Confesiones íntimas (Prosa) | DIARIO LITERARIO DIGITAL

Confesiones íntimas (Prosa)

jueves, 18 de junio de 2015 1 comentarios

"Hay conversaciones tan íntimas que no necesitan de testigos"



Escrito por Ramón D. Peralta

EJERCICIO LITERARIO




PROSA LÍRICA


Me acurruco junto a tu almohada, y me duermo mirando tu fotografía. Nació Silvanita, es una versión rosácea de la madre, son setenta centímetros de puro esplendor, ternura y Dios. Felicitaciones por vuestra nueva nieta.





Ya no puedo leer tus cartas, las narro repetidas veces en voz alta, las adivino y las vuelvo a releer en mi memoria. Ayer me reía recordando cuando fuimos a bailar por primera vez. 


Pasaron dos años hasta que pude darte el primer beso. Nada me costó tanto como ese aproximamiento a tu boca, y vaya que lo intenté con insistencia  y esmero. Lo nuestro siempre fue una aventura.




Como aquella vez que me compraste un alfajor y una coca antes de hacernos de novio, si supieras lo que significó para mí. Los muebles están tal como te gustan, ordenados y lustrosos. 

Riego las plantas todas las mañanas; nunca imaginé que pudiera llegar a amarlas de esta manera. ¿Recuerdas esa canción de Stephen Bishop?, pues no me canso de escucharla. Todos los olores de la vieja casona me saben a ti. Admito que muchas veces usé tu perfume.




En ocasiones no tengo ganas de levantarme; anoche soñé contigo, siempre lo hago. Por las tardes salgo a caminar, me siento en el mismo banco de la plaza. Cierro los ojos, hasta que apareces. Invento momentos de felicidad para que la tristeza no me inventé a mi. 

La semana pasada fui al médico porque sentía un fuerte malestar en el pecho; pero me dijo que no tenía nada. Es un dolor intenso que sigue adentro, que me desgarra, me destroza, me demuele... 



Nuestros hijos evitan hablar de su madre delante mío, y yo no insisto. Cada vez vienen menos a visitarme y los entiendo. 


Sin ti ya nada es lo mismo. La madre es  algo irremplazable, no comprendo por qué os empecinaste en dejarme. Trataré de podar éste arbusto, hay ramas que rozan tu cabeza, ocultan tu nombre. 


Traeré gladiolos nuevamente, quizás agregue un par de rosas. Te pido me disculpes, pero necesito hablar contigo frecuentemente. Espero no te enojes, mañana regresaré a verte ¡No imaginas cuántas ganas tengo de quedarme!...   



   
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+ comentarios + 1 comentarios

viernes, 19 de junio de 2015, 10:19:00 GMT-3

Estos trozos de pensamientos, armados como si fueran parte de una serie de cartas, tal vez ciertamente cartas, tienen una gran fuerza poética, profunda por la ternura, añoranza, intensa. Gracias.

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