¿Qué escribimos tan mal? | DIARIO LITERARIO DIGITAL

¿Qué escribimos tan mal?

domingo, 24 de mayo de 2015 2 comentarios

FILOSOFÍA DEL ARTE Y LA ESTÉTICA 

Escrito por Lic Ramón D. Peralta

SEGUNDA PARTE




Continuando con el ensayo ¿La originalidad dónde está? y por ser domingo, honraré aquella vieja tradición criolla que tácitamente reza: "hoy no jodas". Así pues, cual si fuera un político argentino, prometeré algo que no cumpliré, no molestar al prójimo.  


En Letras Opacas, se ha instalado un debate muy interesante entre sus integrantes. La raíz, se puede describir con una sola pregunta ¿Qué lee actualmente la gente?. Vaya pregunta, clara, condensada y pesadamente gravitatoria, en especial, para aquellos que fingimos ser escritores.


En la primera parte, dejé a Witold Gombrowicz con ganas. Sospecho que se hizo ilusiones que no serán correspondidas. No obstante, haré mi mejor "lanzamiento", quizás hasta logre que me odie cariñosamente, como suelen hacerlo mis imaginarios lectores.  



Muchos de nosotros, solemos confundir arte y belleza. Es lógico, la idealización de cierto tipo de arte, conlleva la belleza como un destino insoslayable. Pero para especialistas en ésta temática, tal el caso del filósofo francés Willes Lipovetsky, esto no es así. Y ciertamente comparto sus afirmaciones, su coherencia reboza de buena salud. 




El "Guernica" de Picasso, puede gustar o no gustar. De hecho, en lo personal no me parece algo bello, sin embargo, sería muy torpe no reconocer que se trata de arte. Por el contrario, el "David" de Miguel Angel, aúna ambas cosas, belleza y arte. Valgan estos ejemplos como mera herramienta ilustrativa. 


Pero el concepto de arte, es algo no del todo antiguo, en realidad es un hijo putativo de la modernidad. Hasta adentrada la primera etapa de la Edad Moderna, las expresiones artísticas como la escultura y la pintura, rendían "obediencia debida" al indubitable poder hegemónico de la teocracia. 


En Europa, y en general en todo Occidente, obviamente la Iglesia Romana ejercía una tiranía del tipo absolutista que, no dejaba escapar nada del férreo control de sus dominios. 


En consecuencia, todas las expresiones artísticas se subrogaban al inflexible arbitrio del poder papal. Si fue bueno o malo, no es un tópico que desee tocar en éste trabajo.


Lo cierto es que, el arte hacía intersección con un muy acentuado sentido de belleza clásica, donde las formas tanto humanas como naturales, desbordaban en estética y bonitas formas. Ese sentido de lo bello, estaba intrínsecamente ligado a lo sacramental, porque en rigor, la belleza se consideraba inmanente a la esencialidad de lo divino. 


El "siglo de oro" en la Edad Moderna, que comenzó según José Luís velazquez en 1492 y se extendió hasta el 1681, excede holgadamente los límites de lo idealizable. No había lugar para timoratos, advenedizos ni enclenques, eran escritores con mayúsculas. Pero no solo escribían bien, fueron conspicuos artistas de la alta estética. Se acercaron demasiado a la perfección,  jugaron con las letras a la diestra de Dios. 




Luego de eso todo fue, en cuanto belleza, involución. Es coherente, luego de rozar lo sublime, nada puede ser mejor. Lo que pedía Witold no es novedoso, siquiera tímidamente. 


Es recurrente a lo largo de la historia de la literatura, encontrar renegadas generaciones de jóvenes literatos, ávidos de encontrar sus propios espacios a expensas de sacrificar los movimientos artísticos que les precedieron. 


Parnasianistas que desafiaron a los Subjetivistas, Altruistas que osaron blasfemar contra los Romanticistas, etc. La secuencia, es tan intensa como extensa. Entre ambas guerras mundiales, Europa vivió otro revival estético con la Belle Epoqué, y con esto, no  digo que la cosmética haya abandonado a los otros movimientos y escuelas estilíticas, solo sugiero que, la belleza dejó de estar como eje de atención.


Luego de la segunda guerra mundial, con el auge del capitalismo comienza gradualmente a instalarse una literatura del tipo praxeológica, la cual, se fue inclinando gradualmente  al terreno mercantilista. Nacía así, la edad del pragmatismo artístico.  




Paulatinamente, y muchas veces de manera inconsciente, los escritores profesionales, incluso los más afamados, comenzaron a ser emboscados por el individualismo burgués, imprimiendo en ese deambular, un carácter artístico del tipo fenicio y dionisíaco a su obra, donde predominaba el afán de lucro, por sobre el espíritu artístico y estético. Lo cual no obstaculizó que, se pergeñaran excelsas piezas literarias.  


Las últimas décadas del siglo XX, se caracterizaron por una antisacralización de las artes, donde la estética vuelve a instalarse, pero bajo una impronta farragosa.  La estética padeció de una secularización inusitadamente materialista y oprobiosa, llevada a los extremos de la provocativa impertinencia y el mal gusto. 


Cuando comienza el siglo XXI,  es finalmente internet quien genera un fenómeno que, por intempestivo y portentoso, difícil de asimilar, definir y explicar.



La web y las redes sociales, ponen al alcance del ciudadano libros, diarios, música, información y en general el arte, como nunca antes se había visto. No leer por no disponer de un libro, una revista o un diario, dejó ser una excusa válida. 






A piori muchos intelectuales conjeturaron que, sería la ocasión ideal para el advenimiento de un nuevo renacimiento para las artes y la cultura, pero no fue así. 


Cuando la gente debía compartir los pocos libros del que podían disponer, había una especial valoración de ese preciado "tesoro". Quizás un libro en los 50 o 60`, era prestado a 10 o más personas, y éstas, al recibirlos, les sacaban el jugo, como si se tratara de una experiencia irrepetible que no podían desperdiciar. 


Hoy, esa fenomenología se halla invertida. El exceso de disposición y el facilismo, hace que se naturalice, y por ende, desvalorice desde lo relativo, toda esa proximidad cotidiana con el arte, la belleza y el saber.


Las barreras invisibles, los ínfimos mojones de la relación que hoy tiene la sociedad con el erotismo crudo y la pornografía explícita, reconfiguró el corpus estilístico de la mayoría de los escritores.



En la actualidad, es normal encontrar libros escrito por mujeres, donde sin tapujos ni pudor alguno, se describen en términos heroicos y autobiográficos, novelas que desbordan en promiscuas conquistas ocasionales seguidas de una sórdida batería de desinhibidas proezas sexuales.



Textos marketineros, donde algunos autores de renombre, tal el caso de Phillip Roth, utilizan más de 40 páginas sólo para describir un acto masturbatorio. 


Casi sin tomar debida conciencia de ello, llegamos al extremo de banalizar, vida, enfermedad, política, religión, arte, respeto, familia, todo. El paradigmático caso del Charlie Hebdó, es prueba suficiente. 


Nos quejábamos del Romanticismo, el Estructuralismo, el Neoclasisismo, etc; para con el devenir, llegar a extrañarlos. Ese abandono de todo sentido estético, de toda metodología formal, de toda técnica, de todo decoro, de toda belleza, ha resultado paradójico. 


Esta ominosa metamorfosis tampoco se detiene aquí, porque lo peor es que, esa proximidad con el universo dado gracias a la generosidad de internet, ha propiciado una suerte de "Renjifo" todo terreno. 




Renjifo es el personaje central de una hermosa novela escrita por el chileno Jorge Edwards, titulada "El descubrimiento de la pintura". Renjifo se identifica y destaca, por ser un pintor que no sabe de pintura pero pinta, y que todos los años en Santiago de Chile, exponía sus cuadros en La Alhambra (una célebre galería de arte de los años 30´). En cada ocasión, Renjifo llegaba con sus tres cuadros, y lejos de detenerse a mirar los demás cuadros, se limitaba a poner un taburete delante de los suyos, para finalmente pasar toda la exposición sumergido en la más hipnótica ataraxia e indiferencia.



Por ejemplo, el portal argentino Taringa, es un fiel exponente de lo que hoy se evidencia en ésta nueva edad del convivir virtual. Los Renjifos siglo XXI, más que leer quieren publicar. La relación del tipo integradora que pergeñaron las redes sociales, quitó al otrora lector de su rol pasivo para consagrarlo como un protagonista más de la actividad comunicacional. 


Los Renjifos 2.0 no saben escribir, pero escriben, eso poco importa. 


El lenguaje masivo ha desplazado a las palabras de sus cetros, para darle lugar a una literatura del tipo infantil o Ferrereana, en donde una profusa cantidad de imágenes (gift, memes, etc) acompañada de una pocas y rudimentarias oraciones que, cumplen un papel secundario respecto de los fotogramas; nos cuentan una historia. 


La idea consiste en poner esas imágenes con un orden tal que, a simple vista nos comuniquen algo.

Normalmente se tratan de narraciones autobiográficas o relatos de eventos familiares o propias experiencias, sin importar que sean reales o inventadas. 


También existen los Renjifos de las clases medias y altas (cuanto menos más instruidos) que, sin llegar a las banquinas  de la vulgaridad extrema, asumen una impostura psicológica y egomaníaca, que los lleva a mimetizarse en estereotipos particulares y simbólicos, imaginarios literatos autorreferenciales.


Las editoriales gráficas, víctimas de los mismos avatares que en su momento padecieron la industria discográfica y videofílmica, han propiciado una suerte de "Autoedición Limón", que es una estrategia de marketing donde los aspirantes a escritores, y neuróticos narcisistas pueden, previa compra de una cierta cantidad de sus propios libros, publicar sin mayores méritos.



En estos casos, normalmente al autor se le ofrece un precio "especial" para que luego, él mismo se encargue de venderlos a sus familiares, amigos y público (al que pueda acceder). Las editoriales a su vez, pueden vender esos mismos libros, pero sin ningún compromiso contractual de rendirle cuenta al autor por esos ejemplares vendidos.






Para finalizar, os diré que el mundo de las letras no está en crisis, por el contrario, lo que está en dilemas es la Gran Literatura, y más propiamente, la estética y la belleza. 


Quizás se trate de un mal necesario, porque sería coherente intuir que estamos ante un nuevo ciclo productivo, donde luego de la crisis sobreviene una nueva etapa expansiva de la belleza, ergo poner nuevamente en valor al sempiterno escritor artista.


No obstante, es ruin afirmar que la gente no lee. Ese tipo de absolutismo determinista es nítidamente absurdo. Hay mucha gente que lee, y mucha gente que se lee


Un amigo, suele sentenciar, no exento de ironía y exageración, que "En la actualidad hay más escritores que lectores".  


Sería impropio, vil y falaz sostener que, no siguen saliendo grandes escritores de entre el mundo de los ordenadores. 


Quizás la dificultad radique en que, es cada vez más difícil lograr distinguir el eximio del menos dotado, justamente porque lo que ha desaparecido es el otrora sistema meritocrático. Hoy todos pueden escribir, mientras que, resulta complejo el poder destacarse y trascender. 


Los agentes literarios en este contexto, decidieron no tomar riesgos, y solo atienden literatos ya consagrados, quienes a su vez, lo son porque cuentan con un poderoso aparato de autodifusión y autopromoción masiva (tal el caso de periodistas famosos, actores, políticos, etc). 


Asimismo, internet le ha ido quitando enormes espacios al libro impreso, ocasionando que el negocio exponga la necesidad de un inminente aggiornamiento y cambio adaptativo. 


Tanto el diario como el libro impreso, tienen cada vez menos expectativa de vida ante el inescrupuloso avasallamiento de la web.  


No sé que lee la gente, y ojalá lo supiera. Sé que a mi no me leen, porque también son muy pocos los que leen filosofía en general desde siempre. Eso no debería haber cambiado. 


Cierta vez un amigo me preguntó: 


-- ¿Por qué escribes ensayos filosóficos en un diario literario rodeado de gente que escribe cosas más populares?



Le respondí:


-- Justamente por ello, porque escriben cosas populares  y eso me sirve. 


Quizás hasta pueda aprovecharme de las migajas que dejan caer esos notables escritores populares que, indudablemente conocen más que yo los gustos e inclinaciones de la gente. 


No, no me olvidaba de ti, y vaya paradoja ¿No era esto lo que tanto querías Witold?....¿una literatura completamente anárquica, libre, popular, masiva, antiestética, anticlásica, antivanguardista y antielitista?..., mejor no te levantes de la tumba amigo mío. 


Ten cuidado con lo que deseas, porque esos deseos se pueden hacer realidad.


¡Buenas noches! 
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+ comentarios + 2 comentarios

domingo, 24 de mayo de 2015, 21:57:00 GMT-3

Tan de acuerdo estoy que sospecho sea verdad! Los medios masivos de comunicación han puesto al alcance de cualquiera lo que a cada quien se le ocurra producir y la propia libertad que exigimos cada día impide, sea por ética o por beneficio echarse para atrás. Entonces sin pretexto leamos, aquí en México ante el disminuido habito de leer, sacan comerciales donde te invitan a hacerlo 20 minutos, aunque sea al día. Algo es algo. Ya encaminado el lector, podrá buscar su camino en algo mejor con mayor enjundia y categoría. Recuerda que : "En la actualidad hay mas escritores que lectores". Saludos amigo y gracias por esta entrega oportuna.

Anónimo
lunes, 25 de mayo de 2015, 15:49:00 GMT-3

En algunos puntos estoy de acuerdo, pero en otros no. Primero, que cualquiera pueda escribir no es algo malo. Si solo el que ha estudiado alguna carrera literaria puede escribir, ¿por qué hay tantos escritores de los buenos, de los que se han inmortalizado, que fueron autodidactas? Otra cosa; en realidad no está de moda ser escritor, está de moda jugar al escritor. En Taringa rara vez lo que publican sale de ellos, esos lo único que hacen es copiar y pegar, y en las redes sociales pasa mas o menos lo mismo. Si las editoriales no se arriesgan con algunos autores, es porque sus "expertos" están completamente errados y no saben lo que es bueno. Se fijan demasiado en quién escribió tal cosa y no en la obra misma. Por eso es un grave error elegir al ganador de un concurso por su antecedentes literarios,o descartarlo por la falta de ellos. Y ahora les va mal justamente por eso. ¿Cómo le iría a el cine si solo trabajaran con actores viejos y de renombre? Que Robert De Niro hubiera hecho Avatar, por ejemplo. Y no se engañe, las cosas no han cambiado tanto. Los que inmortalizan o dejan en el olvido a las obras siguen siendo los lectores. Lo único relativamente nuevo es que ahora los escritores pueden exponer su trabajo sin la necesidad de publicar en una editorial. De todo eso van a sobrevivir las obras que la gente quiera. Y algo que no ha cambiado es que, el que no puede crear mundos, en que no encanta a los lectores porque no nació con la imaginación suficiente, se dedica a criticar a la literatura y a los autores actuales. Lo mismo que hicieron los críticos con la literatura que los de ahora ponen tan en alto.
Jorge.

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