El héroe reticente - Capítulo 13 (Novela Policial Negra) | DIARIO LITERARIO DIGITAL

El héroe reticente - Capítulo 13 (Novela Policial Negra)

miércoles, 24 de junio de 2015 0 comentarios

"La instructora es una mujer. Antes de comenzar la clase saluda a su amiga con un apasionado beso en la boca..." 





Una novela policial negra por entregas 

Escrita por AQ Gimenez

Autor de "El Purificador de los condenados"

Para Diario Literario Digital 

La Revista Literaria plural y abierta



Resultado de imagen para rua da praia paranagua

Por suerte en Internet podés encontrar las informaciones más insólitas. Necesitaba una ciudad no muy grande, hacia el norte, con facilidades para aprender tiro. La que busco es Paranaguá.



Resultado de imagen para paranagua



Es una ciudad rara, supuestamente la más antigua del Estado de Paraná. Tiene una gigantesca y ultramoderna zona portuaria, casas bajas sin demasiada gracia, algunos edificios y oficinas públicas. La salva del oprobio de la vulgaridad una atractiva zona histórica frente al mar que recuerda a un puerto bucanero, con insólitos rasgos de modernidad que eliminan el “Efecto Disney World” de otros lugares demasiado perfectos como Paratí.




Resultado de imagen para paranagua




Antes que nada me inscribo en el Clube de Tiro Paranaguá. Es lógico aprender a matar en un lugar que tuvo que defenderse de los ataques piratas durante tantos años de su historia.

Consigo una pieza en una antigua casa convertida en algo parecido a un conventillo “fashion”. De casualidad veo un cartel en la vidriera de una agencia de turismo, buscando un guía en español para las excursiones en escuna por la Bahía de Paranaguá. No pagan demasiado, pero son pocas horas y evitaré reducir aún más mi botín mal habido. 


El lunes me presento en el Club. Una de las ventajas es que me prestan un arma. Comprar una, al menos legalmente, sería demasiado peligroso. Hay que presentar documentación a la Policia Federal y no creo que ninguno de mis documentos robados pase un escrutinio intenso sin generar algún tipo de alarma.



La instructora es una mujer. Cálida, precisa, ni blanca ni negra, con el cuerpo y el apretón de manos de una luchadora de catch. Antes de comenzar la clase saluda a su amiga con un apasionado beso en la boca. Mi aguzado poder de deducción confirma mi primera sospecha: Es lesbiana. Mucho mejor. Probablemente tenga menos curiosidad en conocer las razones de un apuesto (¡Ja!) argentino para aprender tiro de combate en este lugar, que la mayoría de los turistas solo usa como trampolín para llegar a la afamada Ilha do Mel.




Resultado de imagen para taurus 22



Le explico que ni siquiera sé como agarrar un arma. Me dice que es mejor comenzar de cero. Muchos, me cuenta, han tirado alguna vez en un campo o con amigos y adquieren vicios difíciles de eliminar. Camino al polígono recoge dos orejeras, dos gafas de seguridad y un arma. Es una pistola 22, me cuenta. Patea muy poco y es ideal para aprender lo básico. Cuando domine ese calibre pasaremos a una 9 mm.

Primero me enseña cómo pararme. Con las piernas abiertas y tomando el arma con la mano hábil, en mi caso la derecha, en la empuñadura y la izquierda debajo del cargador envolviendo la primera. Me siento un poco ridículo, como si estuviera jugando a ser un agente del FBI, pero realmente la posición es cómoda y permite alinear en forma natural los ojos, la pistola y el blanco.

Tengo que aplicar presión al gatillo poco a poco sin tironear. Se supone que el disparo tiene que sorprenderte y es ideal hacerlo mientras exhalas. Leocádia, mi instructora, me hace probar primero con el arma descargada. Luego de hacerlo varias veces, me sale razonablemente bien. Me muestra como introducir el cargador, accionar la corredera para ubicar la primera bala en la recámara y sacar el seguro. 

Mi primer disparo da en el blanco. O más exactamente en la parte blanca del papel, en el ángulo superior. Algo es algo. Necesito llegar al segundo cargador antes de embocar en el centro aproximado de la silueta dibujada en la cartulina. Estoy extasiado hasta que ella me explica que el blanco está muy cerca para las primeras clases. Como una imagen vale más que diez mil palabras, para que no me agrande, me demuestra lo que puede hacer un tirador experimentado a esa distancia. Toma el arma y mete los ocho tiros del cargador casi en el mismo agujero, exactamente donde está el dibujito del corazón.





Resultado de imagen para target practice




Más humilde vuelvo a practicar. Me pone el blanco más lejos. Recién acierto un disparo en lo que ella llama la “Masa Central” con el tercer cargador. Luego acierto dos más antes de que termine la clase.

Un poco desilusionado, le pregunto cómo me ve. Para mi alivio me dice que no soy Buffalo Bill, pero tengo una aptitud natural más que aceptable y en un par de semanas voy a tirar bastante bien.

Yo quiero seguir practicando. Leocádia se niega. Según ella, sobre todo al principio, el exceso de entrenamiento es contraproducente. 

Dejo los protectores y me voy en un estado de excitación que me sorprende. No sé si sentirme orgulloso de esto, pero en realidad disparar me encantó.

Siendo escritor de temas relacionados con la violencia, siempre me interesó la relación casi religiosa de muchas personas con las herramientas de la muerte. No hay que olvidarse que durante siglos, muchos de los juguetes para niños varones, en casi todas las culturas del planeta, han sido copias más o menos inofensivas de verdaderas armas.

Desde los espartanos hasta las fuerzas especiales de hoy, las leyendas de lo que pueden hacer unos pocos soldados entrenados y armados con la última tecnología han encendido la imaginación de muchas generaciones.

Yo me creí siempre un poco por encima de esa gente. No es necesario caer en ese comportamiento bárbaro, decía. Si primara el raciocinio, la lógica y la sana discusión, los fusiles no serían necesarios.

La convicción me duró hasta que tiré unos tiros, con la mente enfocada en vengarme de un sorete. Supongo que también a los curas el voto de castidad les resulta más fácil de cumplir si nunca jamás cogieron.


Decido ir al parque que hay sobre la costa de la zona histórica a practicar defensa personal. Me instalo cerca de unas velas blancas aseguradas a mástiles clavados en el piso. Una fragata que no va a ningún lado. Es inusual pero transmite energía.




Resultado de imagen para rua da praia barzinho



Me ejercito durante tres horas hasta que estoy agotado. Camino unos cientos de metros arrastrando los pies hasta que llego a un barzinho, ese gran invento brasileño. Varios choppes, unos salgados y regreso al reino de los vivos. Me encanta esta ciudad, nunca estuve en tan buen estado físico y he descubierto una actividad que me intriga. Si no fuera por el odio que me retuerce las tripas como un chorizo en mal estado, me sentiría casi bien.



Continúa en:
EL HÉROE RETICENTE - CAPÍTULO 14 (NOVELA POLICIAL NEGRA)


Lee la primera parte de esta novela en: 
El héroe reticente - Prólogo


NOTA:  para DIARIO LITERARIO DIGITAL 
Share this article :

Publicar un comentario

 
Letras Opacas.org | |
Copyright © 2011. DIARIO LITERARIO DIGITAL - All Rights Reserved
LETRAS OPACAS (Diario Digital Literario) .Argentina
Proudly powered by Blogger
Conseguir la ú…e Flash Player Blogger {{Usuario escritura-4}}width=device-width, initial-scale=1.