Mercado de capitales, el nuevo paradigma (filosofía económica) | DIARIO LITERARIO DIGITAL

Mercado de capitales, el nuevo paradigma (filosofía económica)

jueves, 26 de noviembre de 2015 1 comentarios

Para el orden simbólico del lenguaje, la creencia sobre la certidumbre nos narra la tradición empresarial que nos ha llevado a dogmatizar aquella simbología que nos dice que el "buen negocio, es el negocio con el Estado". La sola sospecha de tener que competir los hace entrar en crisis. 

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Escrito por Lic Ramón D. Peralta

Exclusivo para Diario Literario Digital



ESCENARIOS ENERGÉTICOS: EL NUEVO DILEMA



El martes asistí a un seminario en la Bolsa de Comercio de Buenos Aires, donde se presentaron en sociedad sendas proyecciones sobre los eventuales escenarios energéticos pensados para los próximos 20 años en Argentina. El apodado "Grupo de los 7" (UIA y AGUEERA, AGEERA, CACMES, CADER, FEP, FVSA y GEA-UBA) manifestó sus subjetivas visiones y anhelos. 



Hubo muchos cuadros sinópticos, diagramas, números y palabras. Claro que pensé ¿en qué basaron semejantes cálculos e introyecciones?, y obviamente me dije "es algo sobre lo que no cabe preguntar". San Agustín solía decirle a sus discípulos que hay cosas que creemos saberlas hasta que nos preguntan. Todos sabemos lo que es el tiempo, pero cuando nos interrogan ¿Qué es el tiempo? no sabemos responder correctamente. 



Proyectar escenarios energéticos es imaginar el futuro mediante recuerdos del pasado regurgitados en el presente en forma de estadística, hechas en base a interpretaciones personalísimas. Y si bien faltó el dictamen económico-financiero (lo más relevante por estos días); se infiere que la inclusión de más algoritmos tampoco cambiaría la ecuación final. El acto de fe que se cierne sobre las sombras del fantasma probabilístico, condiciona cualquier tipo de creencia en tanto proyecto que mira hacia adelante. Sin embargo, no hacerlo, tampoco es recomendable. 



Cierta vez, un colega me preguntó 



-- ¿Cómo probarías la existencia de Dios?

-- Pues se me ocurren dos maneras, una debatiendo y otra negándolo

-- Pero si Dios no existe ¿Qué sentido tiene debatir sobre ello?
-- "Has visto, ya estamos probando la existencia de Dios"






La negación de Dios prueba su existencia, porque también prueba la existencia del hombre. Nos ratificamos sujetos cuando negamos. Hay palabras que prueban su condición de imposibilidad cuando se ejercita la antinomia. La palabra tolerancia representa el esfuerzo consciente que hace el Sujeto por disimular la no aceptación de la idea del Otro. En cambio la palabra intolerancia no disimula esa no aceptación. Entonces ¿Estamos ante significantes diferentes? 



Más allá de la filosofía del lenguaje, la filosofía analítica y la semasiología, nos encontramos con significados aparentemente diferentes que invocan un mismo significante aunque se traten de sujetos diferentes. Por ejemplo, si digo: Tolero tus opiniones porque soy democrático, para ti significará que no estoy de acuerdo con tu idea. Y si digo "No te tolero porque soy democrático", no cambia en nada el significante. Para ti significará lo mismo. Porque justamente la conducta de notificación es lo que establece el verdadero enclave de la doble contingencia, dos sujetos un significante. 



Luego de tantas definiciones de economía leídas, me propuse probar una sola de ellas, y en tal sentido se me ocurrió seleccionar la primera que escuché en la Secundaria: "la economía tiene como finalidad alcanzar el bienestar y la felicidad de los pueblos". Suena un tanto reduccionista, simplón, idealista y romántico, admitámoslo. 



Pero cuando me propuse pensar qué es la felicidad, entendí que estaba ante otra encrucijada agustiniana. Creía que sabía su significado, pero a la hora de explicarla me fue imposible no recalar en el cliché o el silogismo envasado. 



La irrupción de Lacan en mi senda gnoseológica fue tan perturbadora como aliviadora, hoy imaginar una filosofía económica sin la partición de principios del psicoanálisis es difícil de elucubrar. No hay ciencia sin filosofía, tampoco existe economía política sin la experiencia del sujeto como punto nodal de todo análisis. Freud ya venía haciendo su aporte desde tiempos de la Teoría Crítica concebida por la Escuela de Frackfurt, los "maestros de la sospecha" nos preanunciaban una nueva dimensión epistémica. 



Para los analíticos, goce, placer y felicidad no soportan confusiones, son signos diferentes pero asimismo complementarios. Una aceptable síntesis sería aquella que nos invita a descifrar en cuanto pareidolia internalista a un goce que nos puede mostrar una dionisíaca cara hedonista, pero también su semblante más oscuro y repulsivo. 



Hay goce con el sexo ocasional, pero también puede darse el goce con el consumo de estupefacientes, en el daño a terceros y a si mismo o incluso en la destrucción. Es decir, podemos disfrutar de la autotortura y la crueldad impresa al prójimo simultáneamente. Estas caracterizadoras entelequias de la psiqué, fueron teorizadas por Freud bajo el término "pulsiones". Hay una sobredeterminación bestiaria del goce humano, uno de los secretos mejor guardados por lo inconsciente. 



En cambio el placer está escandido del goce, es decir que, si bien es goce no se cierra a ello, so se dilata hasta el terreno de lo inmanente. Es un goce no destructivo ni suicida. El placer tiende a lo benigno, sin secuelas ni precuelas que subyuguen al sujeto al sobre-costo psíquico. En el placer el goce no genera culpa, angustias ni pesares en tanto registro. El placer puede manifestarse de manera fresca y espontánea, ya que no requiere de un proyecto o premeditación previa. El canto de un jilguero o un amanecer en armoniosa soledad nos puede sorprender con una ininteligible experiencia placentera. 

 





Mientras que el goce siempre está contaminado por el estructuralismo humano, el placer se mueve cómodamente en los feudos del espiritualismo. Hay personas que desarrollan un recurrente goce por la acumulación de dinero, ergo el goce también puede proyectarse en lograr estar en un yate propio o mostrarse en una ferrari; al placer no le importa ninguno de esos íconos, índices o códigos.


Pero la definición de economía nos habla de felicidad ¿Qué será eso?. Si bien la palabra felicidad es de esos signos que jamás dejan de expandirse en tanto nuevos significados, la filosofía económica lacaniana, percibe cierto tinte moral y eticista en el placer. Es decir, la felicidad va más allá del goce, aquella contrapartida que no se conjuga con sufrimiento, traumas y vacío; para enseñarnos el camino que nos conduce al "debe ser" de lo humano. También va más allá del placer. 



La felicidad trastoca lo racional y el monismo materialista que actualmente nos atraviesa, para que la oikía finalmente se consagre en la casa de la Zoé (espíritu). En otras palabras, la felicidad nos muestra extrañas maneras de disfrutar del sacrificio, el dolor y la abnegación; cuando esos flagelos están puestos al servicio de causas superiores. La felicidad que siente la madre parturienta que luego de un indescriptible dolor vivencia el maravilloso "pase" al paroxismo en tanto fruto de la novedad ante la nueva vida propiciada, o la felicidad que experimenta el científico que luego de una vida de investigación, estudio, esmero y desvelo descubre algo que cambiará la humanidad para mejor. 



Hay muchos ejemplos que prefiero quede en manos de vuestra imaginación, más allá de aquel que nos muestra el acto de aplazamiento del que decide postergar el goce materialista para lograr un título universitario o el del hermano que abdica su propio goce en pos de cuidar y ayudar a su madre enferma. El estudioso que elige el anónimo sacerdocio intelectual en renuncia del sometimiento que imponen los derruidos mecenazgos políticos. En síntesis, la felicidad de los pueblos no debe estar ligada unívocamente a la posesión de cosas. Lo que hace feliz al hombre no es la cosa sino la riqueza. Pero ¿qué es la riqueza? (y otra vez nos metimos en problemas). 

 



No hace mucho, el Lic Claudio Zuchovicki, titular de la gerencia de desarrollo del mercado de capitales de la Bolsa de Comercio de Buenos Aires, escribió un texto titulado... Tener dinero no significa tener riqueza:



"La riqueza es el valor agregado por un trabajador o el capital de un empresario, que en su tarea habitual, crea o fabrica algo que la gente desea. Un docente genera riqueza porque cada día transmite conocimiento. Un mecánico genera riqueza al arreglar mi coche. El taxista al llevarme al trabajo. Un ingeniero garantizando una sólida infraestructura. Un médico al curar a mis hijos. Cuanto más valorada sea la tarea que desempeña un trabajador o un empresario, más riqueza creará. Y cuanta más riqueza cree más dinero tendrá, en consecuencia más recursos para intercambiar dicha riqueza o atesorarla para el futuro. Un empresario que decida vender carnada para pescar en una zona sin agua, probablemente no genere riqueza. Un empleo público como premio a su militancia política, es solo transferir el esfuerzo de unos precisamente a quien no la merece.


El desarrollo es cuando generamos más riqueza colectiva con la utilización de menos recursos. El cambio tecnológico, la educación, el conocimiento, la innovación, las instituciones, permiten mejorar la productividad, expresión evidente de la mejora de la capacidad de crear riqueza.



Sin embargo, algunos (que difícilmente alguna vez hayan pagado quincena con su dinero) nos dicen que la riqueza puede crearse prácticamente de la nada. Fabricando dinero. Que lo único importante es distribuir, como si antes no fuera importante generar la riqueza que queremos redistribuir. Algunos hablan de creación de dinero a partir de la creación de déficit público, argumentando que de este modo tendremos asegurado el crecimiento económico. La riqueza no se genera emitiendo dinero o deuda. A más cantidad menos valor. Eso es confundir riqueza con dinero".



Y ciertamente no puedo dejar de compartir sus palabras. La filosofía de la mente, para no andar con tanto "oscurantismo", se puede entender cómo aquello que nos define Ser en cuanto ser. Aquello que surge cuando decimos ¡Yo soy!. Es decir que, cuando digo "yo soy así y las cosas son así", estoy intentando hacer una doxografía, una cierta narración, la exégesis de lo que veo del mundo a través de mi percepto, pero más propiamente de lo que hay en mi mente. Soy lo que mi mente dice que soy y es lo que mi mente dice que es. Mi cuerpo no gobierna mis sentidos ni mi boca, hablo y pienso mediante mi mente. Solo la mente posee el don de escribir la bitácora de la vida. Los mercados, el estado, las ideologías son también hologramas mentales, nunca realidades en el lato. 






Entonces cuando indagamos acerca de qué es la riqueza y qué la genera debemos procurar olvidar las definiciones deterministas, verificacionistas, falsacionistas, clasistas y mecanicistas que sin solución de continuidad nos venía proveyendo el dogmatismo económico. Porque no hay apodícticos ni sentencias axiomáticas en la economía, todo está "Siendo en el movimiento". 



Retomando las palabras de Zuchovicki, podemos magnificar desde la más ceñida razón que; lo que genera riqueza hace superposición intersticial con su propio signo y significante. La conciencia, la sensación, la percepción, el razonamiento, la creatividad, la intencionalidad, la decisión, las creencias, la imaginación, la memoria y especialmente la curiosidad, son conspicuos y obcecados profanadores del étimo de riqueza; ergo son quienes la descubren, quienes ulteriormente se pueden ufanar del hallazgo. Pero finalmente, ninguna de esas abstracciones se mancomunan y arrancan sin el combustible del "Deseo". 



Entonces cuando imagino los escenarios energéticos para los próximos 20 años o pienso el aumento de demanda energética y el incremento del PBI factible, debo preguntarme introspectivamente ¿Qué tan fuerte será el deseo de los argentinos por producir? ¿Cuál será el deseo de los empresarios por competir y por ende convertir en eficiente algo que hoy no lo es? ¿Qué intensidades del deseo manifestaremos los argentinos por trabajar? ¿Queremos trabajar realmente o solo deseamos seguir en la negación y la regresión? ¿Deseamos en verdad la felicidad o preferimos el goce cualunquista, instintivo, pulsional y destructivo? ¿Qué tipo de moral y eticidad estamos dispuestos a edificar en los próximos 20 años?



Porque la riqueza y su generación está justamente en esas entidades, la conciencia, la psiquis, el alma, el espiritualismo... (el deseo de procurarnos el bien como individuo y sociedad). Ahora que me di a entender, nadie se ofuscará conmigo si pensando en voz alta, deslizo la necesidad de despejar primero la incógnita de la identidad. ¿Con qué deseamos identificarnos como Nación?. 



En tanto seres perfectibles, es normal que el Ser humano disponga de totems o una iconografía refractaria usada a modo de GPS o norte a seguir. Ese enigmático Yo sujeto que siempre intenta ser el Otro, y aunque de no serlo, tampoco se resigna a ser un Yo sin alteridad. El que habla es el Otro y el que nos moviliza hacia cualquier tipo de proyecto también es el Otro. El Otro en cuanto vida comunitaria es quién me identifica, le asigna sentido a mi vida. 



Dicho esto, preguntarnos qué queremos ser es identificar al Otro del ser social e histórico del pueblo argentino, síntesis de la pregunta ¿Qué queremos ser?. Sin una identidad nacional y sin un deseo que se direccione a alguna parte, es muy dificultoso pronosticar escenarios energéticos, porque sencillamente aún no tengo en claro si queremos seguir inmersos en el mero goce cortoplacista y nocivo, o si por el contrario estamos dispuestos a sacrificarnos en pos de la felicidad. 

 



Es curioso, porque los países más desarrollados que son tanto o más estatistas que Argentina, jamás han insinuado desprecio y repulsión alguna por sus empresas, productores, comerciantes, soldados o trabajadores. Podemos polemizar sobre cualquier cosa, pero no podemos negar el enorme orgullo nacionalista del pueblo norteamericano, o del pueblo francés, el ruso o el chino. Sin embargo, en cada ocasión que he viajado al extranjero jamás percibí expresiones que tendieran a exteriorizar que quienes producen son enemigos de la Patria. 



Hay una desquiciante ansiedad en la ideología dominante de estos tiempos por hacer proliferar enemigos entre compatriotas ¿Cómo se dio el periplo del descuido, por qué llegamos a esto, qué nos llevó a ser así con lo que hicieron de nosotros?... Los argentinos necesitamos deseos de felicidad no la neurosis del goce desenfadado, necio, ciego e ideológico, porque nos está destruyendo. 



Como dijera Plutarco: "Lo propiamente político de la tragedia no es el conflicto entre las polis o el conflicto de poderes dentro de la polis... sino el conflicto entre la polis y el oikos, ese fundamento arcaico que excede a la Ley y no puede nunca ser completamente sometido a ella. El oikos, lo familiar (también "siniestro"), que es también -significativamente- el radical etimológico de la palabra "economía". ... Pero al mismo tiempo, ya en la Tragedia se hace sentir la necesidad de esa renegación del oikos, del fundamento arcaico y singular, y la necesidad de generalización de un orden exclusivameente "político" en el sentido más o menos moderno: de un Logos "consciente" y activamente humano, que ofrece una eficaz represión de aquel fundamento, de aquel "afuera" del discurso."



De poder ser escuchado, solo le pediría al Poder que me deje trabajar, estudiar y producir en libertad. Las empresas necesitan rescatar ese deseo perdido, ese anhelo de producir, de crear trabajo, de bautizar el propio nombre, de trascender la mera reificación. Cuando pienso a Claudio Zuchovicki, Alberto Calsiano, Julia Carruthers, etc; bautizo de manera originaria su nombre. Es un significante descriptivo que posee una mediación conceptual definitiva con el nombre, no me habla de universales, so me invita a pensar en un Ser capaz de valerse por si mismo y capaz de darle valor a a ese ser social e histórico puesto en la red del deseo de producción biopolítica (humanidad). 



No necesito pedir por más Estado, necesito pedir por más nombres y sus deseos. Nuestra Patria necesita de nombres, no de fetiches inanimados y etéreos. La riqueza y el futuro de Argentina jamás podrá ser medida eficazmente por ciencia eidética alguna. Porque la verdadera riqueza está y se genera en el alma humana. 



Porque también es imposible saber qué tiene de realidad el signo del significante más allá de lo que desnuda el faltante. No hay un objeto palpable. Confiar en un político, una ideología o un modelo económico es un acto de fe, es decidir creer en algo que solo está argumentado por el discurso del deseo. Lo que nosotros denominamos realidad, es el pase que se produce cuando el discurso le cede su lugar a la acción del deseo, lo más descriptivo de riqueza. Los políticos son mercaderes de ilusiones, so no podemos perder de vista la noción de que nos conectamos e interactuamos con otros nombres (sujetos) no con cronopios, helfos o espectros. 

 



ESCAPE SIN CONCLUSIONES 



Sino fuera por la ausencia de ADEERA (Asociación de Distribuidores de Energía Eléctrica de la República Argentina) y el gobierno, diríamos que en ese coloquio o conciliábulo, confluyen tanto oferta como demanda en cuanto energía eléctrica. Y si bien hay convergencias también hay sensibles diferencias entre lo que propone uno y otro. Y es muy curioso la fenomenología de la percepción y el tropo psicoanalítico que se evidencia. 



Es notorio el clivaje manifiesto en la disociación y discordancia con la racionalidad productiva, porque en vez de comunicarse entre ellos en forma de intencionalidad de intercambio, fueron las cualidades contradictorias quienes se erigieron como las vedettes de la tertulia. Porque no se compulsaban u ofrecían deseos entre ellos, sino que le hablaban al poder superior o a ese significante vacío imaginariamente ocupado por el Estado. 



Luego de tantos años de intervencionismo económico, dejaron de sentirse protagonistas de la riqueza para disfrazar su propia imagen como estéril espectador de su destino. Porque justamente esa magna distorsión de todo tipo de parámetro económico, fue lo que ocasionó el déficit energético que hoy padecemos. 



Hoy no sabemos quienes son oferta y demanda, nadie pudo tan solo intuir en dicha reunión que la demanda y la oferta estaba ente sus ojos. Subliminalmente me dieron a entender que ese predicamento puesto en la teorética no estaba dirigido a mi ni a ellos mismos, sino al Estado. Es nítida la forclusión del inconsciente colectivo argentino catalizado en el ideario de Estado, ergo esa negación a madurar, a independizarnos del símbolo antiautonomista, so el rechazo de un significante fundamental expulsado del universo simbólico del sujeto.



Porque como sujeto colectivo, inconscientemente no pedimos por más Estado, pedimos por una madre. Nuestras relaciones libidinales y edípicas con el goce sin conciencia, nos muestra una subjetividad no asumida, no toleramos la propia autonomía como sujetos. La invisibilidad de la identificación nacional, es explicativa de esta sórdida renuncia a avanzar sobre la Ley (Lacan) 



La Ley para la economía lacaniana, debe ser entendida como el proceso evolutivo y performativo que lleva a que un pueblo logre emanciparse del signo de la Madre y luego del "Nombre del Padre" (característico de aquellos países que fueron colonias europeas y que aún siguen construyendo mímesis en la imitación) porque solo así el significante identidad nacional instaura la Ley, separando al infante de la simbología del poder superior originario dentro del orden simbólico del lenguaje. Cuando un pueblo adolece de identidad, carece de un discurso cultural autónomo. Es hora de que nos hagamos adultos ergo artífices de nuestro propio destino. 

 



Muchas veces he oído hablar del anhelo volcado en la "certidumbre" como un valor que sólo puede proporcionar el Estado en detrimento de la incertidumbre que por reflejo doctrinario inferimos para los mercados. Eso explica en gran medida por qué se le pide al Estado cosas que deberían haber resuelto los actores del sector privado. 



Y si bien cualquier adulto medianamente instruido sabe que la certidumbre no existe en el factum, el simulacro nos impide ver que se trata de otra de esas palabras que juegan dialécticamente con su antónimo para describir la condición de posibilidad de la teoría de la indeterminación que destaca al Ser en cuanto ser, distinguiéndolo de la cosa en si. Para el orden simbólico del lenguaje, la creencia sobre la certidumbre nos narra la tradición empresarial que nos ha llevado a dogmatizar aquella simbología que nos dice que el "buen negocio, es el negocio con el Estado". La sola sospecha de tener que competir nos hace entrar en crisis. 



Lo expuesto también se expande hasta abarcar los horizontes del trabajo, donde la actividad militante y politicoide deja traslucir la silueta del nepotismo, el pragmatismo y el utilitarismo, vedadas formas de corrupción sociológica. De haber muchos trabajadores, habremos de advertir que en realidad son pocos los que aún desean producir y generar riqueza. Por ende, la ideología, éste tipo de ideología y el tipo de idiosincracia en que degenera es nuestro más formidable obstáculo para el desarrollo. 


Cuando no hay diferencias entre un maestro que enseña y otro que no, cuando no hay diferencias entre una empresa eficiente y otra que no lo es, cuando no hay diferencia entre un funcionario público idóneo y otro que no lo es, cuando da lo mismo poner a un agrimensor donde debe ir un ingeniero, cuando el corrupto es premiado, el que produce es atacado y declarado enemigo del "pueblo" y cuando los paros y huelgas caprichosas, los piquetes injustificados, las usurpaciones y las rupturas del orden institucional no produce diferencia alguna en la sociedad, es porque ese deseo de superación se halla entre signos de interrogación. 



La pregunta que debemos hacernos a estas alturas es ¿Qué valor debemos asignarle a una "certidumbre" que siempre nos conduce al mismo final? ¿Qué extraña patología del psiquismo nos ha invadido, aquella que nos inhibe del aprendizaje implícito en el empirismo? ¿Por qué seguimos bregando por esa impostora certidumbre que siempre nos llevó al abismo de las cíclicas crisis económicas? ¿Es acaso; la ludopatía, nuestra apoplejía, nuestro solipsista narcisismo, nuestro proyecto de fuga o nuestra perversión del gusto; un destino inexorable? 








Con esto quiero decir que la certidumbre que buscamos en el Estado, se nos presenta asintóticamente respecto de cuando buscamos libertad en la oquedad. Lamentablemente para los dogmáticos argentinos, la evolución de la humanidad solo fue posible gracias a lo que pudimos construir sobre los pilares de la incertidumbre. Porque solo en la incertidumbre puede nacer y fertilizarse la inventiva, la creatividad, la imaginación, la curiosidad, el ingenio y el deseo humano. Solo en la incertidumbre podemos ratificar la esencialidad del Sujeto.



Para despedirme les contaré una breve historia. Hace algunos años atrás, me preguntaron cómo lograr financiar un importante proyecto eólico. Luego de tomarme más de dos años investigando, estudiando y aprendiendo sobre el mercado argentino, concluí en mi informe: "la única manera de lograr financiar vuestra granja eólica es negociando con el Estado, porque en el aquí y ahora, el Estado es el mercado de capitales". Esa falsa antinomia instalada que obtura "Estado o Mercados" es tan absurda como intensa es nuestra corrupción. Los grandes países del mundo tienen grandes estados junto a robustos mercados de capitales.   



Mientras no haya precios fidedignos, ergo una libre concurrencia de la oferta y la demanda en un marco de sano equilibrio y reglas de juego claras y proactivas reguladas por el Estado, jamás habrá rentabilidad. Y cuando no hay rentabilidad o una promesa de ella, el deseo se apaga. Y sin deseo no hay nada de qué discutir ni planificar.



Cuando hay mercado de capitales hay incertidumbre, y cuando eso sucede hay crédito, actividad e inversiones. Estamos en vísperas de un nuevo paradigma, y la heurística que supimos conseguir nos impide pensar el nuevo escenario. Porque en países como Alemania, Francia, Italia, Inglaterra o EE.UU. cuando se juntan la oferta y la demanda (como se hizo este martes en la Bolsa de Comercio de Bs As), lo que hacen más que teorizar sobre posibles escenarios futuros, es comenzar a negociar y pactar contratos de compras y abastecimiento de largo plazo (PPA, forward delivery, etc). 

 



Hay una pregunta que las entidades gremiales y corporativas del empresariado jamás me supieron responder ante éste tipo de intencionalidad ¿Cómo piensan hacerlo?... (obviamente la respuesta era obvia, que se haga cargo papá o mamá Estado). Nuestros dilemas cognitivos en tanto sesgos se inscriben en la "Técnica". 


Heidegger homologa con el concepto de "Técnica" aquel sistema donde las cosas están ubicadas de tal modo que aún de querer e intentar desconectarlas, no es posible cambiar ni alterarlas en el factum; ya que, no es localizable otro estadío donde imaginar lo diferente. 



Se han hecho planes, escenarios, proyecciones y hasta han promulgado leyes (como la de energías renovables) sin haber hecho nunca una sola consulta con los mercadólogos, financistas y profesionales que se especializan en estructurados financieros. Señores, llegó la hora de la verdad, ahora hay que aprender a vender, competir, planificar, crear ingenierías financieras acordes y pergeñar estructurados. 



Cuando los empresarios y los ciudadanos argentinos piensen en términos de mercados de capitales, los capitales, créditos e inversores llegarán (transformando las ecuaciones neperianas en realidades). Hay un trabajo de reversión cultural que debe hacerse a modo de antídoto (y pronto). Mientras sigamos con veneno en la sangre, jamás saldremos del atolladero

FIN DE CAPITULO 

Solo necesitamos políticas económicas inteligentes, aquella condición de posibilidad que se mide por la cantidad de riqueza que promueve y por la cantidad de destrucción que evita. 

Exclusivo para DIARIO LITERARIO DIGITAL 

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jueves, 26 de noviembre de 2015, 17:33:00 GMT-3

Que pena, escribi un monton y no se publico. Ahora tengo que seguir trabajando. Espero generar riqueza. Muchas gracias por este articulo, ynpor tener tantas palabras eruditas en su haber pata nombrar algunas cosas qie pienso, si es que entendi correctamente. Y decia, seguramente quien escribio, debe estar menos angustiado que yo por estos dias, al encontrar modos de expresar sus ideas. Un saludos cordial. Cecilia

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