El espejo del fondo del pasillo (Cuento) | DIARIO LITERARIO DIGITAL

El espejo del fondo del pasillo (Cuento)

martes, 9 de agosto de 2016 0 comentarios

"En cuanto entraba en el pasillo, me veía reflejada en él y según iba caminando mi imagen se agrandaba..."




El espejo del fondo del pasillo


Escrito por  Isabel Llor Cerdán

Para Diario Literario Digital


Mis primos se habían ido al apartamento de la playa y yo me sentía muy bien de ocupar su piso de la ciudad, ya me había quedado allí otras veces, pero ahora era distinto: me inquietaba el espejo que, en el fondo, ocupaba desde el suelo hasta el techo.


En cuanto entraba en el pasillo, me veía reflejada en él y según iba caminando mi imagen se agrandaba.


Una noche (solía revisar aquella parte de la casa antes de dormir) oí la voz que me acompañaba siempre:
-No te pares, sigue avanzando, entra en el espejo.


No era sorprendente, me había pasado otras veces y siempre habían surgido cuentos, historias, presentía que esta vez sería igual.

Y así fue, cerré los ojos y di un paso adelante:

Veía un hermoso lago, casi circular, rodeado de grandes árboles. Decidí darme un baño. El agua estaba a una temperatura ideal y, como también había sucedido en otras ocasiones, no tenía ningún problema al respirar dentro del agua, como si fuera lo más normal.

 Resultado de imagen para lago con arboles


Seguí nadando hacia abajo y cuando ya veía el fondo, un duende se acercó a mí:
-Toma, te la regalo – me dijo dándome una moneda de oro.


Le dí las gracias y ahí sí me sorprendí porque lo normal hubiera sido que se presentara una bella ondina, siempre pensé que los duendes eran de tierra firme y no de agua.


Ascendí a otro nivel más cerca de la superficie y otro duende, además de obsequiarme con una moneda de plata, me aclaró:
-Mi hermano no te lo ha dicho, pero las monedas son para poder entrar en un lugar, hay diferentes guardianes y sin ellas no podrás acceder. Sabemos que son para ti y te dejarán pasar a algún sitio que en realidad te pertenece. ¡Suerte!


Esto empezaba a ponerse interesante. Seguí subiendo pensando que ya estaba muy cerca de la superficie, pero un tercer duende se acercó muy deprisa y me dijo:
-Aún falto yo. Mi moneda es de cobre y ahora sí es la última.
Pregunté:
-¿Y esos lugares a los que tengo que entrar también están dentro del lago?
-La verdad es que no lo sé. Tendrás que ir probando o tal vez los guardianes te indiquen dónde están exactamente.
-Está bien. Muchas gracias


Salí del lago y del espejo. La excursión me había gustado mucho, pero, de repente, me sentía muy somnolienta y me fui a dormir. Pensé: mañana seguiré con esto o a lo mejor las respuestas están en los sueños.


Pasaron dos días con sus noches y no ocurrió absolutamente nada, pero en la noche del tercer día, sentí que alguien me llamaba desde el espejo:
Una vez dentro, un pequeño dragón me dijo:
-¿No te interesa saber que hay detrás de la puerta que guardo?


Desde que me las habían entregado, llevaba conmigo las monedas y, la verdad, no me hacía ninguna gracia desprenderme de ellas. Eran grandes y llevaban grabados unos símbolos iguales en las tres. A lo mejor eran muy antiguas y tenían un gran valor económico.


Como si hubiera oído mis pensamientos, el dragón se echó a reír y dijo:
-Los humanos siempre igual: prefieren quedarse en la superficie en lugar de profundizar, creen que las monedas son un tesoro, cuando pueden llegar más lejos y encontrar verdaderos dones mucho más valiosos.


Pensé que tenía razón y le pregunté qué moneda debía entregarle y a qué lugar me conduciría.
-A mí me corresponde la moneda de cobre. En el bosque, alrededor del lago, deberás encontrar el árbol más alto, que también es el que tiene el tronco más grueso, allí mismo hay una puerta. Llama tres veces y la puerta se abrirá.
-Está bien – dije, entregándole la moneda.


El dragón se ve que no tenía muchas ganas de charla porque en cuanto se la entregué desapareció antes de poder preguntarle si él me acompañaría. Estaba claro que tendría que apañármelas sola.


Encontrar el árbol fue muy fácil, destacaba entre los demás porque realmente era muy grande. Llamé con fuerza a la puerta redondeada y sin más se abrió.


De allí brotaba una luz muy intensa que ocultaba el interior. Instintivamente me cubrí los ojos con una mano y avancé muy despacio hasta que intuí que era suficiente.
Al pie de otro árbol enorme me esperaba el dragón que, muy sonriente, me dijo:
-Bueno, ya que lo deseabas, aquí estoy, te acompañaré en este lugar y, si estuvieras en peligro, seré tu protector. ¿Qué camino deseas seguir?
-No estoy muy segura porque es la primera vez que entro aquí, pero seguiré el del medio.
-Muy buena elección.


Era un camino llano, hermoso, bordeado por bellas flores a derecha e izquierda.
Poco después el camino empezó a subir y, algo más arriba, se pararon frente a una pequeña ermita blanca, delante de la cual había una fuente.
-Espera - le dije al dragón- beberé un poco y me refrescaré antes de entrar en esta iglesia
-Está bien -dijo rebuscando- Ah, aquí tengo la llave. De lo que encuentres dentro, una parte me la entregarás.
-¿Tú sabes lo que hay?
-Pues no, porque cada persona encuentra cosas diferentes.


Metí la llave y abrió a la primera. Los rayos del sol se filtraban por dos pequeñas ventanas y, en el centro había un gran montón de monedas y objetos de cobre.
Cogí todas las que pude mientras pensaba que me servirían para pagar algunas cosas que deseaba mucho. Di las gracias y salí de allí muy feliz.


-Como acordamos -le dije al dragón- puedes coger todas las monedas que quieras.
-La verdad es que a mí no me sirven para nada, pero me quedaré una de recuerdo
-Bien, y ahora ¿dónde iremos?
-No sé. Yo solo soy el guardián de esta puerta. Te dejaré dónde te encontré y probablemente allí mismo ya te estará esperando el segundo guardián al que deberás entregarle la moneda de plata.


Cerré los ojos y allí, al lado del gran árbol, había un hada toda vestida de blanco que brillaba mucho.
-Soy un Hada de la Luna. Dame la moneda y te acompañaré volando a tu próxima puerta.
Estaba entusiasmada por su luz y su gran belleza y con gusto le entregué la moneda.
-Tendremos que esperar que anochezca. La Luna nos enviará uno de sus rayos para indicarnos el camino.


Notaba cierto cansancio. Me tumbé al lado del gran árbol y me quedé dormida.
No había pasado más que un momento, sentí un suave roce en mis manos, mientras el hada me decía:
-Vamos, ahora es el tiempo preciso. ¿Ves ese rayo?. Por él nos desplazaremos.
Subimos y pensé que ese era el mejor medio de transporte que jamás había utilizado.
Íbamos a una velocidad increíble y paramos en una plataforma, también plateada desde dónde la Luna parecía estar muy cerca.


Nos acompañaba una hermosa melodía que, de pronto, se convirtió en una voz que nos habló:
Delante de nosotras se formó una espiral de plata con intenso brillo y, dentro de ella, emergían unos trozos negros de distinto tamaño.


La voz, dijo:
-Esos puntos son tus sentimientos inarmónicos. Nuestro regalo es que puedas borrarlos, lo cual podrás hacer fácilmente, ya que has conseguido llegar hasta aquí.


¡Genial! -pensé- e indiqué al hada que uno a uno, los fuera transformando con la luz de su varita mágica. Al momento toda la espiral brillaba sin ningún punto negro.
-Muchas gracias -dije- pero ¿no volverán a reproducirse?
-Eso depende solo de ti – contestó la voz. En realidad, solo tienes que estar más pendiente y darte cuenta de cuando se producen.


Me sentía tan feliz por el regalo y por lo que sentía en ese momento, que me dieron ganas de quedarme allí una buena temporada, pero la voz, con gran dulzura dijo:
-Sabes que eso no es posible, tienes que seguir tu vida, pero si lo deseas, algún día puedes subir a hacerme una visita.


Asentí sin palabras y, confiando en el hada, cerré los ojos. Sabía que en unos instantes estaría de nuevo al lado del árbol, esperando al último guardián.


Parado encima de una rama baja había un sorprendente pájaro con plunas de un dorado brillante y las alas rojas.
-Me llaman -me dijo- Pájaro de Fuego. Dame tu moneda de oro y te acompañaré hasta el Sol.


Tenía mis dudas y le dije:
-Pero, si nos acercamos al sol desapareceremos. Prefiero quedarme la moneda.
-¿Ni siquiera quieres intentarlo?. Te aseguro que nada malo te ocurrirá y ahí está el regalo más valioso.
-¿Tiene que ser ahora mismo, no puedo pensarlo unos días?
-Cuanto más lo pienses las dudas serán más grandes y vencerán tus miedos. ¡Decídete, te aseguro que será lo mejor para ti!
-Está bien. Vamos


El pájaro se hizo de un tamaño suficientemente grande como para que me subiera encima.
Era un hermoso atardecer rojizo y nos acercábamos a gran velocidad. Cuando estuvimos más cerca me di cuenta que el sol estaba cubierto por un gran disco como de cristal que lo tapaba y evitaba que el calor nos consumiera.


Fue en ese momento cuando escuché una voz de timbre grave y masculino que con firmeza dijo:
-No te preocupes, no tendrás que entrar en mí sino en tu propio corazón.
Pensé: “que curioso que en todos estos años no se me haya ocurrido que podía entrar en mi misma”.


Vi primero como un largo túnel y al fondo aquel tremendo resplandor.


-Sí, dijo la voz- justo como estás pensando, he estado siempre dentro de ti.


Cuando abrí los ojos, me pareció un paisaje conocido: una gran pradera de hierba verde que brillaba con tanta luz y una pequeña casa de cuarzo rosado.
Recordé que siempre había tenido la llave pendiendo de un cordón al cuello. Abrí la puerta y entré en una habitación en la que había una gran mesa y un banco. Me senté y observé que había una pequeña caja, cerrada con un lazo rosa. La abrí y lo que encontré fue la misma moneda que había entregado al guardián.


La voz continuó:
-Esta la tendrás siempre, es tuya. Te llevará, si lo deseas, a cada uno de los lugares representados por los símbolos. En todos ellos hay algo tuyo ya que viviste y tuviste grandes experiencias. Por tanto, la moneda completa sería como
acceder a lo que en verdad Eres. Siempre se está evolucionando, creciendo y esta puede ser la forma de comprobarlo.
Tu corazón, representado por esta casa de cuarzo, es tu verdadero hogar y el material del que está hecha la moneda, el oro, es mi esencia.
Puedes venir y escucharme siempre que lo desees.


Sabía que todo había terminado. Me vi de nuevo saliendo del lago. Cuando, de regreso, atravesé el espejo, me di la vuelta y vi mi nueva imagen: iba vestida con una túnica blanca que se ceñía a mi cintura con un cordón dorado. Mi pelo era rubio y mis ojos azules parecían sonreír. Por primera vez estaba viendo mi ser verdadero.
Pensé que todo había sido hermoso y, sobre todo, muy revelador. Volvería más veces porque ahora tenía muchos lugares que visitar.

Resultado de imagen para moneda de oro colgante

Eché la mano al cuello para comprobar que la llave seguía allí y, del mismo cordón, pendía la moneda de oro.

Ya era muy tarde, me sentía muy serena. Tal vez toda esta historia continuara en mis sueños. Eso era lo de menos.

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