Tengo miedo de aprender algo (filosofía política) | DIARIO LITERARIO DIGITAL

Tengo miedo de aprender algo (filosofía política)

lunes, 8 de junio de 2015 0 comentarios

¿Por qué tengo tanto miedo de aprender, por qué el mundo no respeta mi deseo?



Escrito por Lic Ramón D. Peralta

EJERCICIO FILOLÓGICO


PREFACIO


No sería honrado de mi parte iniciar éste texto sin reconocer públicamente que, el título fue una serendípica ocurrencia del Dr Antonio Pedro Gimenez (Jefe de Redacción de éste diario literario). Por cuanto solo me resta agradecerle y rogarle que me perdone; como aquellos conspicuos dioses de la antigûedad que, según cómo soplaba el viento solían indultar a algún que otro mortal (evitando así su ostracismo en el inframundo). 



TENGO MIEDO DE APRENDER 


Ayer la presidente de Argentina, Cristina Fernández de Kirchner en su discurso ante la FAO (Oficina para la Alimentación y Agricultura de la ONU)  afirmó: "Hoy el índice de pobreza se ubica por debajo del 5 por ciento, y el índice de indigencia en 1,27 por ciento, lo que ha convertido a la Argentina en uno de los países más igualitarios". Algunos ahora se enojan porque no entienden esas palabras, y solo por ignorancia. Hasta yo sé que se trata de una metáfora, la parábola que describió la presidente solo quiere decir que "Hay un lugar donde la estupidez es ley (la política argentina)" 

Una de las grandes deudas morales que la humanidad mantiene para consigo misma, es aquella que reclama a gritos que la ignorancia sea declarada "patrimonio de la humanidad". Pero de pretender ser justos y honorables, deberíamos consensuar un nuevo tratado internacional del derecho, en donde se declare unánimemente a la Ignorancia como un derecho humano inalienable e inexpugnable. Los ignorantes necesitamos que nuestros derechos cívicos y garantías individuales sean protegidos al igual que las minorías menos ignorantes.  






Sin los fetiches líricos y épicos del materialismo dialéctico, esto jamás hubiera llegado tan lejos. Antes del iluminismo y el modernismo, los ignorantes podíamos disfrutar de nuestra condición sin mayores contratiempos y emolumentos. Estaban los nobles, los curas, los burgueses y nosotros. Nadie se metía con nadie, y nada se mezclaba con todo.


Los pobres sabíamos que moriríamos pobres, y los ricos que nunca morirían. ¿Para qué necesita de la gnosis alguien que ya conoce y aceptó su destino?. El conocimiento siendo pobre, es una tremenda contradicción. Porque solo la ignorancia hace tolerable la pobreza.


La pobreza no es mala en absoluto, salvo cuando algún insensible nos hace creer que solo la lucha por las cosas es la única misión que justifica nuestro paso por ésta vida. Yo que creía en la supremacía del alma y el espíritu, ahora debo creer en palabras como "exitoso", "productivo", "revolucionario" y encima me tildan de "consumidor"..., yo me llamo Ramón.







Los ignorantes creíamos que la igualdad solo se lograba en la indiferencia, ya que, a sabiendas que ninguno es igual a otro, en la ignorancia de esa desigualdad natural, encontrábamos el argumento para seguir con pulso en las venas. ¿Si no me importaba que el rico sea rico, por qué habría de importarme mi pobreza?..., extraño mi derecho a la ignorancia.


Tras mi ignorancia se refugian las palabras, pero tras ellas no están las cosas, sino las ideas que los pobres les incorporamos. Nosotros no disfrutamos de las letras, porque la palabra no es el objeto, ni siquiera lo define.

La palabra es el lugar en donde los pobres convivimos con las cosas. Los que han sido educados por el materialismo cultural (capitalismo y socialismo) no se rigen por el qué es, sino por lo que significa socialmente cada palabra.


El conocimiento de la definición de la palabra no persigue la verdad de la palabra como causa en si, sino su praxis social, su valor de transacción. Los pobres ahora debemos sobrevivir hostigados por un lenguaje donde todo es intercambio, donde todo es mercantilismo. Vales por lo que tienes y puedes dar, caso contrario no eres nada, siquiera hombre. Hoy no soy ni estadística.

Las definiciones de éste tipo de lenguaje no apuntan al referente, sino a la imagen mental, a la reacción que causa, cuyo origen está en la práctica social y en la historia de mi sociedad.







El "niño pobre" no es un "niño pobre", sino el conjunto de relaciones y asociaciones que los argentinos establecen a su alrededor; lo que realmente se expresa, voluntaria o involuntariamente, cuando se dice "niño pobre". La palabra es esencialmente depósito. Los pobres dejamos de ser pobres y humanos, para constituirnos en meros tópicos para la política.

En el diccionario de éste tipo de "populismo" las palabras pasan a ser colecciones de tópicos.


En el "niño pobre" del diccionario político se compendian los tópicos que se refieren a la pobreza de nacimiento, como una simbología representativa de "naturaleza" de "destino preexistente", de "ironías del creador", ese no lugar que invoca responsabilidad del Estado, de los no pobres. Las definiciones sociales que, pasan por decir que los "pobres son responsabilidad de los pobres", ergo no hay responsabilidad alguna de la política, hasta llegar al extremo de confinarlos al mundo de la invisibilidad.

Ahora que los pobres tomamos consciencia de lo aberrante de nuestra condición, nos obligan a seguir en la pobreza pero asumiendo que somos otra cosa: no pobres.







Ahora entiendo por qué es tan popular éste tipo de populismo, porque realmente a mi - ahora-, no me gusta que me llamen pobre. Quiero que me digan ciudadano o mas propiamente "clase media", si es posible "Ché don". Las palabras marcan diferencias y unifican, so distancian la sugestión de la sujeción. Antes me sentía un típico, craso error; ahora me llamo tópico, soy casi un señor.

Los tópicos para el lenguaje populista, no se anulan por ser contradictorios. El tópico no necesita lógica, vive en el absurdo de la contradicción; es una convención que, como las monedas, todos aceptan como un valor sin cuestionar por qué vale lo que dice valer. El tópico se manifiesta convocado por la circunstancia; los objetos, las situaciones lo invocan y éste emerge sin dificultad. A través del tópico se manifiesta la voz común que se convierte en respuesta obligada.


El siglo XIX inventó la locomotora, y Hegel estaba seguro de haber captado el espíritu mismo de la historia universal. El populismo descubrió la necedad. Me atrevo a decir que éste es el descubrimiento más importante de un siglo tan orgulloso de su "razón científica".





En las obras de Flaubert, por el contrario, la necedad es una dimensión inseparable de la naturaleza humana [...] Pero lo más chocante, lo más escandaloso de la visión flaubertiana de la necedad es esto: la necedad no desaparece ante la ciencia, la técnica, el progreso, la modernidad; por el contrario, con el progreso, ella progresa también.


La conclusión de Kundera, en su interpretación de Flaubert, es que la necedad tiene también su progreso en la historia. El aumento del número de conocimientos de cualquier tipo no implica su desaparición. Necedad y conocimiento caminan de la mano a lo largo de los tiempos. "La necedad populista, no es la ignorancia, sino el no pensamiento de las ideas preconcebidas".


El tópico populista anida en el lenguaje y no solo en el lenguaje común, pues se expande por toda la sociedad en el devenir político. Se erige en respuesta refleja, preconcebida, dogmática, asumida sin reflexión ni sensibilidad; punto de partida incuestionado sobre el que se construyen los edificios sociales de Argentina.


Es el pensamiento que parte del no-pensar y el no-sentir. Lo hecho, hecho está, y debe ser así por razones populares. La intención del lenguaje populista fue mostrar cómo, en gran medida, el pensamiento permanece cautivo del no pensar; nos dibujó cómo el error se viste de autoridad; cómo y cuándo creemos dominar las palabras, cuando son éstas las que nos dominan a nosotros (imponiéndonos sentidos que se transmiten como valores semióticos meramente sociales, y por lo tanto incuestionables).


Saber lo qué es la pobreza fue lo peor que me pasó. Siempre tuve miedo de aprender algo ¿Ahora entienden mi angustia? 


Ref: Palabras y vacío. Lenguaje y tópico en la obra de Gustave Flaubert. Escrito por Joaquín Mª Aguirre Romero. Dpto. Filología Española III (CC Información) - Universidad Complutense de Madrid
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