El héroe reticente - Capítulo 14 (Novela Policial Negra) | DIARIO LITERARIO DIGITAL

El héroe reticente - Capítulo 14 (Novela Policial Negra)

sábado, 27 de junio de 2015 0 comentarios

"Una Luna de Miel en el infierno:
Las marcas de la piel podían ser tapadas con ropa, el dolor con analgésicos y la humillación con un despiadado deseo de venganza..."

diario literario digital el héroe reticente

Una novela policial negra por entregas 

Escrita por AQ Gimenez

Autor de "El Purificador de los condenados"

 para Diario Literario Digital 

la Revista Literaria plural y abierta



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Una Luna de Miel en el infierno







Para Ágata era muy difícil explicarle a su hija por qué dos tipos grandotes vivían en su casa y su papá no. Hablarle de las razones por las cuales otro aparecía cada tanto y dormía con su madre se volvía completamente imposible. 




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Será la televisión, internet o los jueguitos electrónicos, pero los chicos de seis años a veces parecen estar por cumplir veintisiete. Anastasia, como si supiera que su comportamiento era vital para la supervivencia de sus padres, apenas lloraba y, después de que su madre le explicara que su Papá se había ido porque unos señores malos lo querían lastimar, no había vuelto a preguntar nada sobre él.





Al principio “El Zorrino” llegaba con regalos y una sonrisa, como si quisiera imitar un cortejo normal. La credibilidad de sus actos se veía debilitada por los dos hombres armados que vigilaban a la niña mientras él se instalaba en el dormitorio principal.


Salvo por la cara de Ágata, esas primeras noches de sexo parecían voluntarias. Ella no quería que su hija corriera ningún riesgo. Aunque de alguna manera lograra escapar, no podía saber a quién tenía comprado Víctor dentro de la Policía. Nadie podía ayudarla. Además su esposo estaba acusado de narcotráfico, y no dudaba que podían plantarle evidencias también a ella. Esa Luna de Miel infernal, desagradable y humillante como fue, había sido un paseo por el parque comparado con lo que vino después.





Víctor Zorrilla era, después de todo, un sicópata hecho y derecho. Pronto se cansó de jugar al noviecito y decidió que lo divertía más tener una esclava sexual. 



Cuando llegaba, la metía en la habitación a los empujones, y hacía lo que quería hasta que se cansaba. Muchas veces la ataba, otras le pegaba con lo que tenía a mano, un cinturón, una percha de alambre, lo que encontrara. Los gritos y las lágrimas no lo frenaban, en realidad lo excitaban aun más.





El peor suplicio para Ágata era saber que su hija escuchaba sus gritos. Los custodios, que no eran maravillosos seres humanos ni mucho menos, por lo menos tenían la decencia de subir el volumen de los dibujitos animados del Disney Channel al máximo, para disimular los gemidos.



Ni Anastasia ni Ágata mencionaban jamás estos episodios. La madre no sabía cómo disimular lo que pasaba tras la puerta de su cuarto y la hija prefería no saberlo.





Las marcas de la piel podían ser tapadas con ropa, el dolor con analgésicos y la humillación con un despiadado deseo de venganza.



Continúa en:  EL HÉROE RETICENTE - CAPÍTULO 15 (NOVELA POLICIAL NEGRA)


Lee la primera parte de esta novela en: 
El héroe reticente - Prólogo



NOTA: Exclusivo para DIARIO LITERARIO DIGITAL
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