El héroe reticente - Capítulo 17 (Novela Policial Negra) | DIARIO LITERARIO DIGITAL

El héroe reticente - Capítulo 17 (Novela Policial Negra)

miércoles, 15 de julio de 2015 0 comentarios

"Lo de la última noche no se podía llamar sexo, ni siquiera violación. Había sido un castigo..."



Diario literario digital Novela negra por entregas




Una novela policial negra por entregas 

Escrita por AQ Gimenez

(exclusivo para Diario Literario Digital)




sexual




Ágata no se rinde


Lo de la última noche no se podía llamar sexo, ni siquiera violación. Había sido un castigo, pero lo peor era que el hijo de puta disfrutaba mucho, demasiado, de esas lecciones. Ágata creía que de ahora en más, hiciera lo que hiciera, la violencia seguiría aumentado. Y no podía hacer nada, si tenía que dejar que la destruyeran para salvar a Anastasia, lo haría sin dudar.

Su única esperanza era Charly, sabía que estaba planeando algo. Era casi imposible lograr algo contra esta organización criminal y sus policías comprados, pero estaba segura de que lo intentaría. Ahora que “El Zorrino” sabía quién le había pasado el mensaje, no tardarían demasiado en encontrar a su marido. Por eso era necesario avisarle de alguna manera que lo habían encontrado y que enviarían a alguien a matarlo. 

¿Cómo hacerlo?



Tenía que volver a usar la “Fan Page” del Inspector Goitía, el personaje más famoso de Charly Topo. Pero suponía que nunca más la dejarían acercarse a una computadora, ni hablar con ninguna persona sin testigos. Sin embargo siempre hay una oportunidad si se está preparado. Para eso redactó un mensaje con instrucciones específicas mientras estaba en el baño, el único lugar donde todavía gozaba de unos momentos de soledad. Cuando terminó de escribir en el pequeño papel, lo dobló en dos y en su habitación lo cosió con un par de puntos dentro del bolsillo interior de su cartera. Varias veces se la habían revisado tirando su contenido sobre la cama. De esa manera no caería y no podrían encontrarlo. Cuando lo necesitara, arrancar el delgado hilo sería cosa de un segundo.






Cada vez le permitían abrir menos horas el vivero. A los clientes y proveedores les decía que tenía que cuidar a su hija que estaba enferma. No era nada grave, les contaba, pero no quería dejarla sola mucho tiempo. El fabricante de macetas artesanales era un hippie cuarentón, uniformado con camisolas andinas y pelo recogido con colita y estaba inofensivamente enamorado de Ágata. Nunca le había hecho una sola insinuación y siempre la trataba con respeto. Pero en cada visita encontraba alguna excusa para hablar un largo rato con ella. Cuando no disertaba sobre amaranto, quinoa y chia (que Ágata llamaba la delantera del seleccionado boliviano), compartía recetas veganas, denostaba a Monsanto y a las empresas farmacéuticas o sugería los nombres de los mejores instructores de Tai Chi Chuan. El habitual consumo de cannabis no lo había convertido en el tipo más enfocado del barrio, pero no era ningún boludo. Aunque no lo mencionara sabía que los cambios en los horarios del local, la obvia baja de ventas y sobre todo la presencia del urso que controlaba todo, pero no movía un dedo para ayudar en el trabajo, indicaban que algo raro pasaba. 






Cuando se estaba yendo pasó otra cosa extraña. Ágata extendió su mano para despedirlo. Siempre se daban un beso en la mejilla, o dos, si él estaba en modo carioca. Ella lo miró a los ojos y suplicando con ellos miró a su mano. Él bajo la vista y vio un papel. El gordo con pinta de barrabrava no podía notarlo porque estaba detrás  de ella. El Hippie terminó de sacudir la mano, cubrió discretamente el papel y lo guardó en su bolsillo.


Recién cuando subió a su camioneta destartalada y llena de macetas se animó a mirar el papel. Era un pedido sencillo y según parecía, sin riesgos. Tenía que subir desde YouTube una canción específica a una “Fan Page” de Facebook. Era tan fácil que hasta él, que no era un amante de las computadoras, podía hacerlo.

¿Porqué tanto misterio por una canción de Rubén Blades? No lo sabía, pero si Ágata se lo había pedido con lágrimas en los ojos, lo haría sin dudar.








Continúa en: EL HÉROE RETICENTE - CAPÍTULO 18 (NOVELA POLICIAL NEGRA)


Lee la primera parte de esta novela en: 


para Diario Literario Digital
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