Nueva Teoría del Poder unificada (Filosofía y Sociología) | DIARIO LITERARIO DIGITAL

Nueva Teoría del Poder unificada (Filosofía y Sociología)

lunes, 10 de agosto de 2015 0 comentarios

"La lucha por el poder, se sostiene en la esencia de las relaciones del ser"



Escrito por Lic Ramón D. Peralta

Exclusivo para Diario Literario Digital


EJERCICIO FILOSÓFICO: Sexta parte

Serie de ensayos: El Ser en las relaciones del ser

CAPÍTULO ANTERIOR SOLIPSISMO SIGLO XXI, UN PROBLEMA DE CONCIENCIA

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INTRODUCCIÓN

Tanto la Teoría de Sistemas Sociales de Luhmann, como la Teoría de Poder de Foucault, se caracterizan por ser generosamente extensas, intrincadas, profundas y quizás algo contradictorias, lo cual las hace doblemente interesantes. En el capítulo segundo, titulado LA ESTRUCTURA HA MUERTO, dijimos que el Yo sujeto se encontraba en la "Red", y a lo largo de ésta serie de Ensayos venimos dándole vida a la idea de que "Hablar del poder es preguntarse por el Ser", o visto desde otro ángulo, lo que destaca al Ser de las cosas, es esa esencial lucha por ratificarse Ser. 

El Ser en cuanto ser, se hace a la vez que es hecho, en esa lucha por Ser ergo Poder. El Ser Humano es en si mismo poder y voluntad esencial de lucha. Pero no hay originalidad en esta formulación, ya que el primero en teorizar sobre un Ser en cuanto lucha por el Poder, fue Heráclito y algo más tímidamente Parménides.   

Tanto Niklas Luhmann como Michel Foucault, parten del concepto de "comunicación" entre individuos, como nexo operativo en las relaciones del Ser. De entrada diré que, tal como en lo particular me gusta o tolero de la filosofía, estos pensadores formulan preguntas y descripciones desde la observación, sin pretender colocar sentencias ni utopías en el vacío que se descubre, quizás porque como pocos, entendieron que dichos problemas no se resuelven colocando más ideología o "sueños imposibles" en su lugar. Cosa que muchos parecen haberse acostumbrado a pedir y bosquejar, especialmente entre los neomarxistas y neoliberales.  

La teoría de sistemas de Luhmann, plantea tres niveles de presentación. La operativa, que nos habla de la arquitectura e ingeniería de la Teoría de Sistemas, es decir, cómo está construida y organizada. Un segundo nivel, que es aquella que nos habla sobre la teoría de la sociedad propiamente dicha, y un tercer nivel político-normativo.  



Pero que al igual que Foucault, no se vende como teoría determinista, sino como reflexiva, ergo una caja de herramientas donde, con paciencia y atención, siempre podemos encontrar un instrumental que nos aliente a salir del paso airosamente. 

    

PUNTOS EN COMÚN ENTRE LUHMANN Y FOUCAULT

Hay muchos puntos que hacen comunión entre lo enunciado por Foucault con lo pergeñado por Luhmann. El primero partiendo de la filosofía y la psicología, y el segundo, desde la sociología y el derecho; arriban a un mismo puerto. No obstante, es menester aclarar que, ambos trabajaron desde el antidogmatismo y el sincretismo científico y filosófico. De éste emulo de "unificación", intentaré sintetizar los tópicos más sobresalientes y gravitatorios de esta Nueva Teoría del Poder.

Cuando uno reúne la Teoría de Foucault con la de Luhmann, se obtiene con cierta naturalidad una guía epistémica, ontológica, teleológica y metafísica que explican cómo funcionan las micro-redes y subsistemas partiendo de la crueldad que nos invade cuando asumimos que la lucha por el Ser, el Poder, está inmortalizado en nuestra condición esencialmente humana. Lo cual desde el inicio, nos anticipa que no hay soluciones utópicas, ideales y esquemáticas a esa condición supraestructural. 




Tanto en el sentido Luhmaniano como en el Foucaultiano, quién comienza la comunicación no es el ego (el Yo sujeto), sino el "alter", lo cual guarda inequívoca correspondencia con la teoría Lacaniana (El que habla es el Otro).  

Concebidos imaginariamente dos sistemas sociales, funcionales y de interacción cualesquiera (usted elija el que prefiera) - yo me tomaré del primigenio -, dos personas: Tú y Yo. Todos están enfrentados por el principio de "doble contingencia" (Parsons). Explicado de otra manera, Tú y Yo nos encontramos en la plaza que queda enfrente de mi departamento, conoces mi fisonomía por fotografía y yo la tuya. Lo primero que haré es saludarte, y Tú haréis lo mismo. 

De no haber contacto contigo, no habría de iniciarse comunicación o charla alguna. Todo comienza a partir que aparece un Otro en nuestro camino, y es justamente el lenguaje el primer vínculo de tensión en las relaciones del ser. Toda conversación lleva implícita una lucha entre los Sujetos (ego y alter o Yo y Tú), que puede resolverse mediante la síntesis, un estado de singularidad o una disputa que quedará abierta (tendientes a tener diferentes grados de violencia)... 

La doble contingencia, solo se da cuando se comunican dos "Sujetos" (Ser en el Yo sujeto). Ambos poseen atributos, capacidades, dones y características similarmente identitarias, ambos son seres que luchan por ratificarse Ser. Ambos sujetos, lucharan por imponerse Ser ante el otro Ser, y la pesquisa de ese posicionamiento, aunque inconsciente, se resolverá tal como lo describiera Kojéve en una abstracta e inasible paradoja de "amo y esclavo". 




Sin importar quién se siente amo y esclavo finalizada ésta, porque de hecho, las dudas, vacíos y vacantes, es lo que suele generar nuevos y deseados encuentros. Un ejemplo claro de ello, se puede visualizar mentalmente en aquellas citas primerizas entre un varón y una mujer que, atraídos, se comunican por primera vez. La conquista mutua, es una sensación  del ego, y la dimensión de amo y esclavo se da porque existe un alter. Pensar las relaciones del ser, es analizar las relaciones en cuanto "poder". Amamos para poseer al Otro y negar todo tipo de posesión del Yo en simultáneo.

A diferencia de la retrospección introspectiva, en donde uno a veces no puede optar con qué dramatizar su propio presente, en las relaciones del Ser, el Ego siempre elije qué decir en función del tipo de Otro que tiene enfrente. Justamente por ello es que, se infiere que todo sistema humano es fundamentalmente funcional.

Esa selección de la información que utilizo, y las artes que la definan en cuanto eficiencia comunicacional es lo que Luhmann denomina "conducta de notificación". Para Foucault, la semántica explicativa de esa conducta, se halla contenida en la "estructura" que nos contiene, formó y domina.

Esa estructura, se me manifiesta mediante el lenguaje que me caracteriza, ergo todo aquello que me hizo y que me obliga a pensar ¿Qué haré con lo que hicieron de mi?, o bien ¿Cómo defenderme ante el Otro con lo que hicieron de mi?.  Y esa operación solo nace cuando me encuentro con Alter, luego la Estructura. Porque el Yo Sujeto y el Alter, son en si mismo el Ser  Sujeto en tanto Red (Estructura). 

Es imprescindible asumir que, en estas relaciones del ser, Ego y Alter, para que se confirmen en cuanto Estructura, deben inscribirse en operaciones de la conciencia, puesto que, todo lo demás pasa a sumergirse automáticamente en territorios de  lo inconsciente, que si bien, se puede mostrar en forma de lapsus, acto fallido o exabrupto, no lo será como acto deseado, controlado y voluntario (a priori). 

En síntesis, toda elección del lenguaje no es consciente de la defensa y lucha del propio Ser, pero si se evidencia a nivel inconsciente. Nadie inicia una comunicación con el fin reconocido de luchar, solo de imponerse en cuanto Ser, asumiendo que se posee el derecho natural para ello. Incluso aceptar en silencio la palabra soberana de un Otro más poderoso desde lo formal, no significa que nos hayamos rendido o sometido. El que calla no otorga nada en absoluto.




En los sistemas más complejos, por ejemplo, en un estado republicano, se establecen dentro de su orgánica funcional y operativa, áreas específicas encargadas de especializarse en esas "conductas de notificación". Nada más ilustrativo que las acciones procesales estandarizadas en el Poder Judicial, quien hace de la conducta de notificación, su más férrea y distintiva herramienta de coerción, presión y sanción. El añejo aforismo empleado en el argot "Hecha la ley, hecha la trampa" es el mejor resumen de esa "resistencia al poder" teorizada por Foucault. 

Para despejar algo de hermenéutica, cuando hablamos de que, nuestras relaciones del ser son el resultado de una consecución ininterrumpida de "dobles contingencias", estamos decodificando la noción de que todo acto humano genera una reacción en el Otro, que derivan en nuevos actos y acciones. 

Esas contingencias del Yo y el Otro o el Ego y Alter, según se trate de Luhmann o Foucault, es lo que explica por qué los sistemas teorizados desde el positivismo jamás han podido dar respuestas sensatas,  coherentes y eficaces a los problemas sociales y económicos. 

De hecho, nada más ilustrativo de las fallas que vemos en los sistemas deterministas, verificacionistas, mecaniscistas, falsacionistas y estocásticos de la Economía como supuesta ciencia que; las consecuencias arrojadas por el principio de doble contingencia. Pues toda contingencia significa que el Ser en cuanto relaciones del ser, puede actuar decidiendo o no decidiendo, y tampoco hay parámetro o programación que lo lleve a decidir acorde a modelo predeterminado alguno. 


En otras palabras, la contingencia es contingente de si mismo, y eso significa que de la praxis generada en el encuentro del Ego con Alter, se pueden dar tal o cual resultado, muchos resultados en simultáneo o ninguno. Puesto que la indiferencia también es algo que el Ser sabe manejar. El ser humano no funciona como una computadora, y por ello, quizás la economía, la sociología y la ciencia política se merezcan otra oportunidad. 


El Yo o Ego, ante la acción de "notificación" del Otro, el Tú o Alter, lo que hace es confirmar su "diferenciación", siendo indistinto que acepte y rechace el mensaje y la postura del Otro, puesto que incluso el acuerdo, lleva implícito una lozana "diferencia" entre uno y otro. De hecho, necesitamos de esa diferenciación para refrendar nuestro Ser en tanto relaciones del ser. 


Tampoco significa que, cuando hay acuerdo haya uno que piense por los dos, sino que, la diferenciación del Ego con Alter, se sintetizan en la convalidación de una misma idea. Porque aceptar una misma idea, no significa una renuncia a la lucha por prevalecer en cuanto Ser Sujeto. La perpetua aspiración inmanente de posesión dominial de la verdad, no es óbice de que una misma idea provea de una sensación y creencia de titularidad compartida de esa verdad. En estos casos de doble contingencia, se evidencia una cierta "duplicación" del mensaje, jamás una renuncia a la condición de Ser en la lucha.


 

Todo aquello que se pierde en el mal uso de la comunicación, dicta la condición de posibilidad del lenguaje. Y puesto que la palabra no es el lenguaje de la realidad, es la forma que adquirió el alma humana, para decirnos aquí estoy, no me olvides; "Yo soy, estoy aquí, no soy una cosa y lucharé siempre por Ser Sujeto".


Esta falta de unidad en la comunicación sumada a esa lucha intrínseca al Ser Sujeto es lo que provoca un aporético, hesitado y extático desplazamiento de la comprensión y el entendimiento. No habrá de sorprendernos entonces que, la primer reacción refleja de todo Ego sea refutar, contradecir, confrontar, negar y despreciar lo dicho por Alter, incluso antes de haber entendido el mensaje y el significante, porque antes que la idea, prima la lucha del Ser por ratificarse ser. Eso explica en gran medida, el porqué perdemos tanto tiempo en debates que nacen póstumos o discusiones que iniciaron acordadas.


Todos los conflictos sociales que surgen en los sistemas sociales y funcionales más complejos, suelen estar soportados en estas deficiencias e incompletitud del lenguaje y/o entidades comunicionales. Podemos citar el caso de Charlie Hebdo como ejemplo. Lo que para algunos franceses era un chiste o humor gráfico, para algunos fundamentalistas del Islam resultó una imperdonable ofensa a su religión. 

No obstante, las reacciones de los sistemas funcionales que los contienen, suelen producir contingencias que generan conflictos mayores, hasta llegar al inicio de guerras armadas entre Estados, o lo que peor, entre Grupos Geo-estratéticos. En definitiva, todo mensaje por inocuo que parezca, lleva consigo la semilla del conflicto, fantasma que aflora rápidamente cuando el desplazamiento se entiende como una afrenta al Ego o Yo Sujeto. 




Y eso sucede, porque antes que la comunicación, la idea o la estructura, prevalece ante todo, la natural condición de Ser en la lucha por ratificarse Ser. Las relaciones del ser son por esencia el cable conductor del conflicto y la disputa, siendo el mensaje la energía que los mueve. Los desplazamientos no se dan solo por culpa del emisor (Alter), sino por obra de la condición natural de lucha del Ser ante una errónea, débil o tendenciosa interpretación del Ego (receptor). 


Tanto Luhmann como Foucault, nos insinúan que toda comunicación eficiente es improbable. Las sociedades al cabo de su evolución, han desarrollado distintos métodos probabilísticos tendientes a explicar lo improbable que tiene lo imposible de la comunicación plena y de bulto. 


Los mecanismos culturales, los mecanismos del lenguaje, los mecanismos de los medios de comunicación y los mecanismos esenciales del hombre, se encuentran condicionados por esa natural lucha del Ser por preservarse Ser, que lo llevan a atacar y defenderse de manera desquiciante y alienable. Las computadoras, sabiendo o no sabiendo lo mismo, no se pelean ni discuten.                 


La improbabilidad fundacional de la comunicación, parte de asumir que toda selección del mensaje ergo el significante, no se hace sobre la base de un mero proyecto de intercambio de información, sino que, en el fondo prevalece la pulsión de vida y muerte, que en resumen, es esencia de lucha del Ser en cuanto relaciones del ser.  Los sistema no excluyen, los que nos excluimos somos nosotros.   



     
En otras palabras nos dice que "donde hay poder, hay resistencia al poder, y siempre que en esa lucha haya un nuevo ganador, el poder solo cambiará de manos sin que se altere el natural escalonamiento estructural que ubica al empoderado o poderoso por encima del cedente o sometido. 

El sometido que se revela contra el poder y vence, automáticamente pasa a ejercer el poder con la misma impostura e impronta relativa del Otro que antiguamente lo sometía. No hay manera de evitar los liderazgos, y obviamente los gobernados. Las magnitudes de tiranía o sometimiento, no menguan ni alteran las inmanentes relaciones del ser. 

Solo a modo de mención, las refutaciones que por ejemplo sufrió la teoría de Luhmann en manos de Habermas, como de las que fue víctima Foucault por sus colegas y coetáneos, siempre estuvieron contaminadas de dogmatismo político y sus torpezas doctrinarias. Todo lo que atente contra la hegemonía del liberalismo, del socialismo y/o del progresismo populista, será metódicamente atacado por los "intelectuales dogmáticos y sus hipnotizadas masas de autómatas". 

Curiosamente, Luhmann y Foucault, fueron acusados en su momento de "conservadores", y solo por describir cómo funcionan las organizaciones sociales y políticas de base. El mayor pecado de estos dos grandes pensadores del siglo XX, es no postular soluciones estancas, herméticas y cerradas, propio de las escuelas dogmáticas dominantes. Los socialistas, comunistas y populistas, siguen sosteniendo la lucha de clases que nunca pudo resolver nada en la práctica porque al poder volteado o relevado le ha seguido otro poder igual o aún más despótico que el anterior, so una especie de ciclo in eternum ergo uróboros (ciclo que muerde su propia cola). 

Por su lado, los liberales republicanos, imitan a los anteriores, sosteniendo que solo la democracia procura una distribución armoniosa del poder entre los ciudadanos, intentando naturalizar en el voto la idea de "libre elección". Cosa que en la práctica, jamás hemos visto, ya que, votar no significa elegir. Jamás podemos elegir los candidatos,  y siempre son las mismas estructuras de poder quienes ponen los relevos. 


 

Pero tampoco, esa democracia mitiga siquiera en un poco, las relaciones del ser, donde unos pocos asumen el rol de poderoso y líder, mientras las masas o pueblo pervive en la resignación al sometimiento. De hecho, hoy se comprueba que existen Factores de Poder que obran tras las sombras y por encima del poder formal o político, que se mantiene inalterable en cuanto status quo. Me refiero al poder económico, y más que éste, al financiero. Esto para occidente, mientras en gran parte de oriente, aún sigue condicionando el poder religioso, tal el caso del mundo islámico. 

En palabras simples y diáfanas, el dogma capitalista y liberal ni el dogma socialista e igualitario, han resuelto las relaciones de poder en cuanto relaciones del ser. Nunca hubo una "tiranía del pueblo" ni nada que se le parezca. Claro que si se ha logrado cargar de abstracciones y representaciones imaginarias y simbólicas determinados tipos de discursos y líderes, pero eso no ha modificado en nada la realidad. Las evidencias son mimesis de su mejor lenguaje. 


Por ende, el mayor pecado de Luhmann y Foucault es haber violado el Positivismo Lógico como tradición, para concluir que el hecho de que las relaciones del ser  insinúen una preclara naturaleza o esencia, no es argumento  que nos permita arriesgar solución alguna a un problema que resulta nítidamente aporético. Sencillamente porque el Ser en cuanto relaciones del ser, nunca dejará de luchar por preservar su condición de Sujeto inmerso en una Red que tiende, desde que nace, a limitarlo y encarcelarlo. 

No hay soluciones ideales, absolutas ni doctrinarias a las relaciones del ser en cuanto poder, por ser una de las más fundacionales paradojas. Para lograr el Poder Absoluto, no se puede prescindir del conocimiento del Ser (Yo Sujeto), y como ya dijimos anteriormente, conocer al Yo Sujeto significa objetivizarlo, transformarlo en una cosa, es decir, derogar de plano y de bulto la condición esencial del Ser. 

Entonces, dado que el conocimiento absoluto del Ser es imposible, y que desterrar la esencial voluntad de lucha del Ser por preservarse Ser (ergo ratificar permanentemente su identidad de Sujeto) se mantienen vigentes e inalterables; toda relación del ser resultante, devendrá en una omnímoda lucha por el poder.

Siempre que existan dos sujetos en el mundo, habrá lucha por el poder en tanto relaciones del ser. Incluso la  inexistencia de la figura clásica y/o progresista del Estado, no ejercería influencia alguna sobre las relaciones del ser, ni las modificaría, en cuanto lucha por el poder (valga la redundancia). 



Por consiguiente, las acusaciones de "conservadurismo" hechas por Habermas sobre la teoría de Luhmann, solo son tolerables por el hecho de saber que son fruto del dogmatismo político que lo sujetaba. De hecho, luego de mas de 100 años de vida del ideario socialista, nada más conservador, ceñido y explícito en cuanto subterfugio del poder que el marxismo. Y al capitalismo liberal, solo le llamaremos el "Gran Simulador" (para evitar la peyorativa "gran estafa").  

Claro que, la mera noción de tiranía del pueblo, también es algo que asusta, viendo las atrocidades que fueron capaces de realizar las turbas populares y revolucionarias en antaño. Si bien existen culturas más permeables a la resignación o aceptación de poderes con afán totalitaristas o autoritaristas, la acumulación de tensiones en las masas sometidas durante un prolongado período de tiempo, parecen guardar cierta proporción con la violencia de los estallidos sociales y políticos que emergen cuando se revelan contra el poder, sea del tipo que fuere. Ningún Poder duró más que el agotamiento. 

Pero los alcances de la metafísica del lenguaje, ergo el tipo de semántica en tanto noción de Poder que emplean Foucault y Luhmann, se expanden hasta trascender el horizonte de lo predicativo. Es decir que, trasuntan los límites teoréticos y empíricos de la ciencia política, para tomarse del Ser Humano como unidad primigenia de los sistemas y redes de poder en tanto esencia. 

En otras palabras, y si bien será tratado más a fondo en capítulos sucesivos, el Ser o Yo Sujeto, nace asediado por estructuras del poder que lo cercenan, limitan y condicionan. Antes del advenimiento de la conciencia humana (cógito cartesiano), el bebé recién nacido comienza sus relaciones del ser con la teta de su madre, quién será su primer Gran Otro, y también su primer Gran Poder.  Luego el "Nombre del Padre" jugará un rol preponderante en su formación y modelación. 



La Escuela, el Club, los amigos y compañeros, la Universidad y sus Grupos de Pertenencia, continuarán marcándole el camino que lo conduce a los sistemas y micro-redes que ejercerán diversos tipos de poder sobre su cuerpo, alma y espíritu. Cuando se llega a militar en alguna agrupación político-estudiantil, o se comienza a votar, la conciencia sobre los significados y significantes del Poder van adquiriendo cotas de naturalismo, misticismo, idealismo y doctrina de fuertes anclajes  o heurística.  

Es imperativo en la conciencia humana, cierta dosis de irrealismo o abstracción, pues la mera reflexión sobre el trasfondo de que todo Poder en cuanto relaciones del ser, conlleva como contingencia la resistencia al poder, generaría una reacción inusitada de lucha a modo insurgente de manera generalizada y sistémica. 
Tampoco es necesario llegar a los sistemas formales de la política para tomar noción de que, la lucha por el poder es esencial en el ser, puesto que se manifiesta ni bien nacemos a la vida. De hecho, de esa subliminal e inconsciente lucha contra el primer gran Otro o la madre, y lo que en psicoanálisis se denomina el "Nombre del Padre", se derivarán las afecciones y dolores del alma que, serán quienes definan nuestro Yo inconsciente, ergo nuestra personalidad y carácter.  

El inconsciente se forma con el sedimento y la huella de entropía dejada a través de tiempo por esas luchas esenciales del Ser por ratificarse ser en sus primeras relaciones del ser.


   

Toda nuestra vida se resume en luchar por poder Ser, y de la violencia y vicisitudes de esa lucha, se acumulan los sedimentos y escombros de las porciones de mi Ser que tuve que resignar, negar y abandonar para poder adaptarme y continuar en ésta vida social que demanda nuestra especie.

Los padres, el clan, la tribu, la polis, el Estado, y ahora la globalización, describen las capas o sustratos arqueológicos que han diagramado las redes o sistemas sociales que sepultan, sodomizan y someten el Ser en tanto relaciones del Ser, haciéndose más complejas con la evolución. 

En los relatos bíblicos, Adán, el primer hombre de entre los hombres, sin tener con quién luchar, se termina revelando contra Dios y su mandato divino, a pesar de las magnas promesas de satisfacción y gratificación que le otorgarían si acataba los límites impuestos por dicho Poder Superior. La lucha en las relaciones del Ser, son esenciales e inmanentes porque el Ser Humano desde sus orígenes es sometido por alguien y siempre somete a alguien, según la ocasión, coyuntura y circunstancia. 
El bebé nace sometido a la madre, pero también es agente de poder ergo sometimiento de la madre, y esa relación expansiva llega hasta las más encumbradas esferas políticas, pues pese a la acumulación del poder, nada lo inmuniza del permanente riesgo de inversión de ese poder. El Poder corrompe al poderoso, pero también al sometido, el Ser ratifica así su condición de Sujeto. 

Eso explica por qué el miedo del Poderoso se viste con ropaje de paranoia y psicosis. Nadie es poder y los demás  sometidos en  términos absolutos, naturalistas, atemporales o deterministas, pues siempre hay alguien o algo que resulta más poderoso que el poder, so tarde o temprano ese potencial, latente y paradigmático poderío del "no poder", se ejerce. 



Ni siquiera los  más estancos y rancios  ideales políticos viven demasiado en esa esencial lucha del ser por ratificarse Ser. Los mejores gobiernos han sido los que, habiendo hecho una buena gestión en beneficio de las mayorías, voluntariamente han dejado y cedido el poder en manos de sus sucesores, sin ostentaciones reclamativas o adventistas del poder. Dejar el poder sin necesidad o situaciones apremiantes, demanda de una grandeza espiritual tan desproporcionada como la irracionalidad de la conciencia. 

En el otro extremo, está la lucha que mantienen los megasistemas de poder, que no obstante, básicamente se comportan de igual manera que el individuo en cuanto Ser. En donde el poder político se halla democratizado, emergen otros tipos de poderes que suelen ocupar los espacios que se ceden y distribuyen. Por ejemplo, en las potencias desarrolladas del primer mundo, donde impera el sistema republicano y democrático, el poder del sector financiero se ha impuesto por sobre el poder económico, y éste a su vez condiciona severamente al poder formal de los políticos.

En los países con fuerte raigambre teocrático, el poder religioso suele elevarse por encima del político, y en los regímenes comunistas y militaristas, el poder político del caudillo o líder suele ser altamente concentrado y totalitarista. En los sistemas con gobiernos populistas, se distinguen dos tipos de poderes, uno fuerte y otro débil, dependiendo del tiempo transcurrido en el poder y del tipo de orgánica, cultura y tradición sociopolítica de su pueblo. 



En los populismos fuertes, el poder político ejerce un rol hegemónico respecto de los demás factores de poder, lo que no obsta, que el capitalismo de amigos o testaferrario lo condicione o tiña de confusión. En los populismo con liderazgos débiles, será el poder económico, religioso y financiero quienes dicten o permitan sus espacios de desenvolvimiento. 

Sin embargo, cabe recordar que aún el mas sólido y férreo dictador o tirano, no tiene su cetro asegurado ni posee membresía alguna de le acredite  eternidad en el poder. Los sistemas no son cerrados, ergo están siempre expuestos a la resistencia del poder de sus sometidos. 

Las reyertas entre megasistemas, serán característicos del siglo XXI, y especialmente se dará entre República versus Poder Financiero en occidente, entre Poder Político versus Poder Religioso en medio oriente, y entre Democracia versus Autoritarismo en Asia; la globalización nos está enseñando sus uñas.

Estas disputas dialécticas, se sintetizarán en nuevas luchas a partir de que se tome la debida consciencia del nuevo imperio que ya nos propone la globalización, como "poder superior". Internet como instrumento performativo del Yo Sujeto en Red, posibilita un tipo de resistencia al poder nunca antes visto, lo cual, lo ubica como blanco predilecto de cualquiera de los megasistemas de poder antes descrito.

Solo falta una buena excusa para que internet desaparezca del alcance de los comunes, y si aún permanece así, es por el tipo de "panóptico" que representa para esos megasistemas de poder. Hoy, al parecer, todos somos observados.   


 



CONSIDERACIONES GENERALES

Una Teoría del Poder, no resiste calificativos dogmáticos, no es de izquierda ni de derecha. Es decir, o se acepta y jerarquiza como teoría, o se la desecha por no ajustarse a la realidad, así de simple. Luhmann y Foucault eran y son antidogmáticos, y eso fundamenta el porqué de su vigencia. Antes que olvidemos la filosofía de estos pensadores, habremos dejado en el archivo histórico los antinaturales dogmas político-económicos rotulados como capitalismo y socialismo. Cosa que estará en manos de la "resistencia al poder" del Ser en cuanto relaciones del ser. Luego de eso, sobrevendrá un nuevo Orden en los Sistemas de Poder, que también habrán de ser resistidos y combatidos. 

Algunos escépticos, entre quienes me encuentro, creen que luego de una tercer guerra mundial, quizás evoquemos el sistema tribal para reiniciar en una nueva oportunidad para la especie humana, sin que se pierda esta Teoría del Poder como agustiantemente explicativa de una verdad que, por cruel, rechazada por los dogmáticos. La realidad es lo que es, al margen de lo que desee el Ser en su lucha por ratificarse ser.    

Dijo Niclás Luhmann un año antes de morir (año 1998) "Hoy el problema es mucho peor que antes. Podemos continuar con nuestros hábitos y volver a demandas morales que estarán tan justificadas como siempre; pero ¿quién escuchará esas quejas y quién reaccionará ante ellas, si la sociedad no puede controlarse a si misma?. ¿Y qué podemos esperar, si sabemos que el mismo éxito de los sistemas funcionales depende de su indiferencia?. Cuando la evolución ha diferenciado sistemas cuya complejidad depende de la clausura operacional (y el caso más paradigmático es, por supuesto, el cerebro humano), ¿cómo podemos  esperar incluir todo tipo de preocupaciones dentro del sistema?". Michel Focucault, hablaría de las pequeñas redes como auténticas paradojas. 



Ambos aparentan tener una visión nihilista sobre el futuro de las sociedades, y sus consecuentes relaciones de poder. Sin embargo, yo las veo como un canto a la esperanza, un llamado de atención, un cierto espabilamiento comunitario que, nos advierte, deberíamos trabajar más en concebir sistemas de poder que se adapten a la naturaleza del Ser en cuanto relaciones del ser, renunciando a seguir siendo nosotros quienes nos tenemos que adaptar a los ideales dogmáticos y arbitrarios inventados por las élites; antinaturales, contrarios a la condición esencial de  nuestra especie. 

Ni luchas de clases idealistas, ni luchas individuales idealistas, sino una lucha del ser por poder ser. En otras palabras, en lugar de luchar por la posesión de cosas como significante de igualdad y libertad, luchar por un sistema que distribuya el poder en tanto relaciones ser, de tal manera que, el Ser se ratifique ser en un plano más próximo a la noción de igualdad y libertad en cuanto humanidad. Porque el ser humano no es una cosa, ni su vida se limita a la posesión de cosas materiales, de hecho, es mucho más que eso (es por sobre todo, alma y espíritu).     

Un sistema donde, el poderoso no detente un poder desproporcionado y alienante respecto de su gobernado y sometido. Un poder que tienda más que a la alternancia, al equilibrio natural de la condición del Ser. Un tipo de Poder que signifique relaciones más armoniosas, sutiles y tenues en cuanto relaciones del ser. De tal manera que la natural lucha por el poder, no sea reemplazado (como hasta ahora) por un nuevo líder y/o gobierno con idénticas asimetrías de poder. 



Un sistema de poder formado con mayor cantidad de piezas móviles, que puedan controlarse de manera cruzada entre ellas, donde las corporaciones políticas y económicas no puedan elegir a los candidatos, ni el tipo de política y modelo a seguir. Un sistema donde las decisiones sean el resultante de un espectro finito pero extensible del mayor número posible de contingencias subjetivas. Sirva esto como mera ilustración, no como propuesta, porque de hecho para que un sistema de poder sea eficiente debe estar plenamente abierto a los cambios contingentes que emerjan de las relaciones del ser de la red.    

Un sistema que se acerque al máximo rango de descentralización, de tal manera que los megasistemas actualmente existentes, especialmente el financiero, económico y político (en occidente), avancen en el sentido de padecer los controles y condicionantes de los ciudadanos cualquiera sea su profesión, clase social o condición simbólica. 

Un sistema de tipo nítidamente circular, de tal manera que arrancando de las micro-redes se relacione sin saltos cuánticos o escalares de poder al siguiente nivel ascendente hasta llegar a los poderes ejecutivos de alzada, quienes estarán sometidos a las micro-redes cual uróboros o círculo que no tiene comienzo ni fin. Con poderes legislativos y judiciales en manos de redes más próximas a los ciudadanos, alejados de los megapoderes hegemónicos. 

Sistemas económicos sin modelos ni ideologías, administrados por pequeñas redes de poder más próximas, prójimas y vecinales. Con un poder de policía y judicial integrado pero asimismo descentralizado. Un problema, muchas soluciones posibles, una solución precaria final hasta que se nos exija de nuevas respuestas, porque lo único real es la movilidad en las relaciones del Ser. 



En resumen, reducir el campo de acción de las luchas del ser, a un ámbito donde el premio se parezca al castigo, donde el éxito se parezca al fracaso, donde el poderoso se parezca a quién está en el llano, donde el dinero público sea difícil de confundir con el privado. Donde el que controla y padece, tenga tanto poder como el controlado que gobierna. Un sistema donde la acumulación de riqueza tienda a no otorgar mayores beneficios respecto del que menos tiene. 

Un sistema que mitigue los efectos paradójicos de la evolución. Nos hemos convertido en seres sumamente ineficientes para el universo y para nosotros mismos, ya que, en lugar de consumir o demandar menos energía y materia para vivir, cada vez gastamos más. Ni siquiera nuestra tecnología es tan berreta. 

Si alguno de ustedes pudiera construir una nueva especie humana ¿La haría tan obsoleta?. El hombre moderno se parece a las primeras máquinas a vapor, quienes necesitaban de dos o tres vagones para transportar la enorme cantidad de combustible que quemaba , y lo que peor, desperdiciaba. 

Algunos hicieron la comparación del planeta Tierra con una nave espacial, tripulado por kamikazes o suicidas que no solo no se miden en cada movimiento y consumo de energía, sino que se esmeran en destruirla lo antes posible. Sin embargo, y vaya aporía, la palabra exitoso se la adosamos al que más consume y destruye, al más demencial, ineficiente y suicida. 



¿No habrá llegado la hora de cambiar el sistema educativo?, enseñarle a nuestros niños que el verdadero sinónimo de éxito radica en la humildad, austeridad, sencillez, simpleza, ascetismo y espiritualismo. 

Algún día, la palabra éxito será usada convenientemente, y estúpidos serán los que vivieron para y por el dinero, cosificándose y cosificando al Ser en sus relaciones del ser, destruyendo y destruyéndonos. 

Lamentablemente eso lo verán y entenderán las generaciones futuras, ante la absorta contemplación de la vastedad de la destrucción dejada a modo de legado por esos radicales e inescrupulosos ESTÚPIDOS, que hoy se los rotula como "exitosos". 

Basta de lucha de clases por las cosas y luchas individuales por las cosas, la consigna para éste siglo es y será consumir y demandar lo menos posible. El lema para la filosofía, sociología y economía, es y será en el siglo XXI "rescatemos al Ser en cuanto ser, y salvemos la humanidad". 



Controlemos el consumo de materia/energía y jerarquicemos el alma humana. Basta de monismo y dialéctica materialista, el hombre no es una cosa, so la libertad y la igualdad no se miden cuantitativamente con la posesión de cosas. Eso no es Ser Yo Sujeto, eso es mero Ente, alevosa reificación de lo humano.   

El ser en cuanto relaciones del ser, es en si misma unidad dialéctica de información, y como tal, se podrá ufanar ante el devenir de la historia de haberle enseñado a las generaciones sobrevivientes de todo lo que no se debe hacer. El Positivismo lógico, es prolífico precursor del anti-ejemplo. La economía, de pretender ser una ciencia, también deberá rever el significado de bienestar y especialmente el de "utilidad". 

Hoy pensamos en lograr los adelantos científicos que nos permitan mudarnos a otros planetas, de tal manera, preservar la especie humana. ¿No será mas inteligente y barato cuidar el que ya tenemos?. Hoy eso poco importa, pues solo aprendemos con el rigor del dolor extremo, el sufrimiento y las situaciones límites. Las guerras mundiales del siglo XX, no fueron suficiente lección, necesitamos algo mucho más radical, tocar fondo por completo; un cierto apocalipsis autosatisfecho. 


FIN DE CAPÍTULO

¡En el siglo XX, socialistas y capitalistas lucharon entre sí para imponer la cosificación extrema del Ser en las relaciones del ser. En el siglo XXI, deberemos luchar contra la estupidez de esos dogmas y revertir el daño que nos hicieron y nos hicimos! 

CONTINÚA EN PSICOANÁLISIS, LA EXÉGESIS DE LO IMPOSIBLE

Exclusivo para DIARIO LITERARIO DIGITAL

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