Prohibido olvidarlos (prosa conmemorativa) | DIARIO LITERARIO DIGITAL

Prohibido olvidarlos (prosa conmemorativa)

lunes, 15 de junio de 2015 0 comentarios

"Hay compatriotas que jamás deberíamos olvidar, si es que queremos hacer de éste país una Nación"





Escrito por Lic Ramón D. Peralta


CONMEMORATIO


Tengo una virtud. Siempre quise empezar así un texto. Quizás tenga alguna, pero realmente no puedo dar fe de ello. Renuncié de buscar cierto tipo de subterfugios, a nadie le interesa (y me incluyo). Uno escribe desde lo estrictamente egomaníaco, esperando sin confesarlo que ese escrito nos salve y justifique toda nuestra desperdiciada vida, más aún si empezamos de pequeño. 

Esperamos mucha grandilocuencia de parte de la sociedad, y a falta de otros méritos reales o inventados; en la literatura depositamos todas nuestras aspiraciones de redención. No me animo a utilizar la palabra "enfermo" (por temor a confundirme en el término).  

Nuestra desesperación se ha consagrado en inmejorable actor, se merece el "Martín Fierro".  Todos los que escriben se merecen algo, aunque más no sea una sincera crítica. Pero la mayoría de las veces, ni eso. Para eso están los certámenes literarios, para anoticiarnos de lo que no queremos saber pero reclamamos en silencio. 



Una vez, y menos mál que solo fue única, un Gran Maestre me dijo "Los buenos escritores,  pervierten a las masas. Son menos inmorales por entregas que por volúmenes. Sólo se pueden tolerar las novelas históricas porque enseñan historia. Hay novelas escritas con la punta de un escalpelo y otras que descansan en la punta de una aguja". Luego la citó como de Flaubert, recién ahí recuperé el aliento.

En la Logia, no exento de neurosis; suelo repetir con asiduidad que "solo escribo para aprender" (como quién se declara inocente de antemano). Y esa sutileza de Karadajian, ya no conmueve a nadie, sospecho. Posiblemente cansado de mi chabacanería, uno de los más conspicuos intelectuales del grupo me responde "Haz el sacrificio de seguir aprendiendo". Confieso que aún sigo pensando qué me quiso decir detrás de esa elipsis. Por miedo a que se termine de hacer añicos el espejo, tampoco me animé a pedirle precisiones. Hay veces que es más sabio  quedarse con la duda.


Grande fue mi sorpresa, cuando esa misma persona me invita a participar de jurado en un certamen de poesía que auspiciaba la editorial de su propiedad. ¡Os agradezco mucho, pero yo no sé nada de literatura! (respondí con ínfula excusatoria) 

-- Justamente por ello os convoco, por vuestro sentido crítico

No fue inmediato que mi ego volvió a sus cauces naturales. Obviamente acepté. Nunca el narcisismo fue doblegado por la prudencia. 


Una sola vez en mi vida había tenido la ocasión de examinar más de quinientos textos en una semana, y fue cuando me puse a re-etiquetar los post de mi website.   


Luego de descartar más del noventa y cinco por ciento de los poemas, quizás escritos por una computadora; pude rescatar dos o tres, dignos de ser mocionados como premiables. En la instancia final nos reunimos para consensuar el ganador. En uno de los coffee-break, se acerca uno de mis  colegas y me deja uno de los poemas en dilema con un sticker pegado en el margen superior derecho que de manera inconcusa decía: "El autor es un ex-combatiente y la historia es real". No recuerdo quién ni por qué, tomó la hoja, se paró y lo recitó a viva voz...   



VENDO MI ALMA AL SEÑOR (poema) 



Soldado de mil batallas, guerrero diestro en la bravura

Luchador incansable de las estepas y llanuras

Prodigioso servidor de su palo, trinquete y mesana 

Eleva su plegaria al cielo ¡quiero a mi mama!

mientras la muerte sigilosa la lleva por la mañana.



En el ocaso de la vida, resplandece como ícaro adormecido
el recuerdo de mil caricias, y las palabras al ser nacido
Y en la sinapsis de todas las cosas, apareces fulgurosa
Como si no importaran las rosas todas, sino mi mami...
la reina, mi diosa esplendorosa, la mujer más hermosa


El genio, el creador, el escritor se detienen 
también el animal 
como si el mundo pidiera explicaciones 
quizás una señal
Mi madre esta enferma
 no insistas ni habéis de demandar 
Que espere el universo y sus estrellas
 mi mamá está mal.


He descubierto un millón de amaneceres y ocasos
He leído a Heráclito y a Sófocles, lloré con Pegasus
He narrado cuentos bellos, también he escrito ensayos
Pero os pido amigo mío, que me esperes junto a los otros
Mi corazón y alma en vilo, hoy tengo a mi madre en brazos


Madre, oíd esta súplica, no te vayas, de rodilla os ruego 
Un día me hice ateo y no se rezar pero rezo
Si hay alguien llamado Díos, pido me escuches por favor
¡ Cambio todo por tenerla, vendo mi alma al Señor !





Las miradas de complicidad no se hicieron esperar. Admito que modificó una decisión que creía firme. Había un hermoso poema de una escritora española que ya había seleccionado desde la introspección. Estaba escrito con celofán para regalo y rebozaba Quevedo en cada una de sus argucias. No era merecedora del bronce ni se ganaría un sitial de honor en mi memoria, pero era de lo merjorcito que había leído en esa trampa caza-renjifos.   

"Vendo  mi alma al señor" era otra cosa. El poema lírico se nos muestra como una entidad vacía, empalagosa, sugestiva pero asimismo superficial. Las palabras se conjugan artesanalmente en la apariencia, en la histrionización sentimental puesta en escena por la exageración que parece exigir el lenguaje de la poética.

Es un laminado que nace de un ex-nihilo, de una redundante nada, que nos llega sobredimensionado, corpuscular pero sin peso específico. Se resuelve más en estética que en auténtica emoción, salvo honrosas excepciones (y éste era el caso). El poema es por antonomasia el anquilosado idioma del alma. Es más que una cara bonita, pero de a rato solo belleza.


Vaya paradigma, estábamos allí prejuzgando solo palabras, mientras yacía ante nosotros el incomensurable dolor de un soldado que había perdido a su madre mientras estaba en el frente. Ese poema exudaba en fantasmas con rostros e historias reales. Exhibía una angustia que por obra y magia de la literatura se había hecho carne, se había hecho nuestro. El poema se perdió ante la magnificencia de la realidad proyectada en un pasado que aún nos persigue, y había lágrimas para atestiguarlo.    

Quien había escrito ese poema; más que un absurdo premio literario, merecía mucho mas..., que nunca lo olvidemos. Y ciertamente éste es el humilde homenaje de Letras Opacas a todos ellos. 
  





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