Inflación: etimología, orígenes y evolución (Hermenéutica) | DIARIO LITERARIO DIGITAL

Inflación: etimología, orígenes y evolución (Hermenéutica)

viernes, 10 de junio de 2016 0 comentarios

El nacimiento de la Inflación es anterior a la aparición de la moneda, entonces cabe preguntarse ¿Por qué algunos economistas hoy lo definen como un Fenómeno Monetario en tanto absoluto? 


Serie de ensayos: Subteoría de la Inflación

Escrito por Lic Ramón D. Peralta

Exclusivo para DIARIO LITERARIO DIGITAL



PRIMER PARTE: 

Introducción



La inflación, la deflación, la stanflación o stagflación (etc), hoy son fenómenos que cualquier ciudadano puede detectar, incluso definir. Es decir, esa apariencia o forma ante los sentidos en tanto una economía regida por el lenguaje del dinero, no es algo que la hermenéutica  persiga poner en dilemas, porque de hecho, el enigma está en su nóumeno o esencia.   

Sabemos que esos fenómenos son síntomas, pero cuando indagamos acerca de qué los produce u origina, es donde aparecen muchas respuestas en simultáneo, por ende, por lógica clásica, ninguna que nos satisfaga a todos. Hay un trabajo muy interesante realizado por el Dr Mario Rapoport, economista e historiador (profesor universitario de la UBA), donde nos narra con claridad y simpleza cómo fue interpretada la inflación a lo largo de nuestra existencia como nación. Ver Revisión histórica de la inflación argentina y sus causas

Allí podrán ver que, según el período en que uno haya vivido, protagonizado y/o estudiado economía, la inflación se argumentaba de una u otra manera. Dice Rapoport: "Si la inflación es un problema que reconoce múltiples causas, recomendar un remedio sin un análisis detallado es un acto de curanderismo, o esconde, en realidad intereses concretos." (sic) 


Y agrega "(...) No se puede negar, en todo caso que constituye un fenómeno complejo y que existe en el país una arraigada cultura inflacionaria. Pero, sobre todo, desde el punto de vista de la política económica, la inflación se convirtió en la Argentina en el caballito de batalla de muchos presidentes y ministros de Economía para justificar medidas de estabilización, ajuste o austeridad, como se las llamó en distintos momentos."


De haber nacido en el siglo XIX o incluso a principios del siglo XX, habríamos estudiado que la inflación era originada por los altos intereses de la deuda externa (tradición iniciada en 1822 con el empréstito de la Baring Brothers), o por el imperfecto modelo agro-exportador, siempre pasible de afectaciones climáticas (inundaciones, sequías, plagas, etc). Por mucho tiempo, una mala cosecha era sinónimo de "vacas flacas" ergo inflación y crisis. Esto, internamente jugaba con un menor poder de pago en moneda dura, lo que ocasionaba aumento de los productos importados. El aumento generalizado de precios desde temprana edad, nunca se hizo esperar demasiado en nuestras tierras. 


El fracaso en la implantación del patrón oro en Argentina, dio origen a una serie de ciclos inflacionarios sobre la base de oro tomado en préstamo en el exterior; y la especulación sobre tierras, acciones de compañías ferroviarias, obras públicas (y otros activos) que solían elevar los precios hasta las nubes.


Los fenómenos inflacionarios que acompañaron la crisis de 1890 volvieron a repetirse durante la primer guerra mundial. Pero es necesario remarcar en éste período (tal como dice Rapoport), la escasez que acarreó la caída del comercio externo y el contagio de la inflación internacional de aquellos años. 

Basta decir que entre 1913 y 1918 los precios mayoristas crecieron 300% en Italia; 240% en Francia; 130% en Gran Bretaña y 90% en Estados Unidos. Ni hablemos de la "hiper..." de Alemania. En 1918, cuando finalizó la guerra, la inflación argentina fue del 26%, cifra inédita para la época, pero concordante con la del escenario externo. Aunque hoy nos parezca una bicoca al lado de la que tenemos en el año 2016 (más del 40 % anual y sin guerra que la justifique). 

Luego de la Crisis Global del 30, fueron apareciendo diversos explicativos, como "un mayor aumento de la demanda agregada por sobre la oferta agregada", "mayor impresión de dinero que de crecimiento de la economía real", "disparidad de velocidad del dinero demandado por el consumo respecto a la producción", "falta de crédito al sector productivo, jugando con sobre-emisión monetaria introducido sólo mediante el consumo", "política económica nacional distribucionista", etc.  Recientemente empezamos a escuchar la "core inflation" - inflación núcleo o subyacente, que ya veremos de qué se trata (en capítulos sucesivos).  

Cuando me decidí a escribir éste texto, Argentina estaba luchando contra la inflación con altas tasas de interés impuestas por una autoridad monetaria convencida de que la inflación debe ser atacada de esa manera. Esta medida, como ya es usual, provocó la revaluación del peso en tanto su moneda nodriza, el dolar. Es decir que, la hipotética baja de los índices inflacionarios en moneda de curso legal (pesos), se transforma en otro "fenómeno", inflación en dolares estadounidenses, y asimismo de cualquier otra moneda convertible. 

El empirismo nos debería haber enseñado que, cuando se atrasa la paridad del tipo de cambio artificialmente, esa inflación contenida o disimulada, reaparece nuevamente (e inclemente) ante las correcciones cambiarias que siempre llegan tarde y con asfixiantes envases de crisis recesivas (tal lo sucedido en el 2001). Otro problema adicional, se da cuando la alta presión fiscal, impide ajustes o correcciones de los gastos públicos, subsidios o tarifas de los servicios públicos.  Todos somos sabiondos, todos conocemos qué es la inflación, sin embargo luego de casi un siglo y medio de convivir con ella, todavía no hemos podido encontrarle la cura. 


Mientras tanto, en Occidente, las aguas se dividen como el Mar Rojo ante Moisés, sinestésica metáfora que nos pinta a una Reserva Federal de los Estados Unidos con una manifiesta intencionalidad de subir las tasas de interés, mientras que en simultáneo, la otra superpotencia, la Comunidad Económica Europea; baja las tasas de interés hasta adentrarse al místico mundo de los números negativos. Ambos con la misma misión: reactivar la actividad económica, hacer subir la inflación. 

En otras palabras o las mismas, unos buscan bajar la inflación (los menos) y otros hacerla subir (los más), pero todos con recetas diferentes, entonces cabe preguntarse ¿Qué tan científico es nuestro conocimiento sobre la inflación?

Primer aproximación a la exégesis 

En una de sus magistrales charlas, el filósofo checo Jan Patocka dijo "los economistas hubiesen bautizado nuestro planeta con el nombre Agua". Las apariencias nos embelesan en el facilismo, nos atornillan al imperio del engaño, a la magia, a la caverna. La "economía" es aquello que destruimos cada vez que intentamos teorizarla. El problema de la enseñanza dogmática, radica en erigirse en un dique de contención para el pensamiento, la idea y el percepto. Incluso estudiar matemática no le aporta mucho al pensamiento matemático inmanente al Ser. 

Nuestra mente nace con funciones matemáticas tan sofisticadas, que ni siquiera los matemáticos más excelsos han podido traducirlas al lenguaje matemático. Cuando manejamos nuestro automóvil por la ciudad, nuestra mente está receptando 2.000.000.000 de bits por segundo, realizando en simultáneo idéntica cantidad de cálculos y todo de manera "no racional". Nadie piensa en los números ni el tipo de cálculo que nos enseñaron representan las "matemáticas", simplemente lo hacemos, y de manera inconsciente. 

Calculamos dimensionalidad, geometría de nuestro cuerpo dentro del auto, del auto dentro de la calle, de los demás autos que nos rodean. Calculamos la velocidad en que vamos, la velocidad de los otros, calculamos tiempo, distancia e inercia del frenado sobre las eventuales velocidades, etc, etc, etc. Todos esos cálculos llevados al lenguaje de los números aún hoy, son un formidable reto para los más encumbrados matemáticos de todos los tiempos.   

Sin embargo, aún naciendo con esos dones, la mayoría de nosotros manifiesta no entender las matemáticas. Los sentimientos, las emociones, la angustia, el miedo, la ansiedad, el amor.... están estructurados como pensamiento lateral matemático. Cierta vez un famoso economista argentino, me respondió "No admito teorías conspirativas, la economía se explica muy bien con la ley de oferta y demanda". A partir de esa respuesta, me ahogué en mi propio silencio. La economía dogmática se ha transformado en una pasión estéril, un saber inútil. 

El psicoanálisis es la ciencia que más matemática nos enseña, pero la enorme mayoría de los psicoanalistas ignoran que lo ignoran. Los matemáticos aprenden parcialmente el lenguaje de las matemáticas, pero es poco probable que esa maestría los conduzca a una nueva idea o descubrimiento de la realidad. Hoy, la filosofía más refinada es llevada adelante por la ciencia cuántica y su lógica homónima. Las facultades de filosofía son excelentes para aprender..., historia.  

A partir de Descartes, la filosofía moderna ergo filosofía de la conciencia ha evolucionado hasta llegar a disolverse sobre si misma. El monismo materialista y estructuralista nos adoctrinó que la mente es el cerebro, que el ser humano es su cuerpo, que el lenguaje es el pensamiento y que la economía es dinero. Los monetaristas sostienen que la "Inflación es un fenómeno monetario". Cosa plenamente aceptable si nos mantenemos firmes al lado del étimo y el signo, aquel que nos dice que el fenómeno es la apariencia o forma  que se nos presenta ante los sentidos... ¿Pero cuál es el nóumeno, cuál es su esencia, qué lo origina? ¿Qué hay detrás de esa apariencia?



El profano describe la gripe como un resfrío, malestar general, alta temperatura o fiebre. El médico, una vez hecho los análisis y estudios científicos,  concilia la sintomatología (fenómeno) con el saber que la gripe es una enfermedad infecciosa causada por un virus de tipo ARN de la familia Orthomyxoviridae. ¿La cura?.... pues el medicamento con los probados químicos que atacan ese virus. 

Los monetaristas son aquellos que pasarán a la historia por intentar curar el fenómeno con más fenomenología. La hermenéutica le trae malas noticias a los monetaristas, la inflación es un "fenómeno" anterior a la aparición de la moneda. 

Etimología y Orígenes

El término "inflación" proviene del latín "inflatio", que significa acción y/o efecto de inflar. Sus componentes léxicos son el prefijo: in (hacia adentro), el verbo flare (soplar) y el sufijo cion (acción). Palabras como "inflamación" tienen la misma etimología, y ya veremos por qué los lingüístas, semiólogos y filólogos aún mantienen un arduo debate sobre el tema. 

No hace mucho tiempo, se descubrió que la palabra latina "inflatio" utilizada para explicar interrelaciones de tipo económico, era anterior al latín, por ende, con su propia etimología. Es decir que la inflación (aumento generalizado del precio de los productos) antecede al siglo VIII antes de Cristo (donde inicia el latín en tanto lengua).   
Así fue como supimos que a su vez, la etimología de "Inflatio" deviene del protoindoeuropeo *bʰōw- ("hinchar"). Compárese con otras derivaciones como bulla ("burbuja"), bullire ("bullir"), en el irlandés antiguo bolach ("hervir"), púca ("hada"), el lituano bulìs ("glúteo"), el protogermánico *būkaz ("vientre") (alemán Bauch, catalán buc, inglés bouk, bucket, sueco bug), *puddo ("charco") (inglés puddle). Lo más curioso que es la misma etimología de la palabra castellana "boca" (para comer). 


El hipotético idioma protoindoeuropeo, el cual nos llega por terceras referencias, se sitúa entre los años 3500 y 2500 antes de cristo. Así es como nace el dilema de una "inflación" vinculada con aumento del esfuerzo, inflamación y hambre (boca). Polémica que en los centros hermenéuticos más prestigiosos aún se mantiene sin definiciones ni consensos. 


Lo cierto es que las primeras monedas acuñadas con carácter oficial fueron hechas en Lidia, (hoy Turquía), un pueblo de Asia Menor, aproximadamente entre los años 680 y 560 a. C.; probablemente durante el reinado de Ardis de Lidia, aunque algunos numismáticos han propuesto fechas anteriores o posteriores, como el reinado de Giges de Lidia o el de Creso "El Opulento". 



Hace pocos años atrás, en Mohenjo-Daro y Harappa, actualmente en Pakistán, se han encontrado sellos fechados entre 2500 a.C y 1750 a.C., pero no es seguro que hayan sido monedas. Ya en el año 1100 a. C. circulaban en China miniaturas de cuchillos de bronce, hachas y otras herramientas utilizadas para reemplazar a las herramientas verdaderas que servían de medio de cambio. 



En 1979 y 1980 fueron descubiertas algunas monedas del antiguo reino de Loulan, que al parecer datan del período Mesolítico. No obstante, los arqueólogos de la numismática, insisten en que primeras monedas fueron impresas entre el siglo VII-VI a-C y el siglo I d-C. Entonces cabe preguntarse ¿Cómo puede ser considerada la inflación un fenómeno monetario en tanto absoluto?.


No sería descabellado inferir que en tiempos del trueque, hayan aparecido productos que por su utilidad y requerimiento masivo, generalizado y uniforme; cumplieran funciones inherentes a la moneda, es decir, como instrumentos de intercambio (o pago recíproco). Está bastante probado que la carne y el cuero, fueron durante mucho tiempo el signo rector de las primeras acciones económicas (trueque). En cuyo caso, sería coherente asumir que cuando había abundancia de carne, los otros productos (ropa, frutas, pescado, verduras, etc) subieran sus "valores relativos" y viceversa.      



Hay un grupo dentro de la Universidad de Harvard que sostiene que la "inflación fue un fenómeno económico que aparecía cuando se daban determinados eventos climatológicos, nevadas intensas y duraderas, inundaciones, o acontecimientos especiales, como guerras, matanzas masivas etc; que ocasionaban distorsiones entre la cantidad de personas encargadas de proveer los alimentos y bienes primarios  y la cantidad que consumían (niños, ancianos, etc). 

Un segundo grupo, sostiene que la inflación es una problemática de tipo social y fundamentalmente política. Y tiene que ver con el ejercicio del poder en tanto distribución intencional de la riqueza. Las guerras y revoluciones, normalmente se hacían y hacen con fines políticos, aunque siempre por detrás están los intereses económicos. En síntesis, una de las típicas soluciones al problema de la "inflación" era la guerra, curiosamente, quien la provocaba.


La síntesis de ésta dialéctica materialista nos invita a pensar la inflación como una distorsión en los valores que los individuos le dan a los "universales simbólicos" de intercambio, usados estos como lenguaje de comunicación en cuanto verbo económico. Dicho y entendido esto, debemos entender que el catalizador del valor de las cosas y el trabajo es el Ser Humano. Si quedara un solo ser humano con vida, todas las "riquezas del mundo" pasarían a valer nada para él. Se establece una sociedad natural muy interesante entre el universo y el Ser en cuanto economía.  

En otras palabras, la inflación: es la pérdida provisional del valor relativo del símbolo, utilizado como entidad rectora del intercambio en tanto acción económica. A partir de aquí, sólo nos resta indagar acerca de ¿Qué provoca realmente la inflación en estos tiempos? ¿Qué será la inflación en el futuro? donde se nos anticipa la completa desaparición del papel moneda, dinero fiduciario o símbolo fisicalista  y ¿cuál es y será la cura? 




Consideraciones filosóficas en la Oferta y Demanda en tanto teoría del valor



Hay un ejercicio mental muy interesante, que consiste en poner todas las piezas diacrónicas de la historia y hacerlas mover rápidamente en nuestra conciencia, para que, en esa sincronía se deconstruya una nueva secuencia de imágenes, pero esta vez bajo los cánones de la lógica cuántica. Esto nos permite visualizar muchas "verdades" que obran en simultáneo en la medida que descubre nuevos espacios y vacantes.



En esa lógica "no clásica", nos encontramos que no hay verdades que se invaliden mutuamente, tal como nos enseñó la lógica aristotélica y matemática. Esto nos indica que el cógito cartesiano o conciencia, se acostumbró a leer y buscar respuestas en los lenguajes aprendidos, en detrimento de nuestras naturales e inconscientes capacidades eidéticas y estocásticas.  



En el instinto están nuestros más férreos vínculos con el Otro, el conjunto, la red biopolítica, la humanidad. Cuando analizamos la bitácora de la presunta "ley de oferta y demanda" nos encontramos con varias paradojas. Por Ibn Jaldún, supimos que los hindúes sostenían ya en la antigüedad: "Quien consume es el mismo que produce, por ende, la producción y el consumo vienen de igualarse entre si". 

Pero como vimos en el capítulo anterior, en una organización tribal o en cualquiera, no todos pueden producir. Los bebes, niños pequeños, los discapacitados, los enfermos, los ancianos, las mujeres embarazadas en su últimos mes, no podían producir, o bien, no producían lo suficiente para su propio consumo, mucho menos para el intercambio (trueque). 

Justamente en el instinto humano, es donde se posa la solidaridad, la idea de justicia y las pulsiones de vida y muerte; aquello que hacía que los cazadores, pescadores ergo productores, proveyeran lo necesario (alimentos, ropa, etc) a esos consumidores que no podían "valerse" por si mismo. En otras palabras, la oferta y demanda en cuanto postulado no tiene asidero natural ni matemático, entonces ¿Por qué insistimos tanto con éste tipo de determinismo?.

Luego, concluimos que el límite para el consumo es la producción. Siendo el deseo lo que nos lleva a correr permanente esos límites, y en esa carrera alocada hacia adelante es donde se afirma nuestro sentido evolutivo. Hay una piedra preciosa en las enseñanzas de Lacan para la economía, aquel que nos describe el "faltante en tanto objeto metonímico del deseo que nunca es satisfecho aún bajo la hipotética posesión de ese objeto a (primer objeto) que por existencialismo nunca llena nada".  
Hay bastante consenso en aceptar que el instinto es lo que motoriza la supervivencia de la especie, aún a pesar de la filosofía de la conciencia, quien nos ha enseñado el lenguaje del imperio de la razón, aquella que nos formó para creer en la cosificación del Ser en las relaciones del ser. 
Por su lado, la mayoría de las ciencias de la cultura, han puesto como preeminente el lenguaje por encima de nuestra esencial intuición, aquella que nos posibilita hacer cálculos sumamente complejos de manera instantánea e inconsciente. Curiosamente, la misma intuición que nos llevó a inventar esos lenguajes. Eso explica por qué con la evolución, aparecieron tantos idiomas para un mismo lenguaje. 

San Agustín solía decir que las cosas naturales en nuestra existencia son aquellas que más nos cuesta definir desde la razón, aún sabiéndolas. Todos creemos saber lo que es el tiempo, pero cuando nos preguntan ¿Qué es el tiempo?... no podemos responder convenientemente. Lo mismo sucede con la Intuición y lo Instintivo. Las ideas preceden el lenguaje de los números y la palabra, es decir, fue la intuición quien nos posibilitó la creación del lenguaje de los números y de las distintas lenguas, no al revés como hoy nos enseñan. 

En cada uno de nosotros, yace una genialidad intrínseca y natural, la misma que hoy negamos y reprimimos. La matemática no está en el lenguaje de los números, está en nuestra mente, alma, cuerpo y espíritu. He tenido la fortuna de conocer y estudiar con superdotados de las matemáticas y la física, quienes admiten que los nuevos teoremas e hipótesis, nacen de las ideas, para a posteriori buscar la forma más conveniente de traducirlo al lenguaje matemático. Nunca es al revés, sin embargo, cuando nos preguntan por las matemáticas, pensamos como acción refleja en el lenguaje de los números que nos enseñaron nuestros padres, maestros, profesores, etc.  

Lo más valioso de las neurociencias, la psicología, el psicoanálisis, no está en lo que pueden hacer y descubrir, sino en lo que no pueden. La estructura del lenguaje en tanto epistemología, nos allana el camino que nos conduce a iluminar lo que está por fuera de ella, lo esencial e inmanente al Ser. 

En Abril de 1981, Philippe Forget, profesor de lengua alemana en la Universidad de la Sorbona, organizó un célebre debate entre el filósofo alemán Hans Georg Gadamer, famoso por haber propuesto un nuevo tipo de hermenéutica, so recordado por haber inmortalizado que: "el enigmático y atrapante lenguaje es nuestra condición de posibilidad en el mundo, un vivir en el diálogo, habitamos en la palabra"; y el filósofo francés Jacques Derrida, conocido por haber instituido la "deconstrucción", quien pasó al mármol por sentenciar "No hay nada fuera del texto". 

Y aunque la deconstrucción y la hermenéutica gadameriana cohabiten en una misma dimensionalidad, no impidió que ambos se enfrenten en un entretenido debate que nos condujo a ninguna parte. Porque siempre el Ser, el Tiempo y la Nada quedan por fuera del texto ergo lenguaje. La filosofía de la conciencia creyéndose superadora, sólo intento ponerle límites y determinismo a algo que no lo tiene, el Ser sujeto.  

En ese sentido, hoy debemos entender que la idea de la economía en cuanto proporciones, ecuaciones, movimiento y sentido es algo que sentimos de manera natural. Nuestros sentimientos, emociones y estados anímicos son el mejor asiento contable de esas distorsiones matemáticas que nos deparan las actuales relaciones humanas en tanto economía. 

Porque nacemos con un instinto de supervivencia, que es noción de justicia y reciprocidad, nos sentimos seres importantes y trascendentales para la especie y el universo. El ser no es sólo una aventura individual, también es en simultáneo una aventura colectiva. 

Sentimos la falta de reciprocidad, la injusticia por parte del Otro, percibimos de manera natural el egoísmo, la indiferencia, el vacío ergo lo asumimos internamente como un desprecio a nuestro Ser. No necesito sacar cuentas, sé cuando recibo menos o más, también siento regocijo respecto de lo que doy y culpa respecto de lo que no doy. 

Entonces debemos preguntarnos ¿Por qué la filosofía no logra salir absolutamente del solipsismo cada vez que se ha empeñado en descubrir los universales y por qué el psicoanálisis (por el contrario) no logra aislar al sujeto absolutamente cada vez que intenta desnudar al individuo?.



Separar al sujeto de la Red (humanidad) mediante la estructura del lenguaje es tan problemático, como aislar los universales de sus esencias constitutivas. 



Poco antes de morir, mi padre me dijo "La pobreza es lo único que aún mantiene con vida éste sistema". Pasó mucho tiempo hasta que entendí sus palabras. Siete mil millones de millonarios "exitosos", ya hubiesen acabado con el planeta. El instinto es lo que nos mantiene unidos a la vida en tanto sociedad; y la intuición es lo que nos hace evolucionar, a pesar de la conciencia humana, su más "divino castigo". 


Hoy pensamos en lograr los adelantos científicos que nos permitan mudarnos a otros planetas, de tal manera, preservar la especie humana. ¿No será más inteligente y barato cuidar el que ya tenemos?. Hoy eso poco importa, pues solo aprendemos con el rigor del dolor extremo, el sufrimiento y las situaciones límites. Las guerras mundiales del siglo XX, no fueron suficiente lección, necesitamos algo mucho más radical, tocar fondo por completo; un cierto apocalipsis autosatisfecho. 



Algún día, la palabra éxito será usada convenientemente, y estúpidos serán los que vivieron para y por el dinero, cosificándose y cosificando al Ser en sus relaciones del ser, destruyendo y destruyéndonos. La economía, de pretender ser una ciencia, también deberá rever el significado de bienestar y especialmente el de "utilidad". 



¡En el siglo XX, socialistas y capitalistas lucharon entre sí para imponer la cosificación extrema del Ser en las relaciones del ser. En el siglo XXI, deberemos luchar contra la estupidez de esos dogmas y revertir el daño que nos hicieron y nos hicimos!


La inflación en la Antigüedad: filosófica económica



A través del tiempo, la inflación se ha descrito de manera más o menos homogenea como una alteración de los componentes más importante del accionar económico de una sociedad, siendo la "desacreditación del símbolo usado como medio de pago recíproco" una de sus señeras consecuencias. 

Y ciertamente, salvo en la actualidad, donde los denominados monetaristas lo conciben como un "fenómeno monetario" aislado de las demás variables macro y micro económicas, al cabo de la historia podemos recoger distintas perspectivas según del tipo de negatividad que los aquejaba en tanto economía.  



China 

Los primeros textos económicos fueron ubicados en China en el siglo IV antes de Cristo. El famoso Fan Litambién reconocido en la actualidad como Tao Zhu Gong,  (asesor del Rey Goujian de Yue), escribió el "Yǎngyú Jing", la obra más antigua conocida sobre: la cría de peces, y las reglas de oro para el éxito en los negocios. Y el libro "Jīng Shang Bao Dian", que aún hoy es considerado una especie de Biblia para la hermenéutica economicistas de China. Incluye 12 principios y 12 máximas que describen el arte para alcanzar una gestión empresarial exitosa.

Contra lo que muchos creen, Adam Smith no fue el creador de nada, ni siquiera fue lo suficientemente original. Su obra "La Riqueza de las Naciones" parece un vademecum plagiario de textos antiguos y medievales. Tiempos donde los derechos de autor gozaban de manifiesta invisibilidad. El concepto de economía de mercado, teoría de valor en base a oferta y demanda, más los fundamentos del dinero en tanto confianza (dinero fiduciario) utilizado como instrumento de pago e intercambio ya estaban claramente definidos y ordenados en el segundo libro de Fan Li.  

Fan Li, al describir la inflación, dijo "El dinero es sólo un medio para un fin y no debe ser tomado demasiado en serio". También sostuvo que: "Si se cree que uno ya no entiende al dinero y éste se ha convertido en una carga, hay que estar dispuesto a abandonarlo". 

Fan Li dejó en ambos libros, un conjunto de recomendaciones y consejos para el buen uso del dinero y las buenas artes para evitar "la falta de armonía del dinero" (así se refería a la inflación).  

 
 

India



Un siglo después de Fan Li, Chanakya (año 377 antes de Cristo) habría escrito el "Arthashastra", que es un extenso e intrincado tratado sobre el arte de gobernar, política económica y estrategia militar. 


No obstante, algunos filósofos, economistas e historiadores hindúes, creen que el "Arthashastra" fue escrito por otros autores contemporáneos, tal el caso de Kautilya, también identificado como Vishnugupta y Chanakya.


Takshashila, fue el profesor y tutor del emperador Chandragupta Maurya. Sin embargo, otros estudiosos del tema han cuestionado esta identificación.

Lo cierto es que, muchos asumen que éste compendio, fue ampliado y redactada entre el siglo dos y tres antes de Cristo. Hasta el siglo XII (Edad Media para los europeos) Arthashastra era considerado como una especie de "profeta o sabio de la economía". Durante casi setecientos años, por razones no del todo claras, desapareció de las escenas académicas, hasta que fue re-descubierto en 1904 por R. Shamasastry, quien lo publicó en 1909. La primera traducción al Inglés fue publicada en 1915.
El título "Arthashastra" a menudo se traduce a "la ciencia de la política", pero el libro Arthashastra tiene un alcance mucho más amplio. En éste texto, se empezó a hablar de "desequilibro económico" en lugar de "falta de armonía" (de los chinos). En otras palabras, tal como dijera Ibn Jaldún: "El equilibrio económico es lo que da valor a la moneda"

Antiguo Egipto


En el antiguo Egipto, se ha podido detectar un fenómeno inflacionario del tipo cíclico dado a raíz del tipo de fisiocracia que practicaron en la cuenca del Río Nilo, conocido por sus periódicas inundaciones estacionales. Estos miniciclos (o ciclos cortos), sucedían anualmente hasta que se construyeron los primeros grandes depósitos de granos. Es decir que, el ahorro, la diversificación y el crédito fueron decisivos para el desarrollo de ésta civilización. 

En términos actuales, podemos afirmar que el Antiguo Egipto fue una superpotencia de su tiempo, o bien, una nación desarrollada. También fue la primera en padecer fenómenos sociales y políticos propios de la modernidad. 


Los egiptólogos, consideran que la primera huelga en la historia se produjo en tiempos del Imperio Nuevo, durante el reinado de Ramsés III. Puede que hubiera otras anteriormente en esta civilización o en Mesopotamia pero, sin lugar a dudas, se trata de la primera documentada, gracias al conocido como "Papiro de la Huelga", hoy atesorado en el Museo Egipcio de Turín (Italia). 


Estudios periféricos, han encontrado que en tiempos de la dinastía XX,  la inflación que se registró en Egipto se disparó de manera extraordinaria. 


Además, se había perdido el imperio asiático, es decir, más allá de la península del Sinaí. Las raciones destinadas a los trabajadores en Deir el-Medina, la comunidad de obreros y artesanos creada para construir las tumbas reales en tiempos de la decimoctava dinastía, no se distribuyeron con la regularidad habitual. Pero no sólo se alteró el ritmo y la regularidad de las raciones sino que, además, éstas menguaron en cantidad y calidad. Las raciones que se entregaban eran el salario o sueldo de los trabajadores.


Tal como en la actualidad, estas raciones (o sueldos) no eran muy diferentes entre las distintas categorías profesionales. Un encargado recibía 5,5 kilos de trigo y 2 kilos de cebada, frente a los 4 kilos de trigo y 1,5 de cebada de un simple artesano. 

También se entregaban raciones de otros productos: pan, pastas, cerveza, aceite, pescado, verduras, dátiles, algo de carne, loza, vestido y sandalias, pero de forma más irregular y escasa. Según lo estipulado, las raciones de grano debían pagarse regularmente el último día laborable de cada mes, pero terminó siendo muy habitual que se retrasen hasta mediados del mes siguiente. 

Esto provocó el malestar general entre los trabajadores. En el año 29 del reinado de Ramsés III estalló una huelga de proporciones históricas, que de hecho quedó reflejada en la historia. Las protestas se elevaron de tono y se repitieron durante varios días. Los trabajadores se dirigieron a los sumos sacerdotes y escribas para quejarse de que pasaban hambre y sed, que no tenían vestidos, ni otros productos, y pidieron que explicaran esta situación al faraón y al visir para que le pusiesen remedio. 


Las autoridades intentaron frenar la protesta con promesas pero algunos escribas recurrieron a las amenazas. Lo que de alguna manera nos dice que, las prácticas políticas no han cambiado en demasía a través de los siglos.  


Ninguna de las dos respuestas hizo desistir a los trabajadores. La documentación es incompleta y no se sabe cuál fue el desenlace del conflicto salarial. No obstante, podemos conjeturar que estos trabajadores habían adquirido una especie de conciencia de clase o, al menos, de su fuerza. A partir de entonces, cuando se producían problemas en relación con las raciones se emprendían acciones de protesta que podían durar desde un día hasta semanas. Se repitieron en distintas ocasiones, hasta la disolución de la comunidad de Deir el-Madina en tiempos de Ramsés IX.

La inflación tiene un nuevo tipo de argumento, el descontento social para con el poder, encargado de la distribución de los recursos, la riqueza y los salarios. Los estudios de estos antecedentes, llevaron a la Escuela de Cambridge a pergeñar su "Ecuación homónima", aquella que nos dice que la inflación no es causada por la sobre-emisión u oferta de dinero, sino por el aumento de su demanda. 


Y se fundamentaron en la experiencia del antiguo Egipto, porque comprobaron que "el tiempo de demora que se da entre el momento esperado de pago por los trabajadores y la facticidad del pago por parte del Estado, genera un incremento de ansiedad en la demanda de dicho pago, fundado en la necesidad de un consumo inmediato". Nacía así, lo que hoy conocemos como "expectativa inflacionaria". 


En otras palabras, se trate de alimentos, vestuario o monedas, siempre que haya un desacople o demora en los tiempos de compensación entre producción y pago, aumentará la demanda de esos instrumentos o medios de pagos.


Recordemos que antes de su "Teoría General del Empleo, Interés y Dinero", Maynard Keynes, integró junto a Alfred Marshall y Arthur Pigou (entre otros), dicho grupo de investigación hermenéutica, asociado a la Universidad de Cambridge.      



Antigua Grecia

Gracias a los neopitagóricos, sabemos que en las enseñanzas iniciáticas (orales), Pitágoras, solía poner especial énfasis en el tipo de crisis económica (inflación) que se daba cuando había alta mortandad de esclavos en Babilonia. Es decir que, cuando se reemplazaba la "mano de obra barata" por el trabajo más caro de los ciudadanos y/o libertos, los productos aumentaban sus precios de manera generalizada. Quizás se trate de la primera descripción de lo que hoy conocemos como "inflación de costos" en occidente. 
La antigua Atenas, evolucionó justamente mediante el eficiente y "humano" uso de la esclavitud en paralelo que desplegaba las primeras ideas de democracia y república, vaya curiosidad (para muestra perspectiva del aquí y ahora). 

El primer texto (por ahora) que está probado proviene de Atenas, es "El Económico" (en griego: Οἰκονομικός) escrito en el año 362 antes de Cristo por Jenofonte.  
Se trata, tal como en las obras de Platón, de un diálogo socrático que versa especialmente sobre "microeconomía" (economía doméstica y la agricultura), aunque en la última parte, se despliega hasta darnos claras nociones de cómo preservarnos de las "recurrentes crisis económicas". 

Obviamente, al igual que Pitágoras, vuelve hacer hincapié en la relación costo-beneficio de la esclavitud, así como de las virtudes y requisitos que debían tener esos hombres y mujeres designados para las labores rurales, domésticas, comerciales y de educación.  

La primera vez que aparece la palabra "inflatio" es precisamente en la traducción al latín que hiciera Cicerón de "El Económico". Este libro y la obra se hicieron muy popular y de consulta obligada durante el Renacimiento. Fuente obligada de consulta para los Escolásticos, principal corriente gnoseológica de la Edad Media (la cual estudiaremos en el próximo capítulo del ensayo).    
Joseph Epstein afirma que "El Económico" en realidad puede ser visto como un tratado sobre el éxito en la conducción tanto de un ejército como de un estado. Además del legado de Inflatio y estructura de costos, también le debemos el término "hegemonía". 

Es menester destacar que la "inflación" no era una palabra que se manifestara como de especial importancia, todo lo contrario, fue usada irónicamente para reseñar una de las tantas consecuencias que generaban los aumentos de costos, impuestos y gastos del estado. 

En el diálogo entre los personajes centrales de la obra, Sócrates discute el concepto de "riqueza" con Critóbulo, el hijo de Critón. Allí se identifica por primera vez la idea de "Estado de Bienestar" como contrapunto de un "ejercicio deshumanizado de la economía" (piedra angular del capitalismo que hoy conocemos)


Pero también hallamos la "debida relación que debe existir entre la moderación en el gasto y el trabajo duro aplicado a la prosperidad de la economía". La mayor parte del libro está dedicado a la discusión entre Sócrates e Iscómaco. Aquí Isómaco es usado a modo de ejemplo del "Gran emprendedor o empresario". Sócrates resalta la iconografía del buen gerente, Iscómaco, quien describe los métodos que usó para educar a su mujer en las "artes de la buena administración" de los recursos de la granja o finca. 

Pero además, introduce nociones acerca de la "necesidad de aprovechar los últimos adelantos tecnológicos" (para la agricultura), así como los métodos más adecuados para la "conducción de los esclavos". Como verán, en la antigua Grecia, los desequilibrios económicos generadores de inflatio, básicamente se explicaban con el mal manejo de los costos y gastos públicos. Aquí vimos nacer los hoy vigentes conceptos de "productividad" y "competitividad". 

La parte menos conocida, está en el Papiro Oxirrinco 227 (P. Oxy 227 o P. Oxy. II 227) que es un fragmento de "El Económico" (Oeconomicus) de Jenofonte, escrito en griego antiguo, y que fuera descubierto en Oxirrinco. El manuscrito fue escrito en papiro en forma de rollo y en la actualidad se encuentra en la Biblioteca Británica (Departamento de Manuscritos, 785) en Londres. Fue hallado por Grenfell en 1897, quien lo tradujo al inglés y lo  publicó junto con Hunt en 1899. 


FIN DE LA PRIMERA PARTE

Continúa en: EL ECONOMISTA COMO FILÓSOFO: INFLATIO

Exclusivo para DIARIO LITERARIO DIGITAL




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