La corrupción en Argentina (filosofía) | DIARIO LITERARIO DIGITAL

La corrupción en Argentina (filosofía)

viernes, 5 de junio de 2015 0 comentarios

"La corrupción, algo que se vive como una nouvelle sin relatores ni finales"






Escrito por Lic Ramón D. Peralta 
Exclusivo para Diario Literario Digital




¿Cómo sentimos la corrupción, cómo la percibimos, cómo la intuimos, cómo la excusamos, cómo nos hacemos cómplice de ella? ¿Por qué negamos que somos parte de eso?


EJERCICIO LITERARIO



Quizá más que definir la "corrupción" desde el academicismo, sea menos resistivo narrar cómo la captamos desde lo sensorial, lo inteligible, lo consciente; y qué terminamos haciendo con el análisis resultante. Porque no habremos de entender ni entendernos, si a esas supuestas relaciones causales no las ilustramos con las consecuencias y el tipo de respuesta que decidimos sobre esos efectos. 



Porque justamente, es aquí donde la sociedad argentina hace un paso al costado, para dejar a las consecuencias de la corrupción como una especie de novela cuyo marco se relata a si mismo en tercera persona, y que se lee desde afuera. Las consecuencias así, se convierten en una serie anacrónica de sinestésicas metáforas que versan sobre fantasmas en la medida en que, al parecer, nadie está dispuesto a materializarlos, racionalizarlos ni nominarlos. Es una revelación que pertenece al mundo de lo improbable, por ende, de lo ficcional; en el mejor de los casos, de lo dudosamente eidético. 



Pero es una saga que, si bien está protagonizada por fantasmas, posee una lógica, una praxis ontológica diáfana, una correcta descripción psicológica de los personajes, una espacialización y temporalidad también ostensibles; pero esos fantasmas preservan su condición, porque el lector se niega a que salgan del plano literario, por consiguiente, perviven en lo  meramente discursivo. 


En otras palabras, esa lógica y factible verosimilitud termina encasillada y emboscada; y si bien realidad, es una realidad sumergida en el marco de lo implícito en lo unívocamente textual y narrativo. Por eso, este tipo particular de "novela", si bien es descubierta por los propios personajes internos que llevan adelante el relato, necesita de la complicidad del lector para mantener su espíritu original.       


Aunque más que novela, e intentando encontrar las palabras más adecuadas, me inquieta la idea de ver a la corrupción en cuanto acción comunitaria, como una expresión retórica e idiosincrática del tipo "Nouvelle". Aquel nuevo subgénero literario de la posmodernidad, que se ubica a posteriori del Cuento y a priori de la Novela.


 
Pues justamente es la Nouvelle, donde el narrador se torna tan débil, que el escritor termina abdicando en favor de los personajes ficcionales, quienes realmente son los que conocen los enigmas, las intrigas y los secretos de la trama, pero que, también son quienes nos sorprenden con abruptos desenlaces que nos emocionan, excitan y apasionan (sin que esas respuestas pasen al terreno de lo real). Todo nace y muere dentro de esa nouevelle, sin salirse nunca de ese plano incierto, indefinido y fantasmagórico.   


La palabra "Corrupción" que proviene etimológicamente del latín, significa literalmente "echar a perder". ¿Pero qué es lo que se echa a perder?. La naturaleza humana que también ha sido resistida por ese nefasto "Positivismo Lógico", es quien augura que "Sin un fallo judicial convenientemente probado y documentado, no hay corrupción". Gallimatia ad populum, que es usada indistintamente por los pasionales y demenciales idealistas ergo militantes de un partido u otro.  

Esa extravagante flexibilidad moral, es lo que los lleva a condenar de manera popular al candidato "enemigo" con solo rumores, en simultáneo que exonera de toda sospecha a su propio líder aún habiendo sobrados indicios y semiplena prueba de culpabilidad. 

Por ejemplo, para los macristas, Cristina y sus funcionarios son corruptos, pero negando en el mismo acto que Mauricio Macri sea algo menos que la inmaculada concepción de María. Lo mismo pasa con los kirchneristas, cuando defienden a sus siempre sospechosos líderes y funcionarios.  Ambos bandos esgrimen el mismo argumento a la hora de la apología: "Si no hay fallo judicial, no existe corrupción" (como si la Justicia no hubiese sido alcanzada por esa misma corrupción).  

Volviendo al tema de la natural constitución de la mente humana, diremos que es un tipo de mente huésped de una entidad corpórea que necesita de cosas materiales para poder sobrevivir. 

Por ende, no me resulta del todo ilógico la existencia de lo que algunos psicólogos, filósofos  y psiquiatras denominan Pulsión Material; que tal como la nouvelle, es la encargada de mantener cierta armonía entre la pulsión de muerte con la pulsión de vida. 


Para no extenderme demasiado en éste punto, podemos comprobar cómo un bebé desde antes de tener conciencia de su propia conciencia, comienza indagando sobre el mundo de las cosas que lo rodean mediante los distintos tipos de mecanismos sensoriales conque nacemos. Es normal ver a un bebé llevarse todo lo que agarra a la boca. Todo despierta su curiosidad.

Cuando comienza la etapa del "despertar en el espejo" es cuando comienza a tomar conciencia del sentido de pertenencia de las cosas. Lo más descriptivo es ver a un niñito tomar el juguete de otro por la fuerza en respuesta a una carga que es del tipo instintivo. Mientras uno llora, el otro disfruta. 

Luego de los retos, el niño va incorporando una moralidad que es impartida primero por los padres, y luego por los maestros y en general la sociedad. La relación del ser en cuanto ser materia que necesita de materia para vivir, es sin duda natural, lo que no es natural es el tipo de moralidad que lo modela. Entonces bien podemos inferir que, existe una estrecha relación entre moralidad y corrupción. 

Es decir que, cuando hablamos de corrupción política, lo que se echa a perder no es propiamente el ser en cuanto ser, sino la moralidad que lo moldea.  La corrupción describe el rango de incompletitud que manifiesta la moralidad de una sociedad. En otras palabras, cuando la moralidad y la ética son incompletas, el espacio restante es ocupado por la corrupción que responde a lo instintivo e inconsciente del hombre. Mientras más débil es la moral de un pueblo, más primitivos son sus hombres y mujeres.           
Podemos verificar ésta teoría cuando vemos cómo una madre golpea violentamente a una maestra que la citó para decirle que su hijo no aprende o que se porta mal. Esto, hace un par  de décadas atrás no existía como normalidad. 

La corrupción comienza cuando nacemos, y la sociedad procede a controlar esos impulsos cuando tiene en claro el concepto del bien y el mal. Cuando esos conceptos se tornan difusos, es cuando la corrupción ocupa el lugar modelatorio que fue cedido por esa precaria y enfermiza moralidad.   

Ahora bien, la corrupción política no puede existir ni proliferar sino es alimentada por una sociedad igualmente corrupta. La corrupción sociológica, tiene muchas aristas, desde la más alevosa, como el robo seguido de homicidio, hasta formas sutiles, tal como quedarse con un vuelto al hacer los mandados o hacer trampa en un examen del colegio. El fraude, la mentira y las omisiones conscientes, son también veladas formas de corrupción. 

Pero nadie más corrompido que, aquel adulto que sostiene: "Sin un fallo judicial, no existe corrupción". Este tipo de razonamiento es el emergente de una formación moral afectada, infectada y moribunda. La corrupción es un fantasma que siempre está con nosotros. Porque en un país como Argentina, no se idealizan ideales, se idealizan personas. 



Ciudadanos que se suponen instruidos sostienen que, la corrupción solo es una fenomenología judicializable, por ende, niegan que la relación del hombre con las cosas tenga una naturaleza que los determina. 


Es decir que, en pos de idealizar determinado caudillo, renunciamos al conocimiento que el hombre tiene sobre si mismo. Porque ser incorruptible no significa ser honrado, sino valiente. Esa fortaleza interior y suicida que nos lleva a accionar contra nuestra propia naturaleza y necesidad en pos de jerarquizar un valor superior, la honorabilidad. Por ende, la corrupción en cuanto materia en estos tiempos de hiperconsumismo y deificación, es la pandemia y la moralidad su remedio. Un remedio que sabe a diantres y del que, pocos desarrollan la disciplina de beber a diario.   


La corrupción posee su condición de fantasmal porque solo hablamos de la corrupción que se informa en los medios masivos de comunicación. Esos son los rostros del monstruo, pero sin que se nos impida imaginar que, por fuera de ese mundo espectral, hay toda una dimensión donde habitan otros muchos fantasmas. Y lo más paradigmático, es negarnos a aceptar que nosotros somos esos fantasmas.  Esa negación es la prueba más fidedigna de que somos el resultante de una moral endeble, raquítica y cobarde, sin fuerzas para luchar contra la corrupción. 


Lo que más me preocupa no es la corrupción que se informa o se evidencia, sino la que existe. Cuando en una sociedad, la corrupción ha sodomizado a la moral; la osada lucha por preservarse de esa sórdida idiosincracia, se torna mucho más ardua, abnegada y sacrificada. En síntesis, la valiente guerra en pos de defender una moralidad del tipo clásica, se ha tornado en cruzada individual y personalísima, donde ese lobo solitario se enfrenta no solo contra los desafíos de la estepa, sino contra toda una manada de antropófagos que quieren devorarlo.  


 


Ese cliché que se resume en el "Poder corrompe", juega con una comunidad cuya idealización corrupta, naturaliza esa vulnerabilidad moral en la oprobiosa justificación. Una sociedad con sólidos valores morales, jamás argumenta en defensa de las costumbres corruptas, por la sencilla razón de que le son ajenas.  


Para finalizar esta primer parte, sin que haya promesa de una segunda, diré que, consideramos corrupto a quien es descubierto mediante una filmación recibiendo una coima. He aquí un caso de corrupción para ser resistido por quienes militan en favor del corrupto y para ser exagerado por quienes están en contra; ambos bandos, en clara evidencia de autoexclusión. Militantes: grupo de inconscientes escondidos detrás del mismo discurso.

Pero también es corrupto, aquel que ocupa un cargo público sin la menor intención de perfeccionarse en su arte, o en gobernar y administrar con justicia y sin mayor ambición que el dinero, el poder o el prestigio; aunque más no sea siendo tan honesto que no haga ningún mal pero tampoco ningún bien. Pues destruye la confianza que depositaron en él quienes lo eligieron al votarlo ¿Pero y qué de la corrupción que no podemos ver en el acto concreto y puntual? ¿Acaso esa corrupción no existe?


Es corrupto el que no trabaja las horas a las que se comprometió, no hace lo que debería hacer u omite lo que no debería omitir. Es corrupto el estudiante que no estudia. Es corrupta la educación que no educa. Es corrupto el sistema de salud que no cura, como también es corrupta la justicia que no es justa. Es corrupto el militante político que, a sabiendas de la corrupción que lo rodea; persevera en esa formación, indiferente al fraude que significan sus mentirosos ideales. Es corrupta la sociedad que acepta sus permisivas deficiencias éticas. Y es especialmente corrupta, la política de estado que promueve una moralidad ya póstuma.
La corrupción no debe ser vista como algo sofisticado o propio de la hermenéutica. La sensibilidad que tenemos para con la corrupción, puede ser leída en ésta Nouvelle que escribimos entre todos, todos los días. ¿Y el que vota a un corrupto?, a ese solo le llamaremos "argentino de novela"

EL PRINCIPIO DEL FIN 

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