La política, el culto a lo imposible (Filosofía) | DIARIO LITERARIO DIGITAL

La política, el culto a lo imposible (Filosofía)

miércoles, 8 de julio de 2015 0 comentarios

"La política, el arte de pedir lo imposible como única manera de deconstruir un ideal realista"



Escrito por Lic Ramón D. Peralta

Exclusivo para Diario Literario Digital



EJERCICIO LITERARIO


LA POLÍTICA COMO RELIGIÓN 


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¿Qué es pensar la política?. Miles de años después de que los primeros filósofos griegos teorizaran sobre "política", aún seguimos haciéndonos las mismas preguntas ¿Qué es lo político? ¿Qué es lo no político? ¿Cuáles son sus diferencias? ¿Qué significa ser político? ¿Qué es democracia, y qué república? ¿Qué debería ser el Estado? ¿Cuál es la naturaleza del ser humano en cuanto a libertad política? ¿Y la igualdad qué significa para nosotros? ¿Por qué entendemos el concepto de Nación como algo distinto de Estado? (...)

Hay muchas preguntas que, aún seguimos haciéndonos, sin que hayamos podido consensuar una sola respuesta que nos satisfaga a todos.    

Quizás algunos estudiantes universitarios, y profesionales ya graduados; aún se pregunten ¿Por qué hay tantas clasificaciones y subdisciplinas que dividan el estudio de una misma ciencia? ¿No hay manera de simplificar algo que se me anticipa como científico? ¿Por qué si algo es científico realmente, me es tan difícil de entender? 

¿Es la ciencia una respuesta, o el próximo peldaño para la filosofía?. ¿Por qué neologismos como biopolítica, biopoder, bioética, neurofilosofía, neuroética, tecnofilosofía, criptometafísica, etc? ¿Algún día se detendrá toda ésta enajenante expansión del lenguaje? 


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Y la pregunta que, cuanto menos, suelo hacerme más frecuentemente ¿Por qué la evolución significa complejidad? ¿No debería ser al revés? ¿No es ciertamente paradigmático, evidenciar que en la medida que más conocemos, menos sabemos?. Como dijera la pensadora Ikram Antaki "El cambio está en manos de los jóvenes y los intelectuales, que en rigor es lo mismo, ya que, intelectual es aquella persona que se niega a crecer". Si fuera así, quizá uno sea un intelectual, aunque también dudo de esto (aunque es verdad, muchos aún no hemos salido de la edad del "porqué"). 

Pero dado que el tema de estas horas en Argentina son las últimas "elecciones", en un año donde hablaremos seguido de política (hay muchas elecciones por delante y por detrás), me propuse hablar de... no sé realmente qué. El día que sepa de qué trata la política o qué significa, quizás hable de eso. Hoy solo puedo hablar de aporías, contradicciones y paradojas, siempre bajo el prisma focal de la duda.    



Entonces, y ya que en internet el tiempo es tirano, habré de comenzar con el final, so la simplificación eidética del lenguaje filosófico que; quizás  le resulte de utilidad a los más sedientos de gnosis. En tiempos de la mecánica cuántica como rectora de todo el saber científico, y por ende, filosófico; no debería sorprenderle a nadie en el siglo XXI, se pretenda introducir como dialelo el significante de "teoría unificada". Algo que no deje afuera nada de lo que hasta ahora conocemos, y que explique el todo ¿Suena difícil?, no solo suena, lo es. 

Pero para eso está la filosofía, para simplificar. Aunque los movimientos del modernismo se hayan empeñado en desandar (sin proponérselo) el camino contrario. Porque el mismo estudio de la filosofía se transformó en su antimateria, ergo una teoría del conocimiento que, no fue, no es,  ni será. 


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De esta comprensión de que la filosofía es el método asistémico que posee la psiquis humana para aprehender el movimiento en cuanto conocimiento, es que, me animo a preguntar ¿Es que acaso la filosofía no ha sido una expresión refinada, sofisticada, lujuriosa y farragosa de idealización de toda perspectiva cognoscitiva?. 

Y acá es donde quizás tengamos un punto interesante donde apoyarnos, porque, tanto se trate de mecanicismo, racionalismo, criticismo, logicismo, positivismo, nominalismo, determinismo, fenomenologías, etc; todo puede ser simplificado como un idealización exagerada de los poderes y capacidades de la conciencia humana. Muchos movimientos filosóficos, en especial del siglo XX, le confirieron unilateralmente al racionalismo humano superpoderes que, la evidencia nos mostró no posee. 

Nacía así la primera magna paradoja del modernismo, porque justamente ha sido la mecánica cuántica, la cosmología,  las neurociencias, en resumen la ciencia más adelantada, la que ha venido ha probar que la materia no abarca el todo en cuanto ser. Esa creencia de que todo es materia y que por defecto, la ciencia en si misma alcanzaba para axiomatizar la dimensión de la realidad del universo, es falaz y absurdo. Pero esta vez, dicho desde el mismo lenguaje de la ciencia. Segunda paradoja.


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Entonces expresiones como biopolítica o bioética, etc, ya no resultan de utilidad, en la medida en que se probó, el ser humano es mucho más que solo un cuerpo biológico, ni todo el combo que su derredor se construyó de manera "idealizada". A partir de los teoremas de Gôdel, también se probó que las matemáticas como sinónimo de "ciencia exacta" era mera incompletitud, por ende, también fruto de idealización.

En ese exceso de ansiedad por lograr asirnos de certeza, llegamos a idealizar la lógica clásica, luego matemática como sinónimo de camino a la verdad, y en ese combo metimos a todo lo "racional" que representaba la ciencia. Hoy tenemos el gran problema que, la misma ciencia vive su propia crisis de fundamentos e "incertidumbre". Todo el monismo materialista está en crisis, entonces ¿No llegó la hora de repensar todo lo que habíamos teorizado sobre política?

Otra importante paradoja, se inició el siglo XIX cuando Marx, magistralmente concibe su materialismo dialéctico, en respuesta a otra paradoja precedente "el capitalismo liberal", que obviamente incluía a todo el formato conocido como Nueva República Democrática. Se esperaba que, el marxismo fuera un sistema superador al capitalismo, por ende, más evolucionado.  

El marxismo resultó ser la síntesis de la tradición fenomenológica más radical iniciada con Descartes que, termina ratificando las relaciones materiales o económicas del ser puesto en sociedad como únicas y preeminentes. 

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Y tan hegemónico es ese materialismo cultural que, terminó de erradicar la religión del poder político, algo que inicialmente y con timidez, había insinuado la revolución francesa. Aquí es donde se inventa la división de izquierda vs derecha, abstracción cercana al fetichismo, que aún sigue sodomizando a las masas a la hora de imaginar la política. El poder de la Iglesia Romana era un estorbo inadmisible, pero más que eso, lo era el viejo refrán que reza "En la mente de un hombre común, no pueden convivir dos dogmas que lo condicionen en simultáneo". 

Para que el marxismo pudiera imponerse y promover un cambio tan extremo y radical, debía ser instalado en las masas con la misma jerarquía de un dogma religioso. No hay otra manera de llevar a un ser humano a enfrentar la muerte, sin un dogma que lo sugestione. Era algo muy conocido por los intelectuales masones, que llevaron  adelante las revoluciones comunistas, también las liberales. Solo con la hipnopedia dogmática, se pueden lograr grandes ejércitos a bajo costo. Los dogmas tanto religiosos  como políticos, que en rigor funcionan de igual manera, son prolíficos precursores de "causas superiores".  

La paradoja se puede visualizar con cierta claridad, cuando vemos que la revolución francesa, se trató de una lucha contra el poder concentrado del estado monárquico, en pos de jerarquizar los derechos y garantías individuales del ciudadano (a eso se le llamó progresismo). Es decir, quitarle poder al Estado, cambiar su forma de gobierno por la República, transfiriendo ese poder al pueblo. 

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Más allá del cambio de la forma de gobierno (monarquía por república con democracia), la transformación radical de dicha revolución (la más importante de la historia moderna) estuvo en la disolución del poder del Estado en beneficio de los ciudadanos. Es decir que, el enorme cambio estuvo en el poder que el Estado le transfiere al ciudadano como individuo. De ahí que muchos conciliaron en llamarla revolución burguesa y liberal. 

Para que se entienda, sigamos con algo de lógica maniquea y preguntemos ¿Quiénes perdieron y quiénes se beneficiaron con la revolución francesa?. Pues a prima facie, en apariencia perdieron las familias reales, la nobleza y los burgueses que tenían acuerdos de negocios con el monarca y los nobles, especialmente los financistas. Y desde lo institucional, perdió el Estado Absolutista, que pasó a ser dividido en tres partes. El poder ejecutivo, el poder legislativo y el poder judicial. Los principales beneficiarios fueron los ciudadanos e individuos. 

Cada cual sabe qué funciones se le asignaron a cada uno de ellos. De los tres, el último poder en ser pergeñado, el judicial, debía garantizar el equilibrio de los anteriores. Esta primera disputa por establecer los alcances de ese tercer poder armonizador, fue lo que originó una seguidilla de nuevas revoluciones, una más sangrienta que otra (guillotina de por medio), quien evidenció de manera temprana, que el "poder corrompe" al estar estrechamente ligado a la ambición mundana. Pronto la codicia por el dinero, se ató irremediablemente a la voluntad de poder entre los comunes. 

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Esa fue la secuencia de los problemas a resolver, que por lo visto se siguen repitiendo. El dilema fue tan relevante que, obligó a que eximios filósofos y pensadores de la talla de Rousseau, Montesquieu, Hobbes, Voltaire, Marat, etc; intervinieran para propiciar la noción de un poder judicial alejado de los avatares de la política partidaria. 

Así fue como se constituyó ese tercer poder bajo el ámbito y control de los más probos, honestos y prestigiosos doctores en derecho de Francia, quienes ejercerían sus cargos de manera vitalicia y alejados de la actividad política, en oposición de la temporalidad de las mandatos establecidos para los legisladores y titulares del ejecutivo.  A los políticos los elije el pueblo, y al único poder no político, lo ejercen los jueces y abogados sin tradición comicial. 

Cuando la nueva filosofía de Marx y Engels cobra vida entre los comunes, deja de ser filosofía para transformarse en dogma, al igual que lo acaecido con la revolución francesa (pensada por los masones, también filósofos). Dos dogmatismos dividirían al mundo hasta nuestros días, el capitalismo liberal y el socialismo igualitario. 

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La paradoja comienza a cobrar auge, con el devenir de su aplicación. Ya a fines del siglo XX, la humanidad había experimentado con ambos modelos, los cuales evidenciaron serios antagonismos entre lo que se había teorizado de ellos y lo que había resultado en la praxis, en los hechos, acción y resultados. Como buenos dogmas, las discusiones (incluso filosóficas) se empeñaron en seguir defendiendo uno y otro formato doctrinario sin asumir sus limites empíricos y naturales. 

Hoy muchos siguen debatiendo sobre el supuesto triunfo del capitalismo sobre el socialismo y viceversa, en clara señal de  que, lo que realmente triunfó fue el dogmatismo. Porque la pregunta que deberíamos hacernos es ¿Tiene porvenir el hombre en el capitalismo y el socialismo? Visto las evidencias ¿Podemos seguir insistiendo que son una solución para la vida del hombre en sociedad?. Porque la paradoja acá se constata, cuando comprobamos que en el fondo no hay sustanciales diferencias entre uno y otro, ya que, ambos se fundan en el materialismo dialéctico ergo en la economía. Otra cosa no importa. ¿Es la vida del hombre solo economía?. 

El socialismo a diferencia de la República Liberal, para plantearse como algo radical y superador, inventó y luego intentó poner a la igualdad del hombre en cuanto materia como único resorte a tener en cuenta. Así fue como aprendimos a creer en la igualdad como sinónimo de poseer la misma cantidad y calidad de cosas que el prójimo. Para eso, era necesario volver a quitarle poder al individuo o ciudadano para devolvérselo al Estado. Originalmente, la idea era que, en una segunda etapa, ese Estado desapareciera para que finalmente solo existiera la tiranía del pueblo. 

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La teoría era excelente, lamentablemente otra cosa que deberíamos haber aprendido, es que nunca la idealización se pudo poner de acuerdo con la práctica. Así fue como, el socialismo en síntesis, resultó una vuelta al Estado cuasi absolutista, dueño de todo, en oposición a un pueblo que había perdido nuevamente sus derechos y garantías individuales. 

Es decir que, el socialismo que vimos, resultó una mera "inversión de la revolución francesa". Aunque con algunos cambios, en lugar de monarquía y nobleza, el  poder pasó a manos de una vanguardia política, con poderes plenipotenciarios que pasaron a constituirse con el tiempo en una nueva burguesía y plutocracia. 

En el siglo XXI, se sigue discutiendo sobre más igualdad o más libertad, pero de una manera más moderada y racional. Es decir, con menos idealismo. Y eso se vislumbra en el tipo de república democrática que se pregona en occidente en el siglo XXI, donde ya no hay demasiados espacios para posturas extremas ni fundamentalistas. Y es justamente este  precario equilibrio, lo que le dio vida a ésta mimesis progresista denominada "populismo"

Esta simplificación, nos permite comprobar por qué ya no está en juego ni capitalismo ni socialismo, toda vez que, ambas dimensiones perviven en el populismo, aunque más no sea en lo ideológico. Porque la práctica es un territorio que no se quiere discutir. La realidad es la patria de la no política, porque es lo único que los idealistas se han prohibido ver. 

He leído y escuchado a muchos filósofos no exentos de dogmatismo, hablar de una supuesta "recuperación de la política", haciendo clara alusión a que, la discusión y el debate son el único camino posible. Entonces, pensar qué tipo de "proyecto" queremos, significa decidir entre izquierda o derecha, o bien, entre más Estado o más individualismo. En síntesis, se vuelve a reforzar la idea que la vida política solo se refiere al materialismo dialéctico o vida del ser en cuanto  sociedad y económica.  

Entonces, para esta visión utilitarista, la crítica del ejercicio político y el supuesto no interés en asuntos políticos, representa la destrucción de la política, ergo la no política. La pregunta que me hago ¿Hay acaso manera de no ser un ciudadano?, o bien ¿Hay manera de que no hacer política y ejercer un pensamiento y acto político?.

Porque aún el más anarquista, aquel que pugna por la desaparición de la propiedad privada y del Estado, o el anarcocapitalista que brega por la desaparición del Estado pero jerarquizando la propiedad privada (liberalismo extremo); ejercen la política. No hay una misión de destruir la política, una no política. Todo lo contrario, cuanto más radical es el ideal de cambio, más político se es. 

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El posmarxismo agonal populista, o como quieran denominarlo, cree que, acentuar las división entre presuntos modelos liberales o socialistas, en forma de debate o discusión es por antonomasia una acción politizadora o politizante. No participar de esta logorrea, es abandonar la política. Por ello, se instaló como moda cívica el eufemismo "Nosotros recuperamos la política". 

No estoy de acuerdo, en todo caso lo que se recuperó, es una discusión antagónica y muy violenta por cierto, diafanamente identitaria de la vieja política en donde solo existían dos hemisferios, el propio y el enemigo. El bueno y el malo. El progresista y el que representa el pasado. El igualitario versus el neoliberal. El todo versus la nada.      

Esta concepción de la política nace de la idea que, caracterizar la política como ejercicio, significa acentuar o exagerar las diferencias, ya que, esa tensión es el sólido basamento en donde se edifica el verdadero poder. Sin agonismo, no se pueden deconstruir políticas claras, aquellas fundadas en la más radical ideología. En términos menos glamorosos "sin fanatismo, es imposible construir liderazgos fuertes" 

Las masas necesitan de una ideología con musculosos anclajes, es decir; de tal manera que se pueda lograr estrechas fidelidades y exacerbadas pasiones. En síntesis, el dogma político es el hormigón armado de los caudillos con aspiraciones eternizantes. Así es como, en la práctica, toda lucha por prolongar el poder, demanda imperiosamente de un norte de tipo totalizador o totalitario, ya que, ante cada objetivo superado, el dogma necesita ir por el próximo y así sucesivamente. El poder solo puede perpetuarse en sistemas democráticos, mediante la reposición incesante de "causas superiores". 

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Psiqué y Zoé son dos palabras griegas que, aunque no son sinónimos, se traducen comúnmente como vida. Psiqué y zoé designan dos niveles o tipos distintos de vida. Psiqué es vida psíquica o anímica y Zoé es vida espiritual. Psiqué está relacionada principalmente con el alma, y zoé con el espíritu. Así es como psiqué, se traduce habitualmente también como alma. Por lo tanto, psiqué es la vida del alma. El hombre fue creado con vida psíquica o alma: "Fue hecho el primer hombre, Adán, alma (psiqué) viviente" (Cor. 15:45). Adán era un ser animado por su alma. Era un ser viviente con vida natural. 


Zoé, por su parte, es la clase de vida espiritual, divina, eterna. 43 veces zoé es mencionada como vida eterna (en la Biblia). Adán no fue creado con esta clase de vida, pero fue creado para participar de ella. Zoé, la clase de vida divina, estaba para Adán en el árbol de la Vida (gr. Zoé). Este árbol representaba al Señor Jesucristo. Por eso, el apóstol Juan declara que “en él estaba la vida (zoé), y la vida (zoé) era la luz de los hombres (Jn. 1:4). 


Psiqué y zoé representaban, en definitiva, dos formas de vida distintas por medio de las cuales Adán podría vivir. Si comía del árbol de la vida viviría entonces a través de un tipo de vida increada, eterna, espiritual; esto es, viviría por medio de la misma vida de Dios. Por el contrario, si no llegaba a comer del árbol de la vida, viviría en ese caso sólo por medio de su vida humana, creada y natural. Ahora bien, todos sabemos que Adán, por su desobediencia, no participó del árbol de la vida y, en consecuencia, quedó a medio camino en el propósito de Dios. En lugar de llegar a ser un hombre espiritual, se convirtió en un hombre natural (psíquico) (Cor. 2:14; 15:44, 46; Jud. 19). 


Los griegos, algo más prácticos, conciben la palabra "Bios", que al igual que Zoé y Psiqué, significan vida. Pero cuyo significado está más próximo a la de "forma de vivir la vida mundanal". En otras palabras Bios, representaba la vida del ser en cuanto sus relaciones sociales, pero más propiamente sus vínculos de tipo político. Que es de donde se tomó el filósofo francés Michel Foucault, para pergeñar la terminología "Biopolítica". 

Zoé para los griegos se transforma en casa, o la "Oikía" luego "economía", dejando la palabra Bios atada a "Polis" ergo "política". Que como vimos fue la musa inspiradora de Foucault, ya que, guarda una semántica que tiende a "política económica". Es decir, hoy todo lo relacionado con la economía es político ¿Y antes no lo fue?.


Aunque en opinión de Roberto Espósito, el término  con idéntico significante, ya había sido utilizado por el filósofo sueco Rudolf Kjellén. En mi opinión, esto ya poco importa, porque no resulta nada original hablar de un ser considerado por el Poder y la misma sociedad, como unidad dialéctica de información y producción ¿Por qué insistir en distinguir algo que, en si mismo es la regla general desde los orígenes? ¿o no?

Es también paradójico ver como, los dogmas políticos intentan exaltar el alma y espíritu del hombre, mientras en simultáneo conciben la igualdad y la libertad usando unívoca y omnímodamente la economía como excluyente catalizador. En otras palabras, una absoluta cosificación del hombre. No solo que el capitalismo y el socialismo, están basado en el monismo materialista (en tanto economía), sino que ambos perseguían y persiguen lo mismo como misión ulterior, la globalización

Un solo Estado unificado a nivel mundial, por ende, un solo gobierno. Así pues, es recomendable mantener a las masas entretenidas en estas absurdas discusiones y reyertas: "Izquierda versus Derecha", porque avivarlas, significaría poner en peligro un Plan elucubrado hace mas de 200 años atrás, y que, por cierto, viene puntualmente cumpliéndose en cada una de sus etapas. 

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Desde que la política se transformó en relaciones estrictamente económicas, el hombre se inhibió del "no ser político". Por ende, es otra gallimatía dogmática hablar de la "no política" cuando alguien se limita a defender sus derechos individuales. Porque en rigor, toda actividad individual y pública, conforman el accionar político. Todas las decisiones, incluso la de votar en blanco, se preservan como decisiones políticas.  En especial, cuando sabemos que votar no es sinónimo de elegir. 

Elegiremos, el día en que podamos designar a los candidatos por fuera de las corporaciones políticas y económicas que dominan un país. Cosa que aún está lejos de suceder. En Argentina, habrá que optar en Octubre por solo dos candidatos, y ninguno de los dos es mínimamente digerible para una amplia porción de la ciudadanía. Eso no es elegir.    

La mejor manera de hacer política, es primero entender qué consecuencias nos traerá lo que estamos apoyando, combatiendo o pidiendo. A diferencia de algunos filósofos argentinos, opino que cuestionar la política actual por ineficaz y corrupta, es la mejor manera de hacer política, y que de ninguna manera, eso se convierte en "no política". Porque justamente, lo que más daño le ha hecho a nuestro pueblo, es esa perspectiva dogmática de creer que la única política válida es mí política. 

Esa conceptualización de que "lo político" es la vocación transformadora de lo humano, es lo que debería llevarnos a comprender que la economía no lo es todo (siquiera lo más importante), y que, mientras sigamos pensando el Ser en cuanto cosas, lo más importante de nuestra humanidad siempre estará en crisis.  Mientras que para las masas, la política se vive como un ideal; para quienes gobiernan, se vive como un negocio. Y eso es lo que debemos cambiar en primer lugar, de pretender cambiar algo. 

 

Esa desinteligencia que plantea el idealismo acervo, es lo que lleva a los políticos en el poder a preservarse en el error, siempre disfrazado de autoritarismo; modelo de necedad que recurrentemente termina en forma de crisis económica. Hay un insano desequilibrio entre lo que piden los idealistas y lo que nos ha enseñado la experiencia. Lo cual sigue redundando en nuevos y cíclicos fracasos. He aquí la paradoja que se decanta de aquel frenético idealista que dice defender el cambio mediante la férrea apología de la sempiterna consecución de acciones idénticas en manos de los mismos caudillos.   

Si nos pudiéramos subir al Olimpo, veríamos desde lo alto, que en estos últimos cien años, los gobiernos se han parecido más de lo que nos permitimos analizar. Pedimos alternativamente por más Estado o más libertades individuales, nunca por buenas administraciones. 

Pedimos más igualdad, pero nunca más trabajo. Pedimos menos pobreza, pero nunca más solidaridad. Pedimos más libertad, pero nunca más honestidad. Siempre pedimos por más intervención del Estado, pero nunca más compromiso y participación ciudadana en el control de la acciones del gobierno. Pedimos más ideales pero nunca resultados. Pedimos más debate, sin poder mancomunar realidades.  

 

Nuestros problemas no devienen por falta de ideales, todo lo contrario, desbordamos en creencias, utopías e idealización. Nuestra crisis es de realidades, no queremos verlas ni enfrentarlas. Es más fuerte la sensación de estar en el aquí y ahora masificados, que estar en ningún lado pensando en libertad. Si bien vivimos en mundos interpretativos, también es interesante aspirar a un mínimo sentido común. 

Es más fuerte el sentido de pertenencia partidaria, que el sentido de amor a la Patria y al prójimo. El bien de mi grupo, debe ser la destrucción del otro, porque eso es "políticamente correcto". Lo correcto en el tipo de política que ejercemos en la actualidad, se funda en la mentira institucional,  oprobiosa, ignominiosa e interminable. Es más fácil endiosar a un corrupto en el poder, que amar al compatriota. Eso es dogma político ¿Qué será la política? 

Para finalizar, diré que esa misma estrategia agonal, dogmática, fundamentalista y maniquea que pusieron en práctica los gobiernos populistas, socialistas y también liberales en cada uno de sus países (nivel doméstico); es lo que a nivel global llevan adelante los Grandes Poderes.  

 
La teoría de los dos demonios no es algo casual. La función que antes cumplió el antagonismo planteado mediante "capitalismo versus socialismo", hoy está siendo relevado por la lucha entre "sionismo versus antisionismo", y siempre con el mismo fin, la globalización. Las masas deben seguir entretenidas y distraídas con estos  juguetes, hasta que ya sea tarde. De hecho, ya es tarde. 

En 1968, durante la asonada denominada "El mayo francés" (o primavera francesa), se popularizó un aforismo atribuido al filósofo Herbert Marcuse, que aún es muy repetido en algunas facultades (universitarias) "Seamos realistas, pidamos lo imposible". 

Y ciertamente eso hicieron, pedir cosas imposibles. Se pidió el fin de la sociedad de consumo, y obtuvimos el hiperconsumismo. Se pidió el fin del capitalismo, y obtuvimos la caída de la URSS. Se pidieron políticos honestos, y obtuvimos dirigentes que solo prometen "imposibles" (auténticos mafiosos y delincuentes). Se pidieron muchos imposibles, y de hecho lo obtuvieron. 

Así fue como de una primigenia definición de Platón "La política es el arte de lo posible", a partir de los setenta, la política adquirió un lenguaje de abstracción y alejamiento de la racionalidad nunca antes visto. La paradoja de transformar a la política en un culto divino, partiendo del positivismo lógico, vaya desquicio. Es decir, un realismo propio de las Crónicas de Narnia. Zizék, luego diría "Primero pensemos qué tenemos para poner en el lugar del capitalismo, antes de pedir su fin". 

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Lo mismo sucede con la vetusta discusión "más estado vs menos estado". Obviamente supongamos que pedimos la eliminación del Estado, deberíamos preguntarnos ¿Y qué ponemos en su lugar?. Porque bregar por el anarquismo  o el anarcocapitalismo, sería transferir altas dosis de violencia e injusticia a manos de los individuos ¿Y quién sería el rector ordenador de ese tipo de sociedad?. 

Imaginemos ¿quién podría asirse del poder ante semejante hipótesis? ¿O acaso alguien aún piensa que ese tipo de sistema político en el hoy es posible?. Eso poco importa, porque "somos realistas, y pedimos imposibles". ¿Y si pedimos menos Estado, cuáles serían los alcances del espacio de libertad que deben tener las empresas privadas y los individuos? Porque también vimos que, los excesos tanto para un lado como el otro, no han dado buenos resultados. 

Claro que, esa romántica y épica  propuesta de "pedir lo imposible", parece tener su aporética contracara, el conservadurismo, quienes al parecer piden cosas posibles (lo imposible para las mayorías). Y es curioso lo que sucede en Argentina, porque luego de 12 años de gobierno, y más de 20 que gobierna el populismo peronista en Argentina (contado a partir de 1983), la palabra "cambio y transformación" sigue estando en manos de los que exigen la "continuidad del modelo". Lo cual ratifica la idea de que acá, efectivamente se logró lo imposible. 

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Y tan imposible es todo, que los mismos kirchneristas plantean la no vuelta a los noventa, como sinónimo de antípodas, cuando en esa década gobernó el mismo partido político y la misma gente. El imposible de que el peronismo se convierta en materia y su antimateria al mismo tiempo, hoy es una realidad. Es decir que, el ideal de Dios y Diablo cohabitan en el mismo corpus abstracto. Exótica religión por cierto, gracias obviamente al "culto de lo imposible". Y a eso se le denominó "la recuperación de la política".

Es decir que, tanto se trate de Macri, Massa o Scioli, lo que está en juego es "lo imposible", ya que los tres reclaman un tipo de política ya conocida por los argentinos. Más libertades o más de lo mismo, nos conducen a un mundo de realidades imposibles. Pero un intelectual ¿debería sorprenderse si los políticos siguen prometiendo lo imposible?.

Bajo éste paraguas supraestructural, deberíamos serenar los ánimos, porque sería ilógico esperar que quién promete lo imposible, logre una realidad  posible. Los kirchneristas deberían entender que sus mejores aliados son los antikirchneristas, porque son quienes mejor se prestan para consolidar su dogma (son funcionales al dogma).

Los más formidables enemigos del kirchnerismo, son los ciudadanos no dogmáticos (independientes), quienes pueden votar a uno u otro indistintamente, dependiendo de la coyuntura y las percepciones. Esos son terribles por indomesticables, por impredecibles, también son el peor enemigo para los macristas y massistas. Poner en duda a toda la dirigencia política, no es síntoma de "no política", sino todo lo contrario, es hacer política de buena salud.  

Y esa ansiedad por ratificar el anhelo de lo imposible, nos ha llevado a posteriori de los mandatos a que, todos los gobiernos terminen pareciéndonos iguales; y a olvidarnos a quién votamos en el pasado. Los ideales políticos de éste calibre, al no poseer conciencia, están inmunizados ante la culpa, la responsabilidad y la autocrítica. 

 
Así es como, el idealista ante cada fracaso, se reinventa en la frescura de la inconsciencia, para renacer en nuevas formas de militancia para subyugarse y someterse detrás del próximo caudillo que prometa más imposibles. Reeditando así el uróboros, ergo la teoría del "Eterno retorno"

Así es como la siempre vigente discusión de las masas de "derecha versus izquierda", siguen gozando de la divina protección de los dioses de lo imposible. Porque en esa lucha de imposibles contra imposibles, sin duda ganará lo más imposible, el mejor.  

Sin embargo, al parecer la "estructura" si existe, y por ende, existen superfuerzas que condicionan al ser en cuanto ser puesto en sociedad, a realizar en el facto solo lo que le es posible. Y mientras ese marco de posibilidades se ignore, la política seguirá siendo el mundo de lo imposible. No queremos realidades, sino un disfraz de imposibilidad que deje traslucir la erótica imagen de nuestras idealizaciones. 

Como dijera Emile Ciorán"La naturaleza, buscando una fórmula que pudiera satisfacer a todo el mundo, escogió finalmente la muerte, la cual, como era de esperar, no ha satisfecho a nadie". La mentira se ha transformado en la Utopía de los idealistas, y en la plataforma y modelo de gestión de los políticos. La realidad, su peor enemigo. 


¿Qué entiende usted por política?   

La democracia, los ideales de libertad e igualdad, y especialmente la lucha entre capitalistas y socialistas, es lo mejor que le pasó a la plutocracia mundial, la globalización hará el resto.   

¡Es muy bueno el debate de ideas, siempre y cuando se de entre quienes las tienen! 

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