La literatura es puro palabrerío (filología) | DIARIO LITERARIO DIGITAL

La literatura es puro palabrerío (filología)

domingo, 7 de junio de 2015 4 comentarios


"La realidad es algo que está mas allá de las palabras. Una realidad que preferimos negar, que necesitamos ignorar"




Escrito por Lic Ramón D. Peralta


EJERCICIO LITERARIO y FILOLÓGICO

Dedicado especialmente a mi amigo AQ Gimenez

Sinopsis

¿Por qué se puede lograr un exitoso libro con solo banalidades, personajes imposibles, situaciones absurdas, motivaciones inocuas y oraciones vacui? ¿Cómo hace la literatura para transformar un tema vulgar y pedestre en una teofanía luminosa y secular? ¿Por qué idealizamos la verosimilitud textual cuando intuimos que las palabras están por naturaleza inhibidas de atrapar la realidad? ¿Cómo hace la literatura para transformar las peores miserias humanas en una sublime expresión de arte? ¿Cómo explicar que una situación paupérrima, repulsiva, inquina, común y  asimismo nítidamente apócrifa; puede consagrarse en lo más rico de una biblioteca? ¿Por qué preferimos elegir a quién leer y creer más en lo que leemos que en lo que hacemos? 

Una palabra puede haceros olvidar la muerte, pero las palabras nos conducen a la muerte. No me enfadan tus ofensivas palabras, sino lo que hay de coincidente con mi verdad en ellas. No me conmueven tus sentimientos, sino las palabras que lo expresan. Tratemos de ser civilizados, ni yo os diréis lo que pienso de ti, ni tú me dirás lo que de mi piensas. 



Si no me hubiesen ensañado el valor de las cosas, hasta podría haber dejado de pensar en mi mismo por un instante. Me gusta escribir en primera persona, porque estoy primero en lo que pienso, también en lo último.  

Cuando escribo en tercera persona o abdico la narración en favor de los personajes, es cuando más ganas tengo de hablar de mi mismo. Magnífica técnica de ocultamiento; pues es el lector quien termina la historia, mientras yo me redimo en lo que miento. Por las dudas, siempre referencio a los notables pensadores que me precedieron, sería impropio asumir que poseo un propio conocimiento, y eso me hace más veraz.

Quizás éste texto tenga una finalidad mucho más ambiciosa de lo que el autor pretende conscientemente. Tal vez de ésta mágica y tácita relación, surja algo que se aproxime al librepensamiento, y con eso, más que suficiente (me sobra aliento). 




Introducción a la Filología



¿Por qué tres personas paradas en el mismo lugar, testifican sobre el mismo accidente, tres versiones distintas? ¿Y por qué pasado el tiempo, esas mismas tres personas narran diferentes disquisiciones  sobre su mismo relato original?... ¿Es acaso un problema de análisis, de la memoria, de los sentidos o del lenguaje? ¿Por qué de la lectura de un mismo libro, hay tantas interpretaciones? ¿Por qué de una misma palabra, algunos se enamoran y otros se odian?. El pensamiento y las palabras no se llevan bien, y éstas con la realidad no se hablan. 



Porque tampoco yo quiero hablar conmigo mismo. Me mortifica saber mi realidad, no es algo que me cause placer, me satisfaga. Yo quiero ser el otro, el mejor, el que no soy; y causalmente en esos resortes de la negación y el apartamiento reside la fortaleza de la literatura. Las palabras llenan ese espacio que separa la realidad de las creencias, las mancomuna, las pretende unir sin unirlas; hace la vida respirable.   


Para hablar del lenguaje debemos usar el lenguaje, de hecho es lo que hemos estado haciendo. Y para hablar del lenguaje ya hemos usado las palabras. Solo las palabras pueden hablar de las palabras. ¿Habremos de encontrar algún día un lenguaje intrínseco al pensamiento?, y lo que más nos desvela ¿Cómo se expresa la realidad por fuera de las palabras, cuál es su idioma?. 




Ese notable cliché "Solo creo en lo que veo" goza de magna ironía, quizás sea lo más sarcástico de nuestro lenguaje, cuando comprobamos que aún el más intelectual basa su cultura en saberes implícitos en lo textual. Yo nunca vi filosofar a Sócrates, jamás conocí personalmente a Platón, nunca escuché a Nietzsche ni tomé unas copas con Ciorán, sin embargo me jacto de conocerlos. Y he visto muchas cosas que no conozco. 


Vi pasar hace un rato a una hermosa joven de cabello rubio rizado y esbelta figura, pero ¿debo creer que la conozco?. Estaba seguro que la vi, ahora no lo estoy tanto. Tampoco puedo veros a vosotros, pero imagino que existen, que están ahí, que son similares a mi, de carne y hueso. ¿Ustedes no existen? Porque no los veo debo concluir que ¿no son reales?. Nunca vi a mi abuelo paterno, pues había muerto antes que yo naciera ¿Acaso podría no haber existido?

Quizás Dios haya sido tan enorme, porque es solo una palabra conmovedoramente condensada y fecunda en significados. Nunca vimos a Dios, y es poco probable que lo veamos, pero conocemos la palabra, y no me refiero a la engañosa palabra de Dios que escribieron los hombres en su nombre, sino la palabra "Dios".  


Podemos negar la existencia de Dios, pero nunca podríamos negar la existencia de la palabra Dios. En cuyo caso, esa absurda escisión entre creyentes y no creyentes, es bastante vergonzosa. Todos somos creyentes, solo que creemos en cosas diferentes. Puedo probar que existe Dios en la significancia, porque existe la palabra Dios. Y el culpable de toda esta estupidez es el lenguaje. Entonces corrijamos: "Solo creo en lo que veo en la palabra" 


La literatura es puro palabrerío 


¡Ay palabra! ¿Cuántos mundos has creado, cuántas verdades inventadas? ¿cuántas veces me has seducido y cuántas compungido?, ¿cuántas veces me has aclarado, cuántas enojado y en cuántas confundido? ¿En cuántas formas te has ocultado, de cuántas evidenciado y por qué ocasionalmente olvido? ¿Cuántas veces falsa y tantas otras epifánica?

Con ciertas ínfulas de exégeta, podríamos acordar que, la crisis actual del mundo es la crisis de la palabra. Es la realidad quién nos está acosando. Ciertos saberes no clásicos nos están desafiando. Hay una tenue revolución en proceso, y esa sutileza es muy peligrosa. Aprendimos a enfrentar la violencia con violencia, pero somos vulnerables ante la timidez del cambio imperceptible (por lento y sosegado). 


El matrimonio entre el universo con la palabra, está atravesando un mal momento, se están divorciando. Tal como la nada distingue al ser del todo, es menester que intervenga el silencio para reconciliarlos. La evidencia, la tercera en disputa; ha adquirido formas irreverentes y capsiosas. El miedo nos carcome, porque ya la palabra no nos pertenece, nos domina. Ese alumno que superó al maestro. 

Pero ese miedo es quien motoriza la expansión de la palabra, achica el universo, lo trae de nuevo a nuestro lecho. La vida en la palabra es clausura, y la literatura poética la masturbación. El sexo es sexo porque de carne soy y rumbo a la carne voy, pero solo en la palabra hallarás el amor. Hay vida más allá de la muerte, porque la palabra es inmortal. 
Puesto que, la palabra no es el lenguaje de la realidad, es la forma que construyó el alma humana para decirnos ¡Acá estoy, no me olvides! (...) si el universo parece sólido, es porque el alma puesta en la palabra lo preserva unido.  








La palabra es la inyección del sentimiento. Esa metamorfosis que produce la inyección aumenta su tamaño sin que cambie su densidad y cuerpo específico, lo agiganta a la percepción haciéndole ver más grande sin que su masa real cambie. Pero sin percatarnos que dentro de ese globo hay nada, es aire. Ese vacío describe la distancia que separa la realidad de lo que percibimos. Ese sentimiento inyectado a través de la palabra solo se traduce en una verdad discursiva, en una intelección dialéctica, una ignominiosa y gran contradicción.   


Un ínfimo sentimiento puede llegar en forma de una carga emotiva inmensa al lector, completamente desproporcionada. Y ese pequeño núcleo originante puede incluso ser un ex-nihilo, una cierta nada. Las palabras escritas con arte son la inyección como causa sui, pues produce que un pequeñísimo núcleo se convierta en una explosión de sensaciones, emociones y sentimientos en lo que leen. 

El escritor no siente nada cuando escribe, porque la mente humana no puede hacer dos cosas al mismo tiempo. Cuando el literato es presa de un estado emocional intenso, no escribe, solo grita, llora, ríe, aúlla, maldice, se embriaga o se duerme. Pero cuando uno escribe no hay sensibilidad, solo razón, arte, memoria y experiencia. Las palabras se tornan así en una burbuja vista desde la vastedad de los sentimientos, pero no del autor, sino del lector.  

Romeo y Julieta comienzan su vínculo con solo atracción física. Se trata de un mero impulso sexual, una pulsión primitiva del inconsciente humano, una carnal promesa de placer ante una valoración profana de la belleza. Pero desde lo textual, el lirismo toma las riendas del lector porque Romeo y Julieta no establecen una relación de realidades. No se dicen lo que realmente sienten sino lo que el otro quiere escuchar, pero más propiamente lo que el lector quiere leer. Es un juego romántico donde el lector no puede abstraerse de participar en la seducción.  

   

Por ende, las palabras cumplen el rol de curador retórico del discurso amoroso estereotipado. El sentimiento entre dos personas que recién se conocen no es real, pero eso es ignorado por las palabras que intentan aproximarlos. El sentimiento es falso, pero el rol de celestina que cumplen las palabras, las justifica. 
Sin ese lenguaje lírico, apasionado y exagerado, Romeo y Julieta se verían desmotivados para introducirse en ese lúdico galanteo y flirteo. Porque para lo otro, están las películas pornográficas. Acá las palabras no expresan una realidad, sino que es la herramienta que promueve la vinculación de dos personas ante la probable contingencia de un devenir sentimental que, puede llegar a convertirse en real o no (pero en el futuro). 


Al igual de Romeo y Julieta que, se excitaban y seducían por medio de la palabra -disimulando un sentimiento que no poseían-, los discursos políticos buscan la seducción de los votantes, los científicos convencer de la posesión de una determinada verdad y método, y los discursos comerciales la adquisición de sus bienes por los incautos consumidores. Todos ellos buscan, no la realidad, sino las palabras justas, las adecuadas, las que deseamos escuchar y leer.   


Porque nosotros no queremos realidad, sino apariencia de realidad. La realidad es algo que no podemos tolerar. El deseo de verdad, es el deseo de justicia, de una justicia que por sobre todo sea justa conmigo. Pero también es un deseo de voluntad; de que mi voluntad sea preservada en las palabras. Otra palabra no quiero escuchar ni leer, necesito que me identifique e identificarme en ella. Nos vestimos con la ropa del lenguaje. 

Como decía Emile Durkheim "La lengua es el vestido de la idea, pero es un vestido cuyo papel consiste en dejar transparentarse lo que recubre. Su principal cualidad, la única que tiene un verdadero valor, es la transparencia. La palabra sólo es útil, sólo cumple su oficio cuando deja aparecer la idea claramente, y va contra su objetivo cuando quiere brillar con un resplandor profuso que atraiga toda la atención sobre ella"

El amor tipificado, que es algo que deseamos creer como un sentimiento auténtico, ciertamente solo es algo que vive por obra y gracia de la palabra. Es necesario haber oído hablar del amor para saber que, lo que sentimos se llama amor; y también haber aprendido a seducir usando la palabra amor, prometiendo algo que no sentimos, pero que, nos sirve para lograr copular; ergo entender las diferencias de uso. 

Es por lo expuesto que, a los poetas, los novelistas, los ensayistas, los escritores, en general los artistas; nos enseñan a amar las palabras que expresan sentimientos, igual que a los pintores y escultores les enseñan a expresar los sentimientos mediante las formas, la estética y los paisajes.

Me despido con una de las notorias máximas de la Filología, que expresa acabádamente este proceso de hermenéutica literaria: "Hay personas que no se hubieran enamorado jamás, de no haber oído hablar del amor" (Duque de La Rochefoucauld)

FIN DEL EJERCICIO 


Exclusivo para DIARIO LITERARIO DIGITAL


Share this article :

+ comentarios + 4 comentarios

lunes, 8 de junio de 2015, 14:51:00 GMT-3

Por eso creo que la palabra representa una realidad ficticia, que nosotros interpretamos y hemos vuelto a reproducir. Es una representación abstracta de la realidad y que guarda cierta distancia con ella. Nosotros no podríamos entender el verdero sentido, la esencia de lo que es una "manzana", si no la apreciamos desde los cinco sentidos, tendríamos en caso contrario tan solo una vaga idea de su concepto semántico, una percepción intelectual. La autenticación de la manzana, es decir, la realidad intrínseca que se nos representa a través del conocimiento, de su verdadera naturaleza, existe "per se",cuando la tocamos, vemos, olemos, comemos etc. Cuando menos adornemos la "idea" de la manzana, cuanto menos le atribuyamos de nuestra singular experiencia, su sentido para nosotros estará más claro y limpio. Suscribo lo que acabo de leer y además, me parece un artículo brillante e interesante. Gracias por añadirme a tus círculos, yo también he hecho lo propio. Me alegro de haber descubierto este blog.
Un abrazo

lunes, 8 de junio de 2015, 15:17:00 GMT-3

Muchas gracias a ti Marisa, y tu blog es excelente. Cordiales saludos.-

sábado, 19 de septiembre de 2015, 17:27:00 GMT-3

Gracias x tus reflexiones, preguntas y aportes. Me ayuda a comprender y analizar aspectos contradictorios de las relaciones entre lenguaje-pensamiento-subjetividad-realidad objetiva. Cariños desde Tucuman.....

sábado, 19 de septiembre de 2015, 18:01:00 GMT-3

Muchas gracias a ti Isabel, un cálido abrazo desde Buenos Aires.

Publicar un comentario

 
Letras Opacas.org | |
Copyright © 2011. DIARIO LITERARIO DIGITAL - All Rights Reserved
LETRAS OPACAS (Diario Digital Literario) .Argentina
Proudly powered by Blogger
Conseguir la ú…e Flash Player Blogger {{Usuario escritura-4}}width=device-width, initial-scale=1.