Versiones del padre, aún (Psicoanálisis) | DIARIO LITERARIO DIGITAL

Versiones del padre, aún (Psicoanálisis)

sábado, 7 de noviembre de 2015 0 comentarios

“Acaba de concluir la Reunión Lacanoamericana de Psicoanálisis 2015 que tuvo lugar en Montevideo. En esta ocasión trabajé sobre el tema de las diversas escrituras del padre. Me movió en la elección un interés clínico que el artículo desarrolla. Y también el propósito de intentar contrarrestar la “moda” de oponer Freud a Lacan y a los diferentes tiempos de la obra de Lacan entre sí; lo que incita a quienes así piensan que el “ultimísimo Lacan (¿?!) se habría librado de la antigualla del padre, sin siquiera servirse de él. Increíblemente algunos llegan a afirmar que la cuestión del padre y del falo surgieron, tanto en el maestro vienés como en su lector francés de la influencia que sobre ellos habría ejercido el prejuicio patriarcal. Algunos lo hacen equivocándose de buena fe. Pero lo alarmante es que a otros los mueve un propósito político: se harían así los dueños de una masa de seguidores de una nueva doctrina. El psicoanálisis, así lo creemos, saldría perdiendo, gravemente lesionado.”


Revista literaria psicoanálisis Silvia Amigo


Versiones del padre, aún


Escrito por la Dra. Silvia Amigo


Exclusivo para Diario Literario Digital

Lacan afirmó que el psicoanálisis podría llegar a desaparecer como un síntoma olvidado. Un síntoma. Esto es, una verdad y un real anudados que podrían desvanecerse en la ciudad del discurso. Ya lo sentía así cuando percibía que el discurso maître, el del inconciente, sería desplazado por otro, que sólo encontrará como "del capitalista", al que a nuestra cuenta y riesgo homologaremos al discurso totalizante de la ciencia, unos años después. Así lo expresó en "El reverso de la vida contemporánea", cuarto apartado de L´envers de la psychanalyse aludiendo explícitamente al último tomo de La comédie humaine de Balzac, donde el escritor describe la desaparición de la nobleza en manos de la burguesía luego de la revolución francesa. Balzac percibe un cambio de discurso. También Lacan.



Si nos remontamos a la consigna lacaniana inicial, la del retorno a Freud en los años 50, veremos que el maestro francés buscaba poner sobre sus pies el psicoanálisis que había naufragado en psicología adaptativa (en su versión americana) y la totipotencia materna (en su versión kleiniana). El post freudismo había logrado taponar "el surco tajante abierto por Freud" haciendo un EXIT del padre, allí donde Freud operara su inflexión más importante. Esa figura paterna, transbiológica y exquisitamente cultural llega de la mano del lenguaje y toma a su cargo la pérdida de la Cosa incestuosa que el mero lenguaje impone, dando ciertas leyes en su nombre a la sexualidad que esa pérdida conlleva. El retorno a Freud pues, se inició como un proyecto de volver al padre, en su enseñanza devenido diferentes modos de escritura, versiones del padre, recorriendo desde el inicio hasta el final lo que ya en otras ocasiones llamamos "el phylun del padre" que se puede seguir a lo largo de su obra. Padre y falo nada tienen que ver con una reverencia al orden patriarcal. Ambos son símbolos, significantes de la cultura en la ley.



Inicialmente, en tiempos en que postulaba la primacía de lo simbólico, presentó la metáfora paterna. En su grafía, la x del deseo de la madre queda solidarizada y resuelta por el falo, dando al sujeto la posibilidad de ser y no ser ese significante que entonces y gracias a su eficacia, no colma por entero a un Otro dividido y no saturado por su retoño. En ese tiempo no tiene formalizado su único invento, el objeto a. Y ciertamente es una época en que parece cundir la ilusión de la sustitución significante generalizada solucionando los impasses en lo que se suele hallar un sujeto. Con esa creación, que logifica hasta donde ello es posible el Edipo (dado que el psicoanálisis, a diferencia de la ciencia, no profesa un rechazo del mito), logra separar tajantemente un terreno hasta entonces resbaloso y continuo entre psicosis y neurosis.


Cierto es que el maestro se vio obligado por la clínica a "afilar" su formalización y dar a conocer otras versiones del padre. Pero...¿dan ellas por tierra a ese primer escalón de literalización? Por nuestra parte, jamás lo creímos así. Ni creemos que Lacan golee a Freud, ni que el último Lacan bata por knock out al segundo y éste al primero. No creemos que en el finísimo work in progress de la extensa obra se trate de una batalla. Sólo, así lo creemos, pueden creer eso quienes precisan un enfrentamiento tal con fines de política de masas. Nada más contrario al discurso del analista.


Luego del hito de su seminario L´angoisse, donde formaliza el objeto a bien diferenciado del "a" de autre, el semejante, Lacan puede colegir que hay una zona donde ese minus de goce que nos inflige la pérdida de la cosa puede compensarse parcialmente por el plus-de-jouir. Lo que implica que hay algo de lo que no puede ocuparse por entero la metáfora. Debe entenderse ese plus tal como se lo utiliza en francés tanto como más, como menos, según se pronuncie o no la ese final. Cosa poco tenida en cuenta. Ese objeto se ha de alojar en la vacuola de goce que demarca el falo, como otolito orientador. El objeto a no es vacío, sino sustancia gozante.
En esa época postula su par ordenado, donde entre los significantes uno y dos la división del sujeto está causada tanto por el significante como por el objeto. Es ya no sólo el padre sino el objeto el separador del campo del Otro. Sólo que el neurótico, una vez separado (o parido de ese campo) suele fijar hacia atrás al objeto en un uso incestuoso. El "corte" analítico del objeto no consiste en hacerlo desaparecer sino en enviarlo hacia adelante, haciendo de lo que era un pegoteo con el Otro, la causa de deseo que nos dirija a los otros en el lazo social. Este paso no deja fuera la metáfora. La debilita, tal como se dice en matemáticas, sin abolirla. Recordemos que debilitar, en esa disciplina, consiste en que una fórmula no es válida en todos sus casos. Lo que no la falsifica necesariamente.
Para la época de su laborioso hallazgo de las fórmulas de la sexuación Lacan encontrará de nuevo al Padre. En otra versión, como quien "dice que no" al goce fálico entre el Otro y su producto, figura que no cesa de escribirse, necesaria pues, y que aún sigue solidarizando padre y falo. Falo: entones no sólo trozo de carne apto para gozar sino portador del Nombre.


En el decurso escritural de esas fórmulas encuentra, para la feminidad, el territorio donde el padre no opera: ni su nombre, ni su ley, pues esa zona hace contacto directo con lo real del Otro. Sin el significante paterno que lo amortigüe y lo aleje. Definición fulgurante de la ventaja de la feminidad (que por supuesto es de quien se dice mujer y no de quienes nacieron niñas) y mentís  rotundo al feminismo y a la crítica culturalista al psicoanálisis. Sí, pero las mujeres son no todas mujer. El padre no se desvanece, como operador estructural y, nos repetimos, no como figura patriarcal,  otra vez, debilita su imperio sin perder su valía estructural.

Finalmente, el ultimísimo Lacan, el del nudo borromeo y el de otros nudos no borromeos, produce, mal utilizado, la formidable operación, que no dudo en calificar de política, de la que hablaba al inicio.



Pero vayamos por partes. Cuando Lacan encuentra por fin esa fabulosa herramienta escritural, no abandona, en singular, "el" Nombre-del-Padre. Durante su seminario R.S.I. (aún inédito!) afirma que este nombre es el anudamiento, pero sólo el borromeo. Y pluraliza los nombres del padre en real, simbólico, imaginario y en inhibición, síntoma y angustia como retenes de este Nombre del Padre cuando padece un fallo, acontecer inevitable.
Es cierto que Lacan ha operado un giro impresionante.
Si en la metáfora paterna el Nombre del Padre era esperado (o no) para el sujeto desde el lugar del Otro, es decir el padre era nombrado (voz pasiva) por el Otro; a partir de sus fórmulas de la sexuación el padre es aquél de quien se espera que él mismo diga que no. Ya no sólo que sea nombrado sino que devenga nombrante. Y que el sujeto, cuando llegue su hora, asuma él mismo ese decir, su decir propio. El padre real y no ya el simbólico resulta que tiene algo él mismo para decir, de donde comienzan a pesar sus particularidades. Cosa que estaba abolida en tiempos de la primacía simbólica.
Es en esta época que Lacan resquebraja su universo tripartito neurosis, psicosis, perversión al introducir su concepto de mentalidad. Podría entonces ser que el nudo del sujeto no fuera borromeo, es decir, subsidiario del nombre del padre, y que aún así las cuerdas se mantuvieran unidas, la subjetividad mentalizada, no desencadenada. Lacan utiliza, para mostrar esa posibilidad cierta y comprobable, el caso de Joyce. A quien toma (como lo había hecho, por ejemplo, con Hamlet) como un caso clínico.
Joyce con su arte habría producido un decir de artista que no depende de un decir que no paterno. Ese decir de artista o dieure (decir, dios, ardor) crea una vacuola (pero no fálica) o agujero que permite que anude un gancho, un ego sinthome no borromeo que impida que desencadene a pesar de su Verwrfung de hecho del nombre del padre.
Arriesgamos aquí; a nuestra cuenta esta hipótesis. Una Verwerfunf de derecho se produce cuando el padre no es nombrado desde el lugar del Otro, fallando pues, su potencia metafórica. Una de hecho, en cambio, cuando no hay padre que "diga que no". El objeto de goce que se sitúe en esa vacuola no sostendrá la misma economía libidinal que en caso de ser alojado en la vacuola fálica.



Entonces el irlandés con su artdieure adquiere: un ego pero no un narcisismo, pues éste incluye al otro en su circuito, mientras el escritor se salva de desencadenar, pero se salva solo. Así lo testimonia el estrago de sus hijos. Sus deudores desperdigados por el mundo. El descuido y la precariedad a la que somete a Nora. Gana un Nombre de autor, a falta de un nombre de sujeto que trasmitir a su descendencia. Y adquiere un goce acotado por la letra, la escritura en la que sostiene al padre y la patria renegando de ellos, haciendo trizas el inglés del conquistador, despreocupándose de la inteligibilidad y el goce del lector no erudito universitario. Una escritura donde goza solo. Con ese gancho talla su escabeau, la tarima de su gloria,  sin otros de su época y entorno, para los siglos de universitarios. Si está desabonado del inconciente lo está porque nunca pagó el abono, no por un arduo trabajo de análisis. Para sólo poner un ejemplo: las palabras valijas son, a diferencia de los lapsus; deliberados, calculados. Estos sí provienen del inconciente, del que Joyce se ha desabonado. "El" artista se hace artificer hacedor de la lengua. Padre no deudor de padre alguno. He aquí una prueba de la verwerfung de hecho. Si es L.O.M., el hombre individual, tampoco lo es porque haya hecho el esfuerzo de singularizarse desmarcándose de sus determinaciones de infancia, tal como acontece en un análisis. Si su inconciente es sólo real es porque lo simbólico faltó a la cita y no porque se haya llegado esforzadamente al núcleo rocoso donde el análisis llega para hacer parir una bévue menos tonta.
Una gran cantidad de analistas lacanianos, muchos de buena fe, otros, así lo creemos, con el propósito de presentarse como los líderes (de masas) de un supuesto "otro Lacan", pregonan que llega una nueva era: ésa en que nos habríamos librado (sin servirnos de ella) de una pesada antigualla, nada menos que del ordenador estructural paterno. Época en que el desabono del inconciente sería un must al que se llega en vuelo directo de unos evanescentes minutos (cuando no segundos) de sesión, aterrizando en el inconciente real. Sin perder tiempo en el anecdotario infantil, como si se pudiera, sin agotar los laberintos de éste alcanzar cualquier borde literal del objeto que fija al paciente hacia atrás, allí donde el sufriente no logra utilizarlo en su potencia separadora.
Como si con la magia del "último Lacan" ya no padeciéramos la división que nos imanta en el deseo y fuéramos L.O.M del goce, montados en nuestro escabel (escabeau) egótico sin el amparo del narcisismo que hace cuidemos nuestras prolongaciones metonímicas: familiares, amigos, colegas, conciudadanos...
Es cierto que Lacan inicia su excelente seminario R.S.I. preguntando ¿Quel est l´erre de la métaphore? Rompecabezas para los traductores: cuál es...el error, la estela, el decurso de la metáfora; confesándose y confesándonos que debe haber algo que la excede, que no se deja metaforizar y que demanda un esfuerzo de sí y de cada analista.


Pero...aboliendo al padre, al narcisismo, al poder del nombre, a la división subjetiva, a la escucha de la historia infantil...¿no estamos cometiendo el error, creyendo una revolución en el psicoanálisis, que Lacan imputara a las revoluciones? Esto es: cerrar el giro, sin torsión, para volver al punto inicial. El mismísimo que comentáramos del post freudismo. Así lo creemos.

Además, no estaremos, sin darnos cuenta algunos, y con perfecto cálculo otros, haciendo del psicoanálisis servidor del discurso capitalista, discurso que solidarizo a cuenta mía y a mi riesgo con el discurso totalizante de la ciencia?

¿Acaso no quiere este discurso la abolición de lazo social, no se propone el amontonamiento de soledades montadas sobre escabeles, el apelotonamiento L.O.M. aislados y desolidarizados, impulsando Nombres propios de "quince minutos de fama"?

Creemos que ni Freud ni Lacan quisieron nunca este cuadro de situación. 

En particular leemos en el Lacan, ya anciano, el denodado esfuerzo por lograr salir de la religión del padre tomando de él grano precioso que nos permita, aún, vivir en un lazo social y no en un mundo acrítico y feliz a la Huxley. Atroz panorama. 

Claro que, como decíamos al inicio, temía que el psicoanálisis se evaporara de la ciudad del discurso. 


Apostamos con estas líneas a que así no suceda.




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