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Esto no está pasando (Filosofía)

sábado, 3 de septiembre de 2016 1 comentarios

Derrida sostuvo "No hay nada fuera del texto" y ciertamente esa originalidad con que nací, nacemos, fue ajusticiada por ese increado e inescrupuloso superyoismo, por la "Ley", por la cultura; fui puesto bajo la tutela de aquel supuesto "Sinthome" ... ¿Quién era antes de preguntarme quién soy?

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Escrito por Ramón Diego Peralta (Filósofo)


LA NUBE

Ejercicio Filosófico

Exclusivo para Diario Literario Digital


Uno debería pedir disculpas por escribir, por hablar. Uno debería pedir disculpas por existir. Mi sola presencia es una amenaza para el Otro, para mi mismo, para el universo. No sé si existo, pero mientras crea que existen Otros que me creen existente, habré de creer que hay una lógica que me contiene y explica. Al parecer, la lucha primordial entre sujetos es lo que nos anuncia una suerte de superfuerza en tanto conducta de notificación. 

Derrida sostuvo "No hay nada fuera del texto"   y ciertamente esa originalidad con que nací, nacemos, fue ajusticiada por ese increado e inescrupuloso superyoismo, por la "Ley", por la cultura; fui puesto bajo la tutela de aquel supuesto "sinthome"... ¿Quién era antes de preguntarme quién soy?...



Ludwig Wittgenstein dijo cierta vez: "Los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo". De niño, no recuerdo cuál de ellos; lo mejor de mi mundo estaba fuera del lenguaje, fuera de mi mismo, fuera del "si mismo". Sólo de niño podemos enamorarnos de lo enigmático, de lo místico, de lo incognoscible, de lo real. Mientras los políticos nos amenazan con volver al pasado, mis mejores sueños y pensamientos me seducen a ese pasado. Mi futuro está lleno de pasado. 



El Ser, el Tiempo y la Nada, están fuera del texto, entonces cabe preguntarse ¿Qué queda adentro?. Entre la definición de ortodoxo y heterodoxo hay metido todo un universo de significantes, sin embargo, no poseemos un lenguaje que los atrape.  



Luego de tantos siglos de "certezas", finalmente (?) la Física nos enseñó bajo los mismos términos del lenguaje que, el color no está en los objetos sino en la luz. La luz al chocar con el objeto nos muestra el color que no puede refractar esa cosa. Es decir, la hoja verde de un árbol, puede ser de cualquier color menos verde. No es verde, pero a ese "no verde" le bautizamos como verde. 



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Nuestra mente nace con funciones matemáticas tan sofisticadas, que ni siquiera los matemáticos más excelsos han podido traducirlas al lenguaje matemático. Cuando manejamos nuestro automóvil por la ciudad, nuestra mente está receptando 2.000.000.000 de bits por segundo, realizando en simultáneo idéntica cantidad de cálculos y todo de manera "no racional". Nadie piensa en los números ni el tipo de cálculo que nos enseñaron representan las "matemáticas", simplemente lo hacemos, y de manera inconsciente. 



Calculamos dimensionalidad, geometría y espacialidad de nuestro cuerpo dentro del auto, del auto dentro de la calle, de los demás autos que nos rodean. Calculamos la velocidad en que vamos, la velocidad de los otros, calculamos tiempo, distancia e inercia del frenado sobre las eventuales velocidades, etc, etc, etc. Todos esos cálculos llevados al lenguaje de los números aún hoy, son un formidable reto para los más encumbrados matemáticos de todos los tiempos. 

Sin embargo, aún naciendo con esos dones, la mayoría de nosotros manifiesta no entender las matemáticas. Los sentimientos, las emociones, la angustia, el miedo, la ansiedad, el amor.... están estructurados como pensamiento lateral matemático. Creemos que la matemática es el lenguaje matemático así como creemos que el pensamiento es el lenguaje de la palabra, y en ese "siendo en el texto" nada está pasando. Es una realidad que no sucede, nunca sucedió. 

Lo primero que estudié luego de la secundaria fue economía. Pronto advertí que la ciencia política no podía ser escindida de la anterior, y procedí a estudiarla. Luego vino la filosofía y la matemática. Fue muy valiosa la experiencia, pues me ayudó a quitarme toda duda: No valido conocimiento alguno sobre economía, política, filosofía ni matemática. No sé nada, pero sé que no sé... ¿Cuántas palabras faltaron en una proposición y juicio que no son proposición ni juicio?

Las palabras y los números conforman un mismo lenguaje que jamás se emancipa del error y doy gracias por ello. Un mundo de certezas y mortalidad es un espanto, un horror, de un cinismo inadmisible, aún para la realidad. Las formas nos gobiernan, y eso también es magna enajenación. Todo es enajenación e irreal. 

Uno escucha a los políticos, a los economistas, a los académicos, a los científicos, a los escritores, la gente; nos llenan de palabras y números bajo ciertas formas canónicas... desde allí, donde están contenidos y evanescentes. Desde el afuera, se ve como una espartana nube que como Ares personifica el preceder de la disputa, quizás oscura y peligrosa, una cierta apoplejía de la quietud. No sabemos qué es, pero eso no nos impide definirla en el lenguaje, usamos ese lenguaje para consolarnos, matar el tiempo, hacer la nada respirable, anestesiar ansiedad. 

Íntimamente sabemos que no sabemos, sabemos que no entendemos, pero intuimos que en medio de esa tormenta algo se está formando. Somos gobernados por las formas, pero desinhibidos de la perfección, ergo ni siquiera el error es un límite en que podamos confiar. Fuimos invitados a la divinidad de fugarnos, incluso, del proyecto de fuga; de saltar por encima de ese lenguaje y evolucionar. Motivados por la curiosidad en tanto superfuerza, nos licenciamos del sinthome, del Ser social e histórico, de la estructura, del solipsismo, de la nada.     

Nuestro discurso, lo correcto, lo ético, lo sospechosamente científico quizás queden dentro del texto, pero jamás estaremos nosotros ni la realidad dentro de "eso que se está formando".  De ese gigantesco nubarrón en forma de remolino, de tornado, de huracán, salen palabras y números que tal como la materia y la antimateria se destruyen a si mismo. Dialéctica interminable en lo terminable. La indefinición bien se halla definida en la palabra, no así en sus esencias.   
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Lo trascendente entra en lo inmanente, y todo lo inmanente entra en la Nada. El Todo y la Nada, se definen por el Ser que nunca lograr sintetizar al Ente. Pero cuando afirmo todo lo que acabo de afirmar, me encuentro con un claro proceso de "negación", que lejos de ser claro, oscurece todo lo anterior, siendo lo anterior lo posterior a lo que vendrá, que de hecho ya existe. 

Las ideas preceden al lenguaje, pero por convención me veo obligado a usar un lenguaje que reniega de la idea. No veo un lenguaje que me vea y bautice o realice mediación conceptual eficaz alguna entre mi significante con el significante del Dasein, de la estructura del lenguaje, de la Ley (Lacan), de la Red, de lo universal. Pienso el lenguaje cuando hago consistir al Otro, en simultáneo que hago inconsistir mi Yo sujeto, mi Ser interior en cuanto la nube. 




A partir de Descartes, la filosofía moderna ergo filosofía de la conciencia ha evolucionado hasta llegar a disolverse sobre si misma. El monismo materialista y estructuralista nos adoctrinó que la mente es el cerebro, que el ser humano es su cuerpo, que el lenguaje es el pensamiento y que la economía es dinero. ¿Pero cuál es el nóumeno, cuál es su esencia, qué lo origina? ¿Qué hay detrás de esa apariencia? 



Cientos de ciencias, teorías, disciplinas y sub-disciplinas, todas miradas distintas de ese mismo "nubarrón". La dialéctica, ese innatural juego de materia vs antimateria en cuanto significado, signo y significante parecen sintetizarse en la destrucción ergo indefinición como absoluto. Sin embargo, eso tampoco pasa. Tal como los kaones algo queda, hay algo que viola esa "Ley". Hay unos pocos quantums de la realidad que quedan atrapados por la idea, y paradójicamente también por el lenguaje. Toda una excentricidad. Pero determinar cuáles se revisten de semejante abolengo, es un reto intelectual aparte; la incognoscibilidad restaura así su armonía. 



En un indisimulable sentido de utilitarismo moral, Aristóteles, sostuvo que la acumulación de dinero por el dinero en si, es una actividad contra natura que deshumaniza a aquellos que a ella se libran. La "Ética a Nicómaco" y la "Política", son los más conocidos textos en donde se pretende exaltar la diferencia entre economía y crematística: "el comercio trueca dinero por bienes, y la usura transforma el dinero a partir del dinero". Para terminar afirmando que "Ni uno ni otro producen algo, por lo que todos resultan condenables desde el punto de vista ético filosófico".



Siempre me tomé muy en serio a Aristóteles, pues me enseñó la condición de posibilidad de la enseñanza. No me animo a afirmar que exista algo que es contranatura, mientras tanto no sepa de qué se trata lo natural.  Mis sentidos, siempre deficitarios, perciben ese contranatura cada vez que salgo a la calle, leo un diario, miro televisión o me comunico con el otro. Aristóteles y Marx, hicieron un gran esfuerzo por mostrarnos el "deber ser" de la ética y la moral, pero eso que es real desde la imaginación puesta en el lugar de la Utopía, no es algo que esté pasando en el lenguaje (en el texto, en los números) ni en la estructura. 

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Capitalistas versus socialistas, y como resultante de estas reyertas, su hijo incestuoso llamado populismo quien se enfrenta con algo que al parecer no se llama populismo pero que es, no es y quiere ser. En Argentina, kirchneristas versus macristas, cobijados por un peronismo que está siendo, no siendo y haciendo; mancomunan discordancia en un crepúsculo que se aplaza permanentemente hacia ningún lado cierto. Sin tomar debida conciencia del fenómeno, se erige en motivo de enojos, pasiones, ironía y pérdida de tiempo. Un genuino intelectual no sabe qué es eso, pero intuye que algo está pasando, que algo está naciendo, cambiando o muriendo... ¿Quién conoce los reales alcances de las deficiencias en esas palabras?   


Pero eso que es y no es, está en pleno proceso, nos caracteriza como pueblo. Eso somos y no somos, lo que ignoramos pero aseguramos conocer. Lo enigmático puesto en el presente del modo dogmático. Un berrinche superior y religioso. El ritual ideológico manifestado como soberano rector de nuestras perversiones libremente asumidas, introyectadas y asimismo expandidas en nuestra colectiva personalidad psicótica.   

La autoconciencia que según el texto, sólo se logra ante la percepción de la autoconciencia del Otro, tampoco es algo que esté sucediendo y no sucediendo. Está siendo en la movilidad de la intuición de que algo se está formando. Del ¿Quién soy? (sin respuesta) me relaciono a ese ¿Quién soy? del Otro (también en dilema). Nada sucede cuando dos Nadas se enfrentan, sin embargo, algo está en ciernes, algo se está formando. No existe definición en el sustantivo, pero algo se esta consumando aún a pesar de nuestro verbo en tanto voluntad de poder. 

Muerta la lógica clásica, vemos que millones de interpretaciones científicas, filosóficas, psicoanalítica (...) fueron arrojadas ahí, en la nube. Todo orbita ese algo que se esta formando, porque toda conciencia de algo es asimismo inconsciencia de algo. Incluso la ignorancia e indiferencia de algo no nos exime de la autoconciencia de que hay algo que nos acecha, nos atemoriza, estimula nuestro proyecto yoista de fuga. Nos ayudamos a vivir. 

Ese rasero prerreflexivo de Sartre, termina siendo parte del mismo devenir de un reflexivo que dialoga con su alteridad como autonauta explorador de esa nube donde lo algo se está formando. Lo inconsciente y consciente se unen en el mismo campo funcional de la indefinición de un algo que a priori está definido como posiblemente existente. Siendo ese estado de deseo en cuanto posibilidad, la mejor prueba de que la definición de incertidumbre no precede la esencia, precede nuestra esencia. 

Siempre quedamos afuera de nuestro cuerpo, de nuestro yoismo, de nuestro suceso; aquello que Lacan denominó éxtimo, simula ser ese algo que se está formando en lo interior de la nube, en lo más lejano de nuestra existencia, pero siendo asimismo lo más nuclear de nuestra intimidad. Lo éxtimo es la intuición de que hay algo que quiere ser y no ser. 

Desea conocerse pero sin depender del conocimiento, quiere ser ente pero sin perder su libertad existencial de sujeto. Una misión imposible que no nos inmoviliza ni aún ante las certezas racionales de la muerte. Lo cual induce a pensar en una vida en la muerte y una muerte en la vida, es decir, en un algo que permanentemente apostata su Nada (nacer).

Uno ve sin ver, que esas verdades implícitas en los números y palabras, es una realidad que no está pasando, así como no pasa la luz en la hoja verde que es de cualquier color menos verde. Así como las formas son de cualquier forma, menos como las vemos. 
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Todas las opiniones, todas las interpretaciones, las ideologías, las religiones, aún aquellas que nos hermanan y distancian, están ahí y son. Nuestro sabio inconsciente nos dice "Esto no está pasando" (nos enfurecemos, nos alegramos, nos angustiamos, nos atemorizamos y reseteamos), son verdades absolutas, y como tal, válidas; porque forman parte de la nube en cuanto fenomenología de la percepción. Es en el todo y en todos, nos representan individualmente y asimismo nos anulan en lo universal, nos confirman como sujetos; es lo que es y no es (sino una síntesis  en singularidad que jamás es síntesis).     

Son verdades psíquicas, axiomas psicológicos, fantasma y asimismo nudo borromeo, silogismos y formulaciones filosóficas, exequias de una lógica clásica que nunca tuvo razón de ser en el Ser, pero que abdica en la descripción, nos conmueve e independiza de lo real.  

Todas son verdades con las mismas credenciales ante la estructura que tal como la materia y antimateria se aniquilan mutuamente, hasta que, unas pequeñas oraciones sobreviven al principio de conservación del lenguaje para elevarse como entidades legalizadas y nominadoras de la idea. La idea que admite nombre en lo universal, es quien soporta la estructura del lenguaje y las matemáticas, aquello que lo inmuniza salvoconducto hacia lo trascendental. 

No existen apodícticos en la filosofía y en la ciencia, que en rigor es lo mismo. Nada de lo que leemos y escuchamos en la palabra y los números está pasando. Esto explica por qué todo es pasible de ser refutado y asimismo aceptado, incluso convenido culturalmente. Las evidentes magnitudes en las deficiencias del lenguaje nos anuncian la duda enquistada en esa desacreditada voluntad de poder en cuanto Ser que lucha por ratificarse Ser, aún a pesar de ese anodadar del Ser individuo a la vez que es Universo y como tal, Nada (en tanto derecho de acontecer). 

Izquierda versus derecha, anoréxica imaginación. En la misma ideología creamos el bien y el mal, inventamos lo que idealizamos pero también inventamos lo que debe idealizar el Otro, mi enemigo. La ideología del Otro, también es fruto de la creación de mi ideología... la Ideología del Otro está contenida en una misma ideología, mi dogma. Pero eso no está pasando...
FIN 
Corregir utopías y olvidar es una bendición, so de no haber un Dios, deberíamos inventarlo en la amnesia de la deconstrucción infinita para reinventarlo cada día que enfrentemos la nube. Esto no está pasando, pero hay algo que se está formando y ojalá sea como deseo.  





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+ comentarios + 1 comentarios

Anónimo
domingo, 4 de septiembre de 2016, 8:40:00 GMT-3

Qué placer toparse con un pensamiento así, un texto tan profundo, tan fuerte y a la vez, tan bien trabajado. Una crítica plena en envase de porcelana. Excelente.

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