me las refirieron; comentaba cómo Lacan hablaba de la no homogeneidad de las psicosis. Su diferente textura y gravedad dependerían del lugar toponodológico de la forclusión. A nuestra cuenta y riesgo afirmamos que la clínica demuestra una diferencia de peso cuando la forclusión recayó en la primera identificación, produciendo las grandes psicosis (paranoia y esquizofrenia) y cuando recae en la segunda, impidiendo la escritura del Uno.
En este caso se trata de melancolías forclusivas (a diferenciar cuidadosamente de las melancolizaciones de la neurosis) o psicosis narcisistas. Acompañadas o no por ciclos maníacos. Y aquellos caso que Helene Deutch llamo "como si"[6]. En ellos, no extraído en Uno, no puede entrar en funciones el Ideal del yo.En las melancolías veras el Ideal del yo no pudo ser inscripto en tiempos fundantes. En esos casos el Uno está verworfen. Y sólo se podrá inscribir como neoformación lábil en el tejido de la trama transferencial. En las melancolizaciones neuróticas se ha perdido momentáneamente por contingencias de la vida, lo que no le quita gravedad pero sí asegura otro devenir clínico y otra dirección de cura.¿Qué sucede con el tiempo y el espacio en estas otras psicosis, particularmente en la melancolía forclusiva?
Si el Uno extrae al objeto de la imagen especular del cuerpo, y del harapo al que quedaba reducido en esa localización lo torna, sólo al extraerlo de allí, causa de deseo, de fallar, éste ha de quedar enclavado como astilla yoica torturadora.
Para sólo dar un ejemplo. Cuando Rilke habla con Freud sobre las hermosas flores primaverales, ahí donde el analista las disfruta, al poeta melancólico le queda pegada a la retina el "harapo" de la flor. No lo reconforta pues ya la ve marchita. No puede disfrutarla en el entretanto. O, tal como demuestra el diálogo, en un comic que nos resulta particularmente gracioso, que mantienen Carlitos y Snoopy. Carlitos se lamenta: "Algún día vamos a morir". Snoopy replica: "Sí, pero todos los otros días no". 

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Impedido de proyectarse hacia adelante como causa, este objeto parasitario logra abolir el tiempo futuro, y la alegría del recorrido, aplastando al sujeto melancólico en una eternidad inacabable de sufrimiento. Pues el objeto se ha tornado superyó no atenuable por ideal alguno del yo, que no se ha inscripto. Freud afirmaba que desde el Ideal del yo (cuyo núcleo es S1) se mide la distancia entre el yo ideal y el yo actual. En la franja diferencial, Uno hace perder, expulsar del yo, al objeto. De faltar el Uno, esta distancia queda abolida y el objeto queda enclavado en el yo como objetor. El objeto se pegotea, astilla al yo, se torna en juez que juzga, condena, produce dolor psíquico, impide el duelo y castiga de forma delirante.Como los bordes del losange del fantasma están dibujados por ese Uno, sierra, instrumento de corte con el objeto, el fantasma (vectorializador del deseo) ha de fracasar integralmente de forma no restituible.El tiempo, tal como dijimos, desaparece y una eternidad de sufrimiento hace pensar con certeza temible al enfermo que no puede morir, que jamás cesará de sufrir.El espacio del cuerpo, parasitado por el a hará por ejemplo afirmar a los afectados por el síndrome de Cotard, punto culminante de la gravedad melancólica, que carecen de boca, de estómago, de cualquier otro orificio erógeno. Pues la erogeneidad depende del "delineado" por el uno. El espacio se achata en un cuerpo no erógeno, atormentado y cerrado sobre sí mismo. Tiranía del objeto a. Así describió mi amigo Daniel Paola al espanto melancólico. Tiranía de un objeto que está estructuralmente impedido de devenir causa del deseo.Tiempo y espacio sufren una peculiarísima alteración en la melancolía forclusiva. Tiranizado por el objeto, no hay posibilidad para el sujeto de historizar ni simbolizar; lo que hace a Lacan hablar en estos casos de "rechazo del inconciente". Esto es, imposibilidad de hacer historia pasada del sufrimiento siempre actual. Planteamos como hipótesis a trabajar que nodalmente nos hallaríamos ante una interprenetración entre Real e Imaginario, que dejaría sin amarra a lo simbólico. Sabiéndonos mortales...¿Cómo no ser melancólicos? Pues por ese "Navegar es preciso" añadimos...hacia los goces que nos pueda señalar la vía de nuestro deseo. "Vivir no es preciso".  "Navigare necesse, vivere non necesse" tal como solicitana Pompeyo a los remeros en medio de la tormenta. Esto es, no es interesante la nuda vida (tal como la llamó, en su Homo sacer Giorgio Agamben) , la vida biológica despojada de deseo. De ahí la cita recurrente de Freud de esta frase de Pompeyo tomada como lema de la liga hanseática.Borges, que remaba su barca de escritor a pesar de sus pesares, escribió Límites, un poema que me conmueve y que cito para concluir por hoy. 
De estas calles que ahondan el poniente

Una habrá (no sé cuál) que he recorrido

Ya por última vez, indiferente

Y sin adivinarlo sometido

A quien prefija omnipotentes normas

Y una secreta y rígida medida

A las sombras, los sueños y las formas

Que tejen y destejen esta vida

.......

Creo en el alba oír un atareado

Rumor de multitudes que se alejan;

Son lo que me ha querido y olvidado, 

Espacio y tiempo y Borges ya me dejan

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Borges en 1921



[1] Kant Immanuel Crítica de la razón pura, de la que hay innumerables ediciones
[2] Borges, Jorge Luis Obras Completas. El Hacedor. Emecé. Buenos Aires1974
[3] Lacan, Jacques "El aserto de certidumbre anticipada" Ecrits. París. 1966
[4] Lacan, Jacques Remarques sur le rapport de Daniel Lagache. Ecrits. París. 1066
[5] Así, haillon, describe en su seminario Problèmes cruciaux pour la psychanalyse (en las últimas tres clases) a la posición del objeto como desecho.
[6] Feutch Helene Oeuvres complètes.
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