Viaje Urbano (Una historia de La Paternal) | DIARIO LITERARIO DIGITAL

Viaje Urbano (Una historia de La Paternal)

lunes, 16 de noviembre de 2015 0 comentarios

                 "Así puede pasar la semana para tía Berta, como la vida… Llegamos, descendemos entre el vaho caliente que sube desde el asfalto. Un abrazo verde acompaña el paso tranquilo por estas calles arboladas donde late el corazón de Paternal..."      


Revista literaria paternal



   Escrito por  María Teresa Lippo

Para Diario Literario Digital



Cruzamos el anochecer a media luz sobre asfalto aún caliente y bajo un cielo indeciso empujado por la luna cuentodehadas. Me separan de tía Berta casi treinta años y nos unen macetas con “alegrías del hogar”, “cretonas” o “lazos de amor”, el tango, los programas chismosos, la revista del domingo. El mate y sus matices: con cascarita de naranja te da un gustito que… ay… se queda en la lengua y te pide más… con café se hace más fuerte y gustoso, o si no, ponés hasta la mitad de cebesé y no te hace mal al estómago…





Nos unen antiguas vacaciones allá por el tiempo de la niñez, las siestas largas y las ilusiones porque sigue envolviéndose en fantasías- no lo dice, tal vez ni lo sabe- mientras el calendario le canta más de ochenta en un andar lento, cadencioso…se toma el tiempo para cada paso ya que nunca necesitó apurarse.


Llegamos a la parada del ómnibus justo cuando está doblando por los altos de Garay. Aunque viene repleto ella se sienta enseguida, cruza las manos sobre el regazo y se abandona al viaje. He decidido acompañarla como tantas veces. Nos gusta ese juego: ella viene a visitarme pero el mismo día le devuelvo la visita, me siento más tranquila así.


El vestido celeste le moldea las formas que han sido deliciosas y prometedoras. Pocas veces la vi sin sus anteojos, son parte de la cara joven protegida por cremas perfumadas y algún “colorete” que disimula el paso de los años. A ella siempre le gustó Buenos Aires, desde su juventud en el pueblo, cuando veía esa ciudad inmensa y seductora en las revistas y sonreía, soñando… Tuvo la suerte de que un joven de allá viniese a trabajar y en uno de esos viajes de vacaciones se pusieran de novios (siempre pensé que ella vio la oportunidad, y la aprovechó sin vueltas).




Disfruta en cada esquina del barrio, en los balcones ,en la iglesia (es la más cristiana de sus seis hermanas), visita hospitales y hogares de ancianos, ayuda en las escuelas. La vida parece haber sido generosa con ella. No le deparó dificultades económicas, crió un hijo que “le salió hombre honesto, responsable, trabajador, atento a la madre cada día ¿qué más se puede pedir?”… pero yo pregunto de pura curiosidad no más…¿qué dice su corazón? Cuando pierde la mirada en repetidas y profundas ausencias… ¿dónde está? ¿Se enamoró realmente alguna vez? Es romántica, sigue la trama de varias novelas en televisión, le ha gustado opinar e intervenir en cuestiones amorosas de hermanas, primas, sobrinas, incluyendo a su hijo. Malas lenguas de la familia hablan de amores contrariados y de una gran desilusión que la empujó al matrimonio por conveniencia, más social que económica. Y aquí está, viuda desde hace una década, pero en sus ojos –donde hay un sol escondido-yo creo adivinar algún tumulto irresuelto que la mantiene alerta.

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El ómnibus atraviesa los barrios hoy más tranquilos, amparados en la modorra del domingo, yéndose el fin de semana trastabillando con la carga de lo que íbamos a hacer y no hicimos, o de aquello que se cumplió a medias, mientras asoma la cara del lunes como una trampa abierta donde pronto vamos a caer.


¿Qué significa el lunes para tía Berta? En su vida los días se diferencian según sus intereses internos y particulares, cercanos en tiempo y espacio: turnos médicos, misas, visitas, programas de TV, compras, atender las macetas del balcón, espiar a la torcacita que eligió ese rincón para hacer su nido, revisar los roperos, tal vez podrá juntar ropa que no se usa para llevar a la iglesia. Verá muchos zapatos que duermen con la boca abierta, esperando una respuesta ,sacos, saquitos, sacones vacíos desde hace tanto… blusas y polleras pasadas de moda… Las perchas están agobiadas…


Así puede pasar la semana para tía Berta, como la vida… Llegamos, descendemos entre el vaho caliente que sube desde el asfalto. Un abrazo verde acompaña el paso tranquilo por estas calles arboladas donde late el corazón de Paternal. Al llegar a su puerta me pide que entre un ratito, que todavía es temprano, así me muestra las plantas y el vestido que se compró la semana pasada.


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La ternura me conmueve hasta hacerse un nudo. Sé que estas andanzas tienen fecha de vencimiento. Las vivo y disfruto porque quizá pronto se convertirán en recuerdo, nunca sabré sus secretos pero no importa, me basta tenerlas a mano como un reservorio de calma, de intervalo feliz entre las sombras de la realidad.


Regreso ya de noche, ahora se ha suavizado el fuego del asfalto. Ella ha quedado en su planeta mágico, yo subo al ómnibus sintiendo que me abrazan las serpentinas de un carnaval apócrifo, donde Tía Berta es mucho más joven y baila con su amor imposible… baila… baila… ríe… y yo soy una niña que les arroja papel picado entre los círculos sonoros del tango…



Exclusivo para Diario Literario Digital

   
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