Una oración fervorosa al Dios de la poesía. | DIARIO LITERARIO DIGITAL

Una oración fervorosa al Dios de la poesía.

domingo, 14 de junio de 2015 0 comentarios




"Se da vuelta y nos besamos...uno, dos, cinco minutos.

(Dale, seguí mintiendo)"







Cuento escrito por Eduardo Mizrahi.




1


Llego temprano al colegio, luego del entrenamiento de rugby...feliz, pero cansado.

En uno de los pasillos hay una cartelera.

Tengo tiempo y nada que hacer, observo los anuncios con detenimiento...hay clases de apoyo de latín, talleres de flauta dulce, en fin... cosas que no me interesan.

Una propuesta llama mi atención, me deja pensando...se trata de un taller literario.

(Interesante para un adolescente que intenta jugar a la poesía.)

¿De qué se ocupan en un taller literario?

¿Vendría a ser algo así como amasar tallarines con rima y cadencia?

Asunto curioso, me digo...voy a ir para ver qué cuernos es esto.





2


Sábado por la mañana, primavera...pajaritos y esas cosas.

Entro al colegio y rumbeo al aula en cuestión.

Me detengo en la puerta, saludo, me siento en un pupitre de madera atornillado al piso como todos los pupitres del Nacional Buenos Aires.

Me preguntan mi nombre, conversamos, el ambiente es amigable y ameno...pichones y pichonas de escritores...

(Ella entra por la puerta.)

Interrumpo la frase que estaba diciendo en ese preciso instante...

(Su belleza inigualable me ha dejado mudo.)

Me mira y se sonríe...yo sigo congelado sin poder recomponer ni el habla ni el pensamiento.

Se sienta a mi lado, sonríe de nuevo...

(¡Qué magnífico artista habrá diseñado esos labios, esas curvas, esos ojos verdes!)

Vuelvo en mí más temprano que tarde, contesto amablemente sus preguntas...

El coordinador del taller lee un cuento y da una tarea...hay que escribir una poesía (ya, en este momento.)

Hay protestas, miedos...escribo lo que puedo, la situación no es sencilla...

Los hace leer a todos (en general no me gusta lo que escucho), permanezco callado.

Deja para el final al nuevo...mientras voy recitando, percibo una sensación extraña, diferente...

Cuando termino, observo rostros azorados, perplejos.

Nadie habla...todos me miran con los ojos bien abiertos.

El coordinador reacciona y se deshace en elogios...inmerecidos, exagerados.

El monumento a la belleza que tengo sentado a mi lado...¡toma mi mano izquierda entre las suyas!







3


La miro asombrado...

Suelta mi mano y pide disculpas...

Le contesto (en voz baja) que no hay nada de que disculparse.

Han pasado cinco minutos y el coordinador sigue exagerando, comparándome con poetas (que no he leído) pero conozco de nombre...le agradezco y la sesión de tortura termina.

Uno a uno los futuros escritores me dan la mano y me felicitan...ella sigue parada a mi lado.

Me invita a seguir conversando en su casa...acepto encantado.

El viaje es largo, la conversación animada.

Es una chica agradable y sensible...poseída por una pasión por la poesía, sí.

(Y, en ese momento, la poesía es aquel lugar en que habito)

Llegamos a Devoto...entramos en la casa, que es un lujo.

No hay nadie, los padres están en Europa...

(O donde Mongo estén, qué más da.)

Me ofrece una cerveza, brindamos, bebemos...

(¡Qué sensualidad derrocha esta mujer, qué modales, qué gestos!)

Me pregunta si me gusta Led Zeppelin...amo "Escaleras al cielo", le contesto.

(Me dedica la misma sonrisa que en todo momento.)

Comienza a sonar el tema y ella baila...se acerca, se acerca.

Se deja caer, de espaldas, sobre mi pecho...estamos pegados, la sostengo.

Beso su cabello azabache, su nuca, su espalda...

(¡Pero qué momento, qué momento!)

Se da vuelta y nos besamos...uno, dos, cinco minutos.

(Dale, seguí mintiendo)

La ropa comienza a salir volando...

El tiempo se acelera.

Estamos sobre el parquet, parece que estuviera temblando la casa...

(¿O somos nosotros los que temblamos de anhelos?)

Todo sirve y todo vale...los dedos, las manos, las lenguas.

Estoy entre la agonía y el éxtasis...

(Me estoy muriendo.)

Logro aguantar hasta el momento exacto...

Entro donde debo y como debo.

Estallamos mutuamente, somos la belleza y el fuego.

Cuando se apagan los gemidos, antes de abrazarnos y permanecer besándonos por horas, dedico una oración fervorosa al Dios de la poesía.



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