Solipsismo siglo XXI, un problema de conciencia (Filosofía) | DIARIO LITERARIO DIGITAL

Solipsismo siglo XXI, un problema de conciencia (Filosofía)

domingo, 26 de julio de 2015 0 comentarios

"El solipsismo de la conciencia humana, es la ceguera del hombre"



Escrito por Lic Ramón D. Peralta

Exclusivo para Diario Literario Digital




EJERCICIO FILOSÓFICO: Quinta parte

Serie de ensayos: El Ser en las relaciones del ser





SOLIPSISMO, EL ETERNO ESTIGMA PARA LA FILOSOFÍA DE LA CONCIENCIA

Continuando con la saga El Ser en las relaciones del ser, cuyo anterior capítulo se titula TEORIZAR SOBRE EL PODER, ES PREGUNTAR SOBRE EL SER, habremos de distendernos de la aporía utilizando como de costumbre, más ironía en pos de sobrellevar la ironía intrínseca a la realidad. Mi padre solía aconsejarme sobre que "una inteligente manera de encarar la muerte, pasa por no tomarse la vida con demasiada seriedad". Hoy entiendo mucho mejor ese consejo, la vida es poco seria y la muerte su ratificación. 

La filosofía, en muchos aspectos, es el idioma de la contradicción. Y justamente ese intento de explicar lo hipotéticamente coherente en simultáneo que, procura narrar lo inexplicable y enigmático, es lo que hace tan dificultosa la lectura de los más excelsos textos filosóficos. Cuando la indefinición, incertidumbre, especulación y aporía han sido traducidos al lenguaje de la palabra, suele desembocar en una narrativa que sobrepasa los límites de lo intrincado e inteligible.    

La doxa y episteme o acción canonizadora de la filosofía, es lo que estudiamos en la universidad. Ya que el estudiante (salvo honrosas excepciones), no alcanza a comprender lo críptico, ergo será el profesor quién lo tome de la mano para desandar el tránsito a la aproximación. El lazarillo que le muestra el camino al ciego, para que luego ese no vidente pueda recorrer por si mismo el sendero de la memoria. Aprendemos de un lazarillo, que también es ciego. Pero ¿quién o qué nos enseña a pensar? ¿Hay alguna universidad en el mundo que forme pensadores?

Es curioso éste punto, porque cuando visitan la Universidad de Harvard en Cambridge, estado de Massachusetts (EE.UU.), supuestamente la mejor universidad del mundo, uno encuentra en su escudo la palabra VERITAS, es decir "verdad" en latín. Es estimulante, místico y proyectivo. 
Uno piensa, quizás valga la pena invertir tanto dinero en mi educación. El concepto de inversión en educación suena muy extraño, pero no, es lógico; en tiempos de tanta cosificación, mi saber debería ser algo comercializable, financiable, productivo, un bien, una cosa, un algo que me ayude a ganar más dinero en el futuro. Eso mismo, una inversión ¿Yo qué dije?.

Pero resulta que en esa Universidad donde uno aprende qué es la "Veritas", se encuentra con una estatua de su presunto fundador, un tal John Harvard, quien habría inaugurado tal institución en 1638, cuando en realidad se fundó dos años antes, en 1636. Pero resulta que tampoco fue fundada por Harvard, sino que éste tipo, del que no se conoce imagen alguna; solo fue un importante benefactor que donó dinero y cientos de libros. 



La estatua de John Harvard, que ven en la entrada principal de la universidad, hecha por el escultor Daniel Chester French, algo más de dos siglos después de la muerte de Harvard, en realidad es la imagen de un estudiante de nombre Sherman Hoar, quién posó de modelo para la ocasión. Es entonces cuando uno cambia la pregunta por ¿Voy a gastar dinero que no tengo para aprender éste tipo de "veritas"?.

Pero las contradicciones no empiezan aquí, se expanden aquí. Ese lenguaje de la contradicción, que en paralelo ostenta una misión determinante  y absolutista en cuanto pesquisa de la verdad, ha resultado nítidamente sarcástica. Porque las relaciones del ser en tanto creencia de saber, es una parodia superior, una gran enajenación. 

Luego de debatir por primera vez con un grupo de matemáticos y físicos de partículas, entendí que había un nuevo mundo donde el lenguaje se mostraba más humilde y por ende, más inteligente, ergo desnudaba un evidente pragmatismo a la hora de elegir. Un lenguaje más consciente de sus propias limitaciones, más reflexivo, más abierto, más dinámico e inquieto..., menos "clásico" y más "ilógico", de asombrosa lucidez. 

En el siglo XXI, la auténtica actividad filosofal, se encuentra desplazada, no está en manos de los mismos, estos son otros, las preguntas son otras, son otras dimensiones, otra eidética, donde la antilogía ha reemplazado como vecino o prójimo a la mecanicista y narcisista sistematización de la lógica clásica. 

La mecánica cuántica, nos mostró que en el mundo de las esencias, nuestro lenguaje no sirve, no es eficiente, es un enemigo, una cierta apoplejía de la razón. La crisis de la filosofía, se inscribe así en las exequias de la lógica clásica. Un occiso que aún nos habla y domina, como todo prócer; pálida necrofilia que nos abruma, embelesa y obnubila. 

Y siguen sus encíclicas, cuando verificamos que sin ese lenguaje lógico y neoclásico, no habríamos de haber endiosado a la conciencia de la manera en que lo hicimos. La ciencia cuántica, verdugo de la ciencia clásica, de alguna manera también de la filosofía, es quien piensa e investiga las esencias. El saber actual, episteme, ontología, su racionalidad, todo; quedará como una capa más de la historia del pensamiento humano. De hecho ya lo es, aunque no todos lo vean. 

Entonces, cuando nos preguntamos ¿Qué es la ontología en realidad?, ante este nuevo panegírico, éste laberinto de espejos con imágenes distorsionadas, invertidas y opacas; hay que preguntarle a los científicos. Una cosa deberíamos hacer y pronto, domesticar al lenguaje clásico, cesar de cabalgar en un corcel que nos lleva donde él quiere. Tiempos de paradigma, donde la palabra domina a su creador. 

El mayor reto de la filosofía de la conciencia ha sido poder salir del solipsismo. Es decir, poder descubrir la realidad, a partir de la conciencia pero sin que se note que lo hacemos desde la sola conciencia. Es decir, poder validar una realidad vista desde una misma y única ventana, argumentando sin argumentos que esa única ventana circunda y contiene a toda la esencia humana. Un ser que habita una conciencia cerrada que tiene la potestad de cerrar el universo dentro de si misma. La mente en cuanto razón sería una especie de caja de pandora donde todo puede ser guardado. 

La filosofía ha sido una consecución de manotazos, so cada vez que metemos la mano sacamos una definición distinta de Realidad. Ese relacionador de la verdad en cuanto descubridor de realidades psíquicas, es todo un tema. Pero cuando se piensa el mundo de las esencias, con lo poco que ya conocemos de ese mundo, uno comienza a desconfiar de la conciencia (el cogito cartesiano). 

Una suerte de autocontemplación de la conciencia hecho a consciencia. Esa autocrítica que nos desnuda y expone ante el fraude que nosotros mismos construimos ante el querer ser. Una confesión suprema, el mea culpa que describa el vil pecado de soberbia y lujuria, creerse Dios sin creer en dios. Soy de esos ateos que comenzaron a  dudar de su ateísmo. Quizás me moleste que el puesto de Dios haya sido ocupado por una copia, una imitación, una apócrifa versión de Dios-Hombre, hecho a imagen y semejanza del hombre-cosa, ergo el hombre moderno.

Del estudio de la ciencia cuántica, uno puede obtener una aproximación nocional de aquellas esencias que nos constituyen, que están más allá de las creencias "lógicas". El epojé trascendental husserliano, aquel que pone en "pause" la tesis de efectividad con que mirábamos al mundo, aquel que destruye las estructuras conservadoras en base a puro pensamiento. Ejercer esa capacidad natural y innata que tenemos para revelarnos contra el poder del dogmatismo racional impuesto por el conjunto, y más propiamente, por quienes en nombre del conjunto subyugan al Ser.  

En esta locura científica, uno puede imaginar que la realidad no es algo que dependa del ser humano y su conciencia. La realidad es quién nos descubre, nos demarca, nos expande, nos identifica sin explicar. La relación de la conciencia con el ser y el ente, es fenomenológica, porque la realidad no tiene una existencia de esas características, so la realidad no es extática ni fenoménica. Lo que es fenomenológico y extático, es la conciencia del Ser humano en cuanto su propia visión psíquica del universo y la orientación que la ha dado. 

En otras palabras, la comprensión del ser y el ente es un problema del hombre, no de la realidad. La realidad precede al ser humano, y no necesita de él para establecer su propia ontología y teleología. La comprensión que la conciencia hace en cuanto posibilidad, no cambia la realidad, tampoco cambia al ser y al ente, ya que, en rigor ya eran parte constitutiva de la realidad. No hay problemas solipsistas, existenciales y de mismidad en el mundo de las realidades, sus problemas solo son esenciales.

  

Si bien Heidegger  hace un encomiable esfuerzo por salir del solipsismo, su obra "Ser y Tiempo" concluye con la imagen de un Ser que se pregunta por el ser, en cuanto idea de Ser curador y cuidador de las relaciones del Ser. No se trata de un Ser cualquiera, sino de un tipo de ser pensado por la conciencia humana. Un dasein, un "ser ahí" para la muerte. Un tipo de ser que se torna objetivamente accesible en la muerte. Ese darse objetivo de la muerte, dice Heidegger, "... deberá posibilitar una delimitación ontológica de la integridad del dasein". 

Heidegger cree que solo la vida determina los alcances y límites del dasein, y lo patentiza cuando nos da a entender que el conocimiento del ente en tanto ente, solo se logra con la muerte del dasein, donde finalmente se separa espíritu de lo corpuscular.

Lo que evidencia que, a pesar de su tesón intelectual, tampoco puede abandonar el solipsismo. Y ciertamente resulta imposible salir del solipsismo, cuando seguimos poniendo a la conciencia humana como el panóptico del universo. ¿Por qué todavía seguimos creyendo que el hombre es el centro ontológico y epistemológico del universo?

El hombre ama creer en Dios, tanto como jugar de dios. Los problemas trascendentales del hombre, no son problemas trascendentales del universo, mucho menos de la realidad. La realidad siempre estuvo ahí, y lo que nosotros creemos descubrir en la ciencia en cuanto ontología, es solo el espacio que ocupa el ser humano en esa realidad. No hay relaciones de sujeto -objeto en el mundo de las esencias, solo relaciones del ser.  
Muchos gustan darle cierto aire de abolengo a sus escritos apelando a los étimos, pues la etimología protoindoeuropea de quien derivan las palabras en las lenguas romanceras, tiene a "Ser"  como el verbo copulativo que devino de "esse" = ser y "sedere" = estar sentado o afirmado. Es decir que, solo el inglés mantuvo el significado original en el "to be" que mantiene la dualidad significante de "ser y estar". Por cuanto el dasein de Heidegger, solo sería una accidentología del idioma alemán. Ya que, "ser ahí", originalmente estaba incluido en una sola palabra "Ser". 

A su vez, el término "cognoscere" (del latín), luego conocer (en castellano) nace de la conjunción copulativa de gnosis (del griego) y el "esse" ergo ser (indoeuropeo). El prefijo "Kom" (indoeuropeo) que significa "junto o cerca de". También fue influenciado por el antiguo sufijo "Sk" (proceso o acción duradera). Tampoco se trata de otorgarle a la etimología méritos que no posee, pero es curioso encontrar que, uno de los sinónimos primigenios de Conciencia es necedad, luego los romanos le darían un sentido divergente y ambiguo, pero ese es otro tema. 

De la unión de "esse" (ser) y potes o potis (posibilidad o capacidad), nace la palabra "poder", es decir la capacidad que tiene el ser de constituirse ser. En otras palabras, la etimología de "Poder" ya lleva implícito el significado de acción de lucha del poder ser en cuanto Ser. Siendo la "lucha por el poder" una redundancia o un extraño sinécdoque. Lo que caracteriza al ser es la lucha por ser en sus relaciones de ser. ¿Los entes no luchan?, y aquí es donde se abre un nuevo y desquiciante interrogante, a nivel esencial ¿Dónde está el límite que separa al Ser del ente?. 

El vocablo "realidad" viene del latino "realitas", que tiene su origen en la palabra “res”. Res tiene múltiples significados: cosa material, ser en general, hecho, objeto, materia, asunto, circunstancia, experiencia, poder, causa y otros. De uno de estos términos- "causa"- proviene "cosa". Un buen resumen del étimos de "Realidad" sería "conocimiento de todos los seres y las cosas".

La palabra "res" entra en la filosofía en ocasión de algunas disputas medievales, y de ella nacen el adjetivo "realis" y el adverbio "realiter", que fueron usados normalmente por la intelectualidad. Un salto de gran importancia filosófica se produjo cuando Santo Tomás de Aquino consideró la palabra “res” también como un trascendental. Los trascendentales eran en la doctrina clásica aquellas propiedades que pueden atribuirse a cualquier ser: en este caso, de cualquier ser puede decirse que es “cosa”. Por fin, Duns Scoto introdujo el neologismo “realitas” para referirse a "aquello en lo que los diversos tipos de seres concuerdan".

Si nos atuviéramos a la definición de "realidad" de Scoto, obviamente nos resultaría imposible salir del solipsismo, ya que, ese significado está condicionado a una suerte de consenso colectivo de los seres humanos. ¿Cómo salir de éste egocentrismo o solipsismo en cuanto significante de una realidad menos subjetiva? ¿Cómo limitarnos a aceptar una realidad universal que solo pueda existir en base a la mera voluntad humana? ¿Tan omnipotente somos?. Se evidencia una especie de forclusión de los significantes  más importantes del universo..
 

Sin embargo, y aunque nos pese, la historia materialista del hombre, le debe más al azar que a la causalidad. Causa y efecto, que han sido disueltas por una realidad inclemente y atroz. No obstante, esos méritos ajenos a la voluntad de la conciencia, son quienes explican la evolución y los grandes hallazgos y descubrimientos; so, a la curiosidad le pertenece el resto.  
Por serendipia, pudimos encontrar una palabra como "Serendipia", que significa: encuentro feliz y fortuito de algo importante cuando estábamos buscando otra cosa. Es decir que, existe la "real" manera de encontrar una nueva realidad, independientemente de nuestros consensos y lenguajes. Esa accidentología, es cabal muestra de que la realidad es plenamente autónoma de la conciencia humana. 


En internet (incluso en wikipedia) encontrarán varios ejemplos de serendipia, que de agudizar el ingenio abarcaría el devenir del progreso humano. El principio de Arquímedes fue descubierto al introducirse en una bañera y observar cómo su cuerpo desplazaba una masa de agua equivalente al volumen sumergido. Salió desnudo a la calle gritando la famosa palabra: ¡eureka!. 


Niels Bohr llevaba mucho tiempo trabajando en la configuración del átomo. Tuvo un sueño en el cual vio un posible modelo de dicha configuración, y al despertar, lo dibujó en un papel, sin darle mucha importancia. Poco tiempo después, volvió a ese papel y se dio cuenta de que realmente había hallado la estructura del átomo.


En 1922, Alexander Fleming estaba analizando un cultivo de bacterias, cuando se le contaminó una placa de bacterias con un hongo. Más tarde descubriría que alrededor de ese hongo no crecían las bacterias e imaginó que ahí había algo que las mataba. Aunque él no fue capaz de aislarla, ese episodio dio inicio al descubrimiento de la penicilina.


El químico Friedrich Kekulé llevaba mucho tiempo intentando encontrar la huidiza estructura de la molécula de benceno. Simplemente, no se conocía una estructura de seis carbonos que tuviera las propiedades químicas que exhibía. Según cuenta él mismo en sus memorias, una tarde, mientras volvía a casa en autobús, se quedó dormido. Comenzó a soñar con átomos que danzaban y chocaban entre ellos. Varios átomos se unieron, formando una serpiente que hacía eses. De repente, la serpiente se mordió la cola y Kekulé despertó. A nadie se le había ocurrido hasta ese momento que pudiera tratarse de un compuesto cíclico.


El politetrafluoretileno, más conocido por su nombre comercial Teflón, fue descubierto en 1938, mientras el doctor Roy J. Plunkett trabajaba en el desarrollo de sustancias refrigerantes y debido a un mal funcionamiento durante sus experimentos realizó el hallazgo.

 

En el libro Futility, or the Wreck of the Titan cuyo autor es Morgan Robertson se narra el naufragio de un barco llamado Titan. Dicho libro fue escrito en 1898, 14 años antes del naufragio del Titanic, y las coincidencias son asombrosas. De entrada, el nombre de ambos barcos, Titán y Titanic, el hecho de hundirse ambos en su viaje inaugural, de haber chocado con un iceberg, de mencionar un mar muy tranquilo como un espejo, cercano a la isla de Terranova. Sus dimensiones similares (75000 toneladas y 66000, 243 metros de eslora y 268) o el apellido del capitán en ambos casos (Smith), el tener pocos botes salvavidas y la cantidad de personas fallecidas, muchas de ellas multimillonarios.


El libro Más allá del espectro también de Morgan Robertson, publicado en 1914, narra la guerra hipotética entre Estados Unidos y el Imperio del Japón, en donde menciona el ataque con máquinas voladoras en Pearl Harbor, la principal base naval del Pacífico de los Estados Unidos, con bombas luminosas, cuando en ese tiempo la aviación estaba en pañales, que fue en diciembre y en la mañana de un domingo, sin haber declaración de guerra y que originó miles de muertos entre los marinos y población civil de esa base naval. Esto sucedería 27 años después, en 1941, y existen muchas más coincidencias... 
Incluí estos someros ejemplos a modo ilustrativo, aunque bien podemos inferir que ha sido la regla y no la excepción. En la mayoría de los casos, los científicos e investigadores, comienzan sus labores de búsqueda en base a hipótesis que deben ser probadas. En las menos, dichas hipótesis se comprueban, pero en las más, no se falsea ninguno de esos objetivos o se descubren cosas que no estaban contempladas en sus consignas y premisas. 


La evolución de la ciencia ha sido fruto de una consecución de encuentros fortuitos con la realidad, cosa que, como habrán visto, frecuentemente nos encargamos de subtitular, tergiversar y lo que peor, asignarlos como el resultante de egomaníacos méritos racionales.   
Las virtudes de la curiosidad, aparecen antes que la conciencia del Ser Humano, nos preceden en cuanto razón, so un tipo de impulso que nos condiciona a ir siempre más allá de las fronteras de lo conocido. 
La mecánica cuántica, no era algo que se buscaba de ex-profeso, de hecho, por el contrario, surge en función del embelesado empeño por ratificar la certidumbre que nos había insinuado la física clásica, musa inspiradora de las ciencias naturales y de la cultura. 
En medio de esa pesquisa por hallar los fundamentos últimos de las Leyes de la Física Clásica,  fue que nos topamos con éste tipo de "serendipia". Una realidad tan poderosa que, cambiaría el rumbo de toda la gnosis, por ende, de toda la humanidad y sus fundamentos.  




El problema del subjetivismo con que tamizamos esa nueva realidad, es lo que nos devuelve a la verdad psíquica, idealista o solipsismo, ya que, esa nueva porción de realidad descubierta pierde su autonomía, para pasar a integrar la dimensión de las interpretaciones humanas, condicionadas severamente por una lógica divorciada de las leyes de la realidad.

Una lógica con normas inventadas por el hombre en virtud del conocimiento de la vecindad de las formas (saber clásico), una cierta anticonstitucionalidad en cuanto veritas, que aún nos resistimos aceptar. Una verdad subjetiva con prescriptivos problemas de legalidad. 

Pero la mente humana no posee reglas ni barreras que la limiten, el Ser en cuanto ser, lucha por su propia identidad, por su propio espacio, por su propio nombre, impidiendo que se le conozca y domine en el sentido del absoluto.





La conciencia ha intentado crear reglas para lograr atrapar la certidumbre en cercos de "normalidad", y a ella se ha sometido la educación, la cultura y las ciencias naturales y sociales, pero el espíritu humano nunca pudo ser sodomizado; so es un guerrero que tarde o temprano termina triunfando por sobre la razón y las percepciones. Hay tantas cosas que no podemos explicar con esa "lógica clásica y dogmática" que, se le ha puesto signos de interrogación a la misma racionalidad que pretende ponerse sus propios límites. Vaya paradoja.   

Tal es el caso de Jane Roberts, una escritora de libros infantiles de Elmira, Nueva York, que en 1963 inicia una serie de experimentos para expandir la consciencia. El resultado de esto, fue el material de Seth, y en retrospectiva, es absolutamente sorprendente que 15 años antes de que se formulara la teoría de los Superfilamentos, Roberts escribiera y publicara, entre otras cosas, una descripción de la estructura subyacente del universo que en términos inequívocos corresponde a la teoría de los Superfilamentos.


Aún más sorprendente es el hecho de que cuando Seth afirma textualmente: "...se trata de filamentos en movimiento, constantemente trémulos, y además de eso están vivos", lo hace por boca de una persona completamente ajena al campo de la física, en lucha constante por encontrar formas de lenguaje que pudieran describir conceptos que, según las palabras de Kaku, representan a "la física del siglo 21 caída en las manos del siglo 20".



Ya en la antigüedad griega se habían visto las pitonisas de Delfos enfrentadas ante un dilema similar: ¿cómo explicar los símbolos correspondientes a una realidad supramundana en términos de la realidad cognoscible de la tercera densidad? ¿cómo transponer el metalenguaje de los arquetipos en el lenguaje mundano que nos es familiar?. Conocimiento que nos llega de la mano de los pitagóricos. 



El mundo científico al nivel de su más encumbrada cúpula de eminencias pensantes, está básicamente llegando a la misma concepción del universo que las antiguas filosofías orientales del Taoismo, Hinduismo y Budismo. Curiosamente, vemos también como la ciencia está poco a poco reconociendo que las fuentes del conocimiento no son exclusivamente accesibles por medio del método científico, y que las percepciones de algunos llamados intuitivos, laterales o "inconscientes" como se les llama modernamente, pueden resultar sorprendentes por el grado de preclaridad que denotan. 


De hecho, hay una estrecha relación entre los máximos niveles de concentración mental y los estados de éxtasis espirituales. Las inevitables conexiones del cerebro con todo el cuerpo, reaccionan ante un poderoso estímulo emocional y sentimental que motoriza toda esa energía intelectual, llevando que un Ser humano pase varios días en estado de elevación espiritual. No hay manera de separar el pensamiento del espiritualismo, cuando es tan profundo. 


Lo curioso es que éste tema, que para el profano se erige como sospechosamente esotérico y supersticioso, es moneda corriente para los grandes científicos que diariamente lidian con fórmulas matemáticas y ecuaciones que hacen ver la Teoría General de la Relatividad como un juego para niños. Ello explica el disfemismo "misticismo cuántico", justamente en manos de personas ajenas al ámbito de tales investigaciones. 


Un debate absurdo, planteado de manera irreverente por quienes ignoran por completo el mundo de la ciencia cuántica. Obviamente ningún físico ni matemático busca mística alguna, y por el contrario se va por certezas y definiciones. Los arquetipos místicos, asumiendo una rotulación que es propia de los "preceptores del lenguaje clásico", no es algo que se persigue, es algo que se nos muestra en evidencia. 

Pero son místicos simplemente, porque están más allá de los límites de la lógica clásica, así es como nace la lógica cuántica, una disciplina que con el devenir, va asumiendo una episteme que día a día se aleja, por necesidad, de la lógica clásica. Seguir pensando en términos "clásicos", responde a un esquema cognoscitivo ceñido con lo dogmático, pero la inteligencia del científico le exige de otro tipo de inteligencia ergo elección. ¿Cuál es el miedo, que nos volvamos más espirituales y menos materialistas?. 



La misma patota neurocientifica, ha propiciado una suerte de división del trabajo para el cerebro humano, dividiéndolo en capas "arqueológicas" (cerebro reptiliano, límbico, neocortex, etc). Estableciendo asimismo que en realidad, la parte que representa la conciencia o razón, es lo que menos utiliza en proporción la mente humana.  Pero es coherente el uso de la palabra misticismo cuántico, luego de casi tres siglos de denodada cosificación de lo humano. Hoy la "cosa" tiene su propia crisis de fundamentos. 



Es tan autoritaria y parcial la lógica racional que emergió del monismo materialista, ya que advino a la palestra del modernismo para llenarse de prohibiciones. Por consiguiente, lo verdaderamente místico está en la realidad, quien a pesar de todas esas excluyentes limitaciones, logró imponerse mediante la nueva ciencia cuántica en paralelo con la nueva cosmología. 


El concepto de pseudociencia, resultó pseudocientífico, y a pesar de la cárcel en que se puso a la imaginación e intuición, éstas demostraron que sus atributos están mas allá de la mera reificación. Los problemas que se ocasionó a si mismo el hombre, no es algo que le incumba a la realidad. 



El solipsismo implícito en la filosofía de la conciencia solo es un problema de "conciencia". Es algo con lo que habrán de entretenerse los dogmáticos lógicos o lógicos dogmáticos, mientras la comunidad científica más avanzada se encarga de la ciencia y la filosofía simultáneamente. 


Tampoco entiendo se trate de un regreso al espiritualismo (ojalá lo fuera), sino que, se infiere es un regreso de los miedos trascendentales. Con la filosofía de la conciencia nos sentimos más cerca de la certidumbre, de la omnipotencia y omnisciencia; con el conocimiento cuántico nos devolvimos a los confines del temor, miedo y estremecimiento, todo ello plenamente consciente. Es decir, éste nuevo tipo de miedo no es algo que nazca de la abstracción, sino que, emerge de la razón, es un miedo diáfanamente racional.  

El paradigma de éste nuevo saber científico es que, expande radicalmente el imperio de la imaginación hasta trasvasar la frontera de la fantasía clásica. Bocaccio jamás pudo llegar a estos territorios, y sus geniales fantasías adquieren pasaporte de fantasmas nominativos y momificables. La mayoría de los teoremos e hipótesis actuales, prescinden del tiempo como vector. 



El concepto de tiempo clásico, ya ni siquiera cuenta en éste segmento científico, y eso es preocupante para el dogmatismo filosófico, acostumbrado a quemar miles de hectáreas de papel en teorética y especulaciones  logorreicas que nunca dijeron nada en concreto. Lo que nos hace pensar que el Positivismo lógico fracasó, pero asimismo triunfó, ya que, hoy, al parecer, la filosofía primera y última es de corte netamente científico. 



Hoy la ontología en cuanto lógica cuántica, simula haber superado los límites de la misma metafísica, ya que la física cuántica insinúa no conocer sus propios límites físicos. La pregunta ¿Qué está más allá de lo físico (metafísica) en la ciencia cuántica?, nos exige de una imaginación inimaginable.    


Para pensadores como Platón y Gurdjieff,  en términos de potencialidad, podremos llegar a conocer la realidad cuando hayamos hecho el necesario esfuerzo por "despertar", por "romper los muros de la prisión". El sacrificio supremo que nos inhibe de sentirnos el centro del universo, sabernos uno más en esa armoniosa red de la vida, ergo animarnos a salir de la "caverna" donde solo veíamos las proyecciones degradadas del simulacro (la copia), nuestras propias sombras.  



El paradigma se retuerce en una nueva y rechinante bisagra, ante un tipo de ontología presa de la realidad en relevo de una ontología idealista y romántica, aquella que nos mostraba entidades más cerca del querer ser, que de lo que "es", de plano y de bulto. 



La angustia de comprobar que las cosas no son como deseamos sino como son, subyace en esa crueldad en manos de una eidética, exóticamente formalista; so impiedad que tiende a hundirnos en un mundo de esencias que rompen con toda idealización románticamente humana, solipsismo póstumo. Se trata de un vacío generado dentro de los feudos de la conciencia, donde no hay un Yo sujeto dueño de heráldica y blasón alguno. 



Esa expansión de la imaginación que le ha llevado a la comunidad científica a subjetivar la realidad, en cuanto al grado de conciencia en la lucha que parecen tener esos "seres" constitutivos, originales y esenciales; ha propiciado nuevas preguntas, una de ellas es ¿Por qué así?. ¿Por qué éste tipo de conformación compleja de materia, antimateria, onda, energía y enigma?. Las dudas ahora se orientan a indagar sobre el porqué de la forma humana en cuanto evolución, constitución esencial y combinación. 
¿Por qué el hombre de carne y hueso, cuerpo y mente, alma y espíritu, materia y energía, parece haber nacido y evolucionado con una posición estratégica ante el universo?. 
Una suerte de equidistancia entre las macrodimensiones cosmogónicas y las microdimensiones cuánticas, aquello que le permitió ver hacia afuera y hacia adentro, hacia arriba y abajo, hacia lo cercano y lo lejano, hacia lo material e inmaterial, hacia lo interior y exterior, hacia lo evidente y lo paradójico, hacia lo que percibe y lo que no percibe, hacia el ser y la nada, hacia las formas complejas y hacia lo invisiblemente esencial, hacia lo individual y universal. El cuerpo humano es en si mismo su propia fenomenología. 
Un tipo de Ser en cuanto relaciones del ser, que tiene la capacidad de mirar hacia todos lados. Acá es donde la comunidad científico-filosófica rescata el ideario de "panóptico".  Aquella abstracta arquitectura o ingeniería que le permite al Ser, ubicarse en el centro estratégico del edificio, so poder ejercer el poder de ver y conocer los otros seres, sin que sea visto y conocido. 
Una posición que redunda en una visión omnidireccional (en todas direcciones), con la exclusión de uno mismo, un sujeto que se resiste al conocimiento. Quizás eso explique por qué sabemos más del universo que del propio Ser Humano. Pero el panóptico metafísico, será el tópico del próximo capítulo de la saga (tampoco me olvido de Luhmann y Foucault).  

Nada describe mejor la esencial condición del Ser  por luchar por Ser en sus relaciones del ser (lucha por el poder), que el solipsismo.-

FIN DE CAPÍTULO
 El solipsismo no se limita a la omnisciencia de una mente que se asume única, sino a la de una especie que se resume como el Único panóptico, capaz de ver en todas las direcciones. Un Ser que se atribuye el rol de exégeta natural del universo, su amo, señor, vocero y propietario.    

CONTINÚA EN NUEVA TEORÍA DEL PODER UNIFICADA 

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