El pasaje de Lacan de la metáfora a la lógica (Psicoanálisis) | DIARIO LITERARIO DIGITAL

El pasaje de Lacan de la metáfora a la lógica (Psicoanálisis)

domingo, 23 de agosto de 2015 0 comentarios

"Si la metáfora paterna creaba una significación fálica, orientadora del sujeto, hay un campo teórico que no quedaba cubierto: la disyunción que se opera en la mujer entre ésta última y el nombre del padre"


Revista literaria psicoanálisis


El pasaje de Lacan de la metáfora a la lógica

Permanencia del Nombre del Padre


Escrito por 

Héctor Yankelevich. Psicoanalista




La metáfora paterna, desde su aparición hasta que deja de ser empleada, cumple en Lacan al menos cinco funciones:

1) Separa las psicosis de las neurosis, mostrando que la metáfora, que es más que una figura retórica, sólo puede asegurar su función de sustitución significante, y por consiguiente, de separar el discurso inconsciente del consciente, si y sólo si el Nombre del Padre sustituye al deseo de la madre.

2) Esta operación, que comienza al finalizar el estadio del espejo, convierte a la madre en Otro simbólico dividido por el falo y su deseo enigmático pasa a ser una significación fálica dirigida al sujeto.

3) La metáfora paterna no depende de la personalidad del padre sino de su posición en el complejo. Su ventaja teórica sobre el Edipo freudiano, que sin embargo no es abandonado, sino enriquecido, es que resuelve el anudamiento sustancial entre las posiciones de los actores del drama y su condición de seres hablantes en donde lo que dicen es también, de modo simétrico y recíproco, cómo ellos son dichos.

4) El falo imaginario, que ternariza la relación madre-hijo es elevado a una significación inconsciente simbólicamente abrochada. No depende ya de su presencia imaginaria.

5) La barra fálica en el Otro, aunque más laxa, es la misma que la que divide al sujeto.

La división del sujeto es aquí causada sólo por el significante.

Ahora bien, qué es lo que queda oscuro, no teorizado del inconsciente por la metáfora paterna ? Qué es lo que queda, no sólo de la clínica, sino del recorrido de Freud y también el que ya ha sido hecho por Lacan, no alcanzado conceptualmente por ella?





Nos arriesgaremos a nombrar algunos puntos, aunque no sean exhaustivos, y a sostenerlos, sin que haya un apoyo claro en el texto de Lacan, ya que éste no hizo nunca metadiscursoexplicativo de su propio recorrido. Estos puntos representan para nosotros direcciones heurísticas y no cortes epistemológicos en el discurso.

1) Entre el estadio del espejo y la aparición y la resolución de la metáfora queda un ordenamiento empírico y temporalmente sucesivo. No hay entonces entre los dos un ordenamiento conceptual. Aún en Francia en los años setenta, en una parte al menos de la Escuela Freudiana de Paris, se consideraba que las identificaciones imaginarias, creadoras de conflicto, son suplantadas por identificaciones simbólicas, pacificantes. El orden teórico de la estructura depende de la evolución temporal externa. La madre, lugar del incesto, queda como la fuente del conflicto. 

2) Más aún, la metáfora, al comenzar por el Nombre del Padre deja un período en blanco: qué es el deseo de la madre, cuáles son sus efectos hasta la aparición del espejo? 

3) ¿Cuál es, finalmente, el estatuto de la pulsión? En la primera versión de Lacan es lo que queda como más allá de la demanda articulada por el sujeto, pero entonces sería sólo pensable en el niño, y no en el infans.

Pensamos que estas cuestiones van a obligar a Lacan a un cambio teórico mayor en el discurso que hace a la estructura. Aunque metáfora y metonimia van a quedar como figuras mayores del discurso inconsciente, el estatuto del Nombre del Padre no tendrá ya sólo carácter lingüístico sino lógico. La necesidad de este cambio es doble: primero un cambio en la teoría, segundo: operar con los mismos instrumentos que opera el discurso del amo en filosofía, a fin de asegurar la estructura del inconsciente en el seno mismo del discurso que lo rechaza. Fundar el inconsciente subvirtiendo el discurso del amo en su seno mismo. Paso entonces a la lógica matemática, a la teoría de los conjuntos y a la topología, que estaban presentes pero de modo discreto. La lingüística de Jakobson quedará íntimamente ligada a los conceptos mayores, pero a partir de aquí será C.S. Peirce el que proveerá de los nuevos elementos formales que necesita el discurso para ser formalizado.



C.S. Peirce


Si la metáfora paterna creaba una significación fálica, orientadora del sujeto, hay un campo teórico que no quedaba cubierto: la disyunción que se opera en la mujer entre ésta última y el nombre del padre. Claramente: una mujer puede estar estructurada en el discurso, subjetivada gracias al nombre del padre, pero no transmitir el nombre del padre a través de la significación fálica a uno de sus hijos. Esta autonomía que la clínica muestra entre el falo, …, que es un Nombre del Padre (esto está por demás claro en el autismo y las grandes psicosis), y el Nombre del Padre en tanto tal, necesitará ser lógicamente repensada y sus diferencias causales redefinidas, tanto más cuanto que Lacan sabía y lo había dicho públicamente, que la teoría de la identificación primordial no estaba aún resuelta. Iremos pues desde RSI retroactivamente hasta el seminario sobre la Angustia, sin pensar un solo instante que el corte bachelardiano sea pertinente en psicoanálisis.

1) Ubicar al Falo … como causa de goce, y no sólo como significante del deseo, permite articular la identificación primordial como productora de un deseo que supone un sujeto en el organismo biológico; un sujeto como suposición fálica. El Falo como real crea goce en el cuerpo biológico del recién nacido, introduciendo la muerte sin cuya represión primordial no habría sujeto.

1.1) En este punto puede esclarecerse una juntura esencial sino la mayor del discurso teórico de Lacan. La libido no es una producción, un plus, del cuerpo biológico que se une a lo psíquico, es el resultado de la operación de falicizar un cuerpo solo con la voz de amor. Mecer, acunar,holding, son entonces modalidades de la palabra.




1.2) El espejo esférico es entonces efecto del significante fálico. El contacto con el borde de la piel, con el borde de los labios, los oídos, la visión, es creación no solo de corteza cerebral sino también de circuitos reentrantes entre distintas regiones cerebrales. El goce, empero, no puede reducirse jamás a ningún soporte químico. El Falo es el creador de la percepción sensorimotriz, interoceptiva, cenestésica. Es por él que el cuerpo se yergue, que hay erección de la vida. En este sentido el Falo es el significante de la fonación, y es gracias a él que el hombre habita el lenguaje y hace en él su morada.





1.3) Es también gracias a la significación fálica que hay identidad entre el Otro y el Uno en el cuerpo, que Lacan llama “uniano”. Esto es, una diferencia con el semejante aún antes de que este último aparezca. El narcicismo primario encuentra aquí su refundación.

2) El significante de la identificación primordial es Φ ,
en cuya creación el Otro se produce como tal, y no ya la traza del padre muerto de la horda. Pero la genial indicación de Freud de que la identificación primordial es anterior a todo investimiento de objeto es respetada. El objeto es contemporáneo de la segunda identificación, y el padre muerto sólo un fantasma o el fantasma de ésta. En la primera identificación hay sin embargo sujeto, dividido solo por el significante cualquiera, y no por el objeto que asegura con una batería de dos significantes ordenados su posición en el discurso.




Para articular S1 como Nombre del Padre, Lacan toma distintas vías, de las que tomaremos sólo dos, que no son excluyentes una de otra. La primera es la de hacerlo un axioma de la teoría de los conjuntos, el del par ordenado, la segunda es la de construir una lógica de la función fálica. En los dos casos, S1, como significante amo presupone la existencia previa del conjunto de las huellas mnémicas de la primera identificación, de las que él es el significante traductor. 

S1 es el significante que, borrándolas, asegura el pasaje del sistema de trazas, de huellas en las que consiste el gran Otro como real, al sistema incompleto del Otro del significante. En este carácter, su aparición es también la del espejo plano que hace perder al objeto, o bien que forcluye el sentido para que de él el sujeto sólo recupere el plus de gozar.

Ahora bien, en ningún caso S1 representa al primer significante mítico de una primera identificación al significante. Esa posición que es cierto que Lacan sostuvo un tiempo, no sostuvo las pruebas teóricas a las que Lacan la sometió. En la medida en que la lógica del significante también se escribe, como la historia, en futuro anterior, S1 habrá sido el significante no que origina todos los significantes, sino que da lugar a la concatenación significante como tal. Hace de cada uno de los significantes un unario, y al conjunto, un S2 que S1 asegura como límite. S2 es los medios de goce, esto es, la inscripción del conjunto de las cuatro pulsiones intrincadas entre sí en un cierto orden, y es el saber inconsciente. ¿Porqué escribir dos realidades que en general se tratan como diferentes con una sola letra? Porque el saber inconsciente está inmerso en el goce.

Para que S1 advenga es necesario que haya existido Φ como causa de goce y que el discurso del amo lo haga desaparecer, transformándolo en ese significante que al goce le dice detente!, basta! La función fálica, al mismo tiempo que crea una enunciación eficaz que forcluye el goce, dejando entre la madre y el niño sólo al amor, hace que el padre entre como castrado al complejo. ¿Por qué? Porque entra como deseante de la madre como su ‘a’.

S1 vacía al organismo de goce, permitiendo que ahí, en su superficie, advenga un cuerpo. Gracias a que el goce, o los goces, sólo quedan en a, ese cuerpo está algo más allá del organismo, aunque espose sus contornos, y que, paradoja suprema, ni lo seamos, ni lo tengamos, por más que nos esforcemos.

S1 es el significante, que por vaciar al organismo de goce se escribe como conjunto vacío 0, y escribe al conjunto vacío como conjunto {0}. Es lo que permite que el sujeto no sea igual a sí mismo. 

S1 no sólo crea el espejo plano (lo que hace que el imaginario especular es uno de sus efectos) sino que también lo oscurece, para que el goce del Otro no se vea reflejado, y lo da por terminado, dándole prevalencia a la pulsión escópica en la monstración de la frase del fantasma. 





Así, uniano y unario son uno y uno, identificaciones del Otro al Uno, pero no se suman, no hacen dos. El fracaso del unario se hace patente en el desencadenamiento psicótico, cuando el paciente dice no reconocerse en el espejo. Lo que nos dice es que acude a la diferencia y al goce del uniano en el cuerpo no especular para decirse yo.

Cuando Lacan escribe S1 como lógica de la función fálica, o viceversa, hace del axioma conjuntista una lógica de la predicación fálica. Siguiendo, de lejos, al Freud del Proyecto, el Inconsciente, como lógica de la sexuación, es un conjunto de predicaciones que se extraen de la escritura necesaria de la negación de la función para quien hace excepción. – 1 es el gran Otro y también uno de los Nombres del Padre. Pero lo necesario de la inscripción va acompañado como su reverso por una imposibilidad de la inscripción, no hay alguien que pueda decir que no a la función. En ese lugar virgen, vacío de inscripción de goce fálico, se encuentra el lugar de inscripción de la palabra. 

Estos lugares, lo necesario y lo imposible, son la transcripción lógica del tesoro gramatical de la paradoja freudiana:

“Así como el padre debes ser, así como el padre no te está permitido ser”.



Para Freud, en sus palabras esta enunciación paradójica era la del Ideal, escritura si la hay de S1. Freud aclara, renglones más abajo, que el Ideal del Yo posee un carácter bifronte (“Dies Doppelangesichts des Ichideals”). Como Jano, abre y cierra el año, declara la guerra y hace la paz. Y podemos continuar, separa al goce del amor, dándole al primero su reducto fantasmático y al segundo el lugar de una suplencia, allí donde la ausencia de bordes hace del goce del Otro una inexistencia. Que no exista no quiere decir que no pueda escribirse.

Finalmente, y para terminar, ¿por qué es tan importante mostrar y demostrar que no hay relación sexual, que la relación entre los sexos no se inscribe, sino porque sí la hay entre padres e hijos? Y que es de esa relación sexual que se goza y se sufre hasta agotar, casi, el tiempo del análisis. 

Entonces, ¿por qué importa la producción de un sinthome? Porque éste permite que finalmente no sea en los síntomas -donde persiste el goce de la relación sexual- que los registros se anudan, sino allí donde no la hay. Pero esto no significa que el sinthome logre siempre enlazar los registros de modo permanente.


Sinthome es, al Nombre del Padre, lo que fuera la metáfora.


 Héctor Yankelevich
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