El cartero (Cuento) | DIARIO LITERARIO DIGITAL

El cartero (Cuento)

martes, 15 de diciembre de 2015 0 comentarios

            "Me llamo Cecil Owens y soy cartero. Muy próximo a la jubilación, que será efectiva a mediados de enero, debo confesarle un secreto que he guardado celosamente durante casi veinte años, pero con el que no podría emprender una nueva etapa de mi vida, me pesa en la conciencia..."                  

                

El cartero

Escrito por Isabel Llor Cerdán







Londres, 4 de octubre de 2009

Estimada señora:

Me llamo Cecil Owens y soy cartero. Muy próximo a la jubilación, que será efectiva a mediados de enero, debo confesarle un secreto que he guardado celosamente durante casi veinte años, pero con el que no podría emprender una nueva etapa de mi vida, me pesa en la conciencia.

En realidad se trata de una infracción en mi trabajo, pero me ha hecho tanto bien, que espero que usted tenga la bondad de disculparla.

Hace ya muchos años, me di cuenta de que escribía usted a su amiga inglesa, con gran regularidad: una carta mensual y a veces dos, aunque hace ya algunos años, se alargan hasta mes y medio.

En general son sobres pequeños, escritos a mano, pero hace unos quince años, mandó usted un sobre mas grande, que, afortunadamente para mi, llegó prácticamente abierto. Naturalmente no es nuestro cometido pegar los sobres que vienen deteriorados, pero tuve un impulso y curioseé el contenido: una carta, con fecha y firma al final y unos pocos folios, con un título: “El sembrador de estrellas”. Bueno, eso lo sé ahora, porque yo apenas entendía nada del idioma español. El caso es que cogí aquellos papeles, hice unas fotocopias, los volví a meter en el sobre con la carta y cerré
con cinta adhesiva. Jamás me hubiera atrevido a leer la carta, por supuesto, pero los papeles los guardé y empecé a ir a clases de español en una academia.

Me costó tiempo, no crea. Fui el segundo de ocho hermanos, terminé los estudios primarios y siempre me ha gustado mucho leer, pero el estudiar otra lengua, no se me había ocurrido hasta aquel momento.

Pasaron casi dos años hasta que pude ir descifrando aquello que parecía un cuento, pero que leído y releído varias veces, cobraba un significado mucho mas amplio, más esotérico, mas profundo. Me gustó hasta el extremo que aprendí algunas de sus frases de memoria: “Cuando se despertó se dio cuenta de que había crecido demasiado y aquella montaña ya no podía seguir siendo su hogar”

“¿En qué momento se había convertido en un gigante solitario?” “Abrazó con fuerza una de las islas y algo debió pasar porque, de repente, toda ella se cubrió de flores” “Nadar era una maravillosa sensación de libertad”... Y muchas otras. En realidad, podría reproducirlo por completo.

Desde entonces, esperé con ansiedad la llegada de sus cartas. Si eran sobres grandes, los abría, hacía fotocopias de los papeles y volvía a cerrar. Así que, estimada señora, he seguido su trayectoria

literaria y conozco un poco de su alma, que se trasluce a través de sus escritos.

Hasta ahora no me he atrevido a confesarle mi culpa, que espero disculpe, primero porque para mi ha supuesto el interesarme por el idioma y la cultura españolas y segundo porque admiro su obra profundamente.

De su vida real lo desconozco absolutamente todo, solo sé su nombre y dirección, que al no conocer España, tampoco me da muchas referencias, que tiene usted una letra muy legible... y nada más.

En cuanto a mi, he repartido cartas en el mismo distrito durante veinticinco años. Al principio con aquellas sacas de cuero que pesaban muchísimo, aunque no lo notaba demasiado, porque era joven y fuerte. Luego nos cambiaron a los carritos manuales, mas cómodos y, hace ya ocho años, dispongo de una pequeña motocicleta, que supone no tener que caminar durante las casi seis horas que supone el reparto.

Mi vida ha sido y es bastante solitaria. Mi familia es de Gales y allí se quedaron la mayoría de mis hermanos y hermanas, pero yo me vine a Londres y aquí sigo, me gusta el bullicio de la ciudad, aunque ahora ya se me hace excesivo. En mis vacaciones he visitado Francia, Alemania, los países nórdicos e incluso Rusia, aparte, claro está, de recorrer toda Inglaterra, Escocia e Irlanda.

No me casé, no tuve hijos y aunque mi trabajo es bastante rutinario, siempre me gustó, sobre todo, porque disponía de toda la tarde para realizar otros estudios y actividades. Vivo en un modesto apartamento, pero muy cómodo, y ahí espero seguir.

Conozco a su amiga inglesa, es una mujer ya de edad, aunque se la ve ágil y sobre todo muy agradable, cuando coincidimos se para un momento a charlar. Debe viajar bastante o ausentarse de casa a menudo, ya que, en ocasiones, las cartas abarrotan su buzón. Algunas veces la he visto recoger hojas en otoño y otras ir a llevar migas de pan para los patos, a un pequeño estanque que queda muy cerca de su casa que, como usted bien sabe, está en Cornwall Gardens una zona muy agradable, con grandes árboles y jardines, situada al SudOeste de esta ciudad, entre Kesington y Chelsea y que, supongo, habrá visitado en alguna ocasión. Es admirable que se sigan ustedes carteando después de tantos años, lo cual demuestra que les une una verdadera amistad.

Los dos últimos años no he ido de vacaciones y he procurado ahorrar lo máximo posible, en cuanto me jubile  pienso visitar España, pero no un viaje de turista, no, tal vez me quede en su país dos o tres meses, hasta donde me alcance el dinero. Creo que existen muchos contrastes de clima, paisajes, arquitectura, gastronomía... Todo ese interés que siento, se lo debo a usted y le estoy muy agradecido.

En fin, no quiero molestarla, le envío mi dirección por si fuera usted tan amable de escribir unas letras diciendo que perdona mi atrevimiento, solo así conseguiría quedarme tranquilo.

Le deseo mucha suerte como escritora y en las demás facetas de su vida.

Siempre a su disposición,

Cecil Owens
122 Farrington Road
EC1  45Q  LONDON

4 de noviembre de 2009
Estimada señora:

De nuevo le escribo para darle las gracias ¡No sabe lo que ha supuesto para mi recibir su carta!

No una carta de cortesía, sino realmente amable, donde me dice que no solo me perdona, sino que me felicita por mi dominio del idioma español y la constancia y esfuerzo que he realizado en aprenderlo e interesarme por toda la cultura de su país.

Me dice usted también que nuestra edad debe ser muy similar (yo nací el 30 de diciembre de 1945) ya que acaba de jubilarse, después de dedicar treinta y cinco años de su vida a la enseñanza y que, además, tiene una gran afición por las Artes.

Mi padre era carpintero y ebanista, probablemente le hubiera gustado hacer muebles originales,

exquisitos, de maderas nobles o, quizás, algunas bellas tallas,  pero ya le he comentado que fuimos ocho hermanos a los que sacar adelante y trabajaba en una fábrica. Recuerdo que los únicos juguetes que tuvimos, fueron unos pequeños barquitos que él tallaba con recortes de madera y que luego pintaba de colores fuertes: rojo, naranja, azul, además de algunos trompos con los que pasábamos un montón de horas jugando en la calle con otros chicos. Para mis hermanas les hizo algunas muñecas que podían mover manos y pies y que mi madre (costurera) vestía antes de entregarlas a las niñas. Todo esto me hizo recordar que realmente tuve una infancia feliz, aunque fuera una época muy difícil para todo el mundo.

Me ofrece usted enseñarme su ciudad y los alrededores en ese viaje que tengo proyectado. Me siento realmente asombrado y muy agradecido.¡Me ha parecido un gesto tan bonito por su parte!... no solo me ha perdonado, sino que me invita a conocerla en persona y compartir unas horas mostrándome su tierra, de la que parece usted sentirse muy orgullosa.

En estos dos meses que faltan, trataré de buscar todavía más información y haré varias rutas posibles, que, si no le parece mal, le enviaré para que me dé su acertada opinión. Tenga en cuenta que pienso salir de aquí, como mucho, a primeros de febrero y habrá que tener en cuenta que las temperaturas no sean muy bajas o nieve en exceso, para poder disfrutar realmente de cada lugar por el que pase.

Reciba mis más respetuosos saludos, Cecil Owens



15 de diciembre de 2009

Estimada señora:

Creo que de las tres o cuatro rutas posibles, que le envío adjuntas, dos me parecen más interesantes: la primera sería llegando primero a Barcelona, bajar por toda la costa Mediterránea, incluso visitando las Islas Baleares, seguir por algunas ciudades andaluzas, luego Extremadura, para continuar hasta Galicia, ver todo el Norte y luego descender hasta Madrid, ver un poco la zona centro y regresar a la capital para coger el vuelo de regreso.

La otra posibilidad, que también le explico detalladamente, sería viajar primero a Madrid y después escoger cualquier otro punto haciendo un recorrido lo más amplio posible.

Ya falta muy poco y espero poder conseguir vuelos económicos, tal vez debí mandarle mis propuestas antes, pero sigo trabajando, como le dije, hasta mediados de enero y estoy muy ocupado comprando algunos regalitos para mi hermana y mis sobrinos, con los que este año celebraré las fiestas navideñas.

Como puede suponer, nuestros padres fallecieron ya hace muchos años y mi hermana mayor, que tiene cuatro hijos y siete nietos, es la que nos sigue reuniendo a casi todos en su casa, que, aunque somos casi cincuenta, nos juntamos de tarde en tarde y lo pasamos muy bien recordando viejas anécdotas de cuando éramos niños y adolescentes. Algunos de mis hermanos ya son viudos o viudas y sus hijos, en un exceso de celo, no les permiten salir de sus lugares respectivos por miedo a qué pueda sucederles algo, así que este año “solo” seremos dieciocho para la cena de Nochebuena y la comida de Navidad.

Me pregunta usted cómo llegué a ser cartero, si era una vocación, un impulso. Como le dije, quería salir de Gales, visitar la ciudad de Londres y ¡quien sabe si podría ganarme la vida!. El caso es que mi padre tenía allí un hermano que le ofreció el poder quedarme en su casa un tiempo. Vivía en la zona de Cleckenwell y trabajaba como descargador de mercancías en un mercado que ahora ya no existe. Era un hombre alto, muy fuerte, intentó que yo trabajara también con él, pero aquello era excesivo para mi. Recorrí toda la zona y en cuanto vi el enorme edificio de correos de Mount Pleasant, supe que aquel sería mi trabajo. No me resultó difícil, unas pruebas sencillas y, después de un periodo de prueba, empecé mi tarea como cartero. Años después obtuve la plaza fija. Durante todos estos años me he sentido muy orgulloso de formar parte de la mayor estación de correos de toda Europa y pionera de algunos avances tecnológicos que para aquella época resultaban muy avanzados. Como puede observar por mi dirección sigo viviendo en la misma zona, en la que me siento muy a gusto. El barrio ha sufrido muchas transformaciones y pocos quedamos de aquella primera época en que fueron construidas las casas como la mía. Creo que a usted le encantaría
porque ahora está poblada por estudios de artistas y muchas tiendas y cafés con un gran encanto.

Parte del mercado donde tantos años trabajó mi tío se ha convertido en pequeñas tabernas donde aún se puede tomar buena comida sencilla y casera.

Hasta ahora no se me había ocurrirdo preguntarle y, si piensa usted que es incorrecto, le pido mil disculpas por anticipado ¿Está usted casada?

Sea como sea, le deseo que pase unas inmejorables fiestas.

Como siempre, mis mas respetuosos saludos, Cecil Owens




23 de Enero 2010

Estimada señora:

Por supuesto que me dejé aconsejar por usted, ya tengo los billetes de avión y llegaré
a España el próximo día 30 de este mismo mes ¡Es increíble que solo falte una semana para ver cumplido mi sueño de tantos años!

El día 15 me despedí de mis compañeros más cercanos y de mi trabajo de siempre. Me siento  rejuvenecido, feliz y con un montón de ilusiones.

Naturalmente que acepto su trato: primero usted me enseña Galicia y después yo le muestro todo lo que pueda de mi país. Dice  que solo estuvo en Londres una vez, hace mas de diez años y además fue una visita demasiado corta como para poder apreciarlo. Yo también me siento muy orgulloso de mi ciudad y creo conocerla bastante bien, así que encantado de acompañarla.

Le agradezco la confianza que ha depositado en mi al contarme algunas cosas de su vida privada cómo que está divorciada desde hace más de veinticinco años y que tiene dos hijos de treinta y veintiocho años, con los que, por lo que dice, tiene una magnífica relación.

Le envío una foto para que pueda usted reconocerme y tomo buena nota de su número de teléfono La llamaré cuando aterrice en Madrid y calculo que tardaré unas tres semanas en llegar hasta donde usted reside.

Hasta muy pronto,  Cecil Owens



Londres, 2 de mayo 2010

Querida Amalia:

Acabo de llegar, aún no he deshecho las maletas, pero tenía verdadera ansiedad por decirte, aunque ya te lo he dicho también verbalmente, lo mucho que para mi ha supuesto este viaje.

Ya sé que ahora tenemos suficiente confianza para comunicarnos por medio del teléfono o el ordenador y así lo haré mientras no llegues a Londres, pero con una carta empezó todo y quería enviarte ésta para que puedas guardarla si lo deseas. Han sido, sin duda, los mejores meses de mi vida, aunque creas que peco de exagerado.

Me ha gustado tanto tu país que incluso he pensado que podría pasar algunas temporadas ahí, tal vez comprando un pequeño apartamento cerca del mar. La verdad es que el lugar no sería lo más importante, sino que estuvieras cerca, poder seguir disfrutando de tu compañía. Tal vez sea algo precipitado por mi parte, ya que mientras estuve ahí, no me atreví a decir nada por temor a ser atrevido o inconveniente, pero lo cierto es que en toda mi vida, nunca me había sentido tan a gusto con nadie. No puedo decir que lo que siento sea amor, porque no tengo ninguna experiencia al respecto. Aunque pueda parecerte un bicho raro, la verdad es que nunca he estado enamorado de nadie, aunque he sentido profundos afectos por la mayor parte de mi familia y algunos verdaderos amigos. A las mujeres siempre las he considerado como  merecedoras de una gran consideración y tal vez por eso, nunca he llegado a intimar con ninguna, pero tu me pareciste tan cercana, cariñosa y divertida que sentí que algo en mi se estaba abriendo y, lo mejor, que podía expresarme cómo realmente soy, sin preocuparme de guardar esa distancia que me imponía el excesivo respeto y que no era más que una barrera que me alejaba de cualquier mujer…

Creo que has sabido mostrarme a las gentes de tu país, sin duda lo más importante, aunque el paisaje, la arquitectura o la gastronomía también lo sean. No sé si yo sabré estar a la altura, pero entiendo que lo principal de una tierra son las personas que viven en ella, con sus virtudes y defectos y con sus peculiaridades marcadas, precisamente, por ese lugar al que pertenecen.

Apenas quedan quince días para tu llegada, pero sé que se me harán eternos, aunque aprovecharé para organizar las visitas a las distintas zonas de la ciudad, de forma que puedas disfrutar de cada lugar y aún quede algo de tiempo porque, como ya te dije, me gustaría acompañarte a Gales, aunque creo que eso será mejor determinarlo cuando ya estés aquí.

No sé lo que ocurrirá de ahora en adelante, ni qué sentimientos tienes hacia mi, pero, pase lo que pase, estos pocos meses quedarán en mi memoria para siempre, como algo realmente hermoso.

Te ama profundamente, Cecil Owens
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