Vox Populi, Vox Dei, el crimen político: preguntas (Ensayo) | DIARIO LITERARIO DIGITAL

Vox Populi, Vox Dei, el crimen político: preguntas (Ensayo)

miércoles, 18 de mayo de 2016 0 comentarios

"...estudiemos la participación del vox populi  en un magnicidio ocurrido en México: la muerte del presidente electo Álvaro Obregón, el 17 de julio de 1928 a manos de José de León Toral. Ese crimen consolidó una forma del Estado benefactor agrupando un ensayo de sociedad  singular..."


VOX POPULI, VOX DEI, el crimen político: preguntas

Escrito por Alberto Sladogna

para Diario Literario Digital


Ni hay que oír a aquellos que dicen la voz del pueblo es la voz de Dios, por que  la tumultuosidad del vulgo siempre está cercana a la locura.[1]

La mejor preparación para los actos heroicos es el cumplimiento de las pequeñas obligaciones.
José de León Toral [2]

Este ensayo seguirá las huellas del “rumor” para estudiar la actividad del vox populi en una entidad “clínica” descripta por Emmanuel Régis, el regicidio. Para alcanzar ese objeto estudiemos la participación del vox populi  en un magnicidio ocurrido en México: la muerte del presidente electo Álvaro Obregón, el 17 de julio de 1928 a manos de José de León Toral. Ese crimen consolidó una forma del Estado benefactor agrupando un ensayo de sociedad  singular: un régimen personal de caudillos institucionales, es decir , se articularon con las formas, impersonales, de la democracia representativa –Cfr: Martín Luis Guzmán, La sombra del caudillo, FCE.  Escrito en 1929 permaneció años sin publicarse debido a la cencura del Estado, en 1960 se filmó una película homonima que hasta la actualidad no fue exhibida en las cadenas abiertas del cine comercial, solo se la transmitio a la una de la madrugada del año 1988, en un canal público que se capta en algunas zonas de DF, capital de México.


José de León Toral

La tesis de Règis sobre el regicidio abre un abanico de cuestiones, sólo analizamos un trazo que acompaña al regicida  cuando concreta “su” decisión:

…se trata en ellos de ideas casi siempre lógicas y verosímiles, a menudo incluso de ideas generosas extraídas tal cual del medio ambiente y que no devienen realmente mórbidas más que por su acción dominante y sus consecuencias irresistibles[3]

El estudio de esas ideas  extraídas del “medio ambiente” y su  irresistible influencia  limitan un terreno para leer ese pasaje al acto ( asesinar a un líder político cometido en forma “solitaria”) en el marco  cultural donde se lleva a cabo. Proponemos dar cuenta del tejido de las ideas generosas extraídas  del “medio ambiente” ; una textura causal que el estudio del caso no puede pasar por alto.  Al construir una consistencia  transmisible de esa articulación se mostrará las aristas concernientes del caso a la experiencia y el campo doctrinario del psicoanálisis.

SITUACIÓN DE LA OBRA DE  RÉGIS Y LOS REGICIDAS EN EL PSICOANÁLISIS

El estudio de la acción pública dirigida a suprimir la vida de un funcionario nodal, un magno, en el ejercicio del poder enfrenta dos situaciones: a.- la acción a cargo de una mujer o un hombre; b.- esa acción apunta a un funcionario público ligado a una forma del poder político. El acontecimiento presenta un cruce entre la vida “individual” con el entorno “social” donde esa vida es vivida. Ese cruce coincide con el nudo del sistema del lenguaje –registro simbólico-, el mundo de las imágenes –registro imaginario- y el componente real  -registro real- de cada subjetividad, la subjetividad es un nudo de circunstancias.

La doctrina psicoanalítica se acerco a estos casos optando por el sesgo de estudios sobre  la paternidad (equivalencia simbólica entre los personajes poderosos [rey, gobernante, tirano,etcétera] y la figura del padre) Freud estudió con esa brújula el caso de Hamlet:  llamó la atención sobre las dificultades de Hamlet debidas al complejo de Edipo para ejecutar la venganza contra el asesino de su padre. El regicido que mató a ese padre, pues era un rey, fue un aspecto no estudiado ni por Freud ni por Lacan[4].

El privilegio de la paternidad y  su investigación da cuenta de la nula presencia en la obra freudiana del término “tiranicida”; “regicida” o “magnicida”. Una situación semejante puede encontrarse en las obras de Melanie Klein y de Jacques Lacan para citar a otros psicoanalistas posteriores a Freud.

Sigmund Freud en su obra, Tótem y tabú. Algunas concordancias entre la vida anímica de los salvajes y de los neuróticos, estudió las muertes violentas del jefe de la horda primitiva, de una tribu o de una figura del rey  y construyó  con ello un sostén de sus concepciones sobre el padre. Esa investigación dejó fuera de su campo, como su título lo indica, a los  locos, llamados también “psicóticos”[5].

El “regicidio” o, mejor dicho, el tiranicidio irrumpe en la obra freudiana por un acontecimiento  biográfico. Sigmund Freud  actuó el papel de Bruto, a la edad de catorce años, en una obra de Schiller. Es la escena del tiranicidio donde se encuentran Bruto y Cesar. El episodio fue narrado por Freud en La interpretación de los sueños[6]. Santiago Rueda hizo una licencia en su traducción (1952-56), en lugar de “Bruto”  escribió el “regicida romano”.

Freud cita en La interpretación de lo sueños, un artículo de Régis “Les Hallucinations oniriques ou du sommeil des degeneres mystiques” (1895); se trata de una nota a pie de página incorporada en 1914;  luego en “Contribución a la historia del movimiento psicoanalítico”(1914) constata la poca recepción del psicoanálisis en Francia y hace un  breve elogio crítico del texto de Régis y Hesnard: La psychanalyse des névroses et des psychoses (1914);  por último, en Conferencias de introducción al psicoanálisis (1916-1917) reconoce al artículo citado el estatuto de una “introducción”. Freud no emplea en sus referencias otro artículo de Régis y Hesnard (1913) cuyo título es claro respecto de su contenido: La doctrina de Freud y su escuela.[7]

Más llamativa es la ausencia de Régis entre las referencias de Jacques Lacan. Él practicó  varios años la psiquiatría, se ocupó de casos de pasaje al acto, su práctica era desplegada  en ambientes cercanos a Régis, al menos, a los lugares donde circulaban los artículos de  quién murió en 1918. Lacan  leía textos de Hesnard y las producciones de L’Encéphale  no estaban fuera de su horizonte, y a pesar de ello no hay rastros, en su enseñanza,  de la obra sobre el regicidio. Jacques Lacan no estaba olibgado a leer todo, sin embargo nos queda una pregunta: su enseñanza propició la renovación de la practica y de los estudios sobre la función paterna ¿A qué causas responde la dilución de la presencia de una obra de Emmanuel Régis: A propósito del parricidio ( Régis,1901)?

Régis tuvo  una trayectoria en la psiquiatra francesa. En 1913 publicó con su discípulo Hesnard, La doctrina de Freud y su escuela, artículo considerado  como una fuerte introducción del psicoanálisis en Francia, y si eso no bastará, además, dedicó  una investigación prolífica a estudiar la practica del arte a cargo de los locos, acentuando su valor artístico  y concluyendo que el tema debía emigrar de la psiquiatría al terreno del arte y la literatura[8]. Quizás Lacan fue uno más  de los psicoanalistas que pagó el alto precio de las producciones clínicas y mitológicas de la literatura de Freud, mismas que no permitían abrir un campo para los casos de regicidios o parricidios acaecidos en la realidad cultural donde ejerce o ejercía tal o cual de sus discípulos. Esa mitología obstáculiza estudiar casos que no se reducen al saber ya adquirido en situaciones donde se produce el asesinato de un personaje poderoso.

La acción del regicida afecta de manera directa la vida cultural de la sociedad en la que se produce. El psicoanálisis se ocupó, y ocupa, de diversas formas y en condiciones distintas, de dar  cuenta de las razones necesarias y suficientes para explicar la articulación del hombre con la cultura, y de cómo cada cultura produce  su concepto de hombre. Entonces, contamos con las elaboraciones  clínicas doctrinarias que el psicoanálisis construye a partir de su experiencia para dar cuenta de hechos culturales  subjetivos: las neurosis, las perversiones, las psicosis u otras formas de normalidad loca que afectan la vida subjetiva de tal o cual sujeto. Algunas de esas elaboraciones permiten abordar los componentes subjetivos del magnicidio.

LAS COMPAÑÍAS DE LOS SOLITARIOS

Sigmund Freud, en Psicología de las masas y análisis del Yo (1921) escribió:

En la vida anímica del individuo, el otro cuenta, con total regularidad como modelo, como objeto, como auxiliar y como enemigo, y por eso desde el comienzo mismo la psicología individual es simultáneamente psicología social en este sentido más lato, pero enteramente legítimo.

El texto ofrece una serie de las formas de la presencia del otro: ”modelo”; “objeto”; “auxiliar”; “enemigo”. El listado  es suficiente para poner en tela de juicio al “individuo” como elemento originario alejado de la relación con el otro. El individuo no existe sin otro/s.

Jacques Lacan se ubicó en un momento anterior respecto de Freud al introducir el ternario de simbolico, el imaginario y el real. Con ellos delimitó el campo  del Otro previo y constituyente del sujeto en el terreno del deseo. El campo del Otro tiene un elemento básico: la función del lenguaje[9].  Esa función da lugar a la transmisión de elementos cuya autoría no descansa en el individuo, ni tampoco está fincada en el anonimato, simplemente viene del campo del decir del Otro. El énfasis de Lacan, más allá de sus consecuencias posteriores, es el hecho trivial de que los humanos hablan, arroja ya una primer luz para nuestro interrogante. El termino “individuo”  muestra su consistencia: in –divi-duo, una singularidad divida por un dúo. Lacan subrayo que ese duo se constituye gracias a la imagen reflejado del cachorro humano ante el espejo.  El prefijo in, negativo de “divido”, no es suficiente para impedir leer “dividido” que introduce una dualidad en el “individuo”. A esta división producida por la imagen, se le agrega, que el “individuo” cuando habla, lo hace con un lenguaje que existía ante de él. Este trazo  da luz y hace surgir una incógnita nueva ¿cómo se singulariza el sujeto si todos somos afectados por la imagen y por el lenguaje?  

 

Freud y Lacan se vieron ante una pregunta ¿Cómo se establece la articulación entre la cría humana y el tejido cultural donde es concebido, que lo recibe, que lo educa, y  que lo conduce a formas de la muerte humana?

Freud recurrió, entre otras explicaciones, al descubrimiento del Ideal del Yo que organiza y enlaza a cada sujeto en una cadena de tres generaciones: los padres del padre / el padre/ el hijo, con esa cadena generacional daba cuenta de la pertenencia a una cultura, de la transmisión de sus elementos constituyentes; de la promoción de ideales y de la fijación de  fines éticos y morales[10]. En esas avenidas del Ideal circula la historia, las formas culturales de cada sociedad, los requerimientos históricos de cada organización de la vida social. 

Lacan dio una respuesta trivial: la cría humana llega a un mundo donde ya está instalado el lenguaje, las imágenes y el real del cuerpo naciente. Nos limitaremos a una constación banal, por ejemplo el lenguaje habla del cachorro humano aún antes de su nacimiento.  Esta presencia previa del lenguaje constituye una de las formas de eficacia del sistema simbólico, una de las formas de manifestarse del campo del Otro:

“El estilo es el hombre mismo”...¿Suscribiríamos la fórmula: el estilo es el hombre, con solo prolongarla: el hombre al que nos dirigimos?[11]

El lenguaje carece de origen, es anterior a cada sujeto y su forma de transmisión no permite ejercer un control, localizable, sobre lo que dice o sobre lo que se quiso decir o sobre lo se debe decir o sobre lo que se puede decir. El subrayado de Lacan tiene alcances frente al regicidio, en particular para estudiar el vox -populi. Emmanuel Régis establece una clasificación en la que reconoce la existencia de los “verdaderos regicidas”. Estos últimos tendrían lazos singulares con la locura:

En general –y ésta es, de nuevo, una de las características y al mismo tiempo una de las consecuencias habituales de la disarmonía mental– manifiestan en el conjunto de su conducta una inestabilidad verdaderamente enfermiza. Incapaces de plegarse a las exigencias de una profesión regular y continua; siempre descontentos, siempre en lucha con su entorno, siempre en busca de lo desconocido, desempeñan múltiples y diversos oficios sin establecerse jamás, recomenzando sin cesar una vida inútil y sin fin determinado.[12]

Localizamos un punto de encuentro de esa tesis y el reconocimiento dado por Lacan al lenguaje. Los  verdaderos regicidas  están tomados -con variaciones y cuadros distintos- por la locura, y sin embargo, comparten un elemento con el resto de la especie humana: hablan.  Hablan y no  suelen ser escuchados o leidos, mientras las imágenes de la locura permear el trasiego cultural humano confirmando su exclusión. El lenguaje los habita a pesar de las “extrañas” singularidades de esa habitación, y si el lenguaje los habita nada les puede quitar la condición de pertenencia al grupo humano en el cual actúan. Las palabras del regicida están sometidas también a las leyes compartidas del lenguaje, de ahí que sea bienvenido tomar su palabra, y por qué no las imagenes[13] como elementos que participan en la tarea de dar cuenta del acto real que llevaron a cabo.

Cada vez que un humano habla, sólo al recibir de otro su propio mensaje invertido quedará advertido de aquello que ha dicho. Esta proposición proviene de los hechos  cotidianos en que opera el lenguaje. Su operación es de un orden situado más allá del individuo, y en ciertas condiciones allí surge la figura del vox populi. Esta figura realiza en forma material aquello  que está más allá del individuo. Esa voz tiene un éxito semejante a los grados de verosimilitud que alcanza; su exito pone en la tela de juicio los controles estatales de organización social[14] .

La voz popular es parte integrante de las causas que llevan al sujeto a cometer un regicidio. Al darle lugar a esa voz del Otro[15], del otro contamos con un elemento tercero para hacer frente a la incógnita de una dualidad en la historia del tiranicidio, del regicidio y del magnicidio: esos actos son ¿Un hecho solitario o se trata de una conspiración secreta?

UNA IMPRESIÓN DE LA SOLEDAD

José de León Toral (1929) declaraba después de dar muerte a Álvaro Obregón, presidente electo, en 1928:

Me preparé, leí el pasaje de la Biblia de Judith...lo que más me impresionó de ello fue que Judith obró absolutamente sola...Esto fue lo que más impresión me hizo; de manera que decidí obrar solo completamente en cuanto fuera posible...Por eso quise obrar absolutamente solo.(subrayado de A. S.)[16]

Plutarco Elías Calles, presidente en ejercicio, un día después del episodio afirma en el Manifiesto a la Nación del Presidente de la República, Plutarco Elías Calles (18/07/1928):
                       
                        “El inaudito crimen en que ha perdido la vida el presidente electo de la República, general Álvaro Obregón, por la cobarde trama que envuelve, por el desconcierto social que provoca y por el vergonzoso procedente [sic] que exhibe,...debo exponer que el gobierno...está completamente resuelto a desplegar toda la fuerza de la ley, no sólo al autor material del incalificable crimen, sino a descubrir y castigar también, ejemplarmente -cualquiera que ellos sean-, a quienes pudieran resultar los directores intelectuales de un hecho que tan profundamente hiere las instituciones nacionales y el crédito de la República...(subrayado por A. S)[17]

Esa declaración revela un hecho sorprendente. Plutarco Elías Calles declaraba que se estaba ante una “trama”, introduce la distinción entre el autor “material” y el “intelectual”, en una fecha donde ninguna autoridad  incluida el presidente conocían el nombre y apellido del único detenido. La sorpresa es constatar como desde las esferas oficiales se dibujaba ya la teoría de la conjura. Un dibujo que el vox populi  habla  de manera simultanea, devolviéndole al emisor su propio mensaje invertido. En la ciudad  de México comenzó a circular un chiste rumoroso:

¿Quién mató a Obregón?
¡Calles...e!. 

El rumor toma parte en la polémica sobre el carácter solitario o de conjura del crimen.  Será necesario constatar si su inclinación hacia un “complot” callista tiene la misma estructura que la conjura denunciada por Calles en el Manifiesto... Para proceder a esas distinciones se requiere ubicar la formación de la voz popular  pues su efecto no se limita a un decir posterior al acto. Una  propuesta de método empleada por Régis en la confección de su tesis ayudará a esa localización:

Al encarar a los regicidas bajo este aspecto, ya sea con ayuda de documentos de la historia o por la observación actual, nos damos cuenta de que bajo ese nombre son confundidas múltiples individualidades perfectamente distintas.[18]

El  estudio caso por caso permite distinguir las múltiples realizaciones de un acto que se presenta como siendo el mismo: un regicidio no es un magnicidio. Y con más razón debemos estudiar cómo se hace escuchar, en cada caso, el rumor, que es una forma del vox-populi. Con ese método estudiaremos su lugar en el acto de José de León Toral cuando el 17 de julio de 1928, en México, dio muerte al Gral. Álvaro Obregón. Ya obtenemos un resultado. En este caso, José de León Toral no estaba sólo, lo precedía, lo acompañaba y le daba albergue, un evento instalado en el corazón de la cultura mexicana de los locos años veinte. El hecho fue descrito por Jean Meyer:

La cristiada es el nombre de esa guerra que sorprende a todos, personas e instituciones; la guerra sorprende al ejército y a su gobierno, a la Iglesia, a los insurgentes mismos que se lanzan sin más preparativos que los necesarios a la buena muerte...Sobresale  la contradicción espectacular que existe entre la Iglesia y el Estado, y el repentino estallido del levantamiento popular y pueblerino.[19]

La guerra cristera fue una sorpresa;  la sorpresa vuelve a aparecer en la primer crónica  del asesinato de Álvaro Obregón:

TESTIGOS OCULARES REFIEREN COMO FUE COMETIDO EL ASESINATO
EL PRESIDENTE ELECTO SE ENCONTRABA TRANQUILO AL COMETERSE EL ASESINATO
Nadie Esperaba que el Desmedrado Muchacho que se Hacía Pasar  Como Caricaturista Diera Muerte al Señor General Álvaro Obregón.(Cabezales del periódico Excelsior, 18/07/1928, p.4. Subrayado de AS)  

Y si faltaran elementos para mostrar el lugar desempeñado por el lenguaje en este magnicidio basta relatar una anécdota. El título elegido por Jean Meyer (La cristiada) encontró alguna resistencia para su primer edición en 1973. Se le argumentó que era una palabra sólo existente en la “jerga” popular y bastó la intervención de Luis González y Antonio Alatorre – un hombre de las letras castellanas- quien invocó un precedente: La Iliada.[20] ¿Hará falta recordar que el texto de La Iliada fue en su origen, durante varias generaciones, un texto oral?  

 

UN MAGNICIDIO CONCERNIDO POR UN REINO


La muerte de Álvaro Obregón a manos de José de León Toral recibió por parte del criminalista Alfonso Quiroz Cuáron y  el Dr. Samuel Máynez Puente el calificativo de magnicidio y por ello escriben “Magnicidios y conspiración”[21]. El término se compone de  dos elementos derivados del latín: magnus -grande, magno- y cidio -acción de matar.

A partir de la etimología no encontramos claridad para distinguir el magnicidio del regicidio. Si incluimos el contexto de la acción se impone una nítida distinción. El magnicidio es un acto cuya víctima representa el poder. Los sistemas de representación establecen una separación entre la persona del funcionario y el lugar que ocupa. En el sistema de gobierno presidencialista, el presidente tiene a su cargo y es el responsable de una institución jurídico-política: el poder ejecutivo. Ese lugar lo ocupa en tanto representa a los ciudadanos de tal o cual estado nacional.[22]

El magnicidio opera ante la existencia de instituciones políticas representativas gracias a las cuales se ejerce el poder. La institución presidencial sobrevive a los personajes y el personaje no se confunde con la institución, al menos eso es lo que se espera[23]. El poder  no se materializa en el sujeto que lo ejerce y por ello ese sujeto puede ser sustituido por otro.

La organización del estado conoció en Occidente la declinación de los regímenes monárquicos y ante las nuevas formas de organización estatal surge el magnicidio. El atentado contra el archiduque Francisco Fernando, sucesor al trono austro-húngaro y su esposa, en Sarajevo, capital de Bosnia, ejemplifica, quizás, el último regicidio de nuestro siglo. Esa acción fue una de las causas participante del estallido de la primera guerra mundial y de la desaparición del imperio austro-húngaro.

El acontecimiento ocurrido en la ciudad de México, en 1928, arroja una diferencia que proviene de ese caso: el magnicidio  tomó como objeto a un personaje que, en ese momento, era el presidente electo, sin embargo, en el orden institucional, el ejercicio de la presidencia estaba a cargo de otro. Los testimonios de José de León Toral muestran sus cavilaciones cuando estaba a punto de tomar la decisión. En ese momento se  proponía dos objetivos:

¡Cómo ese rayo no lo mandó Dios al señor Obregón o al señor Calles! Y ella [la Madre Conchita] no sé precisamente si tomándolo a broma, pero tampoco tomándolo en serio, dijo: Pues eso Dios sabrá. Lo que si sé es que para que se componga la cosa, es indispensable[habría continuado hablando la Madre Conchita] que mueran Obregón, Calles y el patriarca Pérez.[24]

No hay material documental para establecer qué motivo lo llevó a ejecutar sólo al Gral. Álvaro Obregón , presidente electo, mientras dejó vivo a Plutarco Elías Calles, el presidente en el gobierno.  Sin embargo, los hechos permiten  su lectura: estamos ante un magnicidio que afectó a quien no tenía el ejercicio del poder, y uno de sus efectos, buscado o no, fue dejar con vida a quien lo ejercía. Esa lectura permite abrir un  campo de interrogación respecto del victimario: para José de León Toral  ¿Tenía vigencia la división institucional entre presidente electo y presidente en funciones? Tenemos un interrogante de lado de sus víctimas, una concreta y la otra suspendida[25]: ¿No colaboraron de forma activa, cada uno de ellos, para borrar su distancia con el poder?¿Los caudillos, a pesar de su institucionalización, responden a la lógica de la representación? Esta lectura revela la existencia de un equívoco expuesto por el acto. Por el momento no se puede zanjar la cuestión de su ubicación ¿ A qué ? ¿A quién o quienes concernía? ¿Qué síntoma, inhibición y angustia ponía al descubierto?

Esta cuestión de orden literal, se mató a uno y no al otro, subraya la singularidad del acto. La ejecución contiene, además, una condensación: se ejecutó un magnicidio para restablecer un reino. Se condensa el régimen monárquico, característica del reinado de Jesús, con el republicano. Así lo sostuvo, sin ambages, José de León Toral cuando  Plutarco Elías Calles lo interrogaba horas después de consumada su acción:

:
                         [Calles]-¿Quién te impulsó? - le dijo cuando lo llevaron a su presencia.
                        -Yo obré solo- contestó Pepe- para que reine Cristo en México de una manera absoluta, no a medias.(subrayado de A. S)[26]

Enfrentamos un magnicidio que ejecuta a un presidente electo con objeto de permitir el reino de Cristo de una manera absoluta, al pie de la letra, de una manera toral. Maria Moliner define toral [27] como el adjetivo empleado para designar un ‘arco [fundamento] toral’, llamado media naranja. Agreguemos, en México, toral  es empleado para indicar una decisión o hecho de carácter absoluto. Este magnicidio intenta realizar en su condensación una imagen: Cristo Rey

La voz del Otro: Vox populi- vox dei


“Cuando un demagogo experimentado llega y dice ‘Señor, tú eres el dictador: la voz del pueblo es la voz de Dios’
Bernard Shaw en Padres e hijos(1914)[28]

La constatación de Bernard Shaw introduce una sutileza: hay de vox populi a vox populi. La diferencia es mínima y esencial, la voz del pueblo, el rumor, habla, mientras otra cosa es  alguien que “interpreta” e intenta hacerse aparecer (como lo que no es) su vocero; función que la voz popular no solicita. La creación de la voz popular no alcanza su razón cuando se investiga su origen pues el origen como buen origen no conduce a nada. Sólo detenemos un rasgo suyo, el vox populi  es una creación oral.. Freud escribía en 1921 una observación de largo alcance:

En  relación con el rendimiento intelectual, no obstante, es un hecho que las grandes conquistas del pensamiento, los descubrimientos importantes y la solución de problemas sólo son posibles para el individuo que trabaja solitario”[29]

Esta imagen del creador solitario, aislado de su contexto tiene una larga tradición y además goza de éxito para explicar invenciones o  la creación artística o el descubrimiento. También extiende su influencia al campo de la locura, donde se consideran los actos del loco como aislados, y por aislados se confirman como locos. Esta posición no respeta la experiencia de la psiquiatría, tanto clásica como actual, en ciertos casos proponen aislar al loco de su familia y de los contactos con el exterior; esa medida produce un descenso de la agitación y de las producciones delirantes que afectan y provocan sufrimiento al llamado loco. Cuando el “loco” está aislado de la locura, a veces, deja de estar loco, solo que entonces esa “locura ¿A quién/es pertenece? .

Considerar aislada la locura al quitarle su componente de “relación con”, extiende ese aislamiento a los pasajes al acto donde se comete un homicidio. El acompañamiento que hizo la voz popular al magnicidio de Álvaro Obregón no fue ni es tomada en cuenta como elemento de juicio en el ámbito judicial, político y en los exámenes psiquiátricos, psicológicos y psicoanalíticos a los que fue sometido José de León Toral  y su acto.[30]

El magnicidio es un acto  dirigido a modificar en forma permanente una situación, la vida cultural de una sociedad. Y cuando el acto se lleva a cabo, consiga o no su objetivo, se presentan dos explicaciones: a.- se trató del acto de un loco y por loco es un acto solitario; b.- al ser la víctima del acto un hombre público –presidente electo- se da rienda suelta a la “teoría” de una conspiración.  Veamos ahora si esta dualidad se sostiene  siguiendo una crónica de los hechos. Una crónica cuya temporalidad está alterada: la hacemos a noventa y seis años de los acontecimientos, leemos  y vemos desde 2016 aquello que ocurrió en 1928. No estamos, entonces, en el mismo lugar que los protagonistas directos, ni leemos la prensa de la época como lo hicieron sus contemporáneos, ni observamos las imágenes con los ojos de aquella época. Esa alteración del tiempo lógico es, a la vez, su condición de posibilidad. ¿Qué contemporáneo tenía a su disposición los testimonios  públicos que hoy disponemos?

Un almuerzo en la Bombilla


El restaurante La Bombilla gozaba de buen prestigio entre las clases acomodadas que se acercaban a los confines de la entonces ciudad de México para paladear sus platillos y degustar los productos que su cava amplia y generosa ofrecía. Al tratarse de un homenaje festivo –celebrar el triunfo electoral- no podía estar ausente la música. El día de 17 de julio de 1928, a las 14,20 horas, la orquesta de Esparza Oteo interpretaba una pieza musical el Limoncito, cuya letra dice:

Limoncito, limoncito,
limoncito, limoncito,
pendiente de una ramita,
pendiente de una ramita,
dame un abrazo apretado
y un beso de tu boquita;
dame un abrazo apretado
y un beso de tu boquita,
limoncito, limoncito.

El limón ha ser verde
para que tiña de morado,
y el amor para que dure
debe ser disimulado,
y el amor para que dure
debe ser disimulado

Al pasar por tu ventana
Me tiraste un limón,
al pasar por tu ventana
me tiraste un limón,
el limón me dio en la cara
y el zumo en el corazón,
el limón me dio en la cara
y el zumo en el corazón…

 


El aire del restaurante invadido por los acordes musicales y de las voces festivas de los integrantes de la ”presunta Representación Guanajuatense en la XXXIII  Legislatura del Congreso de la Unión” no fueron suficientes para acallar un nota discordante extendida por cinco segundos. Luego, la inflexión sobre la mesa del cuerpo inerte de Álvaro Obregón. Las declaraciones de los meseros y del resto del personal del restaurante permiten situar con cierta precisión la hora en que se efectuaron los disparos: “ cuando se escuchaban los redobles del tambor” (Excelsior, 18/071928).

Ese dato musical sostiene una hipótesis: los balazos se hicieron entre la segunda estrofa –un amor disimulado- y la tercera estrofa –el limón dio en la cara y su jugo en el corazón. La autopsia reveló que uno de los disparos mortales, el primero de ellos, dio en el corazón de Álvaro Obregón y otro, siete meses después, en el corazón de José de León Toral  cuando enfrentó el 9 de febrero de 1929 al pelotón de fusilamiento.

¿Cómo es posible presentar aislado aquello que se despliega en el marco de una estructura cultural ya constituida? Y por constituida ponemos por caso el destino de Álvaro Obregón. Él se encontró con el cumplimiento  de una condena pronunciada y transmitida por el vox populi-vox dei. Para leer eso volvemos a las proposiciones de Freud en Psicología de las masas y análisis del Yo,  allí modera la cita que mencionamos más arriba y escribe:

Pero también el alma de las masas es capaz de geniales creaciones espirituales, como lo prueban, en primer lugar, el lenguaje mismo, y además las canciones tradicionales, el folklore, etc.”[31]

Nos encontramos con una inversión frente a la creación del lenguaje pues si se puede hablar de “alma de las masas” y se ubica a la canción tradicional y el folklore (aquello que no tiene un autor establecido) queda claro que esas expresiones son posibles, entre otros elementos, a la existencia del lenguaje, él es una de las formaciones para verificar esas creaciones del “alma de las masas”.  Entonces el lenguaje integra la condición de posibilidad de lo que se transmite culturalmente sin requerir de un autor localizado. Esa condición modifica de entrada el estudio de los problemas del tiranicidio, del regicidio y del magnicidio: desaparece la dualidad entre los motivos individuales y los sociales; se desvanece la diferencia entre acto solitario y complot organizado. Esa diferencia trata de reducir el primero al segundo buscando un autor. Al respecto es sostenible un hallazgo de  Jacques Lacan, valido sólo para el registro del lenguaje y situado en un moento histórico singular de su enseñanza : “Qué solución cabría esperar realmente en este caso de la palabra 'colectivo', cuando lo colectivo y lo individual son estrictamente lo mismo? No, no se trata de suponer en alguna parte un alma común donde se efectuarían todos esos cálculos, no se trata de ninguna entificación psicológica, se trata de la función simbólica” (1954).

Freud encaró un problema semejante con una pregunta: “Por otra parte, no se sabe cuánto deben el pensador o el creador literario individuales a la masa dentro de la cual viven” . Y de eso extrae una conclusión cuya importancia nuclear rescatamos:“acaso [el pensador o el creador literario] no hagan sino consumar un trabajo anímico realizado simultáneamente por los demás.”

El acto magnicida ofrece como una concreción singular de un trabajo “anímico realizado simultáneamente por los demás”.  Ese acto condensa, a su manera, la efectuación por un sujeto de un trabajo de los demás. Si esto se comprueba la conclusión será de un gran peso, pues se  mostraría que en circunstancias acotadas, así como una obra, un pensamiento, también un acto puede consumar los efectos de “un trabajo anímico” realizado simultáneamente por los demás”. Esa consumación –término de sentido religioso- “individual” de un trabajo que está en el animo de otros se realizó en el magnicidio ejecutado por José de León Toral contra del general Álvaro Obregón. A la vez  Toral concretó para Obregón un postulado emitido por el general en 1914. Cuando se le pregunto “¿Qué va usted a hacer, mi general?!”, él responde “Morir matando” [32]. El 17 de julio de 1928 murió Obregón y su victimario muere fusilado meses después.  

LAS VOCES DEL OTRO: DE BOCA EN BOCA

¿Existieron eventos, advertencias, rumores que jugaron en las condiciones necesarias y suficientes para la efectuación del acto a cargo de José de León Toral ? El rumor hace que X o Y nos transmita un rumor, por esa característica cualquiera está en condiciones de ocuparse de esa transmisión, así el mismo Álvaro Obregón prestará, sin saberlo al igual que otros, su voz para hacer circular esos dichos. Él como cualquiera puede ocupar el lugar del Otro, tan lo ocupaba que José de León Toral se dirigió a él con su acto.

a.- en 1909, Álvaro Obregón al escribir su poema “Fuegos fatuos”, del que Enrique Krauze resalta unas estrofas sin percibir que describen el momento donde, en La Bombilla lo encontrará la muerte:

Mas el hombre alelado ni tan siquiera advierte
que está muy cerca del ojo del fusil de la muerte.

José de León Toral llevaba una pistola, marca Star,  cuyo cañón mantuvo en la posición que el poema describe.

b.- En 1923, durante la primera la presidencia de Obregón, se estrenó una película, un corto, en el género de comedia, cuyo título fue Ten cuidado, dirigida por Carlos Amador. Es necesario recordar las aficiones teatrales de Obregón, sin embargo, debemos aclarar algo: si la película era muda no impedía ver las imagenes;

c.- Las advertencias se suceden en 1927: En Orizaba estaba en la casa de su antiguo secretario, Fernando Torreblanca, se escuchan disparos y Obregón comenta a su hijo Humberto: “No eran para mí”. Además con motivo de una celebración en Celaya, al que asistió junto con Calles, se interrumpió  un plan, a cargo de Carlos Castro Balda y su novia, para envenenarlo en el curso de un baile, también es conocido que un grupo trató de atentar contra el tren que conducía a Obregón hacia la capital del país y desistió a última hora.

El ingeniero Segura Vilchis  arroja, el 13 de noviembre de 1927, una bomba al paso de su automovil y luego huye en un vehículo perseguido por la custodia del general Obregón, con heridas menores, no se inmuta y exige ser trasladado a la plaza de toros para mostrar a sus opositores que no podrán frenarlo. Vilchis escapa y se dirige a la misma plaza de toros para verificar los efectos de su acción; días después es detenido junto con los hermanos Pro y a partir de un juicio sumario, son fusilados.

En estas situaciones nada funciona como advertencia, Obregón recoge de ellos sólo un desafío: se trata de enfrentar a otro poder y demostrar quién tiene el poder, inclusive podríamos afirmar que advertido Obregón opta por hacer frente a su destino.

Las advertencias arrojan un elemento abandonado en los estudios de los “regicidios” o “magnicidios”: la figura del complot. Los atentados revelan una organización previa dirigida a efectuar una acción concertada. La acción es tejida por un conocimiento previo  compartido por los ejecutores. En esas circunstancias el magnicidio, suele, con frecuencia, fallar. Las decenas de atentados contra Fidel Castro reconocidos oficialmente (consultar la página electrónica de la Agencia Central de Inteligencia) demuestra algo: consumar un magnicidio dirigido a un jefe requiere algo que está más allá, un saber no sabido y concertado por fuera del  control  institucional. Recuerdese que el control instutcional opera sobre los “saberes” ya  compartidos ¿Cómo podría contralar aquello que antes no se sabía?

d.- En enero de 1928, el diplomático francés, Lagarde, incluye un condicional en su  informe a su gobierno:

Esto sucederá, si es que Obregón llega con vida a la Presidencia” (subrayado de A. S.) [33]

e.- . Héctor Aguilar Camín en su libro Saldo de la Revolución: cultura y política de México, 1910-1980 describe la siguiente escena del mes de mayo de 1928:

En el calor abrasante de mayo el general invicto –manco, entrecano y ya presidente reelecto -hace cuentas y expide mensajes desde el pequeño despacho adornado por el orgullo agrícola de una gran mazorca de maíz cosechada en sus tierras. Afuera ladran y aúllan, tan obsesiva, como inusitadamente , sus perros de campo. Obregón pide al chofer que los calle…pero los perros siguen ladrando. “¡Denles carne fresca!”,… la carne tampoco los calma…”Sé lo que quieren esos perros”, dice sombríamente a su chofer, “Quieren mi sangre[34].

Obregón era un personaje de tragedia y al ver su destino avanzó hacia él sin detenerse ante las consecuencias. El episodio narrado por Aguilar Camín ocurrió dos meses antes de encontrar la muerte en San Ángel. El  periódico Excelsior informa (18/07/1928) en su página seis, un hecho ocurrido al trasladarse el cadáver del  caudillo a su residencia de la Avenida Jalisco “un perro de la casa vecina aullaba furiosamente, conturbando más a los que presenciaban la escena de dolor”.

f.- El día martes 17/06/1928, los periódicos de la mañana, en su sección de cine anunciaban el estreno para el miércoles: Prisioneros de la tormenta[35],  una película francesa. El cintillo agregaba “SEÑORITA! SERÍA UD. CAPAZ DE CASARSE CON UN CRIMINAL?”. José de León Toral y Álvaro Obregón estaban atormentados por las circunstancias en puntos distintos para cada uno. La tormenta, al tenerlos prisioneros, los hizo compartirla.

g.- El miércoles 18 de julio - un día después del atentado sólo se conocía un nombre “Juan”  más unas iniciales “JLT”- en el teatro Lírico, dirigido por Roberto Soto, en el género de Tandas se ofrecía el estreno de:

El gallo muerto a las 7,30;
Mexican vaciladas, a las 8,45;
Presunto diputado, a las 10hs. 

 

Mientras en el teatro Ideal, se estrenaba: LA CASA DE LA RISA: JA¡ JA¡ JA¡ JA¡ JA¡ JA¡. Y en ese mismo teatro se anunciaba otra obra : ¿Quién te quiere a ti?.


h.- El día 17 de julio, según relata E. Krauze, su taquígrafo personal escribe con tinta roja una nota de alerta en su agenda. Ese día, pese al rechazo de Obregón, se le dio una protección especial, y quizás por primera vez, fue empleada en México, una custodia incluyendo a motociclistas.

i.- El periódico matutino Excelsior (17/07/1928) con el título de El presidente electo escribía:

¿Qué necesita con mayor apremio nuestro país?...un hombre capaz de mantener el orden público del país; un hombre que no se halle en peligro de caer por virtud de un cuartelazo o revoluciones...Y como el país, cualquiera sea la forma...debe volver a la normalidad...forzoso será empezar por donde lo aconseja la lógica: por el establecimiento de un gobierno que tenga asegurada su existencia. El general Obregón se halla en aptitud de darnos ese gobierno y ojalá que logre dar cima a tan importantes, tan patriótica empresa.(Subrayado por A. S.)

El editorial fue escrito el día anterior (16/07/1928) para que la edición del día siguiente estuviese circulando a partir de la madrugada. Esas líneas dirigidas por una aspiración de ver concluidas las luchas intestinas del movimiento revolucionario; tomaban el carácter de un “presagio” o un “anhelo”  cuando llegaban al público siete horas y veinte minutas antes de que Obregón cayera bajo las balas de José de León Toral. El editorial escribía aceptando la posibilidad de que un hombre pueda caer. Y cayó. En el ángulo inferior y del lado opuesto a este editorial se leen las “REMINISCECENCIAS DE MI VIDA. IV” escritas por Benito Mussolini, donde el líder fascista relataba un atentado sufrido por él. Mussolini concluía que el evento le sirvió para darse cuenta del interés con que se seguía su carrera política, por eso “después volví a mis labores habituales en Il Popolo d’Italia, sabiendo que el país no ignoraba ya el papel que debía yo desempeñar”. El jefe fascista interpretaba el vox populi y entonces, se tomaba por vox-dei.

j.- Excelsior, el 18 de julio, a menos de 24 horas del magnicidio, incluía en su editorial  El asesinato del general Obregón, una metáfora singular “El asesinato del general Obregón no será infecundo, por desgracia...”. Esa fecundidad reaparecerá, años después, en el Monumento a Álvaro Obregón, San Ángel, DF, Parque La Bombilla  (terrenos ocupados con anterioridad por el restaurante homónimo). Allí está escrito en letras doradas que Álvaro Obregón “sacrificó” su vida por la nación. Obregón conocía el trabajo de la agricultura –sus campos en Huatabambo, Sonora-, en esa actividad los ritos fálicos de fecundidad no esperaron al psicoanálisis para practicarse y transmitirse. La acción de José de León Toral dejó acéfalo al poder ejecutivo electo[36].

k.- El 18 de julio de 1928, Excelsior publicaba debajo de su editorial, una entrega más de “Reminiscencias de mi vida”, cuyo subtítulo era “El premiado por la mala suerte”, allí  Mussolini escribió:

La extraña conducta de ese individuo de mirada sombría me dio a entender que me encontraba en presencia de un loco. Le indiqué que no concedía yo audiencias...Tras un momento de vacilación me indicó que había sido elegido en un sorteo hecho por los anarquistas de Plombino para matarme a traición con una pistola. Más tarde hablando surgió en su ánimo algunas dudas.

Los textos de Mussolini son artículos cuya naturaleza (escritos en otra lengua deben traducirse) exige tenerlos listos con bastante anterioridad a su edición. El artículo fue conocido antes por el público “íntimo” –el personal del periódico- y publicado para el conjunto de los lectores después de la muerte a tiros por la espalda – se dice también “a traición”- de Álvaro Obregón. Mussolini relata una posible maniobra ante una situación que tiene un nombre “a punto de...”. Él habla con quien tenía por objetivo matarlo, y entonces, merced al diálogo, el anarquista retrocedió en su “a punto de...” cancelando el acto.

José de León Toral informó –según las actas del juicio- que él solicito a Dios dos señales para ratificar o no su misión. Una de esas señales era que “nadie le impidiera entrar al restaurante”. Qué hubiese ocurrido si alguien del cuerpo de seguridad o de personal de servicio del restaurante, lo interrogaba, por ejemplo ”¿quién es Usted?” o “¿Qué hace usted acá?” El “hubiese” indica que eso no ocurrió y no sabemos en consecuencia a qué habría dado lugar. Sólo sabemos que una persona estuvo a punto de...interrogarlo y no lo hizo, tal como los testimonia Toral: “Ya el señor Topete me estaba viendo de una manera que denotaba sospecha. Yo lo noté y después comprobé que, en realidad él estaba pensando en mandar interrogarme para ver qué estaba haciendo yo allí”[37]. La solicitud de intervenir no fue aceptada, más aun se la rechazó.   

Los senadores Antonio Valadez Ramírez y Juan de Dios Robledo recordaron una premonición expresada por Obregón el 17 de julio de 1927. El general fue invitado a un banquete en El paradero[¡sic!] . Entre las catorce y las quince horas de ese día, el candidato pronunció con motivo del brindis unas palabras: “Los enemigos del obregonismo impotentes para combatirlo frente a frente, ni en el terreno político, ni en el de las armas, buscarán la manera de herirlo por la espalda” (periódico Excelsior, 20/07/1928). Lanzados los dados ya no funcionó el freno para los acontecimientos, no había paradero eficaz,  Toral en este punto fue claro: “El diablo tiene quien le ponga un freno, y al General Obregón no había quien se lo pusiera”[38] .

Esta serie de elementos provenientes de diversos lugares, de personajes variados y diferenciadas en el tiempo constituyeron el ambiente que rodeó al acontecimiento. Ahora resta una pregunta ¿Cómo llegan al oído de José de León Toral?

El vox populi, vox dei llega a los oídos de Toral.

En ciertas ocasiones un día claro despejado, una leve brisa mece la copa de los árboles y el cielo está despejado, ninguna nube ni siquiera un proyecto de ellas,  de pronto, un rayo quiebra la quietud y pone un fin inexplicable a tanta quietud. Así se presenta en la vida de José León Toral el acto que lo toma a él de manera insólita: Álvaro Obregón cayó bajo las balas de un arma que Toral ni siquiera sabía emplear:

Inmediatamente después de haber agotado los cartuchos, dice nuestro informante, el asesino se llevó las manos a las sienes, apretándoselas, en la actitud del que espera un golpe mortal...Igualmente nos dice el señor Fernández Martínez [presunto diputado guanajuatense], que el asesino en el momento de hacer fuego  cerraba los ojos, como para no ver el efecto y seguro de hacer blanco, ya que la trompetilla del arma se apoyaba en la espalda del general Obregón” (EL UNIVERSAL GRÁFICO, 19/07/1928).

Toral confirma la versión del “presunto” diputado Fernández Martínez cuando narra su encuentro con Manuel Trejo quien le facilitó el arma:

Yo le dije, si mal no recuerdo, debe de haber sido por el 11 o 12 de julio: necesito una pistola...¿Para qué la quieres? Y yo le dije: para tirar al blanco; y no sé tirar al blanco; quiero tirar al blanco...al día siguiente fui al cerro del Chiquigüite, detrás, al norte de la Villa Guadalupe...Disparé diez tiros y no pude dar ninguno al blanco [a pesar de que había acortado cada vez la distancia con él] [39].

El listado de elementos concurrentes a la formación del  vox populi, está confeccionado a partir de que dejaron una huella escrita. Agustín Sánchez González da cuenta de un hecho: “Se trataba de cuidar al general y evitar los insistentes rumores que, desde hacía meses, corrían sobre un posible asesinato”[40]. Este conjunto  deja ver una conducta insólita. La víctima no escuchaba o desafiaba o enfrentaba esos elementos haciendo oídos sordos a los mismos, con su determinación de seguir adelante no prestaba atención a lo que le esperaba o a sabiendas de lo que le esperaba continuaba. En consecuencia no intentaba hacer algún cálculo para sortear el sonoro fin anunciado. ¿Y el victimario era sordo?

José de León Toral no estuvo al margen de los acontecimientos que debía resolver el presidente electo[41], la situación con la Iglesia y la guerra cristera le afectaban. Además, como otros ciudadanos, no dejó de escuchar esos rumores que anunciaban el final trágico del manco de Celaya. Él relata su cambio de posición ante los diversos atentados que sufría Obregón, en particular, el cometido por Segura Vilchis: una primera vez lo rechaza; luego, en un momento determinado comienza a aceptarlo sin plantearse que él podría llevar adelante una acción semejante. Y sin más toda la situación cambia de manera radical ¿Qué impuso ese giro?

En el transcurso del juicio ese vuelco no pasó desapercibido y se interrogó al acusado “Yo quisiera que usted explicara [le inquiere Gamendi] a los Señores Jurados, cuál es el proceso mental que usted ha seguido para cambiar radicalmente de un sentido a otro opuesto”. No deja de poner el dedo allí, en especial cuando el acusado les confirmó que primero había repudiado la acción de Vilchis. Toral responde:

Y digo además admirando yo a Humberto Pro, porque lo consideraba yo como innodado en estas, según lo supe yo por su hermana, que él para nada se metió en eso. A él lo consideraba como mártir y a Luis Segura, me repugnaba considerarlo como mártir.[42] 

Luego el magnicida revela una lógica impecable, si Humberto Pro[43] recibió la misma muerte que Segura Vilchis la distancia entre ambos ya no era tan grande; reconoce, además, una diferencia, los trabajos de Humberto Pro en la Liga no ponían en peligro su vida, mientras que ese riesgo estaba presente en las actividades de Segura Vilchis y por eso puede considerarlo un mártir. Un poco más adelante declara:

Yo desde enero, desde diciembre más bien dicho, un mes después de la muerte de Humberto Pro, ocurrió una cosa semejante en mí a lo que acabo de relatar, es decir, a un cambio de opinión..., yo dije “Si yo tuviera un deseo igual al de Humberto, de dar mi vida por Cristo”.[44]

QUID PRO QUO: Un Pepe por un Humberto


La declaración de José de León Toral es clara: la muerte de su amigo Humberto Pro lo pone en la situación de tomar el lugar de éste por el sesgo del martirio entregando su vida por Cristo y luego, al mismo tiempo, dar su la vida por la de su víctima. ¿Quién era Humberto para él?

Yo fui a la casa el mismo día que lo llevaron ya muerto; estuve mucho rato viendo el cadáver de Humberto...Me impresionó grandísimamente y más que era mi amigo...Acompañé al padre de los muchachos,...¿cómo es que no tengo miedo de entrar aquí y salir [de la casa de los Pro] con ellos, que me vayan a coger? Y desde entonces cambié. Yo lo considero exclusivamente como un fruto de su muerte[45] 

Humberto Pro era compañero de José de León -así se le llamaba en esa época- desde 1920; Humberto reemplazó a Pepe en las oficinas de la casa  Gerber; ambos practicaban el fútbol, Humberto era el capitán de un equipo y Pepe lo era de otro. La baja de algunos jugadores hicieron imposible sostener dos equipos, ambos se fundieron en uno, Unión Alvarado –nombre en el cual están todas las letras de Álvaro; en ese equipo Humberto cambia su lugar de capitán por Pepe y él se queda como sub-capitán ( un capitán que está por debajo de otro capitán). Se veían todos los días durante varios meses en el trabajo hasta la renuncia de Pepe: “Nos tratábamos naturalmente, con bastante intimidad. Nos veíamos  todos los domingos y todos los días de práctica”[46].

En el juicio se intentó demostrar e incluso forzar al acusado a confesar que la acción derivaba de su amistad con Humberto, la muerte del amigo le habría causado odio hacia la figura de Álvaro Obregón. El odio sería una explicación causal del cambio de posición de Pepe que lo llevó a cometer su acto. Sin embargo, Toral no cede, no concede a sus interrogadores ese elemento, habla dando sus razones y estos no le escuchan. No se trataba de odio causado por la muerte de su amigo, se trataba de una forma de identificación resolutiva semejante no igual a la descripta por J.Lacan[47] . ¿Por qué era una forma identificación resolutiva? José de León tomó el lugar vacío dejado por Humberto y con ese movimiento resolvía algo: salió de la flojera e indiferencia que lo caracterizaba. Dejaba de ser un bueno para nada. El cambio –uno por otro- está dicho al pie de la letra: PRO –“a favor de...”- es el anagrama de POR –cuyo origen latino es pro [48].  


El odio se cambia por lo oído


Esta investigación ha dado los componentes necesarios y suficientes para constatar una solución eficaz para José de León ante la muerte de su amigo Humberto Pro. Resta dar cuenta de una cuestión: esa forma de identificación resolutiva ¿es el mecanismo que por si sola dispara el arma que portaba José de León? Pues bien, no. Recordemos que esa operación subjetiva toma en cuenta una diferencia: Segura Vilchis arriesgaba su vida en sus actividades mientras Humberto no lo hacía; Pepe, aclara, además Pro estaba innodado, según declaró su hermana ¿Cómo toma el riesgo [lado Vilchis] de una identificación con quien [lado, Pro] fue martir sin asumir el riegos? La forma de identificación resolutiva encontrada por José de León Toral condensa el riesgo con el martirio, para llegar a efectuar este último se necesitaba aún de algo más.

Aquí es donde incide el vox populi. Se trata de un comentario oído por Pepe en un medio de transporte público, un tranvía:

Por más asunto que tuvieran Calles y Obregón, por más indiferentes que fueran a la Religión, sabían que estaban saliendo muchos del país, muriendo otros, y todo el pueblo, pues, disgustado con ese estado de cosas. Yo creo que de todo eso se daban cuenta ellos y, sin embargo, se sostenían[49].

Luego ofrece una pieza ejemplar de la imposición que llega por haber oído una frase en un tranvía, un transporte público (condición que incluye las del país, la de los gobernantes, la de los cristeros, de los obregonistas y sus antagonistas y las de él). Eso oído José de León lo relató a  Concepción Acevedo de la Llata[50], una monja:

Un mes después la volvía ver, ya en julio y la segunda entrevista que tuve con ella fue tuvimos esa conversación julio fue cuando tuvimos esa conversación... comentando yo la muerte del aviador Carranza[51] , que en aquellos días había ocurrido, le dije: acabo de oír un comentario en un tranvía, diciendo que lo mató un rayo al aviador Carranza[52] y que fue castigo del cielo. Este fue un comentario que oí en el tranvía, y luego un comentario mío, diciendo: ¡Cómo ese rayo no lo mandó Dios al señor Obregón o al señor Calles![53] Y ella, no sé si precisamente tomándolo a broma, pero tampoco tomándolo en serio, dijo: Pues Dios sabrá. Lo que si sé, es que para que se componga la cosa, es indispensable que mueran Obregón, Calles y el Patriarca Pérez...Fue una conversación que pudo haber dicho hasta un político, como pueden haberlo dicho miles de católicos y sin embargo, no se les toma en cuenta, ni se las da esa responsabilidad.(subrayado de A. S.)[54]

Tanto en las actas del juicio como en la versión taquigráfica se leen varias versiones de este diálogo dadas por el acusado en días y momentos distintos del procedimiento jurídico. Los cambios entre unas y otras no alteran  su estructura: algo es oído en un medio público y relatado por José de León a una monja, Concepción Acevedo de La Llata que da una respuesta.

Una primera conclusión: aquello que fue oído (el término contiene invertido al odio menos un acento) anuda la actividad de rumiar que afectaba a José de León desde el fusilamiento de Humberto Pro incluyendo su revaloración de la acción emprendida por Segura Vilchis. El encuentro en el tranvía  es el nudo de José de León con la voz del Otro.

Una segunda conclusión: Concepción Acevedo de la Llata no sabía lo que decía cuando lo dijo. Así introduce un “Dios sabrá” , elemento trivial de la retórica católica, y con ello hace jugar al saber para remitirlo al Otro por excelencia, Dios, ese sí sabe. Si eso no bastase agrego un fatídico –para ella, para Toral, para Obregón y Calles-: “lo que sí sé...”, el saber construía una ruta  desde el saber de Dios al saber que ella decía tener. Ella hablaba como cualquiera, lo dice Pepe, y eso no borra el lugar importante que ella tenía para Pepe. Ella para él no era cualquiera. Él estuvo buscándola durante más de dos meses cuando las circunstancias la obligaron a cambiar de residencia. Pepe aclara que antes hablaron  de “que nadie luchaba porque cambiaran las cosas aquí”. Acaso hasta la muerte de Humberto Pro ¿no era José de León un flojo, un indiferente ante la situación del país?

Si la Madre Conchita podía decir eso a cualquiera o cualquiera en esos momentos podía decir frases semejantes, lo concreto es que ella sin saberlo se lo dice a alguien que podía escuchar eso de otra manera. José de León no tiene duda, él le devuelve a su emisora su propio mensaje invertido sin necesidad de excluirse y a gracias a la inconsciencia de quien se lo dijo:

Fue entonces cuando me dijo esas palabras; en mí fueron decisivas, pero ella no se dio cuenta, y yo tuve la energía suficiente, para no manifestárselo ese día precisamente, pero al siguiente, es decir, los siguientes en que estuve yo en una tensión nerviosa terrible, en que cualquiera confidencia que hubiera tenido con otro, para recibir fortaleza, me hubiera servido de mucho; pero no llegué a hacerla para nada, ni con mi esposa ni con nadie.[55]
   

La acción jurídica sobre los acusados no consideró estos elementos, demostrando a las claras los puntos antinómicos entre los problemas subjetivos y los ordenamientos jurídicos. La justicia sólo las retuvo para consolidar la figura de un autor intelectual, la Madre Conchita, y un autor material, José de León Toral.

Emmanuel Régis dejó constancia de los antecedentes de su estudio:
La Antropología criminal y la Psiquiatría tienen, como sabemos, numerosos puntos de contacto y quizá no haya cuestiones más interesantes que las que tocan a la vez estas dos ramas de la ciencia, que les sirven de enlace y que por así decirlo, las alumbran mutuamente. El estudio de los Regicidas es de este grupo, pues puede ser encarado desde el punto de vista de los datos antropológicos de la nueva escuela o desde el punto de vista de la clínica propiamente dicha. Antropológicamente, este estudio fue emprendido o, al menos esbozado, por el abogado Laschi, quien en el primer Congreso de Roma, en 1885, le consagró algunas páginas de su interesante reporte sobre el Delito político.[56]
En México salvo la atención brindada a la doctrina del psicoanálisis por el penalista Alfonso Quiroz Cuáron, los “cruces” de ambas prácticas ante problemas no dieron frutos, al menos, no dieron un fruto esperable y expuesto a la vista pública: cuando se encara el magnicidio bajo la distinción del autor material y el autor intelectual[57], se está en el terreno de una forma de la locura compartida –folie-à-deux[58]. Baste indicar que la esposa de José de León Toral declaró que la Madre Conchita tenía una gran influencia sobre su marido.
En este ensayo sólo nos ceñimos a mostrar el punto de articulación del Vox populi con un sujeto que tomará a su cargo ejecutar los designios transmitidos por esa voz del Otro. Se muestra a un sujeto sujetado por esa voz. La locura compartida de Pepe con la Madre Conchita  dibuja el punto de encuentro entre esa voz y un sujeto.
A partir de mostrar el objeto de este ensayo quedan abiertas las puertas para estudiar otros problemas que se desprenden de estas líneas, por ejemplo, dónde queda la singularidad del sujeto que llevó el nombre de José de León Toral. Un nombre surgido después del acto. Aquí nos guiamos por un hallazgo clínico de Jacques Lacan, un psicoanalista, cuando al interrogarse por las diferencias entre lo “colectivo” y lo “individual”, señaló:”¿Qué solución cabría esperar realmente en este caso de la palabra 'colectivo', cuando lo colectivo y lo individual son estrictamente lo mismo?”.  Este hallazgo ¿da cuenta de la pregunta sobre la constitución singular de José de León Toral como sujeto? La respuesta es no. Basta con incluir la conclusión de esa frase:”no se trata de suponer en alguna parte un alma común donde se efectuarían todos esos cálculos, no se trata de ninguna entificación psicológica, se trata de la función simbólica"[59]. En efecto, a nivel del sistema simbólico solamente, no hay producción de un sujeto y, por consecuencia, no se produce singularidad alguna que integre al sujeto a una cuenta, donde cada componente es computado como uno, uno, uno. El simbólico solo no basta requiere de la compañía del imaginario y el real.  Sin embargo no todo es pérdida, acabamos de hacer una adquisición: no hay una distancia estructural que permita sostener una diferencia entre un tratamiento analítico y el tratamiento analítico de  un acto que tiene consecuencias en la cultura donde se llevó a cabo. El acto de José de León Toral no guarda diferencia alguna con otros actos con los que se encuetra el analista en su labor habitual.
Se nos puede lanzar como objeción “Y entonces ¿qué da cuenta del  sujeto en este caso?” “¿cómo se ha constituido?” “¿cuál es su singularidad?” La respuesta es complicada por su sencillez. Hasta aquí sólo mostramos la función del lenguaje en el caso y dejamos de lado el estudio de la función de la palabra, de la imagen y del real que afectaban a José de León Toral. De su palabra se puede indicar algo: se trató de una palabra que al no ser escuchada lo dejó solo, aislado debiendo soportar el conjunto de las consecuencias. Mostremos una de ellas: José de León era parte de una masa ganada por la “indiferencia”, él pasó de ser  “un hombre flojo, indiferente, porque yo no me llegaba a preocupar por esta situación; a lo que me dedicaba era a irme al cine, en lugar de dedicarme a pensar un momento cuál sería la solución de este conflicto religioso que existe en la conciencia de todos los mexicanos”. Este hombre sufrió una conversión subjetiva que llego a dejarlo en el lugar de “El Santo que asesinó”[60] . Y para que haya un “Santo” no basta con el simbólico, será necesario abordar las imágenes sin las cuales no hay santo posible.
En el terreno jurídico esa  conversión por una vía singular  -incluye un asesinato- es materia de un juicio y de una condena. Esos juicios y esas condenas son las formas que cada cultura se da para punir a quien ubica como el responsable de un crimen, a eso se dedica la justicia y la doctrina del derecho. El estudio de esa conversión en el terreno subjetivo pertenece al campo del psicoanálisis; haya recorrido los caminos que recorrió, su análisis constituye el método para abordar el caso, ni más ni menos. 








[1]Nec audiendi sunt ii qui volent  dicere, vox populi, vox dei, cum tumultuositas vulgi semper insaniae proxima est”, traducción del profesor Luis Carreño, Faculta de Filosofía y Letras, UNAM.
[2]Boletín del Centro de estudios históricos José de León Toral, México, DF, Centenario del natalicio, 1900-2000, José de León Toral
[3] Emmanuel Régis, Los regicidas, en el presente y en la historia, Libros de Artefacto, México, DF, traducción de Cecilia Pieck, p. ..[El subrayado es de A. S.]
[4] S. Freud, “Moisés y la religión” (1039 [1934-1938]), en Obras completas, Vol. XXIII, Bs.As, 1976, p. 191.
[5] Respecto de los algunos problemas de ese texto de Freud ver: Artefacto, 6, una revista de la elp, México, julio 1998, cuyo tema monográfico es El parricidio , en particular consultar: M. F. Sosa, “Del parricidio freudiano a la muerte del hijo de Dios”; A. Sladogna , “Freud ante el parricidio: un sueño doctrinario”; M. C. Jáuregui L, “Tratado sobre el padre: reivindicación de un simbólico”, así como los dos artículos de Alfred L. Kroeber donde somete a la crítica antropológica los supuestos freudianos.
[6] Op.cit., Volumen V, p. 424
[7] S. Freud, La interpretación de los sueños, Obras completas, Volumen IV, Amorrortu Editores, Bs. As., 1976, en una nota a pie de página incorporada en 1914;  “Contribución a la historia del movimiento psicoanalítico”(1914), op. cit., Volumen XIV, p 31); en “Conferencias de introducción al psicoanálisis” (1916-1917), Op.cit., Volumen XV, p. 9
[8] Philippe Artières, Clinique de l’écriture. Une histoire du regard medical sur l’écriture, Collection Les empecheurs de penser en rond, , Institut Synthélabo, France, 1998. pp.241-258. El artículo contenía una bibliografía de las  traducciones de Freud y sus críticas en Francia, ese texto Freud nunca lo menciona.
[9] Jacques Lacan, “Función y campo de la palabra y del lenguaje en psicoanálisis”, septiembre de 1953, [1ra.edición francesa 1956], Escritos 1, Siglo XXI Editorial, México, DF,  1984, pp.227-310. El lector puede ayudarse de la edición comentada de este artículo, contiene 182 pies de página, efectuada por Anthony Wilden en  lengua inglesa, The language of the Self, The Johns Hopkins University Press,  4ta.edic., 1976. Las dificultades para precisar el término Otro/otro en los seminarios de Lacan es una tarea inconclusa. La crítica de Claude Lévi-Strauss que apuntaba al peligro de una deificación  del “Otro”  forma parte de esa tarea.
[10] S. Freud trató  este tema y el  interrogante del  Yo , del Ideal del Yo, el Yo-Ideal y el Super-yo en varios de sus artículos, citamos algunos: Tótem y tabú. Algunas concordancias en la vida anímica de los salvajes y de los neuróticos (1913) Introducción al narcisismo (1914); Psicología de las masas y análisis del Yo (1921); El Yo y el Ello (1923) .
[11] J. Lacan, “Obertura de esta recopilación”, en Escritos 1, Siglo XXI Editores, México, 1984, p. 3. El tema es desplegado en varios artículos de esa recopilación, citemos algunos: El estadio del espejo como formador de la función del yo tal como se nos revela en la experiencia analítica; El tiempo lógico y el aserto de certidumbre anticipada. Un nuevo sofisma; Función y campo de la palabra y del lenguaje en el psicoanálisis (1953); El seminario sobre la carta robada(1955); Variantes de la cura-tipo (1955); El psicoanálisis y su enseñanza (1957). La problematización y variaciones sufridos por ese término está presente en sus seminarios, de manera particular y amplia en Las estructuras freudianas en las psicosis (1955-1956); La identificación, (1961-1962);De un Otro al otro (1968-1969); El síntoma (1975-1976); El momento de concluir (1977-1978); Disolución (1979-1980).
[12] Emmanuel Régis, op.cit., p.
[13] Esta inclusión de la imagen proviene del caso singular de Joséde León Toral. Ese tema será motivo de otro estudio específico. Vease: A la memoria de Joséd e León Toral que sacrífico todo por el reinado de Cristo Rey , México, DF, sin pie de imprenta, 1998. Se trata de un álbum conteniendo más de 200 imágenes.
[14] Leo Strauss, La persecución  y el arte de escribir, Novatores, Edicions Alfons el Magnàmin, Valencia, 1996.
[15] Escribir “voz del Otro” acerca al rumor, vox- populi, a las experiencias alucinatorios del campo de la locura.
[16] El proceso de José de León Toral, (Versión taquigráfica), revisión y notas de Eduardo Téllez Vargas, decano de los reporteros de policía, ?XI/15/63?, edición de El Universal Gráfico, página 11.  
[17]  Citado por Agustín Sánchez González en El general en La Bombilla. Álvaro Obregón. 1928: Reelección y muerte, Espejo de México,  Editorial Planeta Mexicana, 1993, DF., p.34.
[18] Ibidem, p...[El subrayado es de A. S.]
[19] Jean Meyer, La cristiada, 1- la guerra de los cristeros, Siglo XXI Editores, México, DF,  14ª. Edic., 1994, p. XI.
[20] Ibídem, p. XVI.
[21] Alfonso Quiroz Cuáron y Samuel Máynez Puente , Psicoanálisis del magnicidio, prólogo de Julio Scherer García, Editorial Jurídica Mexicana, México, DF, febrero, 1965, pp.100-127. El criminalista A. Quiroz Cuáron tenía cercanía con el psicoanálisis y empleó el estudio de los sueños para desentrañar los motivos y la personalidad  de Ramón Mercader, el asesino de  L. Trostky.
[22] Para un tratamiento extenso del tema en el campo del psicoanálisis consultar:  Guy Le Gaufey,  Anatomie de la troisième personne, EPEL, Paris, 1998; en el campo de la teoría política: Ernst H. Kantorowics, Los dos cuerpos del rey. Un estudio de teología política medieval, Alianza Universidad, 441, Madrid, 1985; Agostino Paravicini Bagliani, Le corps du pape, Editions Seuil, Paris, 1997.
[23] La revolución mexicana no es ajena a la escritura de un libro que abordó ese problema: Francisco I. Madero, La sucesión presidencial de 1910 [1908], reedición con prólogo de Alfonso Taracena, Ediciones del gobierno de Coahuila, Saltillo, 1958. No puede dejar de mencionarse al respecto la tesis para obtener el  grado de Maestría en Psicología Clínica, de Jesús Ernesto Duque Padilla, Madero: las otras voces, Facultad de Psicología, UANL, Monterrey, junio de 1994.
[24] El jurado de TORAL y la Madre Conchita (Lo que se dijo y lo que no se dijo en el sensacional juicio) Versión taquigráfica textual, Editores Alducin y De Llano. A. en P., México, DF, p. 11. El “patriarca” Pérez, también llamado el “Papa mexicano” fue puesto al frente de una Iglesia cismática organizada y financiada por sectores del gobierno en sus luchas con la jerarquía de la Iglesia Católica.
[25] Calles conservó la vida suspendido de ahí en más de la sombra de haber sido el  autor intelectual del crimen que otro cometió. Entre la bolsa o la vida, quedo con una vida sombreada.
[26] María Toral de De León, Memorias de María Toral de De León madre de José de León Toral, prólogo de S. Abascal, notas de Antonio Rius Facius, Edición Tradición, México, 1972, página 51
[27] Maria Moliner, Diccionario de uso del español, Madrid,  1996
[28] Citado en The Wordsworth Dictionary Of Proverbs, G.L. Apperson, Wordsworth Edition, England, 1993,. P.664.
[29] Sigmund Freud, “Psicología de las masas y análisis del Yo”, en Obras completas, Vol. XVIII, Amorrurtu Editores, Buenos Aires,1976, p.79
[30] En la foja 32 del expediente del juicio –Archivo General de la Nación- aparece un psico-analista, el Dr Octavio Rojas Avendaño con consultorio en Puebla 411, médico cirujano, presentado por el diputado Aurelio Manrique, ”habiendo sido hecho un somero interrogatorio psico-analítico” de José de León Toral . Abe Sada, una mujer, mató a su hombre, al practicar la asfixia durante el acto sexual. Era una petición de su amante. Ella procedio a emasacular el cadáver y caminó durante cuatro días por la ciudad de Tokio llevando en sus manos lo que había cortado. Esto ocurrió en 1936 y desató muestras extensas de solidaridad de la población con ella. Su acto no parece estar aislado de la cultura donde lo ejecutó.
[31] Op.cit., p. 79
[32] Enrique Krauze, Biografía del poder. Caudillos de la Revolución Mexicana, colección andanzas, Biografía, Tusquets Editores, 2da.edición, julio de 1997, p 284. Basta recorrer la lista de sus “amigos” revolucionarios fusilados o que encontraron una muerte violenta para constatar que en esas circunstancias se cumplió una parte del presagio “matando”.

[33] Enrique Krauze, Biografía del Poder, Álvaro Obregón, Tezontle, FCE, México, 1987, tomo 6, p. 117.
[34] Citado por Enrique Krauze en Biografía del poder, p.314.
[35] Esta película tenía por primera actriz a Huguette Dufloss, artista que más tarde, 1932, será víctima de un ataque perpetrado por Margarite Anzieu, llamada “Aimée” por Jacques Lacan en su tesis “De la personalidad en sus relaciones con la paranoia”. Ver: Jean Allouch: Marguerite, Lacan la llamaba Aimée, Epeele, México, DF
[36]ACEFALO: origen griego constituido por: a, privado y keephale, cabeza; en el siglo XIII al siglo XVII, se decía de los herejes del siglo VI que seguían a Eutíques: heresiarca griego, combatió la herejía de Nestorio, incurriendo a su vez en la herejía  opuesta, al negar que en Jesucristo hubiera otra naturaleza que divina. En el concilio de  Calcedonia (451) fue condenado, en forma definitiva y desterrado a Egipto. Estos sectarios profesaban una doctrina que no reconocía jefes ni jerarquías. ACEFALO: forma prefijo que denota ausencia de cabeza y de otra parte del cuerpo.

[37] El jurado de Toral y la Madre Conchita, op.cit., p.23.
[38] Ibidem, p. 78.
[39] Ibidem, 13-14. Hay otra versión en Excelsior del 31/07/1928 dónde se ratifica ese relato.  
[40] Op.cit., 51. Subrayado de A. S.
[41] Consuelo Reguer, La Rebelión, 1927-1928, Dios y mi derecho, Editorial Jus, tomo II, México, DF, 1997,  p. 209. Testimonio de Luis Reguer donde se confirma la pertenencia de José de León Toral a la Liga Nacional Defensora de la Libertad Religiosa, amén de que Toral había sido ya  detenido, en 1927, al participar en actividades de propaganda de la Liga.
[42] El jurado de José de León Toral, op. cit., p.89
[43] Toral toma como mártir a Humberto y no hace mención del reverendo Miguel Pro a quien la Iglesia propuso, en fechas recientes, su canonización..
[44] Ibidem, p.90.
[45] Ibidem, p. 88
[46] Ibidem, p. 86.
[47] Jacques Lacan escribió sobre la “identificación resolutiva” en  “Acerca de la causalidad psíquica” y en “Introducción teórica a las funciones del psicoanálisis en criminología” , en Escritos 1, Siglo XXI, Editores, México, DF, 1984.
[49] Ibidem, p.92
[50] Concepción Acevedo de la Llata fue acusada en calidad de autora intelectual y luego de su detención, dos días después del magnicidio, se hizo público un nuevo nombre: la Madre Conchita
[51] Considerado el fundador de la aviación comercial en México, algunos cristeros le achacaban su intervención en el bombardeo al monumento del Cristo Rey en Guanajuato.
[52] Una semana antes del magnicidio, el 12 de julio de 1928, al emprender el vuelo Nueva York- Ciudad de México, a poco de emprender el vuelo, el avión fue alcanzado por un rayo. Su cadáver fue localizado el día viernes 13 de julio de 1928
[53] El jurado..., op.cit., p.11
[54] Ibidem, p. 10-11.
[55] Ibidem, p.92-93
[56] Emmanuel Régis, op.cit., p.
[57] En el caso de José de León Toral  ese tratamiento trató dejar contentos a tirios y troyanos pues se aceptaba así el despliegue de un complot, mientras unos lo atribuían a la Iglesia Católica, otros se lo atribuían a Calles..
[58] Véase la recopilación de artículos: La locura compartida, Follie à deux, seguido de “¿Paranoización?, Simples indicaciones de la dirección de la cura” de Jean Allouch, libros de Artefacto, México, DF, 1997. La locura compartida fue descripta por la psiquiatría  francesa entre 1860-1923. Jacques Lacan  mostró y demostró que esa estructura está en la base del sujeto supuesto al saber y la consiguiente  transferencia en la cura analítica.  
[59] Jacques Lacan, sesión de su seminario oral del 1 de Diciembre de 1954.
[60] Fernando Robles, El Santo que asesinó. Este título forma parte de una lista  bibliográfica que la hermana Esperanza de León tuvo a bien entregarme.
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