¿Musa inspiradora o técnica literaria? | DIARIO LITERARIO DIGITAL

¿Musa inspiradora o técnica literaria?

sábado, 6 de junio de 2015 1 comentarios

¿Inspiración o técnica literaria, en qué me conviene creer?




Escrito por Lic Ramón D. Peralta

Exclusivo para DIARIO LITERARIO DIGITAL


EJERCICIO LITERARIO 

SOLO SOY UN LECTOR QUE SE ANIMÓ A ESCRIBIR


Desde que comencé mi vagabundeo por la web, he recalado en diferentes grupos de escritores vocacionales, ansiosos por quedarse con la última palabra.  Muchos se llaman a sí mismo escritores, pues "escriben". Yo prefiero llamarles "renjifos" (aquellos que no saben escribir, pero escriben). 

Los renjifos, entre otras "laxitudes",  suelen sostener y sostenerse en la "Teoría de la musa inspiradora". Que es una feliz manera de eximirse de todo estudio, técnica y conocimiento literario. Su máxima dilecta es "Me hice escritor ante el llamado de la musa inspiradora". Dejando entrever que, no había manera de escapar de ese destino predeterminado, Dios así lo quiso.

Pero también están los que ponen a la lingúística y la estructura del lenguaje como preeminentes. Ellos sostienen "El escritor se hace"


Entre las diversas antologías sobre ¿Qué es la escritura, y qué un escritor? he escogido la de Raman Selden: "La teoría literaria contemporánea" (en inglés A reader´s Guide to Contemporary Theory - 1985) allí nos dice que: 
"Las teorías románticas hacen hincapié en la mente y la vida del escritor; las teorías orientadas a la recepción (crítica fenomenológica) se centran en la experiencia del lector; las formalistas concentran su atención en la obra en sí misma; la crítica marxista considera fundamental el contexto social e histórico; y la estructuralista llama la atención sobre los códigos utilizados en la elaboración del significado". (Selden, Pág. 11).


No obstante, para una mejor magnificación y comprensión, podemos dividirlos en las siguientes tendencias: 

1.- Los Esencialistas; son aquellos que sostienen: "escritor se nace" (también conocidos como Innatistas)

2.- Los Idealistas, que son los que creen que el escritor ejerce su acción literaria en función de una inspiración que, lo ilumina, moviliza y condiciona. Una especie de fuerza superior que, por si misma, explicaría la historia de la literatura. 
3.- Los estructuralistas o tecnócratas, que se radicalizan en franca oposición a los anteriores (idealistas), afirman que; no existe tal inspiración ergo el escritor se hace en función de un minucioso aprendizaje del lenguaje, sus reglas sintácticas, ortográficas y gramaticales, sumado a un férreo estudio de la Teoría literaria, la Historia literaria y la Crítica literaria (que en conjunto conforman la Filología)

4.- Los Universalistas, algo más elegantes y diplomáticos, nos invitan a creer en la existencia relativa de cada uno de los puntos anteriores. Es decir, mantienen una impostura sincrética y conciliadora.  


Entonces ante la pregunta ¿Qué es realmente lo que vale?, yo le respondo ¿Y qué os conviene creer?  

Porque si creer en la teoría de la inspiración divina os hace mejores escritores, pues... "a por ellos". El problema que se vislumbra con éste fetiche, es que, normalmente se enfrenta con su antimateria, la teoría del conocimiento literario. 

En otras palabras o las mismas, quienes creen que; con sentir el llamado de la musa es suficiente, soslayan o repelen el estudio y la vocación valorativa tanto del  lenguaje como de lo intrínsecamente estructural. Esta creencia es la preferida de los "renjifos", pues es la que mejor se adapta a su negada suscripción al facilismo y dogma del menor esfuerzo. 

Sin duda que la gran imaginación hace la diferencia, pero una buena historia por si mismo no crea una obra artística y estética. Por el contrario, el escritor que tiene oficio; es decir que, conoce pormenorizádamente las técnicas narrativas y de escritura, puede sin tener un gran tema, deconstruir un libro interesante. Esto es lo que en síntesis, divide al escritor profesional del renjifo. 

Tampoco quiere decir que, el escritor que ha estudiado y conoce a fondo las técnicas literarias, está inhibido de la inspiración. De hecho, la imaginación es algo que se expande con la lectura de los buenos textos. Borges solía decir "No me enorgullezco por los libros  que escribí, sino por los libros que leí". 

Hace algunos años atrás, en un seminario realizado en España; Mario Vargas Llosa contó que cuando llevaba algo mas de 500 páginas escritas de su hoy libro "La guerra del fin del mundo", se dio cuenta que se había equivocado en la elección de la "persona narrativa". El final jamás podría haber sido logrado de esa manera. 


¿Qué hizo en consecuencia?, pues procedió a incinerar todo lo escrito. El fruto de tres años de trabajo acaba así bajo las llamas. Obviamente procedió a re-escribir íntegramente el libro de marras, para terminar logrando uno de sus mayores éxitos. 



La moraleja que aprendí de esto fue: Todos nos equivocamos, pero solo los grandes lo reconocen a tiempo. La literatura, la gran literatura, exige de estudio, de trabajo, de conocimiento, de técnica y por sobre todo de humildad. Sin humildad no hay autocrítica. Los que se creen escritores jamás logran serlo en realidad, porque el que asume que ya todo lo sabe, se inhibe a perpetuidad el crecer, elevarse y mejorar. Mucha gente sabe nadar, pero no todos son nadadores.



Tengo un amigo escritor del tipo salvaje, briosa e indómita pluma que se enfrenta diariamente con las novelas policiales, sin más armas que su prolífica creatividad. Y ciertamente, sus novelas son dignas de ser leídas. Es lo que llamamos, un pura sangre (pero hasta los pura sangre necesitan ser entrenados). 



Muchas veces hemos debatido sobre el "ser o no ser en la técnica literaria", y si bien es porfiado como pocos, gradualmente ha comenzado a aceptar esa "lógica". Yo solo atino a preguntarme ¿Qué tan grande serían sus novelas si incorporara el saber literario?...¡ojalá no me quede con la incógnita!  



La creencia sobre la hegemonía de la supuesta "musa inspiradora" tiene orígenes muy antiguos. Y ciertamente Musas e Inspiración parten del mismo relato mitológico. Hesíodo recoge una serie de relatos teológicos populares que, venían siendo pasados de boca en boca (generación tras generación) y concibe para la posteridad "Las Musas", que eran las nueve hijas de Zeus y Mnemosine (ícono helénico de la memoria).   



Antes de Hesíodo, las musas eran solo tres, por ende, las seis restantes nacen de la licencia literaria que el autor se tomó. Y tuvo sus razones, porque esas tres musas solo representaban a la memoria, la meditación y el canto (estaban faltando otras expresiones artísticas). 


Es Homero quien utiliza por primera vez "musa" en singular, para luego adicionarle el adjetivo "inspiradora". Aunque en algunos capítulos intermedios, aclara que las musas son nueve, pero sin citar los nombres asignados por Hesíodo. 



En un principio las musas tenían la función de inspirar en términos generales a los hombres, pero luego de Hesíodo se comenzó con una praxis pagana que identificaba a cada musa con un rol determinado. Por ejemplo; Calíope considerada la más augusta de las nueve musas, es justamente la encargada de inspirar a los escritores, poetas y narradores épicos y heroicos. Tenía por consigna preservar la elocuencia en los autores. Erato  hacía lo propio con la poesía lírica (era la musa del amor) y  Talía era la protectora de la comedia y la poesía pastoril (considerada la musa del teatro). 


Pero en realidad, los antiguos griegos jamás sostuvieron que por si solo las musas podían lograr el buen arte. Considero que es un tema que no ha sido bien entendido o enseñado en determinados niveles educacionales. Quizás un malintencionado error, eso poco importa cuando error al fin.

Los atenienses en particular, pregonaban que todo proceso de inspiración debía ser acompañado de "Padeia". Palabra que significa "educación o formación del niño". Esa padeia invocaba no solo la enseñanza de valores morales, cívicos y éticos, sino que hacía énfasis en el "saber ser en la cultura" y en el "saber hacer en la técnica". Por ende, los griegos en ningún momento hicieron una demarcación o escisión entre inspiración y técnica. 
     
En los 50` (siglo XX) el filólogo, historiador e investigador alemán Werner Jâger publicó su libro más insigne titulado "Paideia: Los Ideales de la Cultura Griega" donde echa por tierra definitivamente la creencia popular que aún sostenía que, los antiguos griegos se habían basado solo en la "musa inspiradora" como argumentación excluyente del ideal de arte, tanto literario como en general. 



En el capítulo I y II de su primer libro, se reproduce el sustrato utópico de lo que se consideraba un "buen escritor", al referirse a él como un "areté", ergo aquella persona que ha sido formada en todas las virtudes que hacen al saber del arte y la belleza. Pero ese areté  no era fruto de distinciones divinas o rehén de un destino impuesto por las musas, sino que por el contrario, era el resultante de una idealizada educación. 

Hoy impera lo que se conoce como la "técnica de la cáscara vacía", disfemismo que describe un estilo literario donde no hay descripción de nada más que los sentimientos y emociones del escritor que siempre narra en primera persona. Si bien hay algunas perlitas, la enorme mayoría es solo literatura de segundo o tercer orden, que normalmente solo le interesa al propio autor. No se respeta ningún parámetro ni doctrina filológica.  

Uno de los profesores de "Narrativa" de la Complutense de Madrid,  don Vicente Donoso, reducía el "abc" de su estructura en: Lograr un comienzo intrigante; procurar un desarrollo dinámico y ascendente; y establecer un final con desenlace sorpresivo. Y ciertamente, sus talleres han sido de lo mejor que me ha pasado en mi peregrinar por el mundo de las letras. 

El gran pecado del renjifo, no es el escribir mal o la falta de inspiración, sino que (ya creyéndose escritor), leerse solo a si mismo. Y tanto se leen, que no les queda tiempo para leer a nadie más. Ese ciego narcisismo, es el peor obstáculo para la evolución del novel. 

Para finalizar, solo me resta escribir que; no importa lo que creas, siempre y cuando no ignores la gnoseología literaria, porque sin ese conocimiento jamás serás un gran escritor.

"Las reglas literarias se hicieron para romperlas, pero antes debes conocerlas" (Un lector que se animó a escribir)

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domingo, 7 de junio de 2015, 13:41:00 GMT-3

Estoy de acuerdo. Yo creo que ocurre lo mismo en el teatro. No se deben escribir historias para reproducir la realidad, copiarla del contexto cotidiano de quien la reproduce, sino que debe poder transformarse. Entonces, deberíamos intentar crear otra realidad concreta nueva, mediante el ensayo (teatro) o la práctica y el desarrollo de la técnica narrativa (literatura), eliminando la petulancia y los prejuicios acerca de lo que creemos conocer. Incurrir en el dogmatismo o el empirismo y, en consecuencia, en el más absoluto desprecio a la teoría tiene sus sus peligros, sin embargo, el peor de todos, es la falta de aprendizaje y de dominio. Para mí, el actor de teatro y el escritor, no nacen, se hacen. Y otra cosa es la capacidad que uno tenga para lograr absorver y aplicar el conocimiento. También la ciencia tiene una guía, el materialismo dialéctico, frente al idealismo o el mecanicismo, definiendo a la materia como el sustrato de toda realidad, sea concreta o abstracta. Por tanto las cosas tienen un origen físico, de modo que el actor de teatro debe primero conocer su cuerpo y saber jugar con él. Para el escritor, jugar con la realidad supondría el ser capaz de transformarla o de generar un ficción verdadera, y ello implica necesariamente el deber de conocer las directrices lingüísticas y la técnica narrativa. Es mi humilde opinión. No soy escritora, tan solo aficionada.
Un saludo

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