Las neurosis narcisistas y el trauma no sexual (Psicoanálisis) | DIARIO LITERARIO DIGITAL

Las neurosis narcisistas y el trauma no sexual (Psicoanálisis)

sábado, 1 de octubre de 2016 0 comentarios

"Escribir sobre neurosis narcisistas dentro del campo analítico que acepta la enseñanza de Lacan como la que fundó nuevamente el psicoanálisis, podría parecer una concesión a un vocabulario que éste se esforzó en limpiar –como las caballerizas de Augias..."




LAS NEUROSIS NARCISISTAS 

Y EL TRAUMA NO SEXUAL

 Freud y  Rilke con Lacan 



 Escrito por Hector Yankelevich, 

Psicoanalista


Para Diario Literario Digital



Escribir sobre neurosis narcisistas dentro del campo analítico que acepta la enseñanza de Lacan como la que fundó nuevamente el psicoanálisis, podría parecer una concesión a un vocabulario que éste se esforzó en limpiar –como las caballerizas de Augias. Efectivamente, es paradójico usar una denominación que Freud empleó primeramente para las psicosis, salvo la demencia precoz, pero que luego reivindicó en textos poco leídos (por ejemplo en Introduction à la psychologie des névroses de guerre, adresse au V Congrès de IPA, Budapest, 1918) como una subdivisión de las neurosis clásicas.
En este corto escrito indica que muchos pacientes, que él llama narcisistas, presentan  un trauma idéntico al de las neurosis de guerra, esto es, no sexual. Si pensamos que los soldados afectados por esas afecciones, que Ferenczi y Abraham se esforzaron tanto por tratar durante la Gran Guerra como por darle entidad nosográfica a su padecimiento, sufrían por haber estado en peligro de muerte, por haber visto que a su lado caían muertos u horriblemente mutilados sus camaradas de batallón, sin recibir ellos mismos rasguño alguno, podemos colegir que el peligro que los hizo vivir la realidad de la muerte fue tomado como segunda escena. Pero la consecuencia de esto no fue un síntoma como formación del inconsciente, sino una inhibición invencible a volver al combate o un duelo interminable por los camaradas muertos, a falta de un otro que pudiese servir de soporte.
El texto de Freud es sucinto pero no menos evocador. Los pacientes que él llama narcisistas –aunque puedan y sean también portadores de síntomas neuróticos– se encuentran aquejados por un dolor cuyo origen sólo Lacan puso en claro desde muy temprano en su seminario, traduciendo correctamente un término freudiano que había escapado –hasta él– a analistas y traductores: Liebesversagung.
El último vocablo (Versagung) de este sustantivo compuesto, tan común en alemán, y generalmente mal traducido, como “frustración”, había ocupado lo esencial de la teoría analítica postfreudiana con un engendro teórico del cual Freud no tenía nada que ver. En tanto el neurótico es irrefrenable en su exigencia pulsional  (Triebanspruch),[1] sufre de “frustración (?)”[2] (Versagung), y para su cura es necesario recrear esas mismas condiciones para que aporten otra salida que la agresión y la regresión a esas exigencias sin medida.En cambio, Lacan reorienta el discurso analítico distinguiendo la frustración de objeto, común a todos los seres hablantes, ya que es el significante el que los priva de ese primer objeto aún sin nombre (y no el Otro), que más que objeto es demanda de goce, del rehusamiento de amor, no simplemente como ausencia o rechazo, sino como falsía en la promesa de amor ínsita en la palabra. ¿Pero falsía de qué? ¿Cuáles son las promesas traicionadas en la palabra de los padres, ya que no siempre esto ocurre?Por un lado, la palabra por el simple hecho de ser palabra promete lo que ningún sujeto puede dar. Esto es la estructura y promueve a hacer el duelo de ese horizonte inalcanzable. Pero hay un particular clínico que no se deja borrar como puro accidente en una estructura entendida como universal que lo supera. En lo real de la clínica encontramos palabras dichas sin fe, engañosas, o la imposibilidad para tal o cual padre o madre de ocupar el lugar del Otro.
La clave que aporta Lacan, a nuestro entender, radica en que es el rehusamiento de amor el que hace que la exigencia pulsional sea no sólo indomeñable, si no que se muerda al Otro en lugar de ser capaz de pedir allí donde no se fue acariciado, para luego morderse a sí mismo.
En la obra de Freud hay dos historiales clínicos que pueden ser releídos desde el concepto de neurosis narcisista, justamente por la fijeza y la extrema pobreza que adquiere en ambos casos su vida sexual. El primero es del "Hombre de los lobos” (terminado de escribir a fin de 1917), para quien Freud acuña el término «Narzisstiche Versagung», generalmente traducido como “frustración narcisista”[3] que lleva al breakdown, a la depresión narcisista (que tendrá la inmensa fortuna que conocemos en el mundo anglosajón), como explicación de su inhibición casi absoluta y su depresión sin melancolía, resistentes al análisis allí donde los síntomas fóbicos y obsesivos habían podido esclarecerse de modo brillante.
Freud emplea el término Versagung en alemán entre comillas, con lo cual indica que no le está dando su sentido habitual, –que en ningún caso es el de “frustración”, que pertenece a un discurso analítico en el que Freud fue vertido y normalizado–, sino que se halla en un área de semántica que va de “fracaso” a “rehusamiento”. El primer término es consecuencia del segundo, si éste es entendido como tomando su sentido en el discurso del Otro. El rehusamiento en el Otro de que el sujeto fuese reconocido como varón, falóforo, tuvo como consecuencia su fracaso para separar la gonorrea, enfermedad fastidiosa, ciertamente, del significado que cobró para él, de fracaso de su virilidad y de inhibición de toda actividad, esto es, de todo lo fálicamente significable. Solo la seducción real de su hermana, traumática, le otorgó y le retiró a la vez una chance a la significación, de su falo y de toda falicidad, ya que al teñirla de incesto, le significó que todo “acto sexual” tenía el sentido de que hay relación sexual. A pesar de su episodio delirante –y no psicótico– y de las críticas justificadas que Lacan le hiciera a Freud, no solo por el acortamiento del análisis sino, sobre todo, por su furor theorisandi, por su voluntad de demostrar contra Jung la realidad de la escena primitiva, su análisis, bien que infinito, le permitió un acceso sexual al otro sexo.El segundo caso digno de ser así pensado es el de “La joven homosexual”, una vez conocida su biografía[4], escrita poco antes de su muerte. En efecto, su episodio de enamoramiento de una demie-mondaine y otros del mismo tipo no la definen con más precisión que sus casamientos con hombres, su frigidez o la relación amorosa con su mascota. Lo que sí puede definirla es que mujeres, hombres o animales fueron para ella pobres sustitutos –los humanos, pobremente sexuales y menos amados que los no dotados de palabra–, de una relación con el semejante signada por algo que en el discurso de Freud no fue teorizado y su falta tapada sin huella con la teoría de la reversión de la libido de objeto en libido narcisista.
Si la primera modalidad de existencia del sujeto en su relación con el Otro es la de ofrecerse como objeto que cubre su falta, solo se ofrece como perdido o como muerto para interrogar su deseo. Alienarse en el sentido le da la posibilidad de interrogarlo, lo que representa una primera separación. Este movimiento va hacia una nueva alienación, ya que la separación consiste en apoderarse de un significante del Otro, vaciado de su sentido. Este estrato estructural del narcisismo primario hace del mundo un lugar en donde el yo se identifica como un objeto amable y el sujeto únicamente puede investirse allí donde es investido, creyendo que es él quien da sentido al mundo. Colmo de la alienación.La primera estructura de la alienación-separación solo ofrece dos salidas al sujeto encerrado en el narcisismo: perderse para el Otro, esto es, la muerte real o su añoranza, o seguir dependiendo del sentido que éste le dé, con lo que la interpretatividad será el único refugio para intentar vanamente volver a separarse, allí donde una operación tanática, de destrucción de todo sentido no tuvo lugar o no se completó adecuadamente.De ahí la coloración interpretativa o depresiva que tendrá el narcisismo en todo sujeto. Nuestro problema llega cuando este cromatismo tiñe toda su vida, anteponiéndose a los síntomas como formaciones del inconsciente, aunque ningún episodio nos haga pensar que estamos ante un estado prepsicótico.[5]

La novedad y la diferencia aportada por Lacan a la teoría freudiana es que no hay pasaje del narcisismo primario al secundario, no hay paso del narcisismo a las identificaciones que decidirán la sexualidad del sujeto, no hay movimiento del narcisismo a la formación del fantasma que no pase previamente por la castración. Y esta es muy temprana en la formación de la estructura, ya que es la que hace que "a", como objeto real, pierda todo posible estatuto especular. Lo que virtualiza a la vez el estatuto del doble especular, ya que nunca es totalmente otro, ni totalmente uno mismo.

FIGURA 1: Espejo plano y desaparición del objeto. Dibujo de Lacan del 16 de enero de 1963, Seminario La angustia (apuntes privados). En este gráfico del espejo, el objeto a del espacio de la izquierda, o imagen real, desaparece a la derecha, dando lugar a que de esta misma desaparición, surja el lugar del sujeto.

  


  

Este esquema muestra la última fase de la estructura especular, que al hacer desaparecer el objeto real del narcisismo primario, don de un Otro real no barrado, a la izquierda, torna posible la aparición del sujeto del inconsciente no solo como representación entre significantes, sino como teniendo su fuente en la desaparición misma del objeto, que lo vuelve corazón vacío de lo real, y, por consiguiente, de la realidad. Esa Verwerfung del objeto hace imposible que este vuelva como tal hacia el sujeto, salvo mediante significantes, con la sola salvedad de que la desaparición de un partenaire, i'(a), puede, por alojar en sí algo del objeto, desertificar la realidad de aquello que la hace valiosa. 
FIGURA 2: Bordes del espejo y bordes del semejante; el objeto como borde de agujero. Dibujo de Lacan del 16 de enero de 1963, Seminario La angustia (apuntes privados).





Aquí Lacan permite aprehender cómo una identificación especular lograda – que aún no sabemos cómo se logra– implica que los bordes del espejo se constituyen en los bordes de todo i'(a), de todo semejante. En este segundo esquema sintetiza gráficamente la transformación del borde del agujero del vaso, en donde el objeto real ha desaparecido, en una mitra que al cortarse presenta un cross-cap, que consiste en una banda moebiana y una pastilla separada de ella. La cadena significante y un objeto que ya no es el de la identificación primordial. Este esquema muestra que los bordes del espejo se han de convertir en los bordes de la imagen del semejante, lo que significa que toda relación con el otro –de cualquier índole– en la vida lo hace virtualmente, y no lo hace, nuestro semejante, lugar de nuestro narcisismo secundario, con la condición de que el objeto “a” se convierta en borde del cuerpo, que el objeto se identifique con su fuente pulsional.
No es el otro el que contiene el ágalma, somos nosotros quienes lo creemos gracias al fantasma. Ahora bien, así como los otros de nuestra vida están sometidos a una doble relación, ser y no ser semejante a ellos, del mismo modo, la castración que separa al sujeto del Otro mediante la barra que los golpea –no del mismo modo– y al miembro peniano del cuerpo imaginario como condición para darle estatuto fálico (esto puede ser leído también al revés: el estatuto fálico del miembro viril lo separa del cuerpo imaginario, ya que es don simbólico), así la relación con nosotros mismos está hecha de creernos y no creernos. La supresión del segundo miembro de esta intersección llevaría a la paranoia. La del primero, a la melancolía. Estos dos abismos son los que cierran o dejan abierta la primera identificación al narcisismo primario.
Esta es la condición para la formación del fantasma como estructura subjetiva, en donde habremos de encontrar al objeto, no sin pasar una y otra vez por los significantes en los que está escrito cómo el sujeto goza y cómo es gozado. Lo que Lacan nunca dibujó, que sepamos, pero dice a lo largo de todo el Seminario a partir de Los cuatro discursos, es que el espejo plano que desrealiza el objeto y lo vuelve no especularizable es un efecto de la aparición del significante S1. Si en el seminario La angustia todavía habla de una “primera” castración, ya que luego habría la edípica, no tarda mucho tiempo en dejar en claro que es la aparición de este significante, con sus efectos de reordenamiento de la cadena, lo que hace perder no solo el goce fundamental que el sujeto extraía del Otro, sino los plus de gozar que este significante le aporta por quedar en la proximidad de “a”, alimentando así al fantasma a la vez que (a)parece, en tanto Ideal, ser el término opuesto.

Es la entrada del sujeto en el discurso del amo lo que permite su ingreso en el discurso como tal, y encontrar el acomodamiento para su deseo, histérico, fóbico, obsesivo.



ESPEJO S1: El espejo plano es un efecto de S1 sobre el goce real del objeto (esquema de Lacan modificado por nosotros). Allí donde Lacan escribe una “x” también escribe y se debe leer - φ



El espejo plano como creación de S1 implica que la unidad del cuerpo logra conquistarse a nivel escópico cuando el significante 1 transforma las trazas mnémicas en significantes y los reordena, creando con estos un conjunto dotado de límite, todo ello gracias al hecho de realizar la pérdida del goce real a*1, dándole al sujeto una imagen virtual de sí mismo, i'(a), sin el objeto de goce. El espejo esférico ideado por Lacan se deja pensar como un efecto de la identificación primordial, presidida por Φ.
, que representa lo real del Otro, alcanzable por amor –del Otro– al Padre. El efecto de deformidad del espejo cilíndrico es realmente óptico pero es también la deformación necesaria que se produce cuando el sujeto ocupa más o menos felizmente el lugar de la falta en el Otro.
Pero, ¿cuáles son las contingencias que cuestionan este pasaje, o bien, cuáles son las condiciones mínimas por las que se define una estructura? La condición necesaria que ubica a un sujeto en la estructura es que lo que rija la relación del Otro con él, madre y padre, esté gobernado por la función fálica. Es decir, que durante la identificación primordial se le permita al sujeto identificarse al lugar real de la falta en el Otro para luego perder ese lugar, que après-coup nunca tuvo realmente, y se le permita identificarse a lo simbólico del Otro real. La función fálica durante un tiempo acuerda la identificación al falo para luego separar al sujeto de ese lugar y separar al Otro del lugar ocupado por el sujeto. Pero la estructura se escribe como escrituras de goce y el goce de S1 no es el mismo que el goce del objeto. Esa disparidad entre goces diferentes hace que tengamos que analizar en cada análisis al Otro como sujeto, aunque esto no le sea comunicado al paciente. Pero sí se debe permitírselo pensar. Ahora bien, para poder dar cabida en el grupo de las neurosis a las que denominamos narcisistas deberemos preguntarnos qué es lo que Freud llamaba trauma no sexual, emparentándolo con lo sufrido en las neurosis de guerra. Y en otro orden textual, pero no de referencia, Lacan subrayaba con fuerza la noción freudiana de Liebesversagung, de rehusamiento de amor.Será que Lacan se refería alguien maltratado, humillado, desguarnecido en su infancia de toda protección? Sabiendo la prudencia que tenía en cuanto a los efectos benéficos del amor y su desconfianza en teorizar las neurosis desde los modelos anglosajones, fuera del ámbito de las neurosis, pensamos que lo que él subrayaba en esa noción no era un quantum menor de afecto, sino la pérdida de la referencia simbólica. Entendemos que es éste el sentido con que Freud acuña el nuevo concepto, trauma no sexual que desplaza hacia las neurosis. ¿Qué escribe Freud en el trabajo donde introduce las dos nociones que son nuestro tema?“...«Libido narcisista», esto es una masa de energía sexual que está suspendida del yo en tanto tal y se sacia en él [cursivas nuestras] como habitualmente lo hace solo del objeto...” ("...«narzisstischen Libido», d.h. eines Masses von sexueller Energie, welches am Ich selbst hängt und sich an diesem ersättigt, wie sonst nur am Objekt..." [traducción HY]).[6]
¿Qué ha descubierto Freud aquí? Una modificación (Veränderung) del yo que no es la de Duelo y melancolía, escrito en la misma época. Hay un objeto sexual en el yo mismo, y este último es tratado como objeto ya no por el Ideal, sino por una libido que se sacia en él. ¿Cuál es este objeto en el yo sino el sujeto mismo investido como objeto por un Otro, del cual no está separado, por un Otro que sigue invistiendo al sujeto como objeto de su propio narcisismo? Al mismo tiempo, este objeto al cual el sujeto está identificado, son el padre ( o la madre) que mantuvieron esta relación con el sujeto.  Los problemas del narcisismo de un sujeto son los del narcisismo del adulto que le sirvió de Otro, que logran que el sujeto esté desde siempre contra este adulto y a la vez totalmente apoyado en él. En un momento de su Seminario, Lacan se refiere a esta inclusión de un objeto en el yo, abriendo no solo una cuestión clínica, del orden de lo real, sino también un problema teórico que por ir más allá de la resolución de la neurosis por la metáfora paterna, no encuentra cabida en el marco de trabajo de esos años, ya que plantea una doble relación con la castración.
Efectivamente, es en tanto que el complejo de castración ha sido, a la vez, franqueado, pero sin poder ser plenamente asumido por el sujeto, que se produce una identificación con una suerte de imagen bruta del padre, imagen que sostiene los reflejos de sus particularidades reales en lo que éstas tienen de pesado, y aún de aplastante. Vemos aquí una vez más renovarse el mecanismo de reaparición en lo real, pero esta vez de un real en el límite de lo psíquico, en el interior de las fronteras del yo –de un real que se impone al sujeto de un modo casi alucinatorio, en la medida en que ese sujeto, en un momento dado, abandona la integración simbólica del proceso de castración".[7]La singularidad y la riqueza de este pasaje se acrecientan, ya que en este seminario, conclusión de La relación de objeto y las estructuras freudianas, está dando el punto final a su relectura del pequeño Hans, y sin mediar justificación alguna lanza esta explicación sobre un sujeto… que no es precisamente el pequeño Hans. Podemos formular la hipótesis de que, repentinamente pensó en el Hombre de los lobos, ya que hay una referencia a una alucinación, como la del dedo cortado, y fundamentalmente aclara que no se trata de un retorno de lo forcluído en lo real, lo cual corta de cuajo todo diagnóstico de psicosis. Pero deja abierta la cuestión de un yo que incluye un real sin poder pasar por sobre él[8], ya que este último se impone. Lo que en el vocabulario nodal de los años '70 solo podría dibujarse como una cuerda imaginaria que habría fracasado, al menos en un punto en pasar por encima de la real. De este lapsus de nudo Lacan nunca habló[9], pero aquí lo dejó planteado para que volvamos sobre él, y en general sobre las estructuras neuróticas en donde una astilla de lo real no deja nunca al yo en paz, satisfaciéndose en él, sin que podamos darnos la facilidad de considerar a este real solo como un resto de goce que reclama Encore!El goce del que se trata aquí, en el que el sujeto se debate en la neurosis narcisistas, ejerce su efecto sobre la cadena inconsciente, dificultando la creación de significantes por metáfora y metonimia, empobreciendo el investimiento de recuerdos ya que atenta contra su propiedad primera: las formación de sueños y lapsus y aun la formación misma de los síntomas, que no lo son sin que el sujeto los declare tales. Es un goce que no consiste ni existe bajo la forma de diferencia entre goce buscado y goce obtenido, diferencia que está en el núcleo mismo de la constitución de la estructura. No es el goce parasitario,[10] sino que es uno opaco,[11] inservible para el deseo, para el amor, para la sublimación, y sólo grandes poetas como Rainer Maria Rilke nos han dejado testimonio de ello volviéndolo obra poética, haciendo letra de él, para usarla como palanca y punto de apoyo de una vida amorosa posible, consentir a ella como una dimensión de la que como hombre siempre había estado excluido y se había excluido, por considerarla incompatible tanto con la palabra como con la escritura. Es eso lo que Lacan llamaba savoir y faire.
Freud relata en un pequeño, pero no por ello menos famoso, ensayo, Vergänglichkeit[12] (Lo perecedero), haber hecho un paseo en compañía de un amigo silencioso (¡¿Lou Andreas?!) y un joven poeta, alusión a Rilke[13], a través de un paisaje de verano en flor. “El poeta admiraba la belleza de la naturaleza que nos rodeaba, pero sin alegrarse. Lo perturbaba el pensamiento que toda esa belleza estaba condenada a perecer, que en invierno se habría desvanecido, como así también toda belleza humana y todo lo que los hombres han creado o hubiesen podido crear de bello y noble. Todo aquello que él –de otro modo– hubiese podido amar y admirar, le parecía sin valor por el destino a lo que estaba prometido, el de un destino efímero, fugitivo (Schicksal derVergänglichkeit)”.
Y Freud responde: “Esta demanda de eternidad (Ewigkeitsforderunng) es demasiado claramente un resultado de nuestra vida de deseo (Wunschlebens) para poder exigir un valor de realidad. También lo doloroso puede ser verdadero. […] Me rehusé a aceptar el pensamiento del poeta pesimista según el cual la fugacidad (Vergänglichkeit) de lo bello entrañaría la pérdida de su valor […] ¡Al contrario, acrecentamiento del valor!”.
Y Freud continúa: “Solo la revuelta psíquica contra el duelo desvaloriza el goce (Genuß) de lo Bello […] Creo que los que así piensan y parecen dispuestos a una renuncia definitiva, porque el bien más preciado no se reveló sólido, solo se encuentran en duelo de la pérdida […]. Cuando el duelo ha renunciado a todo lo que se encontraba perdido, del mismo modo se ha consumido y consumado a sí mismo (Aufgezehrt) y nuestra libido se encuentra nuevamente libre” (traducción al castellano modificada por nosotros).
Al enunciar la teoría canónica del duelo, que se consume y consuma a sí mismo al renunciar a lo perdido, lógicamente, Freud, nolens volens, deja entrever al mismo tiempo su condición de imposibilidad: no se puede renunciar a lo perdido cuando eso perdido no se lo ha poseído. Es eso que dos años más tarde, en otras circunstancias, denominará como un modo particular de trauma, dándole como causa un modo (teóricamente) inédito de rehusamiento y, a la vez, de fracaso.
El que Freud atribuya a la libido narcisista una naturaleza libidinal puede ser repensado por nosotros a partir de Lacan. Freud no podía no darle ese carácter sin renunciar a sus propias posiciones contra Jung, pero esa libido narcisista tampoco puede pensarse como una libido desexualizada. En cambio, la introducción del Goce del Otro nos permite repensar el goce que en el sujeto no accedió al estatuto ni de significante ni de objeto en el fantasma. En uno de sus últimos poemas,[14] Rilke escribe:

No permitas al Destino apoderarse de tu infancia (esa fidelidad sin nombre de los Celestes): Aún al cautivo que se corrompe obscuramente en su celda, ella lo habrá alimentado en secreto hasta el fin.Es la que mantiene intemporal al corazón. Aún para el enfermo […] aún para él la infancia es fructífera. Puramente en su naturaleza caída mantiene el cantero del corazón.[15]No es que sea inofensiva. El error que la ornamenta, que la viste de trapos atractivos y la envuelve solo fue ilusión fugaz. No es segura, tanto como nosotros, jamás nada le ha sido ahorrado; ninguno de los Divinos compensa su peso. Infancia sin refugio, como nosotros, como animales en invierno, sin refugio; más expuesta aún: ya que ignora las guaridas. Sin refugio.Como si fuese ella la amenaza. Sin refugio, como un incendio, o un gigante, o veneno, o lo que merodea por la noche, la puerta trabada en la casa sospechosa.
¿Cómo no comprender que las manos protectoras, que las manos que dan refugio engañan, ellas mismas en peligro? […].[16]
Este poema, escrito cuatro años después de su paseo con Freud, parece responderle, darle la razón de su interpretación y esclarecernos a nosotros sobre cuál era el duelo que el poeta no terminaba de consumir ni de consumar. Hay en él, como en algunos de nuestros pacientes, una voluntad de vecindad con la muerte, no como una colusión sospechosa con fines de beneficio secundario, sino como una presencia buscada para arrancarle a la muerte, en un duelo infinito, ese plus de gozar con el que ésta ha quedado investida. O morir en el intento de hacerlo mediante la escritura. La erógena tentación de la muerte, como lo único que conserva sentido en un mundo que ha sido arrasado, es todavía la esperanza de separarse del primer Otro, de arrancarse de él, como, y sería más serio, la creencia no confesada de que el acto de darse muerte lo haría volver a nacer. El trabajo de un inmenso poeta nos da un poco de luz sobre la atención que debemos prestar a lo que se escribe en el análisis de cada analizante como efecto de que su palabra sólo se dirige a una lectura que de ella haga letra. Letra que no preexistía al trabajo analítico y que se traza entre voz y mirada. Pero  el    permanecer,   cueste  lo   que   cueste,  en la proximidad      de   la  muerte,      deja   entrever    algo que no quedó terminado de la primera alienación/separación. Lo que fue escaso y se hace necesario seguir trabajando es lo que Lacan[17] llamó con un significante por él acuñado, que condensa varios otros, el “factor lethal”. Letal como el punto de muerte que marca para siempre el goce de la vida y permite que este pueda, si no hablarse, escribirse al menos; lethal[18] como el olvido de la vida anterior producida por el agua del Letheo, del cántaro del que el alma de los muertos bebe al llegar al Averno, olvido del olvido que aquí toma valor positivo, lethal como lo oculto para siempre que debe quedar ese período de la vida, Urverdrängt. Los sujetos que tratamos aquí no fueron bendecidos por el agua de ese olvido y por ese efecto letal que crea un espacio incorporal[19] para las palabras, que permite hablar satisfaciéndose de la palabra sin pensar que toda palabra comporta consecuencias. Los no bendecidos tendrán a su cargo la tarea de decidir en la vida, no tanto de vivirla sin más, sino de sostenerla con un decir que debe ser propio. Aunque sea un mal decir. Y esto, porque las palabras no quedaron liberadas del investimiento de goce sin el cual no habrá sujeto hablante, y otra veces o a la vez, ese goce fue mísero, escaso.En los Sonetos a Orfeo, escritos en 1922 como monumento funerario en el castillo de Muzot, Rilke escribe:
Solo quien compartió con los muertosLa amapola de ellos,
No volverá a perderEl más tenue sonido.[20]


Resultado de imagen para Rilke, Les Élégies de Duino 
Su poesía, como todo gran arte, nos plantea interrogarnos sin idealizar lo que significa la sublimación en el análisis, ya que es una de las vías, de las pocas, con que contamos para que el trabajo analítico encuentre un relais, si bien puede no ser difícil no verlo como contradictorio con él.La sublimación es un trabajo sobre el goce que sólo fue definido por Freud como zielgehemmt, esto es, inhibido en su meta (goal) sexual, lo que estrictamente quiere decir que pierde su aptitud para el orgasmo. Pero de ningún modo  quiere decir que no siga manteniendo su naturaleza de goce con su finalidad (aim[21]) sexual, con todas las dificultades para ser tratado que todo goce implica, ni que no suscite, tanto como el goce no inhibido en su objetivo, angustia, inhibiciones y formaciones sintomáticas, más aún, en él también se pueden leer las operaciones lógicas constitutivas del sujeto. Ese goce, como real, provisto por un objeto que es también instrumento, es mucho más atractivo para todo gran artista, al menos el que se bate a muerte con las palabras, con los sonidos o con los colores, que la mera realidad, considerándola algo más gris y secundario que los otros mortales. En general, eso exige una cuota de dolor que los lectores o espectadores pagan para ignorar.Sublimación no significa desexualización, sino, por el contrario, erección de un objeto que al igualar en dignidad a la Cosa (Lacan) provee de un goce que es producido por las palabras que el poeta crea escribiendo, ya que no son, estrictamente, las del lenguaje ordinario, sino que las ha extraído de él para moldearlas nuevamente. Este trabajo es tan peligroso como el del alpinista que burla la muerte escalando picos por la pared más difícil, como el del explorador que desafía tierras nunca recorridas para dejar en ellas, y en la memoria de los hombres, la traza de su paso.
Un artista, probablemente aquí tomemos una posición distinta o adversa a la de Freud, no es quien logra plasmar en la escritura sus propios fantasmas (Der Dichter und das Phantasieren); un artista es quien, en defecto de fantasma, usa la escritura para crear con ella una vía que le permita tener una relación con sus semejantes, que le permita tener un semejante, y al mismo tiempo no ser él mismo. Un gran poeta es su obra. Ella es su paso por el mundo, y por ella se mantuvo en la desesperación de fracasar en decir algo que antes de ser escrito, desconocía.
Hay un trabajo analítico por hacer, que no es primordialmente el de las formaciones del inconsciente, con pacientes que consideran que deben ser únicos, no siendo ese “único” el resultado de una forclusión psicotizante, sino una vía ascendente hacia Un significante del que esperan obtener estatura humana, ya que de no ser esta tentativa desesperada, serían solo desecho. Es sólo el cumplimiento de esa tarea ímproba lo que los devolverá al “uno entre todos” de la sociedad humana, pero redimidos de la falta moral, realmente cometida o que en su fuero íntimo adjudican a uno de sus padres o a los dos por igual.
Quién, si yo gritara, quién me oiría entre las cohortesDe ángeles. Y aunque ello ocurriese y súbitamente uno de ellos
Me estrechara contra su corazón, yo sucumbiría por la fuerza de su presenciaYa que lo Bello no es sino el comienzo de lo Terrible […].[22]
La metáfora de Freud, refiriéndose a estas neurosis como neurosis de guerra, es tanto más profunda cuanto más se acepte que vivir en estado de guerra es un arma contra la precariedad que presidió su punto de partida. Si es cierto que a la pulsión de muerte se la encuentra en el momento de la desintrincación pulsional, en un pequeño cuarteto escrito en francés Rilke nos muestra cómo esta desintrincación fue buscada por él como un instrumento creativo:
Il faut fermer les yeux et renoncer à la boucheRester muet, aveugle, éblouiL'espace tout ébranlé qui nous toucheNe veut de notre être que l'ouïe.[23]
Lo que nos confiesa es su voluntad de perder todos los sentidos en beneficio de uno sólo/solo, ya que el goce de la pulsión aislada es superior al de las pulsiones intrincadas.[24] La escritura, su propia escritura es el instrumento de reintrincación: luego de haber gozado de la creación de metáforas como el don de una sola pulsión que fluye en silencio gracias a la pluma-estilete, cargada de una tinta que reemplaza a la sangre, junta la pulsión invocante con la escópica y con el resto de los sentidos, haciendo posible la vida, sí, pero sólo si su propio juicio crítico la admite como lograda.
También le responde a Freud, en el más allá de la muerte de ambos. La desconfianza en lo perecedero, en la belleza aportada por los sentidos es justificada, totalmente verdadera, pero es también un procedimiento para recrear al Otro como poema. Allí no hay ya otoños que marchiten las flores, las palabras escritas no conocen la primavera, pero tampoco el hielo del invierno, que es la temperatura casi constante del corazón. Es por ello que tantas veces hay una especie de miedo en abandonar el dolor: como si este fuese lo más real, todo alejamiento de él produce inmediatamente un sentimiento de irrealidad.
Sí, pero ese Otro que nace con el poema, desaparece una vez que éste es escrito. Lo que no desparece, por el contrario, es ese uso absolutamente singular de las palabras para decir algo que nadie ha dicho y nadie dirá, esa invención de lo real. A ese precio, la escritura, que viene a reemplazar una palabra que, podemos pensar, nunca o casi fue portadora de decir, es tanto lo que recrea luminoso, enceguecedor, y no el raquítico y perimido del deseo del Otro, como lo que lo clausura, un S1 que pone orden en lo que se dispone como significantes para la vida. Y tal vez una mujer, Baladine Klossowska, madre del futuro gran pintor Balthus y de Pierre Klossowski (autor, entre otros libros, de Sade mon prochain, de textos eróticos famosos, traductor de La Eneida), pueda ser por un tiempo lo que una mujer debe ser para un hombre, al menos un tiempo: Merline, como él la llamaba.
Escuchando a algunos analizantes es difícil decidir si la impresión que nos dejan, no tanto de duelo inconcluso, no tanto de falta de goce en la relación con el otro o de goce mal encaminado, se debe a que ese poco de goce es producto que a las flores del primer espejo, que desaparecen en el segundo, les habría faltado sol, tan faltas y carentes de savia se nos esbozan en lo que queda como opaco murmullo de fondo de las palabras dichas, o si finalmente es eso también una ilusión óptica retrospectiva. Sin embargo, la pregunta queda en pie: ¿cómo hacer el duelo de lo que no fue? El trabajo de Rilke – escribir para recrear el sentido de una lengua que sin ese trabajo estaría perdido para sí como ser hablante – nos guía por un camino extraño aunque gemelo del analítico: cuando el deseo del Otro sólo ha existido por intermitencias contradictorias, para erigir fálicamente el cuerpo y su semejante, introduciendo al mismo tiempo la falta que lo mantiene y lo conecta con su reserva libidinal, el trabajo se hace erigiendo con la palabra escrita una lengua que se vuelve a inventar, a veces infinitamente. Para arrancarle una gracia eficaz como obra propia. La «infancia» de la que nos habla el poeta no es solamente la de un período de la vida, el del desamparo, sino la capacidad reencontrada para recibir de la lengua palabras que no significan casi nada y devolverlas escritas con un cifrado que las vuelve para siempre nuevas, imposibles de ser gastadas. Como si nos enseñara que no sólo el bien decir, sino decir, simplemente, pasa por una letra que no estaba escrita. Ese real tampoco existía previamente, de allí que cuando sucede, el poeta alcanza y ocupa para su época y para la historia el lugar imposible de sujeto de la lengua.
Resultado de imagen para narcissus god



[1] Freud, que siempre elegía cuidadosamente las raíces verbales de los términos que elevaba a significantes de su enseñanza, no lo hizo menos aquí, donde “exigencia” o “reivindicación” se dicen con un término, Spruch,  participio arcaico del verbo sprechen, hablar, y que significa: juicio, dicho dirigido a algo o a alguien pero indeterminado: An. En la elección de ese vocablo muestra que liga la pulsión al lenguaje (no a la palabra) y le da una dirección.
[2] Más adelante propondremos otra traducción para lo que quedó confuso entre la frustración de objeto, estructural, y la del amor, rasgo clínico que debemos volver a fundar sobre otras bases.
[3] Er erkrankte also an einer narzisstischen "Versagung“. Freud, Studienausgabe, Band VIII, 228.
[4] Ines Rieder et Diana Voigt, "Sidonie Csillag", EPEL, Paris, 2003.
[5] Discutir de modo pormenorizado el diagnóstico del Hombre de los lobos está fuera del alcance de este trabajo.
[6] Sigmund Freud, GW, tomo XII, Werke aus den Jahren 1917-1920, págs. 323-324, Fischer Verlag, 1999. Résultats, Idées, problemes, I, 1880-1920, PUF, Paris, 1984.
[7] Jacques Lacan, Le Séminaire, livre IV, pág. 415 (traducción HY).

[8] En la medida en que, en un nudo, la condición borromeica analítica y no simplemente nodal, establecida por Lacan, es que la cuerda de lo imaginario pase por encima de la de lo real en sus dos cruces. Aquí Lacan plantea un axioma implícito: lo imaginario es velo y represor de lo real, si y sólo si se cumple a su vez que lo simbólico pase por encima de lo imaginario, haciéndole perder su goce.
[9] Pura Cancina plantea esta posibilidad en su libro "El dolor de existir, la melancolía", Letra Viva, Buenos Aires, 2012.
[10] Lacan define al goce fálico como parasitario (seminario del 15 de diciembre de 1976), en el sentido en que vive del cuerpo mortificándolo, sin que nada pueda hacerse para desprenderse de él. Pero es gracias a ese parásito que hay sujeto del inconsciente.
[11] Lacan define al goce opaco como el que excluye el sentido, esto es, como puro real. Es goce del síntoma en su sentido amplio, que incluye la inhibición.  Joyce le symptôme, Autres Écrits, Le Seuil, pág. 570.
[12] Studienausgabe, Band X, Bildende Kunst und Literatur, págs. 223-227, Fischer Verlag, 1982. Résultats, Idées, Problèmes, I, PUF, Paris, 1984.
[13] A pesar de que el « joven poeta » debía tener en esa época algo más de cuarenta años. Al mismo tiempo ocultar la identidad de Lou Andreas masculinizando su amistad suena a interpretación no querida. Válida tanto para Lou, como para Freud…
[14] R.M.Rilke, Œuvres 2, Poésie, Le Seuil, Paris, 1972.
[15] Lass dir, daß Kindheit war, diese namenlose
Treue der Himmlischen, nicht widerrufen vom Schicksal,
selbst den Gefangenen noch, der finster im Kerker verdirbt,
hat sie heimlich versorgt bis ans Ende. Denn zeitlos
hält sie das Herz. Selbst den Kranken,
wenn er starrt und versteht, und schon gibt ihm das Zimmer nicht mehr
Antwort, weil es ein heilbares ist —, heilbar
liegen seine Dinge um ihn, die fiebernden, mit-krank,
aber noch heilbar, um den Verlorenen —: ihm selbst
fruchtet die Kindheit. Reinlich
in der verfallnen Natur hält sie ihr herzliches Beet.

Nicht, daß sie harmlos sei. Der behübschende Irrtum,
der sie verschürzt und berüscht, hat nur vergänglich getäuscht.
Nicht ist sie sichrer als wir und niemals geschonter;
keiner der Göttlichen wiegt ihr Gewicht auf. Schutzlos
ist sie wie wir, wie Tiere im Winter, schutzlos.
Schutzloser: denn sie erkennt die Verstecke nicht. Schutzlos,
so als wäre sie selber das Drohende. Schutzlos
wie ein Brand, wie ein Ries', wie ein Gift, wie was umgeht
nachts, im verdächtigen Haus, bei verriegelter Tür.

Denn wer begriffe nicht, daß die Hände der Hütung
lügen, die schützenden —, selber gefährdet. Wer darf denn?
Rilke, Letzte Gedichte.

[16] Traducción parcial HY.
[17] Seminario “Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis”, Le Seuil, Paris, 1973.
[18]  Lacan juega con la raíz del aoristo segundo del verbo lanthano, ocultar, olvidar.
[19] Incorporación del agujero central, el del deseo, del toro del Otro en el del sujeto, como “alma” de este. Seminario "L'Insu que sait de l'une-bévue...“, tres primeras clases.
[20] Nur wer mit Toten vom Mohn/aß, von dem ihren,/wird nicht den leisesten Ton/wieder verlieren“. R.M. Rilke, Sonnets à Orphée, édition bilingue, Seuil, 1974. (No seguimos la traducción al francés de Armel Guerne. Sí, en cambio, cotejamos la nuestra con el fragmento que nos brinda Philippe Jaccottet en su "Rilke", Seuil, 2006)
[21] “To aim” en inglés es ‘apuntar’, un arma, o en sentido absoluto.
[22] Rilke, Les Élégies de Duino, Première Élégie, Le Seuil, édition bilingue, Paris, 1972 (traducimos siguiendo a Ph. Jaccottet).
Wer wenn ich schriee, hörte mich denn aus der Engel/Ordnungen? und gesetzt selbst, es nähme/einer mich plötzlich ans Herz: ich verginge von seinem/ stärkeren Dasein. Denn das Schöne ist nichts/ als der Schrecklichen Anfang […].
[23] R.M.Rilke, Œuvres, II. Paris, Le Seuil, p. 42.
[24] Trabajamos esta búsqueda de ser único y la desintrincación pulsional que inevitablemente conlleva, en el último capítulo de nuestro libro “Du Père à la lettre”, Erès, Toulouse, 2003.
Share this article :

Publicar un comentario

 
Letras Opacas.org | |
Copyright © 2011. DIARIO LITERARIO DIGITAL - All Rights Reserved
LETRAS OPACAS (Diario Digital Literario) .Argentina
Proudly powered by Blogger
Conseguir la ú…e Flash Player Blogger {{Usuario escritura-4}}width=device-width, initial-scale=1.