Breve historia del Caballero Galante y la Princesa (Relato) | DIARIO LITERARIO DIGITAL

Breve historia del Caballero Galante y la Princesa (Relato)

jueves, 2 de julio de 2015 0 comentarios

¿Por qué son tan seductores los relatos de monstruos, guerreros y princesas?






 Escrito por Eduardo Mizrahi

Exclusivo para Diario Literario Digital 



Relato Fantástico (Parte I)



1


Venía yo de mil batallas, escapando de seres estrambóticos y repelentes.



Mi ejército había sido fagocitado por la desesperación de la derrota.



Estos enemigos nuevos eran como ninguno, como ninguno.



Tenían poderes extrasensoriales...enloquecían a mis soldados.



No lograba yo organizar una estrategia coherente, eficaz, sustentable.



Cada variante que intentaba conducía a un nuevo fracaso y una nueva retirada.



Mis lugartenientes me abandonaban con los ojos desorbitados... se avecinaba la hecatombe.



Fuimos arrinconados contra la ladera de una montaña... más allá de los confines del universo conocido.



Organicé una formación defensiva cerrada similar a la que solían usar los desaparecidos espanktios en el apogeo de sus conquistas sangrientas...sé por experiencia propia que resiste ataques de cualquier tipo.



(Tuvimos que recurrir a una alianza con los pterodáctilos para vencerlos en aquellos tiempos.)



-Si alguien cree que los pterodáctilos son seres caprichosos y peligrosos...¿pues he de darle la razón? 



No es fácil negociar con ellos, no. De ninguna manera. Bueno...tampoco es misión imposible...



(Se puede, se puede.)



Simplemente hay que cuidarse de sus picos, especialmente si la negociación se pone espesa...



Cualquiera que haya estado aparejado con una fémina comprenderá el concepto...una buena armadura de adamantium soluciona cualquier inconveniente.



(Y por ese entonces yo la tenía.)













2



Nos apretujamos contra la roca, con las espadas desenvainadas, a la espera de la carga de los seres repelentes...éramos pocos los sobrevivientes pero éramos bravos.



Al principio la cosa más o menos marchaba, resistíamos a pie firme degollando asquerosidades y mutilando esperpentos...



¡¡Qué seres asquerosos eran aquellos, por Metekis!!



Con el transcurso de las horas las fuerzas nos fueron abandonando...los enemigos seguían cayendo sobre nuestras filas con recurrencia inusitada.



Seríamos un centenar de guerreros bravos y ellos...miles.



Al caer el sol, la suerte estaba echada.



Permanecía a mi lado, resistiendo a pura voluntad y heroísmo, apenas una docena de los más experimentados guerreros del reino que agonizaba.



Nos encaminábamos hacia el fin de nuestra historia pero no podíamos hacer más de lo que habíamos hecho.



Sabíamos que luego de ser despedazados por esas bestias asquerosas seríamos fagocitados por ellos mismos, crudos, sin condimentos.



(Esas eran sus costumbres.)



Y por la mañana...saquearían nuestra hermosa ciudad amurallada.



Nuestras féminas, nuestros niños...serían devorados por nuestros enemigos en cuestión de minutos.



Las fuerzas me abandonaron cuando se posó sobre mis hombros una paloma mensajera, en un breve intervalo entre carga y carga de los insectos repelentes.



Sólo podía significar una cosa: nuestro rey me comunicaba que había comenzado el asedio sobre la muralla.





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3


No recuerdo el desenlace de la batalla.



Sí recuerdo el fragor del combate y la sensación de derrota inminente...desesperación, angustia.



La inmensa soledad de quien se encamina a la muerte sabiéndola cercana.



Un impacto en la nuca, flojera en las piernas, oscuridad, mareo...frío.



Y luego un gusto extraño en la boca, dolor en todo el cuerpo, temblores... 



¿En qué extraño recinto me encontraba?



Algo apestaba relativamente cerca de mi ubicación pero no me resultaba posible girar la cabeza en dirección al origen de la podredumbre.



No se veía nada de nada. 



¿Peligraba mi vida?



Algo me decía que sí...pero mis sentidos decidieron abandonarme nuevamente. 





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4


Lo primero que recuerdo con nitidez es la sensación de hostilidad de la piedra que laceraba mi mejilla.



Un frío intenso, los músculos agarrotados, dolor agudo en el pecho...me incorporé lentamente mientras me habituaba a la tenue luz que se filtraba desde el exterior de la caverna.



A mi lado yacía mi más fiel camarada de armas...una rápida mirada bastó para concluir que estaba muerto.



Preparé su alma para el ascenso rumbo al Escuadrón de Honor de Metekis con los rituales ancestrales acostumbrados...



Clausuré sus ojos, besé sus labios, acomodé sus manos endurecidas sobre la pechera, entrelazé sus dedos encallecidos por mil batallas...



Me apropié de su hermosa espada, su daga con empuñadura de plata y zafiros engarzados, su cantimplora...



Deslicé el metálico filo por mi antebrazo y observé el lento periplo de seis gotas de sangre indómita de guerrero que pugnaban por introducirse en su boca entreabierta...



La intensidad de la fosforescencia de su cuerpo me anotició de que Metekis consagraba la despedida con aprobación y sumo agrado...



Me cuadré, saludé, incliné la cabeza y partí rumbo al exterior de la caverna.



-¡Dichoso de tí, soldado! ¡Defenderás a Metekis por siempre!



(Continuará)





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