El espejo como función significante (Psicoanálisis) | DIARIO LITERARIO DIGITAL

El espejo como función significante (Psicoanálisis)

miércoles, 19 de agosto de 2015 0 comentarios




"Para una mujer, su seducción es dejar entrever que ella es ella, pero que permite soñar con la Otra. Es en el entre dos de ella y la Otra, que ella crea y en la que no tendría que creer, que hace nacer el deseo del otro. Cuando deja de ser así, también el imaginario colapsa en lo real."




                                                                                                      
Escrito por Héctor Yankelevich. Psicoanalista








Si retomamos el espejo no como un estadio, Lacan lo llama así, influido por Henri Wallon, en 1936 y en 1947, y le otorgamos la dignidad de una función, afirmamos que no basta con la mielinización de los haces piramidales superiores para que el sujeto lo conquiste, sino que es necesario un conjunto de efectos en el orden del significante.

El espejo esférico, llamado cóncavo, es función de la identificación primordial al vacío del Otro real; el espejo plano función de la identificación secundaria, a lo simbólico del Otro que permite ser barrado. Estas dos funciones, que nada hace necesario en el funcionamiento cerebral, tienen, sí, el carácter de acontecimientos en el tiempo, pero subsisten a ese carácter temporal, dejando no sólo huellas sino un ordenamiento en la estructura de todo sujeto. 

La estructura no existe de por sí, sino en las modalidades de cada sujeto. Lo que la estructura nos permite es darle dirección al análisis, y encontrar para cada cura su singularidad, que no existe en la estructura, ya que lo singular no es nombrable.





No hay trabajos sobre el espejo cóncavo. Sin embargo no es un mero artilugio óptico. Es lo que representa, Lacan lo escribe en el Rapport de Daniel Lagache, toda la corteza cerebral, hoy diríamos, todo el encéfalo, y es función de la primera identificación a …, esto es, al vacío central del Otro real, causa de la palabra de amor. Es lo que permite dar al futuro sujeto un cuerpo sensitivo sensorial, sin imagen escópica de sí. Pero nuestro trabajo tiene como objeto el espejo plano.





Qué permite este segundo espejo? En primer lugar, "vaciar al Otro, para, una vez vacío, servirse de él como de un espejo verdadero y proyectar en él la superficie invisible que es el sujeto mismo". "Y correr el albur de ver allí dibujada la Cosa que carece de nombre, y que podría poner fin a su propio goce".

"La Cosa no está más acá de esta fijación narcisista de la vida, y por inaccesible que sea, el goce es sentido como peligro de muerte".

"Si no se puede gozar del cuerpo del Otro, es porque gozar de él haría de él una presa, y lo mismo sucedería con el cuerpo propio, si no fuese una sombra".

¿Cuál es el olvido que la conquista de ser un sujeto de superficie logra? 

"Olvidar que el cuerpo del Otro le es tan próximo como el propio, y que hubiese podido amarlo como a sí mismo antes de que fuese otro y que le fuera tan próximo como el suyo". Este es el factor lethal del que Lacan habla dos años después sin aclarar a qué se refiere. Olvidar – de letheo, en griego clásico, ocultar, olvidar– el carácter mortal de la proximidad del cuerpo del Otro, que puede serlo tanto como el suyo propio, por lo tanto, indiscernibles.

Si esto no quedara olvidado, condición de la neurosis, olvido de olvido, entonces sí cobrarán existencia los axiomas freudianos del amor y del odio que dan cuenta de los delirios pasionales. 





"¿En dónde se refugia, pues, el objeto perdido del goce? En el amor". En general, del semejante. A veces de una causa que se convierte en Ideal.

Pero no habría semejante sin antes tratar de salir de la impasse del narcisismo primario. ¿Qué es lo que impulsa a salir de ella? "La identificación a la insignia del Otro, ya que nunca podemos sentirnos conformes con el don simbólico de amor, ubicado como está sobre la frustración real del objeto". 

"Antes de tener que gozar, el sujeto humano es amado. Y es su servidumbre, por más asombroso que parezca, ya que es el amor lo que da humanidad al hombre. Sin embargo, sabemos lo que cuesta."

Hasta aquí, fragmentos, bordados por nuestro comentario, de una conferencia dada por Lacan en enero de 1962, en "L'Évolution Psychiatrique", de la que nos quedan notas manuscritas de Claude Conté. Es importante, ya que pone a la luz las preguntas que Lacan se hace, dando el seminario ¨La Identificación¨ sobre cómo integrar el espejo y el orden del significante. La respuesta la va a dar en varios pasos. El primero, topológico, y sin comentario alguno, son los dibujos hechos a medida que dicta el seminario “La Angustia¨, el año siguiente. Y el segundo, durante “Los cuatro conceptos¨, al proponer la función de S1 como significante que garantiza la estabilidad de la cadena por su carácter de límite, y la introducción del primero de los cuatro discursos, el del amo, que permite dibujar el concepto de orden significante articulado junto a la pérdida de goce. 



El vaciado del Otro sólo puede ser vaciado de goce, y esta operación sólo es efectiva si el Otro la permite, desaparecer como real para que el niño se aleje, gozando, por la vía del deseo, de la angustia de la separación, ya que se sabe amado. En ese momento S1, significante de la caída de goce es lo que permite que el espejo plano no refleje el objeto real, y deje al espejo horadado. Nunca el pecho, al volverse objeto escópico, plus de gozar, deberá recordar al pecho que llenando la boca, pertenecía al cuerpo como organismo en tanto goce real.

Las operaciones estructurales dejan siempre restos no escritos de su efectuación. Cuáles pueden ser esos restos no escritos en la neurosis?




1) Que el Otro no se vacíe totalmente lastimará sea por exceso, sea por defecto, la función del otro imaginario. En el vocabulario del primer Lacan, éste dirá que habrá una dificultad de proyectarse en él. Avanzando en su lectura, podremos decir, que puede haber una dificultad, no necesariamente una imposibilidad de inscribir en i'(a) al sujeto barrado S. Si fuese imposible, sería la forclusión propia de la melancolía, distinta de la del Nombre del Padre. 


2) Que la Cosa sin nombre quede dibujada para siempre en la imagen del semejante, poniendo fin a su propio goce sexual. 


3) Hacer del cuerpo del Otro una presa significa la realización lisa y llana del goce en la muerte. De allí el temor, no siendo imagen en el Otro, de ser devorado en el acto sexual. 


4) Hay una memoria, pegajosa, que persiste al olvido de la proximidad del cuerpo del Otro. Esas memorias se remembran en el momento menos pensado cuando cualquier otro hace acordar, súbitamente, como el sonido de un instrumento, al Otro primordial.


5) Porqué Lacan insiste tanto con el carácter de superficie de sujeto, que será seguido por el del fantasma? Entre otras cosas, porque no hay encuentro sexual sólo entre cuerpos reales, sin que cada uno de los dos pueda existir como superficie y hacer causa en un objeto separado del otro cuerpo, aunque sea uno de sus bordes, la luz de su mirada al vernos, el grano de su voz al nombrarnos. 



 


Para el hombre la castración no significa, en modo alguno pérdida del miembro, sino que su órgano, para adquirir estatuto simbólico, no debe representar su cuerpo. Está separado, le es dado por el deseo del Otro. Dónde se ubica ese otro es la cuestión. Si no fuera así, el temor sería a entrar en el Otro con todo el cuerpo. Donde no habría distancia entre mujer real y madre inconsciente. Colapso del imaginario. 

Para una mujer, su seducción es dejar entrever que ella es ella, pero que permite soñar con la Otra. Es en el entre dos de ella y la Otra, que ella crea y en la que no tendría que creer, que hace nacer el deseo del otro. Cuando deja de ser así, también el imaginario colapsa en lo real. 

De allí que lo propio del deseo sea darle existencia imaginaria pero irreal a un tercero que permite que el encuentro de dos no se torne imposible. 

Años más tarde Lacan nos sorprende con un comentario que nunca retomó:


"El complejo de castración puede haber sido franqueado pero no plenamente asumido por el sujeto. Allí se produce una identificación a una imagen bruta del padre ( nosotros agregamos, de la madre) que sostiene los reflejos de sus particularidades reales más pesadas y aplastantes. Ahí vemos la reaparición de lo real, pero en el límite de lo psíquico, en el interior de las fronteras del yo – de un real que puede imponerse de modo casi alucinatorio – en la medida en que ese sujeto, en un momento dado, abandona la integración simbólica del proceso de castración."

Lacan nunca volvió a teorizar sobre este pasaje del final del seminario "La relación de Objeto", que queda así como un diamante en bruto en su obra, ya que muestra una ida y vuelta en relación a la castración mostrando que habrá un sujeto que afirmará a la vez dos enunciaciones afirmativas : una dirá, "Sí hay castración del Otro", la otra dirá, "Sí, no hay castración del Otro". Dará esto como consecuencia inevitable que a partir de ahí todo será semblant? Que lo real sea sólo decorado de cartón?

No necesariamente, también puede suceder que el sujeto busque su castración en lo real, para suplir la que falta en el Otro. Aquí ya no hay principio de contradicción sino una lógica no binaria donde el principio del tercero excluido tampoco funciona. No hay medida ni relación entre esas dos afirmaciones que se oponen dando dos cursos a la estructura.


En esa división de la que Lacan habla, en la ida y vuelta de la asunción/no asunción de la castración, lo que queda es una fijeza del objeto imaginario, imposible de perder y un sentimiento de que la vida es una herida abierta, imposible de restañar. En lugar de hablar de renegación o desmentido, les voy a proponer una palabra usual inglesa que sirve para significar la misma referencia, pero que posee un sentido más amplio : el término disowning. Desapropiación. De qué? Sí, puede ser del goce fálico para que el otro se vea reducido a su nuda existencia de goce del Otro. En este caso sí se trataría de perversión. O de los efectos deletéreos de la repetición de un maltrato paranoico, físico o psíquico o ambos.

Pero se lo puede usar para tratar algo que afecta y amenaza gravemente al amor simbólico: exigir de un hijo o una hija un comportamiento de adulto. Se lo desapropia entonces de la paternidad simbólica, la función paterna se vuelve puro Ideal y por el otro lado el padre real encarna para el hijo un Otro no castrado. O bien por otro lado, no permitirle a una hija el acceso a lo que su edad le permite. 



De este manera el goce que el Otro retiene para sí, gracias al sujeto, desertifica para éste el "a" que el otro imaginario debe contener entre paréntesis, para ser tal, i'(a). No que encierre un goce real en él, encierra tan poco como cualquiera. Pero los paréntesis permiten pensar que el objeto escondido es el que me falta, y es eso lo que crea lazo, celoamoroso, celoamistoso, social.

Pero aquí debemos decir que Lacan abandona a Freud, o bien, que lo subvierte, que cambia el orden de lo que en el segundo es la estructura.


Para Lacan la castración es la pérdida real del goce fálico del cuerpo, y no amenaza imaginaria de pérdida del órgano. En la medida en que el cuerpo se vacía de goce nace un deseo de recuperarlo por vías que el Ideal hará cada vez más lejanas. La castración lacaniana es lo que permite salir del narcisismo primario, donde el sujeto es objeto del Otro y lanzarse por vía del fantasma a querer a la madre desde el lugar del padre y querer al padre como el que porta el secreto de su advenir como hombre. Paradójicamente, también para el varón la castración que porta sobre el cuerpo y no se recuerda, es la que por vía de la repetición de entronización y caída de SI permitirá tener un Edipo fantasmático, reconstruíble en análisis. Su olvido no es el de la represión primordial, sólo de la secundaria.

La primordial no tiene origen, se pierde en el deseo del Otro antes del nacimiento del sujeto, y se confunde con la identificación del mismo orden. Y termina con el espejo, allí donde éste es función de la aparición 

1°) del S1, que es un don del amor simbólico del Otro. Te amo para que seas vos. Pero siempre, ay!, hay un precio real que el Otro del amor simbólico toma del sujeto para concederle el perder su condición de Otro real; 

2°) del S2 del saber como medio de goce, sí, pero como medio de goce... del Otro. En general esto último se olvida.




Al aparecer el par significante no hay más Otro, como real, pero el sujeto trabajará para el goce del Otro barrado, %, aunque lo haga para sí, y tendrá un ideal extraído del Otro, aunque con otro sentido. Habrá un sujeto barrado que sólo en el fantasma tendrá sustancia, o más exactamente, modalidades de su pérdida y de su retención. Esta estructura, para quedarnos en ella, puede ser estable, pero está grávida de saltos de dimensión entre el orden significante y el del objeto, que se encuentra en otra dimensión, entre el goce del Otro y el fálico que la someten, en cada una, a una inestabilidad fundamental. 

Es cierto que el Edipo es un mito, sin el cual el psicoanálisis sería un delirio a la Schreber, es el mito de la segunda identificación, la que da un orden pensable al significante. Sin él, sólo habría imposible.

Esa misma identificación es la que nos brinda el espejo, que nos hace imaginario para los otros e imaginarios los otros para mí, que nos permite el fantasma para recuperar goce perdido, y con la que fabricamos nuestro mito, que no por no ser un universal simple debe ser menos trabajado. 


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