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Ensayo sobre el dios Pan (Psicoanálisis)

jueves, 25 de agosto de 2016 0 comentarios

"La expresión Ataque de pánico podría pensarse como una holofrase. La Holofrase es un tipo particular de predicación en la que, en una palabra, se sintetiza el significado de todo un enunciado... Los psicoanalistas trabajamos de manera opuesta a la síntesis, nuestra tarea implica, por el contrario, el proceso de abrir. Analizar es, en gran parte, cuestionar, interrogar, desplegar..."

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Ensayo sobre el dios Pan

Escrito por Silvia Tomas
   Para Diario Literario Digital  


La expresión Ataque de pánico podría pensarse como una holofrase.
La Holofrase es un tipo particular de predicación en la que, en una palabra, se sintetiza el significado de todo un enunciado.
Holo en griego significa todo; se trata de una palabra que contiene en su síntesis un enunciado mayor, como lo son las predicaciones de algunas lenguas polisintéticas. Nos referimos a las lenguas aglutinantes en grado sumo, cuyas palabras están compuestas por morfemas.En morfología, el morfema es un fragmento mínimo capaz de expresar un significado, el cual unido a un lexema, modifica su definición. Un ejemplo de morfema sería el sufijo se, el cual, agregado a vayan, indica una modificación en la frase. Se sintetiza ustedes, y queda entonces un fragmento menor: vayan-se.

Los psicoanalistas trabajamos de manera opuesta a la síntesis, nuestra tarea implica, por el contrario, el proceso de abrir. Analizar es, en gran parte, cuestionar, interrogar, desplegar. Algo parecido a lo que Jacques Lacan plantea cuando propone la operación de separación -diferente a la de alienación-, que se basa justamente en atacar la batería significante que el sujeto recibe del Otro, cuestionarla. Interrogar esa cadena de significantes implica toparse con un lugar donde se-pare el sujeto.

Recordemos que estas operaciones de causación del sujeto son graficadas por medio de los círculos de Euler. De ese modo las propone Lacan en el Seminario del año 1964, titulado  “Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis”. En dichos círculos, hallamos el conjunto del ser y el conjunto del sentido.
El sentido proviene del Otro, Otro que imprime sus significantes en el sujeto, haciendo perder así al ser natural su completud. Queda entonces, por la mordedura de la palabra del Otro sobre el ser, un sujeto con hiancia, con fisura o falla, a la que llamamos Inconsciente.

Veamos cómo representa el maestro francés la alienación al sentido del Otro por medio de los elementos de la matemática moderna.


GRAFICO 1 ALIENACION




Lacan se refiere con la alienación y la separación a las operaciones de causación del sujeto, operaciones que son circulares pero no recíprocas.Al intersectarse los elementos de los dos conjuntos se produce un segundo movimiento que conduce al sinsentido, ubicado en la lúnula, y que da pie al sujeto vía la separación.Separarse implica, entonces, salirse del empaquetamiento, del holofraseado que impone la alienación que  -aunque necesaria también como operación de causación del sujeto- precisa luego de su reverso, de la separación, para  dar lugar al renovado parto del sujeto.

En el Seminario mencionado, encontramos una investigación en relación a la etimología de lo que implica el término separar. Descubrirnos allí, que, además de parirse, abarca el hecho de procurarse lo necesario para que los demás se cuiden de uno.Es a partir de este nivel que vemos asomar al sujeto. Un sujeto que irá más allá de la necesidad, donde el deseo no será representativo de la misma.Si la necesidad estuviera involucrada en el campo del deseo, entonces podríamos pensar que encontraríamos impedimento, dificultad para la apertura de la hiancia, de lo que constituye holofrase, como sucede con el fenómeno de la psicosomática y otra cantidad de presentaciones.
Estas, aunque diferentes entre sí, muestran que hubo falla en la separación por dificultad en la transmisión de la falta que aloja el deseo.

Es entre estas presentaciones en las que se ve dificultado el interlegere (leer entre líneas), que situamos al ataque de pánico, en tanto se nos representa como una especie de tapón holofrásico diferente al síntoma.Planteamos con Lacan que el síntoma es una construcción del sujeto, lo representa; en él se encuentra una indicación del saber al que el mismo alude. En cambio, en las presentaciones holofrásicas hay justamente una falla en el establecimiento del hiato que permite el alojamiento del sujeto que puede construir el síntoma.Recordemos que, siguiendo a Lacan en dicho Seminario, ese hiato propio de la neurosis se establece como espacio entre dos significantes: el S1 y el S2.Lacan propone el siguiente sintagma: Un significante representa al sujeto para otro significante.


GRÁFICO 2 (SINTAGMA)



El S2 es el significante binario, significante del sentido, como explicábamos más arriba. Refiere al sentido donado por el Otro, se trata de la cadena significante que antecede al sujeto y que lo está esperando incluso antes de nacer. Representa todo lo que de él se dice; cómo es nombrado, cómo es mirado, cómo es deseado ese sujeto, qué lugar viene a ocupar en la pareja parental y en la familia.El S1, significante Unario, es en cambio el significante que el sujeto extrae de esa lluvia de significantes que ha recibido. Desgajándose del S2, el S1 abre el hiato.Se trata de una extracción que realiza el sujeto, de un recorte en la cadena. Por supuesto, para tal extracción será importante para él contar con el aval del Otro. Se trata de una fina lectura que realiza el sujeto con su inconsciente, ya desde muy pequeño, si es que ha podido mantener su hiancia, la abertura que es la del inconsciente.

Los analistas que atendemos niños estamos acostumbrados a escuchar, desde el relato de los padres, el asombro que plantean ante ciertas situaciones donde los pequeños son los primeros en darse cuenta de lo que sucede en la familia.Es voxpopuli el hecho de que un niño sea el primero en saber cuándo está por llegar un hermanito, incluso antes de que los padres cuenten con la aseveración científica del embarazo; tal es la afinada intuición con que pueden contar los pequeños.Recuerdo el caso de un niño al que atendí hace muchos años atrás, cuando era aún muy pequeño. Sus papás cursaban una crisis de pareja muy profunda, y sin embargo, intentaban que en la casa todo anduviera sobre ruedas a los ojos de los hijos.En una ocasión en la que los padres comentaban durante la cena familiar el argumento de una película que habían visto recientemente -en la cual los protagonistas se amaban muchísimo- el niño, que evidentemente estaba allí presente en cuerpo y alma, intervino en el diálogo preguntándoles: “¿y por casa cómo andamos?”Pregunta que dejó a los padres completamente atónitos.El pequeño, refinado lector de goce, pronunció una verdad que intentaba ocultarse.Ante esa lectura que había realizado el chico de la situación, los padres se interrogaron y decidieron traerlo a las entrevistas, abriéndose desde entonces todo un camino nuevo de trabajo en relación al síntoma que denunciaba la verdad amordazada en la pareja parental.Distinto hubiera sido si ellos hubieran acallado al niño y negado la verdad. Probablemente la capacidad lectora del pequeño se hubiera mantenido en secreto y, en el peor de los casos, se hubiera visto impedido de volver a sacar sus propias conclusiones.

En un libro que dimos en llamar “Función materna: El otro como maître en las encrucijadas de la subjetividad”  hicimos mención a que cuando el Otro se presenta como Amo, en el lugar del S1, sin fisuras, impide u obstaculiza la posibilidad de extracción de ese rasgo que es en sí una operación que realiza el sujeto, siempre y cuando pueda contar, en principio, con la validación del Otro.La lectura del sujeto que dispone de su hiancia implica la posibilidad de cuestionar los dichos del Otro. La frase que se plantea el niño cuando piensa “me dice esto, pero ¿qué quiere?” es, a todas luces, actividad del sujeto. Cuando esa hiancia se cierra, el sujeto acata sin más.Suele suceder que ante el arrasamiento del Otro, la alienación no habilita a su reverso, la separación.

Recordemos que el acogimiento en los significantes del Otro es materia imprescindible. ¿Cómo haríamos para existir si nadie nos espera al llegar? Precisamos de un nombre, unas palabras, un lugar que nos aloje en la vida del Otro. Algo así como cuando un viajero llega al hotel y pregunta en la recepción si su habitación está disponible. Seguramente, si hizo la reserva, habrá un cuarto específicamente destinado para él.
Entonces, si se dirige al accueil -palabra que en francés significa acogida- podrá hacer el ingreso que le permita pasar a alojarse y descansar luego del largo periplo.Si esa acogida es fundamental para el viajero cansado, lo es también el movimiento de poder salir de allí, a recorrer por sus propios medios la ciudad que visita.

Ambos movimientos, de alojamiento y liberación, se tornan fundamentales para el viajero como lo son para el sujeto en su constitución. Sin embargo, hay acogidas que resultan asfixiantes y arrasadoras, que  complican el movimiento de salida. Justamente por tratarse de arrasamiento, ese alojar no logra contar con la calidad necesaria que otorga el respaldo para la liberación. Tal es la cuestión que pensamos puede haber acontecido en las presentaciones que se nos aparecen hoy bajo el nombre de ataque de pánico.

Veamos entonces si podemos interrogar ese significante coagulado -ataque de pánico- ya que, de dejarlo cristalizado, nos alejaríamos de toda pregunta por el sujeto, y no es esa la posición que toma el psicoanálisis.

La divisoria de aguas entre psicoterapia y psicoanálisis reside justamente en que este último pone el foco en la interrogación de lo que aparece bajo la etiqueta de ataque de pánico, más allá de la descripción fisiológica estandarizada, que –pensamos- por sí sola no permite abordar la causa.La propuesta de Lacan de considerar que en el síntoma hay una indicación de saber –por ser éste una formación del inconsciente que, como tal, desfigurado, traspuesto, se hace oír insistentemente- nos invita a no tratar de reducirlo sino, por el contrario, interrogarlo.Si bien en el llamado ataque de pánico no nos encontramos aún en la dimensión del síntoma, la propuesta de intentar sintomatizarlo nos lleva a recoger un guante arrojado hace mucho tiempo ya por nuestros maestros psicoanalistas.

La palabra Ataque refiere a un movimiento brusco que ocurre de manera súbita y violenta, tomándolo a uno por sorpresa. Por su parte, la etimología de la palabra Pánico, nos acerca a conocer la historia de Pan, un Semidiós de los pastores y rebaños en la mitología griega. Esta deidad de la fertilidad y la sexualidad masculina estaba dotada de una gran potencia sexual y se dedicaba a perseguir por los bosques a las ninfas  en busca de sus favores. Pan, siguiendo las costumbres de Dionisio, tocaba la siringa conocida como flauta de pan. Como deidad, presentaba una naturaleza salvaje a la que se le atribuía la generación del miedo enloquecedor; de ahí la palabra pánico que significaba temor masivo, el cual sufrían las manadas y rebaños ante el tronar y la caída de los rayos.
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En Freud encontramos la descripción del ataque de angustia como aquello que irrumpe sin que pueda ligarse a representaciones. Como un sentimiento de gran angustia separado de todo contenido ficcional. Un lugar donde la representación no adviene, a veces acompañado de sensaciones corporales como la inermidad, las palpitaciones, el ahogamiento o alguna otra manifestación de aniquilamiento donde están alteradas las funciones respiratorias y cardíacas. Encontramos vértigo, sudoración, temblores.

El breve historial de Katharina, esa joven que acude a él justo cuando ha decidido tomarse unas vacaciones, muestra cómo ello no impide que escuche a la enferma.
Ella le cuenta que padece de los nervios y describe cuánto le cuesta respirar, que a veces le parece que se va a ahogar, y que también se le aprieta la garganta y siente que su corazón se sale.
Freud, con su magnífica intuición, que no es otra cosa que una fina lectura realizada con el inconsciente, piensa que esa pintura que la joven detalla con su relato podría constituir muy bien la descripción de un ataque de angustia en el cual se resalta la situación asfixiante y arrasadora.
A partir de allí, es un gusto leer cómo el maestro vienés pregunta -y cómo escucha- para abrir el sintagma ataque de nervios.

Imaginemos la situación: Dr. Freud ha querido tomarse unas “vacaciones de las neurosis”. Cursa el año 1895 y ha viajado hacia la montaña.
En una tranquila posada, una joven de tan solo 18 años, que se encuentra trabajando allí, lee en el libro de accueil que entre los huéspedes se halla un doctor y decide ir a la carga para contarle su padecer.
A pesar de necesitar las vacaciones, y de haber viajado para esto a una de las más altas cadenas montañosas orientales, los Hobe Tauern, el Dr. se ve tentado de escuchar a la joven en la descripción de su malestar.

‘-Tome asiento. Descríbame cómo es ese estado de falta de aire.’“Me mareo, siento que voy a caer, luego se me oprime el pecho y me quedo sin aliento”, responde la chica.‘¿Y no siente nada en la garganta? ¿…y en la cabeza?’

Freud sigue preguntando y la joven va describiendo su malestar físico.
En determinado momento, él le pregunta si siente miedo mientras tanto, cada vez que le da el ataque; si piensa siempre lo mismo ante esas situaciones, o si ve algo frente a sí en ese instante. Incluso le pregunta:

‘¿Cuándo fue la primera vez que lo tuvo?’

En ese exquisito diálogo ocasional con la paciente podemos ser testigos de cómo las preguntas del Dr. Freud, que en un principio hicieron lugar a la descripción del malestar físico, fueron tornándose, moebianamente, hacia  otro sitio.Así, encontramos planteado en este breve pero valioso texto sobre Katharina, además de una extraordinaria indicación clínica acerca de cómo alojar y abrir el discurso, un nexo entre lo que Freud denomina sexual y los malestares que describe la joven.
La cuestión de la causa es puesta en juego.

Lacan o El terreno de la claudicación 

del Otro


Un miedo pánico es un miedo irrefrenable, una amenaza ante la cual el sujeto no encuentra cómo defenderse. En lenguaje lacaniano se trata del campo de la claudicación del Otro.El Otro como sitio, como lugar, como la otra escena, la del Inconsciente, no responde, ceja en su función poética, quedando el sujeto en manos de la huracanada pulsional, anonadado.Ocurre en el ataque de pánico que el Otro como sitio de elaboración no  llega a operar con su juego metafórico- metonímico, dejando al sujeto inerme, sin capacidad lectora, es decir, separatoria.Es por eso que, en su mudez representacional, el ataque de pánico se presenta como un real puro que no admite veladura simbólico-imaginaria, sin permitir que se llegue a formular la pregunta que abriría la puerta a la ligadura.
Abrevamos una vez más en la particular posición que ofrece el psicoanálisis al introducir la dimensión singular cuando interroga la holofrase.

“Vengo porque tuve un ataque de pánico en el avión”- dice una mujer que lamenta no poder viajar con su familia teniendo la posibilidad y el deseo   de hacerlo ya que el encierro que le produce la situación de subirse a la nave y ver cómo cierran la puerta le resulta intolerable.

Es algo que le ocurre desde hace mucho tiempo, simplemente que antes, a la hora de volar, padecía de grandes descomposturas fisiológicas que incluían náuseas, vómitos reiterados y hasta desmayos en un mismo vuelo.“Yo siempre atenta a si había bolsita en el avión”- dirá.

Con el tiempo, se dio un traspaso de las funciones del cuerpo a la sensación de miedo; ya no se descomponía pero le faltaba el aire y tenía palpitaciones, “ataques como de angustia”, decía.Como al momento de realizar la entrevista se encuentra próxima a emprender un nuevo viaje familiar, viene a ver si este problema puede trabajarse, ya que hizo cursos en relación al miedo a volar pero esto no logró ayudarla.

Cabe aclarar que el trabajo psicoterapéutico basado únicamente en la modificación de la conducta pasa por alto la búsqueda de la causa, el nexo, la conexión, que nunca es una sola.
Tampoco se logra poner en funcionamiento la maquinaria del Inconsciente, por no incitar la apertura de la hiancia poética que despegaría la holofrase.Luego de los aportes de Jacques Lacan se esclarece la idea del Inconsciente como algo a producir y de que es el mismo analista, con sus intervenciones  -como lo veíamos hace un rato en relación a las maniobras de Freud con Katharina- quien con su acto lo promueve.Hemos escuchado decir que el analista forma parte del concepto de inconsciente, aseveración que extrajimos de las palabras de Lacan y con las cuales coincidimos, pues pensamos como él que el acto, que es del analista, promueve el hacer que es del analizante.Así mismo, decimos que el acto está relacionado con el significante, es decir, emparentado con las intervenciones del analista.

Volvamos entonces a la paciente. Al interrogar sobre lo que específicamente le da miedo de la situación, dice que no se trata de la posibilidad de que ocurra un accidente, ya que confía en los pilotos; piensa que son idóneos y ha escuchado que el avión es el transporte más seguro que se conoce. Sin embargo, la cuestión del encierro, el hecho de ver que la azafata da cierre a la puerta, le produce sensación de ahogo y palpitaciones.
En esa circunstancia comienza a ver que se encuentra sin salida  y que en verdad sólo hay hierros y lata a su alrededor.

Caída de escena

Al cerrarse la puerta, la situación del avión con los pasajeros, el personal de abordo, el proyecto de viaje y los familiares que la acompañan, dejan ya de formar parte de la escena, del “como si”, y aparece en cambio la frialdad de los hierros del avión, quedando en situación de caída de escena.Es allí cuando lo real sin velo la arrasa, impidiéndole creer en las coordenadas representacionales que la ubicarían en la situación de viajar con su familia (¡de quien ella tanto disfruta la compañía!), yendo hacia un lugar que siempre quiso conocer.Aparecen entonces los signos repetidos tantas veces: taquicardia, sudoración, palpitaciones. Ella se transforma en presa fácil del Goce del Otro que, como el Dios Pan, la arredra con sus embestidas, dejándola muda.Tal vez el psicoanálisis, no sin presencia del analista (con todo lo que este sintagma implica, que tal vez podamos expresar en otra ocasión) pueda  proponer un camino hacia la dirección de la cura.En esta ocasión, se trata también de un viaje. Viaje en el que, a partir de la modulación de la intensidad de la angustia (como brújula), aproxime al sujeto hacia el encuentro con alguna palabra desde la que pueda comenzar a tejer la trama de sus orígenes.Entrar en la singularidad de sus marcas primarias para comenzar a reescribirlas.

En el Seminario denominado “Problemas cruciales del psicoanálisis”, Lacan toma el silogismo planteado por Aristóteles que todos hemos escuchado o leído alguna vez:Todos los hombres son mortales,Sócrates es hombre,Sócrates es mortal.El recurrir a este silogismo que hace de la muerte de Sócrates una razón necesaria (común y esperable para todos los hombres), en un Seminario donde se trabajan los problemas cruciales -o sea decisivos- del psicoanálisis, es justamente para contradecir que Sócrates haya muerto como uno más. Por el contrario, la causa de su muerte se debe a que decidió no retractarse y debió por lo tanto tomar la cicuta. Decidió no claudicar en su deseo, lo cual hace que no podamos decir que murió porque tenía que morir, como el universal de todos los hombres, sino que, por el contrario, hace que nos detengamos a resaltar sus razones singulares, que lo convierten en un sujeto de pleno derecho.
Es interesante ver plasmado en la pintura de 1787, del artista francés Jacques –Louis David, llamada “La muerte de Sócrates”, el momento donde Critón, discípulo del maestro, intenta disuadirlo de la decisión de beber el veneno. Pero sabemos que para esto hubiera tenido que retractarse de expresar sus ideas, traicionándose.
La cita sobre Sócrates en ese Seminario apunta a resaltar lo singular que resulta entonces ser una de las cuestiones cruciales para el psicoanálisis.

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En el trabajo analítico será medular ir en busca de lo singular, más allá de la etiqueta “Ataque de pánico”, lejos del cliché, se tratará del decir sobre la singularidad.
Allí, luego de dar las vueltas que sean necesarias para “hacer entrar al caballo en el picadero” y operar para que el discurso pueda comenzar a formalizase, a partir del acto que es del analista, surgirá el hacer, que es del analizante: recuerdos de situaciones y de palabras oídas, sueños que permitirán ubicar los orígenes del ahogo, su asfixia y palpitaciones, para que pueda comenzar a, no sin un vasto tiempo de trabajo analítico, rehacer la escena cuando se desarma.

La apuesta del analista, en el caso de la neurosis, es hacer trocar el ataque de pánico que nockea, dejando perplejo al sujeto, a la dimensión sintomática, aquella particular dimensión en donde el síntoma viene bien para interrogar al sujeto.Pero eso será en lo singular de cada análisis.
Para esta sujeto que mencionamos, recorrer la trama de su historia infantil aportó las cifras sobre el encierro y la asfixia que se le presentaba luego, en situaciones en las que ubicaba que la salida estaba impedida.
Ya avanzado el análisis, cuenta en una oportunidad que le dio miedo al cerrarse nuevamente la puerta del avión, pero enseguida comenzó a pensar en que vendría la azafata a ofrecer algo rico.Ante la caída de escena, ella misma pudo intervenir, proponiéndose el restablecimiento de la escena nada menos que con una oferta nutricia que hará restituir el entramado simbólico-imaginario que cubre lo real.

Mientras tanto su historia en análisis sigue la reescritura.
Reescribir la historia es intervenir sobre lo vivido, ya que la reescritura del sujeto sobre lo vivido pasivamente hace a la re fundación del mismo.En esta oportunidad utilizamos el término intervención y podría pensarse que nos referimos a las intervenciones del analista sobre las que mucho hemos oído y leído. Pero se trata más bien en este caso de la intervención que realiza el sujeto por medio del análisis sobre su propia vida; al reescribir su historia, interviene sobre ella, modificándola.

Escogimos el término intervención tal como se utiliza en el arte contemporáneo; nos interesa tal investigación y dejamos las puertas abiertas para ello ya que consideramos que es esencial para el psicoanálisis abrir al aporte que puedan brindar otros campos para echar luz sobre nuestros problemas.

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Para Diario Literario Digital


Bibliografía
Brochard,Victor. Estudios sobre Sócrates y Platón. Editorial Losada.
Freud, Sigmund. Estudios sobre la Histeria. Caso Katharina.
Lacan, Jacques. Seminario, libro XI: Los cuatro conceptos fundamentales.
Lacan, Jacques. Seminario, libro XII: Problemas cruciales del psicoanálisis.

Rosell Puig W., Dovale Borjas C., Álvarez Torres I. Morfología Humana Tomo 1.
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