Razones para amar la astrología (que la ciencia jamás entenderá) (Astrología) | DIARIO LITERARIO DIGITAL

Razones para amar la astrología (que la ciencia jamás entenderá) (Astrología)

lunes, 28 de marzo de 2016 0 comentarios


"Lo primero que resuena en mi corazón es "la astrología es tan apasionante, que no importa si funciona o no", y lo segundo es "pero funciona". Y no funciona a nivel meramente simbólico, o estético, o como una especie de juego, sino a nivel material, concreto, como una herramienta bastante implacable para ayudarnos en el camino de la vida..."







Razones para amar la astrología (que la ciencia jamás entenderá)



Escrito por John Motor, Astrólogo y Músico 

(exclusivo para Diario Literario Digital)



Me encontraba hace poco leyendo una de esas innumerables y aburridas polémicas entre la comunidad científica y los "hechiceros" astrológicos, y no pude evitar sentirme indignado, no por el ataque constante a una disciplina que amo, sino por el hecho de tener que observar valioso tiempo gastado en vano. Que la ciencia se obstine en demostrar la invalidez de la astrología es casi tan ridículo como la astrología intentando defenderse de esos ataques, y es el objetivo de este breve opúsculo intentar explicar por qué.

Lo primero que resuena en mi corazón es "la astrología es tan apasionante, que no importa si funciona o no", y lo segundo es "pero funciona". Y no funciona a nivel meramente simbólico, o estético, o como una especie de juego, sino a nivel material, concreto, como una herramienta bastante implacable para ayudarnos en el camino de la vida.

Para empezar, convengamos que es fascinante saber que, en cualquier momento y lugar dado, el universo nos entrega un mapa lleno de información que podemos descifrar e interpretar. Este mapa nos proporciona un caudal enorme de datos que, según la astrología (calma, científicos impacientes), son reales, y que pueden ser utilizados de múltiples maneras. Pues bien, lo que la ciencia disputa es que esos datos, perfectamente lógicos partiendo de la base proporcionada por la misma astrología, son en esencia arbitrarios y al azar, y que no corresponden necesariamente al caracter de la persona, país, o momento analizado. Esto es muy atendible (aunque en mi opinión, absolutamente falso) y lo analizaremos más adelante, pero el hecho es que, de por sí, y como un simple juego para la inteligencia y el asombro, ese desciframiento del mapa astral es fascinante y satisfactorio por dónde se lo mire. Ejercicios del estilo "si Marte está en Aries, el Ascendente en Aries, el Sol en Leo y la Luna en Escorpio, cómo será esta persona?", nos hacen pensar, elaborar hipótesis, indagar en bibliografía, buscar el consejo de otros amantes de la astrología, salir de la modorra existencial... En suma, nos mejoran.




Esto como base justificatoria de la existencia de la astrología, más allá de todo análisis posterior. Pero hay más: La mera descripción de la energía de cada signo, el comportamiento de cada planeta, y las áreas de vida que abarca cada casa, es perfecta como fenómeno estético. Tomándolo como literatura, con "novelas" de 12 capítulos, por ejemplo, uno para cada signo, puede resultar de lectura indispensable (dependiendo, claro, del talento del escritor). Yo, por mi parte, podría pasarme horas leyendo acerca de las características de Géminis, sin que necesariamente Géminis tuviera que existir, o incidir en la vida de ser humano alguno. Don Quijote tampoco existe, y no por eso dejamos de leer sus aventuras, o hacer películas y obras teatrales basadas en ellas. 





Pues bien: la astrología funciona, entonces, de esas maneras, pero la polémica surge cuando se afirma que esas energías cósmicas son verdaderas, y que realmente inciden en nuestro comportamiento. A mi, personalmente, me parece indemostrable el "por qué" del funcionamiento de la astrología, pero ampliamente demostrable el hecho de que funciona.

Vamos a utilizar un par de ejemplos personales para explicar esto: la astrología tuvo que superar un gran escepticismo de mi parte, que era la persona más propicia a defenestrarla en cada ocasión en que se cruzara por mi camino. Se trataba de un odio surgido más que nada del desconocimiento, y de la evidente falsedad de los horóscopos aparecidos en diarios y revistas de la peor calaña (no para la masa). Pero si ese desprecio existió, se desvaneció cuando una amiga decidió hacerme la carta natal, y leerme las conclusiones extraidas. Increiblemente, reflejaban con extactitud casi todos los aspectos de mi ser, dejándome pasmado, y poniendo fuertes dudas al hecho de que esa descripción pudiera ser meramente obra del azar.

Esto generó un impacto en mi vida, pero evidentemente se trataba solo de un caso, insuficiente para demostrar la eficacia astrológica. Curioso al extremo como soy, decidí poner a prueba esa fuerte intuición de estar a las puertas de una verdad, y comencé prontamente a indagar en los mapas natales de toda persona que tuviera al alcance. Y allí fue cuando la intuición se fue convirtiendo cada vez más en certeza (y se sigue convirtiendo cada día): el carácter que surge de la lectura de una carta natal se corresponde una y otra vez con el de la persona analizada, y no hay UN caso hasta ahora en donde esa correspondencia no exista. 








No defiendo a la astrología, porque ello me eximiría del enorme placer de ponerla a prueba en cada carta que interpreto, y de la maravilla que me genera comprobar que funciona, más allá de toda lógica y justificación.

Y aquí es donde vuelvo a la futilidad de las polémicas entre ciencia y astrología. La astrología es injustificable, pero funciona. Y funciona mucho más que muchas disciplinas "justificadas" por la sociedad.

Pero, ¿cómo funciona, y para qué sirve? Como herramienta de autoconocimiento, es muy certera. Conocer nuestros puntos fuertes y nuestros puntos débiles nos permite sacar mejor provecho de nuestro destino, si se quiere. Nos permite tomar las mejores decisiones para cumplir con nuestra misión en la Tierra, dejar de dudar y hacer lo que tenemos que hacer.

Una de las cosas que más me sorprendieron, cursando en el Centro Astrológico de Buenos Aires, fueron los ejercicios de interpretación de cartas natales. Partiendo solamente de una fecha, hora y lugar de nacimiento, había que describir los rasgos principales de la persona, sus intereses, su vida familiar, su vida afectiva, y hasta su posible ocupación. Para mi gran asombro, tanto mis compañeros como yo fuimos llegando a descripciones que estaban cada vez más cercanas a las personas cuyas cartas analizábamos. Todos coincidíamos en lo esencial de la persona, su carácter, sus intereses, sus áreas de vida más importantes, las cuales resultaban ser exactamente así. Claro que ir de lo general al detalle absolutamente preciso es más complicado (y aquí es donde podemos coincidir con la ciencia). Por ejemplo, hubo casos en donde estaba más que claro que se trataba de una persona ambiciosa, con mucho dinero, con interés por la política, trabajando en alguna empresa importante, pero determinar exactamente qué trabajo, o de qué manera manifestaba sus inclinaciones políticas, es quizás imposible de establecer con la mera lectura de una carta natal. Sin embargo, mientras más exhaustivo era el análisis, mayores aciertos obteníamos.




Que esto suceda cada vez que se analiza a fondo una carta natal es llamativo, y nos hace pensar (por el simple uso del sentido común), que la información que nos entrega la práctica astrológica es válida, y que puede sernos de gran utilidad. Claro está que esa validez se manifiesta cuando vamos de lo parcial a la totalidad de una carta natal. Declaraciones al estilo de "es de Sagitario, entonces le gusta mucho viajar, las fiestas y estudiar" son justificadamente desdeñadas por la ciencia, puesto que "ser de Sagitario" se refiere solamente al SOL de esa persona, sin tener en cuenta los otros, e importantísimos, elementos que componen una carta natal, los cuales interactúan entre sí, y pueden llegar a modificar dramáticamente las características de ese Sol.

Pero cuando se analiza a fondo una Carta, salen a la luz características muy exactas de la esencia de esa persona, que son lamentables de obviar por un demasiado apego a las leyes científicas. Dicho de manera simple: Quien desdeña la valiosa información que aporta la astrología acerca de una persona, lo hace a su propio riesgo.

La información está ahí para quien se tome el trabajo de leerla, analizarla e interpretarla. Las potencialidades de la persona también. Alguien puede haber vivido una manifestación "baja" del simbolismo de su carta natal, y, mediante el conocimiento de las manifestaciones más altas del mismo, puede llegar a redireccionar su vida, y concretar triunfos espirituales que hasta el momento le habían estado vedados.


Yo lo vi suceder, una y otra vez, y ante este auténtico milagro que nos otorgan los astros, las timideces de la comunidad científica palidecen en comparación. Lo que sucede es lo que sucede. Lo que es, es. No importa lo que debería ser según el manual, importa lo que pasa realmente. Y la astrología, pese a quien le pese, forma parte de la realidad más pura que se pueda concebir.






(exclusivo para Diario Literario Digital)
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