Economía vs mercados: sistemas diferentes con la misma topología (Filosofía Matemática) | DIARIO LITERARIO DIGITAL

Economía vs mercados: sistemas diferentes con la misma topología (Filosofía Matemática)

miércoles, 12 de octubre de 2016 0 comentarios

La economía es aquel saber inútil empeñado en explicar problemas que ya eran evidentes en el pasado, exponiendo para su atención, las mismas boutades que se diluyen (siempre) por detrás de esa pasión estéril...



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Serie de Ensayos: Subteoría de la Inflación 

Capítulo anterior: Teorema del Trader

Escrito por Ramón Diego Peralta

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PARTE II


ECONOMÍA REAL Y MERCADOS DE CAPITALES, SISTEMAS DISTINTOS QUE COMPARTEN LA MISMA TOPOLOGÍA

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En el capítulo anterior: Teorema del Trader, dijimos que a diferencia del "mercado de capitales", la economía real se comporta como un sistema abierto, lo que no implica necesariamente esté contenido por una topología distinta ¿o si lo está?... 


Para lisar el lenguaje, anticipo que utilizaré el verbo "Jugar" en lugar de "Operar", aunque muchos Traders se sientan ofendidos, ya que, suponen que al disponer de "método" se deja de jugar, para pasar a ser "operadores", por ende, se asumen como profesionales. Seguro son profesionales si cobran por gestionar un activo de terceros, pero que se arroguen el disponer de "método" es algo que pondré bajo el prisma focal de la duda filosófica.   

Para la topología, un cuadrado, un triángulo o un círculo no son cosas diferentes, al igual que el cuerpo de un hombre resulta ser lo mismo que el de una mujer. Son formas cuyos límites pueden ser modificados sin que se alteren o rompan esos límites. De entrada nos haremos la siguiente pregunta ¿Puede una cosa ser transformada en otra cosa cuando está y no está contenida por ella?.


El pase del mundo cerrado de la lógica (o cosmovisión) aristotélica a las inquietantes "teorías de un universo infinito" ergo teoría del conjunto abierto, devino en una transformación fundamental de las bases metafísicas sobre las cuales se posan la matemática pura y la física actual. En rigor, el comportamiento covalente implícito en el verbo, luego la compra-venta entre sujetos, nos invita a pensar en una economía real donde sus reducciones fenoménicas (micro escandida de la macro) son difícil de resolver en la disolución en tanto teoría de conjuntos. Irreductible paradoja que nos propone un sistema siempre abierto que está metido dentro de una unidad totalizadora en tanto números transfinitos o infinitos.



En otras palabras, decimos que la economía real se nos aparece invariante en cuanto conjunto que no se contiene a si mismo en simultáneo que se contiene a si mismo, ergo forma parte de si mismo y no forma parte de si mismo. Visto de otro modo se trata de un modelo no modelizable cuyo sistema jamás se cierra en la definición, a pesar (y asimismo a raíz de ello) que ocupe una misma topología en permanente expansión.    



Es decir, un sistema que nos impide generar axiomas y tautologías "duraderas" (valga la ironía) en pos de alinear el descubrimiento de esos patrones que se pretenden lógicos en consonancia con aquellos que se evidencian como aleatorios e impredecibles. La economía moderna creyó que la ambición (o codicia) humana por el dinero, bastaba para jerarquizarlo como apodíctico en tanto teoría de las decisiones "racionales", y así fue como, sin mayor requisito que la mera sospecha (o deseo) nos sumergimos en un fideísmo subliminal, ingenuo, torpe, y como tal, peligroso, ineficaz y dañino. 

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Visto de otro modo, los pensadores más serios de la actualidad, ya no dudan acerca de que las relaciones económicas primigenias, aquellas llevadas adelante por lo primitivo, instintivo e intuitivo estaban basados en lo que hoy se denomina "economía de regalo" o "relaciones del don y contradon". Porque es algo que podemos probar aún en el presente, donde el padre, pero especialmente la madre, es capaz del desprendimiento en pos de preservar con vida a su hijo (sin esperar nada a cambio). 



Hay cosas que aún existen y que probablemente nunca desaparecerán, el instinto de supervivencia, la pulsión de vida y muerte; esa noción absoluta, inconsciente e involuntaria de Especie (valga el oxímoron). Tengo 4 hijos adultos, y confieso que cuando eran niños, no recuerdo haber especulado (si me devolverían todo el dinero invertido en ellos). Hoy tampoco lo hago, son mis hijos, soy parte de ellos y son parte de mi. La formación dogmática y su lenguaje canónico, nunca lograron (a pesar de su violencia y crueldad) atribuirle la heráldica de "natural" a una Economía del Ser completamente deshumanizada. Porque la vida no sólo es una aventura individual, es también una aventura colectiva, universalista y totalizadora.


El Dr Eric Berne, padre del Análisis Transaccional  define los Estados del Yo: "como sistemas coherentes de pensamiento y sentimiento manifestados por los patrones de conducta correspondientes; son los componentes de la personalidad y pueden clasificarse en tres tipos llamados Adulto, Padre y Niño". En otras palabras (o las mismas) cada Ser humano cotidianamente puede colocarse en un lugar u otro, variando su modo de sentir, pensar y actuar (según el estado del yo en que se encuentre). Y aunque no es una disciplina del todo asequible (para mi), el A. Transaccional no hace más que ratificar los límites de un racionalismo que se cree (en Economía) es  del tipo plenipotenciario, omnisciente y omnímodo. 



Por ende, en esa ley de oferta y demanda con sus avatares motorizadores (interés "racional" por el dinero), ninguna de sus unidades sociales originales se hallan regidas por estímulos especulativos o condicionantes categóricos. Son miles de millones de familias, en cuyo interior rigen "leyes irracionales" (evidentemente el mundo está  lleno de malos "economistas y comerciantes").   



Para un programa de cálculo por elementos finitos, sería imposible encontrar una matriz matemática que pruebe una completa desvinculación de las leyes que rigen a cada parte constitutiva del conjunto con el todo ¿Cómo puede establecerse una teoría de la decisión económica eficiente, cuando se ignora que cuando compro algo para mi hijo pienso en tanto lo que simboliza mi hijo y su circunstancia, y no en el precio, la escasez o en otros "postulados hermenéuticos"?. Lo cual explica en gran medida por qué los argentinos seguimos sin entender aquellas esencias que generan eso que denominamos "inflación".         


La historia de la matemática, nos dice que las primeras nociones sobre Topología, son justamente aquellas que nos aproximan a la idea de "límite" y por consiguiente al de "completitud". El primer concepto de límite y asimismo el de integral se establece en el Método de Exhaución de Arquímedes. No como absoluto, pero si como ideografía de un horizonte eidético adonde apuntar desde lo herramental.

El nacimiento del Análisis Matemático en el siglo XVII, deviene ante la necesidad de un lenguaje que regurgite los conceptos de proximidad, continuidad... ergo declarar la flagrante incapacidad de la geometría para tratar este tema con facilidad y utilitarismo. No significa que no pueda hacerlo, si no de que hay maneras más fáciles de hacerlo (mejor).  
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Esta serie de argumentos se erigió en ulterior fundamento para la aparición de lo que hoy conocemos como Cálculo Infinitesimal, quien sumado al resultante del lenguaje caracterizador de las propiedades de varianza e invarianza para la Geometría, nos condujo a consensuar la Topología como salvoconducto, so una visa o pasaporte que nos permitió viajar mas allá del planeta matemático conocido hasta ese momento. Expandió nuestras fronteras gnoseológicas, analíticas y analogizantes.  




Visto de otro modo, la rosquilla (dona o donnut) para la topología puede ser convertida en una taza y viceversa, pero ¿puede una taza convertirse en la rosquilla que está mojando la leche que se halla dentro de esa taza?. O bien ¿un corazón puede transformase en un pulmón?, ¿puede el corazón transformase en el cuerpo humano que lo contiene?. Desde otra perspectiva ¿puede la economía real transformarse en mercado de capitales y viceversa?. Casi por reflejo, lo invita a uno a pensar que si, pues deducimos que el mercado de capitales emergió de la evolución de la economía real ¿es realmente así, es así, pero qué tan así ?

¿Puede el cerebro convertirse en pensamiento, emoción, angustia, alegría o miedo?




Porque si convalidamos esto, cabe indagar utilizando éste tipo de composición que en filosofía  de la mente denominamos Qualia: ¿Puede un protozoo u organismo unicelular ser transformado en ser humano?, o incluso, pongámosno algo más incisivos: ¿Puede una cuerda cuántica ser transformada en quark, puede el quark ser transformado en electrón, y puede un electrón ser transformado en átomo? ¿Puede un átomo ser transformado en cuerpo humano?. Al parecer, siguiendo el orden se puede (?). 



Entonces cambiemos los interrogantes y preguntemos ¿Puede una cuerda cuántica ser transformada en cuerpo humano? ¿Puede un quark ser transformado en cuerpo humano? ¿Puede un electrón o un átomo hacer lo mismo?. Es muy posible que pueda, porque de hecho todo es parte del todo (nace de una misma esencia), pero desde las matemáticas ¿Cómo hago para formularlo si no conozco la forma real de un átomo, un electrón, un quark y mucho menos una cuerda cuántica?. No  conozco con precisión su topología, su sentido, su sistema ni su comportamiento. 



Visto de modo más simple: Puedo arriesgarme y conjeturar que de una cuerda o filamento y/o conjunto de ellos, bajo ciertos términos se podrá conformar determinado tipo de Quark, esos femiones que al juntarse con los leptones se constituyen per sé en los entes fundacionales de la materia. Pero ¿puedo asumir que cualquier formulación matemática es "·esclarecedor comodín" para  el todo?


Lo que no significa que por ser parte del todo, debamos analizarlo matemáticamente como un todo, puesto que ese ente es también individuo (simultáneamente). He aquí lo dificultoso de un pensamiento matemático clásico acostumbrado a reducir todo a unos pocos fenómenos genéricos (una cierta ley del facilismo).  



En el capítulo anterior dijimos que a diferencia de la economía real, el mercado de capitales desde lo topológico es un sistema cerrado ¿por qué dijimos eso?...



Hay varias diferencias que están bastante demarcadas:



1.- Al inicio de cada jornada bursátil, los participantes deben estar inscritos formalmente en el sistema. Tener una cuenta bancaria, una cuenta comitente o una cuenta en un agente intermediario. No hay manera de jugar sin éste requisito, cuanto menos dentro de los mercados de capitales tipificados.  



2.- El mercado de capitales es la dimensión del "Plus". Es decir, que el fruto de las ganancias tanto de la actividad empresarial como laboral, están obviadas, por ende esas ganancias ya obtenidas convergen en un sistema donde se apuesta a la baja o a la suba de determinado activo. Visto de otro modo, se presenta una plusvalía de la plusvalía, un plus de goce sobre el plus de goce, un plus de deseo sobre el deseo, en síntesis un plus de capital sobre el capital.  Los mercados de capitales conviven con la neurótica y enfermiza excedencia.



3.- Los objetos a comercializar o más propiamente a apostar, están previamente definidos, estereotipados, nominalizados y estandarizados, tanto en unidad de medida como en unidad de cuenta. No puedo comprar acciones de la empresa de mi tío (porque no está en la Bolsa), como tampoco puedo comprar futuros de 137 litros de nafta súper, o un forward a 10 años por medio kilo de azúcar diario. Tampoco puedo invertir en el índice: Yen-Peso (argentino), porque el AR$ no existe en el ámbito bursátil. Puedo invertir sólo dentro de lo dado, respetando la forma, estructura, dimensión y unicidad de lo dado. 



4.- Toda la actividad del mercado de capitales está bancarizada, toda, sin excepción. Y justamente porque no hay proceso de exploración, explotación ni transformación; sólo se intercambia o más propiamente apuesta, el capital de uno contra el capital del Otro. Las ganancias de uno se constituyen con y en la pérdida del Otro (o los otros).  Lo cual no significa que estén ajenos a lo que se conoce como "riesgo sistémico", aquel que de aparecer en forma de "accidentología", termina afectando a todos los ciudadanos, hayan o no hayan participado del mercado de capitales.


5.- En el mercado de capitales, se puede ganar cuando los activos suben sus precios, o cuando los activos bajan de precio. Se puede ganar de manera directa, indirecta o mediante un sintetizado (indirecto de lo indirecto)


6.- En el mercado de capitales no hay un vinculo recíproco y de simetría entre el ahorro y el crédito. Es decir, con una misma base de ahorro invertido en el mercado de capitales, se puede generar crédito por un numeral varias veces mayor, lo cual nace de la mezcla de las posibilidades inmanentes al apalancamiento, los derivados financieros y la creación de dinero vía reserva fraccionaria (implícito en los bancos).     

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Tiene muchas características identitarias más, que iremos abordando en capítulos sucesivos, como aquellas conferidas a su punción de "financiador" o receptáculo donde abreva (en teoría) el crédito del cual se nutre la actividad de la economía real. Uno de los tropos más enigmáticos y desquiciantes (que registre la historia económica del hombre). No obstante agreguemos 2 nuevos puntos:

7.- Los derivados financieros si bien trabajan con futuros, derechos y diferencias ergo representaciones simbólicas de lo abstracto, poseen el don de influenciar la formación de precios de la economía real (y global), especialmente en lo atinente a commodities. Pero también condiciona el valor relativo de las monedas, de los intereses, de las exportaciones, de las importaciones, de la inflación, de la deflación... (de todas sus variables)

8.- El mercado de capitales (actual), posee la capacidad de generar más crédito del que necesita la economía real, y cuando eso sucede se producen burbujas que nunca mueren, en la medida que se las sigue fogoneando con más crédito. El mercado de capitales actual ha adquirido tal dinámica que, al parecer, no puede sobrevivir si esa desquiciante expansión del dinero nocional. Lo cual ocasiona una excéntrica   "trampa de liquidez", de difícil solución (muy difícil). 



Cuando se juntan 7 y 8, obtenemos el fenómeno global actual, so un déficit o crisis de demanda (en tanto consumo general) radical y profundo, y tanto lo es, que hasta el padre del Monetarismo, Milton Friedman teorizó sobre la aporía que se presentaría ante una eventual saturación del comercio de capitales, pregonando en su libro "Money Mischief" (en castellano Las Paradojas del Dinero) que "llegaría el día en que debamos arrojar dinero desde el helicóptero  para volver a compensar producción con demanda"



Algo que los argentinos aún no entendemos, justamente porque la diferencia con el primer mundo está en no entender que la inflación no se produce exclusivamente por un déficit fiscal financiado mediante emisión monetaria, sino por el hecho de inyectar ese dinero sobre-emitido exclusivamente mediante la demanda (o consumo). 



En el primer mundo (y eso fue lo que advirtió Friedman antes de morir), en lugar de sobre-emisión monetaria (que de hecho la hay) es preeminente la creación de dinero vía reserva fraccionaria que (a diferencia nuestra) sólo se inyecta vía crédito, es decir que, sólo ingresa vía producción (empresas y corporaciones). He aquí las razones de por qué la expansión monetaria en el Primer Mundo produce largos ciclos de tendencia deflacionaria, mientras que en países como Argentina, Brasil o Venezuela, se produce el efecto contrario: inflación. 



En  rigor, no es tan importante la expansión monetaria como el mecanismo que se usa para introducirla en la economía real y la velocidad con que se mueve            



La economía real por fuera del Primer Mundo (países desarrollados), aún conteniendo al mercado de capitales, no cumple de manera forzosa y definitoria con esos puntos descritos. Hay actividad bancarizada y hay actividad económica por fuera de los bancos (economía informal o sumergida), de hecho hasta sigue (ocasionalmente) vigente el trueque. Participan los que ya poseen cierto tipo y cantidad de capital (ahorro y propiedades) como aquellos que aún no lo tienen. El trabajo en su acepción clásica, sigue jugando un papel protagónico, en la investigación, la inventiva, la creación, la destrucción y la transformación (etc). 



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Podemos comprar un metro de tela o medio metro, un cajón de manzana o una sola de ellas. Un camión de harina o sólo medio kilo. Puedo adquirir los servicios de un webmaster para administrar mi blog, o contratar una peluquera a domicilio. Puedo pagar contra mi voluntad una multa de tránsito en base en una sospechosa fotografía tomada por una máquina, o pagarle a un "trapito" (cuida-coche) a cambio de que no robe nada o me rompa el auto. Puedo hacer muchas cosas, y de diferentes formas, y de hecho lo hago.

En la economía real hay que trabajar, por ello prefiero el mercado de capitales (El Trader desconocido)





Entonces a diferencia de la topología, cuando pienso en un sistema abierto debo imaginarlo como aquel conjunto cuyo campo funcional interactúa con otros conjuntos, por lo tanto está condicionado y supeditado a factores externos a él. Su funcionalidad no es inmanente ni controlada por el propio sistema. Cualquier nuevo descubrimiento, invento, desarrollo o creación en ese contacto con el afuera de lo conocido genera nuevos condicionantes, por ende, pasible de alterar la funcionalidad del mismo. 



Otra propiedad importante de los sistemas abiertos es que las ecuaciones de evolución temporal, llamadas "ecuaciones del movimiento" dentro de dicho sistema, no dependen de variables y factores contenidas en el sistema. Por cada algoritmo que se deja en el tachado, aparecen varios nuevos algoritmos que nos conducen hacia adelante. La inteligencia humana es el enlazamiento fantasmal que nos vincula con lo exterior al sistema. Los horizontes posibles que nos insinúa la economía real, nos ilumina sobre la factible buenaventura del porvenir al mismo tiempo que nos oscurece sobre el apocalipsis autosatisfecho (que también está dentro del texto)


La evolución de la economía es la evolución de las distorsiones, siendo el "equilibrio económico" algo que jamás se logra, un ordenamiento del lenguaje que le da cierto sentido de rumbo, pero que ni siquiera califica como utopía. A la utopía la idealizamos de manera absoluta, al equilibrio económico lo asumimos como una simulación que existió (y existe). Un holograma cultural, al cual le conferimos visos de legitimidad (sin serlo, siquiera en somera dosis)



El sistema abierto es más importante que el cerrado porque de él pueden depender otros funcionalismos de la topología. Es decir, el mercado de capitales como sistema cerrado, a pesar de mover más de 100 veces el numeral de la economía real, se encuentra contenida por ésta. Una aparente paradoja, que no lo es (para la dimensión de la matemática pura).

El "fenómeno del apalancamiento", tan proyectivo, como dinámico e inercial, es algo que en Argentina tampoco tomamos con la debida seriedad, simplemente porque poseemos un mercado adolescente e inmaduro. Aún no desarrollamos un "pensamiento bursátil" (propio del primer mundo) Es de un sarcasmo superior escuchar a eximios economistas locales, edificar análisis sobre lo caro o barato de un activo bursátil, echando mano a comparaciones con el pasado o con activos similares en tanto países de la región o de características (y circunstancias) semejantes a la nuestra.

Máxime en un país como el nuestro, especializado en destruir su propia moneda y cualquier tipo de valor relativo. Un país cuyo superyoismo ignora los límites de la Unidad de Cuenta. Cuando no tenemos inflación en pesos, lo tenemos  en dolares (y en otras monedas duras): a eso le llamamos "recuperación del equilibrio". 


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Hace más de 70 años que nuestros planes mágicos nos formaron para creer en la divina providencia de aquel "poder superior" que denominamos Estado. Culto henoteista que le permite asistencia perfecta al ritual ideológico, incluso cuando hablamos de matemática financiera y balances.

Todavía muchos creen en los "métodos de valuación de activos" que venden algunas universidades o consultoras (especializadas en nigromancia y charlatanería); métodos pergeñados para atender "cálculos" hechos en base a conjeturas, miradas superficiales o propios intereses. Los balances nos muestran un pasado que (bueno o malo) ya no es, ergo nos dicen que el presente, si bien no es óptimo, sin duda lo será su futuro  (como algo venturoso, maximalista e imperdible) o todo lo contrario (asumido desde la negación).

Es decir, esos métodos de valuación bursátil están concebidos para arrojar resultados siempre abiertos, indiferentes e improbables. Se pone en números lo porvenir, lo deseado, lo predestinado, ergo se vende como el "Expediente del Destino". Lo que antes estaba en manos de las curanderas, prestidigitadores, adivinos, alquimistas o manochantas, hoy está en manos de esas Consultoras o Empresas especializadas en el "arte de lo imposible". Los inversores siempre estamos pagando (en el presente) por algo que siempre está en el más allá (nunca en el acá, en el así y en el ahora).  

Los mercados y sus activos, no necesitan de termómetro, varilla del aceite o exégesis alguna, pues están concebidos para avanzar en un solo sentido: crecer. Ninguna crisis financiera, por más estrepitosas que sea, frena esa acometida instituida por el sistema. Las empresas dejaron de aumentar sus ventas, dejaron de obtener más ganancias por esas mismas ventas, sin embargo eso no es óbice alguno que le impida a sus acciones y bonos seguir incrementando sus valores implícitos (ni sus rendimientos). Hoy vivimos esa extraña e inaudita "trampa de liquidez" montada sobre la saturación de una oferta que necesita desesperadamente de una demanda que aún no existe.

La distorsión de precios que generaron los derivados financieros, jerarquizaron en esas apócrifas valuaciones  de las acciones, bonos y especialmente en las mercancías; los fundamentos en donde descansan las falsas señales ergo las estructuras de esas "burbujas" de producción generadas por un crédito desmedido y desbordado. La crisis actual es la presencia de una ausencia, de la ausencia de una demanda que aún no está presente,  y que de seguir así, jamás lo estará.

En otras palabras, si lográramos hacer las cosas bien de aquí en más, y frenáramos esta locura, quizás en 15 o 20 años, podamos ver cómo la demanda comienza a recalentar nuevamente la economía real. Dos soluciones posibles se nos apersonan desde las matemáticas:

1.- Frenamos la emisión de dinero nocional en manos de la reserva fraccionaria y el apalancamiento desmedido (anestesiamos los derivados financieros) o...

2.- Inyectamos ingentes dosis de dinero vía crédito o regalo a la demanda, devolviéndole un cierto equilibrio a una economía real, en donde el dinero de quienes compran se mueve mucho más lento de quienes venden. Una demanda lisiada obligada a correr contra un Fórmula 1 (conducido por un adicto).

Con seguridad hay más algoritmos posibles, aunque al parecer, mientras más postergamos las soluciones, más se agiganta la sospecha acerca de un futuro colmado de sacrificios y sufrimiento para nuestros hijos y nietos. Nuestra herencia será nefasta, y nuestro legado: el conocimiento que emergerá del antiejemplo, es decir, de lo que "no se debe hacer" (aún pudiendo). Tema que desarrollaremos en profundidad en capítulos sucesivos.  

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Por mencionar un ejemplo: el apalancamiento financiero consiste en utilizar más dinero del que realmente tenemos. Tan sencillo como eso. En los mercados bursátiles del primer mundo, podemos comprar 10 mil acciones de Telefónica por 8,00 euros la acción. Estaremos exponiendo 80 mil euros de capital. Si solo poseemos 10 mil euros, habremos de adquirir más acciones que lo que nos permite nuestro saldo. Pero como siempre hay "alguien" dispuesto a prestarnos ese dinero; estaremos utilizando apalancamiento (en este caso de 8 veces nuestra capacidad de compra).

Es decir que, nuestra capacidad financiera también ha sido lanzada hacia el futuro. Nunca estamos en el presente en los mercados de capitales siglo XXI, a nadie le importa. Esto (entre otras tantas cosas) es lo que nos  permite hacer el Mercado de Derivados Financieros. Ya que opera  (en éste ejemplo) mediante la retención de garantías probables a modo de cobertura de riesgo. 

Tanto si se trata de un Futuro (entrega posdatada o diferida), como de una Opción (derecho u obligación de entrega aplazada) como de un CFD (contrato por diferencias de futuros),  en el que la entrega del bien o mercancía es hipotética, so siempre se halla corporizada como un fantasma del mañana (no se produce nunca), no es necesario depositar el total del importe de la inversión, si no una garantía o prima. 

Ello permite (pero no obliga) utilizar el dinero no utilizado para comprar (o vender) otros activos y más cantidad de ellos (en cuanto dispongo de más cantidad de crédito). Es decir que, en los mercados en éste momento se está generando una "bola de nieve" de proporciones épicas. Cosa a tampoco parece importar demasiado ¿o si?.

En el mercado de contado, también se puede hacer lo mismo. Los brokers no sólo permiten utilizar más capital del disponible para comprar acciones en el intradía, sino que además lo estimulan (ya que así maximizan también sus utilidades). Según el grado de riesgo del activo, los apalancamientos pueden trepar hasta ratio de 1:20 (o más).  

Visto con más nitidez, con sólo 100 mil dolares (apalancados en relación 1:10) podemos adquirir activos por USD 1.000.000.  Si la jugada nos sale bien, y la acción sube un 1%, ganaremos el 1% sobre 1 millón de dolares. Es decir que habremos ganado el 10 % sobre nuestro propio capital. La buena noticia, es que multiplica los beneficios cuando la operación sale bien. La pésima noticia, es que también multiplica las pérdidas cuando la operación sale mal.   


Desde las matemáticas podemos ver que de un mismo activo, en este caso una acción, se obtienen muchas y variadas apuestas, haciendo que esa función de subyacente en el derivado financiero sea más importante para el mercado de capitales que la valuación técnica del mismo. Por ende, el valor que arrojen los balances o los métodos de cálculo por flujo esperado de utilidades, pasan a un plano meramente retórico y discursivo. Algo que desde la matemática es inválido, pero que para el canon económico se traduce como "el discurso del deseo".

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Los esfuerzos por formalizar un método que atienda a funciones con más de dos variables fracasaron por la enorme dificultad de los cálculos implicados. Hasta que algunos matemáticos, vuelven a rescatar al siempre oportuno David Hilbert. Este intelectual alemán (creador de la Teoría de la Demostración, la Metamatemática y la Lógica Matemática) se percató de que era menester seguir, ante estos casos, un camino prescriptiblemente diferente. En su Teorema Fundamental, Hilbert nos enseñó que existe un exótico tipo de "Conjunto" que si bien puede poseer un número  finito de generadores, puede interactuar con invariantes aleatorias en cualquier número de variables de forma abstracta. Lo curioso, es que demostró la existencia de dicho conjunto, no bajo método algorítmico (propio del teorema), si no mediante un Teorema de Existencia (aún con la aparición de la física cuántica, nunca se había obtenido un caso concreto para analizar) entonces me pregunto:


¿Cómo se confabula lo aleatorio implícito en las relaciones del Ser con lo repetitivo de la topología del sistema abierto?


Lo visto hasta ahora, nos invita a pensar que si bien los mercados de capitales actúan según sus propios dispositivos especulativos (asistidos por la tecnología más avanzada), necesita (hasta ahora) fundamentarse en designios de la economía real, aunque estos lleguen siempre a posteriori del acto o factum. Los argumentos en los mercados siempre corren por detrás del acontecimiento. Todo puede ser explicado con coartadas envasadas (en el después), pero que curiosamente, no sirven para prevenir ni anticipar esos eventos (inesperados) que luego el dogma convierte en lógicos, y por ende, susceptibles de una provisión que nunca se corporiza (valga la ironía).



Invertir en una empresa con balances trimestrales que arrojaron 7 años consecutivos de pérdida, no parece ser algo recomendable, sin embargo Amazon manifestaba 7 años de perdidas consolidadas mientras sus acciones no paraban de subir. Hoy es finalmente un buen negocio. El caso inverso es Enron quien desde su creación en 1985, no cesó de crecer (todos amábamos las acciones de Enron), sus balances eran olímpicos, hasta que en el 2001 (de buenas a primeras), nos enteramos que estaba en bancarrota. En el mercado de capitales, se dan diariamente "casos insólitos" (que prefiero dejar para otra oportunidad)



El caso más emblemático se dio en EE.UU. con la crisis de las suprime ¿Y saben por qué es extremo y ejemplificador? Pues porque nunca antes de esto, las hipotecas habían manifestado problema alguno. Los derivados financieros tienen el don de pudrir aún el negocio más sólido y confiable para la cultura de un pueblo. Algo que los argentinos aún ignoramos, pero del que pronto sabremos. Los argentinos creemos que el negocio más seguro del mundo son "los ladrillos" (los yankee pensaban lo mismo), y eso justamente es lo que nos hace tan vulnerables ante ese "porvenir".   



Reza un aforismo popular: "en los mercados, se compra con el rumor (o la expectativa) y se vende con la confirmación". Es decir que el momento más álgido del mercado de capitales está en la disyunción que separa lo probable con lo deseado. La certeza diluye esa expectativa y la convierte en pasividad. Nadie invierte en algo que ya está confirmado, que sólo tiene vitalidad en el presente. El conjunto más preeminente en los mercados de capitales lo podemos denominar "Riesgo a lo deseado"    

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En consecuencia, cuando pensamos en sistemas, nos ubicamos junto a la noción de conjuntos. Las Teorías de Conjuntos irrumpen en la matemática económica de manera reciente, incluso la matemática en su conjunto es algo joven para una economía que pretende ser ciencia, y como tal, trascendente.


Como podrán advertir, hay muy poco respeto por los límites del lenguaje, ya que, dentro del término ciencia podemos meter lo que se nos antoje, también quitarlo. Por ejemplo ciertas "leyes" de la economía moderna, fueron revestidas de legalidad, legitimidad e hidalguía, paradigmáticamente leyes que la mayoría ignora y que pocos satisfacen.



Ahora comprenderán por qué mencioné a Arquímedes y su método de exhaución o método de agotamiento descrito en su libro "Método". Ya que es la "piedra filosofal" para las ideas (que en el siglo XVII) le posibilitaron a Isaac Newton y Gottfried Leibniz unificar el cálculo diferencial con el integral, lo cual derivó en la rigurosa definición de límite de una función, pulida a posteriori por Bernard Bolzano, Cauchy (mencionado en el capítulo anterior) Weierstrass y Bernhard Riemann.

El método de agotamiento es el precursor del concepto de Suma de Riemann que permite definir con precisión la integral de una función en un intervalo dado. Para la perspectiva matemática, la Suma de Riemann nos posibilita calcular el valor de una integral (definida), es decir, el área bajo una curva dada, ergo es muy efectivo cuando no nos es posible apelar al Teorema Fundamental del Cálculo. Algo así como una herramienta heurística basada en el añejo predicamento de "prueba y error" pero llevado al máximo grado de sofisticación (de cálculo)  


Para el canon hegemónico actual (dentro de la ciencia económica) no hay diferencias entre economía real y mercado de capitales, razón por lo cual se asume que: "Todo aumento de precios hace bajar la demanda de determinado producto y que toda disminución de precios (por el contrario) hace subir la demanda".



Y es muy posible que así sea (en cierto escenario), si gano $ 10.000 puedo comprar 1000 cosas de $ 10 cada una, y si el precio baja a $ 5, habré de comprar el doble con el mismo ingreso. Algo que fue pulido con el correr de los años, ya que poseemos límites naturales a determinado tipo de consumos, por ejemplo, los alimentos. Un ejemplo zonzo es: por más que el pan baje a la mitad de precio, no puedo comer el doble de pan (que ya como, saciándome),  o que pueda comer menos de lo imprescindible (si no me alcanza el dinero para comprar lo mínimo necesario). Muchas de las teorías de valor (hoy vigentes), son muy divertidas e hilarantes. 



Yendo el grano, pregunto ¿Cuántos de ustedes creen que en el mercado de capitales aplica la ley de oferta y demanda clásica?, o bien, mejoremos la pregunta ¿Es verdad que cuando suben los precios baja la demanda de esos bienes, o la inversa, cuando bajan aumenta la demanda?...


Acá es donde aparecen las malas noticias, y créanme son malas de verdad; porque en el mercado de capitales sucede exactamente al revés que en la economía real: "Cuando el precio de un activo bursátil baja es porque hay más oferta de venta que demanda de compra", o bien "mientras se mantenga vigente la tendencia alcista en los precios de determinado bien, mayor será el número de compradores, así como también será mayor el dinero invertido por comprador". Descrito como paradoja por Robert Giffen hace más de 70 años atrás, estos bienes homónimos (conocidos gracias a Alfred Marshall) se creían hipotéticos, so hoy son el uso y la moneda corriente.



Algo tan evidente, aún sigue sin una corrección, enmienda y comprensión nomotética (para el sindicato de economistas más dominante). 

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Ahora bien, ahora tomemosno de la Paradoja de Russell y preguntemos ¿Puede el conjunto de personas que más bienes compran cuando estos bajan de precio, ser igual al conjunto integrado por las personas que más compran cuando los precios de los bienes suben? ¿Qué alcances pretendemos tenga esa ley, regla o postulado?... porque si la idea es que sea revestida de absoluto, es porque seguimos sin entender las matemáticas (no entendemos nada)

La economía en su histrionizado papel de ciencia, está plagado de boutades. Porque esos bienes descritos por Giffen  no nacen del mercado de capitales, sino de la observación del extraño comportamiento evidenciado por los consumidores de Inglaterra durante el año 1846 (donde comprobó la existencia de una  pendiente de demanda positiva). 


En Irlanda, como consecuencia de una mala cosecha, las familias experimentaron hambre y carestía, teniendo a las patatas (o papas) como fundamental dentro de su dieta alimenticia. A causa de la escasez, el precio de las papas experimentó un aumento desmedido, y como consecuencia, el poder adquisitivo disminuyó. Lo raro se dio porque la poca carne que normalmente se adquiría dejó de ser consumida para colocar esos escasos recursos en la compra de esas papas que se encarecían día tras día (precisamente el bien cuyo precio había aumentado). 

Antes de eso, la historia económica había registrado un fenómeno aún más extraño con la famosa Crisis de los Tulipanes. Ya que ni siquiera se trataba de un producto de consumo masivo y necesario. Un fenómeno en el que también, más se demandaba en la medida que su precio aumentaba. Una reacción "irracional" que desencadenó pérdidas gigantescas en todos los estratos sociales que a ella se abocaron. 

La moraleja de éste Capítulo parecería ser: La economía real y el mercado de capitales, aunque sean conjuntos (sistemas) diferentes, comparten la misma topología matemática, porque el límite de uno es el mismo límite del otro. Por ende, la presencia aparente de pequeñas dosis de aleatoriedad en la economía real, quien se mueve más lento (engañando nuestras percepciones) es desde lo relativo lo mismo en tanto las grandes dosis (aparentes) de aleatoriedad que se evidencian dentro del mercado de capitales, quien se mueve más rápido. Lo mismo pensamos sobre los patrones repetitivos, so siempre están, aunque por fenomenología percibamos porciones distintas de esas repeticiones estocásticas y estadísticas.   



Paradigmáticamente, las matemáticas han detectado que ese sistema cerrado que caracteriza el funcionamiento de los mercados de capitales se abre antes y después de cada jornada bursátil para interactuar con la economía real, como si se tratara de una ionización del conjunto cerrado quien en determinando momento comparte elementos con el sistema abierto inherente a la economía real 

FIN DE CAPÍTULO  


Así funciona el solipsismo, aquel enigma que le impone a la filosofía económica siga atrapada en la mismidad cada vez que intenta atrapar lo universal, así como la economía no logra salir de lo dogmático cada vez que intentan detectar lo particular y su movimiento (en tanto individuo)... la aporía no perdona. 

Exclusivo para DIARIO LITERARIO DIGITAL 




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