Los astutos del más allá o Les non-dupes errent (Psicoanálisis) | DIARIO LITERARIO DIGITAL

Los astutos del más allá o Les non-dupes errent (Psicoanálisis)

martes, 2 de agosto de 2016 0 comentarios

"Hay nudos y nudos. Sólo uno de entre muchos es borromeo..."







Los astutos del más allá o

Les non-dupes errent

Escrito por Silvia Amigo, Psicoanalista

Para Diario Literario Digital


Acerca de la única clase del seminario Los nombres del Padre.
El sacrificio de Abraham


¿Qué se propone Lacan al dictar su seminario Les non dupes errent?
Es claro que el modo en que decidió titularlo remite a equívocos al menos triples: puede leerse como “los no incautos erran”, también como “los nombres del padre”(les noms du père) y aún como “los no del padre”(les non du père).
Apenas forzando un poco el modo de pronunciación, remite en francés a una cuarta posibilidad de lectura : “los nudos del padre” (les noeuds du père).Pero, fundamentalmente, remite también a la única clase dictada sobre el proyectado seminario “Los nombres del padre” que precediera a su excomunicación, y del que juró no volver a hablar jamás, comenzando el dictado del célebre Les Quatre concepts fondamentaux de la psychanalyse, fuera de la internacional y ya con otro público.

En esa única clase habla del sacrificio de Abraham. Recordemos las circunstancias. Abraham ha recibido la orden de Jehová de dejar a su pueblo y fundar otro en Canaan, la tierra prometida. En camino a su destino encuentra a Sara, con la que no tiene descendencia legítima. Con sus esclavas engendra varios hijos, a los que no puede considerar sus herederos. Pasados los 80 años ambos, milagrosamente dios les concede un hijo, Isaac.

De pronto Jehová se manifiesta de nuevo, exigiéndole que sacrifique a su único hijo legítimo. Luego de debatirse entre su  aceptaron a las órdenes del soberano y su amor paterno, Abraham decide sacrificarse y sacrificarlo.Ya maniatado el joven adolescente a la piedra del sacrificio, aparece un ángel que detiene la mano del padre. Y entre los arbustos, un cordero que va a ir a la piedra de sacrificio en lugar del joven. De ese cordero quedará como recuerdo su cuerno, el shofar, que el pueblo judío hace soplar solemnemente y donde se deja escuchar el último grito del dios animal de goce que, durante el pacto con la ley, debe ser sacrificado.En lugar de degollar a su hijo, Abraham cortará el prepucio de su hijo. Corte en el órgano de goce. Asesinato del dios animal, el dios del goce. SE acaba de sellar el pacto con la ley.

El dios del goce ha virado al dios de la ley.Este trozo bíblico mereció con mucha razón el comentario de Lacan.Pero, en apariencia de forma no relacionada, Lacan hablará de la angustia como nombre del padre. Aparecida en el lactante cuando la madre demanda que éste tome el pecho. ¿Por qué, se pregunta el analista francés, el bebe se angustia de forma primigenia? Pues porque si la madre demanda eso, es que el pecho ya no forma parte del bebe mismo. Se ha separado. Y la angustia deviene nombre del padre. Nombre real de su eficacia.De ahí la correlación entre escenas aparentemente incongruentes.

No sabremos bien, aunque podamos deducirlo sin certeza leyendo los seminarios posteriores cómo es que continuaría el hilado de los nombres del padre, herederos del pacto con la ley.

Lacan fuera de la casa del padre

Luego de esa clase Lacan decide dejar la I.P.A. No sin dolor, pues siempre la consideró la casa del padre, Freud. El había creado la Sicieté psychanalituque de Paris cuando decidiera, junto con un grupo de analistas incómodos con las rigideces vacías de raigambre analítica de la Societé psychanalytique de Paris (S.P.P. en la cual había dirigido nada menos que L´institut, órgano decisorio de formación y certificación e analistas), miembro de la internacional. A esa nueva sociedad, liderada por Daniel Lagache y en la que estaban también Francoise Dolto entre otros destacados analistas de la época, deseó y solicitó ingresarla en la I.P.A.

Lo que demuestra que esta pertenencia no le era indiferente. Pero en principio sólo fue admitida como grupo de estudios. Se la estudiaba para evaluar si podría ser admitida. Es en ese contexto que se investiga al didacta Lacan. Tenía muchos, quizá demasiados, seguidores en sus seminarios. No se alineaba al dogma kleiniano ni al anafreudiano.

A los que criticaba abiertamente. Sus sesiones no se ajustaban al encuadre prefijado por las normas que se habían estatuido.Se entrevista a sus analizantes (!), a sus supervisados, a sus alumnos. Se envían veedores desde Gran Bretaña. Resultado: la nueva sociedad sería admitida con Lacan... si este perdía su condición de didacta. Si su seminario no acreditaba puntaje de formación.

Era algo peor que la expulsión. Era lisa y llanamente dejarlo allí reducido a lo que Giorgio Agamben denomina nuda vida. Vida biológica desprovista de toda valencia simbólica. Quedarse hubiera constituido una cobardía. Irse resultó de un dolor lacerante. Pero fue el comienzo del seminario fuera de cualquier restricción que no se impusiera por la vía de la letra de lo real de la clínica y de su propia formalización, que seguía libremente a sus maestros, de entre los cuales priorizaba a Freud. A cuyo retorno había convocado para malestar de sus supervisores de la internacional. Volver a Freud era volver a su énfasis en el padre como ordenador estructural. A su ley como matriz de un lazo social no desmesuradamente caótico. Si bien, a diferencia de su maestro Freud, consideraba, para el fin del análisis un ir por fuera de su protección, saliendo en ese punto de recodo de la "religión del padre". Ríos de tinta corrieron sobre ese "más allá del padre", hasta llegar al contrasentido de asimilarlo a una aniquilación de la necesidad de su eficacia para el entramado del nudo de la neurosis y del lazo social. Más adelante acercaremos algunas reflexiones sobre el punto.Lo siguieron algunos analistas, aquellos que tuvieron el coraje de perder las comodidades de la flamante Societé francaise de psychanalyse Conocida como S.F.P.).

Pero mayoritariamente su público estuvo poblado de normaliens interesados en el psicoanálisis a los que había que acercar tales cuatro conceptos de base. La Ecole Normale Superièure donde fue acogido Lacan para que dictara su seminario educa a la élite francesa que va a dedicarse a las ciencias humanas como la filosofía, la metamatemática, la lógica, la literatura, las lenguas clásicas y modernas y la literatura universal. Sus alumnos, becados para hacer este ciclo tan peculiar, son cooptados entre los mejores promedios de los liceos franceses (que equivalen a nuestro secundario) y son cuidados y exigidos como un tesoro nacional. De entre ellos saldrán los cuadros dirigentes del estado en el territorio social y cultural y la intelectualidad francesa más selecta y erudita.Cuando Lacan es acogido, lidera el grupo su futuro yerno Jacques-Alain Miller, discípulo predilecto del malogrado Louis Althusser. Se trata de los momentos inmediatamente previos a fundar  su célebre Ecole Freudienne de Paris. Cuando aborde sus Cuatro conceptos...dejará de lado (supuestamente para siempre, según se promete a sí mismo) hablar sobre los nombres (plural) del padre. Estaba terriblemente dolido. Dejar la IPA era abandonar, insistimos, la casa del padre, Freud. No le fue fácil ni nada indica que deseara hacerlo.Veamos en principio el contexto de este seminario vigésimo primero, diez años después de estos eventos calificables sin exageración de traumáticos, donde, a pesar de su juramento de nunca más abordar los nombres del padre, vuelve a ellos. Dentro de la enseñanza del maestro este año sigue inmediatamente al seminario Encore, donde Lacan da a conocer la forma definitiva de sus escrituras de la sexuación. De entre esas escrituras se destaca como lógicamente necesaria la del "Existe uno de dice no" al goce fálico: el padre.

Sólo que en ese seminario el padre ya no es pasivamente nombrado (o no) en el lugar del Otro como lo es en la metáfora paterna.Ese Uno que dice no es ahora nombrante. Su decir es nominante y debe dar lugar a ese "no", sin que sus dichos se rebajen a los del pedagogo o del predicador. No se trata de que el tiempo de la metáfora sea "superado". Ni mucho menos "abolido". Nombrado y nombrante se anudan como (plural) caras del padre.

Y, a riesgo nuestro, añadimos que el primero es lógicamente anterior a la entrada en escena del segundo, ése que es nominante.No llegó fácilmente a estas fórmulas hoy célebres. Había ensayado, descartando una tras otra diversas posibilidades, durante el dictado de sus seminarios Dún discours qui ne serait pas du semblant, ou PireLe savoir du psychanalyste, otras formas de presentación escritural, descartando denodadamente las opciones que, a su juicio, no cernían adecuadamente lo real de la diferencia sexual para las neurosis.Finalmente, cuando estabiliza esta escritura, que ya no modificará y que retomará una y otra vez en los seminarios que siguen, incluso en los nodales, dará por sentado que esta combinatoria de letras logra cernir cómo la falla que lo simbólico introduce en lo real, (es decir, aquello que en el seminario inmediatamente posterior, R.S.I., va a llamar el agujero inviolable de lo simbólico, al que llama explícitamente con un  término de Freud Urverdrängung) es ceñido, cercado, por la función fálica en las neurosis.

Para la neurosis, esta falla, esta hiancia, este tajo, va a ser anudado, estabilizado, señalizado, cernido de una manera tolerablemente estable por el significante fálico, F y su función. Veremos más adelante cómo es que, en Les non dupes errent, va a avanzar alguna otra posibilidad de cernimiento, por fuera de este significante para estructuras otras que la neurosis.Cernido o vallado que, por el decir del padre nombrante el uno que dice no (nom, non, nombre) devendrá S1 como pasada escritural renovada, reforzada y escrita en términos exquisitamente singulares, por ese cerco.Dicho en términos ligeramente diferentes: en sus cuantores de la sexuación se plantea que es necesario que al menos uno, un uno único, que no puede ser cualquiera y que es nada menos que el padre, deberá sustraerse de la función fálica, decir que no a su reinado irrestricto, (uno que traduce como significante maître[1]) al falo y a su goce.

Así, en nombre del padre, cesa el goce fálico entre el sujeto por venir y el Otro (materno, si se quiere), tomando el padre a su cargo este goce fálico del Otro, apartando al niño de lo que Freud llamara el “servicio sexual de la madre”. Al que el cachorro animal estaría destinado apenas pasado el período instintual de la crianza.Este lugar del "uno único" es también el lugar del síntoma, que desde este momento pasa a ser en la obra de Lacan uno de los nombres, el simbólico, del Padre[2]; necesario para estabilizar los siempre presentes déficits de función paterna, amarrando el síntoma lo real excedentario, no simbolizable ni metaforizable al ciento por ciento, como suplencia neurótica del nombre del padre. Esta concepción del síntoma apartará al psicoanálisis de cualquier psicoterapia, dado que éstas se proponen, sea cual fuere su orientación, la reducción sino la lisa y llana abolición del síntoma, ahí donde el psicoanálisis se propone extraer de esa formación las hebras imprescindibles de la función paterna, así como lograr que, con el goce "podrido" que encierra, el sujeto pueda "saber hacer" un uso sinthomatico.Si y sólo si esta excepción paterna ha logrado entrar en funciones se podrá hablar de una estructura neurótica. Apoyado en esta figura de excepción, quien haga argumento a la función fálica al modo de “para todo” tomará valor sexual macho.

Del lado del “no todo”, femenino, Lacan va a plantear un imposible. En efecto, él postula que no hay padre posible para la posición femenina, dado que, si bien en tanto sujeto una mujer sí tiene padre operando en su estructura (si es que se trata de una neurosis), a pesar de ello no tiene padre para su feminidad. Puesto que el padre, con el que en tanto que sujeto cuenta, no puede donarle el significante que amarre lo real de su sexo, el tajo constitutivo de la feminidad. Puesto que, como examinaremos más adelante, el padre que es tal sólo puede donar el significante fálico. Que en ambos sexos connota lo viril, de lo que una mujer bien plantada como sujeto es capaz. Pero para la raja de lo femenino es imposible el amparo de una excepción paterna. Ese hiato no es recubrible por el significante.Femenino, o héteros, va a llamar Lacan al fruto contingente ( no dependiente enteramente de la anatomía, palabra cuya etimología incluye el tomos griego, el corte) de esa imposibilidad de recubrimiento universal por el significante fálico.

Por ello feminidad y nudo real, hiancia del inconciente, estarán ligados por estructura. Y por ello la feminidad resulta, cuando no se la degrada, el refugio y resguardo de lo real frente al potencial avance totalitario de la máquina simbólica. Lo real de la feminidad le pone un límite, lo airea. A lo muerto necesario de la simbólico lo femenino le da vida.En este punto, tal como en el del fin del análisis, Lacan avanza un paso más que su maestro Freud. Pues destraba las impasses en que la cuestión del falicismo y del padre dejaban varado el fin del análisis y la feminidad.Así llegamos a  aquello que, a nuestro juicio, se propone Lacan al pluralizar su establecido Nombre-del-Padre, hacia los nombres del padre.El Nombre del Padre en singular no se evapora. La eficacia de la metáfora es vigente y se espera como instituyente.

El "decir que no" lo consolida viniendo ya desde el propio padre, momento en que sus características empiezan a importar. Allí Lacan Cambia su postura del 56[3]. En ese momento afirmaba que éstas poco importaban, mientras en el Otro su nombre contase. Más tarde va a variar su posición.  Por ejemplo cuando se detenga en las particularidades y bizarrías del padre de James Joyce, John.En el seminario R.S.I. hará, sobre este tópico del padre, marcaciones importantísimas.Respecto de la vigencia del singular (el Nombre-del-Padre) afirmará (en la séptima clase) que este nombre corresponde solamente al anudamiento borromeico. Habiendo, para sostener sin desencadenar otros varios nudos posibles, todos ellos con interpenetraciones equivalentes a accidentes forclusivos, que por ende no relevan de tal nombre.

 

El padre real, alcance de su definición

Por otra parte, en la luminosa clase cuarta, definirá por fin[4] al padre real, agente de la castración, como aquél que hace de una mujer (su mujer y no alguna de la mujeres ocasionales que pudiera tener) causa de su deseo, gozando de ella.

Y permitiendo que ésta se haga madre, sin interferir más que en el "justo me-dios", en la relación que ella tenga con los hijos que deseará hacerle, para que ella los haga a su vez causa de su deseo.Para ello, su función debe estar père-versamente orientada a gozar de esa mujer.Respecto de los hijos se espera que, sin coerción alguna, otorgue "cuidados parentales". Que excluyen insistimos, la función de pedagogo (recuérdese el tristemente célebre padre de Daniel Paul Schreber) ni de sabelotodo.Como se puede colegir, Lacan ha encontrado algo sustancioso. Que termina por describir de forma estupenda: es padre aquel que goza de esta combinatoria, ése tiene en su haber el "síntoma padre". Y henos aquí otra vez frente a una asociación de padre y síntoma!

No cualquier hombre que tenga hijos, así sea que los adore, se ocupe de ellos o lo que fuera, puede sostenerse en el goce de este síntoma peculiar.Mucha agua ha corrido para el maestro desde el tiempo de la metáfora, a pesar de que se trata del mismo río en dos puntos de su recorrido y después de doblar un importante recodo.Llegados a este punto debemos acompañar algunos desafíos que la clínica, con su embate real, impone a la formalización, a la que obliga a matizarse y avanzar.En efecto Lacan se va a preguntar de ahí en más si otros decires que el “decir que no” (nom, non, son homófonos en francés) paterno pueden resultar de eficacia anudante pasado el tiempo en que éste fue necesario en infancia y adolescencia para poder sostener una mentalidad neurótica.

Insistamos en acotarnos por ahora a la neurosis, donde, partiendo del decir paterno, el sujeto puede avanzar contingentemente (en el análisis o fuera de él) hacia un decir propio que, sirviéndose del padre, pueda permitir al sujeto prescindir del él.

Pero, y he aquí una apuesta clínica que merece reflexión, puesto que aún no puede afirmarse que haya respuestas estatuidas y definitivas, la pregunta de Lacan va ir apuntando a la reflexión sobre los casos en que no se ha contado con ese uno único, ese decir que no paterno.

Casos que, a priori, no podrían considerarse neurosis.

"Decir que no" y otros decires

¿Existiría la posibilidad de que otro decir, por ejemplo, un decir de artista, un decir de amante, pudiera suplir a esa traducción del falo por un significante maître paterno? Lo iremos desgranado en lo que sigue.La pluralización de los nombres del padre va de la mano con otra: la manera de rebautizar su significante uno (en francés S 1 se escribe y lee "es un") por el término enjambre (essaim, homófono en francés).

Esta nueva pluralización sugiere esta búsqueda de un decir otro que el paterno, sea como desamarre de la autoridad y el amparo en la neurosis hacia el final del análisis, puerto de llegada final imprescindible para poder salir de la "religión del padre"...habiéndose servido de ella.Sea como suplencia en las estructuras en que ha fallado definitivamente el decir que no paterno, siendo imposible su reparación por medio de un síntoma del tipo de la formación del inconciente.

Pero uno y otro casos responden a estructuras diferentes, aunque conserven un nudo mental que no desencadene. No deben ser confundidas.Este constituye uno de los puntos en que Lacan da un paso más lejos que su maestro Freud. Pues con los conceptos de los nombres del padre y del enjambre establece para las neurosis una posibilidad clara de ir más allá de la roca de castración, del amor al padre y de la envidia del pene. Sale así el análisis del encalle obligado en la roca de la castración.Y para estructuras que no han contado con ese nombre, con ese decir paterno, esboza la posibilidad de una estabilización por medio de algún  otro decir que el paterno.

Quedará abierta, claro está, y sin respuesta aún, la pregunta por el estatuto de esas estructuras cuando han encontrado una estabilización durable por medio de otro decir. ¿Se trata de psicosis al mismo título de aquellos cuadros cuya mentalidad se desestabiliza una y otra vez cuando la contingencia pone al sujeto frente al avatar de la aparición de Un padre en lo real?Esto, a nuestro modo de ver, no implica, como se cree un tanto rápidamente, que el padre devenga una instancia caduca hasta llegar a nivel cero,  inservible y a desestimar, puesto que la clínica indica que quien pudo ir por fuera de la caja paterna habiéndose servido el tiempo necesario de ella va a contar con una souplesse estructural y una capacidad para el amor y el cuidado de los hijos que engendre que no posee quien no pudo pasar por ese desfiladero. Si lo que se transmite es el falo, hecho que afirma Lacan y con el que la clínica acuerda contundentemente, no puede ser lo mismo haber contado con él, transmitido desde el propio padre y luego donado a los hijos, que el caso en que con él no se ha contado.

Al respecto es apasionante seguir el hilo que llevará a Lacan a peguntarse por la estructura de Joyce, quien, a juicio de este autor, ha corregido una carencia fundamental del decir paterno (una “forclusión de hecho” tal como la llama en el seminario Joyce le sinthome) por medio de su arte, con el cual se ha hecho un ego ( a falta de un narcisismo, nstancia que incluye el cuidado de la imagen del otro) y un nombre. Joyce mantiene algún nudo en pié sin el decir paterno. Pero ese nudo no es borromeo, a pesar de lograr con su sinthome que no se escape la cuerda de lo imaginario.Pero llegados a este punto de la argumentación se nos impone otra pregunta.¿Por qué razón Lacan no se contenta con las fórmulas de la sexuación y pasa a introducir el nudo borromeo?
"Nudo de Joyce"


Hay nudos y nudos. Sólo uno de entre muchos es borromeo

Antes de encarar esta cuestión tomaremos distancia de un autor al que, sin embargo, vale la pena leer, Jean Claude Milner. En su libro La obra clara, cuyos capítulos sobre la ciencia moderna y su diferencia con la episteme griega no tienen desperdicio, afirma, refiriéndose a la obra de Lacan, que cuando éste introduce el nudo disuelve en el mismo acto toda referencia al matema. No lo creemos así.

Lacan tiene una fuerte razón para introducir el nudo borromeo: se trata de una escritura nueva que le permite dar cuenta de lo que venimos trabajando: la pluralización de los nombres del padre como enlace específico de las cuerdas entre sí. Un nudo es borromeo si y sólo si no hay interpenetración entre una cuerda y otra. Si la hubiera, podría llamarse a este “lapsus del nudo”, legítimamente, como accidente forclusivo.Esto despeja otra afirmación poco fundamentada, algo atolondrada. Es esta: la pluralización de Los nombres del padre haría inservible el sintagma el Nombre-del-Padre. No es así, dado que éste, en singular, remite a la cualidad borromeica de un nudo. Esto es: que ninguna cuerda se arrogue el derecho de anular, interpenetrándolo, el agujero central de otra[5].Pero, aunque vaya a servirse de ahí en más del nudo borromeo y de otros nudos no borromeos para dar cuenta de lo real de su clínica, jamás abandonará los matemas. Ni los de la sexuación, ni  el grafo, ni ningún otro de los que forjara a lo largo de su enseñanza.Cuando introduzca el equívoco entre les non dupes.. y los nombres del… aclarará que no se trata de ser incauto de cualquier cosa, sino de serlo de lo real. Este ser incauto de lo real, así lo creemos, es solidario con el nudo en su versión borromea.En esa presentación ninguna cuerda se cree astuta, ninguna se arroga el derecho de penetrar el agujero real de la otra. Y es el decir paterno quien mantiene vigente esta ley de composición. Si no se cuenta con este decir, una cuerda (tal es el caso de Joyce entre lo simbólico y lo real) interpenetra a la otra, violando su agujero, haciendo cadena,  y borrando la calidad borromea de conformación.

De hecho, en el seminario R.S.I. va a afirmar que el nombre del padre es equivalente al anudamiento borromeo. Subrayemos: sólo al borromeo. Otros decires pueden hacer nudo para otorgar al sujeto otra mentalidad, pero estos nudos no serán borromeos y por ende la mentalidad que permitan sostener no ha de ser neurótica.Ser dupe de lo real implica también el ser pude (apócope de pudeur) de lo real[6]. Este pudor, esta detención de la tentación de goce de penetrar un agujero inviolable es también signo de una mentalidad borromea, neurótica.En la última clase del seminario que venimos examinando Lacan elige  cerrar el ciclo de ese año de enseñanza insistiendo en que se debe ser la dupe de lo real, y aún más, estar enamorado de lo real del propio inconciente. Amar a su inconciente no equivale a gozar con él o a su través. Este amor se logra al final del análisis, poniendo tope al goce acantonado en el saber que lo habita. Llegando al goce por algún carril deseanteLacan va a insistir a lo largo del seminario en importancia del decir, al que llama neológicamente Dieure, jugando con la condensación posible de establecer entre dire y Dieu.Parece extraño al lector de Lacan, quien acuerda con Freud sobre el punto del ateísmo que se espera se alcance al final del análisis, la remisión permanente a Dios, y no sólo ni únicamente en este Dieure fundacional.

A lo largo del seminario Encore, y por supuesto también en el transcurso del seminario que nos ocupa, Lacan va a machacar con dios, con el goce de La (tachada) mujer y dios. Recordemos que para el maestro francés el ateísmo no se sustenta en la militancia de la idea de que dios no existe. Puesto que el ateo es un militante de la creencia férrea en esa inexistencia! Es un religioso de su ateísmo!!El verdadero ateísmo, afirma en cambio, radica en la convicción de que dios es inconciente. El dieure asegura la inaccesibilidad de la hiancia, la raíz real del inconciente. Con ese nudo-nombre, una mujer puede tener una relación privilegiada.En su último escrito, L’étourdit[7]acentúa que es el decir que existe al dicho el que hace acto, y en su seminario R.S.I. afirma que sólo en la existencia de un decir se cifra la posibilidad de una posible nominación, definiendo la nominación como aquello que extrae, de algo, un real, su real. Pero deja planteado el enigma de la discriminación entre un decir paterno al que, creemos que así que se desprende de la lógica de su texto, reserva el término Dieure, y cualquier otro decir anudante.Esto explica por qué, en Lacan, la cuestión del padre y del falo nada tienen que ver con un prejuicio patriarcal. Y todo con un hecho de estructura, al menos en la cultura que ha hecho del discurso maître, el del inconciente, discurso dominante y determinante, al que el psicoanálisis podría subvertir.[8]El nombre del padre es pues un decir específico, un decir que no (recordemos ahora la homofonía non, nom, noeud) al goce fálico entre el Otro y su producto. Ese decir hace acto. Ese decir es el que nomina de modo tal de otorgar una mentalidad borromea. E insistimos una vez más, a riesgo de repetirnos, que el decir paterno es el anudamiento borromeico mismo.Insistamos también con el ejemplo de Joyce; ¿se tratará de la posibilidad de otro decir que el paterno que pueda otorgar una mentalidad estable no borromeica?Acerca del “decir que no” paterno, Lacan subraya que éste se amoneda en los “no” que transmite la madre. Este “no” amonedado en los decires de la madre en nombre del padre separa el goce fálico del amor. Permite así poder amar a la madre no sexualmente.Y aún aparece otro filón para extraer consecuencias para la formalización de la clínica. La diferencia sexual se apila a la falla que a lo real le impone lo simbólico sólo en la medida en que opere este decir paterno.

Si este decir opera, lo real será recubierto por la diferencia sexual y estabilizado por el falo. De no ser así no se establecerá este recubrimiento y la raja de lo real no será estabilizada, desencadenando una pérdida de la mentalidad cuando aparezca, por ejemplo, como letra no anudada al inconciente, sino en lo real mismo. O bien, tal como parece postular Lacan, será estabilizada por un ego sinthome que otorgue una mentalidad no borromeica, lo que, según nuestra hipótesis, promete hacia la descendencia una dificultad pertinaz en la transmisión del falo.

No se debe hacer de un caso singular un universal válido en cualquier otro caso, pero es de remarcar que los hijos de Joyce no fueron recibidos con alegría por su padre. Durante su vida Giorgio tuvo gravísimos problemas de adicción al alcohol y Lucía, diagnosticada de esquizofrénica vivió hasta hace poco, internada en un neuropsiquiátrico.


 


La feminidad, esa aireación de la estructura

Entonces, si el decir paterno resulta una excepción necesaria para que haya configuración borromeica…¿cómo se las arregla una mujer, para la cual, en su núcleo identitario femenino, la posición paterna resulta imposible, al punto que Lacan postula su cuantor de inexistencia de quien diga no, para mantener sus cuerdas unidas?Recordemos un ítem sobre el que más arriba insistiéramos: en tanto que sujeto una mujer sí se beneficia del decir paterno, entrando, por ende, al territorio de la neurosis y a la mentalidad borromeica al igual que sus hermanos.Pero en tanto que mujer…¿cómo llega a arreglárselas con esta imposibilidad?En el lugar de la inexistencia de la excepción que pueda decir no a la función paterna, Lacan coloca el lugar de La Virgen, intocada por el falo, por fuera de su transmisión.Esa posición virginal desprende una doble flecha para La (tachada) mujer. Por un lado se dirige al falo, y por otro, veremos en seguida, a la raíz real del inconciente, direccionalidad a la que aludíamos más arriba cuando comentábamos cuánto hincapié hace Lacan entre dios y el goce femenino.¿Cómo llega La Virgen a dirigirse hacia el falo? Conocemos las riquísimas formalizaciones de Freud acerca de lo indecidible del estatuto de la castración en la feminidad. O bien la mujer ya nace “castrada”, o bien, al carecer de atributo peniano, resulta imposible de ser amenazada con su pérdida. Freud propone como única salida “feliz” al complejo Edipo femenino la búsqueda de un niño, convocado al lugar de restañar la falta fálica. Esta salida, que puede desearse, por qué no, en muchos casos resuelve la posición fálica para una mujer …desviándola de su feminidad, dado que la hace madre, pero no asegura en nada que se las haya arreglado con su posición sexuada.Sólo el amor a un hombre castra, hasta donde eso es posible, a una mujer, posibilitando su acceso a la existencia de una excepción, a la que ame.

Lo que despierta el amor de una mujer por Un hombre es su decir. Sólo un decir extrae a un hombre del conjunto del “montón” para elevarlo a la altura de Urvater. La mujer hace a un hombre, afirmaba Lacan. Si no puede elevarlo a la altura de esa función, no podrá amarlo. Si cae (fall in love, tomber amoureuse subrayan en inglés y francés cuánto de caída implica el enamorarse, cuánto castra) enamorada, el significante fálico la tocará de modo tal que deje de ser (en tanto ame y siga amando) La Virgen.Este movimiento no debe ser despreciado, puesto que si tomamos en serio que la mujer es no-toda, debemos colegir que no es tampoco “toda” no-fálica.Por otro lado Lacan indica la otra dirección de la feminidad. Aquí se centra un punto crucial en su grafo de los cuantores de la sexuación. Esta otra flecha se dirige “en directo”, sin el estorbo del falo, hacia la falta del Otro, para la que una mujer puede inventar un significante que lo nombre totalmente singular. Esta posibilidad de cernir la grieta de lo simbólico por un significante nuevo, “menos tonto”, exquisitamente singular se encuentra, así lo creemos, en el puntapié de toda formación de sinthome borromeico.Postulamos pues que de la inexistencia del padre de la posición femenina, debe de operarse un vector que busque la existencia que haga que una mujer pueda dejar de ser La Virgen.Consolidada su direccionalidad al falo, suplementariamente podrá dirigirse, por fuera del falo y su función, hacia el invento de un nuevo significante.  He aquí una manera de aclarar que puede querer decir la frase repetida aforísticamente “ir más allá del padre, sirviéndose de él”.Lacan insiste en que la verdad se dice a medias, que tiene estructura de ficción y que se sostiene en lo falso. Sale al cruce así de la pretensión de la “verdadera” religión, la cristiana, de postular una verdad universal, un amor universal al padre Dios que garantiza esa universalidad. A lo largo del seminario que examinamos multiplica sus referencias al cristianismo, intentando separar la fe religiosa en un Dios universal, de la creencia en lo real del inconciente, a cuya inaccesibilidad da el nombre de dios, con el cual una mujer tendría una relación privilegiada.

Ante las puertas de un cambio de discurso
Las astucias del más allá del padre

Otro es el caso, como tratamos de argüir en lo que antecede, cuando un decir anuda sin el nombre del padre, sosteniendo las cuerdas juntas de modo no borromeico. Tal es el caso, por ejemplo pues hay otros y los vemos diariamente en la clínica, de Joyce, sobre el que Lacan se pregunta (e interroga sobre ello repetidamente a Jacques Aubert) si es que estaba loco. Lacan abre así, a mi juicio, una crítica a la propuesta, nunca explicitada del todo, pero sostenida implícitamente durante sus primeros seminarios, de una tripartición estructural que no admitiría otra posibilidad de ocurrencia clínica más que neurosis, psicosis, perversión.

A partir de ese seminario y de la debilitación de la tripartición que ´propone, se generó en el ámbito lacaniano una nueva moda.Nueva, puesto que inicialmente, cuando Lacan, volviendo a Freud, volvió a poner sobre sus pies la figura del padre, exquisitamente cultural y transbiológica que había sido borrada de un plumazo por el post freudismo, muchísimos lacanianos de abocaron a la reverencia del padre. En esa época inicial cundió la confusión entre función paterna (esa del "operador estructural") y el señor genitor que habitaba en el entorno del sujeto. Impidiéndose por ello comprender que si ese señor aplastaba con su goce (que incluye al abandono, puesto que sólo se pueden abandonar objetos que pertenecen al que abandona) no estaba ejerciendo tal función. Así son las modas. Priman por sobre el buen juicio y el respeto a lo real, en este caso clínico.Pues bien, nos hallamos en este momento en medio del auge del error simétrico. Apoyándose en las fabulosas formalizaciones que sobre el irlandés forjara Lacan, muchos analistas que se reclaman de la obra del "último Lacan" (como si una contienda existiese entre los diferentes tiempos de su amplia producción) se decreta hoy en día no un "ir más allá del padre sirviéndose (tiempo presente en la frase original francesa) de él" sino una abolición lisa y llana de la necesidad de su función. Aún en las neurosis, únicas estructuras que de su presencia real, simbólica e imaginaria relevan.Durante la primera clase del seminario inédito R.S.I. Lacan introduce el término "mentalidad". Esta se sostiene con cualquier nudo que mantenga juntas las cuerdas. Y, por implicar sine qua non al registro imaginario, el del cuerpo propio y sus imágenes reales o virtuales, añade que esa mentalidad es siempre algo débil. De allí que acuda a la debilidad mental como marca del parlêtre. No sólo es la dupe de los real del inconciente, sino que, lejos de ser astuto, es débil mental de su cuerpo. Entonce, como venimos diciendo hay varias mentalidades sostenidas en varios nudos.Pongamos en claro algunos puntos. El único nudo dependiente de la función paterna operatoria es el borromeo. Es claro que al final del análisis se deberán mantener las cuerdas que sostienen una subjetividad con otro recurso que la religión del padre, lo que no se logra sin el padre.Hay otras mentalidades estables. Forclusiones sin desencadenamiento pululan en la polis y a veces llegan al consultorio. Estas se sostienen "mentalizadas" (esto es: no desencadenadas) pero su textura es completamente diferente en muchos aspectos.

En principio, si lo que se transmite es el falo, si éste se halla "sub cero", verworfen, no se ha de transmitir de padre a hijo.Por otro si el falo hace obstáculo a la relación sexual, en esas estructuras ésta se supone existir, primando un goce no regulado (auto o hétero predador).El lazo social, pues, se tornara de una textura por fuera de la ley que este significante regula.Y todo eso sin que se constate desestabilización alguna. Desafío para el diagnóstico de estructura  y para la ley social misma.


Cambio de discurso dominante. Del discurso maître hacia otro


Antes de seguir avanzando revisitemos el seminario L´envers de la psychanalyse, donde Lacan presenta sus cuatros discursos y donde afirma que desde la modernidad introducida por Descartes el amo antiguo y su discurso han de ser reemplazados por la subjetividad, la ciencia moderna, el capitalismo (aplicación de la ciencia a los medios de producción), el protestantismo y la revolución contra el rey. Es apoyado paradojalmente "contra" ese discurso como entra a tallar la palabra de Freud haciendo nacer al psicoanálisis como reverso. Reverso que no sabría obtenerse sin el anverso.A la vez, reflexionando sobre "la subjetividad de la época" que el analista no puede no tener en cuenta sin errar, afirma que nos hallamos en una época en que el discurso dominante es el del maître, el del inconciente.

Pero a poco de afirmarlo se detiene y se pregunta...¿es ése el discurso dominante hoy? Recordemos que está hablando en 1968. Estamos a varias décadas de esas alocuciones.El apartado cuarto de ese seminario fue correctamente titulado "El reverso de la vida contemporánea". Ese título alude al último tomo de la Comédie humaine de Balzac. En ese volumen se comenta a modo de ficción el sufrimiento agónico de un grupo de nobles (que representan en la obra a toda su clase) luego de la toma de la Bastilla. La revolución francesa, hija de Descartes los ha dejado sin lugar simbólico, sin representación política y por supuesto con escaso sustento económico.Lacan se pregunta durante las clases que se reunieron en ese apartado si no nos hallamos (ya en 1968!) a las puertas de un cambio de discurso dominante.Afirma que vivimos en "los surcos de la aletósfera", rodeados de gadgets y letosas que consumimos y nos consumen.¿Qué diablos es una letosa? Recordemos los términos griegos ousia (sustancia) aletheia (verdad) y el verbo griego lethein (ocultar y olvidar). Entonces, a riesgo nuestro arriesgamos: las letosas son sustancias producidas en masa para que consumamos olvidando la verdad de nuestro deseo.Lacan busca y rebusca a cuál discurso puede corresponderle este objeto peculiar, que ya no es su objeto a. Y qué mutación a hecho devenir un sujeto de deseo en uno de consumo. No encuentra lka respuesta en ese seminario.La hallará en el transcurso de otro, Le savoir du psychanalyste. Allí postula la existencia de una suerte de neoplasia, transformación maligna del discurso Maître. LO denomina discurso del capitalista.Para que quede claro a todo quien sepa escuchar o leer, y consciente de que esa denominación se presta a un uso de política de izquierdas o derechas, se apresura a afirmar (y demostrar) que ese discurso del capitalista impera en los países... de la órbita marxista!!En tal discurso el sujeto muta a consumidor. Lo que hace que el maestro francés lo nombre (así sea rico o pobre) "proletario generalizado". Su objeto ya no es aquel del deseo sino la letosa cuyop consumo produce no un plus de jouir sino una manque à jouir que incita a consumir cada vez más.El par ordenado se ha quebrado por lo cual el S1 no puede, como en el discurso del inciente, "emitir la castración hacia los medios de goce".

Estos "medios de goce" son los del S2, saber inconciente que en el nuevo discurso deviene un saber hipertrófico, el del discurso totalizante de la ciencia. No la ciencia, que merece nuestro respeto y con la que el Psicoanálisis con Freud y Lacan a la cabeza, siempre se mantuvo en diálogo.Como el consumo de letosas hace creer al proletario que nada le ha de faltar la relación sexual se da por cumplida.Y como el amor suple la falta de relación sexual, de dominar un discurso que supone que ésta existe el amor se torna completamente innecesario. De donde Lacan afirma que en este caldo de cultivo asubjetivo "se forcluyen las cosas del amor".El lazo social está profundamente alterado. En lugar de lazos de amor sublimado se constatan masa de soledades hipercomunidas apelotonadas sin contacto real.

Entonces, la concepción de que todas las mentalidades son equivalentes... no trabaja acaso a favor de este discurso.No se trata de que analista en tanto tal deplore o celebre este estado de cosas. Si bien puede hacerlo como ciudadano. Lo que no debiera suceder es que un analista ignore que esto está sucediendo si es que quiere "estar a la altura de responder a los desafíos de la subjetividad de la época".


Fin de análisis en las neurosis
Destino improbable del Psicoanálisis en el nuevo discurso

Volvamos ahora a la cuestión de la vigencia o no de la tripartición de tres estrcturas clínicas.Esta tripartición va a ser debilitada[9] (como se dice en matemáticas) pero nunca abolida, tal como se apresuran a hacer muchos lacanianos que no se toman el suficiente tiempo de comprender antes de concluir.

Para quien habita una mentalidad borromeica no hay verdad universal, puesto que hay al menos uno que, diciendo que no, forcluye la universalidad del falo. De ahí que Lacan insista en el puente etimológico posible de establecer entre falo y falsus (caído).

El agujero en lo real que hace este padre hará que, cuando se pueda prescindir de él, el hiato  dejado ahora a cargo del sujeto que hizo del padre "una posición inconciente" torbellinee y escupa una nueva nominación, un nuevo decir que ya no provenga del Uno único paterno.

Invención del fin del análisis, femenina para quien arribe a esa ribera, así se tratase de un nacido varón.Este punto impone la creación de otro vector, que pase ahora de la existencia que dice no, desde el costado masculino de las fórmulas de la sexuación, hacia la inexistencia de ese decir, en el lado femenino. Así se trate de un varón, el fin del análisis implica sine qua non el arribo, vía duelo, a esa posición de inexistencia, la única que posibilita “escupir” ese significante inventado.

A modo de provisoria conclusión podríamos puntuar que en el fin del análisis, se trate de   una mujer o de un varón quien transite la experiencia, se ha de pasar necesariamente, lo cual no implica en modo alguno el cambio de elección de partenaire sexual, al costado femenino, a la posición de no-todo y la parición de un nuevo significante, al que postulamos como puntapié inicial de la formación de un sinthome singular que mantenga juntas las cuerdas de modo borromeico, si de una neurosis de trata. En esta estructura se puede prescindir del padre, sirviéndose de él.En cambio la producción de un decir que anude establemente, pero de manera no borromeica suele ser espontáneo y/o requiere necesariamente una experiencia de análisis, quedando en suspenso la cuestión del diagnóstico de estructura, abriéndose por esta vía un terreno que conjeturamos apasionante para la formalización de otras estructuras que las consideradas en el trinitario habitual.Para un sujeto consumidor habitante del nuevo discurso (no nos detendremos en esta ocasión en la disputa sobre si esta combinatoria constituye o no un discurso)...¿Hay consulta posible a un psicoanalista? ¿Queda en un mundo donde primen "los surcos de la aletósfera" un lugar para la pervivencia del discurso psicoanalítico?El sufrimiento, bajo otros ropajes, seguirá insistiendo en tal mundo.

Lacan pensaba que el psicoanálisis podría desaparecer en la ciudad del discurso como un síntoma (insistimos en la afinidad de síntoma y padre) olvidado. Podría ser así.Pero es un deber ético de cada analista advertir que lo que Lacan advierte está ya sucediendo. Que escandalizarse y deplorarlo no va a ayudar a quienes están formándose en medio de esa modalidad discursiva. Que sólo resultará provechoso "inventar" (sí, inventar) recursos que no obliguen a los posibles analizantes a adaptarse a nuestros dispositivos sino poner el deseo del analista a trabajar para encontrar herramientas que a ese dolor acudan a hacer más tolerable. También allí debemos encontrar un savoir faire.

Lo que no debemos olvidar es que hay aún una (así lo creo)  mayoría de mentalidades neuróticas, deudoras del nombre del padre para las cuales sería de temer aplicar una moda que también puede resultar un lecho de Procusto de última generación.




[1] La propuesta de llamar a esta operatoria de pasaje de F  a su "detención como goce y pasaje a significación “traducción” es mérito y hallazgo de Héctor Yankelevich
[2] Recuérdese que en la única clase de Los nombres del padre, la angustia aparecía como nombre real del Padre.
[3] Lacan, Jacques D´une question préliminaire a toute traitment possible de la psychose Seuil. Paris 1966.
[4] Lo había introducido ya desde la época de su seminario sobre las relaciones de objeto. Dejando un blanco en su definición. Prestándose a toda clase de confusiones con el personaje paterno, el pater familias. Lo que dio al lacanismo la paradojal doble cara de, por un lado generar en una época la veneración del padre. Y en otra, que pudiera ser la actual, su denostación.
[5] Así, negro sobre blanco, lo afirma Lacan en la quinta clase de su seminario R.S.I. Inédito
[6] Referencia explícita de Lacan en varias clases del seminario inédito Les non dupes errent.
[7] LAcan Jacques. L´étourdit. Autres écrits.Seuil Paris 2002.
[8] Véase, respecto del posible cambio de ese discurso como rector de la "posmodernidad" el último libro, deslumbrante de M. Safouan Regard sur la civilisation oedipienne. Paris 2015. Hermann editor.
[9] Debilitar, en matemáticas, implica que una término o una fórmula no son verdaderas en todos los casos. Aunque tampoco devienen falsas. Siguen teniendo vigencia y eficacia.



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