La moral de los que no tienen nada que hacer (filosofía política) | DIARIO LITERARIO DIGITAL

La moral de los que no tienen nada que hacer (filosofía política)

domingo, 14 de junio de 2015 0 comentarios

"Cuando quienes trabajan son gobernados por los que no tienen nada que hacer, se genera un tipo especial de moralidad" 




COLUMNA DE OPINIÓN

Escrito por Lic Ramón D. Peralta


NUESTRA MORALIDAD ES POCO ÉTICA

"Nuestro mayor dolor se edificó sobre las sólidas bases de la culpa. Solo conoce los reales alcances de la moralidad, el que tuvo que robarle a otro hambriento para poder comer. Y esa culpa, es un infierno que te quema vivo hasta el último halo de aliento" Encontré estas palabras en un manuscrito de mi abuelo. Admito que me cuesta seguir escribiendo.

Mis abuelos llegaron a la Argentina y la amaron de inmediato. Y si bien el sentimiento de nacionalismo inmanente al alemán desde siempre podría llevarnos a otro tipo de especulaciones, en mi familia nunca hubo dudas, acá construirían su nuevo hogar. En mi abuelo; su franca, profunda y cálida mirada; solía estar asediada por abstrusas lágrimas; cada vez que narraba lo que significó Argentina para ellos. 

"En Argentina encontramos la prosopopeya del ángel de la guarda. Nos devolvió la sonrisa, nos arrulló el alma"  solía repetir. Muchas cosas las entendí recién de grande. Hay veces que siento la necesidad de releerlas, como hoy. Es curioso, porque mis abuelos progresaron con el tiempo, so podrían haber vuelto a su país natal. 




¿Qué hubiera hecho en su lugar? yo hubiese regresado a la Argentina (pensaba de adolescente). Así fue como aprendí que uno idealiza desde la ignorancia. El sentimiento nacionalista argentino se edificó sobre la ideología acerba y el siempre impostor dogma político. En la facultad hablábamos de nacionalismo y moral con pasión y obsesión, quizás en la misma proporción en que abdicábamos ante la acción. Nosotros le llamamos nacionalismo a la defensa irrestricta de fetiches que solo habitan en el plano meramente discursivo.


Mi abuelo solía decirme "El idealismo político es para gente que no tiene nada que hacer. Primero estudia y luego trabaja, y hazlo duramente hasta que no tengas que depender de nadie, porque ahí es cuando serás realmente libre de pensar". Últimamente pienso mucho en mi abuelo. 


Las guerras, la hambruna, la opresión, el terror, los fenómenos políticos y sociales generan ámbitos especiales para la filosofía moral. Por ende, la moralidad de una sociedad es una entidad tan frágil como temporal y dinámica. 




Dedo admitir que antes de la Universidad, no tenía en claro cuáles eran las distinciones entre ética y moral, y aún sigo resistiéndome a verlas como entelequias diferentes. Quizás sea uno de los temas que más confunde a los ciudadanos comunes, y las razones son atendibles. 


También aprendí que la inflación (en economía), con el devenir, genera un particular tipo de condicionante, de la cual, no escapa la moral ni la ética. Pero claro, estas paradojas solo cobran vida cuando aparece el componente doctrinario de cierto tipo de política, aquella que, sin poseer acciones nacionalistas, hace del exagerado discurso nacionalista su más elevado estandarte.   

Así es como la Ética, entendida como el estudio científico, filosófico y teórico de la Moral, entra en dilemas con la moral de quienes deben enseñarla y aprenderla. 




Pero cuando decimos que la moral es aquel tipo de acción o práctica que, emerge por los condicionantes en forma de norma tácita que imprimen los usos y costumbres de la sociedad, es cuando nos encontramos con la primer gran paradoja. 


Porque cuando vamos a otra de la acepciones de Ética, aquella que surge como tal en la internalidad de una persona, ergo como resultado de una moralidad fruto de la propia reflexión y elección, es cuando podemos verificar la contradicción dialéctica, cuya síntesis se resuelve en la estupidización estandarizada de la política en manos del nacionalismo agonal del populismo. 


Es curioso, porque la inflación que registra la teoría histórica, surge en el Antiguo Imperio Romano como repuesta al enorme déficit fiscal acumulado por el Estado, luego de un período de prolongadas guerras fallidas en un marco de pésimas administraciones. Los procesos inflacionarios en la Edad Media y especialmente en la modernidad, siempre tuvieron su origen en los enormes quebrantos que generaban las guerras. Lo cual nos lleva a pensar que, solo la guerra puede justificar gastar más de lo que ingresa en un Estado, argumentando así, de mala manera a la inflación. 




Argentina hace más de setenta años que convive con la inflación de forma ininterrumpida sin que haya tenido guerras que la exoneren de dolo u otros nefastos virtuosismos. ¿Cuál es la guerra interna que explica esa anómala "normalidad" con que nos acostumbramos a vivir los argentinos?

Es decir que, si la moral de una sociedad se eleva como la motivación extrínseca al sujeto, ya que, nace del conjunto de normas costumbristas que hacen a la indiosincracia de todo un pueblo; podemos llegar a sospechar que, la inflación ha sido aceptada como una de esas realidades del Ethos. Pero asimismo, también es un ente caracterizador de la ética subjetiva ya que, nada más individualista que la lucha por preservar el valor del propio patrimonio ante la inflación que lo erosiona.   





En síntesis, mediante la solitaria lucha contra la inflación, tanto moral como ética vuelven a unificarse en las acciones terrenales, confinando su abstracta escisión al terreno estrictamente discursivo. En otras palabras; en la Argentina de hoy desde lo político, moral y ético; solo existen verdades  pre-discursivas. 


Así es como solo en los ámbitos académicos e intelectuales, se sigue testimoniando sobre la supuesta división entre ética y moral. La cual se puede resumir cómo la disputa dialéctica entre individualismo versus universalismo, representada entre las dogmáticas discusiones que por antonomasia mantienen comunitaristas versus liberales.  


Es notorio ver cómo ha pasado a un segundo plano el debate filosófico que otrora se mantenía por identificar desde la Ética como disciplina epistémica, a la virtud como paradigma temporal de la sociedad respecto de la norma como pretensión de validez universal. ¿Cuál es el tipo de moral que preserva la sociedad argentina del siglo XXI y cuál el tipo de ética que practica cada argentino?...




Hoy viviremos otra jornada comicial en algunas importantes provincias argentinas. Será una nueva fiesta para el discurso proselitista y militante, aunque las realidades se empecinen en soslayar esos alfeñiques del pensamiento severo. Porque tanto la moralidad y la ética habitan una dimensión completamente ajena a las palabras, aquellas que procuramos construir en base al otro, al que no soy, al que pretendo ser, al ideal abstracto e impersonal. No puede coexistir el "deber ser" con el ser en cuanto ser, cuando los hechos insisten en distanciarlos. 


Antes se hablaba de nacionalismo como símbolo del amor a nuestra tierra y a nuestra gente, hoy en su reemplazo se habla de amor a un líder o caudillo, reduciendo la heráldica de Patria al inframundo de la psicosis. La ética y moral de los comunitaristas y liberales argentinos, crearon una exótica fenomenología política donde unos y otros se mancomunan en las acciones, distinguiéndose solo en el plano retórico. 

¿No será hora de que la sociedad se una para luchar contra el despilfarro que produce la sempiterna inflación acompañada de corrupción? 




Esta norma moral de apología a la excepcionalidad ha reconfigurado un tipo de sociedad donde todos los gobiernos terminan pareciéndonos iguales con el devenir del tiempo. Y solo esa neurótica necesidad de cambio sumergida en una moral amorfa y oprobiosa, es lo que nos lleva a discutir de política hasta sacarle brillo al ridículo, para que finalmente nada cambie. 

Nuestra moralidad no produce culpas por los errores cometidos, tampoco solidaridad ni agradecimiento por lo favores recibidos, y eso es angustiante.  


Quizás sea tiempo de ponerse a estudiar, trabajar y hacer; ergo dejarse de hablar al pedo (como solía aconsejar mi abuelo), porque el idealismo sin moral, solo es para gente sometida que no piensa libremente, y que por ende, no tiene nada bueno que hacer por su país. 


Buen día.-           


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