¿Qué existe fuera del capitalismo? nueva izquierda lacaniana (Filosofía) | DIARIO LITERARIO DIGITAL

¿Qué existe fuera del capitalismo? nueva izquierda lacaniana (Filosofía)

viernes, 23 de octubre de 2015 3 comentarios

Por fuera del capitalismo de derecha e izquierda está la realidad, luz que no queremos ni podremos ver mientras el lenguaje nos mantenga atado al goce, el miedo y el placer ergo el placebo que nos provee el estocástico holograma inmanente al monismo materialista enquistado en la filosofía de la conciencia.  


Escrito por Lic Ramón D. Peralta

Exclusivo para Diario Literario Digital

Serie de ensayos El Ser en las relaciones del ser



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PREFACIO

De padre peronista y madre socialista, crecí rodeado de amor, disquisiciones y contradicciones. Entre los hermanos de mi padre, había dos que no se hablaron durante 38 años, período que caducó a raíz de la muerte de uno de ellos. Le sobrevivió el radical, mi tío Nené. Mi padre, moderado y reflexivo; era su único interlocutor. Desde que tengo uso de memoria, el diálogo nunca ha sido algo sencillo ni armonioso en Argentina, la estupidización ideológica es tan atávica como emblemática.   

Nunca se lo dije, pero desde niño admiro a mi madre, ella sabía pasar por ignorante en asuntos políticos, siendo que aún es la más perspicaz de mi familia. En esa época, el peronismo había instaurado con fuerza henoteista el calificativo de "gorila" (equivalente a hereje) para todo aquel que osara tan solo pensar por fuera del canon hegemónico. 

Radicales, demócratas y socialistas, eran gorilas, no había defensa posible. Un día le pregunté a mi madre ¿por qué la marcha peronista habla de combatir al capital y ataca en simultaneo a los anticapitalistas como vos mamá?. Su respuesta se limitó a... ¡Algún día entenderás hijo!. 

Por suerte aún vive, y sigue sin querer decir lo que opina del peronismo, hoy subtitulado kirchnerismo (mantener la familia unida es prioritario en ella); solo atina a reírse y pintar el silencio con su lacónica y afable mirada (no me hace falta más). El populismo peronista en Argentina es una poderosa y mística fuerza, y tanto lo es que supo cobijar un discurso de izquierda cuando fue justamente su añeja tradición de derecha lo que la hizo famosa en el mundo. La tercera posición resultó una entidad con proyecciones que fueron más allá de lo meramente teórico. ¿Argentina es un país raro o es la ideología nuestra más pulcra fuente de desquicio y absurdo?. 


Hoy en Argentina, el populismo nos contiene a todos; a pesar (...) y asimismo a raíz de ello es que, las distinciones entre derecha e izquierda necesitan de mucha dialéctica de cabotaje, violencia retórica y discursos vacíos. La némesis maniquea "derecha versus izquierda" se propone agonal, siendo la kafkiana ideología peronista quien tiene derecho al veto discursivo, es decir, son quienes elijen según las circunstancias, si serán la derecha histórica o la izquierda criolla (también natural). Es algo que se termina sabiendo de manera tardía, es decir, una vez que ya están gobernando (el peronismo puede ser cualquier cosa, de hecho lo es). En síntesis, mi madre me enseñó el socialismo sin usar una sola muletilla, latiguillo envasado o cliché.


INTRODUCCIÓN  

En éste capítulo excluiré las obviedades, tal el caso de las descritas por Raymond Williams quien bautizó como "Capitalismo de Estado" al tipo de marxismo que vimos y aún seguimos viendo. El caso más elocuente fue el reproche proferido sobre el tipo de gobierno llevado a la práctica en la Unión Soviética, hecho por sendos marxistas, socialistas y en general por la izquierda.

Aunque tampoco estuvieron exentos de crítica Cuba, Argelia, Egipto, Corea del Norte y especialmente China (entre otros). Hace poco asistimos azorados ante el engaño de Alexis Tsipras, líder de la Coalisión de Izquierda Radical de Grecia, quién prometió romper  con la Eurozona, para luego renunciar y llamar a elecciones nuevamente en pos de legitimar lo acordado con el Banco Central de la Comunidad Económica Europea. Un auténtico giro en "U", realizado a máxima velocidad. 


La tradición del capitalismo de estado manejado por gobiernos monárquicos, feudales, tiránicos y teocráticos es algo que nos viene desde muy larga data. La historia del hombre es la bitácora del capitalismo con sus naufragios. Nietzsche fue el primero en advertir que el socialismo pragmático resultaría una inversión de la Nueva República conseguida a base de sangre y fuego durante la Revolución Francesa en 1789. Cambiar al imperialismo zarista en Rusia, fue un buen negocio, pero no para las demandas de igualdad y justicia social que anhelaba el pueblo ruso. 


No hace falta que les recuerde qué opinaba Karl Marx del Estado. Luego de su muerte, Friedrich Engels, en su obra Socialismo Utópico y Científico argumentó que "la propiedad por parte del Estado no acaba por sí misma con el capitalismo, sino que el capitalismo de Estado sería la última fase del capitalismo". Lamentablemente una vez en el gobierno, nadie parece estar dispuesto a disolver ese poder en pos de continuar con la tiranía del pueblo. También dijo que "los instrumentos para acabar con el capitalismo se encuentran dentro del capitalismo de Estado", cosa que tampoco se pudo probar. 


Después de Nietzsche y Engels, sería Lenin quién rotularía la economía de Rusia como un "capitalismo de estado". Con esta evidencia empírica, los mismos neomarxistas teorizaron que, un país capitalista de estado es aquel en donde el gobierno de turno controla la economía y finanzas, actuando como una gran corporación hegemónica, succionando plusvalía para hipotéticamente invertirla en "producción futura" (cosa que tampoco se verificó). Porque finalmente esa plusvalía cooptada por el Capitalismo de Estado, fue usada unívocamente para alimentar una emergente plutocracia burócrata o burguesía de izquierda (execrable y corrupta).


NOCIONES DE LA NUEVA IZQUIERDA LACANIANA
 

Con un confeso temor al ridículo reconozco que, cada vez que pienso la ideología percibo la religión en tanto refracción espectral. Pascal dijo cierta vez: "Si no crees en Dios, reza, reza que Dios viene solo", es decir que, al discurso se le confiere atributos divinos desde siempre. Hay una interpelación teofánica de lo ideológico, que Althusser describe en tanto funcionamiento como el "ritual ideológico".

Nos anoticiamos así de un tipo de lectura sintomal similar a la que hace Heidegger con la historia de la filosofía, es decir; buscar las lagunas, lo impensado de cada pensador, los puntos suspensivos, los lugares y objetos donde la palabra se desvanece en su significación (etc). Exégesis de un ambivalente Althuser,  ya que, algunos tópicos los expurga del psicoanálisis y otros definitivamente son adjudicables a Marx, vaya paradoja.

En otras palabras, la ideología ya no era equivalente al sujeto de la conciencia. Un marxismo absolutamente intervenido por Lacan, ya que, se subsumía ante una sobredeterminación y en última instancia; ante la causalidad y la inquisición, Su artículo dilecto de un Lacan (freudiano) fue el "pase" (o pasador, esta vez del psicoanálisis a la filosofía de Marx).

Lo que se denomina Izquierda Lacaniana, no podría resistir más que el nombre provisional, algo que posee un espíritu propio pero que aún se halla sin corporización, so que podría tenerlo pero que, no lo debería tener jamás de mantenernos firmes al lado del lacanismo. Por ende, izquierda lacaniana y soledad común se presentan como solidarios y dependientes uno del otro. 

Puesto que se trata de pensar a partir de repuestos y piezas que no encajan. Esto que se nombra como izquierda lacaniana es una noción que nunca va a ensamblarse en una totalidad teórica ni disciplinaria, ergo que pueda concebir su propia lógica interna o que logre una propia simbiosis. Tal si fuere un partícula subatómica que, siempre está a punto de ser descrita y medida mientras en simultáneo se deshace o muta hacia otras formas y lugares. 

La operación misma es tan frágil que en cada instante uno tiene la sensación de que en cualquier momento podría evaporarse ante nuestros ojos. Y eso es justamente lo que la convierte en interesante, reveladora y atractiva. Pues mientras más acercamos la teoría al sujeto, más se aleja la idea de la emancipación. Sin embargo ahora, año 2015, más que antes se nos exige teorizar sobre la abstracción emancipadora, partiendo de la inmanencia del sujeto. No hay concesiones al respecto, y coincido con ellos en éste punto. 

Recordemos que antes de esto, ya existía como proyecto autonomista, la concepción acerca de la existencia a priori de un sujeto social e histórico que sería quien protagonizaría su propia empresa emancipatoria y libertaria.  Durante décadas el proletariado fue revestido de los atributos naturales del sujeto histórico que, sería el encargado de vehiculizar el destino de la transformación hasta el extremo (según Marx) en que llegaría a desarrollar la capacidad de anularse a si mismo como clase para devenir en universalidad, ergo un mundo sin clases sociales. Es decir, autodisolverse para reencarnar como único representante de la humanidad posible. 
Sin embargo, hasta hoy sabemos que eso no es factible, so ese espacio de lo ideológico en tanto conciencia es una hendija, una oquedad, algo que quedó como un vacío. Hoy pensar un proyecto emancipatorio en cuanto ideología es inviable, ya que, no habría manera de asignarle un sujeto posible. ¿Qué sujeto se le podría asignar a ese proceso en el caso de que pudiera existir realmente una entidad activa en tanto emancipación?

Porque no podemos imaginar un proceso emancipatorio sin la presencia de la experiencia del sujeto, sin su compromiso subjetivo, por lo tanto; deberíamos asimilarla como una condición de urgencia ergo la premisa de no engañarnos. No intentar hacer prevalecer nuestros deseos ideológicos con force, so procurar un sincero afán por detectar y descubrir ese genuino sujeto. Esta primer paradoja política, nos lleva ante la consubstanciación de "piezas que no integran nada".

Desde hace mucho tiempo, la emancipación fue pensada como un rompecabezas completo, donde todas las piezas o puzzles encastraban para develar finalmente el cuadro. Ahora nos damos cuenta que no acuden a la conformación de esa imagen todas las piezas, se verifica un notorio faltante. Las teorías políticas adquieren así la heráldica pedestre de especulativas, no hay definiciones admisibles. 

 

Por estos tiempos, caracterizar o describir al capitalismo es una especie de "Divina Comedia", lugar donde confluye imaginariamente la salvación, el purgatorio y el infierno, algo así como delirar pretendiendo comprender al todo en forma de "lógica de Narnia" ¿Qué es el capitalismo?

Los pensadores serios de la actualidad, mantienen manifiestos reparos a la hora de definir los alcances del capitalismo, y era hora que eso suceda. Pero hagamos las cosas más rústicas y "palpables" para invertir el interrogante  ¿Qué es lo que está por fuera del capitalismo?

Tomándonos de la impronta conjetural que ha adquirido el debate científico-filosófico del asunto, intentar analizar qué hay dentro de esas piezas ausentes del corpus metafísico, a efectos de delinear aproximaciones analogizantes en pos de encontrar el pertinente sentido en donde ubicar el sujeto y el significante resultante (en el orden simbólico del lenguaje y la ontología).

La discusión inspirada en la economía política de Marx, que durante más de un siglo nos entretuvo en interminables tertulias, ha caducado para los ámbitos intelectuales  y hermenéuticos. 

Posado en los recientes debates sobre el capitalismo, se ha comenzado con el proceso deconstructivo tendiente a delinear qué es lo que está por fuera de él. Y acá es dónde hace inflexión el dilema, ya que los más importantes y honestos pensadores del aquí y ahora, comulgan con un nuevo predicamento: "magnificar un afuera del capitalismo es realmente problemático".

Porque como ya vimos, teorizar sobre la existencia de una clase social trabajadora, explotada, que por el solo hecho de vender su fuerza laboral es convertida en una mercancía más; por si sola no la consagra como protagonista de ningún tipo de proyecto emancipatorio. En otras palabras, ya no podemos apelar a la contradicción dialética que de manera esquemática hacía el marxismo entre las relaciones sociales de producción y las fuerzas productivas para establecer que una cosa es capitalista y la otra no lo es. 

La ideología también patentizó sus secuelas retardatorias, porque a la izquierda intelectual le llevó demasiado tiempo aceptar lo evidente de un capitalismo con la potestad de transformar a un pobre de nacimiento en un nuevo burgués en la salida, así como la antípoda que nos muestra al hombre rico que terminó en la pobreza o siendo un proletario más. ¿Qué habríamos de explicarle sobre el determinismo mecanicista y clasista al pobre que merced a su esfuerzo, estudio, disciplina de ahorro y consumo, cambió su clase social? 


Esa creencia de que el proletariado por derecho natural iba a adquirir la debida conciencia de clase para ser artífice y actor revolucionario en pos del cambio de su destino, es algo que hoy solo sostienen los haraganes de intelecto. Simplemente porque los hechos han sido los mejores juglares del dogma marxista. En apariencia, lo que intuíamos como los argumentos del apocalípsis capitalista, terminó significando el motor de su evolución, siendo el marxismo su más fidedigno apuntador.  

 
Quizás el primer vuelco, rumbo a una izquierda lacaniana haya estado en manos de Althusser, quien ensayó algunas propuestas no del todo asequibles. Por ejemplo, la idea de ver a la ciencia como un corte epistemológico con la ideología. Algo que por lo visto, también se inscribe en el cronopio del deseo, los signos de interrogación tienden a perpetuarse. 

Otro ejemplo lo da Foucault con la noción del cuidado del en si autónomo. Otra es la elucubración de Negri respecto a la producción biopolítica de la sujetividad en las redes colectivas en tanto una inteligencia común, o aquel axioma sostenido por Badiou como hipótesis comunista (etc). 
Juicios arteramente conflictivos, sobre los cuales podemos seguir polemizando pero que nos revelan sin prescripciones, el tipo de dificultad que tenemos para describir lo que podemos aceptar sobre lo que queda fuera del significante capitalismo. Estos desatinos no fueron ajenos para un Lacan ya maduro, quien había pergeñado al "Santo" como nominación simbólica laica de aquello que descaría la conciencia política del sujeto. 

El Santo (décharite) para Lacan es el término que insinúa un entrelazamiento entre la degradación (décheance) y la caridad (charité). El Santo no es precisamente el sujeto que, desde la cumbre de su meritocracia se solidariza con el Otro derribado para levantarlo de su envilecimiento. En este caso, degradación y caridad toman partido por una sola verdad, la propia. 


En resumen, el Santo nos muestra la herida sin cicatrizar del apartamiento manifiesto respecto de la axiología del goce en el discurso más influyente de su tiempo, instalando asimismo la duda sobre la misión ulterior del narcisismo. Es decir, no colabora con los ideales de justicia ni actúa en favor de la igualdad de los semejantes (en cuanto satisfacción humana), sino que se cierra tercamente en su vínculo  con su "Otro divino" (ideología en tanto deseo del ego) .


Es decir, aquello que le fue inculcado al dogmático en pos de idealizar sobre el deber ser que nunca se separa de lo que es, de plano y de bulto. Una ideología entendida como la ceguera del sujeto. Una cierta determinación de esa oquedad que escinde el faltante del deseo inscrito en lo real respecto de lo inscrustado en lo imaginario. De ahí el aforismo irónico de muchos pensadores de izquierda del presente que reza: "Es más fácil pensar en el fin del mundo apocalíptico que en la salida del capitalismo" 

Porque el uróboro del capitalismo ergo su movimiento circular, su eterno retorno y el hecho de que no rote hacia ningún otro discurso, nos lleva a inferir que es arduo e intrincado  preconcebir corte alguno en la secuencia existencial del capitalismo. 

Algo que Heidegger homologa con el concepto de "Técnica" es decir, aquel sistema donde las cosas están ubicadas de tal modo que aún de querer e intentar desconectarlas, no es posible cambiar ni alterar en el factum; ya que, no es localizable otro estadío donde imaginar lo diferente. En otras palabras, concebir una teoría que nos permita imaginar una salida de ese movimiento circular e ilimitado se ha vuelto aporético. 

Marx había soñado con que entre las relaciones sociales de producción y las fuerzas productiva había una incompatibilidad inmanente manifestada históricamente y que, tarde o temprano se resolvería mediante la síntesis de la emancipación. Vio esas relaciones de clases desiguales como una especie de horma o corsé que impedía el natural desarrollo y evolución del hombre en cuanto ser social e histórico. 

En éste espejismo siguen entrampados varios ensayistas y filósofos, especialmente Michael Hardt y Toni Negri, quienes entre otras logorreas imaginan la difuminación de las simbologías, los íconos, los códigos en las redes quienes finalmente se impondrían ante una propiedad privada que no las puede controlar. Cuando las evidencias nos señalan el camino contrario, las redes sociales patentizan el sentimiento de propiedad privada (el consumo virtual deviene en histeria contingente)  

 

Internet ha sido el medio donde se comunica integralmente la comunión y exclusión entre sujetos de la sociedad en pos de acentuar las divergencias y diferencias, porque justamente en ese lugar común se ratifica el individualismo del Ser. La solidaridad es eficiente muestra de que en soledad el individuo preserva su identidad aún cuando comparte causas nobles e intersticiales, porque el amor al prójimo lejos de disolver al sujeto, lo confirma como ser social e histórico.      

Tampoco hace falta mencionar al tropel de académicos dogmáticos (normalmente actores proselitistas) aún enquistados lamentablemente en las principales cátedras de las universidades argentinas. Auténticas máquinas de destrucción masiva de la originalidad, el pensamiento, la emancipación gnoseológica y la autonomía intelectual. Una educación superior que quedó congelada en el tiempo. 

Estos intelectuales "abiertos de cartas" persisten en sus labores evangelizadoras con miras a edificar el nuevo orden secular marxista. No obstante, lo evidente de no haber podido detectar dónde se produce la ruptura que conecta al proceso circular e interminable del capitalismo, es cabal manifestación del tinte dogmático del que se han revestido. Podemos detectar al dogmático cuando incluso los hechos que a simple vista contradicen su ideología, funcionan omnímodamente como argumentación a su favor.  

Es por ello que, todavía insisten en ver un fantasmagórico reverso del capitalismo en la multitud que se disemina a través de las redes (inspirados en las consignas de Marx de que hay una fuerza productiva que inevitablemente entraría en contradicciones con las relaciones sociales de producción). Sin embargo, esa contradicción no reviste esos atributos, ya que, la contradicción como causa sui no transforma, como tampoco lo logra la dialéctica, ni en la vida personal, menos aún en lo social. 
Y éste es justamente uno de los puntos claves en la "Izquierda Lacaniana": no hay transformación implícita o explícita en la dialéctica sea materialista o no. Lacan da un paso más, para afirmar que "Marx fue el inventor del síntoma". Desde la pragma y sociolingúistica clásica significa que Marx descubrió el lado patológico y/o enfermizo del capitalismo; es decir, lo que genera conflicto, injusticias, desigualdades y tensiones, profundas asimetrías sociales y económicas, etc.  

Pero también se puede entender partiendo de los últimos seminarios y enseñanzas de Lacan, quien afirma: "el sintón o el síntoma, es lo que auténticamente soporta el funcionamiento general de toda la estructura". En otras palabras, lo que Marx consideraba el obstáculo insalvable asimismo lo que devendría en disolución, no solo que no hizo/hará colapsar al capitalismo sino que para Lacan significa la exótica energía que lo impulsa hacia adelante. Ante la evidencia ¿Cómo no habríamos de tomar estos enunciados con la debida seriedad? 
En función de lo visto hasta ahora, debo admitir estar más próximo a Lacán (en éste punto) que de cualquier otra corriente o pensador. Aunque no todo en Lacan me parezca digerible, el psicoanalista francés ha sido célebre por proferir genialidades tan incompletas y necias como escurridizas y farragosas. Pero también hay "incunables" en su obra, que por su calibre, justifican su sitial de honor en la historia del pensamiento humano. En síntesis, ha sido una de esas mentes brillantes que indudablemente le ha impreso versatilidad a la gnoseología.      

La izquierda lacaniana agrega incluso que, la conciencia tomada por el proletariado sobre la manifiesta explotación y comercialización de sus labores como mercancía (constituyente de la "plusvalía"), no implica tampoco que produzca naturalmente una trilogía dialéctica que conlleve hacia algún proyecto revolucionario, porque es necesario que ese sujeto explotado: no quiera ser explotado

Hemos comprobado empíricamente que, no basta con la hipótesis de intencionalidad aplicado a "las luchas de clases" (llevadas obcecadamente al grado de endógenas, intrínsecas o axiomáticas),   sino que, es requisito imperativo que esa conciencia de clase se traduzca en demandas de cambio y reivindicación. Esto llevó a los filósofos de izquierda más prestigiosos del siglo XXI a concluir que, "el ideario de izquierda existe solo como un deseo (y no como necesidad)" 


Desde esta perspectiva, se destierra el "Mitologema de la Lucha de Clases Histórica" (con que ha nacido la humanidad). Lenguaje mítico que intenta dejarle a sus adoctrinados la creencia de que si aún vivimos tiempos donde el capitalismo sigue vigente es porque se trata de un proceso predeterminado por la naturaleza (o poder superior), un estadío necesario para lograr finalmente la igualdad de clases, en función de ser un destino inexorable.

Desde antes del mismo Marx, las sociedades europeas se vienen preguntando ¿Hasta cuándo puede continuar esto (capitalismo)?. Y ciertamente a partir de Marx, muchos han aseverado que "el Capitalismo explotará de un momento a otro" o "en cualquier momento", expresiones atornilladas a la noción de inminente e inevitable, sin embargo como hemos visto, el capitalismo (al parecer) se ha hecho más fuerte con cada crisis económica. En ese mismo lapso de invariancia del capitalismo, el socialismo ha debido cambiar su discurso, teorética, análisis y especulación filosófica varias veces. 

No podemos dejar de asombrarnos ante el locuaz paradigma interrelacionador que comunica y asimismo distancia, al "fantasma" (psicoanalítico) que se presenta en el sujeto onírico de la ideología de conjuntos. Nuevamente nos topamos acá con el significante vacío y la hiancia que sutura lo imposible (en tanto estructura del lenguaje). 

La nueva izquierda, quizás lacaniana (aunque yo veo algo mucho más extendido y profundo en ellos) tras las primeras dermis, desnuda un denodado esmero en pos de pergeñar la aún invisible "teoría de la ideología". Algo que algunos suponen, intentó presentar Althusser, pero que, realmente no logró siquiera en somera dosis. 

 

Repasemos un poco para poder captar mejor éste punto. La idea de Marx era que, la burguesía a diferencia del proletariado, no necesitaba ir tras la pesquisa de su lugar natural, puesto que, ya estaba en ella (inmanencia). Es decir, que la burguesía al ocupar el mismo espacio del aparato productivo, se constituía en una clase en si mismo (no había ansiedad por la búsqueda de un destino). Noción del "ser en si" que Marx toma de Hegel (luego retomado por Jean Paul Sartre en su psicoanálisis existencial). 

Marx insistía en que el proletariado debía avanzar hacia la consecución de una clase "para sí". Explicado de otra manera, no basta conque exploten a la clase trabajadora, es menester que esos sujetos practiquen un "pase" (simil lacaniano) del ser en si al ser para si, que Marx bautizara como "praxis". Por lo tanto mientras que la burguesía no necesita de la "praxis", para el proletariado es categórico y necesario. 

Cabe aclarar que, en éste caso el término "praxis" está empleado como sinónimo de "teoría" (no significa "práctica" o "acción" para este caso). Acá praxis quiere decir nudo entre la teoría y la práctica. Visto de otra manera, no hay praxis sin teoría. Lacan diría más tarde "la praxis es un tratamiento de lo real mediante lo simbólico". Las otras acepciones de "praxis" se inscriben en el empirismo, positivismo, cientifismo, etc. En síntesis, praxis es conpresencia de la teoría en lo simbólico en tanto orden del lenguaje, corporizada mediante una comunión ostensible con el verbo y los hechos.     

La nueva izquierda, con Althusser como adelantado, empieza a analizar así la ideología tomando en cuenta en primer lugar, el rol que juegan las "identificaciones". Aquí se vale de la observación de que, a pesar de que muchos sujetos integrantes del proletariado o clases bajas y trabajadoras, recurrentemente son perjudicados por la explotación capitalista; persisten en mantenerse inmóviles e impávidos en el mismo lugar (una cierta zona de confort). 
En consecuencia, debemos analizar si los dilemas se encuentran o no, dentro del mismo núcleo ideológico. Porque como ya vimos, es estéril deducir que el dogmatismo es el resultado de la determinación (en última instancia) de la situación económica; puesto que, en realidad lo que se patentiza en el centro mismo del dogma político, es una suerte de articulación entre el "campo significante" y "las fijaciones libidinales", aquellas que le dan consistencia a la ideología ( que es el "fantasma mismo"). 
Explicado con algo más de claridad, en el centro estructural de la ideología está el "fantasma" (psicoanálisis). La voz, el lenguaje corporal y la mirada adquieren así superlativa relevancia. Entonces, la aparición de la ideología mimetizada en lo general en cuanto discurso de grupo de pertenencia, empieza a despejar su verdadero enclave en el sujeto, cuando prestamos la debida atención al fantasma inmerso en lo inconsciente, justamente aquello que es determinante en la estructura de las identificaciones.   

Por ejemplo; hace poco un funcionario del gobierno argentino a cargo de la "seguridad del país", reconoció que "el aumento del narcotráfico es un verdadero problema para el país, pero que en realidad obedece al aumento de la capacidad de consumo de las clases bajas y medias". Acá el fantasma aflora en forma de lapsus, ya que el argumento desnuda un problema aún mayor, la imposibilidad de construir juicios coherentes a la hora del análisis racional. 

En lógica proposicional un juicio no puede arrojar resultados buenos y malos sobre un mismo "silogismo" o argumentación. Acá subyace la apología de lo económico como explicativo de una problemática delictiva o criminal, cuando claramente no son premisas conexas ni pertenecientes al mismo corpus lógico-deductivo, aunque si es admisible en el orden simbólico del lenguaje (Lacan). 

El paradigma se acentúa, cuando en simultáneo otro funcionario del mismo gobierno "niega que haya aumentado el narcotráfico argumentando un mejor índice de educación sumado al progreso en materia económica". En síntesis, personas que conviven en una misma ideología, aún poseedoras de una malla identificatoria común y de fuerte raigambre heurístico; poseen fantasmas distintos.   

No solamente padecemos el contubernio del "fantasma" que reveló (gracias a Lacan) un problema que siempre tuvo la impronta marxisma, que es determinar precisamente cuál es el lugar del sujeto dentro de la ideología, en cuyo caso resta preguntarle a los lacanianos ¿Y la sobredeterminación (en última instancia) de la base económica, no interviene también sobre el fantasma?   

Así como se cuestiona severamente a la ideología marxista construida bajo el modo donde se ignora la relación fantasmal con el sujeto de lo real, y en la medida en que las identificaciones y las insignias participan en la constitución del sujeto mismo (cosas que la ideología desconoce), insisto en preguntar ¿Acaso, en los sujetos, en la construcción intrínseca de su fantasma, no está en juego también el tipo de clase social a la que pertenecen, ergo la ideología a que le rinden tributo, al linaje sobre el cual se posan sus legados simbólicos?

En síntesis, así como en el marxismo en cuanto ideología no cuenta la psiquis del sujeto huyendo del presente, tampoco cuenta para el psicoanálisis (orientado a la política), el asunto de la ideología. Ambos se complementan imaginariamente en la incompletitud. Sería interesante que esta "nueva izquierda" tampoco deje fuera "piezas faltantes". Sería una tremenda contradicción, que de hecho ya se palpa en muchos oradores y eruditos de la escuela de marras. 
 

Porque una cosa es afirmar que la cuestión económica no es mecánicamente determinante de nada o que la base económica por si sola no es explicativa de lo causal, y otra cosa es prescindir o excluir completamente este inevitable "personaje", máxime cuando sabemos de la preponderancia que tiene lo material y económico en los principios de placer, la líbido y el goce. En lo personal, asumo que a estas alturas abandonar el estudio y análisis de la teoría del valor subjetivo, es lo peor que puede hacer la izquierda lacaniana, sería una "picardía" (básicamente por tratarse de una corriente psicoanalítica).    

Lamentablemente hay muchos pensadores de ésta corriente que se han desentendido de la economía política teorizada por Marx, quizás emulando un idealismo que, por exagerado e irracional, trascendental (tal el caso de Badiou). Alan Badiou fue discípulo de Jean-Paul Sartre y de Louis Althusser, aunque tampoco pudo huir de la atracción gravitatoria de Jacques Lacan. Rivalizó, entre muchos otros, con Jacques Derrida, con Richard Rorty y, especialmente con Gilles Deleuze.


Del otro lado, es decir de los que se valen de Lacan pero sin abandonar las banderas de Marx, tenemos entre los más destacados, a Ernesto Laclau (F) y su esposa Chantal Mouffé, Gianni Vattimo y Slavoj Zizek (sin ser éste último lo mismo que la parejita mencionada en primer lugar). En lo personal, asumo que hay un tercer grupo, quizás el más evolucionado dentro de la nueva izquierda, ya que no axiomatiza nada, pero que tampoco descarta nada; dignamente representado por el psicoanalista argentino Jorge Alemán y el filósofo español Eugenio Trías (fallecido en el 2013). Una suerte de izquierda experimental y vanguardista, caracterizada por su sincretismo y movilidad. Siempre abierta a los cambios

Aunque para desmitificar algo que no es ni remotamente original, recordemos que la Escuela de Frankfurt, punta pie inicial del neomarxismo, ya a principios del siglo XX, había intentado conciliar a Nietzsche, Marx y Hegel con Freud. Es decir que, la puesta en escena del psicoanálisis dentro del teatro de operaciones de la filosofía social y política, no es algo reciente.

Lacan sin ser un neomarxista de "raza", resultó un convidado de piedra  que le sumó un condimento picante al debate académico, del que, ya nadie parece estar dispuesto a prescindir. Esa asociación conpresentativa hecha entre la "plusvalía" de Marx y el "plus de goce" de Lacan, sabe a irónico pero no menos interesante. No pretendo hacer con esto apología de algo que me llena de dudas, sino que, justamente a raíz de ello intuyo que vale la pena darle un par de vueltas más al asunto.


Debo admitir que coincido con Jorge Alemán, de que es imprescindible distinguir subjetividad de sujeto. Como diría Foucault "el neoliberalismo (no confundir con liberalismo) define como objeto a los ciudadanos", es decir, ya no se trata solo de una estructura que esté pensando pura y exclusivamente cómo es la lógica del estado, su ordenamiento jurídico y su régimen de coerción y disciplinamiento; sino que, asume definitivamente la producción de subjetividades como sistema político.


La visible tensión que se produce entre el neomarxismo posmoderno y éste nuevo movimiento de izquierda, se sustenta en la negación o rechazo a las malas noticias que hace comparecer el psicoanálisis lacaniano a la economía política (Marx). Como buen dogma, el neomarxismo no es permeable a la evolución intempestiva ni a la frescura de la autocrítica. Como diría Luhmann, se verifica una conducta de notificación que repudia todo lo simbólico y real implícito en la contingencia. 

El psicoanálisis político, si es que acaso cabe éste neologismo, desconfía de lo colectivo, desconfía de los presupuestos clasistas de transformación, desconfía del espacio común, y en especial desconfía de los proyectos revolucionarios. En síntesis, le quita todo piso de sustentación al canon histórico del lelo dogma marxista. Lo despoja de todo fetiche, rescatando las partes que no encajan, por considerar que es mejor enfrentar las malas noticias, que seguir poniendo la mugre bajo la alfombra (añeja costumbre de la izquierda clásica). 

Según Jorge Alemán, hay un tesoro escondido (en tanto psicoanálisis) digno de ser buscado, quien nos podría revelar qué porción del sujeto no puede ser colonizado por el capitalismo. En otras palabras, ahora que sabemos que el capitalismo se ha apoderado de la producción biopolítica del Ser sujeto, reificándolo ergo llevado al peligroso territorio de la objetivación y/o cosificación; vale preguntarse ¿qué espacio de esa condición sexuada, parlante, pensante, sentimental y mortal puede quedar al margen del campo gravitacional del sistema capitalista? 


El psicoanálisis como herramental, pretende ser usado para indagar, por ejemplo sobre la "soledad común", como una de las guaridas del inconsciente donde el eros capitalista está inhibido de penetrar. Visto de otro modo, si bien la crítica al neomarxismo se presenta como imprescindible (a costa de enojar a la aún poderosa comunidad intelectual de izquierda más conservadora), tampoco se permite resignación alguna ergo la aceptación de la existencia del "crimen perfecto". Obviamente éste metonímico es aplicado no tan sutilmente al capitalismo (aquel villano que aún habiendo sido descubierto, se preserva inmune e impune). 
 

Lacan usó como puente del "pase" al campo de concentración. Porque si el crimen es perfecto (osea el capitalismo) entonces se debe visualizar o considerar  como inexpugnable y eterno (el término destino  adquiere visos de campo de concentración). Aunque personalmente no estoy  de acuerdo con el mal uso de la metáfora, ya que, los condenados aún a sabiendas de lo que le esperaba en el campo de concentración, jamás perdieron la fe ni la ilusión de una vida en libertad y justicia. No hay parangón para éste estadío, pues el hombre nunca podría perder la esperanza en formato de deseo para con un devenir redentor. La fe es una fuerza que Lacan nunca llegó a captar en su justa dimensión, pero que sin embargo "mueve montañas". 

Porque tampoco podemos afirmar como absoluto la no irrupción de lo igualitario en la historia, aunque yo lo relaciono no con la cosificación ergo igualdad en tanto posesión de cosas, sino con el sentido de justicia. Y aquí es donde me separo de la nueva izquierda lacaniana, porque si la igualdad está irremediablenente atada a las relaciones económicas, entonces habré de inferir que, si bien no estamos ante el "campo de concentración", si estamos ante   la presencia de una paradoja irreductible o bien, un dilema existencial insoluble. 

¿Qué significado y significante pretendemos darle en el siglo XXI al ideario de "igualdad"?. Las utopías no pueden sobrevivir sin los hombres, pero ¿puede insistir el hombre con los mismos ideales inhumanos, innaturales e inmundos?. En cada ocasión que irrumpió lo igualitario apareció la soledad común, lo cual no significa que hubo igualdad en tanto las cosas ¿Es acaso eso posible?. No digamos que es imposible, pero reconozcamos que es un tipo de contingencia que se recrea in eternum en nuevas formas de contingencias (contingente de si mismo en el eterno retorno).

Estoy de acuerdo con que, el momento igualitario intempestivo no es lo mismo que la psicología de las masas, ni la homegeneidad, ni el vamos por todo para todos, porque la igualdad es donde encuentra cobijo y entidad la diferencia subjetiva. Ya que, solo en lo igual está la diferencia esencial e inmanente del Ser. La diferencia absoluta precede la existencia, por lo tanto se presume incognoscible. 

Para que se entienda mejor éste punto, la diferencia que vende el capitalismo es un espejismo, ya que todos terminamos perdiendo subjetivismo en la imitación, en la mimesis de la copia degradada, en el simulacro de terminar siendo todos objetivados en la misma histeria consumista.   





ESCAPE QUE SIMULA SER CONCLUSIÓN (SIN SERLO)




Tal 
como venimos bosquejando en ésta serie de ensayos, preguntarnos por el Ser es indagar sobre las relaciones de poder que definen al sujeto. Y ciertamente preguntar ¿Qué es el lenguaje, equivale a preguntar por qué algo y no más bien la nada?. Un lenguaje que nace increado, es decir, como creación en tanto contingencia de la creación sobre un ente imperfecto e incompleto, pero dotado con la capacidad de perfeccionarse en pos de seguir creando, creándose, destruyendo, destruyéndose y resucitando en cuanto sentido de mortalidad macrodimensional. 

El agonismo entre los que decidieron atarse al creacionismo y los que hicieron lo propio con el evolucionismo, son precisamente fruto de la incompletidud del lenguaje en tanto dualidad ante o pre-predicativa. Una acción que se mueve naturalmente posada sobre la esencia, la contingencia y el vacío, todo en simultáneo. Traigo esto a colación, en función del grado de lejanía que aún tenemos respecto de los orígenes del lenguaje en la historia humana en cuanto gnosis. Asunto de vital importancia para la ciencia, la filosofía, la ontología, la lingüística, la teología y en especial el psicoanálisis.  

Descomponer la sociedad en elementos finitos, ergo sujetos para finalmente lograr sintetizar al Capitalismo y su alter ego, el Marxismo, no está mal en absoluto, de hecho es parte de la metodología científica. Pero también, al igual que la ciencia, se verifica el problema del rearmado o "unificación" de esos elementos en pos de pergeñar un ordenamiento reglado y teórico que sirva para explicar por qué las cosas son así y no de otra manera, y del cómo deberían ser. La Teoría de la Unificación es algo que el hombre persigue desde los ignotos orígenes, y que hoy mantiene ocupada a la ciencia cuántica y en especial a la cosmología. 

Al igual que Althusser, creo en la necesidad de avanzar en el análisis, estudio, profundización y ulterior especulación teorética sobre una aún ausente Teoría de la Ideología. Algo que él mismo intentó pero sin demasiada convicción y esmero. Tampoco puedo dejar de mencionar los intentos que en el mismo sentido hicieran los venezolanos Ludovico Silva, Nelson Guzman y  Antonio Pascuali. Teorías bien intencionadas, pero mancilladas de ideología y soliloquio. Hacer una teoría de la ideología para auspiciar el propio deseo, es indubitablemente una teoría que nació póstuma.   

No obstante, para lograr que la gente entienda mejor ésta opinión, me valdré de Platón, quien todavía sigue siendo el faro que ilumina la acción filosofal desde el Olimpo Secular. Cuando Heidegger se niega a debatir con el joven Lacan, estaba siendo coherente con una tradición de rechazo al positivismo lógico, al materialismo dialéctico y al discurso estructuralista iniciado con Saussure. No había nada personal, supongo. El narcisismo, rebeldía y autoritarismo del filósofo tipo (si es que lo hubiera), no fueron ajenos al "gran alemán". 

Es decir que, Heidegger entiende que ni la materia y por ende sus relaciones de coexistencia óntica ontológica,  ni el lenguaje como puente inmaterial que los comunica, pueden ser admitidas como delimitantes del Ser. Y estoy de acuerdo con esto, ya que, en resumidas cuentas, tanto el psicoanálisis de Freud quien se vale del cuerpo humano, y Lacan quien se vale (además de la especulación freudiana), del lenguaje para concebir su propia santísima trinidad, imaginario, simbólico y real; quedan perdidos entre universos paralelos.


 
Ambas especulaciones aunadas, presuntamente empíricas y asimismo negadoras de todo, incluso de la filosofía, de la ontología,  y de la metafísica que las sostienen; no dejan de ser la función de refracción que se da entre el hombre y las sombras que se manifiestan en las paredes de la caverna  que lo contiene (alegoría homónima de Platón). Lacan intentó de diversas maneras darle personalidad y autonomía a un psicoanálisis, que resultó ser la antítesis de una fenomenología de la percepción no asumida (Merleau Ponty), pero que aún de moverse en paralelo, no pueden evitar confluir en una misma síntesis. Un mundo de apariencias que sigue resistiéndose salir a la realidad. 

Explicado de otra manera, no hay una salida de la caverna, sino que hay una nueva explicación sobre lo evidente del simulacro. El lenguaje lacaniano intenta describir y crear axiomas y leyes en base a lo que manifiesta el vacío y el tipo de copia degradada que genera el simulacro en el sujeto, pero sin pasar de ahí. No explica los porqué de esa existencia simulada, ni nos muestra el sentido a transitar para dirigirnos a esa puerta que nos comunica con la realidad (lo por fuera de la caverna). 

El psicoanálisis necesita de un cuerpo para argumentar un lenguaje que solo sirve para unir y al mismo tiempo separar a ese Ser del tipo material, un ente, una cosa, en la creencia que el lenguaje cala la esencia y escinde al sujeto del grupo y del vacío para luego detectar los remiendos de la grieta, un cierto zurcido
. Sin embargo, el lenguaje en cuanto estructura, tozudamente siempre nos termina mostrando al sujeto como pieza integrante de algo más complejo ergo Ser histórico y social, al cual asociamos por analogía al individuo sin serlo en el literal.


No hay todavía, una fundada argumentación que nos ilumine acerca de cómo funciona el lenguaje en esa existencial dualidad de individuo y conjunto coexistentes simultáneamente en el sujeto, ni tampoco se logran encajar (todavía) las piezas del abstracto que faltan (tal el caso de la fe, la intuición y en especial el espiritualismo).  

En 1961, en Le temps Modernes, Lacan luego del un largo periplo de refutaciones, terminaría concordando con Merleau Ponty de la siguiente manera: "(...) el psicoanálisis debe probar un avance en el acceso al significante, de modo tal que pueda volver sobre su fenomenología misma. [...] llamaré aquí a testim
oniar el segundo artículo mencionado de Maurice Merleau-Ponty sobre el cuerpo como expresión en la palabra. [...] les hablo sobre la primacía del significante en el efecto de significar" (Lacan, 1961, 250).

No quiero extenderme en éste punto mucho más, porque no es motivo de éste capítulo, pero me pareció pertinente para que entiendan lo que sigue. En próximos capítulos me explayaré algo más. No obstante dejaré a modo de anticipo aquella otra irrupción de Lacan contra Lacan cuando se pregunta
¿Cuál es la esencia del lazo social que hace posible al grupo y al sujeto?.


Ese volver sobre sus pasos, se da porque la existencia misma de ese lazo como condición de posibilidad del sujeto plantea la pregunta respecto de la condición de posibilidad de la libertad; algo que quedó plasmado en su libro "El tiempo lógico y el aserto de la certidumbre anticipada: un nuevo sofisma" (de 1945).


Lacan va a reflexionar sobre la libertad a partir de una aporía que desnuda su propia confusión sobre el existencialismo sartreano. La desestimación que el psicoanálisis venía haciendo de la libertad en el sujeto, venía a pedir de boca hasta que se topan con la ciencia política y la sociología. Finalmente Lacan inserta a regañadientes tal posibilidad de libertad, no sin antes darle varios rodeos a la logorrea, como era su costumbre. 




Tanto Capitalismo como Marxismo, son performativos incompletos; alucinógenos y holísticos destilados por el lenguaje. Una estructura que hace intersección con lo que se puede elucubrar del término idealismo. Aquel campo mesoscópico donde las sombras conviven con caprichosas formas bautizadas de tonalidades estocásticas (quizás real, simbólico e imaginario); trilogía que nos permite intuir que aún vivimos en un gran holograma, pero que asimismo se justifica como nuestro conjunto de sesgos cognitivos por antonomasia. 



La libertad humana es la vocación de negar todo lo que nos rodea en la realidad y de proyectar otra realidad alternativa a partir de nuestros deseos y pasiones libremente asumidos. Podemos fracasar en el intento, de hecho fracasamos inexorablemente, siempre nos estrellamos de alguna manera contra lo real, "el hombre es una pasión inútil" (Lacan)



Marx creyó que dentro del simulador de apariencias había un mundo idílico donde los encargados de prender y preservar encendido el fuego, se verían igualados naturalmente con aquellos que se habían atribuido la propiedad del fuego, los mismos que los mandaban, quienes los sodomizaban con el rebenque del poder.
Es importante subrayar que si bien Lacan enfatiza el camino divergente entre su proyecto y el merleau-pontyano, no deja de indicar la posibilidad de una recuperación fenomenológica del psicoanálisis. Clara evidencia de que la incipiente lógica cuántica había comenzado a tallar la teoría psicoanalítica de Lacan.


La re-lectura más atenta que Lacan se permitió en las postrimerías sobre la enigmática "Fenomenología de la percepción",  concluye con el pedido de una más exhaustiva investigación y profundización de la obra de M. Ponty en función de los distintos resultados convergentes con su elaboración de la noción del "objeto de a", bucólico colofón del Seminario 11 (donde Lacan allana la exégesis de Lo visible y lo invisible). Soslayando silenciosamente lo expuesto por Freud "no hay en lo psíquico nada que sea producto de un libre albedrío, que no obedezca a un determinismo"


El problema de Marx en consonancia con Freud está en no haber advertido que esa noción de clases sociales, era también un espejismo inmanente a la "caverna". No hay ningún tipo de determinismo en el sujeto, tampoco en su colectivo. El Ser posee la dualidad nouménica de ser conjunto e individuo en simultáneo, y eso es justamente lo que explica por qué no logramos certidumbre en cuanto individuo como tampoco en cuanto sociedad (conjunto). Somos ambas cosas y no somos ninguna. Eso es precisamente Ser Sujeto, ergo un no ser en cuanto ente. No hay cosificación posible para el hombre. 

En cuyo caso, el marxismo puede vivir indefinidamente como el "deber ser" del capitalismo en esa "praxis" rebautizada por el psicoanálisis. Ese imaginario nexo que une la teoría con la acción posible dentro de la caverna. Siendo lo imposible aquello implícito en la posibilidad de salir para enfrentarnos ante la incandescente e insoportable luz de la realidad.
No obstante, sigo viendo al marxismo como el discurso del capitalismo. Capitalismo y marxismo conforman un mismo discurso dividido en la inversión del simulacro platónico, para transformarse en una acción que se enfrenta a la utopía, un goce que hace lo propio con lo moral, lo simbólico versus lo simbólico, lo imaginario versus lo imaginario, lo irreal versus lo irreal. El capitalismo es la mancha de humedad en la pared que se descrifra en tanto pareidolia como auntonomía individual, un tipo de "libertad psicológica, libertad existencial o libertad bajo palabra". 

El marxismo es la histeria del capitalismo, ese emergente reflexivo que nos lleva a tomar conciencia del absurdo que significa vivir solo para la producción y la economía. Pero en esa teleología del absurdo, no escapan burgueses, proletarios ni eslabones perdidos. No se trata de disconformidad de clases, sino de un espiritualismo que se inquiere a si mismo en forma de nada. Ese vacío internalista que nos compele a pensar sobre lo más allá de lo material, pulsional, corpuscular y hedonista. Aquello que nos coloca ante nuestro propio ser inmaterial, la nada como sujeto, el verdadero Ser. 

En apariencia, el Marxismo necesita aggiornar su discurso permanentemente, porque a diferencia del Capitalismo funciona como una religión. Una religión que nos conmina a tomar conciencia de la gravedad de los pecados inherentes al goce y el placer. El marxismo como práctica ha resultado el mejor verdugo del marxismo como religión, algo similar a lo que le pasó al Vaticano y su catolicismo. Donde se hace patente el contraste de la belleza en la palabra de Dios, con las aberrantes y repudiable acciones de los hombres encargadas de llevarlas a la práctica. 
 
El Capitalismo tácitamente nos dice "sé un autómata, produce, consume y goza como si fuera el último día... vive el presente, pues no hay nada más que eso". El marxismo por el contrario, propio del fideísmo moral y eticista, nos propone un mundo lleno de prohibiciones y limitaciones "sé igualitario y solidario, no poseas más que lo que necesitas, no detentes más que los demás, seamos humanos".


Por ende, la mejor manera de no caer en el pecado es vivir sumergido en él (nadie cae donde ya está contenido). El "deber ser" que propone el marxismo es utópico en la medida que no resiste su puesta en práctica. El mejor amigo del marxismo es el capitalismo, pues es quien lo alimenta y le confiere razón de ser. Siendo su peor castigo, tener que probarse en el factum. 

No obstante, la apología del capitalismo representa el triunfo de la mala fe puesta en la Caverna de Platón. El marxismo aún con su rasero pre-reflexivo y sus faltantes; procura ser el norte en pos de salir de la cueva, sin que lo haya logrado ni con probabilidad alguna de lograrlo jamás (mientras el Ser se asuma como solo materia y lenguaje).  
La Teoría de la Indeterminación insinúa ser un condicionante bastante más radical de lo que imaginábamos en un principio, puesto que, también es aplicable a la ciencia de la cultura, particularmente a la sociología, filosofía social, moral y la ciencia política. La escurridiza probabilística y la alienación aleatoria al apócrifo determinismo freudiano nos sugiere que la trampa implícita en el Idealismo es más accidental que comportamental y conductista. 

Las libertades en cuanto voluntad de elección, nacen asediadas por las ideologías de nuestros padres, familia y grupos de pertenencia. Nacer en el seno una familia liberal suele sentar las bases de la inmovilidad ideológica, al igual que aquel sujeto que viene al mundo bajo las estigias de una familia comunista. Y si bien existe la libertad que nos licencia para salir del claustro, es una opción que se ejerce en esporádicas ocasiones.


El librepensamiento es una entelequia más próxima al fantasma que a la lucidez, no obstante el pragmatismo está propiciando un aumento en el número de ciudadanos autónomos o exógenos a la ideología en Argentina. Insinuando la aparición de un nuevo tipo de gestalt o mancha rorschachiana, que no debe ser confundido con la autonomía moral y ética idealizada por Marx, sino que por el contrario se origina en una suerte de forclusión para con el significante vacío de la teoría populista pergeñada por Ernesto Laclau y cónyuge.  

El capitalismo no tiene nada que demandar y la izquierda no tiene nada que ofrecer en el factum. Solo podemos cerrar éste capítulo, sospechando que todo lo vertido hasta ahora debería ser consumido como mera conjetura. Y si bien sabemos que vivimos en una dimensionalidad donde solo reinan las interpretaciones, tomemos riesgo para inferir que nunca existió en los hechos un "No Capitalismo", lo que no significa que nos eximamos de seguir bregando por la fuga. Escapar del capitalismo es misión del hombre puesto en la Red, su ulterior evolución. 


Uno termina imaginando que, la libertad es el campo de batalla de una cruzada dialéctica en donde se enfrentan dos portentosos ejércitos; la alienación y la intencionalidad. La mala fe (sartreana) se escabulle así dentro de la conciencia en pos de generar un padecimiento dual y ambivalente: aquella que sentencia al sujeto a concebir en un mismo acto a la idea en cuanto afirmación y negación de ésta de manera asintótica y simultánea, es decir de trascendencia y facticidad en paralelo. 
Para comprender mejor éste punto, necesariamente debo apelar a uno de los mejores filósofos de la actualidad, el francés Jean Luc Marion, quien nos estimula a pensar un extravagante tipo de fenómeno que trasunta la objetividad de lo dado y que abdica su derecho de acontecimiento a la trascendencia, para hacer de lo revelado un nodo subliminal y asimismo sublime  de manifestación.
Sumando así, una nueva dimensionalidad filosófica cuando amalgamamos la infinitud del rostro (Lévinas), el don (Derrida), el icono (Marion), la carne (Henry), lo imposible (M. Ponty) y el llamado (Chrétien). Este nuevo fenómeno resultante y su intelección, demanda de una sensible apertura mental en tanto la admisión sin vacilaciones de la existencia del espíritu humano, percibida ya no por su contenido de presencia, sino justamente por su exceso de obviedad y donación.

Nada evidencia mejor al espiritualismo que el aburrimiento que precede a la angustia, aquella que patentiza la presencia de un vacío en controversia con el signo (un desquiciante tipo de ansiedad) que nos anoticia del sinsentido de la vida unívocamente materialista, aquel horizonte donde ya ningún tipo de goce y placer carnal me calma o apacigua.

El vacío espiritual acontece aún en aquellos sujetos que no creen en lo inmaterial, sin que admita un ordenamiento simbólico del lenguaje, porque tampoco responde a empirismo, fenomenología o experiencia psíquica y emocional previa. No hay huella entrópica ni registro alguno en la sutura, pues se trata de un vínculo original, un cierto horadar entre la Zoé y la Psiqué, territorios donde el lenguaje no puede acceder por prohibición e inhibición.  

Finalmente, izquierda y derecha perviven en la misma ideología con dogmas diferentes, una filosofía de la conciencia ávida de monismo y esclava de lo material. Lo que hace fuerte al capitalismo es lo que critica la izquierda, y lo que hace fuerte a la izquierda es lo que omite el capitalismo, so ambas se justifican en la misma síntesis dialéctica. Siendo más moralista la primera y más pragmática y terrenal la segunda. El goce y los principios de placer no necesitan de defensa ideológica, al igual que la moral no necesita de presupuestos científicos.
La izquierda se mantendrá como el norte a seguir para el "deber ser" del humanismo. Algo que es sin duda necesario para el devenir de la contingencia y la perfectibilidad. Al parecer, aún nos resta resolver el paradigma del Yo Sujeto puesto en la Red, aquel misterio que aún le impide a la filosofía salir definitivamente del solipsismo cuando intenta teorizar los universales, mientras que por el contrario el psicoanálisis no logra salir de lo universal cuando intenta descubrir al individuo, porque el lenguaje no le pertenece al  sujeto, le pertenece a la Humanidad, a la Red, al hombre atemporal, social e histórico.  

FIN DE CAPÍTULO








Exclusivo para DIARIO LITERARIO DIGITAL



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+ comentarios + 3 comentarios

sábado, 24 de octubre de 2015, 8:38:00 GMT-3

Gorila no suena a hereje, Suena a insulto y descalificativo moral. Suena a quitarle la dignidad de humano a quien piensa distinto. Como hicieron Hitler o Fidel Castro

sábado, 24 de octubre de 2015, 19:22:00 GMT-3

Dos cosas: Escribiste "Estos desatinos no fueron ajenos para un Lacan ya maduro, quien pergeñó al "Santo" como nominación simbólica laica de aquello que descaría la conciencia política del sujeto." creo que cometes un error de lectura, lo extraño que es el mismo error que comete la llamada "izquierda lacaniana", Badiou y Negri, el Santo de Lacan no es simbólico, sino que lo quedó al caer o destruirse o ya no sostenerse el simbólico que Lacan había inventado en los años de 1953 a 1970, ese simbólico de Lacan él, Lacan, vio como fracaso y ya no se sostenía. El Santo de Lacan es una mixtura de un simbólico fracasado más un trozo de imaginario . Segunda cuestión: llama la atención una ausencia en tu texto: Félix Guattari, marxista practicante, analista, convocado por Lacan para fundar su escuela, organizador de las "Lettres de l'ecole freudienne de Paris", quien siguió con Lacan hasta el año de la disolución. Guattari es considerado por Deleuze y por Foucault como el inspirador o el guía para la construcción de sus posiciones. Guattari sostenía la necesidad de romper con la dictadura de la "cadena significante" así se lo hizo saber a Lacan en...1966, además proponía como parte de la subversión social la transformación subjetiva:"sin vencer al deseo fascista que cada uno llevamos dentro no hay subversión posible" no había una cosa sin la otra, no daba clases en ninguna universidad, solo trabajaba en una clínica, cerro su consultorio privado de psicoanalista y fue perseguido por la justicia francesa al oponerse de forma pública y activa contra la guerra en Argelia y contra las masacres de argelinos en París, Francia.

sábado, 24 de octubre de 2015, 19:51:00 GMT-3

Estimado Alberto Slaodogna: le agradezco vuestra participación, y coincido con usted, me he olvidado de muchos exponentes e intelectuales que bien podrían haber sido mencionados en éste ejercicio, mi memoria no es confiable y mis conocimientos tampoco. También celebro que sea un psicoanalista el que amplíe el abordaje de un tema tan interesante, especialmente porque coadyuva la miopía que evidenciamos aquellos filósofos que intentamos rescatar conceptos y pensadores adventicios a nuestro ámbito, tal el caso de Lacan. Valga entonces su aporte como ampliación del ensayo precedente. Cordiales saludos. Ramón D. Peralta

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