En las puertas del análisis: cuando la demanda toma forma (Psicoanálisis) | DIARIO LITERARIO DIGITAL

En las puertas del análisis: cuando la demanda toma forma (Psicoanálisis)

sábado, 13 de febrero de 2016 0 comentarios



El síntoma -con su fuerza pulsional- coacciona, empuja. Allí reside la verdadera demanda de análisis, demanda que puede constituirse o no durante las entrevistas preliminares ya que no todos quieren desembarazarse del síntoma. Si bien ocasiona molestias, pues también otorga un costado de placer del que muchas veces el sujeto no quiere desprenderse. Es el lugar del "soy así”...




En las puertas del análisis: cuando la demanda toma forma.

Escrito por Silvia Tomas, Psicoanalista

Para Diario Literario Digital




En el Seminario XII de Lacan, titulado "Problemas cruciales del psicoanálisis " y dictado en la Ecole Normal Superior tras haber recibido la excomunión de la Asociación Psicoanalítica Internacional (a partir de la cual dictó en primer lugar el Seminario de los conceptos fundamentales del psicoanálisis), encontramos una referencia respecto al síntoma que considero constituye una orientación para la práctica del psicoanálisis.




En dicho Seminario Lacan nos dice que hay en el síntoma una indicación del saber a la que el propio síntoma alude. Es decir, hay en el síntoma una referencia al saber.
Ahora bien, el hecho de que el analista esté advertido de esto, permite que se ubique en una posición que se diferencia de la de un psicólogo o un psiquiatra.
Para un analista, un síntoma es algo que no se desprecia ni se quiere barrer. Por el contrario, es algo que interesa al análisis y al analista, porque, en tanto significante, representa al sujeto. Un síntoma, un chiste, un lapsus, pueden ser la punta de un iceberg que muestra apenas una parte de la estructura, así como lo hace la hoja respecto del árbol al mostrar tan sólo una parte de una estructura mayor. Se trata de un significante que se presenta a veces desde la primera entrevista, significante que por su insistencia repetitiva muestra un goce al que el sujeto está adherido.
En cuanto a la noción de significante -que sabemos que Lacan ha tomado de la lingüística-, no se trata única ni necesariamente de palabras, sino que pueden ser significantes determinadas formas de manejarse en la vida, maneras de comportarse que se repiten, que insisten y que cobran así valor significante. Alguien que, por ejemplo, se va de los distintos lugares por donde transita porque siente miedo de enfrentarse a ciertas situaciones. Se va de los trabajos cuando se encuentra con una nueva instancia que le propone algo diferente a lo que hacía y eso lo atemoriza; se va de las amistades porque teme decir cosas que enojen a sus amigos, sin embargo, no tolera tampoco dejar pasar lo que le molesta de ellos; renuncia a continuar con sus nuevos estudios sobre algo que le entusiasma e interesa muchísimo por miedo a rendir sus exámenes, y esto mismo le ocurre con las relaciones familiares y en su pareja, donde teme decir lo que piensa. Se trata de un modo de comportarse que resulta repetitivo, una modalidad insistente que constituye algo particular en relación a la posición de ese sujeto. Tiene un valor significante que hace que por su insistencia -tal vez no advertida por el sujeto- pueda ser leída por el analista y se empiece a constituir así lo que llamamos un síntoma analítico. Sin embargo, antes de la lectura analítica, no lo era; no era un síntoma analítico. ¿Por qué? Porque tal vez era atribuido a la herencia, a una modalidad familiar. Muchas veces se escucha a la persona decir: "sí, soy igual a mi mamá, es de familia, por el lado de ella todos tenemos esas reacciones en el ADN".
En esos casos el sujeto de ninguna manera cree que esto tenga algo que ver con él en su subjetividad sino que se trata de algo que le viene dado, transmitido generacionalmente, por ejemplo, heredado por naturaleza. Será necesario un segundo tiempo en el que el sujeto advierta algo nuevo para él: que eso que le pasa tiene algo que ver con su goce, tiene que ver con él como sujeto de deseo, que eso le concierne. Hay en ese momento una modulación en donde se produce una implicación del sujeto respecto de su sufrimiento. Se trata del momento en que surge la angustia y se produce una cierta vacilación en el fantasma.
Además de este instante de conmoción en que vacila la posición del ser del sujeto, será necesario que, habiendo advertido lo sintomático, el sujeto quiera deshacerse de ello. Es esta cuestión la que nos introduce en el síntoma analítico.


 


Ahora bien, si la intervención del analista ha operado, leyendo e inscribiendo a partir de esa lectura una letra que implique que se ha tocado algo de lo repetitivo del goce, algo de lo real, el analista con su interpretación hizo una marca que llegó a conmover la posición del sujeto.
Sabemos que hubo allí un acto, efectivamente, el acto analítico es del analista.
No se trata de que un acto sea motriz, sino que el mismo tiene valor significante. Con su palabra, la intervención del analista toca lo real. La palabra es entonces el bisturí que efectúa el corte y habilita así una nueva línea de pensamiento.
Nos encontramos entonces allí con que en el análisis el acto es del analista y que es el acto analítico el que abre a la posibilidad del pensar del sujeto. Se pone en marcha así un pensamiento que no es el de la rumia obsesiva sino que se trata del pensar del inconsciente. Será a partir de allí que pueden producirse sueños, fallidos, lapsus; que se pone en funcionamiento la hiancia del inconsciente. Hiancia que fue tocada por la intervención que constituyó el acto del analista, acto que da paso al hacer del analizante. El acto es del analista, el hacer es del analizante.


Es en este segundo tiempo -en el que el consultante que pedía curación de su padecer se implica y comienza a pensar que algo de ese síntoma puede tener que ver con su subjetividad- que se produce un nuevo desarrollo de verdad y comienza el trabajo elaborativo. Por ejemplo, cuando quien consulta cae en la cuenta de que más allá de lo que pensaba como un cliché de la "norma familiar", su manera de irse de los lugares pateando puertas lo lastima y lo deja fuera de juego. Pueden abrirse por ejemplo situaciones donde relata cómo cuando se enojó, se puso intolerante, y cómo esta modalidad se repite una y otra vez.


La indicación en el síntoma del saber que él mismo encierra, moviliza, produce el enlace transferencial en tanto el significante que insiste en forma de síntoma busca hacerse escuchar, hacerse reconocer por el que escucha. Es allí, cuando se ubica en busca de Otro para que reciba ese saber, suponiéndolo a la vez sede de ese saber, que el síntoma cobra estatuto analítico.


Hasta ahora tenemos entonces que el significante del síntoma representa al sujeto para Otro significante en que se ha transformado el analista como sujeto supuesto al saber.
Así es como el síntoma se modifica y pasa a ser un síntoma para el analista, aliviando el cuerpo del sujeto. Muchas veces los pacientes llegan a sesión diciendo: "anoche soñé lo siguiente”. Es decir, la noche previa a la sesión. Es en este sentido que pensamos que el analista forma parte de la estructura del síntoma. Para que esto suceda y pueda darse un movimiento en la relación del sujeto con su síntoma, constituyéndose una verdadera demanda de análisis, algo debe haber operado en las entrevistas preliminares. Esta verdadera demanda de análisis no se trata del decir "quiero analizarme", en tanto no es el enunciado lo que está en juego sino la enunciación que está implicada en el síntoma. El síntoma -con su fuerza pulsional- coacciona, empuja. Allí reside la verdadera demanda de análisis, demanda que puede constituirse o no durante las entrevistas preliminares ya que no todos quieren desembarazarse del síntoma. Si bien ocasiona molestias, pues también otorga un costado de placer del que muchas veces el sujeto no quiere desprenderse. Es el lugar del "soy así”. Como dice Lacan, es el lugar donde el ser engreído toma su lugar. Y sabemos que además del sufrimiento, el síntoma conlleva un modo de gozar.


Recuerdo una consultante joven e inteligente que venía a plantear cuánto la usaban en su familia -sus padres, su novio, sus amigos- ya que ella gentilmente se ocupaba de todo y de todos pero sin recibir nunca la retribución esperada.
Estuvo un tiempo en entrevistas preliminares, pero su ser allí tenía más fuerza -al menos en ese momento- que su deseo de saber.
Sí, como dice Lacan, la resistencia es del analista. Pero también hay veces en que no está la decisión del sujeto, podríamos decir, de embarcarse en el trabajo de un análisis, y en que no es el tiempo para ese sujeto.


¿Cuándo se articula el síntoma con una demanda de análisis? En el momento en que se conecta con el saber, en la medida en que es interpretado, en la medida en que se revela su conexión con un S1, con un significante que representa al sujeto para otro significante. Queda así al descubierto que detrás del enunciado hay otra cosa, está la enunciación. Que más allá del uso habitual de la demanda, hay otro uso, uno que es inconsciente.


Una demanda, por lo general, admite otro uso. Este doble uso de la demanda es algo que Lacan ha trabajado desde sus primeros tiempos. Por ejemplo, en el esquema Lambda, donde se pueden diferenciar dos niveles de discurso que más adelante serán formulados en el grafo del deseo en la obra de Lacan. Veamos aquí el Lambda, aclarando al pasar la importancia que tiene toda la obra de Lacan, sin acordar con que un “último Lacan" desestima sus primeros desarrollos. Por el contrario, considero que, en todo caso, estos desarrollos se van reformulando a lo largo de su obra.









Proponemos pensar un nivel del enunciado entre los vértices de a y a´, y luego la posibilidad de efectuar la torsión desde el A al sujeto, atravesando el muro del lenguaje. El consultante tiene el derecho de pretender entablar una charla con el analista y es éste el que tiene como labor ejercer la torsión para atravesar el muro y acceder a la "palabra plena" en la dirección de la cura.


Por otro lado, como decíamos, Lacan trabajará de algún modo en "La dirección de la cura y los principios de su poder" lo que luego serán los dos pisos de la demanda, esclareciendo así la distinción entre sugestión y transferencia, clivaje entre psicoterapia y psicoanálisis. Considero que no es casual que su estilo de escritura implique un rodeo, rodeo como el que se pone en juego a la hora de escuchar la demanda de un analizante y que implica ciertas dificultades que acepta el lector a fin de encontrar, tras el imbricado recorrido, una cuestión que resulta nodal para el sostenimiento y avance del psicoanálisis.







Una analista que viajó a los Estados Unidos por razones familiares y permaneció allí algunos meses viviendo, me contaba que intentaba continuar con su formación ya iniciada con gran entusiasmo en Buenos Aires. Pero esta analista contaba que le fue muy difícil encontrar un lugar donde abordar a Lacan, y que el precepto de "time is money” era muy repetido en las clases o seminarios a los que asistía. Con lo cual, ella concluía: "¡claro! ¿Cómo van a ver a Lacan? Con el tiempo que lleva su desciframiento”. Tiempo que es también el tiempo del sujeto, que, como ustedes saben, es lógico y no sólo cronológico.
Ahora bien, suponemos que la intención de Lacan en su escritura, la de pasar un pedazo de real para que no se aplasten las dos líneas de la demanda, es porque entre las dos se aloja el deseo. Entre la demanda de la satisfacción de la necesidad y la otra, la que va más allá de la necesidad, hay un hiato. Vemos que ambas se expresan en niveles diferentes. La demanda de amor, de reconocimiento, va más allá de lo que se da en términos concretos. Puede pensarse por ejemplo en la clínica que tiene su arraigo en las cuestiones de alimentación. Lo que se pide o lo que se rechaza tiene más que ver con el Otro que con la comida en sí.
En el grafo del deseo, ese deseo está sostenido por el fantasma. El fantasma sostiene al deseo e impide que ambas líneas se aplasten.





Vean si no lo ocurrido a la famosa bella carnicera, con un marido tan dador, podríamos decir, en términos de satisfacción, en términos de goce, y ella queriendo preservar su deseo, lo sostiene en ese sueño tan emblemático trabajado por Freud y luego por Lacan. Los sueños son una prueba de que en la fantasía se aloja el deseo y de que el deseo no es el goce. El enunciado del sueño dice así: "Quiero dar una comida, pero no dispongo sino de un poco de salmón ahumado. Pienso en salir para comprar lo necesario, pero recuerdo que es domingo y que las tiendas están cerradas. Intento luego telefonear a algunos proveedores, y resulta que el teléfono no funciona. De este modo, tengo que renunciar al deseo de dar una comida”[1] “¿Cómo puede ser -pregunta ella- que se trate de un deseo cumplido?” Freud le responde que sólo un análisis podría dar con el sentido del sueño, aunque, efectivamente, concede que pareciera que sus dudas son del todo razonables. A continuación, la interroga sobre los sucesos del día anterior recordándole que éstos suelen ser el material que el sueño toma en primera instancia para forjarse. De esta manera, ella va proveyendo la siguiente información -articulación significante- que encierra la clave de un goce. Su marido carnicero declaró querer adelgazar. Días antes, un pintor había halagado la cabeza de este hombre y manifestó querer pintarla, a lo cual él respondió que sería mejor buscar el atractivo trasero de alguna dama para retratar.
Por otro lado, su amiga, que había estado conversando animadamente con su marido en ocasión de una reunión anterior, le solicitó a la belle buchere que diera una cena ya que en su casa se "comía muy bien". Pensemos en la resonancia de este comer bien en la casa de la bella y el carnicero. A nuestra bella le gustaba el caviar, pero había solicitado al marido que no se lo diera ¿No era a caso por querer mantener un deseo insatisfecho? Encontramos también en el sueño la sustitución de caviar por salmón ahumado, y se trata justamente de la pieza preferida de su amiga. Este sueño muestra así el trabajo del significante en la retórica, juego de metáfora y metonimia, retruécano por el cual entendemos el aforismo de Lacan: "El inconsciente está estructurado como un lenguaje."






[1] Freud, S., (1900) “La interpretación de los sueños (primera parte)” en O.C., Tomo IV, Amorrortu ed., Bs. As. 2010.



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