Efectos ante un nuevo aumento de las tasas del FED (Filosofía económica) | DIARIO LITERARIO DIGITAL

Efectos ante un nuevo aumento de las tasas del FED (Filosofía económica)

miércoles, 19 de octubre de 2016 0 comentarios




¿Puede mi experiencia seguir siendo un consejero fiable cuando cada nueva dación me ha mostrado una nueva fenomenología?. Los cambios de paradigmas son un hueso duro de roer, especialmente para los argentinos.



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Escrito por Lic Ramón D. Peralta 



Exclusivo para Diario Literario Digital





¿Qué efectos tendría un aumento de las tasas de referencia del FED (Reserva Federal de Estados Unidos)?


Tal lo prometido, intentaré explicar desde la diánoia aquellos algoritmos que, en mi opinión, resultan los más relevantes, so nodriza de factores subordinados que en conjunto habrán de provocar cambios de posiciones, rumbos, velocidades y noesis (tanto para la economía real como para el mercado de capitales de nuestro país).


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Siento que fue ayer, cuando estudiábamos que las crisis cíclicas en tanto lo económico se daban a raíz de aquellas pugnas geopolíticas que provocaban a la OPEP a recortar premeditadamente su producción de petroleo, escamoteando tal importante recurso del alcance de EE.UU., y en general del mundo occidental.  Hoy al parecer, todo funciona al revés, muchos deseamos que el crudo aumente su cotización en la creencia de que así se restaura la armonía económica del mundo... (?) 

¿Dónde fue que doblamos en U para avanzar en sentido contrario?, si protagonizamos semejante cambio ¿Por qué seguimos explicando esos fenómenos con las mismas coartadas empiristas?. En estos últimos 30 años, cada crisis ha tenido raíces inteligibles, pero con consecuencias distintas, incluso paradójicas.        

La memoria es condena y salvación, nos angustia y resguarda en una misma enajenación, nos invita a ver los movimientos del presente con la mente abierta a ese presente, en simultáneo nos condiciona con lecturas realizadas sobre nuestras memorias (hechas en base nuestro sempiterno proyecto yoista de fuga en la negación, nuestra experiencia). 
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El cogito cartesiano ratifica así su condición de "castigo divino" ¿Puede mi experiencia seguir siendo un consejero fiable cuando cada nueva dación me ha mostrado una nueva fenomenología?. Los cambios de paradigmas son un hueso duro de roer, especialmente para los argentinos.

Tal como os anticipé (hace un tiempo atrás) nuestros bonos soberanos de mediano y largo plazo, fueron los primeros en reaccionar ante la inminencia del ajuste de tasas (FED) mediante bajas en sus valores implícitos, lo que también representa un aumento en sus tasas de retorno. Aunque como informé en el trabajo anterior, esto no es tan simple (porque no hay un factor, sino una combinación de ellos).


Muchos profesionales mediáticos que trabajan como operadores bursátiles, (desde su caracterizador "phatos") han puesto a nuestros bonos dolarizados bajo la protección de la generalización. Es decir, bajan nuestros bonos porque es algo normal para el resto de las emergentes. Pero según lo que observo, no es así, no vemos un habeas corpus para la Argentina, so hay un problema específico que desde lo particular nos coloca en una situación distinta a Brasil, Chile, Perú y en general a toda la región. 

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ANTECEDENTES QUE NO NOS SIRVEN

Década de los 90


En el ciclo de "tightening" o endurecimiento monetario de 1994 a 1995, la tasa de la Fed pasó de 3,5% a niveles del 6%, un avance del 70%. Sin embargo el dólar no aumentó su valor si no que declinó un 12% contra el resto de las monedas fuertes. 


Las materias primas mostraron comportamientos erráticos y dispersos, no obstante mediante el índice Bloomberg de Commodities podemos resumirlos en un avance promedio del 10%, mientras que el Dow Jones como el Standard and Poor´s 500 manifestaron aumentos del 14% y 12% respectivamente. Esto provocó que se establezcan apócrifos "patrones lógicos" que ataron (mediante una relación de pendiente invertida) al Indice Dolar con las Commodities (especialmente con el Petroleo)



Entre 1999 y 2000 la FED elevó la tasa desde el 5% hasta 6,50%, lo que supuso un avance del 30%. En esta oportunidad el dólar se apreció un 4% respecto de las otras cinco monedas fuertes que integran el índice dolar. En un principio, los mercados reaccionaron quitándole volumen a los futuros de commodities, aunque eso no duró más que algunos días. Esa suba del dólar finalmente no se trasladó como se esperaba a los precios  de las materias primas. Sin embargo, la creencia de que la relación dolar-crudo seguía estando invertida se mantuvo impávida (cosa que podrán advertir leyendo El Cronista o Ambito, entre otros). 



En dicha ocasión el Bloomberg Commodities Index subió un 27%. En simultáneo los índices bursátiles latinoamericanos en dólares obtuvieron interesantes ganancias, tal el caso del Bovespa, que logró una suba del 40%, mientras que el IPC de México y el IPSA de Chile aumentaron un 14%. El Merval por su lado, ensimismado y en apariencia aislado del mundo (como de costumbre) pareció no enterarse de nada.    



Desde lo monetario, la suba de tasas de marras apenas impactó en las monedas latinoamericanas. Los sucesos devaluatorios fueron acotados (de entre 3 y 5%). Argentina, también como ya es usual, seguía a contramano de la vida con su recordado "Plan de Convertibilidad", ergo seguíamos con la relación Un dolar = Un peso (sin importarnos lo que aconteciera en  el resto del cosmos).  



Para el sector de renta variable del primer mundo, tampoco podemos advertir fenómenos que hayan salido de eso que denominamos "normalidad". El Dow Jones y en el Standard and Poor´s 500 mostraron oscilaciones (sube y baja) que en promedio anduvieron entre el 5 y el 6 (%). Hoy esto nos parecería la panacea (en medio de tal desquiciante volatilidad) 

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Primera década del siglo XXI





Acá el paradigma ya había comenzado su proceso de metamorfosis, algo que obviamente ni siquiera fue advertido por Alan Greenspang (presidente del FED de aquel entonces). Este "genio" de las finanzas, en plena cúspide de la Burbuja Inmobiliaria (subprime) decide llevar la tasa del 1,25 al  5,25 (%), ergo un incremento del 320%. Ya todos saben lo que pasó después de ello: el negocio considerado culturalmente como el más "conservador y seguro" de Estados Unidos (los ladrillos) voló por los aires. Los impactos monetarios, cambiarios, financieros, patrimoniales y económicos aún están frescos, por ende, me eximiré de la perogrullada.  





En lo personal, me llamó mucho la atención que en ese mismo período, mientras que el primer mundo se debatía entre colapsos y más colapsos, los indicadores de renta variable (acciones) de América latina no dejaban de subir (gratificando a aquellos que no se asustaron con ingentes cantidades de beneficios en dólares).


El índice Bovespa de Brasil fue el más beneficiado con alzas del 147%. El IPC de México y el IPSA de Chile ganaron cerca de un 90% mientras que el Merval sumó un 73% en dólares entre 2004 y 2006. 



De más está recordarles el éxtasis que vivieron las commodities que nos caracterizan como destacado productor de granos, carne y alimentos, particularmente la soja. Por otro lado, el Bloomberg Commodities Index registró alzas del orden del 20%. El que mayor avance mostró fue el petróleo que trepó hasta el 100% pasando de 37 a 74 dólares por barril (WTI). El oro, por su parte avanzó un 55% pasando de 394 dólares a 612 dólares. Esto se dio gracias a que el dólar si bien subió al principio, se ajustó rápidamente para finalmente quedar en valores de neutralidad. 


En el año 2005, Argentina realizó su primer Megacanje de Deuda, y en el 2010 el segundo, para permanecer en default selectivo (luego del adverso fallo del Juez Griesa) hasta algunos meses atrás (acuerdo con los holdouts). Es decir, estuvimos al margen del mundo por motus propio, por impericia, por accidentología o por lo que sea... por varios años.


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Año 2015. Última suba de tasas


A mediados de diciembre del 2015, la FED dictaminó la última suba de tasas de referencia. Apenas 14 minutos después del anuncio de la Fed, el banco Wells Fargo, uno de los mayores en Estados Unidos, anunciaba que también elevaba ligeramente el costo de sus créditos comerciales (sólo fue el primero). Y aunque la suba de tasa fue (o pareció) ínfima, bastó para aumentar la fuga de capitales de las naciones emergentes hacia ese país, más que buscando mayor rentabilidad, buscando menor riesgo en el largo plazo.


Lo que sin duda provocó, fue la ya mencionada volatilidad de los pipos en los índices monetarios, especialmente en el índice dolar, quien se encuentra en valores récords. El soporte 1,09 dolar por euro, ya no parece tan sólido y ni hablar de la libra esterlina quién está en valores próximos al euro. La fortaleza del dólar, se ha tornado en un tropo preocupante, máxime si tomamos en cuenta que estos últimos meses, ha subido el crudo en simultáneo que subía el dolar.   







ANÁLISIS DEL PRESENTE 



A diferencia de los antecedentes enunciados, nunca antes la FED adelantó tanto sus decisiones como en ésta oportunidad. Con seguridad es el aumento de tasas más "charlado" y anticipado de la historia económica. Y si bien los indicadores de la economía estadounidense (muchos de ellos claramente manipulados), siguen siendo paupérrimos; los amagues parecen haber llegado a su fin: habrá aumento de tasas para diciembre de éste año.... (¿habrá?)


Uno de los grandes dilemas se da ante la evidencia de que aún con tasas cercana al cero o incluso negativas, no hay demanda de dinero porque tampoco se logra recomponer la demanda agregada (en el primer mundo). Porque para que el aumento de la oferta monetaria tenga efecto es necesario que haya gente que demande ese dinero, cosa que no sucede. Si con un crédito virtualmente con costo cero no hay reacción alguna, es porque el problema es mucho más serio del que imaginábamos.  



Ya nadie duda que lo político hoy tiende a ser preeminente por sobre lo demás, razón por lo cual ante las recientes encuestas que dan como favorita a Hilary Clinton, nos hemos desentendido de ese "peligro" (denominado Donald Trump) para abocarnos de lleno al otro cuco: el aumento de tasas del FED.


En lo personal, no sería tan optimista, las encuestas han demostrado su condición de posibilidad en varias ocasiones, so no es prudente dar como un hecho la "no irrupción" de Trump en la presidencia de EE.UU. Algo que no sabemos muy bien qué significa desde lo económico (más allá de los prejuicios nacidos a la palestra de lo histrionizado)   



Muchos economistas han manifestado cierto desprecio o indiferencia a una suba de tasas que se augura como "modesta".  Actualmente, la FED aplica un intervalo de porcentajes de entre 0,25% a 0,50%, y el aumento esperado (con mayor consenso) sería de otros 25 pibs. Es decir, se iría al intervalo: 0,50 al 0,75 (%). El aumento parece inocente, pero matemáticamente se trata de un aumento del 100 % sobre el interés básico, o bien 0,25 x 2 = 0,50. En definitiva, no se trata de un aumento menor, todo lo contrario es un gran aumento (el segundo más alto luego del que propiciara la crisis de la subprime)


Máxime si tomamos en cuenta que hoy los rendimientos del primer mundo trabajan (en la mayoría de los casos) con tasas negativas. Siendo la deflación en tanto caída de los precios de los productos de consumo masivo (y otros) quienes argumentan por qué las tasas negativas siguen siendo de preferencia a otras alternativas más riesgosas. Algo que acá tampoco podemos entender, por ende nos preguntamos ¿Por qué los europeos o los japoneses no invierten en Argentina, donde ofrecemos tan generosos retornos?... y he aquí la explicación: 


Si bien hay tasas negativas en el primer mundo, también hay deflación o baja del valor relativo de la cesta de los productos y servicios más caracterizadores de dichos países y sus pueblos. Pueden darse el lujo de perder un 0,15 a un 0,40 % a 10 años, en la esperanza de que (dentro de 10 años) podrán comprar con ese dinero lo mismo que ahora o incluso más. 


He aquí el principal nodo del monetarismo: los Principios de Correspondencia (teoría de conjuntos) entre valor y precio (biyectabilidad y sobreyectibilidad). 


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EXÓTICA FENOMENOLOGÍA MONETARIA



A diferencia del pasado, los mercados de capitales han aumentado tanto su volumen de dinero nocional en operaciones, que no sólo hicieron aumentar la cantidad de productos bursátiles, sino que además produjeron un ceñimiento en la especialización de cada uno de ellos. Es decir que, la impronta especulativa no sólo goza de vida propia, sino que además posee un cierto rango de autonomía (para con los clásicos designios de la economía real). 



Antes no había un manifiesto apartamiento de los índices de monedas respecto del TCR (tipo o tasa de cambio real) ni de éste con la realidad. Hoy tanto "toros" como "osos" mediante la utilización de operaciones con velas muy cortas (inferiores a los 5 minutos) denominadas "scalping", o algo más largos "sweet trading", (etc), apuestan a la baja o la suba de determinado índice o todos ellos, provocando que suban o bajen, independientemente de los argumentos de la economía real (que en otrora explicaban los porqué de sus valores relativos de referencia). Sumado a fenómenos que son aún más peligrosos, como las denominadas "negociaciones de alta frecuencia" y el rol de trader que juegan en simultáneo las empresas de la economía real (que imposibilitadas de sumar más ganancias en sus segmentos, apelan a los fuertes dividendos que arrojan los mercados de capitales en base a derivados financieros)



Los principales bancos centrales del primer mundo: EE.UU, Inglaterra, la Comumidad Económica Europea, Canadá, Japón y Australia acordaron luego de la Crisis de las Subprime, un régimen de compensaciones "automática" que asegura la provisión de "divisas" ante los fuertes movimientos monetarios y cambiarios. Esto nos habla que el sistema trabaja sobre la consigna de políticas monetarias expansivas e irrestrictas (por ahora). Los bancos se ayudan entre sí, pero no pueden evitar las distorsiones de los valores de referencia ante los constantes ataques especulativos de los mercados, y mucho menos de aquel fenómeno que denominamos "Flash Crash".       




Esa especialización produjo que se rompiera todo tipo de vinculo ortodoxo entre las principales variables macro dentro del ámbito de los países desarrollados. En Argentina es raro encontrar profesionales que entiendan cómo se comportan estos fenómenos y más propiamente el tipo de campo funcional que los rige, y eso es así, porque ni los propios europeos y yankees lo entienden acabadamente. Se trata de una tecnología financiera tan compleja, sofisticada y peligrosa que en rigor se manejan como si fueran "secretos militares" de máximo grado de reserva y confidencialidad (Top Secret).   



Algo que en Argentina conocimos con los contratos firmados entre Chevrón e YPF, y en general, con toda la ingeniería financiera usada en el sector petrolero y energético para la actualidad. Esos contratos de abastecimiento a término, se inscriben dentro de la familia de los "Forward" de muy largo plazo (VPP, PPA, etc) y pertenecen a un mundo marginal respecto de los mercados concentradores y de arbitraje (Bolsas clásicas)  llamados "Over The Counter" (OTC). 

Oscuro mundo en donde (realmente) se tejen los precios y negocios de la economía real, las entregas físicas a futuro; so los que distorsionan señales y crean burbujas de producción cuya contracara: son los déficits de demanda estructural (de muy difícil solución). Ya que es virtualmente imposible calcularlos (al carecer de información pública y fidedigna) nos resulta inasible dimensionar y mesurar el verdadero numeral de la economía global, ya que en rigor, se estima que más del 65 % de los estructurados financieros del planeta se mueven en esos OTC (por ahora).     

Y si bien las leyes Dodd-Franck están haciendo el intento de ponerle coto a semejante locura, poco se ha avanzado en concreto. Cuando esos forwards o futuros delivery se pactan con precios distorsionados (ante falsas señales) bajo un régimen de renta fija, estimula la oferta de crédito al sector productivo ergo resulta en un aumento desmedido de las unidades de producción agregada por sobre la demanda agregada. Entonces no es lo mismo hablar de exceso de producción, que de exceso de capacidad de producción (problema que es mucho más grave, por ser estructural). Esto nos habla de una capacidad ociosa que puede durar varios años en compensarse, por ende, hace del exceso de oferta algo duradero y proyectivo. 

Como nadie regula la creación de dinero vía reserva fraccionaria, ni el apalancamiento en el vacío (sobre esos activos subyacentes),  ni el crecimiento del crédito; inferimos que vivimos en una excedencia que tiende a saturarse, ya que, por cada algoritmo que se deja en el tachado se crean  10 nuevos algoritmos inscritos dentro de esa neurótica expansión del crédito, haciendo que la demanda quede cada vez más rezagada.  

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¿POR QUÉ TASAS NEGATIVAS EN EL PRIMER MUNDO? ¿POR QUÉ ES TAN PELIGROSO ÉSTE ESCENARIO?   


La situación actual de la economía mundial es tan extraña que incluso ha derogado aquello que conocemos como el "Teorema o Condición de Marshall-Lerner" quien establece que: "si asumimos la generación de la devaluación de una divisa para que ésta tenga un impacto positivo en la balanza comercial, la suma de las elasticidades de precios de las importaciones y las exportaciones ha de ser en valor absoluto superior a 1." 



Obviamente que para cualquier matemático de raza, éste teorema sabe más a "enunciado esotérico o parapsicológico" que a eidética . Sin embargo fue útil duramente mucho tiempo para que el profano componga la idea de "correspondencia" entre las punción catalizadora, ecualizadora y de pegamento que en tanto memoria posee el dinero en su función de interralacionador en el intercambio ergo se erige en el lenguaje modelador y universalista de la unidad de medida y unidad de cuenta que vincula la cosa con el Sujeto en su pase a la alteridad y el Otro.  



Hoy en el primer mundo las personas más conservadoras colocan sus ahorros en bonos de deuda soberana de largo plazo pautando una TIR (retorno) de tasa negativa. Acá nos parece una "realidad" propio de las Crónicas de Narnia, acostumbrados a que todo es inflación y escalera al cielo. 



Pero desde lo matemático tiene lógica, si pierdo entre un - 0,10 a un - 0,40 % a 10 años (o más) y hay una marcada tendencia deflacionaria del 1,1 % anual acumulado, al cabo de esos diez años habré de comprar más cosas que ahora, habré estado dentro del sistema, no habré evadido al fisco y podré usar ese dinero el día de mañana con total tranquilidad. 



En Argentina, adquirimos bonos dolarizados, por ejemplo el Bonar 24, cuyo rendimiento actual es del 5,4 % con un valor implícito de mercado de USD 119,50 (bajando)... Ahora supongamos que usted invierte USD 100.000,00 en esos bonos con "excelente rendimiento" (comparado con los pobres europeos y japoneses), entonces pregunto ¿Quién está seguro acerca de la cantidad de cosas que podrá comprar cuando venda esos Bonar 24 llegado el vencimiento?...



Para que no se complique, trate de recordar cuánto compraba hace 8 años atrás con USD 100.000 y cuánto compra hoy en Argentina con esos mismos dolares.  ¿Cuánto compró el año pasado con USD 100,00 y cuánto puede comprar hoy?. Para quienes peinan canas ¿Cuánto les costó la casa o el departamento en dolares hace 10, 15 o 20 años atrás y cuánto vale ahora?



¿Van entendiendo ahora la idea?.... esa tasa negativa acorde el rumbo económico de uno y otro país (en tanto bienes no transables), hace que desde lo proyectivo sea más negocio para un europeo quedarse en bonos soberanos de Alemania (aún con tasa negativa) que para un argentino residente quedarse con un bono soberano (del tipo AY24) con una tasa nominal superior al 8 % anual en dolares. 



Allá dentro de 10 años, es muy probable que adquieran más cosas que ahora (con ese título con tasa negativa), sería raro que un argentino logre hacer lo mismo con un AY24 y sus "apetitosas" tasas positivas, independiente del riesgo inmanente e identitario de un país acostumbrado de defaultear sus obligaciones ergo estafar a sus ahorristas. 



Cuando no tenemos inflación en moneda nacional, la tenemos en dolares, y a ese fenómeno se le denomina "Paradoja de la Falsificación de Señales", aquella que nos muestra un simulacro de crecimiento del PBI en dolares, cuando en realidad lo que hay es distorsión de la Tasa de Cambio Real. Cosa que ya estamos viendo y que veremos con más claridad en los próximos años y que acá siempre bautizamos como "recuperación o crecimiento de la economía" (sin serlo en el lato). Los fenómenos o más propiamente el lenguaje monetario, no describe por si mismo crecimiento o desarrollo económico cuando no respeta los "Principios de Correspondencia", corpus que pertenece al ámbito de las matemáticas. 


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CONCLUSIONES NO CONCLUYENTES    



En medio es éste escenario, la Reserva Federal de EE.UU. cree que aumentando las tasas de referencia se constituye una suerte de previsión y provisión ante un "canónico" recalentamiento de la economía dado una desmedida expansión monetario (QE1, QE2, QE a la n..., etc), a prima facie fruto del salvataje (crisis 2008/2009) y luego, fruto de una dinámica inercial "imposible" de frenar, en cuanto ninguna corporación se resigna a matar esa "gallina de los huevos de oro". 



Desde lo matemático, que la FED aumente las tasas, las deje como están o que incluso las baje, no provocará cambio de fondo alguno en la actual arquitectura de la economía real del mundo, ninguna. Porque mientras no se restablezca vitalidad en la demanda o consumo, o más propiamente, no se encauce el deseo en tanto consumo; todo intento por estimular la economía real mediante la estimulación del crédito (que se inyecta vía inversión al sector productivo) seguirá generando un efecto nulo, una cierta perpetuación de la oquedad.   



Lo que si ocasionará es un mayor aumento y velocidad de movimiento del volumen de derivados financieros que se "comercializan" en el ámbito de los mercados de capitales, provocando migraciones de un lugar a otro y no necesariamente me refiero a países. Los bonos argentinos bajaran sus valores implícitos y eso hará subir el costo del dinero para financiarnos (arrastrando el riesgo país a un terreno desfavorable). 

Pero tampoco es algo que durará demasiado, porque una vez que pase el momentum (o lapso irruptivo o de exageración), nuestros bonos gradualmente tenderán a recobrar su sendero precedente. El dolar estadounidense será llevado a su valor de TCR de "equilibrio" por los grandes jugadores del mercado (flash crash), condicionados por la ausencia de productividad y competitividad (que obviamente también será momentánea). 

En síntesis estamos ante la presencia de un "pánico bursátil" propiciado por el mismo sistema, quien ya se acostumbró a maximizar sus ganancias con estos avatares y berrinches (tele-dirigidos). El primer mundo lo vivirá en el mediano plazo como una anécdota más. Para las emergentes, tampoco habrá uniformidad de consecuencias, siendo Argentina uno de los más afectados. 

Porque a diferencia de los demás países de la región, tenemos en estos momentos una moneda doméstica que se sigue apreciando exageradamente (y a un ritmo asombroso) por sobre un dolar estadounidense que ya está sobrevaluado respecto al resto de las monedas duras del mundo. En otra circunstancia nos haría pensar que nuestras exportaciones están en riesgo. 

Hoy eso no es un gran dilema, porque el problema de las exportaciones se seguirá dando independientemente de estos fenómenos monetarios, por la simple razón de que el problema de la demanda/consumo es de tipo global y estructural. Eso explica esta suerte de exótica pandemia de "New Deal", donde todos los países del mundo serán cada vez más proteccionistas (que de hecho ya lo son). 

Con inversión extranjera directa o sin ella, no podremos exportar mucho más de lo que ya estamos exportando. Lo que sí aumentará es nuestro déficit fiscal, ya que, el aumento de commodities como el petroleo y gas, auguran una mayor erogación para nuestra principal fuente de importación: la energía. También se demorarán los estructurados financieros que se hacen en los mercados de capitales inherentes a las licitaciones de obras públicas, infraestructura y energía (también serán más onerosos). 

Para nosotros se trata de un encarecimiento del crédito, también de un aumento del deterioro fiscal, de mayor pérdida de competitividad (productividad nunca tuvimos), pero también se trata de que Argentina deje de estar entre las preferencias bursátiles ante una manifiesta aversión al riesgo crediticio, que sin duda será opacado momentáneamente por el aumento del 100 % en los rendimientos de los activos de EE.UU, luego del primer mundo. ¿Cómo afectará la decisión de los argentinos que están en pleno proceso de blanqueo a ingresar finalmente ese dinero a nuestro país?.... se eleva en un interesante interrogante que dejaré para más adelante (sea la evidencia quién se encargue de responderla). 

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