El discurso del deseo: teoría de la ideología (filosofía) | DIARIO LITERARIO DIGITAL

El discurso del deseo: teoría de la ideología (filosofía)

sábado, 31 de octubre de 2015 1 comentarios

Compulsar proyectos o modelos políticos es un acto ingenuo, porque es imposible saber qué tiene de realidad el signo del significante más allá de lo que exterioriza el faltante. Confiar en un político es un acto de fe, es decidir creer en algo que solo está argumentado por el discurso del deseo




Escrito por Lic Ramón D. Peralta

Exclusivo para Diario Literario Digital

Serie de ensayos: El Ser en las relaciones del ser



Segmento: RUMBO A UNA TEORÍA DE LA IDEOLOGÍA

INTRODUCCIÓN


Sin haber definido nada, ya empezamos a disfrutar del choque entre quienes nos amenazan desde un discurso elegíaco y quienes se regocijan de una alegría del tipo spinoziana, la del liberto quien habiendo dejado de ser esclavo, siente que ya no es esclavo pero tampoco libre. Tiempos de transición pastoral, vísperas de balotaje en Argentina, el renacimiento del significante vacío se nos anuncia mediante exóticas "manchas de tinta".  


La filosofía ha recalado en el aburrimiento y ha sido aguafiestas del determinismo y la confirmación, nunca de buen talante ante lo epitesmológico y axiomático. Profanador del error, emboscado recurrentemente por el "identikit". Aunque tampoco ha sido ajeno a la tentación, insinuar solución donde hay desintegración, se ha convertido en tradición.  


Y a pesar de lo mucho que se ha elucubrado sobre el tema, nunca escribimos entre signos de interrogación. Más que del idealismo, los filósofos somos presa del narcisismo y vanidad. Filosofar sobre el idealismo nos propone seguir atrapados en el idealismo. Aquel sórdido desparpajo nacido a la palestra del infausto intento de crear una teoría para el "Ser" del idealismo, oxímoron inadmisiblemente perturbador. 



LAS MALAS NOTICIAS PARA LA IZQUIERDA LACANIANA 




En el capítulo anterior ¿QUÉ EXISTE FUERA DEL CAPITALISMO? NUEVA IZQUIERDA LACANIANA, hice referencia a las "malas noticias" que le trajo la izquierda lacaniana a la economía política de Marx, pero cuando hablamos de psicoanálisis, quién trae desalentadoras primicias es la ciencia cuántica


Para la física cuántica, el cuerpo humano es nodriza de todos los demás lenguajes conocidos. Líbido, lascivia, sexo, placer, goce, angustia ante la nada, sensación de vacío, soledad común, fantasma o preguntarnos quiénes somos en realidad más allá del cuerpo que nos contiene, son evidencias de que efectivamente vivimos en algo mucho más complejo que la omnímoda materialidad sensible (el fenómeno saturado). 

Visto de otro modo e intentado hallar la manera más simple de explicar algo que pocos entienden: si soy plástico necesito ratificarme plástico aunque esté integrando un tablero y desee ser otra cosa. Porque si pierdo la condición de plástico pierdo la posibilidad de ser otra cosa. El ser humano necesita ratificarse individuo, porque sin esa condición de sujeto se pierde la posibilidad de ser humanidad. El problema que ya insinúa la física cuántica es aquella que nos invita a imaginar una integración totalizadora del Ser con el universo. Continuando con la alegoría, somos plástico en medio de un universo donde el plástico conforma el todo.  

Es decir, vivimos una dimensión donde solo podemos percibir de manera fenomenológica todo aquello que mantiene una apariencia o forma material. Nuestros sentidos son fruto de esa materialidad, por ende, impedidos de percibir otra cosa. Para acceder a todo lo demás contábamos con la intuición, el motor de la filosofía. Ahora, también con la tecnología que nos permite experimentar con esas subpartículas desde el método científico. 

El mero acto de nacer nos anoticia el cambio de paradigma, y ciertamente tampoco son buenas noticias, quizá eso explique por qué nacemos llorando. Ya no estoy solo, soy vulnerable, no puedo evitar "estar ahí" ni ser una cosa, fui elegido para Ser sujeto, pero necesito ayuda. No tengo necesidad de otro lenguaje pero si de ratificarme Ser ante un nuevo mundo rodeado de entes; nacemos en un mundo de apariencias. Nacer tiene embebido el hacer-deshacer con su propia muerte implícita en cuanto relaciones del ser, tampoco es algo que el sujeto pueda controlar.

Ese cierto horadar entre la Zoé (vida espiritual) y Psiqué (vida racional y consciente), halla así su portal en el natalicio. La realidad en tanto existencia, es una mística figura que nos antecede, precede nuestra esencia. El primer vínculo con esa existencia, es la madre como representante de esa primer ayuda imprescindible. Pero asimismo es el primer límite, la vulnerabilidad encuentra así una extravagante solución, sin que se pueda evitar detectar la primer manifestación de dependencia que amenaza mi autonomía. 

La paradoja se escribe con letras de molde en la antinomia "te necesito, pero no deseo que me limites", ya que el primer salto escalar nos informa del "pase" de ser un sujeto completo (en cuanto inconsciencia de ésta nueva vida) a ser un sujeto dependiente de otros sujetos. Es decir que, esa paradójica narración de que "la historia del hombre comienza cuando se enfrentan dos deseos"  (Kojéve), se resuelve con la síntesis "todo sujeto desea no desear".

 
Lacan es el primero en usar la sobredeterminación que la física cuántica había inaugurado sobre las bases de la teoría de los mundos múltiples, para dejarnos la noción de un Ser que se encuentra con su falta o faltante al primer contacto con la vida, ésta vida  (seminario VIII - Le transfert - 1960/61). 

El cuerpo así, se erige en el primer lenguaje prenatal que, luego se expande en forma de función de onda con la palabra. La palabra, luego la matemática, música, arte, informática, medicina, ciencia, gesticulación, historia (etc) conformarán un nuevo lenguaje para el niño en forma de telar o gran red que lo unirá al  resto de los mortales. 

El pecado original con que fue castigado el hombre al comer del fruto prohibido del "árbol del conocimiento" en el edén, metafóricamente nos describe el orden del proceso donde pasamos de una vida plena, desnuda e inconsciente a una vida racional y consciente, aquella que habrá de confinarnos en el desquicio, lo animal, la alienación, la curiosidad, la intencionalidad, lo sentimental, la trascendencia, y la incertidumbre, todo obrando en superposición. Un verdadero castigo por cierto. 

El devenir, es decir, esa marcha forzada que tiene como único sentido avanzar de lo inconsciente a lo consciente era un dialelo que, se nos presentó irreductible hasta la irrupción de la ciencia cuántica, quien ahora nos acerca una explicación para esos enigmas fundamentales. En otras palabras, el Ser nace como un sujeto con el inmanente sentido de lucha para ratificarse ser unigénito en medio de un campo funcional donde todos los seres que están hechos en la misma "imago dei", se preservan en una lucha que persigue el mismo fin. 

La aporía se resuelve con una sencilla ecuación matricial, que explicado de manera simple dice: Cuando todos los seres luchan en el mismo sentido por ocupar un espacio finito (bajo la consigna de que todos sigan siendo iguales), el resultante es un ser incompleto que se complementa en el grupo. Todos pierden (en lo individual) y todos ganan (en lo colectivo), la completitud se vuelve a restaurar. Lacan alcanzó a comprender éste punto, nacía así el concepto de "falta o faltante".  

Todo sujeto nace modelable, adaptable, fungible, evolutivo, social y mortal, pero con la capacidad de procrearse, es decir perpetuarse en la especie en tanto conjunto, aquello que le posibilita evolucionar. Así es como nos asombramos ante la novedad de sabernos individuo y conjunto al mismo tiempo, sin que seamos individuos plenos ni conjunto pleno. No hay sociedad sin sujeto, ni hay sujeto sin sociedad.

 

Y acá es donde nace el primer interrogante existencial que Lacan teorizó pero sin argumentar científicamente: "El ser sujeto que viene de la inconsciencia primordial para nacer/hacer en ésta vida de apariencias y formas macrodimensionales no puede abandonar su condición de sujeto individual, porque ésta no es la única empresa designada, puesto que, en paralelo está integrando otros seres complejos. Ratificarse ser esencial e individual no es opcional, porque sin esa condición de sujeto primordial se extinguiría el universo". 

Explicado de manera más clara, supongamos que nuestro mundo es un automóvil y nosotros somos "plástico" y fuéramos expuestos ante un agente químico que disuelve o aniquila el plástico. Nos encontraríamos ante un escenario donde nada en el mundo funcionaría ni sería lo que era. Al desintegrarse el plástico, desaparece la funcionalidad del tablero, los tapizados, los conductores eléctricos, los filtros, el turbo, el sistema de inyección, el radiador (etc). Dejan de ser lo que son.  

En síntesis, la ciencia cuántica nos mostró una realidad que hasta hace poco solo sospechábamos: No solo constituimos nuestro ser y ente, sino que también conformamos otros seres más complejos. Nuestro universo es una orquesta incapaz de prescindir de alguno de sus músicos y sonidos. Descompuesto el cuerpo humano (apariencia), seguimos siendo seres esenciales. Resta preguntarse ¿Qué constituye la evidencia de lo meramente dado y qué porción de nuestros deseos y creencias contaminan el fenómeno en sí?

La mala noticia para el psicoanálisis, es aquella que nos dice que el inconsciente primordial no es lo mismo que el inconsciente psicoanalítico, aquel que se detecta analizando el discurso que el sujeto construye como resistencia al simulacro en que vive, es  decir, la copia degradada hecha por la conciencia del sujeto como proyecto de fuga. 

Esa pérdida de identidad no es más que provisional, y solo obedece al utilitarismo que asume la conciencia para enfrentar la vida de conjuntos. Finalmente el Yo consciente se separa del Ser sujeto individual, para confundirse en el discurso del grupo. "El que habla es el Otro" (Lacan). Aquí es donde empiezan a tallar las ideologías, las creencias, las percepciones, los Dogmas, la orientación psíquica y el pase del "Ser en si" al "Ser para si". 


EL PROBLEMA DE LA CADENA SIGNIFICANTE





Lacan instala un notable avance sobre lo teorizado por Saussure, al proponer la supremacía del significante sobre el significado: "La primera red, la del significante, es la estructura sincrónica del material del lenguaje en tanto que cada elemento toma en ella su empleo exacto por ser diferente de los otros; éste es el principio del reparto que por sí solo regula la función de los elementos de la lengua en sus diferentes niveles, desde la pareja de oposición fonemática hasta las locuciones compuestas de las que la investigación más moderna se ocupa de desprender las formas estables" («La cosa freudiana o sentido del retorno a Freud en psicoanálisis», 1955, en Escritos)


Acá me siento en la obligación, no de corregir o refutar, sino de contribuir y aportar. Veo un problema no en el significante, sino en el enlazamiento que hace de ese significante que representa al sujeto ante otro significante. Porque aquí es donde podemos retomar el Paradigma del Yo Sujeto puesto en la Red, so aquel misterio que aún le impide a la filosofía salir definitivamente del solipsismo cuando intenta teorizar los universales, mientras que por el contrario el psicoanálisis no logra salir de lo universal cuando intenta descubrir al individuo. 


Y la mejor manera (a mi entender) de ilustrar éste dilema es compararlo con lo que devino de los estudios que en paralelo hicieron la ciencia cuántica y la cosmología. Una paradoja que se resolvió con una inquietante realidad, más aporéica aún que el planteo original. La cosmología que estudia el cosmos, es decir, las macrodimensiones se terminó encontrando con la física cuántica y de partículas que estudia las microdimensiones ¿Cómo fue posible eso?. 



Fue posible porque todos somos integrantes del todo y la nada creadora (ex-nihilo). Del resultante, salieron varias hipótesis tendientes a concluir en (lo que se denominó) "Teoría Unificada". En otros términos, encontrando las piezas esenciales que conforman el universo y describiendo las leyes que las controlan, habremos de explicar cómo funciona el mundo, cuáles son los orígenes, hacia dónde nos dirigimos, qué somos, quiénes somos y qué relación tenemos con los entes y otros seres. También lograremos definir qué es vida, qué no lo es, qué es la conciencia y qué es el inconsciente (entre otras cosas). 


La existencia del significante y su preponderancia ante el significado descubre la importancia del inconsciente materialista (o psicoanalítico), ya que, es quien nos da claras señales de la existencia de un individuo que aún sumergido, sigue luchando por ratificarse ser. El Yo consciente en cambio, nos habla del tipo de desarrollo adaptativo que nos impuso la estructura de  la Red o Grupo. 


Ilustramos nuevamente con un ejemplo: Cuando soy emisor del discurso político, el mensaje creado contiene mi deseo, el deseo del Otro, el signo y el contenido. El Yo sujeto consciente pierde contacto con el significante originador, hasta que toma contacto con la conducta de notificación del Otro, en esa devolución es cuando el significante y el signo se completan. El significante es siempre fruto de la doble contingencia (T. Parsons), pero su análisis final se posa en lo esencial, trascendente y contingente (registro simultáneo).


Continuando con la alegoría del "telar o tejido del lenguaje", con sus correspondientes campos gavitacionales (creencias, ideologías, dogmas, etc), se nos presenta el problema de los puntos suspensivos que aparecen ni bien sospechamos de la pérdida de identificación para con el discurso del sujeto individual arrojado al mundo ¿Es realmente mi discurso algo que controlo, o es el Otro, la estructura, quién me controla?. 


Porque si el sujeto del discurso se encuentra controlado por la red, la existencia de una cadena de significantes se vuelve estéril, disfuncional e injustificada. Sospecha que ya había sido puesta sobre el tapete por Felix Guattari y Gilles De
leuze. El Otro es quien le confiere sentido al significante de mi discurso, por consiguiente, mi deseo intenta realizar una asociación analogizante del deseo del Otro. Por ello es que, la fenomenología habla del acceso del yo al otro. 


Husserl diría, que el Yo del Otro me es "Conpresente". Es decir, el cuerpo del otro me es presente, pero el Yo deseante de ese otro, me es conpresente, como algo que está al lado, colindante, próximo; pero no plenamente presente. En resumen, detectar al sujeto es un verdadero problema.

Con el inconsciente del sujeto la cosa es más sencilla (en apariencia), pero determinar quién es el sujeto autónomo como propietario dominial del discurso es algo complejo. El lenguaje no le pertenece a nadie y nos pertenece a todos.   


Es decir, la identificación (en apariencia) se ata al significante y la identidad al sujeto, pero ¿quién es ese sujeto?, porque quien controla el lenguaje y por ende mi discurso, es justamente ese sujeto social e histórico (humanidad) que erosionó mi faltante. Lo simbólico e imaginario es el signo de lo real en tanto un significante sin un sujeto consciente e individual definido. 


"Varios elementos parecen en Lacan como siendo siempre iguales a sí mismos: la madre, el padre, tótem y tabú, las masas, el sueño, el lapsus, la pulsión, el amor, el deseo, la demanda, la necesidad; salvo que al desplegarlos solo son parecidos, perdiendo su igualdad." (Alberto Sladogna - Sic)

 


Porque si el significante es lo que representa al sujeto ante otro significante deberé preguntar ¿A quién representa el S1 y el S2?. Porque el cógito ante el grupo se constituye en un sujeto incierto, incompleto, ausente del control del lenguaje, ya que está Siendo en el Sujeto de la red, grupo o telar. La cadena significante quizás esté aquejada de una negatividad radical (falta el objeto absoluto), pero también está horadada por un sujeto puesto en la Red que no controla el lenguaje, por ende, de haber una cadena estaría en el sujeto, no en el significante. El discurso del sujeto consciente está concatenado. De hecho hasta la misma filosofía está encadenada, a eso le llamamos tradición filosófica.

Comparto con Lacan aquello de la existencia de un sujeto S no tachado e indiviso. Y también coincido con que el sujeto está excluido de la cadena de significantes. Lo que me parece deficitario es la noción de significantes que se entrelazan, porque precisamente el significante es lo que preserva la identificación individual en lo inconsciente, que es justamente lo que persigue el psicoanálisis como misión, (rescatar al sujeto de la Red para despejar al Ser). Es importante hacer esta "adenda", pues caso contrario, no se sostendría lo que han teorizado sobre el discurso político, la comunicología, la pragmalingüistica, la sociolingüistica, etc. 

Quizás por ello, la hiancia o la hendija dejada por nuestro paso por el telar, nos permita espiar sobre qué hay más allá de la copia degradada que construyó el sujeto sobre si mismo, sin poder salir jamás del simulacro; un inconsciente de tipo fenomenológico, monista y ontológico, es decir, un inconsciente al que puede acceder el lenguaje. 


Bien dijo Lacan, el significante siempre tiene primacía sobre el significado, clara evidencia que esencialmente somos voluntad de lucha por ratificarnos Ser en las relaciones del ser. Hay una particular relación entre el sujeto individual que no es respecto del sujeto social que no es (pero que controla el discurso), cuando el significante se apersona ante el tejido del lenguaje. Un sujeto que nunca termina de definirse ni emanciparse, por ende, lo único que se nos manifiesta es el significante como representante de un sujeto incierto e indefinido (inconsciente). El lenguaje es el campo de batalla de la lucha por Ser, luego  "lucha por el poder" (valga la redundancia)



Explicado con un hilarante ejemplo: si en una reunión de trabajo, familiar, cualquiera, los participantes pudieran acceder a lo que realmente piensan los sujetos (independientemente de lo que dicen), terminarían todos peleados, enojados y enemistados. Visto de otro modo, si pudiéramos  exteriorizar lo que pensamos detrás del discurso, esa inmanente lucha del Ser por ratificarse ser acabaría con la especie. Nuestro discurso está siempre controlado por el Otro (la red) por ende, el verdadero significante es algo que se debe ocultar para hacer posible la vida en sociedad. 


Entonces preservarse en una situación de armonía dentro de la ley, psicosis, paranoia y esquizofrenia nos lleva a imaginar un sujeto consciente, escindido por el significante donde lo depositado en el inconsciente sumado a lo que se dice conforman el registro ideológico.


Por ejemplo, nadie es socialista, desarrollista, neoliberal, populista o marxista en los terruños de la economía individual o familiar. Simplemente nos ocupamos de no gastar más de lo que ingresa, porque si nos endeudamos nos condenamos a una vida de miedos y limitaciones. El hedonismo que nos provee el crédito se asemeja al placer obtenido en el sexo ocasional  por el infiel, aquel estadío donde el placer se anota sin eximición de remordimiento (no es un goce gratuito).

No se verifica misticismo, dogmatismo ni economía política alguna en la administración de la economía personal o familiar. Finalmente decimos que la ideología solo aplica en lo grupal, significando un quiebre con el racionalismo, donde la fantasía cobra hegemonía y sustancia. En síntesis, el discurso ideológico jamás retrata lo que pienso, sino lo que creo debo decir (condicionado por el grupo de pertenencia).

La identificación se relaciona siempre con el faltante que, ontológicamente solo es nuclear en el Ser en cuanto relaciones del ser que lucha por ratificarse sujeto. Es decir, mi faltante se constituye con la porción de sujeto que tuve que prescindir en pos de adaptarme a la vida social o grupal. Mi faltante quedó en manos del colectivo, la sociedad, la humanidad, por ende, el deseo se inscribe dentro del faltante del Ser que demanda reconocimiento sobre mi Yo individual

En síntesis, la ideología es fruto de  la necesidad que tenemos de agruparnos y aliarnos, so proyectar mi Ser en un Ser más grande y poderoso (territorialidad), pero el discurso político obedece al proceso circular (dialelo) que emerge de la doble contingencia de un deseo que jamás encuentra satisfacción en el absoluto.

Se idealiza desde el deseo de reconocimiento, es decir, que en toda vida social el deseo es la energía que moviliza la lucha por el poder. Todos íntimamente desearíamos no tener limitaciones a nuestros deseos, y aquí es donde hace inflexión lo que Nietzsche denominó "voluntad de poder". La dualista relación de madre protectora vs madre tirana, representan la primer manifestación paradójica, aquella que nos lleva a amarla porque nos permitió vivir y a odiarla porque me quitó mi primer porción de autonomía y completitud.  
La trascendencia del trabajo de Foucault y Luhmann, se sintetizan en "investigación arqueológica" de las ciencias que nos conducen hacia este recuento histórico y social de los mecanismos del poder. "Donde hay poder, hay resistencia al poder" (Foucault) 

Entonces cuando pensamos las diferencias del estructuralismo y el posestruturalismo, solo debemos imaginar una regurgitación de Sigmund Freud, Karl Marx, Friedrich Nietzsche, Martin Heidegger e incluyo a Lacan (entre otros). Ambas corrientes filosóficas nos relatan lo mismo con discursos diferentes. 



LÓGICA CUÁNTICA EN EL DISCURSO POLÍTICO


El símbolo "falo" para la lógica cuántica representa los imaginarios espacios de poder conque nace el Ser (para defender). La intuición de que "Yo soy importante para el universo es esencial", quien se vuelve ontológico y teleológico con el devenir. Pasar con buenas calificaciones el examen que presupone  el "nombre del padre" (Lacan) representa el grado de adaptación al paradigma cercenante que me impuso el conjunto. 

El significante adaptativo instaura un signo que termina significando la aceptación de mi faltante (sin que se resigne la lucha por ratificar el propio Ser). Y esa lucha in eternum está representada por el deseo inalcanzable


Cuando confluyen adaptación y deseo, se nos aparece la figura fálica vacante, que nos conduce al sentido de pertenencia. Un símbolo de poder que nos conmina a creer en las alianzas. Aceptar la familia, nos tilda de pragmáticos en tanto adaptación, porque es la única manera que encuentra el sujeto para ratificar su Ser en las relaciones del ser (poder). Luego de la familia, vamos conformando sucesivamente nuevos grupos o redes (amigos, clubes, fraternidades, partidos políticos, sindicatos, cofradías, logias, etc).  

Es así como, una bandera roja con una hoz y un martillo significa para un marxista el falo (deseo en tanto voluntad de poder). Simbología que, normalmente se jerarquiza por encima de otros íconos o insignias. 

Los símbolos patrios son el ejemplo más expandido,  pero también se puede proyectar el falo en los colores de una camiseta de fútbol, en un anagrama, en una canción, himno o sonido. Una comida revestida de tipicidad, un atuendo o ropa determinada, un animal, un árbol, una flor (etc). El ser humano es en si mismo verbo de representación simbólica. En medio de todo este desquicio, nos rasgamos las vestiduras exaltando valores de coherencia, racionalidad y realidad. 

Entonces esa polémica entre los que defienden al "Complejo Edípico" con los que sponsorean el "Anti-Edipo", se torna absurda e igominiosa. Porque tanto goce, placer como líbido, encuentran sus fundamentos (más que en lo biológico y natural) en lo simbólico e imaginario que contiene el deseo y nuestra necesidad de ratificarnos Ser. El deseo es el sintón que soporta la estructura de la necesidad de poder en el Ser. 

 

Para que se comprenda mejor éste punto, el Ser no idealiza objetos, idealiza al Ser introyectado en los objetos. Por ende, el "pase" del ser en si al ser para si requiere de una praxis que ponga un Ser de referencia, sin cuya existencia no habría significante político. Para que se verifique un tratamiento de lo real mediante lo simbólico, es menester que el significante "economía política" sea representado por alguien. 

El Ser es único depositario de la fe y la creencia, por ello no votamos por cosas ni adoramos religiones que no estén simbolizadas por un Ser. Dios es ser, el budismo nos dirige a nuestro ser  y el ateísmo es la confirmación racional del ser. En síntesis, no hay ideología, dogma ni creencia sin una praxis, es decir una asociación analogizante entre el deseo y el falo. En toda ideología se halla implícito el Ser como verbo de poder. Yo creo que  ejerzo el poder en el colectivo, cuando me identifico más que en un ideal abstracto, en un grupo de pertenencia (Ser en el conjunto) 

Lo que Deleuze y Guattari denominan "una psiquiatría verdaderamente materialista", rescata el dualista análisis de un Ser en si que se mueve rumbo a un Ser para si, simbolizando la "producción en el deseo" y el "deseo en la producción". Visto de otro modo, nos invita a inferir sobre la existencia de un nuevo elemento instintivo para el capitalismo: "la pulsión materialista". Tratamiento de lo real mediante lo simbólico en donde el Ser es abducido por las categorías de "lo social" y de "lo deseante". 

IDEOLOGÍA SIGLO XXI: UNA RELIGIÓN TÍMIDA 




Retomando el capítulo anterior, quizás debamos confinar al inframundo del paréntesis, al ser histórico y social del marxismo que avanza hacia un destino inexorable, y al psicoanálisis quien auspicia la identificación del sujeto y su fantsama en lo colectivo; porque no existe identificación con ningún tipo de sentido, ni existe un destino histórico para el hombre. 

La historia no se dirige a ningún lado, y si hubiere un lugar, pudiéramos conocerlo y nos dirigiéramos a él no significa que lleguemos alguna vez. Llegar es detenerse. La evolución parece no tener otra misión que moverse, no hay domingo feliz ni lugar de veraneo, tampoco locación donde volver, ni residencia permanente. 
Los intelectuales más serios del siglo XXI, ya murmuran sobre la necesidad de hacer el duelo de esos "determinismos teleológicos en cuanto ideología", en pos de enfrentar esa oquedad resultante, analizar el vacío y redirigir la acción filosofal sobre un territorio más deliberativo y sensato. La estupidización estandarizada del discurso político y la absurda polémica entre capitalismo vs socialismo ha resultado una pérdida de tiempo injustificable. 


Los ideales son un proyecto que se inicia en el seno familiar y que nos condicionan en forma de agujero negro, puesto que, es un espacio del telar que se ubica enfrente de cada significante, de tal manera que, la concentración y el punto focal de la mente se halla condicionada a observar ese punto próximo, sin interés de comparar otras alternativas a la vez. La afirmación es la negación provisional de lo demás, no una sentencia definitiva.

Las percepciones políticas son excedencias que van más allá de las apariencias, aquello que intenta explicar sin explicar las apariencias no perceptuales. Imaginario lugar donde creemos ver "lo puesto" y "lo dado", es decir, convertimos lo invisible en visible mediante el discurso del deseo. Poco importa la realidad, mientras halla muchos como yo que pugnan movidos por la misma  ansiedad de trascendencia. La política es dónde la inmanencia del Yo se consagra en trascendencia, esa abdicación ante el grupo de pertenencia, esa renuncia formal ante el propio individualismo. 

El faltante es la cárcel del fantasma. Pero habremos de distinguir entre la necesidad inmanente del Ser por ratificarse ser en sus relaciones del ser - y - el deseo. Ambos son existenciales, pero mientras que la necesidad se presenta en todos los niveles incluyendo las esencias, el deseo solo subyace en tanto existencia fenoménica. Un cuerpo de materia que necesita de materia para poder vivir. El deseo  en cambio, debe ser asumido no como un suceso o proceso, sino como un estado. El deseo es un estado invariante y permanente mientras el sujeto está con vida.  

 

El lenguaje nos precede, somos arrojados ahí, dasein en tanto ereignis (Heidegger). El significante nace conmigo y lo ejerzo cada vez que soy convocado por el telar. Ante cada apareamiento con el signo me constituyo significante. Un significante que no es único ni permanece estático e inmodificable. 

Porque ese campo funcional del lenguaje o telar, está integrado por el aporte de todos los integrantes del grupo (humanidad desde los mismos orígenes). Con la sola salvedad de que ese lenguaje articula solo lo existente en el mundo de la materia macrodimensional que percibimos (fenomenología). No es esencial e inmanente, es siempre contingente en tanto evolución corpuscular. 

No existe lo que se conoce como "cadena de significantes", lo que existe es una cadena de sujetos, cuyos eslabones pugnan por separarse sin lograrlo jamás. Esa cadena se comporta como un único Sujeto en tanto lenguaje. Es decir que, el lenguaje es como un telar y campo gravitacional constituido por las palabras, los signos, los índices, los códigos y la gnosis en cuanto significado. 

Para la lógica cuántica, el "pensamiento nómada" hace las veces de salvoconducto, aquel que nos permite huir parcialmente e intermitentemente del campo gravitacional del idealismo, ya que, se preserva en la pesquisa neurótica del razonamiento antidogmático. La política es una religión tímida. 

Lenguaje es un término muy poderoso, ya que, no solo nos conduce a la letra, el signo y el sintón que soporta la estructura (material),  sino que, es  quien nos une y asimismo identifica ante el Colectivo Social e Histórico. El complejo edípico de Freud emerge ante el desconocimiento del constituyente esencial de lo humano que, como ya vimos es también determinado por ciertos lenguajes, tal el caso de la "cadena ADN", "genoma humano" o "la cadena mitocondrial" (etc). El sexo también es una forma de comunicarnos.  

Básicamente, todo responde a un lenguaje, la física cuántica, las matemáticas abstractas, las ciencias eidéticas, la música, la informática, los sentimientos, las emociones, etc. Las estructuras no tienen miedo ni sienten deseo, las tiene el Sujeto, entonces quién se está haciendo somos Yo, Tú y Ellos, la Humanidad. El Yo-Sujeto (consciente) lo podemos traducir mentalmente como"Redes". Son muchas las "redes en cuanto relaciones del ser" que confluyen en una sola Gran Red, la Humanidad. La Red es quien representa al cógito del Yo-Sujeto.

Puesto que, la palabra no es el lenguaje de la realidad, es la forma que construyó el alma humana para decirnos ¡Acá estoy, no me olvides! (...) si el universo parece sólido, es porque el alma puesta en la palabra lo preserva unido. Un Sujeto que representa y habla por todos, un Ser que por humano, sin tiempo. 

 

EL ACTO DE FE

El discurso es la patria de la ideología política. Una dimensión que según cada sujeto, se aleja o se acerca de la copia degradada. Los dogmáticos, aquellos que han sido canonizados por el discurso del líder, son quienes se paran más próximo al fuego. En la alegoría de la Caverna de Platón, serían los que más proyectan al estar colindante al fuego, crean un mundo mucho más radicalizado, al dispersar sombras que ocupan toda la pared de la única perspectiva que mantienen. Por consiguiente, sus únicas realidades estarán decodificadas según la pareidolia que visualicen sobre sus propios "fantasmas".  

Explicado con un ejemplo simple: a cualquier persona instruida que le pregunten ¿Cuántos dedos tengo en las manos?, responderá 10 dedos. Pero si acto seguido le preguntan ¿Y en diez manos?, responderá 100 dedos. Cuando bien sabemos que la respuesta correcta es 50. Nuestras percepciones fenomenológicas no atrapan realidades, solo concepciones significantes.  

El discurso político solo se resuelve como un acto de fe, pues no existe manera de verificar lo que nos están diciendo. Cuando en un país, se alteran absolutamente todos los informes estadísticos, contables, notariales y actuarios, uno solo puede opinar desde la creencia. De hecho, ni los mismos funcionarios conocen sobre lo que dicen en sus discursos. 

Si os preguntaran ¿Cuánto has pagado de energía eléctrica , teléfono, gas y expensas estos últimos 10 años? no sabríamos responder con exactitud. Apelaríamos a las carpetas que implementamos para archivar dichas facturas. En caso que tuviéramos la fortuna de no haber extraviado ninguna, sumaríamos para concluir que ese número tampoco refleja algo real ¿Cuál fue la inflación de estos últimos 10 años?, porque de otra manera no estaré más que dando un número que no es traducible a lo monetario ¿En base a qué elegimos en qué inflación creer?

Ahora imaginen que les preguntara eso mismo para los 40 millones de argentinos, donde cada provincia y localidad posee distintos tipos de servicios (gas envasado, gas en garrafas, etc) distintos valores, ajustes, cortes, etc.  ¿Qué me responderían?. Es imposible obviamente, sin embargo eso no es un obstáculo para debatir sobre "modelo" o "proyecto" (hasta sacarle  brillo al ridículo).

Modelo es una palabra que conlleva una noción de intencionalidad, homegeneidad, armonía, nominación, equivalencias, regularidad, identidad, direccionalidad, continuidad, espacialidad y distinción. ¿Cómo habría de existir un modelo nacional si cada provincia mantiene una realidad distinta? ¿Cómo habría de  haber modelo si las decisiones siempre fueron coyunturales, oportunistas y pragmáticas?. 

Porque en rigor, en ningún país del mundo existe el factum de "política de estado" en el lato, solo existen "estados de la política", algo que siempre se mueve, como es lógico, pues el Estado no es algo consustancial, es algo simbólico e imaginario; hay personas detrás de él tomando decisiones, no dioses ni máquinas. Lo único real es el deseo que se expresa en el discurso. Los discursos que piden por más estado, desnudan la presencia de un deseo insatisfecho.  

En cambio la palabra proyecto usada en el discurso político, nos habla de un proceso que nunca define nada. Siempre es algo por venir, una realidad ausente e improbable. Una manifestación esperanzada y optimista sobre algo que no está en el presente, un pasado que ya no es y un futuro que aún no es pero que podría ser. El proyecto es un  significante vacío.  

El Proyecto político es el alma del discurso del deseo. Jamás una realidad. La decisión de creer en la palabra de un dirigente político, nunca es un acto racional, es un acto de fe. La fe tiene la dual potestad de lograr lo mejor de nosotros, también lo peor.

 
  

TEORÍA DEL VENTRÍLOCUO


En la versión activa de la teoría del ventrílocuo, los debates más acalorados, frenéticos y violentos se establecen entre muñecos con formas humanas, que repiten el mismo "acting" de manera mecánica y programática, sin que puedan controlar un ápice de su discurso.  También conocida como "Teoría de Chasman y Chirolita".

En éste escenario los muñecos son clonados y arrojados a las arenas de la política para solo gesticular, repetir y ser la cara visible de una voz que en realidad proviene del líder. Los muñecos carecen de autonomía y mensaje propio, por ende, nadie más confiable y disciplinado que ellos. El discurso del muñeco es el discurso del deseo del ventrílocuo. 


En la versión pasiva, aparecen los que desarrollan un exótico miedo o extraña repulsión a lo que simboliza el muñeco, llamado Automatonofobia. Este miedo puede evidenciarse de diversas maneras; puesto que cada individuo crea un significante divergente según el tipo de deseo esquilado que sostenga su discurso. El miedo al muñeco es subyacente al miedo al ventrílocuo, creando así una suerte de fobia alienante, fundamentalista y verborrágica.  





ESCAPE CON SOSPECHOSA FORMA DE COLOFÓN







A estas alturas, ya estamos en condiciones de distinguir ideologías de dogmas políticos en función del tipo de praxis del discurso que los caracteriza. Pero nos falta una tercer pata, la doctrina política, aquella que nos habla del verbo y la facticidad. Lo que es, escindido del "debe ser". 


La doctrina política nos narra qué hay detrás de los clichés, muletillas y aforismos enlatados, concebidos para encender los corazones de las masas. Frases prefabricadas constitutivas del discurso del deseo pero que, tienen como misión la instauración de mi líder en el poder y a posteriori su perpetuación. 


Los modelos o proyectos  no existen más que como hologramas y fetiches, soportados en lo holístico y estocástico, aquello que es inmanente al deseo del faltante. Pero además, tampoco podemos afirmar que votamos algo definido, porque nuestras demandas no son uniformes ni homogeneas. Y solo confluyen en derredor de un único discurso cuando aparece un líder que ocupa el rol de significante. Algo que fue descrito como nadie por el filósofo argentino Ernesto Laclau y su esposa Chantal Mouffé. 





Laclau describe un sistema donde las personas se agrupan casi naturalmente detrás de reclamos comunes. Por ejemplo los empleados de una fábrica que demandan aumentos salariales, los estudiantes de una universidad que solicitan la baja en los aranceles y/o un boleto de transporte estudiantil subsidiado, los desempleados agrupados más o menos espontáneamente en una agrupación social o "piquetera" que piden por fuentes de trabajo y/o viviendas sociales, etc. Cuando esos reclamos sociales tienden a generalizarse en las masas, se crea un sentimiento de pertenencia comunitarista que empuja hacia una contingente unificación de esas angustias y disconformidades para con el poder. 


Laclau refunda el significante de pueblo, para ubicarlo en la hiancia o hiato que se produce en el significante vacío de esos reclamos que solo habrán de evolucionar y ratificarse si logran asirse de un liderazgo que aúne y defina esas representaciones dentro del orden simbólico del "pueblo" en cuanto estructura del lenguaje (Lacan). 


Con seguridad el punto más álgido y conflictivo de la teoría laclauciana, radica en su inversión del representativismo secular y el tipo de "forclusión" colectivo que plantea. Es decir que, en lugar de aceptar que es el pueblo quién elige al representante de sus reclamos, será el representante (líder o caudillo) quien aclare las nociones de negación, regresión, angustias y deseos de esas equivalencias hasta momentos antes, caóticas y desarticuladas.


El representante (líder) es quién demarca la repartición de las demandas del pueblo y no el pueblo en si mismo. Similar a lo que sostuvo Regis Debray en su "Revolución de la revolución", pero desterrando la idea de revolución armada, ergo cultor de un pacifismo confuso pero detectable. En otras palabras, el discurso del deseo que aunará al "pueblo" será el que el líder disponga. 


Por ende, la más importante función y misión del líder es la de, una vez interpretada la sinergia equivalencial; proceder a unificarlas, nominarlas y empoderarlas detrás de un único discurso político y doctrinario. 



En síntesis, solo el liderazgo puede lograr que la sumatoria de esos reclamos equivalentes se traduzcan correctamente como unánimes y en consecuencia se catapulten como hegemónicos. Como bien dijera Gramsci, para lograr la hegemonía del poder del pueblo, solo hace falta poseer una minoría bien organizada tras un firme liderazgo. 


Ernesto Laclau se inspira en la noción de "significante vacío" en sendos puntos de la teoría lacaniana, la más importante es la que hoy conocemos como "Objeto de a"


Tratando de encontrar la forma más simple de explicarlo en pos de que todos lo entiendan, cuando Laclau pensó las demandas populares recurrentemente insatisfechas por el Poder, imaginó que esa situación guardaba una cierta correspondencia con la abstracción del "objeto del deseo inalcanzable" de Lacan, conocido como "Objeto de a" (también referenciado como objeto metonímico u objeto de la causa del deseo)



Laclau, imagina que esos deseos de reivindicación social, económica y política, luego equivalenciales en tanto pedido de igualdad (como común denominador), se subsumen como un deseo que se inscribe en el orden simbólico del lenguaje, pero que, carece de un objeto predeterminado ergo que sea fijo, nominal y definitivo. El deseo de que el Otro me reconozca y más propiamente que el gobierno me satisfaga se me presenta asintóticamente (psicoanálisis).




Explicado con más amplitud, tal como Lacan, imagina que tal insatisfacción provoca la negación del sujeto (y sus pares) de la representación simbólica del líder o autoridad natural ("nombre del padre") generadora de una ruptura o quiebre con "la ley" (psicoanalítica). En otras palabras, la parábola que traza Laclau para con el inconsciente lacaniano es lacónica y contundente. El "significante vacío" se desarrolló más pormenorizadamente en su libro "Emancipación y diferencia" ("Emancipations" en inglés).



Mucho antes, utilitaristas y descriptivistas del siglo XIX (J. Bentham, J.S. Mill, etc) desde perspectivas diferentes, definirían el "significante descriptivo" (la antítesis del S. Vacío) para promover la praxis política resumida en el aforismo "el mayor bien para el mayor número", constituyentes fundacionales del Estado del Bienestar.


El concepto de discurso tampoco ha sido uniforme ni se ha mantenido estático a través del tiempo. No obstante, para no hacer tan extenso éste capítulo del ensayo, habré de referirme solo al discurso político estudiado y explicado por el gran filósofo austríaco Ludwig Wittgenstein, justamente quien le permite a Laclau imaginar un maquiavélico metamensaje que habrá de caracterizar al populismo hasta nuestros días. 

Porque justamente uno de lo síntomas de los cambios en cuanto discurso político, va a estar de la mano del extravagante despegue que tiene la pragmática en los espacios de la retórica donde su inclusión se convertirá en fundacional, coadyuvando así al desarrollo de la pragmalingüística, la sociolingüística, el análisis del discurso, el análisis conversacional, la etnografía de la comunicación y en especial en la comunicología

Disciplinas de las que hoy se valen los "asesores de campaña" para delinear el tipo de mensaje y estilo discursivo más "recomendable" para los candidatos políticos en acción proselitista (tan de moda en Argentina por estas horas). 


Wittgenstein se consagró en el imaginario portal por donde eclosiona y asimismo fusiona el neopositivismo con la filosofía del lenguaje, que sería una de las fuentes dilectas para la pragmática discursiva, por ende, el "relato" como una forma de juego dialéctico en tanto lenguaje. 

El arte de decir sin decir, algo que Laclau aceptó a regañadientes, es lo que describe mejor que nadie su "significante vacío" desde la praxeología comunicacional. Recordemos que Hegel dijo "debemos conocer lo que vemos más allá de los límites de lo que decimos"




Lo cual refuerza la noción del tipo de discurso descrito por Wittgenstein "el arte de decir sin decir". Herbert Marcuse agregaría a principios de los sesenta "Seamos racionales, pidamos imposibles" que fue la piedra filosofal de los pasionales jóvenes que protagonizaron el Mayo Francés. El significante vacío empieza a despejar así su cabal significado. 

La filosofía de Ernesto Laclau, es muy meritoria pues pasará a la historia como la más ajustada descripción de lo que fue y es el ejercicio del poder en gran parte de Latinoamérica durante la segunda mitad del siglo XX y gran parte del siglo XXI. 

Laclau fue un esmerado observador, y es perceptible en cada enunciado. También es original e imaginativo, ya que apelar al lenguaje psicoanalítico para describir un comportamiento nada definido de los conjuntos gregarios y heterogeneos, es algo que a ni Lacan se le hubiese ocurrido.

Tampoco creo que haya dilemas entre politicólogos a la hora de insinuar que lo más destacable de la Razón Populista sea el rol que le asigna al líder o caudillo, encargado de unificar las demandas equivalenciales, para luego enseñarle a las masas qué es lo que realmente quieren y deben usar para lograr identidad y hegemonía. 

Este tipo de loable guía es útil tanto para caudillos civiles como militares con aspiraciones eternizantes y de norte totalitario, con la suficiente ductibilidad como para adaptarse a modelos económicos neoliberales, desarrollistas, progresistas, neokeynesianos, como también eslabones perdidos. 

Porque a pesar de la confusión en que muchos han incurrido, el Populismo no tiene como misión natural oponerse al neoliberalismo, sino el de anular al Institucionalismo. Algo que el mismo Laclau reconoció en sus últimos seminarios en Chile.




El populismo no está definido naturalmente como de derecha o izquierda, porque tal como se señaló no estamos ante la presencia de una ideología política determinada, sino ante un estilo de construir, acumular y prolongar poder partiendo del aprovechamiento de las demandas heterogeneas de los sectores más insatisfechos, desprotegidos o demandantes.


Es evidente que la doctrina Laclau, más que teoría política o sociológica, se trata de una teoría del ejercicio del poder. Ya que el nodo focal, se soporta en la explicación de cómo aprovechar y consolidar el poder de esos sectores dispersos pero que desde lo político se encuentran unidos bucólicamente por la negatividad hacia un tipo de poder que no satisface sus reclamos y deseos.

En el significante político cohabitan inmanencia y trascendencia, ese signo formado por lo dado que siempre trasunta los propios límites. Insinuación sobre aquel proceso donde deviene la saturación  del fenómeno, la casa del fantasma, la propia fantasía. ¿Qué preguntas hacerse para poder ver el significado y la representación que oculta la metáfora y el enmascaramiento de lo invisible?... Deshacer esa visión mental del percepto que siempre es expandida por la imaginación, como si la fenomenología de lo saturado pudiera explicar la visibilidad de lo invisible, es un verdadero problema.  

Al parecer, el Ser se siente siempre adventicio (un extranjero) ante el conocimiento del ente que lo procura contener sin contener, y aunque muchos prefieren creer que la certidumbre es nuestro norte, y la curiosidad nuestra naturaleza, el Ser siempre se encarga de re-descubrir una cierta adiáfora. Su realidad es puramente interrogativa. Si puede interrogar y dudar, es porque él mismo está siempre en dilema; su ser jamás es dado, sino preguntado, ya que está insistentemente separado de sí mismo por la nada, otredad. El Ser para sí está permanentemente en suspenso puesto que, su Ser es un perpetuo aplazamiento. No existen hechos para la fenomenología, solo interpretaciones. 

Finalmente compulsar proyectos o modelos políticos es un acto ingenuo, porque es imposible saber qué tiene de realidad el signo del significante más allá de lo que exterioriza el faltante. No hay un objeto palpable. Confiar en un político es un acto de fe, es decidir creer en algo que solo está argumentado por el discurso del deseo. Los políticos son mercaderes de ilusiones ¿Cómo se dio el periplo del descuido, por qué llegamos a esto, qué nos llevó a ser así con lo que hicieron de nosotros?...     
l
FIN DE CAPÍTULO


Deshaced este texto,
quitadle los cencerros del subterfugio,
el silogismo, la histeria
y hasta la idea misma
Aventad las letras
y si después de ello aún queda algo
esa..

será tu filosofía


Exclusivo para DIARIO LITERARIO DIGITAL
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+ comentarios + 1 comentarios

Anónimo
domingo, 1 de noviembre de 2015, 20:17:00 GMT-3

buena la réplica al poema de León Felipe:Deshaced ese verso.
Quitadle los caireles de la rima,
el metro, la cadencia
y hasta la idea misma.
Aventad las palabras,
y si después queda algo todavía,
eso
será la poesía.

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