Teorizar sobre el poder, es preguntar por el Ser | DIARIO LITERARIO DIGITAL

Teorizar sobre el poder, es preguntar por el Ser

miércoles, 22 de julio de 2015 1 comentarios

"El monstruo oculto tras el materialismo cultural, la globalización"




Escrito por Lic Ramón D. Peralta

Exclusivo para Diario Literario Digital




EJERCICIO FILOSÓFICO: Cuarta parte

Serie de ensayos: EL SER EN LAS RELACIONES DEL SER



EL CAPITALISMO Y EL SOCIALISMO UNIDOS POR LA MISMA MISIÓN 



INTRODUCCIÓN

Finalizamos el anterior capítulo EL SER Y LA NADA CARACTERIZADO ENTRE LAS ESENCIAS  con la siguiente frase: 

"Por ahora, la paradoja irresoluble es lo único que se insinúa como inmortal. Y "nada" caracteriza mas al Ser que la lucha por la vida como factor común y esencial"

Para no hacer tan extenso y estéril éste capítulo, daré por obviado que todos han leído a Foucault, Luhmann y Heidegger, es más, imaginaré que usted es sociólogo, filósofo, neurocientífico y antropólogo. ¿Es mucho?, pues así suele pensar al Ser el conjunto de saberes contenidos en lo que denominamos "Ciencias de la Cultura". Un Ser tan racional y metódico que, es capaz de conocerse, comprender sus atributos y tomar sus propias decisiones. Dichas ciencias van aún mas lejos, ya que se arrogan el divino derecho de conocer a todo el conjunto de Seres que integran la humanidad como sistema y explicar lo inexplicable. Eso develaría por qué seguimos con los mismos problemas trascendentales de siempre. 

Hace mucho "tiempo" atrás, el hombre cree descubrir el Tiempo. Y lo hace como de costumbre en base a puro "humanismo". En esa contemplación profunda, llega a dividir el año en 12 meses, los meses en +- 30 días, los días en 24 horas, las horas en minutos y los minutos en segundos. Habíamos descubierto el movimiento cosmogónico y le bautizamos con el nombre Tiempo. 

Dinámica que pudimos intuir cuando observamos con más detenimiento el movimiento de la Luna sobre la Tierra, de ésta sobre el Sol, sobre si mismo y sobre el cosmos. A partir de ahí el hombre comenzó a festejar su cumpleaños como una eficaz manera de contar los instantes que pavimentan el camino que separa el nacer de la muerte. En lugar de decir el "movimiento pasa", comenzamos con el cliché universalizado ¡el tiempo pasa!. El lenguaje se independizaba de la realidad, para representar solo al alma humana.  

Ya en las postrimerías, San Agustín le contesta a sus discípulos "Todos sabemos qué es el tiempo, lo llevamos dentro, pero cuando nos preguntan ¿Qué es el tiempo?, no sabemos responder". Hay muchas cosas que uno cree saber, hasta que debe responder. Pero no es la única pregunta difícil de responder, aun "sabiendo" la respuesta. Cada vez que he preguntando (las veces que me tocó hacer entrevistas laborales) ¿Quién eres?, me han respondido "Soy médico", "Soy mecánico", "Soy hombre", "Soy ser humano" o simplemente me han repreguntado  ¿A qué se refiere?. Todos creemos conocer las respuestas, salvo cuando me formulan la pregunta. Nadie contestó "No sé". 






Muchas veces me pregunté ¿Por qué sucede eso?. En cambio todo cambia extraordinariamente cuando preguntamos ¿Quién es ella, quién es él, quiénes son aquellos?. Nos resulta más cómodo hablar de lo Otro o del Otro, ya que, no tenemos reparos para describirlos como entes. Sin embargo, cuando pregunto  ¿Quién soy?, vuelvo a encontrarme ante el vacío, la nada. 



Los psicólogos intentan llenar ese vacío con afirmaciones, y los psicoanalistas con preguntas, ambos desde la palabra. Un lenguaje que no es propio de la realidad, sino del alma humana. Es decir que, la única "solución" que le planteamos a los dolores del alma pasan por olvidarnos momentáneamente en sugestión de ese vacío que desnuda la introspección ante la nada. 


¿Quién soy?... ergo sigue preguntando hasta que los "mecanismos de defensa" os calmen o mueras con ellas. No hay respuestas absolutas a todo aquello que creemos saber sobre el Ser. Estamos convencidos que sabemos sobre "quienes somos", pero el lenguaje de la palabra no nos sirve ni nos ayuda, porque hablamos desde el Otro en tanto estructura (Red). La aporía se regodea.     



Durante muchos siglos, la filosofía había dejado de prestarle atención a los enigmas trascendentales. El modernismo comenzado con Descartes, puso su centro de gravedad en la razón. El ser era su pensamiento, so con la conciencia se cerraba la existencia. Tardamos en darnos cuenta que el Ser era mucho más que solo pensamiento. Claro que me refiero solo a la filosofía. Justamente estas vacantes y sus déficits, fueron lo que le permitió independizarse a la psicología y al psicoanálisis de la filosofía. La ironía corre por cuenta de la casa. 


La expresión más radicalizada de esta tradición fenomenológica, fue el Positivismo Lógico, padre putativo de la Sociología, la Ciencia Política, y en general de toda la Ciencia de la Cultura. De la creencia de que, todo es materia y/o que la conciencia racional se basta a si misma para explicar los problemas trascendentales del universo, se crearon reglas normativas sospechosamente "naturalizables", tendientes a lograr un cierto "orden" científico. 




A partir de la influencia que tuvo la Ciencia Clásica en la filosofía y en general todo el mundo de las humanidades, se comienza a sistematizar el predicamento de las ciencias naturales. Ya que todo es racional, lógico, material y empirizable, creemos leyes para cada ente y sus sistemas. Leyes naturales creadas por el hombre que, aparentemente eran inmanentes y fundacionales. La conciencia se elevaba así, en un poder superior inapelable, desplazando de sus cetros a todos los demás dioses. Nacía el ateísmo, el dogma de la conciencia humana, también del tipo monoteísta.     



Este despertar a la "luz", produjo una revolución cultural hiperbólica, pasional y neurótica. Nos habíamos soltado las cadenas, sentíamos que nada nos podía detener. El hombre, o más propiamente, la conciencia del hombre era el amo y señor del universo. Una revelación de semejante calibre, no podía quedar en lo meramente hermenéutico; así fue como todo el sistema educativo, científico, pedagógico, cultural, político, económico y social, se basarían en esa magna premisa. 




Todo era consciencia, con ciencia y con occidente. Lo demás quedaba afuera, o simplemente no "existía". La consigna de la filosofía y la ciencia de la conciencia fue "Si no puedes vencerlo, ignóralo". Y eso hicieron, ignorar a Dios (en primer lugar), ignorar a la Naturaleza (ya que se corría el peligro de confundirlo con el primero), pero no nos detuvimos ahí, también decidimos ignorar  a la filosofía primera, la metafísica. Y ya que todo debía ser ente, por ende nada podía quedar afuera de lo cognoscible y dogmatizable, también decretamos que el Ser era un ente. El hombre había muerto, nacía la Cosa. ¿Cómo no habría de ponerse de moda la pregunta "Quién soy"?. 



Y ya que los profetas habían pasado de moda, los filósofos se convierten en los Rock`star del Novo Olimpo Secular. Todo había quedado reglado; lo que degeneró en un nuevo y exótico modelo de filósofo de utilería.

Los consagrados pensadores de antaño, se habían extinguido. Los nuevos eruditos serían fruto de una producción mecanizada de sabiondos, que salían en camadas sucesivas de esas sofisticadas máquinas llamadas universidades.

Todos recibían el nombre de filósofos, como si se tratase de una marca registrada. Todos eran intelectuales entrenados para pensar de igual manera, y eso los hacía muy especiales. 





A estos nuevos sofistas, se le suman los sociólogos y politicólogos, quienes "generosamente" se embebían recíprocamente ergo prestaban "pensamientos" unos a otros, para que esa "conciencia superior" no fuera puesta en peligro. Hasta que aparece Nietzsche y dice "Dios ha muerto, y vosotros le habéis matado". Obviamente, la reacción del academicismo dominante no se hizo esperar. Las respuestas se dividieron en dos: las más inteligentes y las menos. 



Los más inteligentes, aprovecharon esa energía para terminar de sodomizar a las masas, ergo reforzar el ideal de ateísmo y determinismo. Los menos inteligentes, le tradujeron a las masas que, esas palabras significaban una afrenta al Dios dogmático, enfrentándolos así con un supuesto agnosticismo antideidista. Ya que pocos leen a los grandes pensadores, y menos aún entienden (en caso de que milagrosamente los lean), se decidió distanciar todavía más a las élites de los comunes. Nacía el "círculo rojo" (ver EL CÍRCULO ROJO). 


El enfrentamiento de creyentes contra ateos, no sería suficiente si no se le adosaba una Teoría que enfrentara a dos Dioses en cuanto dogma político. Nacía la teoría de los dos demonios. La lucha de capitalismo contra socialismo era necesario, pues había que desorientar a las masas en pos de que usen convenientemente esa esencial condición que posee el Ser según ser en tanto voluntad de lucha. Tema que tocaremos en éste ensayo y sucesivos.    
            

DIOS Y EL HOMBRE HAN MUERTO   



Si prestan la debida atención, acá veremos por qué la filosofía de Nietzsche representó una grave amenaza para la revolucionaria tradición "iluminista y fenomenológica" comenzada en el modernismo. ¿Qué quiso decir Nietzsche en realidad?, o bien quitemos toda ostentación  exégeta ¿Qué dijo Nietzsche?. Si lee textual: 


"Dios ha muerto. Dios sigue muerto. Y nosotros lo hemos matado. ¿Cómo podríamos reconfortarnos, los asesinos de todos los asesinos? El más santo y el más poderoso que el mundo ha poseído se ha desangrado bajo nuestros cuchillos: ¿quién limpiará esta sangre de nosotros? ¿Qué agua nos limpiará? ¿Qué rito expiatorio, qué juegos sagrados deberíamos inventar? ¿No es la grandeza de este hecho demasiado grande para nosotros? ¿Debemos aparecer dignos de ella?" (Nietzsche, La gaya ciencia, sección 125)



No hay impregnación dogmática o ateísta. La idea es bastante clara, para aquel que se permita analizarla en profundidad. Nietzsche, estaba anunciando la crisis de identidad que sobrevendría al modernismo en cuanto "teoría de la conciencia". Con un Dios ultimado por el mismo hombre, ya nada detendría al hombre por erigirse en "dios" (su propio dios), ya que había entendido como pocos que la lucha por el "poder, ergo capaz de ser, poder ser" era lo único que realmente caracterizaba al Ser. Sin un Dios como causa superior, el hombre se sentía en libertad de consagrar a otro tipo de poder como superior, lo material. 






Con la muerte de Dios, nos quedábamos sin una causa divina por la que valiera la pena dar la vida, o soportar una vida de flagelo y sufrimiento en nombre de una promesa de redención en "un paraíso en el más allá". Con la muerte de Dios, se acaba la divinidad y con ella, se disipan los argumentos de la resignación mundanal. Si no hay Dios, no hay paraíso ni otra vida. No hay excusas a partir de ahora, todo es acá, y lo único que acá vale es la materia. El dinero es quién gobernaría el mundo de ahí en más. Dios había sido relevado por otra causa superior, la economía.



Con una creencia de tipo divina erradicada, todo era más fácil. Ahora era cuestión de lograr entretener a las masas con una nueva "causa superior"; la lucha del capitalismo versus socialismo. Ambas funcionales a la misma causa aún más jerarquizada (pero solo conocida por las élite), la globalización. Un solo Estado mundial, un solo poder aglutinante, un solo dogma, un nuevo orden secular y supra-hegemónico; solo era posible desterrando a un Dios enfrentado a ese materialismo dialéctico, ya que; le oponía un temible enemigo, el espiritualismo.



Aunque sería más justo decir que, el  éxito del ateísmo fue mérito del mismo Vaticano, sin cuya injusticia, opresión, violencia y larga vigencia, jamás se podría haber logrado semejante grado de cosificación del hombre. Visto de otro modo, nadie hizo tanto por cosificar al hombre como la punción política implícita en el poder papal. Para la Iglesia Romana, el perdón y la indulgencia era algo que se podía pagar en oro o mediante otras cosas, también en cuotas.



No obstante, la Reforma en la Edad Media, había logrando separar a aquellos que habían advertido esta mercantilización de la fe, lo que no evitó que esos nuevos creyentes se organizaran bajo otras formas orgánicas de Poder (Iglesias). A diferencia de las religiones orientales, esas nuevas religiones también se basaron en el materialismo y el dinero.



Es decir, no eran necesariamente sinónimo de "inmaterialismo" o "espiritualismo", ya que, su eficiente funcionamiento también demandaba de la comercialización de la salvación en forma de diezmos y otros emolumentos materiales, tampoco habían quedado al margen de la lucha por el poder político. Los bastiones de la fe, habían sido reducidos y confinados al Medio Oriente, parte de África y parte de Asia.     






Un buen resumen sería "hecha la ley, hecha la trampa". Y ya que la ley canónica del "inmaterialismo" estaba llena de máximas y condenas sobre pecados imposibles de evitar, pues, aprovechemos la crisis de fundamentos políticos de la monarquía absolutista vilmente asociada con la religión, y; cambiemos a ambos so hagamos nuestro propio dogma con sus propias leyes. Nacía el dogma político, conformado por creyentes y no creyentes religiosos, aunque unidos por el mismo Dios, el dinero.



Pero Nietzsche no fue el primero en advertir éste nuevo paradigma, ya que antes de él, Hegel había teorizado en su "Fenomenología de espíritu", que la lucha del Ser por ratificarse ser, ergo "poder ser", o simplemente "poder", se evidenciaba en forma de dialéctica. Es decir, que donde hay poder hay lucha por el poder, y donde hay una creencia habrá otra creencia que luchen entre sí, para confluir en una síntesis que servirá de base para nuevas luchas (teoría que a posteriori sería recogida por Foucault).


Si bien la dialéctica es algo que nace en la antigûedad, y que tan bien describieron los chinos en su magistral "Yijin" (libro de los cambios), occidente, fiel a su solipsista y egomaníaca tradición, necesitaba ufanarse de su propia dialéctica cultural. Ojo, los egipcios, babilónicos y persas, cientos de años antes de Cristo, ya dominaban las artes retóricas enquistadas en la dialéctica; pero eso poco importa, porque finalmente fueron culturas abducidas por los europeos.



Con el Positivismo Lógico, se esmerila la filosofía, de cuya poiesis surge la Sociología, la cual, como no era de extrañar se inspira en la física clásica. No podía ser de otra manera, si todo era materia y el hombre era una cosa, la física clásica debía servirnos para explicar el comportamiento y conducta del hombre en sociedad. Los profesores universitarios, creían haber descubierto la "piedra filosofal". Mientras la verdadera intelectualidad se relamía, "ha llegado nuestro momento de gloria". La globalización tenía finalmente su dogma, por ende, un futuro venturoso.



A partir de las revoluciones comunistas, y especialmente a partir de la bolchevique, todos los movimientos filosóficos serían apoyados por el enorme poder económico en manos de esas élites (círculo rojo), siempre y cuando, apoyaran sin prescripciones al capitalismo y al comunismo o socialismo, ya que ambas eran funcionales al mismo objetivo, la globalización.



Hegel y Nietzsche resultaban un peligro, porque los tipos no estaban ni con uno ni con otro, y por el contrario atacaban los fundamentos de ambos hemistiquios del "nuevo orden". Y aunque el librepensamiento es un recurso más escaso que el honor, no se podían dejar huecos o rendijas.  Era menester subtitularlos y dogmatizarlos, así fue como el rol ecuménico de la Iglesia respecto de la Biblia, fue reemplazado por la Universidad. Quienes les enseñaron a sus alumnos a "bienentender" lo que había querido decir Hegel y Nietzsche, entre otros.




Así fue como, por ejemplo, hoy leen en Wikipedia que ""Dios ha muerto" no quiere decir literalmente que Dios está efectivamente muerto; es la manera de Nietzsche de decir que la idea de Dios no es capaz de actuar como fuente del código moral o teleológico (teleología). Nietzsche reconoce la crisis que la muerte de Dios representa para las consideraciones morales existentes, porque «cuando uno desecha la fe cristiana, se olvida de la moralidad cristiana. Esta moralidad de ninguna manera es evidente en sí misma. Rompiendo un concepto principal del cristianismo, la fe en Dios, uno rompe el esquema: nada necesario se mantiene en las manos de uno".


Así es como entiende el "profano ilustrado" la palabra de Nietzsche. Así funciona el dogmatismo, con interpretaciones en forma de estructura, luego regurgitadas y listas para que el populacho las digiera sin masticar. Pero el gran alemán, más que intentar moralizar el ateismo, que de hecho, nunca necesitó de moralización alguna; advierte los graves problemas que se generarían con el devenir de una filosofía de la conciencia basada solo en la economía ergo cosificación cultural exagerada de la sociedad. No se trata simplemente de un abordaje moral, sino de un enunciado ontológico, axiológico y teleológico respecto del Ser en cuanto relaciones del ser. Lo cual entenderán mejor sobre el final. 



Karl Marx, otro de los grandes de la filosofía; también comprende lo que venía insinuando Hegel, pero presa de un positivismo ya dominante, entiende que la natural lucha del Ser por ser capaz de Ser, o lucha por el "poder" se sintetizaba en una lucha histórica de clases sociales. Reducidos por fenomenología a Burgueses (propietarios o dueños del capital) versus Proletarios (dueños de sus vidas, de su familia y trabajo). Y ciertamente, no estuvo lejos de describir el problema de fondo, siendo su único "pecado" la incompletitud. 

La idea era muy profunda, salvo por la reificación que la contaminó, ya que también redujo al Ser a una relación de lucha por las cosas materiales. Al igual que el capitalismo iniciado dos siglos antes (supuestamente en Inglaterra), el socialismo, curiosamente denominado "humanista" pone como primordial también a la conciencia, pero unívocamente relacionada a la lucha de clases, ya que consideraba las relaciones del ser, como preeminentemente económicas. Marx sin un contexto dado por el posivitismo, quizás hubiese llegado a completar su teoría, no obstante nos dejó un enorme punto donde apoyarnos.    


Luego de los incontrolables Hegel y Nietzsche, es Martín Heidegger quién acecha el monismo materialista, quién vuelve a rescatar a un Ser que se pregunta por el Ser. Poniendo en serios aprietos a la cosificación que el modernismo le había infligido al ser humano. Un hombre común como Heidegger, hijo de un vulgar tonelero, con el desparpajo de elucubrar semejante profundidad intelectual era inadmisible y alarmante. 

Las acusaciones de nazi o "derechista", fueron el mejor antídoto bajado de las élites a las masas, quienes ya a esa altura solo sabían de dogmas políticos. El mundo se debatía entre Capitalismo y Socialismo (derecha vs izquierda), y la guerra su argamasa concupiscente. Pero para las élites, el peligro provenía de una filosofía que al igual que la de Hegel y Nietzsche, disolvía los fundamentos del capitalismo con la misma fuerza conque diluía los argumentos del marxismo. La globalización estaba en riesgo.   


Pero el apoyo al nacional-socialismo fue real en un principio, pues esa "tercera posición" (al igual que el fascismo), justamente embestía inusitadamente contra el capitalismo y el socialismo. Lo mismo hacía el peronismo en Argentina. Como todo dogma político, la no suscripción integral en alguno de esos dos bandos, le grangeó enemistades de ambos lados, pero principalmente de las élites intelectuales (círculo rojo). 


Luego de Heidegger, llegaría el turno de Michel Foucault, otro lacónico cultor de un anticapitalismo irreverente, pero asimismo, con la desfachatez de oponerse a un marxismo que ya en ese entonces se encontraba en estado de crisis terminal. De hecho, fue uno de los más conspicuos heraldos de la defunción anticipada de la URSS. Cosa que sucedió apenas 5 años después de su muerte.  Su Teoría del Poder, corrió idéntica suerte que la filosofía de los grandes pensadores precedentes, la subtitulación doctrinaria. 


Foucault va más allá de Marx, para señalar que "Donde hay poder, hay resistencia al poder", y cala hasta llegar al concepto de "pequeñas o micro redes sociales", como punto de partida de esa inmanente lucha del Ser por poder Ser, o lucha por el poder a secas. Que una filosofía de ésta profundidad, descubriera una de las claves del más hermenéutico saber en manos del "Círculo Rojo", exigía de una esclarecedora intervención. Así fue como, no tardaron en desfilar en procesión, algunos profesores de filosofía, agremiados bajo el mecenazgo de esas élites, en pos de refutar algo tan radical y socavante. 


Por su lado, luego de la primer Gran Guerra, la Escuela de Frankfurt, que ya había propiciado su famosa "Teoría Crítica de la Sociedad", funda lo que algunos consensuaron en llamar "Neomarxismo", que paradójicamente encontró que si bien el marxismo había fracasado en Alemania, merecía ser aggiornado y rescatado ya que, entendían que el marxismo en si mismo se elevaba como una doctrina crítica de la economía política. Toda una curiosidad, cuando justamente ningún dogma político más cerrado en la relaciones del ser en cuanto economía que el marxismo. 

No obstante, estos eximios filósofos llegan a hincarle el diente al hueso, cuando descubren que existía un "sujeto histórico" que luchaba por ocupar un espacio en el tejido social que lo contenía y condicionaba. Pero no avanzaron mas allá de eso, porque el norte era el marxismo, y ciertamente sobre finales del siglo XX, no solo se habían debilitado los argumentos del marxismo, sino que, los países que la habían adoptado como sistema de gobierno (mal adoptado), evidenciaban crisis económicas muy acentuadas.  

El alemán Niklás Luhmann, en mi opinión, lo mejor que supo darnos el gremio de sociólogos, concibe una teoría que aún tiene mucho para decir, me refiero a la Teoría General de los Sistemas SocialesA pesar de la diversidad de objetos de estudio, desarrolla una visión global de la sociedad, que no deja de lado las consecuencias que nos traería aparejado lo que él denominó La pedagogía de la globalización. 



Eso lo llevó a teorizar sobre el rol de los medios de comunicación como performativos de la moral, de las costumbres económicas y consumistas, habló de los problemas que traería la ecología en cuanto semántica de idealización. En síntesis, describió como pocos, los serios problemas que aquejan a las sociedades inmersas en el siglo XXI. 

Esta diversidad se nutre de numerosas lecturas, so echa mano a diversas fuentes bibiográficas que incluye, desde literatura francesa del siglo XVII hasta artículos periodísticos de la prensa brasileña y ensayos surtidos de ciencias naturales como culturales. Es decir que, su obra es plenamente sincrética y trasversal a toda la gnosis. 

Como de costumbre, al igual que Nietzsche, Schopenhauer, Heidegger y Foucault, no resulta dócil su lectura, pues requiere de una plataforma gnoseológica nutrida y generosa. En síntesis, otro de los grandes pensadores que llegan al profano en forma de "exégesis y doxografía". 

También es común, el tipo de resistencia, o lo que peor, indiferencia que ha tenido su obra en las Universidades de varios países del primer mundo, ¿las razones? las mismas. En varios países, sin embargo, le reprochan su tendencia a describir la sociedad sin criticarla y sin pretender corregir los problemas sociales y ecológicos generados por su evolución. 


Acá es dónde escribo una carcajada, y pregunto: ¿Por qué semejante tipo de crítica?, ¿Acaso alguna teoría o intelectual ha aportado alguna solución real a los problemas del hombre en su vida en sociedad?. Es curioso que aún se sigan pidiendo imposibles, como si la estupidez hubiese sido lo único que evolucionó. En sucesivos capítulos, seguiremos desarrollando ésta nueva teoría del poder, ahondando un poco más en el estudio de Foucault y Luhmann.  



La lucha por "Ser capaz de Ser, o la lucha por el poder"; es algo que está incrustado en la esencia del Ser, no es algo que podamos elegir, y es en síntesis lo único que caracteriza al Ser separándolo del Ente o la cosa. Está inscrita en el individuo, no en el sistema ni en las conformaciones sociales, es algo radicalmente profundo. Cosa que seguiremos analizando en el próximo capítulo. 


Me despido pensando en voz alta que, quizás la globalización sea la gloria y no lo que pienso. No obstante mis temores parten simplemente por el hecho de intuir que si la lucha por el poder es algo que existe a partir de la condición esencial del Ser, no veo cómo la constitución de un solo Poder o Estado suprahegemónico a nivel global pueda resultar funcional o de utilidad para las aspiraciones del individuo por lograr ratificarse Ser. 





Es muy posible que mi análisis esté equivocado, pero no puedo imaginar una mejor solución a la concentración del poder que, el camino opuesto a la globalización, la dispersión y máxima atomización posible de ese poder en cuanto Ser. ¿Usted qué imagina? ¿Alcanza a proyectar cómo serían nuestras luchas individuales ante un solo gobierno mundial con la suma del poder total? 


FIN DE CAPÍTULO

La teoría del poder, está basado al igual que Heidegger en un Ser que se pregunta por el Ser. Toda pregunta por el poder, es una pregunta por el Ser 

MIENTRAS QUEDE ALGO DE NUESTRO SER, HABRÁ RESISTENCIA AL PODER 

LEER EL PRÓXIMO CAPÍTULO: SOLIPSISMO SIGLO XXI, UN PROBLEMA DE CONCIENCIA 

Exclusivo para DIARIO LITERARIO DIGITAL 


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lunes, 16 de mayo de 2016, 5:27:00 GMT-3

tengo un par de ideas al respecto compañero

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