Gaspar Noé: misticismo y provocación (Cine) | DIARIO LITERARIO DIGITAL

Gaspar Noé: misticismo y provocación (Cine)

miércoles, 23 de septiembre de 2015 0 comentarios

   El periplo astral de l'enfant terrible: su nueva provocación                                                      
ENTER THE VOID – Gaspar Noe – 2009 


Escrito por Dr Gustavo Duek 
 Exclusivo para Diario Literario Digital




  “Life after life”, un libro de Raymond Moody, relata experiencias de cierta gente que regresa a la vida tras la muerte. Junto con el “Libro Tibetano de la vida y de la Muerte” y la experiencia de Gaspar Noé con el DMT,  “Enter the void” promete, ya desde sus influencias, una experiencia al menos novedosa.

  “…Oh! amigo, escucha con atención:Los síntomas corporales que tú estás sintiendo no son efecto químico. Ellos indican que tú estás luchando contra el conocimiento de sentimientos que sobrepasan tu experiencia normal. Tú no puedes controlar estas ondas universales de energía. Deja que los sentimientos se fundan todos sobre ti. Hazte parte de ellos…” (The Tibetan Book of the Dead)


 


Con amor y sordidez

La premisa argumental es simple: Oscar, un yonki devenido en dealer y su hermana Linda, empleada en un cabaret, habían jurado no separarse jamás desde un accidente fatal en el que fallecen sus padres. Pero en una fallida entrega, una trampa, Oscar es asesinado. Su alma (su espíritu, un omnisciente plano subjetivo de mirada profunda) permanece flotando definitivamente entre los neones de la ciudad, como testigo invisible de todo cuanto de allí en más sucederá en el film.
Esta obra maestra de Gaspar Noé es, esta vez, un viaje alucinógeno de tres horas, plagado de recursos visuales de una estética fascinante: la historia de ese viaje definitivo.
Camino de “The Void”, en donde tendrá lugar “la entrega”, su amigo Alex le resume el contenido de “El libro de los muertos” que Oscar no ha llegado a leer, y esto será todo cuanto Oscar escuchará antes de morir asesinado: 
“Aguarda hasta tu muerte, será tu mejor vuelo. Cuando mueres, tu espíritu abandona tu cuerpo y puedes ver tu vida entera como reflejada en un espejo mágico, entonces comienzas a flotar y puedes ver todo lo que pasa a tu alrededor, puedes oírlo todo pero no puedes comunicarte. Luego ves luces de varios colores que son portales hacia otra dimensión. Pero a la mayoría de la gente le gusta tanto este mundo que no desean ser  transportados, y entonces todo el asunto se convierte en un alocado viaje de pesadillas, locura, miedos (a tal punto que desearías no haberte muerto) y el único modo de superarlo es a través de la reencarnación. Allí aparecen nuevas luces que representan a todas las parejas haciendo el amor. Una luz surge de sus vientres y si te acercas lo suficiente, te ofrece una visión de tus probables vidas futuras…y tú elijes una vida que te resulte cómoda.
Fin de la historia”. 



Según el físico Greggory Hammond, existe una dilación relativista del tiempo a último minuto que provee “una vida después de la muerte” que en realidad ocurre microsegundos antes de la muerte, y por su enorme dilación temporal parece ocurrir después de la muerte. 
La película de Gaspar Noé discurre en ese instante, por ese corredor iluminado por luz divina, en cuyos márgenes aguarda la oscuridad súbita y el resplandor primordial; como estación última (y primigenia a la vez) de un plan ya inscrito en la trama universal. El director confesó en su momento su interés por las experiencias alucinógenas promovidas por el DMT, que es producida en pequeñas cantidades por humanos y mamíferos. Se sabe que participa en los efectos visuales del sueño natural e incluso en las experiencias cercanas a la muerte.
El investigador médico J. C. Callaway, sugirió en 1988 que el DMT puede estar relacionado con el fenómeno del sueño visual, donde sus niveles en el cerebro son periódicamente aumentados para inducir alucinaciones oníricas visuales y posiblemente otros estados naturales de conciencia.

   La cámara y la subjetividad en estado puro


 

En un principio situada detrás de Oscar, y luego de su muerte como alma flotante omnisciente, la cámara subjetiva incomoda e inquieta desde el comienzo con parpadeos y travellings entre locaciones disfusas. Es un recurso deudor de “Strange Days”, de Kathryn Bigelow y de “Lady in the Lake” de Robert Montgomery (mucho más atrás en el tiempo, y quizás por primera vez en 1947).
La cámara, la ilusión de su perspectiva, es la protagonista estelar del viaje, narrado mediante largos planos-secuencia hipnóticos que no eluden su ya característico registro explícito. El plano del feto y el del accidente aquí, la violación en tiempo real de “Irreversible” y la sangrienta secuencia final de “Sólo contra todos” (en la que el director nos prevenía con un anuncio y nos daba treinta segundos, con el reloj en marcha en tiempo real, para abandonar la sala) llevan el sello de Gaspar Noé.
De manera que ese viaje espiritual post mortem es vivenciado por una cámara (el protagonista a través de ella) que se sumerge hasta atravesar el vacío de cada espacio, de cada locación, para invitar al espectador a experimentar una suerte de mixtura de realidad-sueño-ficción.
La excursión astral que sobrevuela la Tokyo centelleante pareciera disolver los límites entre la subjetividad del protagonista y de quien observa, generando una experiencia que sólo funciona compartida en ese marco perfecto de ambigüedad.
Cíclicamente, la imagen subjetiva emerge, tras largos minutos de alucinación, cambiando de escenarios a través constantes travellings cenitales. La narración encuentra un marco propicio, una enigmática placidez, para exhibir lo que tiene de esencial.

Intercala evocaciones al pasado de Oscar que permiten reconstruir, desde la infancia, una relación muy particular entre los hermanos, cuyo punto de partida es el juramento de sangre tras el accidente en el que mueren sus padres. Y es a partir de esa relación narrada en retrospectiva donde el film se abre y despliega un muy amplio abanico de emociones: una narración que pendula vertiginosamente entre la ternura y la brutalidad, entre el furor y la paz. 



“…Estudiar un fotograma de un film supone una detención del flujo de fotogramas que estructuran un discurso fílmico para estudiar, o bien su linealidad o su elasticidad, es decir, el estudio de ese segmento de texto como un topic…” (Lorenzo Vilches – 1984) 
Noé tiene una especial cualidad para articular paroxísticamente la fascinación y la repulsión en su discurso narrativo, podría decirse, una de sus marcas registradas.
Las virtudes del relato no dependen tanto del desarrollo de la narración sino más bien de sus momentos de introspección, de ciertos “tiempos muertos” donde el tiempo pareciera detenerse, en coincidencia con las experiencias alucinógenas del protagonista (el “topic” de Noé). 
Es allí donde se evidencia la exquisita sensibilidad del director para traducir en imágenes la experiencia del viaje sin quedar atrapado en las pequeñas narraciones virtuales en suspensión.
Es allí donde alcanza el corazón mismo de la originalidad poética, en un discurso visual (fotograma a fotograma a tiempo detenido) que no podría se de otro autor. 

Sentirse esencia en la soledad caótica del Cosmos

“...El Alma es el primer momento del espíritu subjetivo, que luego se torna conciencia. Aunque siente no conoce y se desdobla para llegar a la autoconciencia universal (conocimiento perfecto, absoluto)”(G.W.F.Hegel)

 

En “Enter the Void” hay una tácita reflexión sobre la identidad personal, sobre sus posibilidades de representación, sobre la subjetividad. Desde este punto de vista la película se entrama con una construcción ontológica muy particular: la de una subjetividad totalizante universal, un alma flotante como una esencia suprasensible y trascendental.
Somos Oscar, somos Oscar flotando sobre la superficie de su propia vida, somos su muerte y luego una entidad extracorpórea que lo sobrevive, su poder extrasensorial. Somos el viaje, y además de ver lo sabemos todo, aunque ya no podamos intervenir. Somos un envoltorio transparente, ligero y contingente de una porción cósmica que nos constituye y nos desintegra a la vez.  
Más allá de cualquier análisis, Gaspar se ocupó debidamente en restringir nuestras expectativas en una entrevista cercana al estreno: 

“…Para mí es la historia de alguien que está agonizando y que se hace una película de que él sobrevive y flota. Pero al mismo tiempo te das cuenta de que él no esta sobrevolando la auténtica ciudad de Tokio, sino sobre las maquetas de su amigo; todo se mezcla, y hacia el final descubrís que el personaje está soñando algo pero no sabes si se va a despertar o no. Yo dejé el final abierto, no quería que fuera obvio que era un sueño. Muchos creen que al final el personaje se reencarna…y no olviden que hago películas porque nunca fui al psicoanalista…"

 El cine como epifanía 

"…Las alucinaciones que puedes experimentar ahora, las visiones e introspecciones te enseñarán mucho sobre ti mismo y el mundo.El velo de la rutinaria percepción será cambiado en tus ojos…” (T.B.D)


La singularidad de esta obra está subrayada por la puesta en escena de una experiencia lisérgica llevada al extremo. Así, en su discurrir, la arquitectura narrativa de la película abre caminos hacia una diferente percepción de la realidad, explorando y expandiendo todas las posibilidades del lenguaje cinematográfico.
Quizás su gran logro consista en la perfecta sincronía con la que Noé articula su propuesta estético-temática mediante idas y vueltas en el tiempo sobre un marco difuso, caótico, irreal: escenarios con fronteras imprecisas, colores que saturan, planos parpadeantes, contornos que apenas se atisban, imágenes disueltas devoradas por la luz, siluetas borroneadas bajo el denso resplandor neónico de Tokyo. Así narrada, la experiencia lisérgica deviene metáfora del caos azaroso del Cosmos. 

Monsieur le provocateur l’a fait à Nouveau 





“…Una obra de arte moderna, es “incomprensible” por definición, funciona como un shock, como la irrupción de un trauma que socava la complacencia de nuestra rutina cotidiana y se resiste a la integración en el universo simbólico de la ideología prevaleciente; después de este primer encuentro, la interpretación entra en escena y nos permite integrar ese shock: digamos que nos informa que ese trauma registra y señala la depravación chocante de nuestras vidas cotidianas muy “normales. En ese sentido, la interpretación es el momento decisivo del acto de la recepción…” (Slavoj Zizek) 

En aquella entrevista cercana a su estreno en Cannes, el director lamentaba el hecho de haber rodado la película en 2009, año clave en el viraje hacia el 3D (inimaginable el efecto de la subjetiva en sus manos y en 3D). Pero, se sabe, al margen de la industria es imposible conseguir financiamiento para un proyecto tan ambicioso y poco comercial como este.
 Este año en Cannes, en una repleta sala para dos mil trescientos espectadores (y con doscientos fuera) se estrenó su nueva provocación: “Love”, 2015, la historia de amor de una pareja narrada sin escamotear una sola escena de sexo explícito.El regalo de Gaspar a la multitud congregada fue una eyaculación direccionada hacia la cámara, hecho que, en una proyección en 3D, supuso un baño de esperma sobre las cabezas de los espectadores...

 

Gaspar Noé ha sabido posicionarse de manera radical frente a las convenciones del género (frente a cualquier convención), y ese deseo irreprimible de originalidad, de desafío al consenso, ha puesto en duda su honestidad intelectual frente a la crítica, que si bien, en general, ha reconocido las virtudes técnicas de sus films, no le ha perdonado la violencia explícita y su constante pose snob frente a la industria.
La gran pregunta con cada nueva obra suya (podríamos preguntarnos lo mismo con cada nuevo libro de Michel Houellebecq o con cada nueva obra de Lars Von Trier) es si subyace una obra valiosa a la provocación, o si la provocación lo es todo y la obra es una mera excusa, una excusa útil. Ambos autores dividen aguas a este respecto, pero la realidad objetiva se encuentra plasmada en sus obras. 



Esto comentaba Gaspar al momento del estreno de Irreversible: 

 " …está pensada para shockear, pero no es más violenta ni obscena que las imágenes que se ven todos los días en el noticiero de la noche. Probablemente no encaje dentro de los lineamientos tranquilizadores de la dictadura de la corrección política y esté más cercana al cine de explotación de los años 70, pero me parece que mucha gente que me detesta aprovechó para montarse en el escándalo y denostar la película injustamente, sin argumentos sólidos…"  

Están aquellos que exaltan este costado del realizador y prefieren llamar “provocación” a la incomodidad de aceptar como propio el reflejo de su registro explícito que devuelven violentamente estas obras.Y por otro lado los que lo colocan como uno de los pocos cineastas en la actualidad que  pretenden recrear impresiones con imágenes, ir mucho más allá del guión (aunque sin llegar del todo al ideal de Peter Greenaway, aquello del cine basado en la imagen de manera excluyente).
Estos últimos prefieren ver en Noé a un raro exponente de cine “impresionista”, un continuador tardío de la vanguardia francesa de entre guerras como Louis Delluc, Abel Gance, entre otros).
“Enter the Void” puede verse como una película en la que la forma se devora el contenido en su excesiva dispersión.O como una película sutil, emotiva…poética. 

La ilusión del tránsito perpetuo





Sabe lo que quiere y dónde desea ir. Y sin embargo parece pensativo, perdido en algún sueño nostálgico.
A pesar de su omnipotencia, parece vulnerable, o mejor, su mirada velada quizás haya percibido a lo lejos algún peligro, cuyo control él no posee. Ese aire extrañamente presente, como exiliado ya de su presencia, corroído en su misma presencia por una visión, un presentimiento de una ausencia desconocida y urgente, atestigua una herida secreta que sorbe sus fuerzas, debilita su sangre y corrompe su poderío.
No hay nada en esa silueta, su postura o su porte que revele debilidad. Y, sin embargo, ese modo que tiene de fijar la vista en la lejanía, en un más allá indiscernible pero que él ha reconocido, denota en él algo semejante a un resquebrajamiento irremediable.
Su presencia no se ha desvanecido sino que permanece, a partir de ese momento y para siempre, en suspenso. 
Entrar en la conciencia clara. 
Es un momento de clausura e inaugural a la vez. La fuerza está viva pero inmersa ya en esa última instancia sin nombre. La convincente solidez del cuerpo es una mera ilusión. Como un deambular por los márgenes del sentido, como una consumación cuyas implicancias aún se desconocen. Se vislumbra el nacimiento de una nueva ausencia y la ilusión de una nueva vida.



 “…Tu propia consciencia, brillando, vacía e inseparable. No-pensamiento, no-visión, no-color, es vacío…”
“…Mira fijamente y te darás cuenta del baile eléctrico de la energía.Ya no hay cosas ni personas sino solo el movimiento directo de partículas…”
“…Todas las substancias son parte de mi propia consciencia.Esta consciencia es vacía, increada, y no cesante,Meditando así,Deja descansar la mente en el increado estadoComo el llover de agua sobre agua…” (T.B.D) 

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