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Una ilusión perdida (Cuento)

jueves, 3 de diciembre de 2015 0 comentarios

"Cuando mi madre me dijo que iríamos de compras, aproveché en hacer mi listado de cuentos y fábulas que compraría, no sólo para extender mi gaveta de libros de cuentos, sino; para sentirme inmensamente feliz..."



UNA ILUSIÓN PERDIDA

Escrito por David Malaver

Para Diario Literario Digital



Cuando mi madre me dijo que iríamos de compras, aproveché en hacer mi listado de cuentos y fábulas que compraría, no sólo para extender mi gaveta de libros de cuentos, sino; para sentirme inmensamente feliz.

Las fábulas, y algunos cuentos, me llenaban de alegría y regocijo ya que era la manera fabulosa de poder transportarme a un mundo lleno de felicidad: hadas, príncipes, seres gigantes, animales con el poder de hablar; y hasta seres vivientes que llenaban mi vida de la gran soledad que me dejó la pérdida de mi querido perrito Níper, que desde su partida de esta vida, me dejó en la completa soledad y llena de tristeza.

En la librería encontramos una gran cantidad de libros de todos los tamaños y títulos que nunca antes había imaginado; en uno de ellos decía: el gigante y las habichuelas, otro nombre que llamó mi atención fue un libro de gruesa pasta y de largas hojas, se llamaba: los enanos de el país sin nombre.

La vendedora le daba sugerencias de libros con receta de cocina y sobre manualidades en casa.

- Es hora de irnos- Dijo mi madre algo apresurada, pero de inmediato pareció darse cuenta de algo.

- Su vuelto señora, muchas gracias por su compra, y recuerde que queremos verla nuevamente en ésta su casa; hasta pronto- Le dijo la joven vendedora con una mirada muy vivaz.

- Un momento, señorita- Dijo mi madre, que pareció intuir mis grandes anhelos y continuó ella muy firme como siempre- Ahora es el turno de ¡mi princesa!-

El alma se me volvió al cuerpo y de inmediato empecé a buscar en los grandes aparadores.

De inmediato me puse a revisar los cuentos y las fábulas más impactantes ante mi vista.

Pude ver los maravillosos cuentos de los hermanos Andersen que cuya historia de la vendedora de fósforos me impactó; así como también del francés Perrault, el mismo de la maravillosa historia de La caperucita Roja.

Compré lo que más engalanó mi vista, aquella tarde algo gris, pero era lo de menos por que la alegría la tenía asegurada por mucho tiempo con toda la gran cantidad de libros que llevé.

-Es hora de irnos- Dijo mi madre

En unos momentos más ya estábamos en casa ya se había anochecido.

Después de cenar y cuando ya me disponía a leer la primera página de mi fábula con colores dorados, empezó una lluvia casi torrencial que me hizo cerrar la ventana para no ver las gruesas gotas que pasaban una tras otra y me hacían sentir cierto temor. Fue justamente cuando al terminar de cerrar la larga cortina vi desde lo alto de mi habitación a un pequeño perrito callejero, entumido y tratando de correr hasta un lugar donde esté seco, pero el pobrecito no pudo llegar a ningún lugar donde pueda estar a salvo. Sentí mucha pena y sin importarme lo que digan mis padres, bajé sin que se dieran cuenta y lo llevé hasta mi habitación .Allí lo arropé con algunas mantas que ya no usaba y le di un poco de leche por que seguramente durante la lluvia aparte del frío tendría mucha hambre.

No logró acabarse toda la porción que le di y mientras trataba de acomodarse entre las mantas para aliviarse del frío, se me vino a la mente Níper, mi perro fiel que lo perdí un par de años atrás a causa de una enfermedad extraña.

Ya una vez acostada y con el perrito callejero al pie de mi cama, traté de poner mi mente en blanco sin lograrlo. Los recuerdos, en su mayoría tristes, se apoderaban de mi mente y no podía olvidar por ejemplo todo lo feliz que fui mientras estuvo vivo.

Recordé por ejemplo como era tan astuto para recibirme al llegar de la escuela, ya que siempre me esperaba con mis zapatillas de casa; sin nunca olvidarlo. La única vez que no lo hizo, fue cuando me di cuenta que ya estaba muerto.


Lo era todo para mí, era el complemento que tanto necesitaba. Quizá en mi desesperado intento por olvidar ese triste hecho fue refugiarme en los cuentos de hadas.

En las fábulas, al menos eso sé, los príncipes y las reinas nunca mueren; es más nadie deja la vida, hasta los seres más fastidiosos se hacen buenos por que en ese bello mundo todo es posible, quizá darme alegría, llenarme de gozo en mis momentos de angustia y hasta; quizá devolverme a Níper, por que después de todo como alguna vez alguien dijo: ¨sueña, pero cuando lo hagas, hazlo con los ojos bien abiertos¨.

La verdad nunca terminé de entender exactamente lo que quisieron darme a conocer, pero las fábulas y cuentos, fueron los que me dieron esa salida a mi soledad.

Esa noche de grandes emociones y tristezas del pasado, soñé que en una colina llena de duendecillos con grandes sombreros, a son de arpa y bocina esperaban con inquietud la llegada de la princesa que con la presencia de las multicolores mariposas, anunciaban su llegada. La espera se hacía más grande, pero mientras más duraba tenía un extraño presentimiento… era yo, efectivamente. Allí encima del carruaje y con un ceñido y largo vestido color del cielo, al ver a aquella bella joven era como si me estuviera viéndome en un espejo y lo más impactante ante mis ojos fue ver que exactamente tras del carruaje corría libremente junto a ella Níper, sí mi fiel perro, que estaba junto a aquella engalanada princesa que tenía mi mismo rostro. Era una dicha que no podría explicarlo ni con todas las palabras del mundo. Cuando la princesa invitó a Níper a subir al carruaje, un pequeño grito me despertó de lo que había sido un maravilloso sueño. Traté de nuevamente volver a dormir para tener el mismo sueño sin lograrlo, fue entonces que recordé al perrito callejero y al ver hacia mi izquierda no pude contener el llanto. Allí estaba boquiabierto y con la lengüecita morada, no pude mantenerme sin moverme y fui a tratar de revivirlo y como fue dos años atrás, tampoco pude hacer nada por la vida de ese pequeño regalo que pensé que la vida me estaba devolviendo.

Recordé que mi padre siempre dijo que las fábulas sólo crean falsas ilusiones y me alejan de la realidad, y ahora casi estaba segura. Tan sólo recordé de pronto, que en la vida hay dos formas de vida: la buena de la que todo el mundo habla y aquella que nos lleva a los seres que más queremos hasta un lugar que quizá nunca logre saberlo.

Es cierto que perdí una gran ilusión: la de mi perro y lo que creí su segundo gran retorno. También, de que todo lo que se ve en las fábulas no es realidad; ahora lo sé, pero también entendí que no puedo hacer que el mundo de maravillas y fantasías que allí se dice se convierta en parte de mi enojo por que si sé que los sueños se pueden hacer realidad, como cuando descubrí que tengo la vida y unos excelentes padres que sí son parte de la realidad y sí seguiré creyendo en el maravilloso mundo de los relatos de las fábulas, por que sé que con amor la princesa nunca se dejaría vencer por una bruja o un gigante. 



Pienso vencer a la hechicera maldad con un poco de magia; que como dijo la plebeya: eso se logra sólo con el amor…


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