El fenómeno saturado en la política (Filosofía) | DIARIO LITERARIO DIGITAL

El fenómeno saturado en la política (Filosofía)

sábado, 7 de noviembre de 2015 0 comentarios

Hay días en que las palabras laten ansiosas por nacer, nunca entendí muy bien el porqué. Luego de leer detenidamente mis ensayos, llegué a creer en la necesidad de una inescrutable "Ley de pro-aborto textual". Normativa que aplicaría sin remoloneos en defensa propia.



Escrito por Lic Ramón D. Peralta

Exclusivo para Diario Literario Digital

Serie de ensayos: El Ser en las relaciones del ser

Segmento: Rumbo a una Teoría del Poder



CAPÍTULO ANTERIOR: EL DISCURSO DEL DESEO, TEORÍA DE LA IDEOLOGÍA


EL CUERPO HUMANO COMO IMPUTADO




No sé por qué, pero últimamente tengo pesadillas tan tímidas, que ni siquiera me despiertan. La realidad es lo que me entusiasma a seguir durmiendo, como si supiera de qué se trata eso, vaya pretensión. Hay días en que las palabras laten ansiosas por nacer, nunca entendí muy bien el porqué. Luego de leer detenidamente mis ensayos, llegué a creer en la necesidad de una inescrutable "Ley de pro-aborto textual". Normativa que aplicaría sin remoloneos en defensa propia.


De pretender permanecer firmes al lado del racionalismo, deberíamos alentar el desprecio al narcisismo, ponerlo a competir con la autocrítica, ser imparcial jurado de uno mismo, sin titubear a la hora de la autocondena; lo que en verdad necesita toda alma buena angustiada por las encrucijadas de la ubicuidad. Hoy me levanté con ganas de reinventarme, lo que haría cualquiera que se siente como su historia, ausente. 



Para no ser injustos con alguien, lo mejor es olvidarlos a todos, seguro son recuerdos que me conducen a mi mismo. Hay personas que vivimos sin memoria, ligeros de ropa, sin manuales, licencias ni estandartes, no hay pronombres, blasones ni honores que cuidar, y eso me hace olvidable. No tengo motivos para no atender el teléfono ni méritos de qué jactarme, tampoco riego semblantes que habrán de florecer jamás. Lo bueno de ser nadie, es que la nada me importa mucho, y eso me llena (de a ratos, no tanto)


Hay un tipo de literatura que no habla de gente como yo, aquella que escribo sobre mi mismo cuando aspiro a salir del solipsismo. Me estremecen los caminantes que veo por mi ventana, y me pregunto si serán como yo. Lo dudo, no me gusta caminar. No hay peor castigo que nacer dentro de un cuerpo humano. Pasamos más tiempo tratando de hacerle creer a los demás que somos muy felices, que en tratar de comprender de qué se trata la felicidad.



Uno debería venir al mundo solo con buena música, visión poética y una sonrisa pintada en el cielo. Aquel místico regocijo del no requerir del placer. Sería siniestro vivir sin amor porque ya no existe el odio. Una vida sin egoísmo no sería lo mismo ¿Y qué habrían de hacer capitalistas y socialistas sin un materialismo por el cuál luchar?. Eso de ser cosa que nace y muere para las cosas, ya no conmueve a nadie. 

Hay que derogar el Estado (corpuscular) antes que zarpe la próxima Arca de "Nosé". Hagamos proselitismo por un gobierno que instaure la tiranía de la imaginación, la opresión del júbilo, el sometimiento de la bondad y la dictadura del espiritualismo. En los espejos de la Zoé solo hallarás los destellos que habrán de encandilarte. Hoy me levanté de buen humor. 

Todos nacemos con una enfermedad terminal,  y eso solo es detectable cuando advertimos la precisión de la muerte cuando nos da la hora. Me angustia saber que el cariño se mide y sopesa. La reciprocidad en la amistad me parece un espanto. Tan contento se pone el simulacro cada vez que recibe un regalo, y cuán grande es el sentimiento cuando la copia degradada puede tomar ventaja del Otro. La naturaleza nos embelesa, la cara bonita hace juego con una billetera obesa.  

En el fondo, los ateos creemos en el más allá al igual que los creyentes que se creen en el mas acá, nadie se resigna a dejar sus tesoros en manos de lo etéreo. Es una pena no poder navegar el Aquerón con una tarjeta de crédito o una chequera del Banco de Sangre. Ser alguien es muy importante, en especial en estos tiempos en donde las cosas son quienes nos bautizan. Me pienso Ramón ocasionalmente cuando los medios de comunicación me llaman espectador, sin embargo me volteo a ver, cada vez que escucho Consumidor (mi segundo nombre). 




Mi cuerpo es un fenómeno agotado, de aquí en más no habrá de sorprenderme más que con dolor, desilusión y bestiario. El dramatismo que uno le pone al sarcasmo, es como el edulcorante para el desayuno del gordo eterno. Hay que contrapesar dramatismo con comedia, la creencia de un futuro donde todo lo por venir será mejor, necesita de mucha contradicción, de una incesante reposición de negaciones ¿Imaginan un escaparate sin maniquíes?. 


Buscamos desaforadamente la certeza a sabiendas que nunca la encontraremos. Si pudiéramos conocer el absoluto, abortaríamos a priori el intento; emprenderíamos el regreso a la ingenuidad con una pasión nunca antes experimentada. Lo evidente es abstruso, y lo incognoscible es fácil de intuir. Lo que más critico del Otro es justamente aquello que lo hace valioso, y amo lo que no me ofrece resistencia. Nadie nos es indiferente en realidad, pues no podemos evitar ser pendencieros primordiales, y si alguien los ataca con silencio es porque os respeta odiosamente. Me gusta jugar con la idea de posibilidades que aún no existen. 

Darse cuenta que el cuerpo es un exceso, a mi entender, es darse una oportunidad ante el deturpado. Ya  no tolero el no estar aquí ni allá, tampoco soporto continuar con el remedo que pretende hablar y mostrarse por mi, revoco la representatividad de mi cuerpo, que se sepa. Me gustaría ser semicorchea, ritornello u ostinato ¡Qué enorme es Ravel!    


La invisibilidad del cuerpo logra que nos descubramos, que nos encontremos,  denunciando al impostor; que lo acusemos ante el fidedigno Ser. Ser jurado de uno mismo sin posibilidad de arreglos, prebendas o coimas; invoca una conciencia inclemente que incluso nos salga de testigo por la fiscalía, que declare en contra mío. El signo del significante que más prestigio tiene ante mi Yo, es el de la sabiduría que sobreviene a la serenidad constante, no claudicar un solo instante ante el cinismo de ver hacia dentro sin filtros ni indulgencias. Vivir justificando las propias miserias es cosa de pendejos. 








Nuestros deseos se desgracian a si mismo, despreciando y abandonando lo que somos para acudir presurosos tras lo que no somos. La vida en nuestro cuerpo está estigmatizado por el culto a lo absurdo.  A ningún cuerpo le va mal durante un prolongado período sin que él mismo sea el responsable. Al pensamiento nómada le gusta ser siempre turista, pero si le preguntaran las razones de sus viajes; les contestaría que si bien puede intuir el porqué de la fuga, ignora lo que desea. ¿Hay manera de ponerle nombre a lo que buscamos más allá de la apariencia?
El cuerpo es la prosopopeya de la propedéutica, la preparación por antonomasia que le permite al hombre acceder a conocimientos mayores, o bien, aquello que le permite rozar las estigias de la realidad. Para la fenomenología de lo invisible, el cuerpo es un niño malcriado. No hace falta un sofisticado juguete como para que su imaginación cree sus propios mundos irreales en reemplazo del mundo que rechazamos, y a eso lo bautizamos vida racional.  

Toda experiencia profunda, toda vivencia espiritual, todo auténtico sobre-esfuerzo intelectual escindido del cuerpo, puede convertirse en un acto puro. Ver obturando solo lo abstracto, lo sentimental, lo realmente trascendental, lo genuínamente humano. Aquel mágico contacto con el Otro que nos permite no dudar. Cabe preguntarse ¿Qué es lo que me lleva  a confiar en mis percepciones, el cuerpo, las cosas, los gestos materiales; o lo dado con pureza, presteza y divinidad?

¿Qué es lo que me lleva a amar con pasión demencial a una mujer cuyo cuerpo ya no me ofrece juventud, sensualidad, riquezas ni vanidad para el ego? ¿Qué nos hace atesorar amistades que ya no se sustentan en la complicidad del goce y la confabulación del eros grupal y social? ¿Qué maldito beneficio material argumenta nuestra enajenación puesta en las "causas superiores"?





¿Qué preguntas hacerse para poder ver el significado y la representación que oculta la metáfora y el enmascaramiento de lo invisible? Deshacer esa visión mental del percepto que siempre es expandida por la imaginación, como si la fenomenología de lo saturado pudiera explicar la visibilidad de lo invisible, es un verdadero enredo. ¿Hasta dónde nuestro discurso ideológico ensucia la percepción de lo estrictamente humano, contaminándolo de deseo, egoísmo y ambición? ¿Es acaso el cuerpo humano arquitrabe de todas esas distorsiones?

Sino lo fuera, nos eximiríamos de la pesquisa por aquellas respuestas que nos satisfacen ¿Por qué la belleza tiene un poder que la fealdad no detenta? ¿Por qué la riqueza es un poder como causa sui? ¿Por qué nacemos con las cartas marcadas? ¿Es por caso el destino el responsable de la mala suerte, aquel que nos anota perdedores o ganadores según su voluntad, estado de ánimo, vicio o berrinche? ¿No debería existir una regla natural que compense la injusticia que se aplica desde el nacimiento, una norma que remiende los retazos que quedan del padecimiento de los inocentes que fueron condenados a una vida de flagelo y sufrimiento? 

Desde los orígenes filosofamos sobre un tablero de piezas que no encajan. Incautamente convocamos mediante el razonamiento a esas partes extraviadas, creyendo que existen y que habrán de resolver el cuadro. Ahora nos damos cuenta que probablemente no haya tal rompecabezas ergo que no exista una imagen que armar. Equivocamos el juego, no hay una totalidad que agrupar, sino la necesidad de observar más allá de nuestros ojos, proyectar la visión soslayando lo material, lo humano no nos esperará eternamente. 

Me niego admitir que esto es todo lo que nos ofrece la filosofía. Me resisto al placebo del utilitarismo intelectual. Vestirse de humanista mientras siguen ahogándose nuestras mejores almas, no es algo que podamos negociar. No podemos seguir deleitándonos con el palabrerío mientras ignoramos qué siente el pobre de nacimiento, qué siente la fea, qué siente el gordo, qué siente el negro, qué siente el autóctono, qué siente el enfermo, qué siente el huérfano, qué siento yo sobre lo diferente. 

Qué representan las cosas para ellos, y qué significan los seres que pregonan ideales vacuos e impostores, porque ya huelen pestilentes las ideologías y dogmas creados por los "no pobres" sobre algo que ha resultado muy provechoso para la lucha por el poder pero que, no ha resultado solución alguna para esos hermanos iguales a cualquiera de nosotros. Ese uso indiscriminado e inescrupuloso del término pueblo para vender la idea de que se es único representante posible de los más desposeídos y vulnerables, es de una bajeza tal que hasta el más vil se ve importante a su lado.




En los setenta en Argentina, había asesinados invisibilizados por la estadística oficial, en la primera y  segunda década del siglo XXI, son los pobres quienes gozan de esa proscripción estadística. Los pobres son los desaparecidos de estos tiempos tan orgullosos del si mismo, del cinismo y la santificación. Habremos de buscar entonces a esos desaparecidos en manos de la exótica sensibilidad de la "política recuperada", de lo "correcto".       

El Santo (décharite) para Lacan es el término que insinúa un entrelazamiento entre la degradación (décheance) y la caridad (charité). El Santo no es precisamente el sujeto que, desde la cumbre de su mérito se solidariza con el Otro caído y arruinado para ayudarlo y levantarlo de su infortunio. En este caso, degradación y caridad toman partido por un solo lado, el propio. 

En resumen, el Santo nos muestra una realidad no asumida por quienes nos gobiernan, aquel que nos muestra sin prescripciones el apartamiento manifiesto respecto del discurso más repetido de su tiempo, aquel que distancia las palabras del verbo, aquella inacción que no colabora con los ideales de justicia ni actúa en favor de la igualdad de los semejantes, sino que se cierra tercamente en su vínculo con su "Otro divino" (ideología en tanto deseo del ego) .  

Es decir, aquello que le fue inculcado al dogmático en pos de exteriorizar verborrágicamente sobre el deber ser que nunca se pone de acuerdo con lo que es, de plano y de bulto. Una ideología entendida como la ceguera del sujeto. Una cierta determinación de esa oquedad que escinde el faltante del deseo inscrito en lo real respecto del tratamiento simbólico hecho por los caprichos de la imaginación. 

Prefiero a la prostituta que se vende como lo que es, que al mercenario que se envasó de santurrón. No necesitamos más discursos vacíos e ideologías completas, necesitamos respuestas palpables. Discutimos acaloradamente sobre la inexistencia de pobres, inseguridad, insalubridad, ignorancia e inmundicias que nos cruzan cotidianamente por la calle ¿Será nuevamente la consustanciación del cuerpo humano el responsable de  tal invisibilidad?



Solo resta preguntarnos ¿Puede haber un conocimiento de lo político que nos permita ver lo existente a todos, cuando esa dación no está directamente dado ante los sentidos? ¿Y si pudiéramos pararnos todos los argentinos ante la cosa en si, hay garantías de que podamos consensuar una misma interpretación? ¿Qué porción de mi juicio y percepto tergiversa la ideología y el discurso al que suscribo? ¿Cuál es la posibilidad de escape al desquicio y el alienamiento sino quiero ver más allá de lo que me permito y deseo?  

En resumen, el Otro es quien le confiere sentido al significante de mi discurso, por consiguiente, mi deseo intenta realizar una asociación analogizante del deseo del Otro. Por ello es que, la fenomenología habla del acceso del yo al otro. Pero si aún habiendo un cuerpo o una cosa delante mío no puedo aceptar una realidad que nos satisfaga a todos ¿Qué me está pasando?...



Husserl diría, que el Yo del Otro me es "Conpresente". Es decir, el cuerpo del otro me es presente, pero el Yo deseante de ese otro, me es conpresente, como algo que está al lado, colindante, próximo; pero no plenamente presente. En resumen, detectar al sujeto es un verdadero problema. Esto nos insinúa que, aunque los  pobres posean cuerpos visibles ante nuestros sentidos, el discurso ideológico los disuelve de nuestra mente para devolverlos en forma de fantasmas. 



La identificación se relaciona siempre con el faltante que, ontológicamente solo es nuclear en el Ser en cuanto relaciones del ser que lucha por ratificarse sujeto. Es decir, mi faltante se constituye con la porción de sujeto que tuve que prescindir en pos de adaptarme a la vida social o grupal. Mi faltante quedó en manos del colectivo, la sociedad, la humanidad, por ende, el deseo se inscribe dentro del faltante del Ser que demanda reconocimiento sobre mi Yo individual. 




En síntesis, la ideología es fruto de la necesidad que tenemos de agruparnos y aliarnos, so proyectar mi Ser en un Ser más grande y poderoso (territorialidad), pero el discurso político obedece al proceso circular (dialelo) que emerge de la doble contingencia de un deseo que jamás encuentra satisfacción en el absoluto.


Se idealiza desde el deseo de reconocimiento, en otras palabras, en toda vida social el deseo es la energía que moviliza la lucha por el poder. Pero nuestra condición de Ser que nace con la necesidad de ratificarse ser, hace de la lucha algo esencial desde lo ontológico, y contingente desde lo político. Todos íntimamente desearíamos no tener limitaciones a nuestros deseos, y aquí es donde hace inflexión lo que Nietzsche denominó "voluntad de poder". 


Un líder, una ideología y su ontopraxeología más radicalizada, el dogmatismo político; son el resultante de esa condición de Ser en la lucha con que nacemos. Siendo el discurso y la supuesta preferencia de la ideología que la soporta, fruto de la accidentología y la teoría de la indeterminación más que de una libre elección racional. El libre albedrío está más cerca del fantasma que de la lucidez. 

Aquí la pretenciosa inmanencia que se asume de la ideología se halla condenada a consagrarse en trascendental ni bien tomamos contacto con lo dado como algo deseado, donde las realidades finalmente se regurgitan en cuanto discurso como el signo de lo enigmático ergo aquella fuente dilecta de todas nuestras perplejidades escépticas. Dimensión donde la creencia toma riendas de nuestra razón, para determinar que la realidad creada por nuestro deseo debe ser también la realidad del Otro. 


La política se define así como, la lucha que llevamos adelante ante la ciega creencia de que nuestros deseos son la única realidad en el universo ¿Por qué debo aspirar a que todos vivan acorde las "verdades" que pretenden mis deseos, no era ya un trabajo de Dios?. Hay algo extremadamente sórdido y aberrante tras el ejercicio político, aquel que se esmera en imponerle al Otro mis caprichos y fantasmas, con el ulterior fin de que mi Yo pueda irrumpir en las proyecciones de poder sobre ese líder, a quién endosé mi propio ídolo e ícono.




Así es como el Yo sujeto se introyecta dentro de ese ícono e idolatría que construyó en derredor de un nombre, significante vacío que pasa a ser llenado por el deseo de poder representado por el símbolo de un líder que se expande en cuanto a territorialidad, más que por un ideal abstracto, por un grupo de pertenencia aunado por el discurso que, demarca el fantasma y la soledad común, luego la ideología. Para concluir decimos que el fenómeno saturado en la política es aquello que se expresa en el discurso del deseo en tanto Ser esencial que nace como voluntad de lucha para ratificarse Ser en las relaciones del ser. 



FIN DE CAPÍTULO


En el fondo, quienes se esconden tras las causas superiores y misiones altruistas para introducir sus ambiciones y aspiraciones políticas, son los seres más débiles y cobardes. Porque hacer el bien o ayudar al prójimo es un acto individual y personalísimo ajeno a las miserias inherentes a las disputas por el poder. El Ser realmente solidario no necesita imponer nada a su semejante, ni ponerle condiciones al extraño goce que proporciona el dar por el solo hecho de dar.  


 Exclusivo para DIARIO LITERARIO DIGITAL












































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