¿Podemos vivir sin utopías? (parodia) | DIARIO LITERARIO DIGITAL

¿Podemos vivir sin utopías? (parodia)

martes, 16 de junio de 2015 0 comentarios

¿Puede la utopía sobrevivir sin los hombres?


Haga tolerable la parodia, póngale música 




Escrito por Lic Ramón D. Peralta

CETERIS PARIBUS

Mi próxima novela

LA UTOPÍA COMO IMPUTADO


El escritor de diario literario, se levanta con la cotidiana consigna de convertir la columna del día en lo más interesante del mundo. Conocedor de la primitiva técnica narrativa que inescrupulosamente advierte "todo comienzo debe ser intrigante", suele catalizar esa intriga en paleolítica forma de interrogante ¿Puede ser este comienzo algo intrigante para usted? y como usted es una especie de conejillo de india o más propiamente un "escorzo sapiens", nada puede fallar ¡Ahora no me va a negar que se siente intrigado  (?)!

Pero para que compruebe que soy buena gente, le anticipo que la trama procurará ser "ascendente y dinámica" para que sobre el final se tope con un "cierre sorpresivo". Una vez explicado el derrotero, no hay necesidad de seguir leyendo ¿Quién no soñó con terminar un libro al cabo de un par de oraciones bien condensadas?...

Hace poco un grupo de científicos de Harvard descubrió un hombre que no le tiene miedo a las mujeres y que siempre termina de leer los post en internet (incluso jamás especuló con pegarle a una). Y pensé ¡Qué hombre tan evolucionado!... ¡y qué alentador!, sin duda en el futuro alguien leerá Letras Opacas sin que sea amigo de la casa. 



Ayer la doctora Silvia Amigo hizo la pregunta del billón ¿Se puede vivir sin utopías?. Poder se puede, sino observe lo bien que viven los camaleones, las amebas o las cucarachas. Quizá sería conveniente reformular la pregunta ¿Puede la utopía sobrevivir sin los hombres? y acá es donde las utopías se sumergen en sórdido debate. Nada asusta más a las utopías que la ausencia de "racionalidad humana". 

Recuerdo que el concepto de amor, me fue inculcado, primero por "amor" a la figura materna en base a estricta dependencia y obediencia. Luego me enseñaron que el amor a una mujer no era algo sencillo ni gratuito ¡Mira si dejas embarazada a esa chica! (eso era un horror, y no me lo perdonarían). 

Por suerte pronto aprendí que el contrato de matrimonio me expurgaba de toda culpa y dolo. Es decir que, esa licencia para copular me eximía de mayores costos, salvo por el hecho que me costaba todo lo que poseía, incluso la impostora libertad.


Moraleja: el placer que genera el sexo sin culpa se confunde con felicidad. Y ciertamente la institución del matrimonio equivale al peor usurero; por un par de buenos momentos, te hace pagar el resto de tu vida. 



Cierta vez,  una novia en proceso me dijo ¡Tengamos un hijo para sellar nuestro amor!...y pensé, vaya refinado egoísmo y perversión del gusto, ¿Tan frágil e inhumano es el amor como para tener que condenar a un inocente aún por nacer, para formalizar un contrato que habrá de pagar de por vida, ya no solo quien lo elucubra, sino también nuestro hijo? ¿Existe injusticia más grande que esa?. A  pesar de ello, no le guardo rencor por aquel deseo tan miserable y espeluznante en pos de refrendar "nuestra felicidad". 


Ante el primer embarazo consumado de mi esposa, pensé "Y bueno, cuanto menos es una manera de perpetuar el apellido" (así me han formado) y la mujer piensa..... (va, nunca supe lo que piensan las mujeres)

Recién cuando me divorcio por primera vez, aprendo que los defectos en las personas que instantes antes se habían prometido el universo,  sólo se visualizan en el desamor. Proceso sentimental posmatrimonial que en los casos más leves e intelectuales, se manifiesta a través de la indiferencia, y en los más, mediante acciones cavernícolas y criminales.   

Así es como el divorciado, termina siendo presa de un darwinismo empírico que lo lleva a encarar toda nueva relación desde el prisma focal del defecto. Las nuevas parejas formadas por los divorciados consuetudinarios, se sostienen en vínculos más sólidos y coherentes, ya que, la inquisición del desamor se dio al principio.    

Luego uno aprende que la costumbre quizás sea el dilecto e inconcuso verdugo del amor, pero con el tiempo su poder se transforma en la más poderosa tiranía del alma. No la celo por miedo a perderla, sino por miedo a perderme... De viejo no hay nada más fuerte que la costumbre; pues el amor, más que en la pasión, se soporta en la comodidad. 


Los modelos populistas no son ni buenos ni malos, son contradictorios. Se promueve el consumismo con igualdad, lo cual solo logra que el proletariado se estupidice a un mismo nivel de alienamiento que el burgués. Al final de la metamorfosis, todos terminan  siendo alimañas movilizadas solo por la billetera. 

Nada más criterioso y lógico que el "modelo de progresismo personal" iniciado por Cristina y su consorte, quien comenzó con la circular 1050 de la dictadura, y supo adaptarse a cada circunstancia y coyuntura en el devenir. Nadie puede cuestionar su regularidad y perseverancia, tampoco su condición de "progresista" (y vaya que progresaron con la política).      


Esa descarnada lucha del populismo contra las corporaciones, ha resultado decisiva para la proliferación de más corporaciones. Los ricos padecen al populismo desde el engorde de sus cuentas bancarias, mientras los pobres disfrutan de su proscripción estadística. 

Por suerte, la democracia le ha dado a las masas el poder de votar de entre lo que le ponen enfrente, en la sugestión de que eso es sinónimo de elegir. El sufragio universal tal como existe ahora, es la peor estafa a la credulidad suprema que hayan inventado las élites; porque los caudillos terminan gozando de los mismos placebos que otrora otorgara el "derecho divino". No es que sea hombre de convicciones, pero con las evidencias nunca he tenido problemas de escepticismo... 


Hoy son los jóvenes quienes deben enseñarle a los viejos, aunque sean dirigidos por "pendejos" (de más de 60 años). Jóvenes y viejos, solo son vacuas categorías políticas del populismo. 


Y es menester agradecerle a ellos ésta Argentina; a los jóvenes, a los tajantes, a los violentos, a los energúmenos; porque sin su fanatismo, ninguno de los problemas que tenemos sería grande. Cuando la política se siente, piensa y ejerce como un negocio... ¿Cómo no habríamos de pretender una utopía? ¿Cómo no habrían de seguir vigentes?

Son las utopías las que nos permiten soportar las realidades de la vida, cuando hemos sido maldecidos con el don de percibirlas 



*Dedicado especialmente a la Dra Silvia Amigo
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