El economista como filósofo: Inflatio (Hermenéutica) | DIARIO LITERARIO DIGITAL

El economista como filósofo: Inflatio (Hermenéutica)

domingo, 3 de julio de 2016 0 comentarios

La hermenéutica siglo XXI, procura resolver el paradigma del Yo Sujeto puesto en la Red, aquel misterio que aún le impide a la filosofía salir definitivamente del solipsismo cuando intenta teorizar los universales, mientras que por el contrario el psicoanálisis no logra salir de lo universal cuando intenta descubrir al individuo

 


Escrito por Ramón D. Peralta

Serie de ensayos: Subteoría de la inflación



Exégesis de la Hermenéutica
 (Segundo capítulo)




Habré de iniciar ésta segunda parte, haciendo un breve y superficial sobrevuelo sobre la abierta, anárquica y siempre incompleta noción de hermenéutica. El problema de intentar explicar la hermenéutica desde el racionalismo estriba en no quedar cercado en lo que ella persigue y asimismo combate: sumergirse en algún tipo de método sin quedar atrapado en un único punto de vista. 
Eso nos lleva a sospechar que el mejor método es aquel que no posee método. Lo cual suena contradictorio, de hecho lo es, y ésto quizás sea lo más apasionante de la hermenéutica: Saber de antemano que lo que se busca desde la idealización es prescriptiblemente inasible, antinómico y por ende aporético.


Es impropio confundirla con la Historia de la Filosofía Antigua o con la Historia de la Filosofía Medieval, Historia de la Filosofía Moderna, Filosofía Contemporánea, Pensamiento Económico, Lógica, Ética, Metafísica, Gnoseología, Filosofía de las Ciencias, Filosofía Política, Etnografía, Sociología, Semiología, Semiótica, Filosofía de la Historia, Epistemología, Historia de las Ciencias, Filosofía Especial de las Ciencias, Filosofía del Lenguaje, Psicosociología, Psicoanálisis, Filología, Etimología, etc. 



No es eso individualmente, y es todo ello aunque no solamente ello. No es imprescindible colocar ese corpus de conocimiento aprendido en su contexto de producción histórica y biopolítica, tal lo que pregona la Antropología Sistemática o la Historia de la Teoría Antropológica. 


Tampoco debería ser asumido como mera Gramática, Lingüística, Teoría y Análisis Literario, Historia Social General, Historia de los Sistemas Políticos o Historia de los Sistemas Económicos. Sin embargo, se debe valer de todas ellas, y eso lo hace tan tortuoso, alienante y adictivo. 

La Hermenéutica del aquí y ahora, la única que puedo ejercer, la subjetivista con vocación universalista; no procura comparar la dimensión sociocultural de las vidas de las sociedades arcaicas y aborígenes con las modernas y contemporáneas, tal como hiciera Émile Durkheim. Si no que, se esmera en detectar cómo se han ensamblado esos eslabones que unen al Ser sujeto con ese Ser social e histórico que aparentemente controla el lenguaje en cuanto estructura. 


Un lenguaje que no le pertenece a nadie individualmente, y que asimismo simula pertenecernos a todos. La concurrencia psicoanalítica y psicologista en la hermenéutica, nos alisa ontológicamente sobre la existencia de una inquebrantable unión del "sujeto consciente" (cógito), conjunto exóticamente entrelazado mediante vínculos significantes en tanto estructura del lenguaje.  



La hermenéutica siglo XXI, procura resolver el paradigma del Yo Sujeto puesto en la Red, aquel misterio que aún le impide a la filosofía salir definitivamente del solipsismo cuando intenta teorizar los universales, mientras que por el contrario el psicoanálisis no logra salir de lo universal cuando intenta descubrir al individuo. 



Indagar sobre las huellas de entropía o la estela dejada en esa lectura (asintótica) y el regurgitamiento intelectual hecho por los grandes pensadores sobre quienes los precedieron. 



Intentar introyectarse en ese ¿Cómo leyó Marx a Aristóteles y Platón? ¿Qué tan influyente fueron los antiguos textos chinos e hindúes en la Escuela de Salamanca? ¿Por qué los escolásticos parecen haber encontrado a sus herederos dilectos en Eugen von Böhm-Bawerk, Jean-Baptiste Say o Frédéric Bastiat (entre otros)? ¿Por qué hay saltos discontinuos que abarcan siglos entre un pensador y el otro en tanto una misma linea filosofal?

¿Por qué los problemas económicos de la antigüedad siguen siendo los mismos que en el siglo XXI? ¿Por qué el  ideario de "equilibrio económico" adquirió semblante de U-topía con la evolución? ¿Por qué mediante el riguroso estudio hermenéutico de la economía arribamos a la conclusión que la utopía de "economía de mercado" es lo mismo que el "marxismo utópico"? ¿Por qué Marx no llegó a desandar todo el camino hermenéutico? ¿Por qué al final siempre nos topamos con la indeteminación, indefinición, los múltiples espejos, el multiverso y el proyecto de fuga del sujeto?

Si en cada episodio de la historia, el hombre pudo creer que estaba siendo contenido por algún capricho de la naturaleza es porque, es natural en el hombre confirmarse en creencias cuya superioridad se posa en el determinismo absoluto. Una fraudulenta superioridad que como causalismo, es revestida con visos de legalidad. Pero hoy sabemos que no hay tal causa y efecto, sólo movimiento en tanto campos funcionales (azarosos) que aún desconocemos y que quizás, jamás conozcamos.  

 

Si podemos preguntar y confirmarnos, es porque nuestra existencia está en perpetuo movimiento en simultáneo en que queremos huir de ese movimiento, necesitamos ratificarnos ente, dejar de ser sujetos indefinidos. Esa relación de amor-odio para con lo que "somos" y asimismo "no somos" en compulsa con lo "deseamos ser" sin imaginar qué hay por fuera de esa nada; es una de las paradojas más emocionantes de la existencia. Estamos huyendo hacia ningún lado cierto.   

Con algo de voluntarismo podríamos ver la Hermenéutica actual, como la voz de una contingencia, contingente de si mismo, ergo una hermenéutica de la propia hermenéutica. Estudiar y leer a Wilhelm Dilthey, es estudiar y rescatar a Friedrich Schleiermacher. 

Estudiar a  José Ortega y Gasset en su ensayo sobre Dilthey y la idea de la vida, es rescatar a Diltrey y a la vida misma (según el tamiz de esa notable genialidad). Pero estudiar la paradigmática hermenéutica de Dilthey es rescatar a Dilthey en tanto weltanschauungen, so ostentosas cosmovisiones neuróticamente apareadas con  las tipicidades de Max Weber. Y rescatar a Weber es reencontrase con Platón, Demócrito, Proclo y Epicúreo. Es también entrar por la puerta de la cocina de Friedrich Schiller e Immanuel Kant (en un mismo desayuno).

Es tomarse un café y platicar en pantuflas con G.W.F. Hegel, Baruch Spinoza o Giordano Bruno, alardear junto a Karl Jaspers y rezongar con Rudolf Steiner. Para Gadamer, el fenómeno del lenguaje es misterioso y espabilante al mismo tiempo, pues no es una cosa aislada, sino que infiere nuestra condición de posibilidad en el mundo, un "vivir en diálogo", un "habitar en la palabra".
Pero cuando intento abordar a Gadamer desde la hermenéutica, sólo logro descubrir lo que leyó Gadamer. A través de sus textos, arribo a lo que logró interpretar de otros escritos. A partir de Gadamer llego a Heidegger, Nietzsche, Kierkegaard y precedentes. Y a través de estos, llego al Ser social,  histórico y atemporal que diluye el holístico y espectral  Ser en tanto tiempo y espacio.       



No es estrictamente una pretensión de "Naturwissenschaften" (ciencias naturales) o una "Geisteswissenschaften" (ciencias humanas y/o ciencias del espíritu), sin embargo es todo ello y más que ello. Porque la curiosidad de la Hermenéutica, mi hermenéutica, no se posa únicamente en la estirpe de los legados simbólicos, sino en la inasible separación que se produce entre el Ser y los entes que creó ese Ser social e histórico en tanto teoría del conocimiento de cada época. 



Es infructuoso y estéril procurar descubrir la realidad, pues es ella la que se descubre y nos descubre, cual stripper profesional que, a sabiendas de la arquitectura libidinal y lasciva del hombre, jamás se desnuda por completo (para preservarnos en una atracción in eternum para con la gnosis). 




Verdad y método, representan al significante proyectivo, aquel significante que muestra y vincula al sujeto y el signo con el Otro del significante. Los sujetos están encadenados entre sí, hay una aventura individual y yuxtapuesta con una aventura totalizadora del Ser. Soy y no soy, soy nada y soy todo, sin embargo, aún sin saber quién o qué soy, siento que me estoy moviendo, y en el acto de inconsistir a ese supuesto escepticismo se asienta la idea de existencia y trascendencia.

Se nos manifiesta como aquel proyecto yoista de fuga, que se deconstruye recurrentemente ante la peligrosa conducta de notificación del Otro. Cuando uno estudia el fenómeno Inflación desde la hermenéutica, advierte a priori que, no resulta tan interesante intentar comprender el cambio y la evolución del Sujeto en cuanto relaciones económicas puesto en sociedad, sino todo aquello que no ha cambiado ergo que se ha mantenido como una constante, pues allí es donde habremos de hallar el sustrato del enigma, los analogizantes fenoménicos y los nuevos interrogantes. 



Una accidental similitud con el  "epojé trascendental" de Husserl, ese poner en pausa la tesis de efectividad con que mirábamos al mundo, también con el "epojé asubjetivo" de Patockas, aquel que asume al cuerpo humano en tanto inconsciencia del enigma como nuestro primer despertar fenoménico.    

Lo interesante de  karl Marx, no está tanto en su filosofía, como en su labor hermenéutica. Leer "El Capital" y sus "Manuscritos económicos y filosóficos", nos conduce a la Escuela de Salamanca, a Alberto Magno, a Avicenas y Averroes. Pero también nos muestra su magnífica comprensión de Ibn Jaldún, Pedro Abelardo, Guillermo de Ockham y Santo Tomás de Aquino. 

Y a través de ellos, nos enlaza con Aristóteles, Jenofonte (El economista), Platón, Sócrates y Pitágoras. Lo más curioso, es que también se verifica una manifiesta lectura del "Yǎngyú Jing" y el "Jīng Shang Bao Dian" de Fan Li. Como tampoco está ausente la evidente influencia del "Arthashastra" de Chanakya. 
Porque todos estos grandes pensadores de la historia, encontraron esas entidades nucleares de la economía, aquellas que nunca cambiaron ni cambian, a pesar de los denodados esfuerzos de las sociedades en pos de modificarlos en cuanto idealización. 

 
El problema no es la propiedad privada versus la propiedad pública, el dilema es la propiedad y el no poder imaginar un lugar donde colocar lo diferente. El problema no es al ahorro, sino lo que se hace con el ahorro. El problema no es el dinero, sino el tipo tratamiento de lo real mediante lo simbólico e imaginario que hace el Ser, Alter y el Otro a partir de él. El problema no es el préstamo y el crédito, sino el tipo de uso que le da el Ser en tanto ser que lucha por ratificarse ser. 


Recordemos que la crematística (Aristóteles) escindida de la economía, por ese magno distorsionador dado por la "comercialización o reventa" ergo la ganancia por la ganancia en mismidad, es en si mismo el fenómeno saturado de la economía, aquello que nos es dado como exceso de obviedad ante la copia degradada de un simulacro apalancado en la sempiterna negatividad que aquejó a la humanidad en cada momento.  

Quizás no haya existido filósofo más liberal que Marx, aunque hoy los dogmáticos lo asuman como su antimateria. Porque tampoco hay originalidad suprema en Marx, cuando hacemos hermenéutica sobre los textos más antiguos de filosofía económica. Cualquier apasionado con la Hermenéutica arriba a las mismas ideas centrales de "El Capital"; ergo detectar los distorsionadores que derruyen el equilibrio económico que se pretende natural, sin  serlo en lo ontológico, inmanente y esencial.

Propiedad, ahorro, dinero, préstamo y crédito son sólo distorsionadores de aquel exótico "equilibrio económico" con que vinimos al mundo, a éste mundo de apariencias, materialidad, misticismo y sensibilidad. La utopía del liberalismo puro al igual que el purismo de la utopía marxista, nos dirigen al mismo lugar de la unigénita U-topía. 


Aquél mágico paraíso donde los hombres y mujeres, estaban igualados ante el universo y la naturaleza, diferenciados sólo por la desnudez de su inconsciencia y divinidad... Pero ¿Hubo realmente un ordenamiento de ese tipo? ¿Pudo haber existido una horizontalidad de poder en el Ser en tanto lucha por ratificarse ser (alguna vez en la existencia de la humanidad)?    

La inflación, la deflación y sus hijos putativos, son interesantes porque se erigen en el ratio essendi de ese idílico "equilibrio económico" (es decir, lo que nos muestra el lazo que vincula lo perceptible con lo esencial), y es asimismo el ratio cognoscendi del equilibrio económico  (aquello que nos anoticia sobre la existencia de su "no funcionamiento"). Al igual que el Ser y el universo, la economía es unidad totalizadora. 


La aporía nos inunda de interrogantes, cuando desde la razón intentamos solucionar ese "no equilibrio" económico, haciendo más sofisticado los "distorsionadores" que evolutivamente nos impusimos sin reparo de aturdimiento. 


Ese rostro propedéutico plasmado por Jean Paul Sartre en su Psicoanálisis existencial, ergo ese "Ser en si" que se dirige a su "Ser para si" (tomado de Heidegger, y éste de Hegel), nos demarca el sinthome que caracteriza la praxis económica en tanto verbo en sus relaciones del ser, lo que soporta el accionar económico en tanto vinculación entre Seres que luchan por ratificarse sujetos unigénitos a la vez que batallan por preservarse conjunto (humanidad). 



Explicado de manera simple: al parecer, lo que ha evolucionado no es la complejidad del equilibrio económico (que de hecho nunca existió), lo que evolucionó es la complejidad de los distorsionadores creados por el Ser en su proyecto de fuga. Es decir, los problemas creados (por ejemplo) por el monetarismo (aún los más obscenos), son siempre "solucionados" con más monetarismo. Hoy asumimos que aquello que denominamos "crecimiento económico" como asimismo aquello que bautizamos "recesión económica" constituyen la prosopopeya del "equilibrio faltante" 



En otras palabras, en cualquier sentido que se mueva la economía, aún de ser aquella que se pretende diáfana solución, nos conduce a nuevos desequilibrios. La evolución del Ser en cuanto economía, es la evolución de esos "hipotéticos distorsionadores". Y decimos que son hipotéticos, porque ni siquiera de eso podemos estar seguros.   


La hermenéutica financiera estudia cómo se enlazan las partes de la tradición filosófica y literaria en tanto los modos en que se usaron las culturas más determinantes y hegemónicas de su tiempo. Averiguar el cómo y qué leían, buscar las lagunas, lo impensado de cada pensador, los puntos suspensivos, los lugares y objetos donde la palabra se desvanece en su significación (etc).



Tomándonos de la impronta conjetural que ha adquirido el debate científico-filosófico del asunto, intentar analizar qué hay dentro de esas piezas ausentes del corpus metafísico, a efectos de delinear aproximaciones teleológicas y axiológicas 
en pos de encontrar el pertinente sentido en donde ubicar el sujeto y el significante resultante. Comprender que la entidad "equilibrio económico" equivale al objeto metonímico del deseo, lo que nos anuncia la presencia de una ausencia. 


La hermenéutica intenta surcir esa tela tejida en un proceso continuo y asimismo diacrónico, que es en si mismo el materialismo cultural ergo la enorme herencia que en forma de tradición, nos llega de los eximios filósofos de la historia en formatos de emblemas, aforismos, apotegmas, apologías, diálogos, fábulas, doxas.... (etc). 

La hermenéutica no debe intentar probar nada, porque cualquier tipo de proyecto que sea autonomista, estará contaminado de ideología, intereses sectoriales, religión o dogmatismo, que en rigor describe una misma cosa: la cosa (el hombre-cosa ergo el hombre moderno). La ideología representa la mala fe puesta en la renuncia al pensamiento lateral, intuitivo y severo. 

Más que las cuestiones lingüístas, filológicas, semánticas o semióticas (entre otras del mismo tenor), la hermenéutica se esmera en rescatar lo que sentía y pensaba el Ser ante esos eventos repetitivos y recurrentes pero que fueron literados de diversas maneras. En especial, nos invita a imaginar aquello que siempre quedó fuera del texto. Incluso desnuda de manera formal o informal, un lenguaje eidético que también nos devela cierto tipo de asertiva  y resiliente "recursividad". 


Elegí la "inflación" como coartada para justificar un tipo de hermenéutica que pretendo sea de largo alcance, es decir, un manifiesto narcisismo y egomanía cimentado en la "marketinera" oquedad, suposición de que tal asunto será tema de interés y lectura.

Sin embargo, podemos ingresar con cualquier otro tropo o excusa, y darnos cuenta que la hermenéutica bien parida nos conduce a un sólo lugar: El Ser en tanto economía es unidad totalizadora. No hay posibilidad alguna de concluir con algo que se pretenda en somera solución, si dejamos afuera un solo punto de ese conjunto indiviso. Esa caprichosa división entre macroeconomía y microeconomía me parece espantosa.         


"Falta de armonía del dinero", "desequilibrio en la asignación subjetiva de valor al dinero", "inflatio", "inflación" y las que vengan en el mañana, no son relevantes para la polisemia en tanto lingüística, si no se acreditan como el signo de un "significante cercenante" que se repite en la red biopolítica de producción de esas voluntades que en tanto poder jerarquizan el espesor del Ser social e histórico descrito por Heidegger. 

La inflación o la deflación, el crecimiento o la recesión... (etc) son los síntomas que desnudan la impotencia del Ser por lograr una relación de equilibrio con el conjunto en tanto verbo que se conjuga sin la existencia de tiempo ni certeza. No existen apodícticos atemporales en la economía, ninguno. Quizás por ello, Platón haya expuesto como ideal humano, la figura del "economista filósofo", aquel capaz de darse cuenta de que todo está en movimiento, de que el equilibrio es un ideal en si mismo, y que por ende, siempre estará expuesto a los desafíos de la contingencia. Para Platón, el rol del economista, pensador y filósofo se ubicaban en un mismo significante (del tipo lacaniano).


FIN DEL CAPÍTULO


El economista siglo XXI debería ser un filósofo, un pensador y de hecho lo será. Aquel que deberá afrontar las soluciones (en permanente movimiento) a las distorsiones que el hombre se provoca, porque de eso se trata la evolución humana, de un apartamiento silencioso para con la naturaleza. No hay nada natural en la economía en tanto relaciones del ser. 

CONTINÚA EN: ¿QUÉ ES EL DINERO? (Tercer capítulo)

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